¿Di-s es femenino o masculino?

¿Por qué Di-s siempre es referido en sexo masculino? Lo llamamos Nuestro Padre, nuestro Rey, y siempre es “Él”. Obviamente Di-s no es un hombre. ¿Por qué el judaísmo perpetúa esta dominancia masculina patriarca?

De hecho, Di-s trasciende todo género. Siendo la fuente de toda vida, Di-s alberga tanto género masculino como femenino. Esto está reflejado en nuestras plegarias. A veces llamamos a Di-s en aspecto femenino, y a veces en su aspecto masculino. Depende del contexto.

De hecho, nos referimos a Di-s en femenino en una de las plegarias más populares: “Lejá Dodi”. Cada viernes a la noche, recibimos a la “Novia Shabat”, y a la “Reina Shabat”. ¿Quién es esta novia real? Es la Shejiná, la Divina Presencia femenina que desciende en este día de descanso. ¿Por qué Di-s es femenino en esta plegaria, mientras que en la mayoría de las plegarias es masculino?

Para responder a esto, analicemos una básica referencia entre masculino y femenino. Conozcamos a Brenda y Mike.

Mike llega a casa luego de un estresante día de trabajo. Brenda percibe su mal humor.

Brenda: ¿Qué sucede Mike? ¿Está todo bien?

Mike: ¿Eh?

Brenda: ¿Qué te está molestando?

Mike: Nada

Brenda (ofendida): ¿A qué te refieres con nada? Yo veo que hay algo malo. ¿No te importo lo suficiente como para compartir tus sentimientos?

Mike: ?????

Brenda se ha olvidado que los hombres sólo comparten sus problemas cuando piensan que puedes ayudarlos a encontrar una solución. De lo contrario, ¿Para qué cargar a otro con sus problemas? Siendo que Mike siente que sus temas en el trabajo no le conciernen a Brenda, se los guarda para él mismo. Ella no le puede aconsejar, así que él intenta solucionarlo por sus propios medios. Mientras tanto, ella se siente abandonada y no involucrada, porque las mujeres comparten sus problemas no para encontrar una solución, sino sólo para compartirlos y sentirse acogidas y amadas. Ella no planeaba aconsejarle nada, sólo quería estar allí para él. Pero los hombres no entienden eso.

Ahora, demos vuelta las cartas. Otro día, Brenda llega a casa del trabajo, y antes de que Mike le diga algo ella le dice:

Brenda: He tenido un día tan estresante. Mi jefe es un animal. No puede parar de presionarme sin importarle lo que hago. Y no puedo soportar su condescendiente actitud.

MIke: Te he dicho un millón de veces que debes dejar el trabajo. ¿Por qué sigues yendo?

Brenda (frustrada): No te he pedido un consejo sobre mi carrera, te estoy contando sobre mi día. Estoy muy contenta con mi trabajo.

Mike: ?????

Lo que Mike no entiende es que las mujeres lidian con sus problemas de forma diferente a los hombres. Brenda no buscaba un consejo, ella buscaba comprensión. Todo lo que Mike tenía que hacer era escucharla con mirada comprensiva y emitir el tan tranquilizante sonido de “mmmmm”. Esta es la manera femenina de lidiar con un problema: compartirlo con alguien que le importe, y ellos al escuchar, harán que ella no se sienta mal. A los hombres les gusta aconsejar, pero las mujeres solo quieren compartir sus frustraciones para luego sentirse mejor, incluso si no cambia nada.

Esto es por supuesto una generalización. Pero es muy cierto. Para un hombre, un problema precisa una solución. Para una mujer, un problema precisa ser compartido. Los hombres intentan cambiar los hechos. Las mujeres intentan cambiar los sentimientos. Los hombres intentan mejorar la situación. Las mujeres intentan sentirse mejor con las cosas de la manera que son.

Ahora veamos a Di-s. Di-s tiene modos de expresión femenina y masculina, porque Di-s es la fuente de ambos. Di-s puede ser el solucionador masculino de los problemas, o el tranquilizador femenino de las almas turbadas. En la plegaria, nos dirigimos a ambos. Depende de la circunstancia. A veces queremos una respuesta masculina de Di-s, y a veces precisamos un acercamiento femenino.

