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El duelo

¿Quién dice el Kadish por quién?

Los hijos deben recitar el Kadish por sus padres y sus madres durante los primeros once meses después del fallecimiento de estos y cada año en el aniversario de su muerte (IorTzait), de acuerdo con el calendario judío.

En el caso de que el fallecido no tenga un hijo varón hay dos opciones:

1. Pedirle a otro familiar.

Si no hay un hijo que diga el Kadish, entonces, debería decirlo otro hombre; preferiblemente, un familiar cercano. (Hay quienes sostienen que el yerno tiene la prioridad. No obstante, no deberá ser una persona que tiene ambos padres vivos. Si deseas decir Kadish por alguien, pero gracias a Di-s, tus padres aún están con vida, entonces, deberías pedirles permiso a ellos.

2. Pedirle a otra persona.

En el caso de que no haya un hijo o un familiar que puedan asistir a un minián para decir el Kadish, entonces, hay que pedirle a otra persona que lo diga en lugar de ellos. A esta persona, hay que decirle cuál es el nombre hebreo del difunto y el nombre hebreo del padre del difunto

La historia del Kadish

El Kadish es una de las plegarias más bellas, más profundas, más llena de significado y más espiritualmente conmovedoras de toda la liturgia judía. Es una vigorosa declaración de fe. Se trata de un antiguo poema en prosa, en arameo antiguo, una letanía en la que la música de las palabras, los ritmos fuertes, los sonidos enternecedores y las respuestas alternadas del líder y la congregación ejercen un verdadero poder hipnótico en los que la escuchan.

Se ha señalado en repetidas ocasiones que el Kadish es el eco de Job en el libro de oraciones: “Aunque Él me dé muerte, seguiré confiando en Él”. Es un llamado a Di-s desde lo más profundo de la desgracia, un llamado que exalta su nombre y lo alaba, a pesar de que Él acaba de arrancar de la vida a un ser humano. Al igual que la plegaria de Kol Nidrei del Día del Perdón, el significado del Kadish suele darse por sentado. Es una respuesta dada desde los confines más remotos del alma; una respuesta primitiva y casi hipnótica a la sagrada exigencia de santificar a Di-s Todopoderoso. Su apasionado recitado inspira una alegre y saludable hombría en un momento de profunda pena.

El Kadish figura en el servicio tradicional trece veces. Se lo recita al concluir todas las plegarias principales y al concluir el servicio. También, sirve de recitación intermedia en cada punto de enlace del servicio. Se lo recita después del período de estudio del Talmud, en el cementerio, después de un entierro, en los servicios durante el año de duelo y en cada yarzeit.

Los sabios nos enseñaron que aquel que recita el Kadish con plena convicción y con todas sus fuerzas será merecedor de la anulación de cualquier decreto divino que se haya hecho en su contra. De hecho, los sabios afirman que hasta el mundo mismo se mantiene gracias a su recitación, y que este redime a los muertos de la perdición en forma taxativa.

El Kadish era considerado de mucha importancia en la vida religiosa de una persona judía, por eso, se lo recitaba en arameo, que era el idioma en que hablaba el pueblo judío en la Antigüedad, para que todos pudieran entender lo que se decía. Y a modo de testimonio de su continuo poder, se lo sigue recitando en ese mismo idioma hasta el día de hoy. Otra razón que se da para el uso del arameo es que el Kadish funcionaba como un método educativo que enseñaba que la vida diaria y secular debía infundirse e impregnarse de santidad, entonces, esta oración sería el epítome de la santidad. Casi en forma inevitable, ocurrió que cobró una popularidad excesiva, tanta que los sabios se vieron en la obligación de advertirle al pueblo que no confiara en él como si se tratara de un poder mágico; ya que por atribuírsele estos poderes, aumentaba la cantidad de veces que se lo recitaba, y esto podía producir consecuencias indeseables. Es decir, la plegaria por los muertos podría convertirse así en el momento central de los servicios de oración.

