Una visita al nuevo Rebe de Lubavitch 1951

Fue poco después de que las figuras más importantes del movimiento mundial de Jabad eligieron a Rabí Menajem Mendel Schneerson para suceder a su difunto suegro, Rabi Iosef Itzjak Schneerson, como líder, el 10 de Shevat de ese año [1951].

Yo estaba parado en el pasillo de la casa de estudios del Rebe en Brooklyn. El servicio de Maariv (rezo nocturno) acababa de concluir y los alumnos de la Ieshivá salían del Beit Midrash a la fría noche de invierno. Liberados de la extensa rutina de muchas horas de estudio, los jóvenes, la mayoría de ellos con barba, charlaban libremente y en voz alta, mientras que se ponían sus abrigos para salir del edificio. De repente, dejaron de hablar y una mirada de respeto apareció en sus rostros cuando vieron que el nuevo Rebe caminaba por el pasillo hacia la puerta. Respetuosamente, se adelantaron a ambos lados de la estrecha puerta. Un joven, nervioso, se movía de un lado del camino para el otro, para hacer más espacio cuando tropezó en el camino del Rebe. Antes de que tuviera la oportunidad de recuperar el equilibrio, el Rebe lo había tomado por el hombro y lo había llevado suavemente hacia un lado, con una sonrisa que iluminaba su serio rostro.

Instantáneamente el desconcierto del joven estudiante se había ido. La sonrisa del Rebe se reflejaba en sus felices ojos y toda la atmósfera había cambiado repentinamente. El temor se había ido y una corriente cálida de entendimiento amistoso parecía fluir a través de los jóvenes que se encontraban muy apretados en el pasillo, iluminando la oscuridad helada de la noche.

Este tipo de experiencias, el intercambio silencioso de una sonrisa y mirada, respondieron a muchas preguntas que tenía en mi mente desde el fallecimiento del Rebe de Lubavitch un año atrás, y la elección de su sucesor. Tuve el privilegio de conocer a Rabí Menajem Mendel Schneerson antes de asumir su nuevo cargo. Había llegado a apreciar al joven estudiante con el rostro serio y modestos modales, casi tímido. El luego dirigió los aspectos educativos de Merkos L’inyonei Jinuj. Pero ahora todo era diferente. Esto ya no era el “RaMaSh,” el yerno del Rebe, respetado como erudito, un consejero amistoso, e intérprete de los pensamientos de los Jasidim de Jabad. Su nueva carga de oficina, con su responsabilidad por los miles de seguidores de Jabad en todo el mundo, y sus exigentes demandas de atención a los cientos de visitantes en busca de ayuda, asesoramiento e inspiración día a día, parecerían que habían excluido a Rabí Menajem Mendel Schneerson de cualquier relación personal. Pero el pequeño incidente en el pasillo me enseñó lo contrario, y comencé a apreciar la importancia que un líder Jasídico de este tipo puede asumir para el futuro del pueblo Judío, incluso en estos días de la cultura del siglo XX.

Cuando surgió la oportunidad de visitar al Rebe para que transmitiera sus puntos de vista y perspectiva de la tarea por delante, me acordé de algo que Rabi Schneerson había dicho una vez en una reunión de jóvenes para el fomento de la educación Judía: “No somos nosotros los que contamos , nosotros con nuestras debilidades y capacidades. Es nuestra voluntad de hacer un trabajo lo importante. El éxito no está en nuestras manos, sino en las de Di-s. Pero debemos tener la voluntad de hacer lo que Él exige de nosotros, y en esa voluntad todas nuestras debilidades e insuficiencias decaen y llegan a ser insignificantes”.

Yo no podría haber buscado un lema mejor para caracterizar el mensaje de coraje y aliento que me llevé cuando tuve el privilegio de pasar algún tiempo con el nuevo Rebe de Lubavitch, y de preguntarle sobre sus puntos de vista sobre la situación Judía contemporánea.

¿La dispersión es una catástrofe?

“Es un error”, dijo Rabi Schneerson, “si concebimos la dispersión mundial de los judíos en Galut (el exilio) como una catástrofe. De hecho, esta misma falta de concentración de los restos de nuestra nación fue la fuente de nuestra salvación a través de los siglos de persecuciones y pogromos. Hitler era la mayor amenaza para nuestra supervivencia nacional debido a que la mayor concentración de las masas de judíos de Europa Central y Oriental había llegado a sus manos. Por otro lado, sin embargo, la concentración de los grandes grupos de nuestro pueblo en un país ha sido el medio de la creación de los centros espirituales de las cuales el resto de las colonias Judías podían inspirarse.

Nuestra historia en el exilio es una cadena ininterrumpida de la aparición y desaparición de centros de este tipo en un país tras otro, y desde un rincón de la tierra al siguiente. Cuando el sol se pone en donde hay un judío aquí ya comienza a amanecer en otro lugar. Ahora que los grandes centros de Europa del Este han sido destruidos por el fascismo y el comunismo, los Estados Unidos se han convertido en el foco y la fuente de la supervivencia del pueblo Judío. La Providencia ha preparado un nuevo hogar para la Torá y el judaísmo en este país, mientras las llamas devoran los bastiones de la fuertes e inexpugnables fortalezas Judías en el otro lado del océano”.

Debemos llegar a las comunidades más pequeñas Judías de otros países y continentes, incluso en Eretz Israel, que seguramente se apoya en gran medida en EE.UU. para su supervivencia económica y espiritual. La forma en la que el Judaísmo se presente mañana depende del activo liderazgo de cada judío de ese país.

“Pero es en este punto que tiene que haber un cambio de perspectiva y reorientación y por consiguiente la reorganización de nuestra existencia como comunidad y como individuos. En primer lugar tenemos que vivir la vida de seres sociales, con la responsabilidad y dedicación hacia el CLAL(la comunidad). Sólo entonces podemos darnos el lujo de invertir en nuestros propios objetivos y metas personales”.