Generalmente rezamos porque hay un problema que tiene que solucionarse. Alguien está enfermo y precisa una curación, alguien está deprimido y precisa que se lo “levante”, hay gente hambrienta que precisa que se la alimente, y el mundo está lleno de dolor y oscuridad y precisa cambiarse. Sería desubicado dirigirse al lado femenino de Di-s con estos pedidos. No queremos sentirnos mejor sobre la pobreza, queremos acabarla. No queremos llegar a un trato con la enfermedad; queremos una cura. Así que le rezamos a “Nuestro Padre, nuestro Rey”, el aspecto masculino de la Divinidad. “Di-s, ¡soluciona el problema!”.

Pero hay veces que no buscamos un cambio en el mundo, sino una apreciación del mismo en un nivel más profundo. En Shabat, no queremos arreglar cosas. Desistimos de la agresiva misión de mejorar al mundo a través del trabajo y la creatividad, y disfrutamos de los placeres naturales que el mundo ya tiene: amistad, familia, espiritualidad. Más que cambiar la realidad, buscamos nutrir su belleza innata.

Así que en la noche del viernes, recibimos a la Divina Presencia en la forma de “La Reina Shabat”, o la “Novia Shabat”. Es el aspecto femenino de la Divinidad que desciende en Shabat, no para resolver los problemas del mundo, sino para adentrarnos en la conciencia de que el mundo en el que vivimos ya es bello.



Simbolismo en una sinfonía

Hace algunas semanas asistí a un concierto, que por algún motivo me resultó sumamente aburrido. Para pasar el tiempo, me dediqué a observar a los integrantes de la orquesta. Uno de ellos llamó mi atención. Estaba sentado en medio del grupo y aparentaba no tener ningún instrumento. Finalmente tomó su triángulo, lo hizo sonar y tomó asiento nuevamente. Lo miré por el resto del concierto: su aparición se repitió solo una o dos veces más.

Este percusionista, ¿era menos que los otros miembros de la orquesta?. No. Pensé entonces en el compositor de la sinfonía, que escribió la partitura incluyendo a ése hombre en ella. Me di cuenta de que para él, este detalle no era de poca importancia, quizás era la esencia de toda la partitura, y los otros músicos estaban allí sólo para complementarlo. Y mientras yo, quizás, hubiera elegido dejar fuera esta parte, esa omisión hubiese significado para el compositor la destrucción de la calidad y el sentido de la pieza que compuso.

Me percaté de haber descubierto en esta escena un concepto de suma importancia en la Divina Providencia (Hashgajá Pratit). Muchas veces pensamos que ese hombre o mujer que hace más “ruido”, que es el más visible, es el que tiene “el rol protagónico en la vida”. La persona puede pensar que en su rutina no está haciendo “nada interesante”.

Pero ese es exactamente el rol que Hashem, El Compositor, escribió para ella en este mundo y si abandona este papel y toma otro, Su sinfonía estaría incompleta.

El percusionista del concierto no se sentía ningún tonto levantándose una y otra vez, golpeando su instrumento. Por el contrario, comprendía su importancia. Estaba convencido de que representaba su rol con la mayor habilidad posible, llevando a cabo la intención del compositor de darle armonía y belleza a la partitura.

Cada uno de nosotros es un “percusionista”, debiendo llevar a cabo nuestra misión en este mundo como iehudim con el mayor compromiso hacia la Torá, que es La Partitura de Di-s.

Cuando comenté mis conclusiones a una amiga, luego del concierto, se sintió impactada por el análisis y dijo: “ Ya ves, la sinfonía no fue una pérdida de tiempo, después de todo, puedes utilizar este argumento en alguna charla o artículo que escribas…”. Eso fue lo que hice.

Fray Kranz, del Neshei Newsletter. 

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Los consumidores de Maná

Algunos datos sobre el maná: parecía una pequeña semilla, redonda, blanca. Descendía por la noche, intercalada entre dos capas de rocío. Sabía a su comida favorita. No producía pérdida, encapsulando las necesidades nutritivas de su comedor tan precisamente que después de que el cuerpo absorbía lo que necesitaba, no restaba nada. (Esta último provocó que alguno de los Israelitas se sintiera un poco de náauseas por su “pan del cielo”).

