La Recompensa

Esta historia ocurrió en Hoshaná Rabá, el séptimo día de Sucot. Sucot es la alegre Festividad que celebramos, en este hemisferio sur, en la primavera. Como seguramente saben, queridos lectores, duran…

Esta historia ocurrió en Hoshaná Rabá, el séptimo día de Sucot. Sucot es la alegre Festividad que celebramos, en este hemisferio sur, en la primavera.

Como seguramente saben, queridos lectores, durante los siete días que dura la Festividad comemos en la Sucá. La Sucá nos recuerda el cuidado y la protección que Di-s dio al pueblo judío en su viaje de Egipto a la Tierra Prometida.

Recordarán también que en Sucot pronunciamos una bendición sobre las cuatro Especies de Plantas: el lulav —una rama de palmera datilera—, el etrog —un tipo de fruta cítrica—, el haddas — tres ramitas de mirto— y la aravá —dos ramitas de sauce—. De este modo agradecemos a Di-s por todas las cosas que crecen en los campos y en los huertos. Porque Sucot es también una importante celebración de la cosecha en Eretz Israel, y se lo conoce como ‘Festival de la Recolección’.

Hace muchos años, antes de que hubiera tiendas como las que tenemos hoy, el mercado bullía de actividad en esa época del año. Los granjeros traían sus frutas y verduras maduras para vender. Los pescadores pasaban largos días trabajando para tener suficiente pescado para llevar al mercado. Los agricultores que tenían granjas lecheras llevaban leche, queso y huevos. Las mujeres recogían bayas. Algunas preparaban frascos de encurtidos de pepinos. Había manteles bordados y cosas tejidas. En un mercado se podía comprar prácticamente de todo. Podían encontrarse cosas para comer y beber, animales de granja vivos, medicamentos, platos, vasijas, tela para ropas y todo lo que a uno se le ocurriera.

A este mercado llegó un hombre un Hoshaná Rabá hace mucho, mucho tiempo. Se llamaba Iaacov. En su bolsillo tenía diez shékels. Camino al mercado, Iaacov pensaba en todas las cosas que podría comprar para sus hijos con ese dinero. Se sentía muy feliz porque sabía qué contentos se pondrían los niños cuando regresara del mercado. No le había resultado nada fácil ahorrar los shékels, y a menudo se ponía la mano en el bolsillo para asegurarse de que el dinero aún estaba allí. No era frecuente que tuviera dinero para comprarle cosas a sus hijos, de manera que se trataba de una ocasión muy especial.

Cuando Iaacov llegó al mercado, miró a su alrededor. De pronto vio que alguien estaba pidiendo a la gente dinero para una pobre muchacha huérfana que se estaba por casar. Se puso la mano en el bolsillo. Pensó en sus hijos que estaban en casa, esperando que él les trajera cosas bonitas del mercado. Pobres niños, no recibían regalos a menudo. Luego pensó en la pobre niña que se estaba por casar. Realmente necesitaba dinero para comprar cosas para su nuevo hogar. Entonces se decidió. Sacó los diez shékels de su bolsillo y los entregó para la colecta para la pobre huérfana.

De regreso a su casa, Iaacov pensaba en sus hijos y estaba muy triste. Se sentirían desilusionados de que hubiera regalado todo su dinero. No le quedaba nada de dinero para comprarles algo.

Estaba oscureciendo, y era hora de rezar Minjá. Decidió detenerse en una sinagoga que quedaba en el camino. Allí vio un grupo de niños jugando con un montón de etroguím, porque ya estaban en Hoshaná Rabá y estos no se necesitaban más.

¿Qué es un etrog? Es una fruta amarilla y arrugada, que se parece al limón. Todos los años, cada padre trata de comprar para Sucot el etrog más hermoso y perfecto posible. En Sucot se toma el lulav (al que se unen tres ramitas de mirto y dos ramitas de sauce) en la mano derecha, se toma el etrog en la izquierda, y se dice una berajá —bendición— especial. Hay que tratar al etrog con cuidado. El padre lo guarda en una caja especial y el etrog se envuelve en una especie de algodón suave. Cuando termina Sucot, el etrog no se necesita más. Es por eso que los niños que estaban en la sinagoga jugaban con los etroguím en Hoshaná Rabá.

Iaacov pensó que a sus hijos les gustaría jugar con los etroguím. Era mejor llevar a casa una bolsa de etroguím que llegar con las manos vacías. De modo que juntó una bolsa entera y continuó su camino a casa.

Iaacov estaba muy cansado y afuera estaba oscuro, de manera que tomó el camino equivocado. Continuó caminando durante largo rato, pero cuando vio que aún no llegaba a casa, decidió detenerse y descansar. Se acostó a un costado del camino y utilizó la bolsa de etroguím como almohada.

Cuando despertó, vio que se encontraba en un lugar extraño. No sabía qué hacer. No sabía cómo encontrar el camino a casa.

De pronto vio unos hombres en uniforme montados sobre hermosos caballos. Eran mensajeros del rey. Iaacov se hallaba en un país nuevo y extraño, cuyo rey estaba muy enfermo. Se le había dicho al rey que sólo podía salvarlo la fruta que usaban los judíos en el festival de Sucot. Los soldados del rey viajaban por todo el país en busca de etroguím para poder curar al rey. Estaban muy tristes porque el rey se ponía más débil cada día y temían que muriera. Buscaban por todas partes y preguntaban a todos, pero nadie sabía cómo ayudar.

Detuvieron sus caballos frente a Iaacov y le preguntaron qué tenía en su bolsa. Quizá les sirviera. El pobre Iaacov se sintió atemorizado. Los hombres de uniforme lo asustaban.

“Nada importante”, les dijo Iaacov. “Nada valioso. Sólo tengo unos etroguím que quedaron de Sucot”.

“¡Etroguím! Es precisamente lo que necesitamos. Ven con nosotros”.

Los soldados tomaron a Iaacov y a su bolsa de etroguím y se dirigieron al palacio del rey lo más rápido que pudieron.

Iaacov no comprendía qué ocurría. Pensaba en su pobre mujer y sus hijos. Quizás no los vería nunca más. ¿Qué sucedía? ¿Qué sería de él ahora?

Cuando llegaron al palacio, los soldados saltaron de los caballos, tomaron la bolsa de etroguím y corrieron al dormitorio privado del rey.

La feliz noticia de que se habían encontrado etroguím corrió rápidamente por el palacio. Los sirvientes interrumpieron sus tareas para comentar la buena noticia.

Todos querían saber si la salud del rey mejoraba.