Esto, subrayó Rabi Schneerson, era su principal mensaje a Judíos de América: “La única manera de que los Judíos estadounidenses puedan cumplir con esta tarea es abnegándose, teniendo Mesirut Nefesh (auto-sacrificio) por el CLAL Judío.

“De lo que tenemos que temer en este momento es del derrotismo y deserción que ha apoderado algunos de nuestros mejores elementos de este país frente a los crecientes efectos de los llamados movimientos “religiosos”, que han generado la disolución de nuestra religión hasta el punto donde ya no sabemos si nuestros hijos son Judíos o no. La caridad empieza en casa. No se puede hablar de asumir la responsabilidad por el resto de los Judíos en el mundo, de la construcción de nuevos centros de la Torá en otros lugares, incluso en Israel, cuando aquí mismo la situación no está bien. Más que eso, no tenemos derecho a enseñar y guiar a otros si en nuestra propia casa descuidamos la misma cosa que queremos lograr que otros hagan.

“Pero”, advirtió el Rebe con una sonrisa: “No quiero dar la impresión de que estoy dando Musar (exhortaciones morales). Nunca ha sido el camino de Lubavitch de dar Mussar, sólo nos sirve como un medio para las acciones. Todo lo que decimos o predicamos debe estar orientada a una meta activa. Nosotros mismos podemos apuntar a resultados sorprendentes que se basan en círculos cada vez más amplios de no-religiosos, así como elementos religiosos de nuestro pueblo”.

En respuesta a la mirada de sorpresa en mis ojos, el Rebe continuó: “Sí, me refiero a los círculos no religiosos. Como verás, siempre ha sido la creencia de Jabad que no hay ni un solo Judío, a pesar de qué tan lejos esté en judaísmo, que no tenga algo bueno, como ser alguna Mitzvá que por su naturaleza puede promover. Esta chispa de bondad en cada alma puede y debe ser utilizada para el bien de la comunidad Judía y, a su vez, por el bien de la persona que lo hace. Por esta razón, el Rebe de Lubavitch llamó no sólo a Judíos ortodoxos para la cooperación en este trabajo, después de que se estableció en este país hace diez años, sino que a todos los tipos de Judíos que tenían el poder y la voluntad de contribuir en algún aspecto, alguna habilidad o capacidad en la educación Judía y la vida según la Torá. “

El Rebe hizo una pausa. Durante algunos minutos permaneció sumido en la reflexión, y luego dijo: “Vamos a darnos cuenta. El pueblo Judío ha sido tan diezmado en la última década que cada uno de nosotros debería estar hecho para contarlo, y es por esta razón que esto de tomar la ofensiva para el Judaísmo de la Torá no está dirigido sólo a los observantes. La realización cuenta por lo que se logra de manera objetiva y lo que hace a quien haya participado. En este sentido, también, una Mitzvá es su propia recompensa.

“Muchos de los que pueden pensar que están perdidos como los “Apikorsim”-herejes, realmente no lo están, sólo necesitan algún estímulo, algún puente para encontrar el camino de regreso. Había, por ejemplo, un hombre que visitó el Rebe de Lubavitch para pedir algún consejo sobre un asunto de negocios. Después de haber respondido a la pregunta, el Rebe le sugirió que se coloque los Tefilín. El visitante protestó: “¿Cuál es el sentido de que me hable acerca de los Tefilín si no creo en nada. Yo soy un Apikoros”.

“‘No tan fácilmente uno se convierte en un Apikoros”, respondió el Rebe. “Uno tiene que saber mucho de las preguntas y problemas y conocer las respuestas, luego se niega a aceptarlas. Primero póngase los Tefilín, y descubrirá que sólo era necesario este tipo de puente para encontrarse”.

Cuando me estaba por ir, abrumado de la experiencia espiritual en ese corto tiempo que había tenido el privilegio de pasar con el nuevo Rebe de Lubavitch, éste volvió a hacer hincapié a una advertencia anterior. “El único propósito de nuestra conversación pudo haber sido de hablar de la obra que el fallecido Rebe de Lubavitch ha iniciado en este país, y en la que ha sido capaz de atraer grupos tan variados del pueblo Judío. Este trabajo debe y seguirá yendo para adelante, con la ayuda de Di-s. Todos tenemos que contribuir en esta misión histórica. Esto es lo que quiero transmitir a sus lectores, y si eso ayuda a que se den cuenta de qué se trata nuestra tarea, entonces nuestro tiempo fue bien usado”.

Por Gershon Kranzler

La canción de Miriam

Miriam la profetisa…tomó los tamborines en sus manos; y todas las mujeres la siguieron con tamborines y danzas. Y Miriam las llamó: “Canten a Di-s…” Éxodo 15:20-21

No cantamos cuando estamos asustados, desesperados, dormidos, o luego de una comida pesada. Cantamos cuando suspiramos por alguien a quien amamos, cuando esperamos tiempos mejores, cuando celebramos un logro o anticipamos una revelación.

No cantamos cuando estamos complacientes. Cantamos cuando nos esforzamos por algo, o cuando hemos probado la alegría y sube hasta los cielos.

El canto es una plegaria, el intento por elevarse por encima de las preocupaciones mezquinas de la vida y unirse con la fuente de uno. La canción es la búsqueda de la redención.

El Midrash enumera diez canciones preeminentes en la historia de Israel, diez ocasiones en las que nuestra experiencia de redención encontró su expresión en la melodía y el verso. Las primeras nueve son: la canción cantada en la noche del Éxodo en Egipto, la “Canción en el mar”, la “Canción en el Pozo”, la canción de Moshé al completar la escritura de la Torá, la canción con la cual Iehoshúa paró el Sol, la canción de Deborá, la canción del Rey David, la canción durante la dedicación del Templo Sagrado, y el “Cantar de los Cantares” del Rey Salomón, que trata sobre el amor entre el novio Divino y Su novia Israel.