 

Poco después que el maná empezó a bajar, recibimos la Torá en el Monte Sinai. Durante las siguientes cuatro décadas atravesamos el desierto comiendo el maná y aprendiendo Torá. Eso es básicamente todo lo que hicimos (cuando no estábamos metiéndonos en problemas). El Midrash ve una conexión directa entre nuestra dieta y nuestra ocupación, declarando que “La Torá sólo podría entregarse a los consumidores de maná”.

 

Después de cuarenta años de maná y Torá, cruzamos el Río Jordán a la Tierra Prometida. El estudio de Torá seguía siendo una ocupación de jornada completa sólo para la tribu de Levi (y para individuos selectos de otras tribus). Todos los demás empezaron a ganarse la vida trabajando. El maná dejó de caer, y nos cambiamos al “pan de la tierra”- el pan oscuro, voluminoso, cuadrado-el tipo de pan cuyos nutrientes y vitaminas se hallan dentro de un relleno descartable. El tipo del que se digiere en lugar de ser absorbido.

La vida es principalmente desperdicio.

 

Pasamos trabajando todo el día por el dinero, una hora yendo de compras, otra hora cocinando, unos minutos comiendo. ¿Y dónde va la comida? La mayoría de ella pasa derecho a través de nuestros cuerpos al sistema de la cloaca de la ciudad.

 

¡Nos dan 24 horas por día, la mayoría aplastante de ese tiempo la pasamos durmiendo, conmutando, buscando estacionamiento, aguardando en la línea, revisando el correo electrónico, escuchando discursos, dando excusas, charlando, haciendo un depósito, haciendo un retiro… Y entonces, en esos cinco minutos que realmente estamos haciendo algo, ¡la mitad del tiempo nos sale todo mal!

De hecho, estamos tan acostumbrados a tratar con desperdicios que cuando se nos da algo que es 100% puro oro, empezamos a buscar alguna escoria para librarnos de él. Buscamos faltas en el alma de un ser amado, agendas ocultas en las amistades más bonitas, el “otro lado” en la más virtuosa de las causas. Incluso la bondad es juzgada por ser demasiado buena para ser verdad.

 

Esto es por qué, dice el Lubavitcher Rebe: “La Torá sólo podía darse a los consumidores de maná”. Una nación de consumidores de pan se habría embarcado inmediatamente en un proceso de “digestión”. “Ama a tu compañero como a ti mismo”- hubieran dicho- es un material limpio, nutritivo; pero ¿”Cuidar el Shabat”? No es práctico hoy en día. Habrían separado las partes modernas de las partes “primitivas”, las partes de sentirse bien de las -no-me siento cómodo-con esta parte, los “hechos históricos” del “el folklore,” lo “científicamente corroborado” de las partes esotéricas, los “rituales” de las “restricciones”, etc. etc.

 

Nuestras necesidades mundanas son de consumidores de pan. Necesitamos saber para discernir, para abrazar lo bueno y rechazar lo malo, para hacer opciones morales. Pero también necesitamos saber cuándo salir de nuestro modo de digestión. Para reconocer cuándo, en un momento raro de gracia, Di-s nos dio un regalo de pura bondad y perfección. El abrirnos a Su Torá, y permitir que su totalidad nos nutra, cual el maná lo hacía.

 

Por Yanki Tauber



Rabí Leví Itzjak Schneerson (1878-1944)

Este 20 de Av (17 de agosto de 2022), se cumplen 78 años del fallecimiento de Rabí Levi Itzjak Schneerson, padre del Rebe de Lubavitch.

Rabí Leví Itzjak Schneerson nació el 18 de Nisan en la ciudad de Podrovna (cerca de Gomel). Hijo de Rabí Baruj Shneur y la Rebetzn Zelda Rajel Schneerson. Su tatarabuelo fue el tercer Rebe de Jabad, Rabí Menajem Mendl de Lubavitch, conocido como el Tzemaj Tzedek.

 En el año 1900, Rabí Leví Itzjak contrajo matrimonio con la Rebetzn Jana Yanovski, hija de Rabí Meir Shlomo, quien fue el Rabino de la ciudad rusa de Nikolayiev. En 1902, nació su hijo mayor, Menajem Mendl, quien luego se convertiría en el Rebe de Lubavitch.