Afuera, Iaacov estaba sentado en los escalones del palacio, esperando. Quería irse a casa, pero no sabía para qué lado correr. Temía que los soldados del rey vinieran en sus caballos para llevarlo de vuelta al palacio, y eso podía significar nuevos problemas. Pensó en su mujer y en sus hijos amados, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

“¡El rey se ha salvado! ¡El rey está bien! ¡Viva el rey! ¡Hurra, hurra!”, gritaron los soldados y los sirvientes del rey desde las ventanas del palacio. Todos estaban felices y excitados. De pronto, Iaacov vio a los soldados del rey que se acercaban.

“Ven con nosotros”, le dijeron. “El rey quiere conocerte”. Iaacov temblaba de miedo. ¿Por qué querría conocerlo el rey?

Con temor, subió los escalones del palacio. Se abrieron las pesadas y labradas puertas de madera y entró a un gran vestíbulo. Nunca en su vida había estado en una habitación tan grande y hermosa. Lo guiaron a través de largos corredores y pasaron por decenas de habitaciones hasta que finalmente llegaron al dormitorio privado del rey. Este estaba sentado en la gran cama, y su espalda descansaba sobre almohadones muy cómodos. Su colcha color púrpura era de seda suave y brillosa. Lucía un pijama azul, adornado hermosamente. Sobre su cabeza lucía un gorro de noche, también azul, terminado en una suave bola de armiño que hacía juego con el pijama. Era un espectáculo imponente. Pero lo mejor de todo era que el rey se veía contento y sonreía bondadosamente a Iaacov.

“Muchas gracias”, dijo el rey. “Gracias por los etroguím que salvaron mi vida”.

Luego le contó a Iaacov que había creído que moriría porque necesitaba los etroguím para curarse y nadie había podido ayudarle. “Recibirás una recompensa”, dijo el rey. Ordenó a sus sirvientes que llenaran la bolsa de Iaacov con dinares de oro. Luego, ordenó a otro sirviente que preparara los caballos y la carroza real para conducir a Iaacov de vuelta a su hogar con su mujer e hijos.

Ustedes ya podrán imaginar qué ocurrió luego. Todos se alegraron al ver que Iaacov volvía sano y salvo…

Amor, matrimonios y Simjat Tora

No es común que los hombres se sienten en el café para hablar de sus matrimonios. Es por eso que una conversación particular entre tres hombres quedó grabada en mi mente – discutíamos a cerca de las alegrías de la vida conyugal:

– “Amo a mi esposa” – dijo Berl – “es por eso que hago todo lo que me pide. Ella me dice:- Berl, por favor, sacá la basura, entonces yo enseguida la saco”

Todos estuvimos de acuerdo en que Berl realmente ama a su esposa.

Para no ser menos, agregué: – “también yo hago todo lo que mi esposa me pide. Es más, ella ni siquiera tiene que decirme lo que desea. ¡Basta con que diga: “Uf! ¡El olor de ésta basura está apestando la cocina”!’ para que yo comprenda que ella quiere que la saque… y eso es lo que hago, por supuesto!

Todos estuvieron de acuerdo en que mi amor era aun más grande que el de Berl.

Pero finalmente llegamos a la conclusión de que la unión de Shmerl era la más cariñosa de todos. La esposa de Shmerl no tiene que pedir que su marido haga las cosas. Ella incluso no tiene que utilizar indirectas. – “Me despierto por la mañana” – explica Shmerl, “y ya sé que ella quiere que saque la basura. Que seque los platos o guarde la vajilla… O que le compre una joya! Ella ni siquiera tiene que mencionar el anillo que su prima Sara recibió para su cumpleaños… Yo siempre sé lo que ella quiere y siempre lo hago.”

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El mes de Tishrei esta repleto de mitzvot – lleno de oportunidades para cumplir con la voluntad de Di-s. Por más de tres semanas, nuestros días se llenan de plegarias, arrepentimientos, ayuno, banquetes y bailes, construimos una sucá, adquirimos las “cuatro especies” o paquete de hoshanot, y decenas de preceptos, costumbres y otras observancias.

Las observancias de Tishrei se pueden clasificar en tres categorías generales. Estan los “preceptos bíblicos” que se ordenan explícitamente en la Torá, tal como hacer sonar el shofar en Rosh HaShanah, el ayuno en Iom Kipur o comer en la sucá en Sucot. Hay también un número de “mitzvot rabínicas” – preceptos instituidos por los profetas y los sabios con la autoridad concedida a ellos por la Tora. Por ejemplo, los cinco servicios del rezo llevados a cabo en Iom Kippur y el tomar las cuatro especies en todos los días de Sucot, (ya que la ley biblica se refiere solo al primer día).

Finalmente, el mes de Tishrei tiene mucho el minhagim o “costumbres” por ejemplo comer una manzana sumergida en miel la primera noche de Rosh HaShanah o realizar las kaparot en las tempranas horas de la mañana el día anterior a Iom Kippur. Los minhagim no son designados por mandato de la ley bíblica o rabínica, sino por la fuerza de la costumbre: éstas son cosas en las que los judíos nos hemos iniciado como manera de realzar nuestro servicio hacia Nuestro Creador.

Lo más asombroso, el clímax del mes de Tishrei – el punto en el cual la celebración de nuestro enlace con Di-s logra el mismo pináculo de la alegría – es durante las hakafot de Simjat Tora, cuando tomamos los rollos de la Tora en nuestros brazos y danzamos con ellos alrededor de la mesa de la lectura en la sinagoga – una práctica que no es ni un precepto bíblico ni rabínico, es “simplemente” un costumbre.

Con nuestra observancia de los minhaguim expresamos la profundidad de nuestro amor por Di-s. Los mandamientos bíblicos se pueden comparar a los deseos explícitamente expresados entre dos personas casadas. Las mitzvot rabínicas, las cuales Di-s no nos mandó directamente, y sin embargo constituyen la expresión de la Voluntad Divina, se asemejan a las peticiones implicitas entre los esposos. Pero los minhaguim representan esas áreas en las cuales intuitivamente detectamos cómo podemos causarle placer a Di-s. Y en estos se establece nuestra alegría más grande.

Por Yanky Tauber; de acuerdo con las enseñanzas del Lubavitcher Rebbe

Bailando con lo divino

Las octavas y novenas entradas

Shminí Atzeret y Simjat Torá (que significan respectivamente ” el octavo día de la reunión” y “la alegría de la Torá”), son días en los cuales judíos de todo el mundo cantan y bailan con los Rollos de la Torá en sus manos. Esta festividad, celebrada en Israel sólo un día, le sigue inmediatamente a los siete días de la festividad de Sucot, en donde nos sentamos  en cabañas para celebrar la protección de Di-s a Su pueblo. Un fascinante pasaje en el Midrash, una antología de tradiciones rabínicas orales que se transmitieron de generación en generación, captura el tópico de esta festividad, cuya función y propósito -contrariamente a cualquier otra festividad-no está establecido en la Biblia. El Midrash entiende el significado de esta festividad de Shmini Atzeret como la Divina respuesta del problema del antisemitismo (¿Qué más es nuevo, verdad?)