 

La función del Kadish

El Kadish del Doliente cumple dos funciones prácticas: 1) armoniza con el espíritu interno del doliente curando en forma imperceptible sus heridas psicológicas y 2) le enseña al doliente lecciones vitales y profundas acerca de la vida y la muerte y sobre la conquista del mal. Por lo tanto, no es un hecho azaroso que el Kadish se haya vuelto tan importante para las personas asoladas por el dolor y que, con el transcurso del tiempo, se haya transformado en el distintivo del dolor por la pérdida de un ser querido.

El Kadish como Forma de Consuelo

Ya en la Antigüedad, el Kadish estaba asociado con el consuelo de los dolientes (nejamá). En la fuente más antigua que trata el tema del Kadish del Doliente, vemos que el líder del servicio se dirigía a la parte trasera de la sinagoga, donde se congregaban los deudos, y en forma pública los reconfortaba con la bendición del doliente y el Kadish. Cabe destacar que la recitación del Kadish coincide con la cantidad de tiempo durante la cual la tradición manda a los judíos a que consuelen a los dolientes por la muerte de sus padres, vale decir, doce meses. (Con posterioridad, la tradición redujo este período a once meses).

Con un espíritu de consuelo y renuncia, esta bellísima letanía se inicia con la admisión de que el mundo que solo Él –el Omnisciente Creador del Universo– conoce sigue siendo un misterio y una absoluta paradoja para el ser humano. Y culmina con un fuerte anhelo, expresado en las palabras que utilizaron los amigos de Job cuando trataron de consolarlo, osé shalom bimromav, que Él, quien es lo suficientemente poderoso como para hacer las paces entre los distintos cuerpos celestes, también, traiga la paz a toda la humanidad.

Al fin, oramos para lograr, en las palabras del Kadish, el consuelo de todo el pueblo judío no solo por sus muertos, sino también por la destrucción de su antiguo Templo y por su santa ciudad, Jerusalem. De hecho, muchos rabinos sostienen que el Kadish tiene su origen en la plegaria compuesta específicamente por los hombres de la Gran Asamblea para consolar a la población tras la destrucción del primer Templo y su posterior exilio. De hecho, fue en respuesta a esta tragedia histórica que Ezequiel clamó por primera vez el mensaje a partir del que la tradición tomó las palabras iniciales del Kadish: “He exaltado y santificado mi nombre y lo he dado a conocer a los ojos de todas las naciones y ellas sabrán que Yo soy el Eterno”. El Amo de todo le traerá salvación a su pueblo.

Además de los conceptos que encontramos en el Kadish, las palabras mismas ofrecen un cierto consuelo implícito. Dada la acentuación y la repetición de los pensamientos positivos de “vida” y “paz”, estos valores quedan impresos en las personas apabulladas y en las personas que tienen el corazón triste. El Kadish transfiere en forma subliminal la mirada fija e interna del doliente del ser que ha fallecido a los seres con vida, de la crisis a la paz, de la desesperación a la esperanza, del aislamiento a la comunidad.

En ese momento tan crucial en el que la fe se sacude más que nunca y en el que,es muy probable que se sienta rebeldía contra Di-s por la muerte de un ser querido, el individuo se levanta para recitar las alabanzas del Creador: Isgadal ve-iskadash…, magnificado y santificado sea Él que creó el Universo… Todas las leyes de la naturaleza operan de acuerdo con su voluntad. Precisamente, en el momento en el que el hombre pone el foco en el Reino del Cielo, en el mundo de los muertos, en el destino de su ser querido, el Kadish, en forma silenciosa casi imperceptible, transfiere su mirada hacia el reino de Di-s en la tierra, entre los seres vivos –ve-iamlij maljusei be-jaiejon u-ve-iomejon. “Que Él establezca Su reino durante tu vida y en tus días”. 

Cuando la visión del hombre se vuelve borrosa con las imágenes de un cuerpo inerte, el Kadish llena la mente del doliente con “vida” y “días” y “este mundo” a través de la constante e hipnótica repetición, a la mañana y a la noche, de las palabras jaim y iamim y olam. 