 Rabí Leví Itzjak vivió en Nikolaiyev hasta el 1909, para luego ser designado Rabino de Yekatrinoslav (hoy, Dnipro Ucraniak). En 1939 fue arrestado por el régimen comunista por su valiente postura frente al Gobierno de querer erradicar enseñanza y práctica judía en la Rusia Soviética. Luego de un poco más de un año de tortura e interrogatorios en las terribles prisiones de Stalin, fue sentenciado a exilio en el interior de Rusia, donde falleció en el 20 de Av 1944.

¿El judaísmo es estatico o dinamico ?

ay sistemas estáticos y sistemas dinámicos. El estático tiene una estructura fuerte y estable. Pero debido a que no cambia, después de un tiempo, puede desmoronarse. Un sistema dinámico es de movimiento, cambio y descubrimiento.

Podemos preguntar sobre la vida judía. Podemos estar en un modo estático, inmóvil. Estamos en un casillero especial: tenemos esto, pero no aquello. Ciertas cosas judías que hacemos, con bastante regularidad; otras cosas judías que no hacemos.

Podríamos decir que nunca hicimos esto, así que ¿por qué empezar ahora? Esas cosas no importan, son cuestiones menores.

“¿Cuestiones menores?” Eso es justo lo que esta Parshá Ekev nos está diciendo al principio. El Rebe explica que la Torá nos presenta el desafío de ser más dinámicos en nuestro enfoque de la vida judía.

El comienzo de la porción de la Torá dice: “Como resultado de la obediencia a las leyes, vigilancia y mante‐ nimiento de ellos, Di‐s mantendrá contigo el pacto y el amor que ha prometido a tus antepasados.”

Esto suena sencillo. Como resultado de mantener las leyes, Di‐s cuidará de nosotros. Es una idea repetida muchas veces en la Torá. Sin embargo, la palabra Ekev, aquí traducida “como resultado,” en realidad tiene más de un significado. Ekev también significa “talón”.

Rashi toma este significado y explica en su contexto: “Si sigues las leyes de menor importancia que las personas pisotean bajo sus talones”, entonces Di‐s te dará su amor especial”. Un judío tiene que mantener no sólo las

principales normas, sino también las más simples.
El Rebe pregunta. ¿Por qué llamamos algunas reglas importantes y otras menores? Porque vemos una bonita estructura firme del judaísmo y tendemos a ponernos en un cierto nivel de esa estructura, inamovible. Nos decimos: Sigo las principales normas; el resto no importa. Sin embargo, dice el Rebe, el judaísmo es dinámico. Siempre tenemos que estar avanzando. Lo que pensábamos que era “menor”, es muy importante: Salir de tu casillero y empezar algo nuevo.

Puede ser los Tefilín para un hombre, ir a la mikve para una mujer casada; estudiar más Torá para cualquier persona.

Rashi explica que esta dinámica de un paso adelante en nuestra concepción de nosotros mismos y del judaísmo en su conjunto, nos traerá la promesa de Di‐s y Su amor.

(Basado en Likutei Sijot, vol. 19 pp 89‐93.)

 

Nuestra obligación para con nuestros hijos

a Torá obliga a cada padre a enseñar a sus hijos Torá, una profesión y a nadar.

El motivo por el cual debemos enseñarle Torá es para transmitirle nuestra herencia judía y sus obligaciones para con la sociedad y para con el Creador (esto incluye los preceptos que competen al trato entre las personas y el trato hacia Di‐s).

El motivo por el cual nuestros Sabios nos ordenan a enseñarles una profesión a nuestros hijos es para que tengan un medio de ganarse su sustento honestamente, de este modo no recurran a métodos ilícitos para ganarse la vida.

Nuestros Sabios nos dicen que quien no le enseña a su hijo una pro‐ fesión es como que le estaría ense‐ ñando a robar.

Por último, debemos enseñarle a nadar. Esto responde al hecho que si (eventualmente) se encontrara en una situación tal (que involucre el confrontamiento en un medio líquido) pueda evitar el peligro nadando.

Ya que el que sabe nadar y moverse en el agua es como el que sabe caminar sobre la tierra.

Rabí Nehorai dijo: de todas las profesiones elijo para mi hijo la de estudiar la Torá, ya que en esta profesión puede activar tanto en la juventud como en la vejez y la recompensa la obtiene tanto en este mundo como en el mundo venidero.