La Torá instruye al pueblo judío a ofrecer 70 toros durante la festividad de Sucot. El primer día-13 toros; el segundo día-12; el tercer día-11; el cuarto día-10; el quinto día-9; el sexto día-8; el séptimo día-siete. Sumando todos, obtenemos un total de 70.

Siguiendo estos siete días festivos, viene la festividad del octavo día, Shminí Atzeret. Basado en el patrón expuesto anteriormente, esperaríamos que la Torá nos instruya ofrecer este día seis toros. Pero, asombrosamente, la Torá nos da instrucciones muy diferentes: “El octavo día (siguiendo a los siete días de Sucot) debe ser un día de reunión para ustedes; no deben hacer ningún tipo de labor. Y deberán traer una ofrenda, un aroma placentero para Di-s, un toro…”

¿Por qué, de repente, este cambio drástico de siete toros el día anterior, en el séptimo día de la festividad, a un toro en el octavo y último día de la festividad? ¿Por qué el salto de siete a uno?

Esta es la pregunta que perturba al Midrash mencionado arriba.

Respetando a todas las personas

Para responder esta pregunta, el Midrash primero se enfoca en por qué el pueblo judío fue instruido a ofrendar 70 toros durante los 7 días festivos de Sucot. ¿Por qué el número 70?

Es nuestra forma, explican los Sabios, de dar honor y tributo a las otras 70 naciones del mundo. Como recordamos en Génesis, que Noaj tuvo 70 hijos y nietos quienes, luego del gran diluvio, se dispersaron sobre la tierra y recrearon la civilización. Estos 70 “padres fundadores” se convirtieron en los progenitores de todas las naciones, culturas, y civilizaciones existentes hasta el día de hoy. En la festividad de Sucot, los Judíos son llamados para enfocarse en todas las naciones del mundo, para orarles, para pedirle a Di-s que reestablezca la paz, seguridad y alegría sobre todas las personas del globo.

El Judaísmo nunca creyó en que “no hay salvación fuera del Judaísmo”. Por el contrario, la Torá no alienta la conversióny de hecho prohíbe a los judíos casarse con gentiles. ¿Por qué? Porque el Judaísmo cree sinceramente que un gentil no necesita ser judío para maximizar su potencial y encontrar una genuina realización en su vida. “Los piadosos de entre las naciones en el mundo tienen una porción en el mundo venidero” declara el Talmud. Maimónides escribe que cada ser humano-sea Judío o gentil–puede convertirse en “el sagrado de los sagrados”.

Así que en la festividad de Sucot, es nuestra tarea extendernos en nuestras plegarias, enfocarnos en nuestras meditaciones y ofrendar sacrificios para todas las naciones esparcidas en el planeta. Cada día de Sucot, judíos ofrendan un número particular de animales, focalizando sus pensamientos y plegarias en naciones particulares. Luego de siete días, las “70 bases” están cubiertas.

¿Por qué nos odian?

El Midrash ahora procede a contarnos acerca de conversaciones entre el Pueblo Judío y Di-s:

“Durante la festividad de Sucot, el pueblo Judío ofrenda 70 toros, dedicados al bienestar de las 70 naciones. Dijeron los Judíos a Di-s: “¡Amo del Universo: Nosotros ofrendamos 70 toros para el beneficio de las 70 naciones. Naturalmente esperaríamos que nos aprecien. Pero en realidad, ¡Nos aborrecen! Como el Salmista dice “Ellos sustituyen mi amor con odio”.

Esta no es una pregunta insignificante. Es el lamento que el pueblo judío viene teniendo por más de 3.000 años. ¡¿Por qué tanta gente parece despreciarlos?! ¡¿Qué han hecho para merecer desprecio y burla?!

Los judíos, en lo más profundo de su corazón, saben que nunca desearon conquistar el mundo; que nunca envenenaron pozos, ni nunca maldijeron a no judíos, ni nunca usaron sangre cristiana o musulmana para las Matzot de Pesaj. Todo lo que querían era tener una vida pacífica, dedicada a la familia y a la comunidad. Lo que es más, durante casi toda su historia, pelearon por los desvalidos, por la justicia civil, por los derechos humanos. Cuando sea que tenían una oportunidad, servían a sus países lealmente y estiraban sus manos para ayudar a los gentiles necesitados.

Así que ¿Por qué, en vez de ganar simpatía, entendimiento y aprecio por parte del mundo no Judío, tienen que, la mayor parte de su historia, ser premiados con un odio extraordinario, desconfianza y envidia? ¿Por qué hay en casi todos los país que albergaron judíos terminaron expulsándolos y dirigiéndolos a la tortura o completa aniquilación?

“¿Somos realmente tan malos?” Niños judíos han estado preguntándoles a sus padres por milenios. “¿Somos realmente la reencarnación del demonio?”

Antisemitismo hoy en día

Esta es la gran pregunta que judíos, tristemente se están otra vez preguntando en el Siglo XXI. En las décadas siguientes al Holocausto, nos ha parecido, que el antisemitismo se convertía cada vez menos popular. Creíamos que el mundo, se estaba haciendo más liberal y tolerante y viendo lo que la Alemania Nazi había hecho, habían comenzado a apreciar más a los Judíos por lo que eran y son: civiles respetuosos de la ley que desean vivir en paz, estudiar carreras, construir familias y comunidades. El Sueño Americano de la verdadera igualdad se estaba materializando frente a nuestros ojos.

Pero, de repente, con el estallido de la segunda Intifada, el antisemitismo surgió otra vez en todo el mundo, especialmente en Europa, el continente que silenciosamente absorbió infinitos ríos de sangre Judía. En editoriales, dibujos animados, Clubs y en mesas de cenas, la “paliza a los judíos” se convirtió en la nueva norma. En años recientes, judíos han sido pegados y matados y sinagogas han sido incendiadas. La mayoría del mundo árabe, si es que tomamos sus testimonios seriamente, anhela la destrucción de Israel y la exterminación de los judíos. La mayoría del Oriente está unido contra el único Estado Judío del mundo.

He aquí, una vez más, que los judíos preguntan esta simple pregunta: ¿Qué hemos hecho para merecer esto? El Estado de Israel estuvo buscando todo el tiempo oportunidades para hacer las paces con los vecinos árabes. De tiempo en tiempo otra vez, Israel estaba preparado para hacer dolorosas concesiones a los árabes por el bien de la mutua coexistencia y en paz. En Oslo, Itzjak Rabin resucitó el OLP, le dio autonomía en la mayoría de la margen oriental y Gaza, y ayudó a construir la fuerza policial, dándole municiones y ayuda financiera. En Septiembre del 2000, Ehud Barak ofreció a Yasir Arafat un estado Palestino, con su capital en el Jerusalem Este, así como también el 100 por ciento de Gaza y el 98 por ciento de la margen oriental.