Otra de las principales técnicas de consuelo del Kadish es la insistencia, dado que se trata de una plegaria de santidad, de que sea recitado solo en presencia de un quórum público (diez hombres) y jamás en privado. Su recitación, que suele llevarse a cabo junto a otros tantos dolientes, crea un ambiente de camaradería en un momento de profunda soledad y desamparo. Y enseña en forma implícita que las demás personas sufren o han sufrido un dolor similar; que la muerte es el fin natural de toda la vida  y que el ritmo del hombre ha sido básicamente el mismo desde los días en que Adán se negó a comer del Árbol de la Vida.

El Kadish es una plegaria de consuelo, grandiosa en su concepción espiritual, dramática en su ritmo y en la música de las palabras, y profunda.

La Halajá dispone que tiene que quedar expuesto “el corazón” (o sea que la rasgadura debe ser echa sobre el corazón) es también un simbolismo que el corazón esta partido.

Otra explicación no tan conocida expresada en el Talmud de Jerusalem. “Exponer el corazón” también es una forma de demostrar el dolor de no poder cumplir con el mandamiento de honrar al padre y a la madre. Sufrimos profundamente por no poder transmitir amor a nuestros seres queridos. Podemos seguir respetando a nuestros padres incluso después de la muerte, pero el lazo de amor entre padre e hijo finaliza por lo que nuestro corazón es expuesto, expresando nuestro dolor para que todos lo puedan ver.

El Kadish es el abrazo de una generación con otra, el lazo que conecta dos vidas.
¿Qué mejor consuelo hay para el doliente que saber que las ideas y las esperanzas y los temas de interés y los compromisos del difunto continúan en la vida de su propia familia?

El hecho de que el hijo recite el Kadish representa la continuación de esa vida y arrebata el valor más profundo del individuo de las tenebrosas mandíbulas de la muerte.

Kadish de Duelo se dice solamente cuando se ha formado un minián.

El niño y su héroe

“¿En las vestimentas de quién se viste mi hijo?”…

“¿Quién se está convirtiendo en el héroe tras cuyas pisadas es muy probable que mi hijo transite?”…

La crianza del niño asume dos responsabilidades primarias: proteger a nuestros niños de lo que es malo y darles lo que es bueno. En estas épocas de turbulencia la responsabilidad puede parecer gigantesca a causa de los numerosos obstáculos. En tanto la ciencia médica mejora drásticamente la salud de nuestros niños, la excesiva decadencia moral de la sociedad de hoy amenaza su salud emocional y mental. A fin de bosquejar algunos conceptos de una sólida educación judía, podemos comenzar con una mirada a las necesidades psicológicas del pequeño niño y el modo en que éstas se logran.  El estudio de la psicología infantil es el estudio de un fenómeno ya existente en cada niño. 

Pero éste es subestimado por muchos educadores pues es por demás intangible y difícil de medir. Sin embargo, puede iluminar el cómo y el por qué de la conducta y actitudes del niño — cómo estudia, cómo practica las mitzvot y cómo hace frente a los problemas de la vida cotidiaa.

Dentro de cada niño hay una “habitación secreta”. Allí, él guarda una personalidad especialmente animada — su héroe y modelo en la vida. El juega con su héroe, se viste como su héroe, y se comporta como su héroe. A veces, un nuevo héroe ocupa el lugar de otro anterior, o ambos se sientan uno junto al otro. Es nuestra obligación asegurar que estas “habitaciones secretas” sean llenadas con héroes e ideales judíos.

Los niños se ven fascinados por “figuras heroicas”. Estas actividades y logros de sus héroes los marcan como tan sobresalientes y los hacen aparecer cuasi mágicos, más aún que simples seres humanos. Ellos parecen avanzar hacia sus metas propuestas con saltos; el peso de su personalidad y el de su carácter son en sí suficientes para ocasionar que los obstáculos se disipen. El héroe es cultivado por el niño hasta convertirse en un poderoso gigante que puede desafiar y superar toda restricción. Ser capaz de tales proezas no exige gran brinco de fe para el joven niño, pues él considera la frontera entre lo real y la fantasía como artificial y de fácil remoción.

A veces él vive con su héroe, imitándolo en cada detalle. Juega con entusiasmo igual que su héroe, especialmente en Purím.