La décima canción, dice el Midrash, será Shir Jadash, la “nueva canción” de la última redención: una redención que es global y absoluta; una redención que aniquilará todo sufrimiento, ignorancia, celos y odio de la faz de la tierra; una redención de tales proporciones que el anhelo que evoca, y la alegría que trae requiere de una nueva canción: un lenguaje musical completamente nuevo que capture la voz de los últimos esfuerzos de la Creación.

Repetición

La más conocida de las diez canciones de redención es Shirat Haiam, la “Canción en el Mar”, cantada por Moshé y los hijos de Israel al cruzar el Mar de los Juncos. Recitamos esta canción cada mañana en nuestras plegarias y es leída públicamente en la sinagoga dos veces al año: el séptimo día de Pesaj (el aniversario de la partición del mar y el día en el que se compuso dicha canción), y en la porción semanal de la Torá, Beshalaj, en Shabat. (Este Shabat es conocido como “Shabat Shirá”, “Shabat de la Canción”).

La Canción en el Mar alaba a Di-s por Su milagrosa redención de Israel cuando partió el Mar y ahogó a los Egipcios que los perseguían, y expresa el deseo de Israel, de que sea Di-s el que los dirija a su tierra y que Su presencia more entre ellos en el Templo Sagrado. Concluye con una referencia acerca de la última redención, cuando “Di-s reinará para toda la eternidad”.

Actualmente, hay dos versiones de la Canción en el Mar; una versión masculina y otra femenina. Luego que Moshé y los hijos de Israel cantaron su canción, “Miriam la profetiza, la hermana de Aarón, tomó el tamborín en sus manos; y todas las mujeres la siguieron con sus tamborines y sus danzas. Y Miriam las llamó; “Canten para Di-s, ya que Él es el más exaltado; caballo y jinete Él hundió en el mar…”

Los hombres cantaron, y luego lo hicieron las mujeres. Los hombres cantaron, y luego las mujeres cantaron, bailaron y tocaron los tamborines. Los hombres cantaron-expresaron su alegría por su liberación, su deseo por una redención más perfecta, pero algo faltaba. Algo que sólo la canción de la mujer podía completar.

Sentimiento y Fe

Miriam, la hermana mayor de Moshé y Aarón, presidió en la repetición femenina de la Canción en el Mar.

Miriam, llamada “Amargura” ya que cuando nació, el pueblo de Israel estaba entrando a la etapa más dura del exilio Egipcio, Miriam, quien se ocupó del pequeño Moshé cuando fue puesto en una canasta en el Nilo, “se paró mirando desde lejos, para ver qué sucedería con él”.

Fue Miriam, con su pozo profundo de la sensibilidad femenina, quien experimentó de verdad la amargura del Galut (exilio y persecución). Y fue Miriam, con su capacidad de mujer de poder resistir, perseverar y tener esperanza, quien se paró sola a mirar detrás de los arbustos, incipando vida en una canasta en la orilla de un río gigante, cuya vigilancia sobre “lo que será de él” y su misión para traer redención a su pueblo nunca vaciló.

La escena de una joven mujer parada mirando la espesura de los matorrales a la orilla del Nilo, la esperanza de la redención que persevera contra la amargura del Galut en su corazón, evoca la imagen de otra matriarca que mira: Rajel. Como el profeta Jeremías describe, es Rajel quien, en su solitaria tumba en el camino desde Bet Lejem a Jerusalem, llora por el sufrimiento de sus hijos en el Galut. Es ella, más que los patriarcas hombres o líderes de Israel, quien siente la profundidad de nuestro dolor; es su intervención ante Di-s, luego de que las de ellos fallaron, la que trae la redención.

Miriam y su coro trajeron a la Canción en el Mar la intensidad del sentimiento y profundidad de la fe única de las mujeres. Su experiencia de la amargura del Galut ha sido mucho más intensa que la de los hombres, aún así, su fe ha sido más fuerte y más duradera. Así que su deseo por la redención ha sido mucho más conmovedor, así como lo fue su alegría por su realización y su esfuerzo hacia una mayor satisfacción.

Hoy en día

El gran Kabalista, Rabí Itzjak Luria (el “Arí”, 1534-1572), escribe que la última generación antes de la llegada del Mashiaj es la reencarnación de la generación del Éxodo.

Hoy, mientras nos encontramos en el umbral de la última redención, son una vez más las mujeres cuya música es la más conmovedora, cuyos tamborines son los que más ayudan, cuyos bailes son los más alegres. Hoy, como antes, la redención se llevará a cabo “por el mérito de las justas mujeres”. Hoy, como antes, el deseo de las mujeres por la llegada del Mashiaj, es mucho más profundo que el de los hombres, y es inspirador y elevado, y forma la cadena dominante en la melodía de la redención.

Basado en una directiva del Rebe, Shabat Shira 5752 (18 de Enero, 1992).

Shabat Shirá

El Shabat que se lee la sección de Beshalaj se denomina Shabat del Cántico, la shirá que Israel entonó en el Iam Suf.

Además de la shirá, la sección contiene otros temas: el Éxodo de Egipto, el milagro de la partición del mar, los estatutos y leyes dados al acampar en Mará, el milagro de la caída del maná, la aparición del manantial que proveyó de agua al pueblo, y la guerra contra Amalek. No obstante, el tema de la shirá fue el que el pueblo judío eligió especialmente para designar a este Shabat, pues ella posee la particularidad de que cada vez que el pueblo de Israel la recita en el curso de las generaciones, es como si lo hiciera por primera vez.