Por ello, cuando un padre ve que su hijo tiene inclinación por esta actividad deben darle la oportunidad de estudiar la Torá con más profundidad.

 

Contra todo pronóstico 

Durante mucho tiempo el gobierno soviético estuvo escrutando los movimientos de Rabi Levi Itzjak Schneerson, Rabino Principal de la ciudad de Yekaterinoslav y padre del Lubavitcher Rebe. No obstante, hasta el momento no había tenido éxito.

Llegó el día en que Rabí Levi Itzjak fue invitado a comparecer ante la Corte. Los cargos en su contra consistían en dirigir actividades judías en su casa. Esto estaba contra la ley, y si se le encontraba culpable, el castigo sería severo.

La aprehensión del Rab creció cuando vio a los dos testigos. El primero era el Conserje del edificio en que él vivía, un judío comunista acérrimo. Rabí Levi Itzjak supo que este testigo era de mucho peso.

El otro era su vecina de al lado, una mujer cuyo marido estaba a la cabeza del Partido comunista regional. Y los eventos recientes le habían dado más razones para cuidarse.

No hacía mucho, una joven pareja judía, ambos de alta clasificación jerárquica de empleos gubernamentales, había aparecido repentinamente en su departamento en medio de la noche, pidiendo que los case “según la Ley de Moisés e Israel”.

Era una proposición peligrosa: No sólo por el hecho de que el Rab no los conocía personal‐ mente, sino porque para llevar a cabo una ceremonia judía bajo una jupá, tendrían que ser

encontrados diez hombres judíos (un minián). En un corto tiempo, se congregaron nueve judíos en la casa del Rabino. ¿Dónde localizarían un décimo? Sin otra opción el Rab tomó la decisión de pedirle al Conserje del edificio que participara. “¡¿Yo?!”

El hombre saltó como si hubiera sido mordido por una serpiente. “Sí, usted”, Rabí Levi Itzjak contestó. Sorprendentemente, el Conserje estuvo de acuerdo, y la boda clandestina fue realizada.

El segundo testigo también había estado recientemente envuelto en una actividad que podía implicarlo.

Cierta vez, un mensajero confidencial vino a la casa del Rab y le informó que al día siguiente, el marido de la mujer, el comunista de alto rango jerárquico, realizaría un viaje de negocios desde la mañana hasta la noche.

La razón real de su ausencia, sin embargo, era permitirle al Rab realizar el Brit Milá (circuncisión) de su hijo recién nacido.

Rabí Levi Itzjak no sabía si se trataba de una trampa. Pero al día siguiente, el infante ingresó en el Pacto de Abraham. Esa tarde, el padre del bebé volvió a casa y armó un escándalo por el “terrible” acto que se hizo sin su conocimiento.

La tensión era grande. El Conserje fue el primero en testificar: “Como todos ustedes saben”, empezó, “sé perfectamente quienes entran y salen del apartamento del Rabino Schneerson.

Los únicos visitantes extraños que he notado son dos viejos parientes que de vez en cuando vienen a visitar”

Ahora era el turno del segundo testigo. “Como vecina del Rabino Schneerson” la mujer testificó, “siempre esperé que como líder espiritual, intentara establecer contacto con los miembros de su fe.

Me sorprendo pues nunca he notado ninguna actividad ilegal durante todo el tiempo que ha vivido en la puerta próxima a mí.”

Rabí Levi Itzjak Schneerson salió indemne en esta ocasión. Pero la evidencia contra él se continuó amontonando hasta que en 1940, fue declarado “enemigo de las personas” y se lo desterró a Asia Central.

Luego de mucho sufrimiento devolvió su alma al Creador, el 20 de Menajem Av de 5704 (1944), sea su memoria para bendición.

 

Cuando llegue el consuelo

¿Cuál es el consuelo que necesitamos en este momento?

¿Cómo es posible sentir realmente – en la práctica – el significado de la enseñanza de nuestros sabios, que la persona debe bendecir por lo malo, así como bendice por lo bueno?

El Rebe de Lubavitch analiza el episodio de Rabí Akiva y sus amigos en el espíritu de esta enseñanza.

Los amigos de Rabí Akiva, al ver salir un lobo del Santuario del Templo en ruinas, lloraron mientras Rabí Akiva reía. Entonces mantuvieron el siguiente diálogo :

Preguntaron: – ¿Cuál es el motivo de tu risa?

