El proposito de los mandamientos

Los Diez Mandamientos son, en varios sentidos, los destacados de toda la Torá. Pero el Midrash trae una declaración sorprendente: Se dice que la primera palabra de los Diez Mandamientos está en lenguaje Egipcio, ¿Qué significa?.

Los Diez Mandamientos son la síntesis de toda la Torá. Todo el Pueblo Judío los escuchó de Di-s. El primer mandamiento “Yo soy Di-s, tu Di-s, quién te sacó de la tierra de Egipto”, es la declaración básica de nuestra relación especial con el Infinito. La primera palabra, “Anoji”, significa “Yo soy”. Di-s está hablando de Sí mismo, y comunicándose con nosotros.

El Midrash es intrigante. Dice que esta primera palabra es Egipcia, porque Di-s quería hablarnos en el idioma que habíamos aprendido cuando estábamos en Egipto. Esto nos dice algo sobre la naturaleza de la Torá y de ser Judío. Di-s no quiere relacionarse con nosotros sólo en el nivel sagrado y espiritual de nuestras vidas, representado por el hebreo, la lengua Sagrada. Él quiere también llegar a la dimensión terrenal, “Egipcia”.

No debemos caer en la convicción  de que no tenemos este nivel más bajo. Sino, debemos tratar de controlarlo, luego elevarlo y por último, transformarlo en algo Sagrado.

Di-s nos ayuda en esto: Hay enseñanzas judías para cada aspecto de la vida, incluyendo lo más básico. Las Mitzvot nos conectan con Di-s en cada nivel de nuestro ser. Por esta razón, la primera palabra de los Diez Mandamientos, “Anoji”, es en Egipcio: Llega a la persona “Egipcia” dentro de nosotros y la transforma en Judío.

Punto de Encuentro

Los Sabios nos dicen que cada alma Judía estuvo presente en la entrega de la Torá. Fue un momento de encuentro de todo el Pueblo Judío.

El reconocimiento a Di-s que fue experimentado en Sinai, se mantiene en el corazón de cada judío, y en la chispa de su identidad Judía.

Durante esos cuarenta días y noches en el Monte Sinai, se le fue revelada toda la Torá a Moisés. Los Sabios nos dicen que “Cada nueva idea que podría haber sido sugerida por un estudiante en una discusión con su maestro, se la fue dicha a Moisés en Sinai”.

Sinai fue, por lo tanto, el punto de encuentro de Di-s, todo el Pueblo Judío y la Torá.

Por: Tali Lowenthal

Pescado con carne


Todos sabemos que la Torá nos detalla que animales son puros y cuales nos están prohibidos consumir. Por otro lado, la Torá también nos prohíbe la ingesta de ciertos alimentos, aun cuando son kasher cada uno individualmente, pero al mezclados se tornan prohibidos, como ser carne con leche.

Si bien, a pesar de provenir de animales, tanto los huevos como los pescados (puros) son Parve (neutro). No obstante nuestros Sabios nos prohibieron la ingesta de carne junto con pescado por razones de salud. Esto no significa que debamos esperar entre ellos un lapso de tiempo determinado, al igual que lo hacemos entre la carne y la leche.

Tan solo es necesario beber una bebida con el objetivo de enjuagar la boca. Existe incluso una opinión que dice que lo mismo se aplica a los productos lácteos con pescado.

Las comunidades jasídicas acostumbran observar esta opinión y no comen pescado con leche. Con otros productos lácteos como manteca, crema de leche y quesos, hay opiniones que permiten y otras que no. Por lo que conviene que cada uno actúe según sus costumbres. El yogurt a estos efectos es considerado como leche líquida.

Cuando se trata de carne con leche, si salpicó una gota de leche sobre carne o viceversa, la ley nos indica que si la comida tiene 60 veces más que la gota, todo estará permitido. No obstante, cuando si por accidente una gota de leche o carne cayó sobre una comida de pescado o viceversa, hay opiniones que dicen que la salud tiene prioridad a las leyes de la Torá, por eso incluso que haya 60 o más veces comida frente a la gota, todo quedaría prohibido.

Pero hay opiniones que lo permiten siempre que haya 60 veces o más comida frente a la gota. A pesar de la importancia de la salud frente a este tema (carne o leche con pescado), esto no afecta de modo que debamos cuidar una separación entre las vajillas como lo hacemos con carne y leche. Por ello, basta con limpiar a fondo el utensilio antes de usarlo con pescado, sea este de carne o de leche

¿Los judíos cruzan los dedos?