Su carácter infantil lo hace convertirse en el mismísimo personaje a quien está imitando. Si observamos a los niños durante sus juegos, vemos con cuánta facilidad pretenden ser ‘alguien’.

Esta actuación externa de ellos tiene una poderosa influencia sobre su conducta. Cuanto más frecuente un niño se comporta durante el juego con cierta modalidad de conducta, es más probable que él habrá de actuar de la misma manera incluso cuando no está jugando. El hábito se convierte en una segunda naturaleza.

Es debido a su propia necesidad psicológica que el niño busca una figura—héroe. En un mundo orientado hacia el adulto, los niños se sienten insignificantes muchas veces. En algunas familias, pueden sentirse aislados o “puestos bajo la sombra” por hijos mayores o más dominantes. Algunas veces se sienten ignorados a causa de la atención que recibe un niño menor que él. En tanto la familia crece, un hijo no puede quedar siempre ante el blanco de enfoque, recibiendo la atención indivisible del padre y la madre simultáneamente. Tarde o temprano, sus hermanos mayores o menores lo empujan a una posición posterior. El niño se siente negado: ¿qué he hecho para merecer semejante trato?

Hay otras frustraciones que el niño experimenta en su crecimiento. Cuando pequeño, su madre lo hace todo por él, calmando todas sus necesidades. Mientras crece, sin embargo, y se van desarrollando sus habilidades, su madre demanda apropiadamente que él asuma cada vez mayores responsabilidades por sus necesidades y bienestar. Pero el niño no entiende, necesariamente, todavía, por qué su madre está haciendo menos por él. Él puede comenzar a preocuparse por esta pérdida de ayuda maternal y su aparente falta de atención. Por supuesto está contento y orgulloso de sus nuevas habilidades adquiridas. Pero é1 no las asocia con la simultánea pérdida de la atención materna. Y naturalmente, siente la falta de atención como la falta de afecto.

Es cierto, ahora es capaz de hacer mucho más que antes. Pero él todavía está concientizado de sus propias inhabilidades. Alrededor de él, todos son gente mayor que él, que hacen más que él y mejor que él. Su tamaño convierte en imposible incluso tareas simples como la de encender la luz, abrir la puerta, o cruzar solo la vía pública.

Estas limitaciones son aceptadas, forzadamente, por los niños. No tienen otra opción. Pero no están contentos con ellas. Vemos como un niño muestra a cualquier adulto interesado incluso sus logros más triviales: ponerse solo los zapatos, o colgarse, sin asistencia, de la rama de un árbol. Para el niño, éstos son éxitos importantes: “¡Mira lo que yo puedo hacer!”.

¡Cuán derrotado se siente el niño ante las más simples actividades cotidianas que él aún no puede realizar!

A fin de ablandar el impacto psicológico de estas dificultades naturales del crecimiento, para compensarlo e infundirlo de optimismo y ánimo, el niño da rienda suelta a su imaginación. Él redibuja al mundo del modo en que él quiere que sea. Y es su héroe el que mejor ejemplifica qué es lo que le gustaría ser a él mismo.

Mediante su héroe, él abandona sus propias vestimentas y se introduce en las de su propio hombre poderoso favorito, quien es capaz de lograr todas aquellas maravillosas cosas que él no puede lograr aún. Puede ser que aún ignore cómo atar sus propios zapatos o en qué día de la semana se encuentra, pero su héroe puede saltar encima de edificios altos, vencer inmensos ejércitos, o mostrar a cualquiera quién es el que manda.

Educación

La figura del héroe ayuda al niño a llenar una necesidad psicológica, asistiéndole a mitigar sus propios dolores de crecimiento. A través de su héroe se siente estimulado a alcanzar más allá de sus sentimientos de ineptitud.

Empero, el niño es aún inmaduro. Aún no puede distinguir qué héroes son recomendables como modelos funcionales y cuáles no. En nuestra compleja sociedad, donde un vasto número de individuos de variadas culturas, preparaciones y filosofías de vida conviven en largos conglomerados, existe un verdadero peligro de que el niño se vea atraído a imitar a individuos de cuestionable o bajo carácter, a quien él podría buscar emular.