Luego, en el mismo mes, la segunda Intifada estalló. Israel sostuvo a cientos de civiles muertos, entre ellos muchos niños. Y de todas formas respondió levemente. Tomó un año y medio de miles de judíos siendo asesinados y mutilados, ataques terroristas en los negocios de pizza y cafés de su Tierra natal y en Marzo de 2002, la masacre de Pesaj en Netanya, matando sobrevivientes de Auschwitz, hasta que Israel finalmente mandó sus tropas a territorios que habían concedido años atrás para parar el mini holocausto contra los Judíos.

Aún así, el mundo condena a Israel. En Agosto del 2005, Ariel Sharon le dio a los árabes todo Gaza, evacuando a todos los judíos del territorio entero. ¿Y qué recibió Israel a cambio? Miles de cohetes lanzados a todas sus ciudades, escuelas y hogares, y una Gaza convertida en un estado de terror. Y sin embargo, el mundo continúa culpando a Israel por su ocupación.

Así que nos paramos ahí y nos preguntamos, ¿Es que el mundo tiene una memoria tan corta? ¿Por qué estamos para siempre condenados como el Satán? ¿Por qué somos burlados incondicionalmente, aún cuando hemos “estirado nuestros cuellos” por la paz?

Esto, el Midrash sugiere, es la pregunta que los Judíos le preguntan a Di-s. Nosotros, el llanto de los judíos, estamos constantemente haciendo sacrificios por nuestras naciones compañeras; ponemos a nuestros hijos en el altar sólo para darle a la paz otra oportunidad.  Intentamos ayudarlos de su propia miseria. Y aún así, constantemente nos responden con un odio vil y cruel. ¿Cómo debemos lidiar con esto?

Parándonos con orgullo.

Ahora, continuemos con el estudio del Midrash, para encontrar la respuesta Divina al grito Judío.

“Y le dijo Di-s al pueblo judío: “Ahora es el tiempo de hacer una ofrenda sólo para ustedes” ” Esto, dice el Midrash, es el significado del versículo bíblico ” El octavo día será un día de reunión para ustedes, no harán ningún tipo de labor. Y ofrecerán un sacrificio, un aroma placentero para Di-s, un toro”. “Celebremos y dancemos juntos, Ustedes y Yo”, Di-s le dice a Su pueblo. No más de 70 toros por el bien de las 70 naciones, como hicieron durante toda la festividad de Sucot.Ahora es el momento de ofrenda sólo un toro por una nación- la nación de Israel.

¿Cuál es el significado detrás de estas palabras? ¿Acaso Di-s está sugiriendo que nos olvidemos de toda la “opinión internacional” y nos defendamos por nosotros mismos, porque por más buenos que aparentemos ser, vamos a ser rechazados de todos modos?

Quizá ésta es la parte del mensaje. Es ciertamente verdad que si Israel, por ejemplo, seguiría las instrucciones de las Naciones Unidas y “mostrara moderación”, habría alrededor de 5.000 judíos muertos en Israel cada semana. Aquí viene un punto en donde debes tomar el coraje para hacer lo que es moralmente correcto, no lo que es aceptable para las personas que no les importa si otro millón de judíos muere, así como no les importa si un millón de Sudaneses mueren y no hicieron nada para parar el genocidio de 800.000 Rwadaneses inocentes muertos en 100 días.

De todos modos,  pienso, hay un mensaje más profundo y optimista contenido en estas palabras.Di-s no está explicando a Israel la razón del antisemitismo. El odio al judío es una enfermedad, universal y multi-cultural, generada por la existencia de la maldad en muchos seres humanos. Lo que Di-s está diciendo a los judíos es:

En presencia del antisemitismo, asegúrate de pararte en alto y con orgullo. Asegúrate de enseñarles a tus hijos que ser odiado es testimonio a su virtud, y no al revés. “Ahora es el momento de hacer una ofrenda para ti mismo”. Un toro por nación. Es momento de fortalecer tu propia identidad, de entender que eres burlado por creer tu eterno pacto con un Di-s de moralidad, de bondad y de compasión. No es momento de que dudes; es un momento de levantarte por ti mismo y tu fe.

El origen del odio judío

Uno de los efectos secundarios más trágicos del antisemitismo ha sido el judío se odie y se tenga vergüenza. Muchos de nuestros hermanos, especialmente durante los últimos 200 años desde que la emancipación haya “barrido” Europa, han comenzado a creer que nuestros más grandes aborrecedores no eran tan malos como parecían, que algo debía estar muy mal con los Judíos, justificando así parte del odio contra el pueblo del Libro. Después de todo, pensaban, si tu hijo es burlado en cada escuela a la que asiste, es castigado por los directores y despreciado por la mayoría de sus compañeros, ¿no tendría el terapeuta de la familia que culpar al chico en vez de culpar a todas las escuelas y al resto de todos los niños?

¿Acaso estas lógicas no son válidas en relación al antisemitismo también? Si casi cada cultura y civilización han estado viendo al Judío como la imagen del demonio, ¿no nos deberíamos mirar en el espejo y descubrir los defectos nuestros que causan tanta “animación” entre la gente?

Así fue que el fenómeno del autor odio del Judío nació. Aunque, en sus mentes, es sólo un mero ejercicio de una extrema introspección, esta evaluación de este tipo de Judíos generalmente llega a proporciones muy racionales, en donde comienzan a ver a su gente, su país y su legado como la causa de toda la maldad y horror en el mundo. Cuando lees a Noam Chomsky te preguntas cómo un judío puede escribir tales cosas sobre un pueblo que supuestamente conoce tan íntimamente. Lees a  Norman Finkelstein y te asombras de las palabras que un judío usa para hablar del Holocausto. Lees a los columnistas judíos del New York Times y de Los Angeles Times, escuchas a los periodistas judíos de NPR o CNN, reflexionas en charlas dictadas por académicos judíos, y te preguntas: ¿Cómo pueden judíos ser tan descaradamente “objetivos” al ver a Israel y a sus vecinos como si fueran moralmente equivalentes, cuando Israel nunca mató a un sólo civil árabe intencionalmente, y los árabes proclaman claramente que su meta es exterminar a cada civil Israelí vivo?