¿Está mal que un judío diga “tengo los dedos cruzados” para tener buena suerte?

Cruzar los dedos es una práctica cristiana. Se originó en la Inglaterra medieval, cuando los cristianos creían que el símbolo de la cruz tenía el poder de alejar el mal y traer buena fortuna. Si te encontrabas con una bruja y no tenías una cruz a la mano, la forma más fácil de formar una era doblando un dedo sobre el otro.

En estos días, la mayoría de los que cruzan los dedos no lo asocian con ninguna creencia religiosa. Pero de todos modos no es una práctica judía. Y no creo que haya una versión judía de cruzar los dedos.

Podría intentar convertirlos en una estrella de David, pero es más probable que traiga artritis en lugar de buena suerte. Además, no creemos que la buena suerte venga de las señales y los gestos. Oramos a Di‐s, hacemos buenas obras y tenemos fe en el futuro.

El lenguaje que usamos da forma a nuestra manera de pensar. Entonces, en lugar de decir “Cruzo los dedos para conseguir el trabajo”, decimos “Si Di‐s lo quiere, conseguiré el trabajo”. Si no está destinado a ser así, ninguna contorsión de los dedos puede cambiar eso. Y si es la voluntad de Di‐s, ninguna “bruja” puede interponerse.

La envidia es ignorancia

El décimo de los Diez Mandamientos de la Torá dice: “No codiciarás la casa del tu vecino; no codiciarás a la esposa de tu vecino, ni a su sirviente, ni a su sirvienta, ni a su buey, ni a su burro, ni a nada que le pertenezca a tu vecino” (Éxodo 20:14)

La estructura de este versículo parece extraña. Al principio, la Biblia especifica seis cosas que no debemos codiciar “No codiciarás la casa del tu vecino; no codiciarás a la esposa de tu vecino, ni a su sirviente, ni a su sirvienta, ni a su buey, ni a su burro”. Pero luego, al concluir el versículo, la Biblia establece: “Ni nada que le pertenezca a tu vecino” ¿Por qué la redundancia? ¿Por qué no establecer “No codiciarás nada que le pertenezca a tu vecino”, que incluye todo?

Y si la Torá no quiere fiarse de las generalizaciones y quiere especificar los detalles, ¿por qué no especifica algunas cosas y luego se vuelca a la generalización, “Y todo lo que le pertenezca a tu vecino?”

En hebreo, la palabra para “nada” y “todo” es la misma. “Kol”. Por lo tanto, el versículo también puede ser traducido como “No codiciarás la casa del tu vecino; no codiciarás a la esposa de tu vecino, ni a su sirviente, ni a su sirvienta, ni a su buey, ni a su burro, ni todo que le pertenezca a tu vecino”. Al concluir el versículo con estas palabras, la Torá no nos está ordenando “no codiciar”, sino, nos está ayudando a alcanzar este estado difícil de conciencia.

¿Cómo puedes demandarle a alguien que no esté celoso? Cuando voy a tu casa y observo tu estilo de vida, ¿Cómo no puedo ponerme celoso? La respuesta es: “No codicies todo lo que le pertenezca a tu vecino”.

Lo que la Torá está insinuando es que de hecho es fácil codiciar la casa y la esposa de tu vecino, sus sirvientes, su buey y su burro; pero lo que debes preguntarte es: ¿estoy celoso de “todo lo que le pertenece a mi vecino”? ¿Estás preparado para asumir su vida? ¿De ser él? No puedes ver a la vida como miríadas de eventos incoherentes y experiencias. No puedes arrancar un aspecto de la vida del otro y decir: “Hubiera deseado su matrimonio, su casa, su carrera, su dinero…”.

La vida es una experiencia holística e integrada. Cada vida, con sus bendiciones y desafíos, con sus obstáculos y oportunidades constituyen una sola historia, una historia que comienza con el nacimiento y finaliza con la muerte.

Cada experiencia en la vida de uno representa un capítulo de nuestra historia individual y no tenemos el lujo de arrancar un capítulo de la historia de otro sin tomar la historia completa.

Cuando aíslas uno o pocos aspectos de la vida de otro, es natural sentirse celoso. Pero cuando te das cuenta de “todo lo que le pertenece a tu vecino”, tu percepción se altera. ¿Realmente quieres adquirir todo lo que le sucede en la vida? Así que la próxima vez que sientas celos por la vida de otro, pregúntate si realmente quieres ser el otro.

