No podremos entrar a Eretz Caanán

En el desierto, el pueblo de Israel disfrutó una utopía espiritual. Apartados de un mundo pagano y material, estaban libres para servir a Di-s y procurar la sabiduría Divina revelada a ellos en Sinaí. ¿Por qué abandonar todo esto, argumentaron los espías, por una vida de agricultura, comercio y política? ¿Por qué ingresar a una tierra que consumiría la vida espiritual de sus habitantes, llenando sus días con esfuerzo material?

En la Sección Semanal de Shlaj (Números 13-15) leemos acerca del incidente de los espías que regresaron de su misión a la Tierra Prometida con argumentos que pretendían disuadir al pueblo judío de la idea de entrar a la tierra que Di-s les había asignado como herencia eterna.

«Es una tierra que consume a sus habitantes», advirtieron; mejor haríamos quedándonos aquí, acampando en el desierto, en lugar de intentar domesticar un ambiente tan hostil.

Otro argumento contra el ingreso a la Tierra de Israel, repetido por aquellos seducidos por el consejo de los espías, fue que «nuestros pequeños serán para botín» por el enemigo. A lo que Di-s contestó:

«Y vuestros pequeños, de quienes dijisteis que ‘serán para botín’, a ellos llevaré Yo, y ellos conocerán la tierra que vosotros habéis despreciado».

Fisifobia

La enseñanza jasídica explica la reluctancia de los espías a entrar a la tierra.

En el desierto, el pueblo de Israel disfrutó una utopía espiritual. Todas sus necesidades materiales les fueron provistas sin esfuerzo ni involucración de su parte: el maná cayó del cielo, el «manantial de Miriam» les dio agua; milagrosamente, sus ropas no se estropearon e incluso crecieron con sus cuerpos

Apartados de un mundo pagano y material, estaban libres para servir a Di-s y procurar la sabiduría Divina revelada a ellos en Sinaí.

¿Por qué abandonar todo esto, argumentaron los espías, por una vida de agricultura, comercio y política? ¿Por qué ingresar a una tierra que consumiría la vida espiritual de sus habitantes, llenando sus días con esfuerzo material, sus pensamientos con preocupación financiera, y su psiquis con las depravaciones del «mundo civilizado» con el que inevitablemente entrarían en contacto como estado nacional?

Derroche Santo

Es allí donde se esconde el significado más profundo de su lamento: «nuestros pequeños serán para botín».

Al describir la generosidad de Iosef hacia su familia durante los años de hambruna en Egipto, la Torá nos cuenta que: “losef alimentó… a toda la familia de su padre, pan según sus pequeños”5

La naturaleza de un niño pequeño, explican nuestros Sabios, es que desparrama su alimento; apenas un pequeño porcentaje de lo que se sirve sobre su plato entra realmente en su boca.

Cuando se alimenta a un adulto hambriento, se sabe que cada miga de su dádiva sirve a un fin caritativo. Alimentar niños implica un grado mayor de generosidad: uno debe estar dispuesto a que la mayor parte de su regalo sea derrochado en aras del excepcional bocado que efectivamente se aplicará al destino pretendido.

Lo mismo es cierto de la caridad espiritual. Es mucho más gratificante ser maestro de una clase de eruditos que aprecian el valor de lo que se les está enseñando, que buscar al espiritualmente inmaduro – que menosprecia el mensaje que se desea compartir con él- con la esperanza de que siquiera una sola palabra logre hacer impacto en su corazón y produzca el más minúsculo efecto sobre este.

Es más gratificante recluirse en una habitación y abocarse al estudio y la plegaria con el conocimiento de que el potencial Divino de cada momento y caloría está siendo cristalizado, que tratar con el mundo material, un emprendimiento caracterizado por falsos comienzos, fines enclenques y resultados ambiguos.

