
Uno de los rituales más sagrados observados por todos los judíos a lo largo de las generaciones es recitar el Kadish del Duelo por el mérito del alma del difunto padre o madre. Se recita en el funeral, durante la semana de duelo (shivá), durante los 11 meses siguientes y, posteriormente, cada año en el aniversario del fallecimiento.
La experiencia más traumática que un ser humano puede experimentar es la de perder un familiar o un ser querido. Deja un vacío imposible de llenar. Quizás las sensaciones más presentes son las de la impotencia y sentimiento de culpa. No se puede traer de vuelta al fallecido. No se le puede decir lo que no se le dijo en vida.
Son dolores muy profundos.
Veamos algo de las leyes y costumbres judías relevantes y la sabiduría que contienen y cómo sirven de herramientas por medio de las cuales poder lidiar mejor con la experiencia.
Hay varias sensibilidades que se respetan en las acciones que se realizan en el entierro y en los períodos previos y posteriores: 1) La vida del fallecido; 2) el vacío que deja; 3) la responsabilidad que ahora cae sobre los familiares.
Fórmula de consuelo
La fórmula tradicional con la que se consuela a los dolientes es: Hamakom Ienajem Etjem bejot Shear Aveilei Tzión V´Íerushalaim, o sea: Que el Omnipresente los consuele entre los que están de duelo por Sión y Jerusalén.
El Rebe, zi´´a, en una carta de consuelo enviada a Ariel Sharon al fallecer su hijo en un accidente, pregunta, ¿qué sentido tiene consolar a alguien que perdió a un ser querido con incluirlo entre los que están de duelo por la destrucción del Templo de Jerusalén? ¿Cómo se compara la muerte de un ser humano con la destrucción de un edificio, por más sagrado que sea?
Responde que hay tres puntos de comparación que hace la base del consuelo.
La muerte, igual que la destrucción del Templo, afecta nada más que la dimensión física y externa, ya que la esencia sigue existiendo en el plano espiritual;
Aun la desaparición física es nada más que temporaria, ya que creemos en la resurrección de los muertos y tal como se reconstruirá el Templo físicamente, los cuerpos volverán a vivir.
Así como la destrucción del Templo es una tragedia que afecta y es lamentada por todo el pueblo judío, del mismo modo la muerte de cada integrante de nuestro pueblo afecta a todos y es más que simplemente un duelo personal.
Las tres consideraciones mencionadas ayudan a aliviar el dolor producido por lo que parecería ser una pérdida permanente y puramente personal.
Dicho concepto es expresado también en la costumbre de romper la ropa y pronunciar la bendición correspondiente antes de salir al entierro. El romper la ropa expresa la idea de que lo que se afectó es nada más que la “vestimenta” del fallecido, ya que su esencia sigue existiendo. La bendición que se pronuncia declara a Di-s como el “Juez de la Verdad”, quien lleva a cada uno en el momento justo. No pretendemos entender Sus caminos; simplemente reconocemos nuestras limitaciones y, humildemente, los aceptamos como justos.
La muerte como estado provisorio
Lo transitorio de la muerte está expresado también en las preparaciones que la Jevra Kadisha (Sociedad Sagrada) le hace al cuerpo previo al entierro, lavando y vistiéndolo, preparándolo así para reencontrarse con su Creador y eventualmente para el día que vuelva a revivir. Se entierra al muerto en mortajas de lino blanco y cajones de madera simple ya que la muerte no es un estado permanente, también para no distinguir entre los ricos y los pobres. No se lleva nada de este mundo, salvo los méritos generados por las buenas acciones.
Seudat Havraá
En realidad, cualquier tipo de “digestión” de la pérdida puede ocurrir recién después de un tiempo. La reacción inicial natural es una de Shock total, sin capacidad de respuesta.