Les respondió: – ¿Cuál es el motivo de vuestro llanto?

Respondieron: – Los zorros deambulan por el lugar sobre el que está escrito “el ajeno que se acercare morirá” y no hemos de llorar?

Les dijo: – Por eso me río. Y les explicó que él ve en este episodio, que se cumple la profecía de Oria respecto de la destrucción, por lo tanto está seguro que se cumplirá también la profecía de Zejaría, respecto de la redención. Entonces respondieron: -¡Akiva, nos has consolado! ¡Akiva, nos has consolado!

 

Cantidad y calidad

La repetición de la expresión: Akiva, nos has consolado, corresponde al anuncio de consuelo por el exilio y la destrucción, ya que también aparece con una doble expresión: ¡consuélate, consuélate mi pueblo! (del libro de Isaías que corresponde a la lectura de la Haftará que se lee este Shabat, posterior al 9 de Av y que lleva su nombre: Shabat Najamu).

El Midrash explica respecto de este versículo: “fueron doblemente golpeados y son doblemente consolados”, ahora debemos comprender cuál es el sentido de un doble consuelo y en qué sentido será doble.

Hay un doble consuelo en el sentido de cantidad. Por ejemplo: una persona que perdió su casa en un incendio, se sentirá consolada cuando le den otra casa donde vivir, mas si el nuevo hogar es más grande y confortable que el anterior, su consuelo será doble, doble en cantidad.

Mientras que una simple retribución deja aún en la persona el sufrimiento y la amargura, representando únicamente una compensación material, si esta es doble, no solamente quita la tristeza, sino que le da la pauta y la certeza de que aquello que le pareció malo y le produjo dolor, era algo esencialmente bueno.

Ejemplo de esto es el relato que encontramos en el Talmud acerca de Najum – “Ish gam zu” quien llevaba un presente al Emperador, en el camino se detuvo a pernoctar y los dueños del hospedaje, le cambiaron el contenido de la caja por tierra. Al llegar, el Emperador quiso matarlo, pero como era su característica, Najum (como lo indica su apodo, “ish gam zu”- “el hombre que pensaba siempre positivamente de las cosas”), confió en que también esto era bueno. Finalmente sucedió el milagro y aquel polvo se convirtió en armas, con las cuales el César venció a sus enemigos y retribuyó positivamente a Najum. Así se aclaró que el cambio de los presentes que se produjera en la posada, no fue desde un principio algo malo, sino un bien maravilloso, que no estaba revelado. Este es un doble consuelo – un consuelo que descubre, que nunca hubo nada malo, sino algo bueno refinado.

 

Superior a nuestro entendimiento

Esta clase de consuelo no es posible entenderlo en el período de exilio. El motivo de esto es que si estuviésemos capacitados para ver lo bueno del destierro, no sufriríamos por él y no le pediríamos a Di-s por nuestra redención. Por eso Di-s creó una situación en la que el exilio se ve como un mal absoluto para que nuestra relación hacia el mismo, sea como hacia algo absolutamente negativo.

Cuando llegue la Redención, tendremos un doble consuelo, en el que podremos ver y sentir con un enfoque superior al de nuestro propio entendimiento, el bien que estaba oculto en el exilio.

De pronto se abrirán nuestros ojos y veremos que aun aquellos sucesos más oscuros de la diáspora, no fueron más que un recipiente oculto, para el bien que se revelará en el momento de la redención. Entonces agradeceremos y tendremos el “doble consuelo” , aquel que convierte el mal en bien.



¿Por qué es el 15 de Av una festividad tan grande como Iom Kipur?

La Mishná declara que “no hubo festividades más grandes para Israel que el Quince de Av y Iom Kipur”. ¿Qué sucedió el Quince de Av que causó a ésta volverse una festividad de tan grande magnitud como lom Kipur?

Una explicación en la Guemará es que éste fue el día cuando – a causa de condiciones decisivas – el pueblo judío cesó de talar madera para su uso en el altar.

¿Por qué fue considerado tan especial ese cesar de realizar una acción que era hecha en aras del Beit HaMikdash? Por el contrario, esto parecería ser una razón para tristeza, no de celebración. No obstante, esta festividad es considerada tan grande que “No hubo festividades más grandes para Israel que el Quince de Av (y lom Kipur)”.