«Nuestros pequeños serán para botín», afirmaron los espías, si entramos a la tierra. Aquí, cada uno de nuestros momentos y recursos está aplicado a su uso más óptimo. Aquí, no hay privación ni superávit en nuestras vidas; ni deficiencia ni desperdicio. Allí, nos conduciremos con las dilapidadoras vidas de niños pequeños – arrojando nuestro grano a la tierra para que se descomponga, de modo que quizás una centésima parte de éste germine y produzca fruto, invirtiendo el grueso de nuestro tiempo y energía en el plano de lo material para obtener su magro y esporádico rendimiento espiritual

Pero es el pequeño niño que hay en nuestro interior lo que Di-s desea. Es por él que creó un mundo, no para una nación de eruditos ermitaños recluidos en un desierto sin rumbo.

Sí, dijo Di-s, Yo os he puesto en una utopía espiritual, pero sólo como preludio para el verdadero negocio de la vida.

Una única victoria moral entre el derroche y la ambigüedad de lo material. Me es más preciada que los logros incesantes, invisibles, sin esfuerzo, de vuestro paraíso alimentado por el maná.

Basado en Likutei Sijot, Vol. XIII, 195-196

Mi problema, tu problema

Esa noche estaba de muy mal humor. Las cosas no salían bien últimamente…

Algunos de mis familiares no se comportaban bien; mi estado de salud no era de lo mejor; dos de nuestros parientes estaban internados en el hospital y nos sentíamos preocupados por ello. Acerca de todo esto hablaba con a mi marido durante el viaje. Llegamos al lugar buscado, de muy mala gana, por los inconvenientes que nos acosaban.

Era un enorme edificio con rampas para discapacitados por todas partes. Tocamos el timbre y esperamos ser atendidos.

La mujer que nos recibió estaba sentada en su silla de ruedas. Su cuerpo era tan enorme que apenas cabía en ella. Llevaba puesto un pañuelo sobre su cabeza y evidentemente era una persona observante. Hacía mucho calor a pesar del ventilador que estaba funcionando. Mientras nos hablaba no nos miraba a la cara. Mientras mi esposo se dedicaba a retirar las Mezuzot de los marcos de las puertas, me senté a charlar con la mujer. Comenzó a contarme sobre su vida:

Tenía graves problemas en sus huesos y una infección espinal; un simpático rabino le había ayudado a obtener una dama de compañia las 24 horas del día, a cargo del gobierno; esta mujer dormía en el living porque el único dormitorio que había lo ocupaba la dueña de casa. Ella, en realidad, no salía mucho, casi nada, ya que en las sinagogas no hay rampas y la dama de compañía no tenía fuerzas para empujar la silla de una persona tan pesada.

En medio de la conversación mi esposo se acercó a nosotras para mostrarnos como la letra “shin” debe ir en el frente de la Mezuzá. Comenzó a decir “esta letra debe ir…” cuando la mujer lo interrumpió: “Lo siento, soy ciega, así que sólo descríbalo con sus palabras”. ¡Por eso que no nos miraba al hablar! Luego nos señaló una de las paredes, sobre la que había muchos diplomas y certificados colgados. Nos dijo: “Soy estudiante graduada en sociología y ciencias políticas; aunque el gobierno no entrega empleo a los discapacitados!”.

En ese instante pensé: “¿Qué otra cosa le puede suceder a esta mujer en la vida? No puede leer libros, no puede salir, no tiene familia; aunque su departamento fuera hermoso, no puede verlo, pero de todas formas es pequeño y caluroso”.

Pero lo más admirable de toda la situación fue que ella era optimista. Cree en Di-s y siente que Él la ayuda; siempre ve el lado positivo de las cosas. “¡Después de todo estoy viva!” Y agregó “¡Muchos de los héroes y protagonistas de la Torá fueron discapacitados! Itzjak era ciego, Moshé tartamudeaba, Iaakov quedó rengo, y miren cuántas cosas importantes lograron.