¿A qué se debe esto? Todos los otros pasajes de la Torá fueron dichos por Di-s mientras Israel escuchaba, pero esta shirá la entonaba Israel, y Di-s, junto a todas sus huestes celestiales, escuchaban lo que aquellos decían. En ese momento el alma de Israel se elevó al máximo nivel de exaltación, y su corazón se transformó en un manantial del cual fluía Torá. El sonido de su voz era como el sonido de Di-s. Y más aún, este cántico de Torá que manaba desde su interior precedió a la Torá que escucharon del Todopoderoso en el Monte Sinaí.

La fuerza de la shirá que entonaron en aquel entonces hizo que el júbilo y la canción se implantaran en los corazones judíos hasta el fin de las generaciones, y toda vez que el pueblo es librado de sus enemigos y rescatado de sus tribulaciones, su corazón se inspira para entonar cánticos y alabanzas a Di-s, Su salvador, en vez de vanagloriarse en razón de su propia perseverancia. La shirá comienza con las palabras: …y hablaron diciendo (Éxodo 15:1); es decir, la canción que “hablaron” entonces les posibilitó continuar “diciendo” en todas las generaciones.

El pueblo judío entonó esta shirá motivado por una fe plena, y no simplemente a causa del asombro ante tantos milagros y maravillas, pues la impresión momentánea es transitoria, en tanto que la fe y la creencia quedan grabadas en el corazón y perduran por siempre. El pueblo de Israel no comenzó a cantar sino después de haber reconocido que el cautiverio y la aflicción sufridos, y la prueba y purificación a la que sería sometido en el futuro, son, todas, señales del eterno amor y benevolencia de Di-s hacia ellos. Israel comprendió en ese momento que no existe alegría ni vida genuina si ésta no se basa en la fe en Di-s, como expresan los versículos: …y júbilo para los recios de corazón (Salmos 97:11); y el justo por su fe vivirá (Habakuk 2:4). Asimismo encontramos en las palabras de la shirá: Y creyeron en Di-s y en Moshé, Su servidor… entonces Moshé y los Hijos de Israel entonaron este cántico… (Éxodo 14:31-15:1).

La shirá cantada junto al mar fue vocalizada en el momento adecuado; en el preciso instante en que todas las Huestes Celestiales y toda criatura terrenal estaba colmada de alabanzas hacia Di-s, expresando Su grandeza y dominio. Fue entonces, cuando la gloria de Su soberanía saturó el mundo, que Israel irrumpió en cántico, como está escrito: Entonces Moshé y los Hijos de Israel entonaron… (ibid.). “Entonces” – en ese preciso instante, ni antes ni después.

Si hubieran demorado su shirá, el resto del universo no habría respondido con su propio canto, pues la impresión de lo acontecido ya se habría disipado. Si hubieran entonado su shirá antes, cuando abandonaron Egipto, se les habría dicho: “Agradeced al Faraón por haberos liberado, pero tened en cuenta que él, sus ejércitos, y todo su poderío, aún existen y vosotros estáis perdidos en el desierto”. Pero ahora que todos los caballos, carros, jinetes y ejércitos del Faraón fueron ahogados en el mar y había sido despojado de su fuerza y orgullo, éste era el momento apropiado para la shirá; como expresa el versículo: Cantaré Di-s pues Él es grandemente ensalzado, arrojó al mar al caballo y a su jinete (ibid. 15:2). …Di-s reinará por siempre jamás(ibid. 15:18).

LA CANCIÓN DE TODA LA CREACIÓN, DE BOCA DE ISRAEL

Cantaré a Di-s – sólo a Él, ¡porque no hay otro fuera de Él!

Pues Él es grandemente ensalzado – sólo Él es exaltado con desmesurado orgullo. No así el hombre, cuyo orgullo lo degrada. Aunque pretenda elevarse a los cielos, termina descendiendo al abismo.

Al caballo – símbolo de fuerza y poder entre las criaturas de la tierra… y a su jinete – el hombre que se enorgullece por su dominio sobre las fuerzas de la Creación. Pero, ¿quién es el hombre y qué es su orgullo, vano orgullo, frente a la fuerza de una de las creaciones de Di-s, el poder del mar embravecido?

Arrojó al mar- El ha arrojado al hombre junto con su orgullo al mar, como quien alza un objeto liviano y lo lanza hacia abajo nuevamente (esto explica las diferentes expresiones utilizadas en hebreo: Ramá baiám, literalmente “los levantó en el mar”, y íará baíám – “los lanzó (hundió) en el mar”).

¿Qué representa la fuerza del mar embravecido, con sus poderosas olas, en la presencia de los amados hijos de Di-s? Aunque las profundidades del océano emergen y hierven amenazando con inundar toda la creación, un mero soplo surge de Sus narices e inmediatamente las aguas se apilaron – como si fueran arena y no agua, y las corrientes que fluían quedaron erectas como una pared – como si fueran bloques de hielo y no hirvientes corrientes de agua.

Las aguas profundas se congelaron en el corazón del mar- las profundidades del mar no se secaron, sino que continuaron fluyendo como lo habían hecho desde la Creación, pero cuando alcanzaban el nivel de los pies de aquellos amados por Di-s, ahí se congelaban, en el corazón del mar.

¿Quién ha hecho esto? ¿Qué ha motivado estos actos? ¡Nadie más que Él, por Su eterno y gran amor a Sus amados!

Pero, ¿quiénes somos nosotros, con toda nuestra grandeza y honor, en presencia de la majestuosa gloria del Rey del universo, Quién lo creó todo y actúa con benevolencia hacia todos? Entramos al mar redimidos, libres del cautiverio, exaltados, y emergimos de él nuevamente como siervos. Toda la grandeza y gloria la devolvemos a Ti, Di-s nuestro, pues somos Tus siervos, y Tú eres nuestro Rey.

¡Di-s reinará por siempre jamás!

Ninguna criatura entonó al Santo, bendito sea, un cántico más hermoso que éste.