Los padres cargan la responsabilidad de hacer el máximo esfuerzo para proteger a sus hijos de los excesos de la sociedad moderna, los que son evidentes incluso para aquellos que prefieren no mirar. El crimen violento, las drogas, y otros tipos de escapismo, todos vientos fatales que transportan la semilla de la autodestrucción, se han tomado más y más prevalecientes.

Un niño que vive en nuestra “sociedad libre y abierta” está constantemente bombardeado con ideas y oportunidades destructivas y degradantes.
Los niños deben verse protegidos de toda esta calamidad. Así como ninguna madre que se autoestime permite a su hijo cl libre dominio de la selección de qué alimentos comer (de otro modo se alimentaría solo de caramelos…), del mismo modo debe ser al seleccionar alimento. para la nutrición psicológica y espiritual.

Debemos asegurar que la escala de valores y su stimuli, la información que penetra a través de sus ojos y a través de sus oídos sea lo suficientemente nutritiva en el sentido espiritual, a fin de asegurar su bienestar mental y emocional. Pues son estas percepciones las que se convierten en cimientos de los pensamientos y emociones del niño respecto de sí y del mundo exterior.

Los filósofos de antaño solían comparar la mente del niño a una pizarra limpia. Todo lo que el niño oye o ve se registra en su mente y conforma la suma total de su conocimiento. Su conducta corresponderá naturalmente a su conocimiento puesto que ello es la imagen global, para él del mundo. Lo que él ve es, probablemente, lo que hará

Brit Milá: ¿porque esperar ocho dias?

¿Por qué el brit milá se realiza al octavo día?

En un nivel fundamental, circuncidamos a un bebé judío a los ocho días porque eso es lo que Di-s nos instruye a hacer:

“Y al octavo día, se circuncidará la carne de su prepucio”.

Aunque el versículo no explica por qué se nos ordena realizar la circuncisión específicamente al octavo día, los sabios ofrecen diversas interpretaciones llenas de sentido espiritual.

El poder de la Reina del Shabat

Realizar la circuncisión al octavo día garantiza que el bebé haya experimentado al menos un Shabat antes de entrar en el pacto.

El Midrash lo compara con un rey que decretó que cualquiera que deseara visitarlo debía primero presentar sus respetos a la reina.
Los sabios y místicos suelen llamar al Shabat “la Reina del Shabat”.
Así, antes de entrar en el pacto con Di-s, el bebé debe “saludar a la Reina” viviendo la santidad de su primer Shabat.

Esta es también la razón por la que cualquier ofrenda que se presentaba en el Templo debía tener al menos ocho días de antigüedad.

Un tiempo de sanación y equilibrio espiritual

Garantizar que el bebé viva su primer Shabat trae sanación al alma, que acaba de ingresar a este mundo físico y material.
El contacto con la energía del Shabat lo fortalece y lo prepara espiritualmente para unirse al pacto de Di-s con el pueblo judío.

El significado de los ocho días del brit milá

El brit milá (circuncisión) es una señal del pacto eterno entre el pueblo judío y Di-s, nuestro Creador. Pero ¿por qué este acto sagrado se realiza específicamente al octavo día de vida del bebé?

A lo largo de los siglos, los sabios han ofrecido diversas explicaciones que combinan lo físico, lo espiritual y lo simbólico.

Expiación

Así como la sangre de una ofrenda trae expiación, también lo hace la circuncisión.
Del mismo modo que un animal ofrecido debía tener al menos ocho días de nacido, el bebé también debe haber vivido ocho días antes de ser circuncidado.

De esta manera, el brit milá refleja la idea de purificación, renovación y conexión con lo divino.

Salud del bebé

Maimónides enseña que se espera ocho días para que el niño se fortalezca físicamente y pueda atravesar el procedimiento sin riesgo.
El tiempo permite que el cuerpo se adapte a la vida fuera del útero y alcance un equilibrio natural antes del brit.


Alegría compartida

El Talmud explica que, después del nacimiento de un varón, la madre atraviesa un período de siete días de impureza ritual, durante el cual la pareja no puede tener intimidad física.