Nunca fueron menos por su discapacidad”. Al finalizar la visita me di cuenta de que no podía siquiera invitarla a pasar un Shabat con nosotros. Ni bien abandonamos el edificio, mi marido me miró y me dijo: “¿Shoin arop ale problemen?” (¿Ya pasaron todos los problemas?).

Entonces, vi mis inconvenientes desde una perspectiva correcta. Ellos estaban allí, pero además tenía mi vista, mi cuerpo funcionando, mi familia, amigos, mi cómoda casa; podía ir a la sinagoga o donde deseara; podía trabajar… no había límites para todas las Brajot (bendiciones) que tenía. El viaje de regreso esa noche, fue diferente a todos. En lugar de estar sólo conforme, le agradecí a Di-s por todo… también por mis problemas…

Por Yanki Tauber

El Coraje de Miriam

Al final de la Parashá anterior leemos cómo cuando Miriam tuvo que vivir fuera del desierto de Israel por siete días «…el pueblo no viajó hasta que Miriam fue traída nuevamente» (Números 12:15)

Dos millones de personas, con todos sus líderes, profetas, jueces, ancianos y Sabios, atrasaron su viaje para esperar a un individuo!

Eso fue debido a que ellos recordaron cómo ella aguardó en los juncos del Nilo para cuidar a su hermano Moisés que flotaba en la canasta sobre el río. Ellos se acordaron cómo Miriam, una pequeña niña, ha cambiado el curso de la historia.

Amram, padre de Aron y Miriam, era el líder de la generación previa al éxodo de Egipto. Cuando el Faraón decretó: «Cada hijo varón debe ser tirado al Nilo» (Éxodo 1:22), Amram declaró que era inútil tener hijos, entonces se divorció de su esposa Iojeved. Todos los Judíos siguieron su ejemplo y se divorciaron de sus esposas. Luego Miriam habló. Con tan solo seis años en ese momento, y sabiendo que su padre era justo y líder de la nación, ella dijo con coraje:

«Tu decreto es peor que el del Faraón, porque él sólo decretó sobre los varones, pero tu los has hecho sobre varones y niñas. El Faraón es un hombre malvado, y su decreto puede ser efectivo o no. Tu eres una persona justa, por lo que tu decreto será efectivo»

Miriam declaró que uno debe seguir las órdenes de Di-s, incluyendo el precepto de «multiplíquense»(Génesis 9:1), sin tener en cuenta la «lógica» ni las consecuencias.

Amram reconoció la verdad y sinceridad de su pequeña hija. Inmediatamente se volvió a casar con Iojeved, y todo Israel, inspirados por su ejemplo, hicieron lo mismo.

Cuál fue el resultado de las acciones de Miriam? Nació Moisés, y en el momento que su madre lo puso sobre el río, los astrólogos del Faraón declararon: «El liberador ya ha sido lanzado al agua», y el decreto fue anulado.

El coraje de una niña de seis años de «decirlo como es», incluso al líder de la generación, afectó a la anulación del malvado decreto en el éxodo de Egipto, trayendo la liberación a través de Moisés, no sólo para él mismo, sino también para sus padres, familia y todo Israel.

Por: Itzjak Meir Kagan

Entrar a la Tierra

Vivimos en una era de acción. Incluso hay momentos en el que tenemos que detenernos a pensar. Una acción es más significativa y poderosa cuando es precedida por una preparación, aunque a veces este proceso puede generar errores también.

La historia de los Espías presenta un ejemplo de este concepto: la necesidad de la preparación, y también los aspectos personales y creativos de esto. Más allá del evento histórico, que tuvo lugar hace más de tres mil años, este acontecimiento nos ofrece una guía útil para nuestras vidas en cualquier era.

El pueblo Judío estaba por entrar a la Tierra de Israel. En otras palabras, estaban a punto de emprender un gran proyecto, algo central y fundamental que claramente fue ordenado por Di-s: el cumplimiento de todo el curso de la salida de Egipto. Antes de tomar este gran paso, enviaron a un grupo de doce hombres a la Tierra, para que investigaran la situación.