Ser más  judío

Este es pues, el mensaje de Di-s al pueblo Judío para Shminí Atzeret.En un momento de furia antisemita, no hay que estar inseguros, compungidos y defensivos. No te veas a ti mismo como tu enemigo te ve. Asegúrate de que sabes quien eres por dentro; estudia lo que significa ser un judío, no de la gente que te odia. Estudia lo que es ser judío de tus propios textos, de tu propio legado, de tus propios abuelos, de tu propia Torá.En el momento de explosivo odio Judío, Di-s te dice: Debes hacer una cosa-¡Ser más judío!No podemos curar la plaga antisemita. Los antisemitas lo tienen que hacer. Podemos y debemos monitorear el antisemitismo, advertir en contra de él y pelearlo, pero no podemos librar al mundo de él. Lo que tenemos y debemos hacer es nunca permitirnos ser definidos por esto.

Bailando con Di-s

Así que durante estos dos días de Shminí Atzeret y Simjat Torá, nos fijamos muy bien en los países musulmanes, en las Naciones Unidas, en el Departamento de Estado, en la Corte de la Haya, en los EEUU, y decimos:

“Estaremos allí para ti y contigo en el momento en el que desembriagues y estés listo para la paz genuina. Israel es un país de paz y está dispuesto a hacer paz cuando el momento lo requiera. Ansiamos la vida, paz y bienestar. Pero hasta que Ustedes junten todos sus actos morales, hasta que empiecen a odiar a la mala gente y a proteger a los Buenos, no vamos a desesperar ni nos vamos a culpar por la maldad que aún existe en el mundo.

“En vez, vamos, en las próximas 48 horas, a tomar la Torá y a bailar con lo Divino. Vamos a “danzar” con Di-s, celebrando un pueblo y una tradición dedicada a perseverar la paz, amor, moralidad y bondad. Vamos a celebrar con el entendimiento de que la maldad será derrotada y prevalecerá el bien. Vamos a darnos un nuevo impulso con la fe de que la redención está a sólo un paso”

Y aún así, paradójicamente, la respuesta de Di-s a nosotros tiene mucho que ver, aunque no del todo, con la cura para el antisemitismo. Para que el mundo pueda finalmente sólo amar a la gente que se ama.  Cuando los judíos comiencen a respetarse entre ellos, van a conseguir la admiración de todo el mundo.

Por Yosef Y. Jacobson

¿Qué festejamos en Simjat Torá?

Nuestro Maestro, Moshé, estableció que la Torá fuera leída todos los Shabatot. Autoridades posteriores especificaron qué secciones sidrot o parshiot de la Torá debían ser leídas en cada uno, y cuándo debía comenzar y concluir el ciclo de lectura. La costumbre prevaleciente en el pueblo de Israel es completar la lectura de la Torá en el curso de un año, dividiendo las secciones en 54 sidrot—correspondientes al número de Shabatot que contiene un año hebreo de 13 meses—. En un año regular —de 50 o 51 Shabatot—, se combinan dos parshiot y en  varios de ellos y se leen juntas, como una. Aun en los años de 13 meses, hay veces que se lee más de una sección, pues muchos de los días Festivos coinciden con Shabat y sus respectivas parshiot reemplazan la lectura semanal regular de la Torá.

La sidra Bereshit (Génesis 1:1-6:8), la primera, es leída el primer Shabat luego de Simjat Torá; la última, Vezof  (Deuteronomio 33:1-34:12) se lee en Simjat Torá. Entonces se celebra una comida festiva, para marcar el término de su lectura, acompañada de alegría, cantos, bailes y alabanzas en honor a la Torá.

Con respecto al Rey Salomón, la Torá expresa: Se despertó Shlomó y he aquí un sueño [o sea, el espíritu de santidad se posó sobre él]; vino a Jerusalén y permaneció de pie frente al Arca de la Alianza de Di-s; ofreció holocaustos y ofrendas de paz, y preparó un banquete para todos sus sirvientes (I Reyes 3:15). De esto se deduce, señalan nuestros Sabios, que se debe celebrar un banquete y estar alegre por haber concluido la Torá (Midrash Kohelet 1).

Los Sabios posteriores explicaron el significado de la celebración de Simjat Tora en Sheminí Atzeret [en Israel; en la Diáspora, es al día siguiente, el segundo día de Sheminí Atzeret]:

Durante los siete días de Sucot el pueblo se regocijaba con las mitzvot especiales de la Festividad: la Suca, las cuatro especies, la libación de agua, y aravá que tomaban al caminar en torno del altar. Al llegar Sheminí Atzeret, declaraban ante Di-s: “Hoy no contamos con la Suca, con las cuatro especies, con la libación de agua, ni con la aravá. Todo lo que tenemos es la Tora, con la cual nos regocijamos”. Esta alegría es mayor que cualquier otra, pues es constante y nunca será abolida. Aunque el Gran Templo fue destruido, Jerusalén quedó desolada y el pueblo de Israel exiliado de su Tierra y sometido a las naciones, su regocijo en la Tora nunca cesó y jamás disminuyó. Así dijeron nuestros Sabios: “Desde el día en que se destruyó el Beit HaMikdash, lo único que Di-s posee son los cuatro codos [amot] de la Halajá [o sea, el estudio las leyes de la Tora por parte de Su pueblo]”

(Talmud, Berajot 8a).

Luego de la destrucción del Gran Templo, el mundo quedó sumido en una terrible desolación, pues este hecho afectó todas las esferas de la vida, incluyendo el poder y la fuerza de las mitzvot. Sin embargo, la Tora y los “cuatro codos de la Halajá” permanecieron intactos; allí, la alegría continúa siendo tan perfecta e íntegra como antes, y por lo tanto es el único ámbito en donde la Shejiná (Presencia Divina) reside y se alegra junto a Israel en Simjat Tora.

Pidiendo lluvias

Desde Sheminí Atzeret hasta Pesaj incluimos en nuestras plegarias de Shemoné  Esré la mención de la revelación del poder de Di-s a través de la lluvia: “Él hace que el viento sople y que caiga la lluvia”. Sin embargo, en la Tierra de Israel la plegaria explícita por lluvia: “Y otorga rocío y lluvia para bendición”, se agrega recién a partir del 7 de Jeshván pues para esa fecha, según nuestros Sabios, ya habían llegado hasta el Eufrates, en camino de regreso a sus hogares en las ciudades lejanas, los últimos judíos que habían ido en peregrinación a Jerusalem para Sucot y Sheminí Atzeret.

Fuera de Israel, donde el agua es abundante y no hay necesidad de que la lluvia caiga con antelación, se comienza a decir esta plegaria más tarde, sesenta días después de tekufát(equinoccio de) Tishrei. Su cálculo no responde a un día fijo en el calendario lunar, pero según el calendario solar este día acaece la noche anterior al 5 de diciembre en un año regular (cuando Febrero tiene 28 días) y la anterior al 6 en un año civil bisiesto (cuando Febrero tiene 29).