Ralph Waldo Emerson estaba en lo cierto cuando observó que “La envidia es ignorancia”

¿Por qué los humanos le dan tanta importancia al Nuevo Año de los Árboles?

1. La Torá nos dice que el “Hombre es comparado al árbol del campo”. Hay muchas enseñanzas que podemos aprender de nuestras contrapartes vegetativas. Aquí hay tres ejemplos:

a) Siguen creciendo…

Un árbol nunca para de crecer. No importa cuán alto sea el árbol, cada año crece un poco más. Adicionalmente, el árbol nunca está satisfecho con las frutas producidas la estación pasada, cada año continúa ofreciéndole al mundo nueva producción fresca.

Nosotros también, siempre debemos continuar creciendo en nuestro conocimiento de la Torá, servicio a Di-s y relación con nuestro compañero. Y las Mitzvot que producimos ayer, la caridad que hemos dado y los Tefilín que hemos donado, no nos exime de hacer lo mismo hoy.

b) …pero siempre recuerda tu fundación.

Un árbol no puede sobrevivir, y obviamente tampoco producir adecuadamente, si no tiene raíces fuertes.

Similarmente nuestra fruta, es decir, nuestra Torá y buenas acciones, deben estar conectados a una fuerte fundación de fé en Di-s y compromiso en cumplir con Su voluntad. Uno que sólo hace Mitzvot cuando tiene ganas es comparado a un árbol sin raíces que puede caerse con cualquier viento.


c) El cuidado de la planta

¿Alguna vez haz intentado hacer crecer un árbol? Si lo haz hecho, entonces sabes muy bien todo el cuidado que es necesario. Incluso cualquier daño que es provocado en las hojas, pueden causar una malformación en el árbol. Sin embargo, una vez que el árbol ya está crecido, éste ya se puede defenderse por sí mismo y soportar incluso grandes rasguños .

Lo mismo sucede con la educación. La mente y corazón de un niño pequeño son muy delicados. Es muy importante asegurarse de que reciban el apropiado cuidado judío, y no exponerlos a “rasguños”. Nunca digas que la educación judía de tus hijos puede esperar hasta que maduren, porque sino será demasiado tarde.

2. Tu Bishvat es el día en el que celebramos nuestra relación especial con nuestra Tierra Santa. En este día le agradecemos a Di-s por la tierra y su abundante producción.

Por: Rabino Naftali Silberberg

Tu Bishvat


El día 15 del mes de Shvat, más conocido como Tu Bishvat, es uno de los cuatro días en el año que la Mishná (Rosh Hashaná 1:1) ha llamado “Rosh Hashaná”, es decir: comienzo de año.

Cada uno de estos días representa el comienzo del año respecto de un tema específico. ¿Qué es Tu BiShvat? Al comenzar el Tratado de Rosh Hashaná, la Mishná nos enseña que el 1 de Nisán es el Rosh Hashaná respecto de los reyes y las fiestas, el 1 de Elul es el Rosh Hashaná respecto del diezmo de los animales, el 1 de Tishrei es el Rosh Hashaná respecto de la cuenta de los años, y el 15 de Shvat es el Rosh Hashaná de los árboles.

El Talmud (Rosh Hashaná 14a) nos explica que el día quince de Shvat fue designado como el límite entre un año y otro respecto de los frutos de los árboles, porque generalmente hasta esta fecha ya han caído la mayoría de las lluvias del año y al llenarse los árboles de savia, comienzan a crecer los nuevos frutos en los árboles.

Además, el Talmud Ierushalmi (Rosh Hashaná 1:2) nos dice que los frutos que crecerán después del 15 de Shvat son considerados producto del nuevo año, pues hasta este día los frutos crecieron gracias a las lluvias del año anterior, pero a partir de esta fecha crecerán por efecto de las lluvias de este año.

Leyes y Costumbres de Tu Bishvat

A pesar de ser llamado Rosh Hashaná, en Tu Bishvat no está prohibida la realización de trabajos, y tampoco existe en él la obligación de comer una comida festiva. Además no hay rezos especiales para esta fecha. Sin embargo, por cuanto que Tu Bishvat es llamado “Rosh Hashaná”, rigen en él algunas leyes relacionadas con las leyes de los días de fiesta: en él está prohibido ayunar y también está prohibido decir los tajanunim (pedidos de perdón) en los rezos de shajarit y minjá.