Los Sabios dicen que esto no fue una orden de Di-s, sino algo que el pueblo Judío decidió por si solo.

Esta historia tiene dos dimensiones paralelas: nos está contando sobre el pasado y también guiándonos en el presente. Como es explicado por el Rebe de Lubavitch, la Torá nos está diciendo que hay una verdadera necesidad de detenernos, pensar y prepararnos antes de tomar acciones en nuestras vidas. Estas acciones incluyen el cumplimiento de las órdenes de Di-s todos los días. “Entrar a la Tierra de Israel” representa todo lo importante en el Judaísmo y en el vida. Antes de la acción debemos investigar y reflexionar.

Como en el caso de los Espías, esta reflexión tiene una cualidad personal e individual. No es una “orden” reflexionar. No hay instrucciones. Uno necesita el poder para utilizar nuestra mente y pensar creativamente para poder hacer la adecuada preparación. Una persona que solo sigue las reglas no va a poder pensar claramente sobre todos los temas.

Hay un equilibrio sutil. La reglas las tenemos que cumplir. De hecho, ese fue el error de los Espías. En el transcurso de su investigación ellos decidieron que no había necesidad de intentar cumplir con la orden de Di-s de ir a la Tierra. Sería imposible. Dijeron que se den por vencidos.

Esto nos muestra que en su caso, la preparación no fue la correcta. En vez de investigar cómo cumplir con la orden de Di-s, se trasformó en una discusión si cumplir o no con la orden de Di-s.

El desastroso efecto que tuvo ese caso fue cuarenta días de retraso para entrar a la Tierra, de hecho, fue la pérdida de toda una generación. A pesar de esto, el Rebe comenta, y la enseñanza positiva queda para nosotros.

Las buenas acciones requieren preparación, y esa preparación necesita una dimensión personal y creativa, combinada con la fe de que si Di-s nos ordenó que lo hagamos, podemos hacerlo y es lo correcto. La pregunta es cómo hacerlo de la manera más significativa.

A través de esta pausa para reflexionar, y teniendo el balance entre la estructura y creatividad, cada individuo puede entrar a su Tierra Prometida, y así también ayudar al resto de la humanidad.

Por: Tali Loewenthal

¿Qué dice el judaísmo sobre la trompeta?

En el libro de Bamidbar se habla de las trompetas que se tocaban en el Templo, un análisis interesante sobre este instrumento.

A- En primer lugar, ¿qué es una trompeta? Aquí hay algunas definiciones:

Un instrumento de viento con una campana de latón soprano con forma de bucle, suena como la llamada de un elefante; es un sonido utilizado para proclamar en voz alta.

B- Como se puede ver (¿o deberíamos decir ‘oír’?), La trompeta no es una experiencia de audio común y corriente. Su sonido rotundo y audaz sirve como un gran llamado de atención a los cadetes, o para la declaración triunfante en una orquesta sinfónica. Una trompeta es un duro golpe para los oídos, así como la adición de especias, ej: la pimienta, que

añade dinamismo a su pizza.

Debido a la fuerza bruta y primitiva de un toque de trompeta lujuriosa, éstas, como el shofar, se utilizaban para marcar los acontecimientos diarios y especiales a lo largo de la historia judía. El Mandamiento Positivo

# 59 instruye a la comunidad judía a tocar las trompetas en la presentación de los sacrificios diarios y festivos del Templo, así como sobre la invasión enemiga, y la llamada a filas del ejército.

C- Las trompetas usadas por los judíos de la antigüedad eran como shofarot-un tono que no tenía control de paso. Aunque nadie sabe exacto qué aspecto tenían, era dicho que estaban hechos de plata, alrededor de 18 centímetros de largo.

¿Cómo eran utilizadas las trompetas?

1- Un buen toque de trompeta regocija, fortalece y vigoriza a la gente.

