Noaj era un hombre virtuoso en su generación

Entre nuestros Sabios, algunos interpretan este versículo como alabanza: [si fue virtuoso en una generación de malvados,] cuánto más habría sido si hubiese vivido en una generación de virtuosos. Y otros lo interpretan como una reprobación: comparado con las personas de su generación él era virtuoso; pero si hubiera estado en la generación de Abraham, se lo consideraría como nada.
(Rashi, sobre el versículo)

Noaj construyó el famoso bote salvavidas que lo protegió junto a otros siete humanos (su esposa, sus tres hijos y sus esposas) del Gran Diluvio. Así que uno puede agradecerle por salvar a la humanidad, o puede criticarlo (como el Zohar lo hace) por no salvar al resto de su generación.
La Torá nos dice que Noaj no entró en el arca hasta el último minuto, cuando las lluvias ya estaban cayendo. Se puede loar su optimismo, o se puede señalar (como Rashi lo hace) que era de los “pequeños creyentes” en las palabras de Di‐s.
La Torá también relata que incluso después de que las aguas del Diluvio habían retrocedido y la tierra se había secado, Noaj no abandonó expresamente el arca hasta que Di‐s se lo ordenó.

Se lo puede llamar tímido, o puede admirarse (como lo hacen nuestros Sabios) su obediencia: Di‐s le había ordenado que entrara en el arca, y por eso permanecería en el arca hasta que Di‐s le dijera que saliera.
La primera cosa que hizo Noaj para desarrollar la tierra recientemente yerma que encontró al salir del arca, fue plantar un viñedo, hacer vino y emborracharse.
Uno puede desanimarse por su inconstancia, o aplaudir su determinación para infundir un poco de alegría y regocijo en un mundo desolado.
Noaj vivió 950 años—bastante tiempo para hacer todo mal y todo lo correcto.


Somos todos descendientes de Noaj. 

Noaj es descendente de Adám, por lo que todos somos hijos de Adám, también.
Pero el término usado por el Talmud y la Halajá (la ley de Torá) para la humanidad en conjunto es B’nei Noaj (“los hijos de Noaj”).
Las siete leyes universales de moralidad que están ligadas a cada ser humano (y que prohíben idolatría, blasfemia, asesinato, robo, el adulterio e incesto, y crueldad a los animales, y ordenan asignar el establecimiento de cortes de justicia) se llaman “Las Siete Leyes Noájicas”— aunque seis de ellas ya se ordenaron a Adám.

Adám fue el primer hombre. Noaj fue el primer ser humano.

Noaj, Abraham, Moshé y David

“Noaj era un hombre justo, era íntegro en sus generaciones” (BERESHIT 6:9)

Cuando la Torá describe la conducta piadosa de Noaj, enfatiza: “Noaj era un hombre justo, era íntegro en sus generaciones”. Nuestros Sabios Z”L deducen de aquí, que sólo en su generación era considerado un justo, pero no en comparación con otras generaciones. El Zohar detalla tres generaciones de piadosos en relación a quienes Noaj “era considerado como nada”: la generación de Abraham, la generación de Moshé y la generación de David. ¿Cuál es el motivo que se compara a Noaj específicamente con estas tres generaciones y no con las generaciones de otros piadosos?

UN MUNDO NUEVO
La explicación radica en que cada uno de estos tres Justos (Abraham, Moshé y David) comenzó una nueva etapa en la construcción del mundo. Abraham, el primer judío, abrió la etapa donde aparece en el mundo el pueblo de Israel, y comienza a cumplir con su función. Moshé trajo al mundo a la Torá, y a partir de él en adelante se dio la fuerza para santificar y refinar al mundo a través de la Torá. El rey David abrió la era del reinado cuyo objetivo fundamental es coronar a Hashem como Rey sobre la Tierra.

También Noaj abre una nueva era en la creación – el mundo posterior al diluvio. El Midrash dice que cuando Noaj salió del arca “vio un nuevo mundo”, con él comenzó en la práctica la consolidación de un mundo corregido. Sin embargo, el trabajo de Noaj era sólo en un nivel de principio, y se lo considera “como nada” frente al trabajo de Abraham, Moshé y David (y por eso también la primera letra de la palabras Abraham, David y Moshé forman la palabra “Adam”, puesto que a través de estos tres tzadikim la creación del hombre alcanza la perfección).

EL OBJETIVO -LA SANTIDAD

La piedad de Noaj tenía lugar, fundamentalmente, en ese mismo campo donde actuaron con maldad y pecaron los hombres del diluvio. Estos eran corruptos en temas de la conducta para con el prójimo, y en ese campo Noaj era un justo íntegro. Pero la perfección en la conducta entre los hombres no es suficiente para llevar al mundo a la concreción de su objetivo Divino, y es tan sólo la prevención del desorden y la protección de la vida civilizada.

Por eso, este trabajo no se considera “nada” en comparación al trabajo de Abraham, Moshé y David, cuya perfección no se limitaba tan sólo a temas de las relaciones humanas sino principalmente con amalgamar al mundo con la santidad Divina: Abraham difundió en el mundo con la santidad Divina: Abraham difundió en el mundo la fe en el único Di-s; Moshé recibió la Torá, cuyo objetivo es santificar al mundo, y David preparó la base para el sagrado Templo, donde moraba la Presencia Divina.

SERVICIO A PARTIR DE LA CONCIENCIA
La diferencia entre Noaj, Abraham, Moshé y David, se expresó también desde otro enfoque. El servicio de Noaj surgía fundamentalmente a partir del temor. Su advertencia a sus contemporáneos estaba basada principalmente en el temor al diluvio. Incluso sobre el propio Noaj, nos relata el midrash : 

“Noaj era falto de fe, si no fuera las aguas la llegaron a los tobillos no hubiera ingresado al arca”.
En contraposición con esto, el trabajo de Abraham, Moshé y David, surgió del profundo reconocimiento interno en la grandeza de Hashem, y este conocimiento y conciencia fue difundido por ellos al mundo entero.


Por eso, fue su trabajo específicamente el que estableció las bases para la verdadera corrección del mundo y su ser llevado hacia su objetivo.
La perfección más cabal de este trabajo tendrá lugar en manos del “Rey de la Casa de David”, Mashíaj Tzidkeinu, que corregirá y arreglará al mundo todo para servir a Hashem en unión, hasta que incluso las naciones del mundo habrán de proclamar: “Id y subamos al monte de Di-s, a la Casa del Di-s de Iaakov, y que nos instruya de Sus caminos y, caminaremos por Sus senderos”

(LIKUTEI SIJOT TOMO 35, Pág. 15)