En Tu Bishvat se acostumbra comer frutos de los árboles (si es posible, que crecieron en la Tierra de Israel), y especialmente los frutos que fueron recordados en el versículo de la Torá que alaba a la tierra de Israel: “Tierra de trigo y cebada, de viñas, higueras y granadas, tierra de olivos y de miel (de dátiles)” (Devarim 8:8)

El hombre y el árbol

En Tu B´Shvat celebramos el año nuevo de los árboles (15 de Shvat). Conozcamos algunas costumbres de este día y la estrecha relación entre los árboles y el hombre…

Los componentes principales del árbol son: las raíces, que lo anclan al suelo y le suministran agua y otros nutrientes; el tronco, las ramas y las hojas que componen su cuerpo, y la fruta, que contiene las semillas a través de las que el árbol se reproduce.

La vida espiritual del hombre incluye también las raíces, cuerpo, y fruto. Las raíces representan la fe, nuestra fuente de disciplina y perseverancia. El tronco, las ramas y las hojas son el cuerpo de nuestra vida espiritual – nuestros logros intelectuales, emocionales y prácticos.

El fruto es nuestro poder de procreación espiritual – el poder de influir en los demás, para sembrar una semilla en un ser humano y ver germinar, crecer y dar fruto.

Raíces y cuerpo

La raíz es la menos glamorosa de las partes de los árboles y la más crucial. Enterrada, prácticamente invisible, no posee ni la majestuosidad del cuerpo del árbol, el colorido de sus hojas, ni el sabor de su fruto.

Pero sin raíces, un árbol no puede sobrevivir.

Por otra parte, las raíces deben seguir el ritmo del cuerpo: si el tronco y las hojas de un árbol crecen y se propagan sin un aumento proporcional de sus raíces, el árbol se derrumbará por su propio peso. Una profusión de raíces hace un árbol sano, más fuerte, incluso si tiene un magro tronco y algunas ramas, hojas y frutos. Y si las raíces son sólidas, el árbol rejuvenecerá si se daña el cuerpo o su rama.

La fe es la menos glamorosa de nuestras facultades espirituales. Caracterizada por una simple convicción y compromiso con la de una fuente, que carece de la sofisticación de la inteligencia, el color vivo de las emociones. Y la fe está enterrada, su verdadero punto está oculto.

Sin embargo, nuestra fe, el compromiso supra-racional con Di-s, es la base de todo nuestro árbol. De ella se deriva el tronco de nuestra comprensión, de la cual se ramifican nuestros sentimientos, motivaciones y acciones.

Y mientras que el cuerpo del árbol también proporciona algo de su alimento espiritual, la mayor parte de nuestro sustento espiritual deriva de sus raíces, de nuestra fe y compromiso con nuestro Creador.

Un alma puede crecer con un tronco majestuoso, numerosas ramas, hojas hermosas y exuberantes frutas. Pero estos deben ser igualados, de hecho, superados por sus raíces. Por encima de la superficie, puede haber mucha sabiduría, profundidad de sentimiento, abundante experiencia, copiosos logros y muchos discípulos, pero si estos no están conectados a tierra y vivificados por una fe y un compromiso aún mayor, es un árbol sin fundamento, un árbol condenado a colapsar bajo su propio peso.

Por otro lado, una vida puede ser bendecida con conocimiento escaso, escaso sentimiento y experiencia, escaso logro y poco fruto. Pero si sus raíces son extensas y profundas, es un árbol sano: un árbol con la capacidad para recuperarse de los reveses de la vida, con el potencial de crecer con el tiempo y convertirse en uno, más hermoso y fructífero.

Frutos y semillas

El árbol desea reproducirse, difundir sus semillas para que echen raíces en lugares diversos. Pero su alcance se limita a la medida de sus propias ramas. Por eso, busca otros mensajeros más móviles para transportar sus semillas. Produce frutos, en los que sus semillas están envueltas por sabrosas y coloridas fibras y jugos de dulce aroma. Las semillas no despiertan interés en los animales y hombres, pero con su atractivo embalaje, logran después de consumirse el fruto externo, que se depositen sus semillas en diversos lugares. Cuando nos comunicamos con los demás, contamos con muchos dispositivos para hacer nuestro mensaje atractivo. Pero debemos tener en cuenta que esto es sólo el envase.