Y así también los sacrificios del Templo:

inspiraban testigos a la introspección y auto-mejora. Los Cohanim tocaban nueve toques de trompeta en cada uno de los dos sacrificios diarios regulares, añadiendo otros nueve si había un sacrificio de Musaf en el calendario.

2- Los Cohanim tocaban las trompetas (‘Jatzotzrot’), tres toques cada mañana para anunciar ceremonialmente la apertura de los portones principales del Templo.

También anunciaban la llegada del Shabat con tres toques el viernes por la mañana y otros tres justo antes del comienzo. En total, por lo menos veintiún sonidos de trompetas eran escuchados todos los días en el Templo.

3- El motivo por el cual eran tocados esos cuernos en el momento de un ataque enemigo en Israel, era por la inspiración que generaba para volver en Teshuvá. Las trompetas no eran las armas mágicas que destruirían las fuerzas de oposición, sino que despertaba al pueblo judío a que rezaran a Di-s, y cuando la gente iba a rezar por la victoria, Di-s respondía positivamente.

* Por: Rab Mendy Hecht

¿Por qué la Torá hace referencia a Ieoshua como «bin» Nun?

Pregunta:

Cuando la Torá menciona los nombres de los espías (Números 13:4-15), a todos se les hace referencia como «Tal y tal «ben»(hijo de) tal y tal». La única excepción es Ieoshua, quién es llamado Ieoshua «bin» Nun. ¿Por qué bin y no ben?

Respuesta:

En el comentario de Najmánides en Éxodo 33:11, sugiere que las dos palabras deben ser leídas juntas como «binnun». Ese nombre viene de la palabra hebrea «Biná», «el que entiende», y se le fue otorgado a Ieoshua por respeto a sus capacidades intelectuales.

Otras explicaciones que yo encuentro:

La Torá nos dice que Ieoshua era el estudiante de Moisés por excelencia. «Su asistente, Ieoshua Bin Nun, un muchacho, no se iba de su carpa[del estudio]» (Éxodo 33:11)

Nos enseñaron que el estudiante de uno es considerado como su hijo. Algunos usan esta idea para explicar por qué Ieoshua era llamado «bin» Nun. Podría haber sido el hijo biológico de Nun, pero en cierta forma, también el hijo de Moisés. 

El Jatam Sofer, ofrece otra explicación. El Midrash declara (Midrash Raba, Génesis 47), que cuando Di-s cambió el nombre de Sarai a Sarah (Génesis 17:5), la letra hebrea «Iud», que fué removida de su nombre (para ser substituida por una «Hei») se sentía agraviada. ¿Por qué no podría ser mas parte del nombre de esta Santa mujer? Di-s hizo este cambio prometiendole hacer cambios en un futuro. Esto fue llevado a cabo cuando Moisés le agregó la letra «Iud» al nombre de Ieoshua, que originalmente era Hoshea (Números 13:16)

En su estado original, cuando era la última letra del nombre de Sarai, la «iud» no tenía una vocal, como es el caso con la mayoría de las letras que entran al final de una palabra hebrea o nombre. Ahora, la «iud», al estar en el comienzo del nombre de Ieoshua, es necesario la vocal «sheva», que se compone de dos puntos alineados verticalmente. Estos dos puntos fueron «prestados» de la vocal «Segol» que normalmente está por debajo de la palabra «ben», que son tres puntos constituidos en forma de un triángulo. Esto deja solo un punto para la palabra «ben». Un punto es la vocal «Jirik», que cambia la pronunciación a «bin».