 

El Rashbam explica que la razón para el júbilo del Quince de Av era que en aquel día ellos completaban la “gran mitzvá’ de preparar madera para el altar para el año entero. Al igual que nosotros celebramos la conclusión de otras mitzvot, escribir un Sefer Torá por ejemplo, así también la conclusión de preparar madera para el altar era celebrada con gran júbilo.

Al declarar que la preparación de madera para el altar era una “gran mitzvá”, el Rashbam está explicando por qué el Quince de Av era una festividad extraordinaria, y no una fiesta como otras. Pero ¿por qué, en verdad, era este talar de madera considerado “gran mitzvá”? Quizás, meramente servía como una preparación para una mitzvá – preparar suficiente madera para la mitzvá de traer las ofrendas.

 

La declaración “No hubo más grandes festividades para Israel que el Quince de Av y lom Kipur” está relacionada con una declaración anterior en la Mishná, relativa a Tishá BeAv, el “día de duelo” más esencial del año: a lo largo del año no hay día que sea tan contrario al tema de júbilo y lom Tov como el día de Tishá BeAv. En conjunción con esto, la Mishná prosigue para concluir que en el polo opuesto, “No hubo más grandes festividades para Israel que el Quince de Av y lom Kipur”.

 

Nosotros de este modo, entendemos que no sólo la festividad misma, sino también las razones para la gran celebración del Quince de Av, están en oposición directa a los eventos que condujeron a la tragedia de Tishá BeAv. ¿Cómo sirve la preparación de madera como antítesis de Tishá BeAv?

Preparar la madera permitía a las ofrendas ser traídas sobre el altar durante todo el año. Esto incluía, ambas: ofrendas individuales así como también ofrendas comunales -ofrendas en las que todo judío tenía una parte.

Así, la sustancia y el tema de preparar la madera para permitir traer las ofrendas era la mitzvá de tzedaká, “una mitzvá igual a todas las otras mitzvot juntas, y en todo el Talmud Ierushalmi, tzedaká es llamada simplemente ‘La mitzvá’”.

La grandeza de esta tzedaká era tanto cuantitativa como cualitativa: Cuantitativamente era realizada por cada individuo y por todo Israel, ya que permitía ofrendas individuales y comunales; cualitativamente, no hubiera sido la madera preparada para el Quince de Av, y no hubiera habido madera apropiada para completar el servicio de las ofrendas.

 

Dado que el Beit HaMikdash fue erigido a fin de que fuera “una morada para Di-s listo para el traer de ofrendas”, haciendo disponible la madera para las ofrendas, el propósito entero del Beit HaMikdash era traído a cumplimiento. La culminación de esta “gran mitzvá” tenía lugar el Quince de Av.

Los eventos posteriores de Tishá BeAv, la destrucción del Segundo Beit HaMikdash – un evento que fue “aún más severo que la destrucción del Primer Beit HaMikdash” -fue un resultado directo del odio infundado, sinat jinam, que existía del hombre para con su semejante.

Talar madera para el altar a fin de permitir a la gente que era enteramente desconocida para aquellos que preparaban la madera, no sólo fue un acto de tzedaká del orden más elevado, sino también un acto que estaba basado en amor infundado, ahavat jinam, ya que la persona que preparaba la madera no tenía absolutamente idea para quien estaba haciendo un favor. Como tal, ésta era la misma antítesis del odio infundado que dio lugar a Tishá BeAv.

 

En otras palabras, el Quince de Av proveyó tanto la “construcción” del Beit HaMikdash – una construcción destinada para ofrendas – en lugar de la destrucción del Beit HaMikdash en Tishá BeAv, como también actos de amor infundado, a distinción del odio infundado que fue la causa de Tishá BeAv.

Actuar de una manera similar hoy, tratando a todo y cada individuo con ahavat jinam, sirve como el mejor antídoto posible para nuestro exilio de hoy, día que resultó de sinat jinam, y acelera la rápida llegada de nuestro justo Mashíaj y la reconstrucción del Tercer Beit HaMikdash.

 

Basado en Likutéi Sijot, Vol. XXIV, págs, 47-56.

Extraído de “Días solemnes, días de regocijo” de editorial Bnei Sholem.



Comprometerse con el Amor

El casamiento está compuesto por dos elementos integrales: el compromiso y el amor.

