El quinto libro de los Cinco Libros de Moisés, Devarim, que significa “Palabras”, recibe su nombre por la declaración inicial del libro:
Estas son las palabras que Moisés habló a todo Israel en aquel lado del Jordán.
La Torá continúa:
Aconteció que en el año cuarenta, en el mes undécimo, el primero del mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todo lo que el Señor le había mandado acerca de ellos.
Hacia el final de la vida de Moisés, cuando los judíos estaban a punto de cruzar el Jordán y entrar en la tierra prometida, Moisés habló a su amado pueblo. Repitió todos los mandamientos escritos en los primeros cuatro libros y relató las historias de sus pecados y faltas de los últimos 40 años, con la esperanza de que sus palabras los ayudaran a aprender y crecer a partir de sus experiencias negativas.
Mientras que los primeros cuatro libros están escritos en tercera persona (como en el versículo tan común «Y Di-s habló a Moisés»), el quinto libro está escrito en primera persona, con la voz del propio Moisés. Esta diferencia es significativa. Representa un cambio en el rol de Moisés y un cambio en la manera en que debemos entender la Torá .
Moisés recibió la Torá de Di-s y nos la transmitió. Su función era ser un conducto fiel que transmitiera las palabras de la Torá con precisión, tal como le fueron entregadas. Sin embargo, en el quinto libro, Moisés dejó de ser un simple transmisor. Las palabras, ideas y enseñanzas fueron internalizadas en Moisés, y por lo tanto, las pronunció con su propia voz.
Esto explica la interrelación entre ambos temas del libro de Devarim: la repetición de la Torá en la propia voz de Moisés y las palabras de reprensión. El propósito de la reprensión era inspirar al pueblo judío a retornar a Di-s. Pero ¿Cómo se inspiraría a retornar una persona que rechaza la voz de la moralidad y la voluntad de Di-s? La inspiración no proviene de escuchar la voz de Di-s, sino de escuchar la voz que emana de nuestro interior. El compromiso y la valentía para retornar a Di-s provienen de las enseñanzas y los valores de la Torá que se han convertido en parte del judío.
Al igual que Moisés, experimentamos ambos pasos en nuestro propio estudio de la Torá. Al principio, escuchamos y aprendemos. Buscamos oír y comprender lo que la Torá nos enseña. Esta es la primera etapa, representada por los primeros cuatro libros, en la que buscamos recibir las palabras divinas que nos han sido transmitidas.
Y entonces llegamos al quinto libro. Puede que no suceda de la noche a la mañana, puede que nos lleve 40 años de vagar, pero con el tiempo empezamos a descubrir las ideas de la Torá en lo más profundo de nuestro ser. Con el tiempo, las palabras de la Torá se hacen nuestras. Nos identificamos con ellas y expresan nuestro propio punto de vista. En la segunda etapa del estudio, en el quinto libro, pronunciamos las palabras de la Torá con nuestra propia voz .