Con los mejores deseos,

Rabino Baruj S. Davidson

Birkat Hagomel

  • Hay cuatro categorías de personas que necesitan agradecer a Di‐s por la bondad que ha hecho por ellos con la “Bendición de Acción de Gracias” (Birkat HaGomel1):
    a) Aquel que ha cruzado el océano (un viaje en avión al extranjero, etc.)
    b) El que ha cruzado el desierto
    c) Alguien que se recuperó de una enfermedad muy grave
    d) El que salió de prisión.
  • Se incluyen en la categoría de desierto todas las demás situaciones de peligro para la vida de las que uno se salva, como el derrumbe de un muro sobre él, ladrones, accidentes automovilísticos, etc.
    Uno dice la bendición al llegar a su destino (cruce del desierto o del océano) incluso si el viaje transcurrió sin incidentes y sin experimentar ninguna situación de peligro.
  • Si uno hace algunas escalas a lo largo de su viaje, como escalas en puertos o aterrizajes en aeropuertos, incluso si no continúa en la siguiente etapa de su viaje por uno o dos días más, no pronuncia la bendición hasta que llega a su final destino.
  • Quien regresa de su viaje ese mismo día o el siguiente, debe decir la bendición sólo al regreso.
  • Si uno experimentó más de uno de los anteriores al mismo tiempo, requiriendo que la bendición se diga unas pocas veces, solo la dice una vez por todas.
  • No decimos la bendición cuando volamos solo sobre tierra.
  • Si hubo algún percance durante el viaje del que uno se salvó, entonces todos están de acuerdo en que se debe decir la bendición, aunque en circunstancias normales no sería necesario decirla.

No existe algo así como un antisemita

La Torá relata cómo cuando los Hijos de Israel levantaban el campamento para embarcarse en sus viajes por el desierto, Moshé proclamaba: “Levántate, oh Di‐s, dispersa a Tus oponentes y haz que Tus enemigos huyan de delante de Ti…”
El emperador romano Adriano era un odiador de judíos incurable.
Una vez, mientras paseaba con gran pompa, visitando a sus súbditos, observó a un judío entre la multitud de simpatizantes; “¿Qué, un maldito judío insulta a mi Majestad saludándome en público? ¡Llévenselo y crucifíquenlo!”

Rápidamente corrió la voz de la acción despótica de Adriano, y la próxima vez que Adriano salió de gira, un judío que tuvo la mala suerte de estar en las inmediaciones se aseguró de mantenerse alejado de la multitud, no pronunciar palabras de saludo y permanecer agazapado al borde del camino. Una actitud de sumisión total.

“¿Qué, un maldito judío insulta a mi Majestad ignorándome en público? ¡Crucifíquenlo!” gritó el emperador.
Cuando los consejeros del emperador preguntaron sobre la flagrante inconsistencia de sus acciones, Adriano respondió: “No me enseñen cómo tratar con mis enemigos”.
Pero, ¿realmente los judíos eran sus enemigos? ¿Podría un simple pueblo haber suscitado tal odio sin fundamento?

Es significativo que, en el versículo citado anteriormente, Moshé no llama a Di‐s para que nos defienda de aquellos que nos son hostiles, sino para “dispersar a Tus oponentes… Tus enemigos”

La antigua lucha entre los judíos y los que odian a los judíos es un nombre inapropiado.
Recuerdo, cuando visité el campo de exterminio nazi de Dachau, lo irritante que fue ver en el crematorio el gran cartel que dedicaba el lugar “a los que murieron en la lucha contra el nazismo”.

El memorial puede ser algo apropiado para los opositores políticos del régimen que sufrieron y murieron allí, pero el tío de mi abuelo, los primos y miles de otros mártires no murieron luchando contra nada.

En lo que a ellos respecta, estaban felices de llevar una vida privada antes de que Hitler y sus secuaces los buscaran.
Calificarlo como una “lucha” entre la víctima inocente y el verdugo es tan inapropiado como describir el esfuerzo de la sociedad moderna para protegerse de los terroristas suicidas como un “ciclo de violencia”.
La lucha no es entre nuestros enemigos y nosotros.