Es por ello que esta shirá es tan preciada por el pueblo de Israel y éste se deleita con ella recitándola diariamente y leyéndola públicamente en Shabat una vez al año, acompañada de una melodía especial y con gran regocijo. Incluso hay quienes acostumbran ponerse de pie al leerla. Así, este Shabat recibe un particular honor y es coronado con un nombre especial: Shabat Shirá- el Shabat del Cántico.

Extraído de Nosotros en el Tiempo Editorial Kehot

10 de Shvat – La misión

Tiempo y lugar: viernes de noche hace 70 años, en un pueblito australiano de Shepparton, en la casa de Rabi Moshe Zalman Feiglin

Moshe Zalman se despertó de su sueño. Se dio prisa, ansiosamente, al comedor, y descubrió lo que lo había despertado: la fotografía enmarcada del sexto Rebe de Lubavitch, Rabi Iosef Itzjak Schneerson- que durante años había ocupado un lugar de orgullo en un aparador- se había caído al suelo. Apuntando al vidrio estrellado, dijo en voz baja: “¡Algo ha pasado!”.

Su nieto de doce años, Uri, que le hacía compañía, trató de tranquilizarlo aduciendo que la caída se debió quizás a un temblor, pero de nada sirvió.

En la mañana de Shabat, Moshe Zalman compartió su preocupación con su sabio vecino Rabi Betzalel Wilschansky. Él buscó tranquilizarlo sin éxito. Moshe Zalman, un hombre conocido por su fe, tranquilidad y ecuanimidad, no podía encontrar paz.

Finalmente, después de Shabat, llegó un telegrama desde Brooklyn. El Lubavitcher Rebe había fallecido. La fecha: Shabat, 10 de Shvat 5710 (1950).

Exactamente un año después. Lejos de Australia, en el otro lado del globo, varios cientos de personas- principalmente sobrevivientes del holocausto- se encontraban apretados en un cuarto pequeño, que albergaba en ese momento a unos 150 individuos. La tensión era palpable en el aire. ¿Estaría de acuerdo o no?

Ya habían pasado doce meses desde el fallecimiento del Rebe. Los líderes del movimiento habían puesto sus ojos en un sucesor para que asumiera el puesto del séptimo Rebe en la dinastía de Jabad-Lubavitch. Sin embargo, él se negaba repetidamente.

En esa tarde invernal, la noche siguiente al primer Iortzait del Rebe, se realizaba un farbrenguen (reunión jasídica) en 770 Eastern Parkway, la Sede Principal de Jabad en Brooklyn, NY, conmemorando la ocasión. Había un vislumbre de esperanza, quizás cedería.

A las 22:40 sucedió. El nuevo Rebe, el séptimo Rebe, fue nombrado. No hubo ninguna fanfarria o ceremonia. El Rebe simplemente pronunció un discurso jasídico y de allí en adelante formalmente asumió la dirección del movimiento. En este discurso histórico, el Rebe extendió la declaración de la misión para sus seguidores, la “séptima generación,” como se refirió a ellos. La tarea de la séptima generación, dijo, es traer la Shejiná (la Presencia Divina) a este mundo físico.

“Estamos en medio del periodo llamado ikveta dimeshija (el tiempo cuando pueden oírse los pasos próximos de Mashíaj). De hecho, estamos en la conclusión de este periodo. Nuestra tarea es completar el proceso de atraer abajo la Presencia Divina, para que pueda morar dentro de nuestro mundo inferior”

La llamada emitida esa noche del invierno repercutió en la conciencia de esas pocos cientos de personas. Pero su eco se extendió mucho más allá de las paredes de “770”.

Siete décadas han sucedido. Durante este periodo de tiempo, el movimiento de Jabad Lubavitch, inspirado por la llamada del Rebe, se ha transformado en un inmenso movimiento internacional en seis continentes, abarcando miles de Batei Jabad y centros de difusión de judaísmo por todo el globo, incluso con una fuerte presencia en el ciberespacio.

Setenta años después, el pueblito australiano de Shepparton ya no aloja al ilustre y venerado jasid, Rabi Moshe Zalman Feiglin. Pero en Australia solamente, la presencia de Jabad se ha extendido a más de cien centros.

Durante estos setenta años hubo algunos momentos muy yermos, pero el poder colectivo ha transformado las fuerzas indeseables y destructivas que se han cruzado en experiencias positivas y de crecimiento. Cualquier causa de pesar o abatimiento, cada estorbo u obstáculo, ha sido o, por lo menos, tiene la capacidad de ser transformado en oportunidades para crecimiento y rejuvenecimiento.

 La llamada inicial que emitió desde 770 Eastern Parkway, ha penetrado el mundo. La declaración de la misión de atraer la Shejiná desde el “séptimo cielo” aquí debajo no es más un sueño del futuro distante, sino una realidad inminente que muy brevemente se pondrá totalmente de manifiesto.

Estamos de pie en el umbral de la Redención. Estamos entrando en el “Iom Shekuló Shabat” la era que es todo un largo Shabat. Después estaremos en el modo de Shabat para siempre.

Por Yossi Braun

El día número 29

Y Ionatán le dijo a David: “Mañana es un nuevo mes; serás recordado, porque tu asiento estará vacío”.

Samuel I 20:18

La primera Mitzvá que Di-s nos ordenó como nación, fué de que conectemos nuestras vidas con la luna. Nos instruyó de que establezcamos un calendario lunar, un ciclo de 29,5 días el cual la luna completa su vuelta alrededor de la tierra.

El calendario judío, es un calendario de meses, medido por la duración de una luna nueva a la otra. Doce meses como estos nos da un año de aproximadamente 354 días, once días mas corto que el solar. Es por esto que el año judío se alterna con 12 y 13 meses.