La semilla en sí es esencialmente insípida – la única manera de impactar a otros es mediante la transmisión de nuestra propia fe en lo que estamos diciendo, y nuestro propio compromiso de lo que estamos exponiendo.

Si la semilla está ahí, nuestro mensaje va a echar raíces en sus mentes y corazones. Pero si no hay semilla, no habrá descendencia a nuestro esfuerzo, por más sabrosa que sea nuestra fruta.

(Basado en las enseñanzas del Rebe de Lubavitch)

Los consumidores de Maná

Algunos datos sobre el maná: parecía una pequeña semilla, redonda, blanca. Descendía por la noche, intercalada entre dos capas de rocío. Sabía a su comida favorita. No producía pérdida, encapsulando las necesidades nutritivas de su comedor tan precisamente que después de que el cuerpo absorbía lo que necesitaba, no restaba nada. (Esta última provocó que alguno de los Israelitas se sintiera un poco de náuseas por su “pan del cielo”).

Poco después que el maná empezó a bajar, recibimos la Torá en el Monte Sinai. Durante las siguientes cuatro décadas atravesamos el desierto comiendo el maná y aprendiendo Torá. Eso es básicamente todo lo que hicimos (cuando no estábamos metiéndonos en problemas). El Midrash ve una conexión directa entre nuestra dieta y nuestra ocupación, declarando que “La Torá sólo podría entregarse a los consumidores de maná”.

Después de cuarenta años de maná y Torá, cruzamos el Río Jordán a la Tierra Prometida. El estudio de Torá seguía siendo una ocupación de jornada completa sólo para la tribu de Levi (y para individuos selectos de otras tribus). Todos los demás empezaron a ganarse la vida trabajando. El maná dejó de caer, y nos cambiamos al “pan de la tierra”- el pan oscuro, voluminoso, cuadrado-el tipo de pan cuyos nutrientes y vitaminas se hallan dentro de un relleno descartable. El tipo del que se digiere en lugar de ser absorbido.

La vida es principalmente desperdicio.

Pasamos trabajando todo el día por el dinero, una hora yendo de compras, otra hora cocinando, unos minutos comiendo. ¿Y dónde va la comida? La mayoría de ella pasa derecho a través de nuestros cuerpos al sistema de la cloaca de la ciudad.

¡Nos dan 24 horas por día, la mayoría aplastante de ese tiempo la pasamos durmiendo, conmutando, buscando estacionamiento, aguardando en la línea, revisando el correo electrónico, escuchando discursos, dando excusas, charlando, haciendo un depósito, haciendo un retiro… Y entonces, en esos cinco minutos que realmente estamos haciendo algo, ¡la mitad del tiempo nos sale todo mal!

De hecho, estamos tan acostumbrados a tratar con desperdicios que cuando se nos da algo que es 100% puro oro, empezamos a buscar alguna escoria para librarnos de él. Buscamos faltas en el alma de un ser amado, agendas ocultas en las amistades más bonitas, el “otro lado” en la más virtuosa de las causas. Incluso la bondad es juzgada por ser demasiado buena para ser verdad.

Esto es por qué, dice el Lubavitcher Rebe: “La Torá sólo podía darse a los consumidores de maná”. Una nación de consumidores de pan se habría embarcado inmediatamente en un proceso de “digestión”. “Ama a tu compañero como a ti mismo”- hubieran dicho- es un material limpio, nutritivo; pero ¿”Cuidar el Shabat”? No es práctico hoy en día. Habrían separado las partes modernas de las partes “primitivas”, las partes de sentirse bien de las -no-me siento cómodo-con esta parte, los “hechos históricos” del “el folklore,” lo “científicamente corroborado” de las partes esotéricas, los “rituales” de las “restricciones”, etc. etc.

Nuestras necesidades mundanas son de consumidores de pan. Necesitamos saber para discernir, para abrazar lo bueno y rechazar lo malo, para hacer opciones morales. Pero también necesitamos saber cuándo salir de nuestro modo de digestión. Para reconocer cuándo, en un momento raro de gracia, Di-s nos dio un regalo de pura bondad y perfección. El abrirnos a Su Torá, y permitir que su totalidad nos nutra, cual el maná lo hacía.