Dicha condición es reflejada en la primera comida que los dolientes deben comer luego de volver del entierro, conocida como Seudat Havraá, o comida de curación: Huevo duro o lentejas con pan. Tal como el huevo duro y la lenteja no tiene “boca”, así el doliente no tiene lo que decir ante su pérdida. La etapa inicial de tres días es de silencio y lágrimas. No se inicia conversaciones con el doliente. No se le invade su espacio.
¿Por que se recita el Kadish?
El Kadish es una de las plegarias más famosas pronunciadas durante el servicio. Sólo se recita cuando hay un minian (quórum de diez). Hay una versión especial del Kadish que es recitada específicamente por los dolientes, llamado Kadish de Duelo. Es interesante notar que muchos judíos han retornado a la observancia del judaísmo y participar de la sinagoga a través del cumplimiento de la obligación de decir Kadish por un ser querido fallecido.
El Shulján Aruj (Código Legal Judío) explica que por uno de los padres el Kadish se recita durante 11 meses, mientras que por una esposa, hermano o hijo, se recita durante 30 días.
El texto del Kadish está en arameo, el idioma del pueblo judío en la época en que fue compuesto (la época talmúdica).
Encontramos que decir el Kadish por un pariente cercano es un gran mérito para el alma que ha fallecido. ¿Por qué es así? ¿Pueden nuestras acciones en este mundo físico afectar a aquellos que han pasado al mundo espiritual? La respuesta es un rotundo si, y se puede entender mejor examinando al Kadish mismo.
Muchos están intrigados de que esta plegaria, la plegaria preeminente que se dice por todos aquellos fallecidos, no hace ninguna mención de la muerte, pérdida o duelo. Ni se hace mención de la persona que murió. El Kadish habla de la grandeza de Di-s. En efecto, el Kadish es una afirmación de la creencia en el Todopoderoso y Su ilimitado poder. Si uno resume el tema del Kadish, es que Di-s es grande y todo viene de Di-s, así que todo lo que ocurre es finalmente para bien.
Esta es una declaración profunda para uno que está en medio del sufrimiento. Es precisamente esta clase de declaración la que beneficia al alma del fallecido, y prueba que aquellos que quedaron pueden mantener una importante conexión con aquellos que han muerto.
Nuestra tradición nos enseña que tras la muerte el alma asciende y es juzgada de acuerdo a sus actos cuando estaba viva en el reino físico. Todo lo que el alma llevó a cabo, tanto lo positivo como lo negativo, es cuidadosamente considerado. Uno de los más grandes legados que uno puede dejar detrás es una familia que ha sido inspirada para servir a Di-s, aun en épocas de angustia.
Cuando en medio del juicio las santificadas palabras del Kadish ascienden, pronunciadas por aquellos que sufren más intensamente, esto sirve como un gran mérito para el alma. Obviamente una persona que ha inspirado a aquellos que la rodean a un tan asombroso nivel de fe y compromiso ha llevado a cabo muchos actos buenos y está preparado para la luz manifiesta del Creador experimentada en el Cielo.
Es por el mismo motivo que muchos asumen hacer mitzvot en honor y memoria de aquellos que han fallecido. Están buscando probar que el muerto es un alma verdaderamente digna que merece un lijtig Gan Eden, un “Paraíso luminoso”.
Esto trae como resultado el sentimiento intuitivo de muchos de que el recitado del Kadish es correcto. Se puede afirmar que el recitado del Kadish es la señal fundamental de amor y respeto que uno puede dar a aquellos que han fallecido.
Shivá
La siguiente etapa es el duelo que termina a los siete días, contando a partir del entierro. La neblina se levanta un poquito. Durante la semana de duelo, denominada “Shivá”, los dolientes no salen de la casa, se sientan en el piso o en sillas bajas. El golpe es duro. Los amigos vienen a la casa para los rezos y así hacen posible la recitación del Kadish. Es un favor para el alma del fallecido que se realicen los rezos en su casa, si es posible. Es recomendable asumir, en la semana de Shivá, la fundación de algún proyecto de beneficencia en mérito del fallecido.