La luna nueva es la noche en la cual la luna es vista después de su desaparición. La alineación y movimiento de la luna en relación a la tierra y sol, significa que, para el observador que se encuentra en la tierra, la luna pasa por fases las cuales crece, y en cierto punto de su ciclo, desaparece. Cuando la luna se encuentra más cerca al sol, posicionada entre el sol y la tierra, su lado iluminado, es decir, la que es iluminada por el sol, es invisible para nosotros. A medida que se aleja del sol, va apareciendo un delgado creciente de luz y continúa creciendo en los siguientes 15 días. Lo mismo ocurre viceversa, cuando más lejos se encuentra del sol, mas visible es para nosotros. 

La noche en la que la luna comienza a visualizarse, es el 1° en el mes Judío. El mes consiste de 29, 30 días, hasta que la próxima luna nueva marca el comienzo de otro mes. La primera mitad del mes es marcada por la creciente de la luna, la cual llega a su total luminiscencia la noche del 15, pero la noche del 16 la luna ya comienza a desaparecer, y continúa así hasta que un nuevo mes vuelve a comenzar.

Basado en la enseñanzas del Rebe de Lubavitch

Cortesía de MeaningfulLife.com

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En la creación del mundo, la Torá habla de “dos grandes luminarias”, creadas por Di-s para iluminar la tierra, y establecer “las señales, tiempos, días y años” de la vida en la tierra. En el mismo versículo, las dos grandes luminarias se convierten en: “La gran luminaria para gobernar el día, y la pequeña luminaria para gobernar en la noche”. El Talmud explica: inicialmente, el sol y la luna eran dos grandes luminarias, del mismo tamaño y luminiscencia. Pero la luna se quejó de que “dos reyes no pueden compartir la misma corona”, entonces Di-s ordenó: “Vé, disminúyete”

No solo la luna se redujo a un pálido reflector de otras luces, sino que también su iluminación se redució a constantes cambios en su yuxtaposición con la fuente, y el recipiente de su luz. Por dos semanas todos los meses, la luna cumple con el decreto Divino “Vé, disminúyete”, reduciéndose hasta tal punto donde se encuentra completamente rodeada de oscuridad.

Estas repetidas disminuciones son las que caracterizan las cualidades del tiempo lunar. Viviendo con la luna, aprendemos cómo la oscuridad puede hacer nacer la luz, y cómo la ausencia puede generar presencia renovada. 

En un nivel mas profundo, “Vé, disminúyete”, se relaciona con la propia esencia de nuestra humanidad. El hombre es único entre las creaciones de Di-s. Las otras creaciones se mueven en una órbita “solar”, una órbita que está definida por límites que ya habían sido ordenados los cuales no pueden trascender. Solo el ser humano es lunar, con una trayectoria en la vida que incluye los dos, crecimiento y rechazo, destrucción y renacimiento.

El hombre posee el poder de libre albedrío. Con esto está la capacidad de autodestrucción y auto-transformación. El hombre tiene la capacidad de negarlo todo, y luego recrearse en un nuevo molde y embarcarse en un nuevo camino.

“Vé, disminúyete”, nos muestra que sólo disminuyendonos, el alma humana puede “ir”.

Pollo a la miel

Pollo a la miel, apetitosa receta para disfrutar del pollo de una forma diferente. Si te gusta probar nuevos sabores esta receta es para vos.

Ingredientes:

1 pollo cortado en piezas.

4 cucharadas de miel.

4 cucharadas de jugo de Limón.

4 cucharadas de margarina.

4 cucharadas de salsa de soja.

Modo de preparar:

Se colocan las piezas de pollo en un recipiente con el pellejo hacia abajo.
Aparte se mezclan los ingredientes y se cocinan a fuego lento hasta que se disuelvan.

Se vierte esta salsa sobre el pollo y se hornea destapando durante una hora. Después se voltea las piezas de pollo, se bañan con su jugo y se siguen horneando hasta que doren.

¿Cómo te salió? Si te gustó, ¡compartila!

¿Qué es la Guenizá y qué hacemos con ella?

En el capítulo XII de Devarim, la Torá le ordena a la generación que está por entrar a conquistar la Tierra de Israel la destrucción de las imágenes y monumentos de idolatría que allí encuentren. Culmina diciendo en el versículo IV: “No harás así para con Hashem tu Di-s”. De aquí aprenden nuestros Sabios que está prohibido borrar el nombre sagrado de Hashem. Más aún, ni siquiera podemos dejarlo en un lugar donde pueda arruinarse.

Por ello, todos aquellos escritos que contienen el nombre de Hashem y no tienen más utilidad, no pueden ser descartados ni abandonados. Debemos procurar dejarlos en un lugar protegido para que el nombre de Hashem no sea borrado. Este lugar recibe el nombre de Guenizá.

¿Cómo es la ley respecto a los escritos de Torá (que no contengan el nombre de Hashem) y la de aquellos artículos de Mitzvá, como las correas de los Tefilín y los hilos de los tziztit que fueron utilizados y ahora perdieron su validez?

Para explicar esto debemos previamente analizar los tres tipos de objetos de santidad: 

a) Aquellos que poseen el nombre escrito de Hashem en cualquier idioma que sea (Tanaj, Tefilín, Mezuzá, Sidurím, etc.) 

b) Textos de Torá que no contengan escrito el Nombre de Hashem (Talmud, Shuljan Aruj, las carpetas de estudios de Torá de los chicos, etc.) y 

c) Artículos que fueron utilizados al servicio de la Mitzvá. Este ítem se divide a su vez en dos subcategorías: 1) aquellos objetos que son la Mitzvá misma (las correas y los batim de los Tefilín y los hilos de los Tzitzit) y 2) aquellos objetos con los que se realizó la Mitzvá misma (la tela del Talit, las ramas del techo de la Sucá, las cuatro especies de Sucot, etc.).