Por Yanki Tauber

Una carta que cambió todo

Título sugerido: Una carta que cambió todo 

Cuenta el Rabino Avi Biderman, Sheliaj del Rebe en Viena, Austria:

El lunes, 23 de Tevet 5779 (31/12/18), recibí una llamada telefónica del rabino Zushe Silberstein, Sheliaj del Rebe en Canadá, contándome una historia interesante.

“Me topé hoy con una carta que publicó una de las mujeres de la comunidad judía local”, me cuenta, “y es por esa carta que te llamo.”

En la carta, esa mujer escribe acerca de un sobreviviente del Holocausto que murió recientemente luego de una grave enfermedad. Aquel judío, escribe la mujer, no tiene parientes que se ocupen de realizarle un entierro judío. En consecuencia, y siendo ella la única judía que tuvo con él un contacto estrecho en su vejez, tomó la iniciativa de organizarle un entierro judío.

Desafortunadamente, una de las asistentes que lo cuidaba y se ocupó de él hasta el final de su vida, afirmó que se convirtió al cristianismo y, por lo tanto, se opone firmemente a darle un entierro judío. “Yo, que lo conocí bien, siempre supe que era un Iehudi íntegro, con todo su corazón y alma”.

Tras esta resistencia, y en ausencia de familiares que firmaran su voluntad de un entierro judío, un judío se vería obligado a ser enterrado como un no judío.

Este yehudi tenía dos familiares que podrían firmar tal documento, una vivía en Viena y el otro en Francia.

“Ahora,” la mujer termina en su carta, “después de varios intentos de localizar a estos familiares, intentos que desafortunadamente tuvieron frutos, les escribo por este medio, tal vez alguno de ustedes tenga una idea de cómo ayudar a ese Iehudi, porque si hasta mañana por la noche no hay solución, me rindo.”

“Después de leer la carta”, dijo el rabino Zusha, “se me ocurrió la idea de llamarte, tal vez vos, como Sheliaj de Jabad en Viena, podrás contactar a este pariente”.

Por supuesto, acepté con gusto la misión sagrada e inmediatamente traté de contactar a aquella mujer judía, que yo desconocía, que acababa de cumplir los 80 años.

Toda esa tarde y la mañana siguiente, traté de llamar al número que me habían dado, pero sin respuesta. Cuando vi que ella no estaba respondiendo y me di cuenta de que si seguía esperando, sería demasiado tarde para el fallecido, me dirigí personalmente a la dirección que me habían dado, tratando de encontrarla para hablar cara a cara.

Cabe señalar que estamos hablando del primero de enero, fecha de feriado en Viena, y muchas personas se van de vacaciones fuera de la ciudad, por lo que no esperaba (a primera instancia) encontrarla en casa.

Cuando llegué a la dirección, noté un enorme edificio con muchos apartamentos. Esperé bastante tiempo, solo para poder entrar al edificio. Después de entrar, encontré el apartamento y toqué la puerta durante mucho tiempo, sin respuesta. A pesar de que el edificio era enorme, no había un alma por la zona, así que no tuve a quién recurrir.

Cuando ya me había dado por vencido, comencé a caminar hacia la salida, preguntándome si esta era la dirección correcta. Y si no lo era, andá a buscar a la mujer por toda Viena, ¡y en tan poco tiempo!.

De repente, veo frente a mí a una anciana subiendo las escaleras lentamente. Me acerqué a ella y le pregunté: “¿Disculpe, conoce a la Sra. Hillman?” ” Sí”, respondió ella. “¿Tiene alguna idea de dónde podría encontrarla?” Le pregunté de nuevo, “sí,”  respondió, y con una mirada de asombro, añadió: “Yo soy la señora Hillman, ¿qué busca?”

Le conté la historia brevemente y vi que se ponía realmente pálida, le temblaba todo el cuerpo y no podía hablar. Después de calmarse un poco, comenzó a contarme con gran emoción lo que le había sucedido ese día.

“Ni te imaginas”, me dice ella, “hoy mismo me puse a pensar en mi primo de Canadá, me  pregunté  por su destino, como estará, etc y así como llego a mi casa, me cuentas que murió y que necesitan mi firma para hacerlo llegar a un entierro judío.”

“Tienes que entender,” continúa, con lágrimas que la ahogan, “a nivel lógico no había forma de que nos encontremos, dado que me he ido de vacaciones desde la semana pasada, y en vacaciones no contesto el teléfono ni estoy en mi casa todo el día. Y no tengo un correo electrónico, así que en general es muy difícil localizarme.”