Aunque hay países donde la lluvia es tan necesaria al comenzar el invierno [boreal] como lo es en la Tierra de Israel, y hay tierras que la precisan aún después de Pesaj, la plegaria por la lluvia se agrega únicamente a partir del 7 de Jeshván (en Israel) o sesenta días luego del equinoccio de Tishrei (fuera de Israel), y se concluye en la víspera de Pesaj en todos los lugares.

LA LLUVIA EN SU MOMENTO APROPIADO

Una persona hambrienta expresaría naturalmente su gratitud a quien le ofrezca siquiera un simple higo o dátil que le sirva de alimento siquiera durante un breve período de tiempo. Por otro lado, quien recibe todo su sustento de otro sin habérselo solicitado, con frecuencia tiende a olvidarse de agradecer la generosidad de su benefactor. Pero, no cabe duda, la beneficencia de este último supera a la del primero miles de veces.

Ven y observa: ¿Existe un acto de benevolencia más grande que las lluvias que Di-s hace caer en el momento adecuado? Mientras la gente duerme plácidamente en su cama, Di-s abre Su tesoro para ésta, otorgándole el rocío y la lluvia, irrigando los campos y saciándolos para que rindan sus frutos con abundancia. ¿No debemos agradecerle?

Sin embargo, aunque este insigne acto de bondad puede parecer insignificante al hombre común, nuestros Sabios, que reconocían los poderes de Di-s, comprendieron su magnitud y jamás lo olvidaron.

El Talmud (Taanit 7b 8a) registra una serie de expresiones mencionadas por nuestros Sabios referentes a la magnitud del obsequio de la lluvia:

  • El día en que cae lluvia es tan importante como el día en que fue entregada la Torá.
  • El día en que cae lluvia es tan importante como el día en que cielo y tierra fueron creados.
  • La lluvia cae sólo cuando los pecados de Israel son perdonados.
  • Grandioso es el día en que cae lluvia, pues incluso una pequeña moneda en el bolsillo de la persona es bendecida gracias a ella.
  • El día en que cae lluvia es tan trascendente como aquel en que se reunirán los exiliados.

Los Sabios (Shabat 32a) también expresan que, como consecuencia de violar determinadas leyes (ej. robar a los Levitas y pobres), los cielos se cierran y no dejan que caiga la lluvia, los precios aumentan, se pierde la ganancia, y los hombres buscan su sustento sin éxito.

  • Rabí Shimón ben Pazí dijo: Las lluvias son retenidas por causa de aquellos que calumnian («lashón hará»).
  • Rabí Sela dijo en nombre de Rabí Hamnuná: Las lluvias son retenidas por causa de aquellos que son arrogantes.
  • Rabí Amí dijo: Las lluvias son retenidas por causa del pecado de hurto.
  • Rabí Iojanán dijo: Las lluvias son retenidas por causa de aquellos que prometen donaciones pero no cumplen su palabra.
  • Rabí Ketina dijo: Las lluvias son retenidas por descuidar el estudio de la Torá… pues quien desatiende el estudio deroga el pacto de fidelidad [entre Di-s y Su pueblo] y se asemeja a aquel que traiciona a la esposa de su juventud. Y si el hombre no es fiel, tampoco el cielo y la tierra lo serán con él (Taanit 7 y 8)

Siete razones para estar alegre

En el curso de una de sus alocuciones en la festiva noche de Simjat Torá , el Rebe dijo que había siete motivos para que un judío estuviera en permanente estado de verdadera felicidad, si tan solo les dedicara la reflexión y atención merecida.

El Rebe se refirió a ellos como siete niveles ascendentes de alegría, cada uno infinitamente más profundo que el precedente. Estos son, en orden los siguientes:

1) El primer nivel es el de la alegría que todo ser debe tener por el mero hecho de haber sido creado personalmente por Di-s Mismo, cuyo ser posee la característica única de la esencia y no es el resultado de alguna causa previa. No puede haber una alegría más pura que esta.

2) El segundo nivel es el de la alegría que resulta del modo en que ha sido creado: de manera que fue similar, para decirlo de alguna manera, al Creador. Di-s, quien tiene pleno libre albedrío, eligió crear seres que de modo análogo tuvieran el poder de la libre decisión, y cuya existencia misma se basara en su propia elección.

“Todo lo que Di-s creó en Su Mundo, lo creó únicamente para Su gloria” (Pirkei Avot 6), esto significa para el judío, que fue creado a fin de que pudiera servir a Di-s a través de la Torá y las mitzvot.

3) Un tercer nivel de alegría se debe a que entre Sus Creaciones, Di-s dispusiera motivos y ocasiones especiales para el regocijo. Eso se ve articulado en mayor grado en las festividades, y particularmente en los momentos de Sucot, Sheminí Atzaret y Simjat Torá, “Epoca de Nuestro Regocijo”.

Los tres niveles que hemos mencionado hasta ahora se basan en la iniciativa de Di-s.

Los cuatro niveles siguientes, se basan en nuestra respuesta.

4)El cuarto nivel de alegría es el que surge de la concreción real de nuestro objetivo, empleando nuestro poder de libre elección para elegir la vida, una vida llena de propósito, una vida de Torá y mitzvot (preceptos).

5)Se suma un quinto nivel cuando cumplimos nuestro servicio con alegría, no solo porque esos son nuestros sentimientos, sino porque la Torá misma lo demanda de nosotros, cuando nos dice: “Sirve al Señor, tu Di-s, con alegría y bienestar del corazón” (Deuteronomio 28:47)

6)Dentro del principio general de servir a Di-s con alegría se alcanza un sexto nivel en aquellas mitzvot específicas que por sí mismas están asociadas a la alegría, como en el caso de la festividades mencionadas anteriormente.

7)Un séptimo nivel, superior al de todos los momentos especiales y épocas festivas, es el que corresponde a Sucot .

Estos siete niveles de alegría que asumen forma temporal en los siete días de Sucot, se corresponden también con los siete días de la semana y la plenitud de un ciclo natural.

La festividad de Shminí Atzeret, el octavo día de la “Época de Nuestro Regocijo”, sugiere un octavo grado de alegría que trasciende a los otros siete.

Es la alegría de las alegrías, la alegría por poder sentir alegría. Incluye en sí el potencial y abarca todas las causas de alegría posibles.

Es la alegría de la Torá, que curiosamente no se celebra mediante inspirado estudio, sino simplemente bailando con el rollo de la Torá cerrado y cubierto, algo para lo que todos tienen idéntica capacidad.

No existen las fronteras habituales entre nosotros. Es el regocijo de todos los judíos, grandes y pequeños, avanzados y novatos, hombres y mujeres, por igual.