Al terminar la semana de Shivá, los dolientes vuelven a la rutina de la vida. Hay ciertas costumbres que se aplican hasta completarse el mes, conocido como el Shloishim, y otras que siguen hasta completarse once meses y otras que siguen hasta completarse un año.
El Kadish
El Kadish es una plegaria que no se menciona nada de la muerte; simplemente reafirma que se agrande y que se consagre Su gran nombre, pidiéndole a Di-s el bienestar para toda la humanidad.
Es la humilde aceptación y reconocimiento de la soberanía de Di-s. Se recita durante 11 meses después del entierro y luego cada año en el aniversario del fallecimiento.
Matzeivá
Se acostumbra colocar una lápida para marcar el lugar de sepultura.
Tiene una doble función:
1) honrar el lugar de descanso del fallecido.
2) inspirar a quien pasa por ahí y se acuerda de la vida vivida.
Las letras talladas en la misma deben contener el nombre hebreo del fallecido y el de su padre. Hay quienes agregan versículos de la Torá o textos que expresan lo resaltable de la vida de quien yace allí.
Visitas al Cementerio
Aunque se va desprendiendo cada vez más, el alma sigue siempre ligada a su cuerpo. Se acostumbra visitar al cementerio en ocasiones especiales para pedir a las almas de quienes yacen ahí para que intervengan ante el Trono celestial a favor de uno, su familia, comunidad o pueblo. Se acostumbra también a invitar a los ancestros a los casamientos de sus descendientes.
Hay quienes tienen la costumbre de dejar una piedrita en la tumba como un acto de presencia y señal de respeto. No es una costumbre judía dejar flores ni en el entierro ni en visitas posteriores.
Concluyó con el deseo de que merezcamos pronto la llegada del Mashiaj y el posterior reencuentro con todos aquellos seres queridos que hoy no están con nosotros físicamente.
¿Por que se hace la Kria, Rasgadura de las vestimentas en el funeral?
La expresión de dolor más significativa del judaísmo es la rasgadura de las vestimentas antes del funeral.
La Biblia menciona varias ocasiones en las cuales se rasgan las vestiduras. Cuando Jacob vio la vestimenta ensangrentada de su hijo Yosef rasgo sus vestiduras, igualmente hizo David cuando se enteró de la muerte de Saúl.
La rasgadura es una oportunidad de alivio psicológico. Le permite al deudo expresar su enojo y su frustración a través de un acto controlado y religiosamente estipulado de destrucción. Maimónides, interpreta que la rasgadura cumple una necesidad emocional de ese momento, pues de otras formas estaría prohibido destruir una vestimenta ya que seria considerado un derroche innecesario. Por esta razón se indica que los deudos por los padres rasguen las vestiduras con sus propias manos.
Antiguamente los paganos se laceraban el cuerpo simbolizando que la perdida de un ser querido es como la perdida del propio cuerpo, esta costumbre esta prohibida en la Ley Judía (Deuteronomio 14:1-2), la Kria es un substituto.
La Halajá dispone que tiene que quedar expuesto “el corazón” (o sea que la rasgadura debe ser echa sobre el corazón) es también un simbolismo que el corazón esta partido.
Otra explicación no tan conocida expresada en el Talmud de Jerusalén. “Exponer el corazón” también es una forma de demostrar el dolor de no poder cumplir con el mandamiento de honrar al padre y a la madre. Sufrimos profundamente por no poder transmitir amor a nuestros seres queridos. Podemos seguir respetando a nuestros padres incluso después de la muerte, pero el lazo de amor entre padre e hijo finaliza por lo que nuestro corazón es expuesto, expresando nuestro dolor para que todos lo puedan ver.
Extraído de “La costumbre judía para el fallecimiento y el duelo” de Maurice Lamm