Y hoy, desde la mañana temprano, salí de casa, y solo por casualidad recordé que me había olvidado el paraguas (dicho sea de paso, ese día al final no llovió), y vine a casa por un minuto literal, para tomar mi paraguas e irme, y justo entonces nos encontramos.

Después de que ella se recuperó del shock inicial, fuimos juntos al Beit Jabad y durante aproximadamente dos horas nos sentamos juntos para firmar todos los documentos necesarios.

Solo cuando estuvo absolutamente segura de que había firmado todos los documentos requeridos, y que no habría problemas que pudieran surgir más adelante, se fue, no sin antes pedirme de que la informara sobre todos los avances del tema, y que de ahora en adelante nos mantendríamos en contacto.

Pasaron unos días y, por alguna razón, el entierro se retrasó un poco. Todos estos días la mujer me llamaba para averiguar qué estaba pasando con su primo. En cierto momento, después de esperar unos días sin progreso, la mujer me dijo: “Bueno, hicimos lo que pudimos.”

Le dije: hay una cosa más que puede ud. hacer por el alma del difunto, encender las velas de Shabat, Entonces ella me dice, la verdad que lo había pensado, solo dime ¿cómo se cumple esa mitzvá? ¿Apago las velas antes de ir a la sinagoga o las dejo encendidas?

Les recuerdo, que estamos hablando de una mujer no religiosa, que ahora ya no se contentaba con encender velas, sino que iría al templo, todo como consecuencia de lo ocurrido.

El 7 de Shvat 5779, este Iehudi fue llevado a un Kever Israel en un funeral judío como corresponde en Montreal.

Para terminar, una de las cosas que me cautivó de toda esta historia es que, en cierto momento, la mujer trató de comprender qué tenía que ver yo en toda la historia y me preguntó si conocí al difunto. Le dije que no. Ah, entonces, ¿el que te llamó desde Canadá debió haber conocido al difunto? La verdad que no, le respondí.

Luego, cuando comenzó a comprender lo que estaba sucediendo, intentó resumir la secuencia de eventos:

“Así que el rabino de Montreal no conoce al difunto, y usted no conoce al rabino de Montreal, y yo no lo conozco a ud., pero desde el cielo nos unieron para hacer llegar a este judío solitario a un entierro judío!”

Y la verdad es que ella se olvidó de mencionar a una persona más , el Rebe de Lubavitch, que, si no fuera por la tremenda revolución que provocó en el mundo, a través de los Shlujim, una historia así no hubiera sucedido.

[JasidiNews.com©]

Parashá en síntesis – Beshalaj

Luego de la décima plaga, el Faraón accedió a enviar al pueblo de Israel fuera de Egipto, aun cuando poco después, tras oír los consejos de sus asistentes, se arrepintió y comenzó a perseguirlos, al ver que no volvían al cabo de los tres días.

Los hijos de Israel (Bnei Israel) salieron de Egipto guiados por Moshé, Aharon y Miriam, quien dirigía a las mujeres. La ruta que los hizo seguir Di-s fue la más larga, para que evitaran atravesar la tierra de los filisteos, ubicada en el lugar que hoy se conoce con el nombre de Franja de Gaza. 

Una de las características del Pueblo Judío que se demuestra en la salida de Egipto es la fe (creyentes hijos de creyentes), herencia que explica la salida apresurada hacia el desierto sin alimentos y en total incertidumbre. Esto no puede explicar por la lógica o el raciocinio, sino en un nivel que lo trasciende, el nivel de la fe, que en hebreo recibe el nombre de emuná, término que deriva de emete, que significa “verdad”.

Kriat Yam Suf – la partición del Mar Rojo, en la cual perecen los egipcios y se salvan los judíos – es un evento milagroso, no sólo por el hecho de la separación de las aguas, sino porque éstas volvieron a su estado natural una vez que los judíos pasaron. 

Son diez los milagros que se produjeron en el Mar Rojo: las aguas se separaron formando un techo de protección encima de las cabezas de Bnei Israel; fueron doce los pasillos que se abrieron, uno por cada tribu; las aguas se solidificaron creando murallas transparentes con mosaicos decorativos, la transparencia de las paredes servía para que se vieran y se sintieran acompañados; el piso sobre el cual caminaban estaba totalmente seco y el agua volvía a su estado líquido cuando un judío tenía sed y necesitaba tomarla. 