Más bien, los antagonistas de Di‐s nos atacan como peones en su batalla contra la rectitud y la Divinidad.
El odio a los judíos está tan arraigado y generalizado que no se puede atribuir ninguna explicación lógica o racional al fenómeno, aparte de definirlo como la eterna lucha del hombre malvado contra la Divinidad.
Si no están luchando contra nosotros sino contra Di‐s, nuestra única respuesta viable es vivir y actuar como judíos sin importar la provocación.
Cuando es evidente que su odio hacia nosotros se basa en nuestra relación especial con Di‐s, se convierte en la responsabilidad de Di‐s defenderse de Sus enemigos y acudir a nuestro rescate, liberándonos para reanudar nuestra misión histórica de representar Divinidad
para el mundo.

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Parashá en síntesis: Behaalotjá

Esta parte se inicia con el precepto encomendado a Aharón:  encender las luces de los siete brazos del candelabro ubicado en el Santuario. 

El término utilizado para “encender” es Behaalotjá, que en forma literal significa “cuando hagas subir”, cuando eleves. Aharón tenía que encender las llamadas hasta tanto estas se pudieran mantener encendidas por sí solas. 

Las luces de la Menorá del Santuario son el símbolo del alma judía. “La Luz de Di-s es el alma del hombre”. La misión de Aharón era elevar espiritualmente a los judíos, no sólo encendiendo la llama del Judaísmo, sino engendrando en ellos el amor a Di-s, de modo que pudiera mantenerse por sí solo sin necesidad de depender de una inspiración externa. 

Aharón personificó la paz y el amor al prójimo. Tuvo el mérito de acercar a los judíos a la Torá, en vez de simplificar la Torá para bajarla al nivel en que ellos estaban. Elevó el nivel espiritual de las personas para que vivieran según lo establecido en la Torá. 

Simplificar el cumplimiento de los Preceptos atenta directamente contra la esencia y la existencia del Judaísmo, produciendo un ritual sin significantes y un vacío espiritual.

Aún cuando la instrucción del encendido fue dada a Aharón, es aplicable a todos los judíos en el ámbito espiritual, porque cada uno es miembro del “pueblo de sacerdotes” y le corresponde iluminar su camino y el de los demás con la Luz de la Torá. 

La función de la mujer judía es de gran relevancia, pues se le concedió el privilegio del encendido de las velas de Shabat y de las festividades; ella es el soporte espiritual del hogar y, por tanto, posee las fuerzas necesarias para promover la paz y la armonía, alumbrando tanto a los suyos como al mundo exterior. 

Aharón cumplió con entusiasmo la mitzvá del encendido de la Menorá. Lo hizo personalmente con gran precisión durante toda su vida, aun cuando estaba autorizado para delegar esta función en sus hijos; ello nos demuestra la importancia de la disciplina y la constancia en el Judaísmo. 

Los viajes que tuvieron que hacer los judíos durante su travesía por el desierto eran guiados por la Voluntad Divina, mediante las “Nubes de Gloria” que indicaban su estadía en determinado lugar o el avance hacia otro. A veces llegaban a lugares desagradables como Mará, o a otros con mayores recursos de agua y árboles.

Nunca, durante los 40 años, supieron la duración de su estadía en determinado lugar, demostrando así su aceptación y el deseo de seguir a Di-s, independientemente del lugar en donde se encontraban. 

La salida de un lugar a otro era anunciada por tres señales: la “nube de Gloria” apostada sobre el Tabernáculo se transformaba en una columna recta. Moshé proclamaba “Kuma Hashem” (“levantate”), conminando a la Nube a partir y, finalmente, los Cohanim tocaban las dos trompetas de plata con el sonido correspondiente a la partida. 

Por iniciativa del erev rav (Aquellos que salieron con los judíos de Egipto), los Bnei Israel empezaron a pedir carne, además del maná, que era lo único que recibían. Moshé se lo comunicó a Di-s y Éste, a pesar de su enojo con el pueblo por haber sucumbido al deseo de  comer carne, hizo aparecer las codornices (slav) en abundancia, para que comieran de ellas hasta que se saciaran y les repugnara, y se dieran cuenta de que aún las cosas más hermosas y deseables se convertían en lo contrario, si se tenían en exceso.