Respecto a aquellos objetos que entran en la categoría a) deben ser llevados a una Guenizá para protegerlos de ser destruidos. Por ello, el responsable de la Guenizá deberá guardarlos en una vajilla de cerámica y enterrarlo en un cementerio judío.

Respecto a aquellos objetos que entran en la categoría b) deben ser llevados a una Guenizá para que éstos no resulten despreciados. Por ello, el responsable de la Guenizá deberá enterrarlo en un cementerio judío.

Respecto a aquellos objetos que entran en la categoría c-1) se procede igual que con los de la categoría b).

Respecto a aquellos objetos que entran en la categoría c-2) como fueron utilizados para una Mitzvá no pueden ser despreciados, pero tampoco estamos obligados a protegerlos. La costumbre en la práctica es la de reutilizarlos para el cumplimiento de otra Mitzvá, como por Ej: Las cuatro especies son quemadas en el momento de la quema del jametz en la víspera de Pesaj y los hadasim para olerlos en la havdalá.

por el Rab. Iosef Feigelstock Shlita

Técnicas de venta para mejorar la autoestima

A veces, entro en un comercio y en  medio de la conversación con el vendedor sé que no voy a comprarle nada. Sin embargo, hay otros que pueden venderme cualquier cosa…

¿Qué hace a un buen vendedor? En mi experiencia, es alguien con el talento de hacerme creer que yo, el cliente, soy la persona más importante en esta transacción, y que la venta se realizará sólo si es de mi interés. Incluso en caso que termine no haciéndola, siento que el vendedor interpreta mi “no” como: “no estoy todavía listo, pero pruebe de nuevo en el futuro”. Este reconocimiento y la focalización en el cliente y sus necesidades hacen a un vendedor exitoso.

Estas técnicas de ventas pueden ser adoptadas por padres que desean mejorar sus habilidades en relacionarse con sus hijos. Nuestro trabajo como padres es venderles a nuestros hijos su propia imagen. El primer punto de referencia para la autoestima de un niño –o la falta de ella- viene de lo que el niño cree que los padres piensan de él. Es por consiguiente importante convencer al niño que aunque no puede ser perfecto, igualmente es especial y está trabajando continuamente para adquirir más habilidades.

Un niño que no hace la tarea o tiene el cuarto desarreglado y se le dice repetidamente: “nunca haces la tarea” o “eres muy desarreglado” podría empezar a creerlo y es probable que empiece, tarde o temprano, a mantener esa expectativa. Por otro lado, podríamos decirle al mismo niño: “Eres una persona responsable, y estás aprendiendo nuevas habilidades cada día ejercitando cómo asumir tus responsabilidades para hacer tu tarea y cuidar que tu cuarto esté limpio”. Cuando fallan, debemos animarlos diciendo: “Intentaremos mañana de nuevo, para que puedas adquirir más habilidades en el futuro y ser la persona responsable que eres capaz de ser”. Declaraciones como estas animarán el ego positivo – la estima y el deseo de intentar la próxima vez con más fuerza.

Debemos tener presente que los niños tienen una habilidad especial de percibir si nuestra interacción con ellos es sincera o no.

Este principio de creer en la persona y no juzgar su futuro por sus conductas pasadas también es la llave a un buen matrimonio y a una relación de patrón-empleado eficaz. La actuación de las personas está normalmente basada en la fe y las expectativas que otros tienen de ellos. He visto calificaciones de niños en la escuela que suben o bajan drásticamente basadas en lo que percibieron que era la opinión del maestro acerca de ellos. Cuanto más positiva sea la opinión, mejor será la actuación del niño.

¡Pruébelo—funciona!

Por Yaakov Lieder

Parashá en Síntesis – Bo

EI valor numérico de la palabra “Bo”  en hebreo es 3 y en la Parashá que lleva este nombre se describen las tres últimas plagas de Egipto: langosta, oscuridad y muerte de los primogénitos.

Di-s le dijo a Moshé que fuera (“ve”) a anunciarle al Faraón la próxima plaga, la de langosta,

luego de la cual el país queda devastado, ya que las langostas eran insaciables; no sólo se 

comían la vegetación, árboles y grama, también devoraban las pertenencias de los egipcios.

El castigo de los egipcios se prolongó por doce meses, aún cuando cada plaga duraba una 

semana. La generación del diluvio también fue castigada por doce meses.

Cada plaga fue dirigida contra alguna de las deidades que los egipcios adoraban (el Nilo; las ranas, signo de fertilidad; el carnero sagrado, etc.) y fueron la expresión del poder de Di-s como único Creador que dirige todas las esferas y astros, y puede producir milagros incluso contrariando la naturaleza. Las plagas sirvieron para demostrar la supremacía de la divinidad de Di-s por encima de la brujería y la magia negra,que tenía su máxima expresión en Egipto.

Las tres primeras plagas fueron traídas por Aharón; el granizo, la langosta y la oscuridad,

por Moshé; las bestias salvajes, la peste y la muerte de los primogénitos, directamente por

Hashem (Di-s), y la sarna, por los tres juntos.

Di-s mandó diez plagas a Egipto para castigar al Faraón, quien negaba la existencia del Creador del Universo, un Universo que fue creado a través de diez dichos o pronunciamientos; las plagas emergieron de todos Ios elementos existentes: agua, tierra, aire y fuego, para demostrar que todos derivan de y son manejados por Di-s.

Las diez plagas no son un mero conjunto de eventos sobrenaturales que destruyeron el

imperio egipcio, hace unos 3.300 años. La Torá representa un modelo para la vida, un manual de la raza humana, Y por Io tanto los episodios que narra tienen un carácter espiritual y atemporal que de manera continua ocurren en el corazón del hombre.

La Cabalá enseña que cada alma humana se compone de diez puntos de energía, diez características que definen la personalidad y que reciben el nombre de Sefirot (“puntos de luz”). Cada persona tiene la opción de refinar estos diez atributos de manera que expresen su luz divina interior, o por el contrario, pervertirlos.