Cada uno de estos milagros tiene su explicación mística en la Cábala. 

Una vez que los judíos atravesaron el mar y se encontraron al otro lado siguiendo a Moshé, entonaron una canción o shirá de alabanza a Di-s por haberlos salvado, pero también de exaltación de un tiempo futuro, en el que se producirá la Redención Final con la llegada del Mashiaj. 

El sábado que recibe el nombre de Shabat Shirá se entona ese cántico en las sinagogas, además de Shirat Devora, que es parte de la Haftará, canción de alabanza de la profetisa y conductora del pueblo de Israel, después de Samuel. 

Frente a la queja de que perecerían de hambre por falta de comida, Di-s anunció que alimentaría a todo el pueblo en el desierto con el maná, pan celestial, redondo, blanco y de olor exquisito. 

Dos cubiertas de rocío protegían el maná; en recuerdo de ello cubrimos de igual modo la jalá cada Shabat.

El maná adquiría el sabor que la persona deseaba; cada padre de familia recibía determinada cantidad (un omer, 5 libras) por persona, con la particularidad de que fuera cual fuera la cantidad que recogiera, mayor o menor, la llegar a su casa, tenía el equivalente a un omer. 

Además de maná, comían codornices y bebían de la “fuente de Miriam”. Con eso se alimentaron durante los cuarenta años de su travesía por el desierto.

Una nube de Gloria indicaba la ruta durante el día y una columna de fuego durante la noche.  Además, seis Nubes protegían a los judíos, una en cada uno de los cuatro puntos cardinales, una por encima para protegerlos de las inclemencias del sol desértico y otra por debajo de sus pies para aliviarles el camino. 

Este viernes se recibía una doble porción de maná para Shabat; por eso, hoy en día al hacer el Kidush de Shabat decimos la Berajá de Hamotzi (Bendició del pan) sobre dos jalot, panes de Shabat. De esta manera, vemos como el Shabat no sólo testimonia la Creación del mundo por Di-s sino también la salida de Egipto.

La doble ración de Shabat nos enseñan que es Di-s quien provee nuestras necesidades. 


Las personas a veces tienen la sensación que son ellas las que ganan su sustento, cuando realmente lo que ocurre es que recogen lo que ha sido decretado para ellos en el Rosh Hashaná (Año Nuevo) anterior, cuando se decidió el ingreso de todo el año.

Para el descanso de Shabat se recibe el doble, por la parte que se deja de percibir al no trabajar ese día. 

Nuestros Sabios nos enseñan que el maná era alimento natural, pero a la vez espiritual: sirvió para grabar la fe en Di-s en el alma del pueblo y señalarles que “no sólo de pan vive el nombre”. También sirvió para que alcanzaras un grado extremo de conocimiento, lo que les valió el título de “generación del conocimiento”.

El primer enfrentamiento de Bnei Israel fue contra el ataque de la nación de Amalek, descendientes de Esav y antecesores de Hamán. En cada generación hay un Amalek cuya acción malévola sólo se puede impedir al cumplir Torá y Mitzvot en todas las generaciones.

El ataque físico de la nación de Amalek fue la manifestación exterior del estado espiritual de duda que sentía el pueblo en cuanto a la participación directa de Di-s en sus vidas. 

Este Amalek interno nos sigue afectando hoy en el sentido que siempre dudas y enfría nuestro fervor religioso. 

Reconoce que Di-s existe, pero trata de convencernos de que Di-s es demasiado grande para preocuparse por los detalles de nuestra observancia judía. 

La duda conduce a la duda, y, finalmente, nuestra Amalek interior nos convence de que Di-s no está involucrado en la vida human en el conjunto. Eso, a su vez, nos lleva a abandonar la búsqueda de la Divinidad y la espiritualidad. 

Por lo tanto, al igual que el Éxodo de Egipto vuelve a aparecer en todas las generaciones, todos los días, también lo hace la guerra con Amalek. Diariamente tenemos que callar la voz de la duda que pretende frenar nuestro progreso espiritual. Una vez que salimos con éxito de nuestro Egipto interior y superamos nuestro Amalek, estamos listos para recibir la Torá de nuevo y entrar a la Tierra Prometida. 

La implementación exitosa de este proceso de crecimiento espiritual de manera individual acelerará el objetivo colectivo de llevar al mundo a la Redención Mesiánica.