La alegría alcanza la mismísima esencia de nuestro alma, aspecto en el que todos los judíos son plenamente iguales y de una unidad absoluta.

En Israel, todos los festejos de Simjat Torá, se llevan a cabo en el mismo día de Shmini Atzeret, la festividad del octavo día de Sucot. En los paises de la diáspora, los Sabios han agregado un segundo día a Shmini Atzeret, al igual que a todas las festividades, por cuanto la distancia con Jerusalem hacía dificil saber a ciencia cierta cuando comenzaba el mes lunar. Este segundo día de Shmini Atzeret era dedicado, por mérito de la costumbre judía, exclusivamente a la celebración de la culminación anual de la lectura de la Torá.

Esto representa un noveno nivel de alegría, la alegría que surge del hecho de que el pueblo judío tiene la posibilidad de contribuir a la Torá. Hemos santificado un día adicional como festividad sagrada, y el estilo de nuestra práctica ha dado forma a la naturaleza del día.

En Simjat Torá, el baile con la Torá llega a su grado máximo en el curso de la noche y el día. Es el judío quien permite y posibilita que la Torá baile, son sus acciones las que hacen de la Torá un modo de vida activo y viable, una fuerza en el mundo. Esta es la verdadera “Simjat Torá”, la alegría de la Torá misma.

¿Qué son las Hoshanot?

1. ¿Qué son las hoshanot?

Cuando el Templo estaba en pie, grandes ramas de sauce eran llevadas y apoyadas sobre el altar durante Sucot. El shofar sonaba y los Cohanim caminaban alrededor del altar y recitaban la plegaría de “hosha na” – “Por favor trae la salvación”. Entonces entraba la gente y agitaba las aravot (hojas de sauce).

2. ¿Cuál es el procedimiento para las hoshanot?

Se abre el arca y uno de los congregantes saca una Torá y la sostiene en la bimá. Los cuatro versículos introductorios son recitados, y los que tienen el set de las cuatro especies las sostienen mientras se paran en el lugar. Al recitar el siguiente párrafo la congregación gira en torno a la bimá en dirección contraria al reloj, sosteniendo las especies con las dos manos.

En Hoshaná Rabá, todos los sefer Torá son sacados del arca mientras se gira en torno a la bimá siete veces con las cuatro especies.

3. ¿Está permitido sostener las especies en una mano?

Para poder sostener el sidur, muchos sostienen las cuatro especies en la mano derecha. Sin embargo, mientras sea posible, es preferible sostenerlas con ambas manos. El sidur puede ser equilibrado en los brazos, o una copia liviana puede ser usada y sostenida fácilmente entre los dedos.

4. ¿Qué pasa si una persona no tiene su propio set de especies?

Sólo aquellos que estén sosteniendo un grupo de especies deben caminar alrededor de la bimá.

5. ¿Quién debería sostener la Torá si todos sostienen un set de especies?

Si hay una persona de duelo, él debe sostener la Torá. (Y es una mitzvá para él darle su set de especies a alguien que no tiene).

Si no hay nadie de duelo, alguien se debe ofrecer a sostener la Torá en lugar de dar vueltas a la bimá. Es una mitzvá mucho más grande sostener la Torá que caminar alrededor de la bimá.

6. ¿Cómo se recitan las hoshanot en Shabat?

Se abre el arca y los rezos son recitados parados en el lugar, sin tomar las cuatro especies.

7. ¿Cuál es el significado especial de Hoshaná Rabá?

En Sucot, Dios dicta sentencia sobre la lluvia y son agregadas plegarias adicionales en este día para cerrar un veredicto favorable. Adicionalmente, dice en el Zohar que en éste día todos los decretos que fueron cerrados en Iom Kipur son expedidos. Una sentencia desfavorable puede todavía ser arrancada de raíz a través de un arrepentimiento sincero.

Hay una costumbre extendida de leer todo el libro de Deuteronomio en la sinagoga en la tarde de Hoshaná Rabá, y algunos se quedan despiertos toda la noche para estudiar Torá.

8. ¿Qué ramas de aravá pueden ser usadas para cumplir la costumbre de tomar un atado en Hoshaná Rabá?

Es suficiente tomar tres ramas de aravá, pero la mayoría tiene la costumbre de tomar cinco.

Lo que es casher para las aravot en las cuatro especies es también casher para esta mitzvá. En circunstancias atenuantes, es suficiente tomar una rama incluso si sólo tiene una hoja. Es una alabanza mayor el usar ramas largas.

La costumbre es amarrarlas con una hoja de lulav o una rama de sauce. Según algunas opiniones, uno no puede usar una hoja del lulav que haya sido sacada durante Sucot. Si uno no tiene una hoja de lulav o una rama de sauce, se puede atar el atado con una cuerda o un elástico, pero el atado no debe ser sostenido en el lugar del nudo.

Si uno saca aravot del atado del lulav, pueden ser usadas para esta mitzvá. Sin embargo, después que hayan sido usadas, puede que no sean casher para usarse en el atado del lulav. Esto debe ser tomado en consideración si alguna otra persona puede necesitar agitar el lulav.

9. ¿Qué se hace con las ramas?

Después de girar en torno a la bimá siete veces con las cuatro especies, las ramas son agitadas de la misma manera que las cuatro especies pero sin recitar ninguna bendición. Algunos tienen la costumbre de agitarlas un poco solamente.

Adicionalmente, son golpeadas en el piso. Se debe pegar con el atado cinco veces en el piso. Preferiblemente, después se debe pegar con ellas a una silla o algún objeto adecuado para sacar algunas hojas, pero no todas las hojas deben ser removidas.

10. ¿Puede usarse el mismo atado de aravot por distintas personas?

La costumbre es intentar conseguir por todos los medios un atado para cada uno, pero si es necesario varias personas pueden usar el mismo atado.

11. ¿Qué se debe hacer con las aravot después de ser usadas?

Algunos tienen la costumbre de poner las ramas sobre el arca, mientras que otros sostienen que esto es irrespetuoso. En cualquier caso, uno se debe deshacer de ellas de una manera respetuosa y puede usarlas para otra mitzvá.

Similarmente, después de Sucot las cuatro especies deben ser tratadas con respeto y no nos debemos deshacer de ellas en la basura normal. Es elogiado usarlas para otra mitzvá y muchos tienen la costumbre de usarlas como combustible en el fuego cuando hacen matzá o cuando se quema el jametz en Érev Pesaj. Está permitido usar el etrog para hacer mermelada.

Secretos de Sucot

Sucot es la Fiesta de la Alegría; es el tiempo de cosechar el producto del campo, el huerto y la viña…

Encuentra su trabajo premiado con tanto éxito, que podría llegar a pensar que “mi poder y la fuerza de mi mano han hecho toda esta riqueza”. También podría llegar a pensar que trabajar y juntar una fortuna son el propósito en la vida, olvidándose que hay valores más importantes y elevados, como los valores espirituales.