El antiguo Egipto, en su plan de eliminación de todo un pueblo, pervirtió los diez atributos del alma de sus ciudadanos. La energía negativa generada por la perversión del espíritu humano retorno de nuevo a Egipto en forma de diez plagas que asolaron el país.

En nuestra vida personal, Egipto refleja un estado de disfunción psicológica, en la que uno o

varios de los atributos del alma se distorsionan, lo que dificulta la capacidad del ser humano

para la verdadera autorrealización y plenitud. Cuando no somos capaces de enfrentar

nuestros propios demonios, nuestros atributos perversos pueden volver a nosotros también en forma de plagas psicológicas.

El primero de Nisán, Di-s le dijo a Moshé y Aharón que saldrían de Egipto ese mes y que el mes de Nisán debía contarse como el primero del año.

Esto nos señala la importancia del evento del Éxodo, ya que todos los meses se cuentan

teniéndolo como referencia: en vez de darles nombres específicos, se les enumera en relación con la salida de Egipto.

Así sucede con los días en hebreo, que se enumeran en relación con el Shabat (primer día,

segundo día, etc., respecto al Shabat). 

Desde la Creación del mundo hasta la salida de Egipto, Di-s fijaba el comienzo de cada mes. A partir de la creación de Benei Israel como pueblo, les instruye con la mitzvá (precepto) de Rosh Jodesh (bendición del mes), que será determinada por el Bet Din o Tribunal a partir del reporte de dos testigos, quienes observarán la luna nueva.

En la actualidad se sigue un calendario fijo establecido por Hilel Hanasi, en el que está indicado el comienzo de cada mes, cuando se bendice.

El calendario judío es lunar, con ajustes al calendario solar, porque Pésaj debe ocurrir -según la Torá- en primavera.

Los judíos son comparados con la luna, cuya luz va disminuyendo hasta que desaparece, pero es precisamente en ese instante cuando renace la luna nueva, para crecer en forma constante.

En sus distintas épocas, la historia judía refleja el ciclo lunar. En el exilio de Egipto, luego que la opresión llegara a su punto máximo, comenzó la renovación de la esperanza.

Hay que recordar que la parte más oscura de la noche es aquella que precede al amanecer.

Antes de salir de Egipto, cada familia judía tenía que sacrificar una oveja (Korban Pésaj) que era una deidad para los egipcios-y además, quienes no estuvieran circuncidados, tenían que hacer este rito.

Después de la décima plaga, la muerte de los primogénitos -en la cual fallecieron miles de egipcios (porque en cada familia había varios, debido a la promiscuidad existente), además de los animales que adoraban-, el Faraón rogó a Moisés que se llevara a su pueblo.

La salida de Egipto se produce el 15 de Nisan del año 2448 desde la creación del mundo, cuya celebración se hace en Pésaj, que debe festejarse para siempre.

Además de las innumerables menciones de la salida de Egipto en las plegarias y la celebración de pésaj cuando se lee la Hagadá, hay dos mitzvot que sirven para recordarla. 

Una es Pidyon Haben: cuando Di-s salvó de la muerte a los primogénitos judíos, decretó que éstos le pertenecían por Io tanto, los padres deben redimir al primogénito, comprándoselo a un Cohén treinta días después de nacido. La otra es la mitzvá de los Tefilin, en cuyo interior se encuentran los versículos alusivos a la salida de Egipto. Esta

mitzvá debe ser observada por todo varón judío después de cumplir trece años.

A Egipto llegaron setenta personas y salieron 600 mil.

¿Por qué no actualizamos las costumbres?

Pregunta: ¿Puedes explicar por qué las leyes nunca pueden revertirse a su forma original? Por ejemplo, algunas festividades son dos días fuera de Israel por la dificultad del cuidado de los tiempos cientos de años atrás, pero es algo que ya está resuelto.

Respuesta:

Las costumbres tienen importancia como la Ley, ya que la Torá las reconoce como ley. Eso tiene sentido, porque la base de la Torá no es el libro sino las personas. ¿Cómo sabes que la Torá es verdadera? Porque la gente lo atestiguó, la aceptaron, y luego pasaron la tradición. Entonces, sin tradición, no tendríamos Torá.

Pero hay más que eso. En verdad, tu pregunta trata un tema central de la Torá. ¿Qué es la Torá? ¿Un libro o sabiduría? Si la Torá fuera un libro, entonces habría una “Torá verdadera”, como está escrita en el libro, y “La Torá disfrazada con costumbres”. De vez en cuando, sacaríamos un disfraz y lo remplazaríamos por otro. En otras palabras, estaría la Torá esencial por el libro, y conjuntos de disfraces desechables.

Pero la Torá no es un libro, es Sabiduría Divina que entra al mundo a través de las experiencias Judías colectivas. Lo que estaba escrito en un libro hace 3300 años es la Torá envuelta, como una semilla que contiene el ADN para todo el futuro. El pueblo judío es la Tierra en la que se planta la semilla. Di-s es el jardinero. La diferencia es que un jardinero no sabe cómo van a crecer sus plantas, pero este jardinero tenía todo en mente (debido a que Él está más allá del pasado y futuro).

Él planta la semilla que contiene todo envasado herméticamente en matices, códigos y anomalías, y ve su sabiduría desarrollarse en la historia y tradición.

Por eso, cuando el consenso colectivo judío, incluyendo los rabinos, las abuelas sabias, las madres lactantes y los hombres trabajadores, todos aceptan una tradición que surge de nuestra comprensión de la Torá, Di-s, por así decirlo, chasquea Sus dedos Santos y dice:

“¡Éxito! ¡Lo hicieron!” ahora la respuesta a tu pregunta es obvia:

¿Cómo podríamos desechar el éxito de Di-s?

Por Tzvi Freeman