Debajo de la Jupá, el novio y la novia se prometen mantenerse fieles y leales uno con el otro; comprometiéndose a traer alegría y estabilidad a su relación. Mientras que el compromiso mutuo constituye la fundación de la relación, es la pasión, amor y sentimientos mutuos los que traen el color y la vida a la relación, y lo que hace que el casamiento sea tan atractivo. Es este último elemento el que causa a los solteros entregar su “libertad” y sus solterías.

La necesidad de estos ingredientes para asegurar un matrimonio estable y feliz no se discute. Cuáles de estos dos valores forman la base del matrimonio, sí es punto de contención entre los valores de la Torá y las normas Occidentales. ¿Debería el amor llevar al compromiso, o el compromiso lidiar al amor?

 

La tendencia en la sociedad sobre esta área está clara. Conoce a una persona durante unos años, quizá vive con ella durante un tiempo, y el salto se toma si es aparente y obvio que los sentimientos mutuos garantizan el compromiso del matrimonio. En contraste, la tradición Judía se avoca al acercamiento casi opuesto. Relaciónate con el individuo lo suficiente, como para determinar si sus valores y temperamento van en concordancia con los tuyos. Asegúrate que las dos personalidades (la del otro y la tuya) no chocan, y percibe si hay una atracción. Si todo esto encaja, entonces se realiza el compromiso. El amor se desarrollará y se profundizará luego del compromiso. Basado en el compromiso.

Si la “prueba está en el pudding”, éste ciertamente demuestra que el enfoque judío funciona. Está claro que conocer y amar a alguien antes de casarse, no aumenta las posibilidades de sub secuentemente tener un matrimonio feliz. Esto es totalmente lógico. Si el compromiso está basado en el amor, entonces, puede muy bien desaparecer y el amor comienza a apagarse o desaparece. Si el amor está basado en el compromiso, entonces si sucede que el amor comienza a apagarse, el compromiso asegurará que ambos hagan el esfuerzo de enamorarse otra vez. 

 

De acuerdo a la ley Bíblica, el matrimonio es un proceso de dos pasos. El primer paso se llama “Kidushin”, y el segundo paso es conocido como “Nisuin”.

 

El Kidushin hace que el novio y la novia se conviertan en marido y mujer. Luego de este punto, si Di-s libre y guarde deciden separarse, precisarían un “guet” (divorcio Judío). Sin embargo, el novio y la novia todavía no pueden vivir juntos como marido y mujer hasta que no se complete el segundo paso, que es, Nisuin. En los tiempos modernos, el Kidushin y el Nisuin se realizan seguidos debajo de la Jupá; el Kidushin es efectuado cuando el novio le da a la novia la alianza, y el Nisuin, a través de la unión del marido con la mujer bajo un mismo techo por el bien del matrimonio. Primero viene el Kidushin, el compromiso. Sólo después es que viene el Nisuin, y todas las expresiones de amor. 

 

*La receta para un matrimonio feliz y entregado*

El 15 de Av, “Tu Be Av”, observamos y celebramos la más alegre de las festividades. Este día, marca el aniversario de varios eventos, todos ellos asociados con la revocación de un evento trágico. Esta festividad, viene seis días después del día más triste del año, Tishá be Av, y es simbólica a la resistencia de nuestra nación, a nuestra capacidad de recuperarnos de todas las tragedias que nos han azotado.

Es también una festividad asociada con el matrimonio; el Talmud describe cómo en los tiempos de antes, éste era un día dedicado a la unión de jóvenes. Esto es porque el casamiento representa la recuperación de la tragedia más terrible ocurrida en Tisha be Av, la destrucción de los Templos Sagrados y el subsecuente exilio de nuestro pueblo. 

 

Nuestra relación con Di-s también está compuesta por estos elementos básicos; el compromiso y el amor. Antes de que se manifieste el amor, debemos someternos a la etapa del compromiso, el Kidushin. Por eso se debe la destrucción de los Templos y los exilios. Pero luego de 2.000 años de sufrimiento y opresión, hemos asegurado nuestro compromiso sin duda alguna. Es tiempo ahora del Nisuin, el Nisuin cósmico entre Di-s y Su pueblo, que se celebrará con la inminente llegada del Mashiaj.

 

Por Naftali Silberberg

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