Para que el judío no se olvide de su propósito real en la vida, Di-s, en Su sabiduría infinita y amorosa, nos hace dejar nuestras cómodas casas y morar en una Sucá frágil durante siete días. La Sucá nos recuerda que nosotros confiamos en Di-s para protección, ya que la Sucá no es ninguna fortaleza, inclusive ni siquiera tenemos un techo sólido encima de nuestras cabezas. Eso también nos recuerda que esta vida en la tierra es una morada temporal.

Los siete días de Sucot, cada uno representa una década de vida, setenta años en total de vida humana en esta tierra. Este corto tiempo sólo debe ser considerado como un período de preparación para la vida eterna que viene luego de la vida en esta tierra, una vida donde la riqueza material no cuenta, donde sólo cuentan las riquezas espirituales. Los graneros, el vino, el aceite deben dejarse atrás, mientras sólo los graneros de la Torá, las mitzvot y las buenas acciones pueden llevarse y darnos méritos en esa vida eterna.

Éste también es una de las razones del por qué es costumbre, en algunas congregaciones, leer el Libro de Eclesiastés (Kohelet) durante la Fiesta de Sucot. El Libro de Kohelet, proféticamente escrito por el más sabio de todos los hombres, el Rey Solomón, está lleno de pensamientos profundos y reflexiones sobre “la vanidad de vanidades” de este mundo. Concluye propiamente con las palabras, “Habiendo sido todo escuchado, he aquí la conclusión del asunto:teme a Di-s y cumple Sus mandamientos, porque en eso está el hombre íntegro”.

De esta manera, Sucot, “la Fiesta de la Alegría” en un sentido más profundo nos enseña a recoger, retener y almacenar las experiencias religiosas y el elevamiento espiritual que hemos adquirido durante las muchas y variadas fiestas, plegarias y mitzvot del mes de Tishrei, para que podamos utilizar estos ricos “graneros” a lo largo de todo el año que comienza.

Hospitalidad Divina

Está escrito en el Zohar (Libro básico de la Cabalá), que durante los días de la festividad de Sucot concurren a la Sucá los USHPIZIN (huéspedes). Son los Tzadikim de nuestro pueblo: Abraham, Itzjak, Iaakov, Moshé, Aarón, Iosef, David. Cada día de la fiesta uno de ellos es el visitante principal y los demás lo acompañan. La primera noche recibimos a Abraham Avinu (nuestro patriarca).

Abraham se destacó por su entrega a la Mitzvá de hajnasat orjim (hospitalidad con los forasteros), que realizaba con fervor y entusiasmo.

La Guemará aprende de él que “es mayor la Mitzvá de hajnasat orjim que recibir la Morada de Di-s”, ya que Abraham pidió permiso a Di-s para interrumpir Su visita y poder atender a unos forasteros que se acercaban.

TODOS SOMOS VISITAS

La esencia de hajnasat orjim refleja la esencia de nuestro servicio a Hashem en el galut (exilio). El pueblo de Israel se encuentra en este momento en una situación de “visita”, Nuestros Sabios compararon las circunstancias del galut con “ hijos que fueron desterrados de la mesa de su padre”. El lugar natural del iehudí es encontrarse junto a la mesa de su Padre, Di-s, entonces durante el exilio el judío no está en su espacio original, adoptando la característica de foráneo. ¿Por qué creó Hashem esta situación?, Esto se debe a la integridad que logramos en nuestro servicio a Él en este período.

LA VENTAJA DEL GALUT

Nuestros Sabios dijeron: “Di-s tuvo misericordia al dispersarnos entre los pueblos”. Toda la intención de este esparcimiento a lo largo y ancho del mundo no es un castigo sino una meta positiva. La voluntad de Di-s es que cada iehudí introduzca Santidad y Divinidad en cada lugar que se encuentre y lo convierta en apto para ser “una morada para Él” en el momento de la llegada del Mashíaj. También así se expresa Rabí Israel Baal Shem Tov, el primero de los huéspedes jasídicos, sobre el versículo “Di-s conduce los pasos del hombre”, es decir que a cada lugar al que el judío llega, no lo hace por propia voluntad sino que Hashem guía sus pasos para que cumpla su misión en este mundo.

LA VIRTUD DEL HUÉSPED

La Mitzvá de hajnasat orjim manifiesta la importancia y valor del servicio cuando estamos en el contexto de orjim.

Por medio de que un judío recibe hospitalidad se logra una elevación espiritual que incluye tanto al anfitrión como al invitado.

Y esta también es la riqueza exclusiva de los días del galut, ya que sólo por medio de ella podemos “recibir la Morada de Di-s” así como será  en el momento de la llegada de la Gueulá, donde se revelará la Gloria de Hashem, con alegría.

LIKUTEI SIJOT, TOMO 29, PAG. 354

¿Hay algún significado en las cuatro especies, además del tema de la unión?

Sucot es el comienzo de la temporada de lluvias en la región mediterránea. De hecho, las Hoshanot recitadas todos los días de la fiesta son principales ruegos por lluvia abundante, y poco después de Sucot, empezamos a incluir la petición de lluvia en las oraciones de la Amidá. Por lo tanto, tomamos cuatro especies de vegetación, especies que dependen especialmente de la lluvia abundante, y le pedimos a Di-s que nos proporcione un montón de lluvia para el invierno próximo.

Las cuatro especies simbolizan diferentes aspectos de nosotros mismos, que nos purifican mediante el cumplimiento de la mitzvá de las cuatro especies. La forma del Etrog se asemeja al corazón y por lo tanto purificamos el corazón de cualquier pensamiento que pudimos haber tenido durante todo el año. Hojas de mirto se parecen a los ojos, por lo que limpiará a los ojos de las imágenes impuras que hayamos visto. Las hojas de sauce se asemejan a los labios y, por tanto purificamos los labios de cualquier discurso negativo que puedimos haber dicho. El Lulav se asemeja a la columna vertebral y nos recuerda que debemos permanecer firmes y rectos, orgullosos de Servir a nuestro Padre en el Cielo.

El Midrash (Vaikrá 30) dice que cada una de las cuatro especies simboliza a Di-s, y cita cuatro diferentes versículos donde Di-s se describe usando las imágenes de una de las cuatro especies: Pri Etz Hadar/Etrog: “Estás vestido de majestad y belleza (Hadar)”; Lulav/Palmera,” El justo florece como la palmera”; Hadasim/Mirto:” Él está en medio de los arrayanes “; Aravot/Sauce:” ¡Alabado sea Aquel que cabalga en Aravot “.

Por el Rab Yossi Marcus