Esperar hasta el octavo día asegura que, en el momento del brit, los padres puedan compartir juntos la alegría de este pacto sagrado, sin estar sumidos en la tristeza o el aislamiento.


El duelo del alma por el aprendizaje perdido

El Talmud también enseña que mientras el bebé está en el vientre materno, un ángel le enseña toda la Torá.
Al nacer, el ángel lo toca en el labio y le hace olvidar todo lo aprendido.

Por eso, algunos sabios explican que los primeros siete días de vida son un tiempo de duelo espiritual por ese conocimiento perdido.
El brit milá se realiza recién después, cuando el alma ya se ha adaptado a su nueva existencia en el mundo físico.


Natural y sobrenatural

El brit milá representa el vínculo suprarracional entre el pueblo judío y Di-s.
No es una práctica basada en la lógica humana ni en la elección personal, sino un acto de fe y conexión trascendente.

Por eso, no se espera a que el niño crezca y decida por sí mismo: la relación con Di-s comienza más allá del intelecto, desde el inicio de la vida.


El simbolismo del número ocho

Los místicos explican que el número siete representa el mundo natural, el orden de la creación:
Di-s creó el mundo en siete días, y muchos aspectos de la Torá reflejan ese patrón —las siete semanas del Ómer, los siete años del ciclo de Shemitá, las siete Shemitot del Yovel (jubileo)—.

El ocho, en cambio, simboliza lo infinito, lo que trasciende el orden natural.
Por eso, el bebé es circuncidado al octavo día: porque entra en una fe que está más allá de la razón, en una historia de milagros, eternidad y propósito divino.


Más allá de toda razón

En definitiva, no conocemos la verdadera razón por la cual el brit milá debe realizarse al octavo día.
Y justamente en ese misterio reside su profundidad: al igual que el propio pacto, el octavo día es suprarracional.
Nos recuerda que nuestra conexión con Di-s supera los límites del entendimiento y nos une con lo eterno.

 

Por Yehuda Shurpin

Fuente

Acerca del Brit Milá

¿Qué hacer con el brit milá?  ¿Mohel o cirujano?

Por Aron Moss

Nuestro bebé nació ayer y estamos decidiendo si realizar el brit tradicional con un mohel o que lo haga un cirujano en el hospital. Mi pregunta es: ¿nos aceptarían a mí y a mi hijo en su comunidad si no lo realiza un mohel?

Respuesta

¡Mazel Tov por ser padre!
Espero que tu esposa esté bien y les deseo a ambos mucha felicidad.

Déjenme decirles sin rodeos que ustedes y sus hijos siempre serán bienvenidos, sin importar lo que elijan. No impongo ningún impedimento para que alguien forme parte de nuestra comunidad.

Como padre, hay muchas decisiones importantes que afectan el futuro de un hijo. Esta es una de ellas.

Circuncisión quirúrgica vs. bris tradicional

Una circuncisión quirúrgica no es un bris.
Además de la ausencia de bendiciones y oraciones, el corte puede ser diferente. Esto significa que, algún día, cuando tu hijo se dé cuenta de que no tuvo un bris, podría necesitar un procedimiento desagradable para corregirlo.

Como mínimo, necesitará que le extraigan una gota de sangre y se recite una bendición. No es gran cosa cuando se es un bebé, pero no es tan sencillo de mayor.

El rol del mohel

Un mohel no es un aficionado. Todo lo contrario.
El cirujano promedio podría realizar algunas de estas operaciones de vez en cuando, mientras que un mohel experimentado las realiza casi a diario y ha hecho cientos, o incluso miles, a lo largo de los años.

Muchos mohels también tienen formación médica. Algunos incluso son cirujanos y, si se prefiere, pueden realizar el bris en un centro médico.

Riesgos y significado espiritual

Los riesgos en ambos procedimientos son mínimos, pero podría decirse que la circuncisión quirúrgica es más riesgosa que un bris tradicional, ya que pueden surgir más complicaciones por el uso de anestesia en un bebé.

El brit es una tradición que se remonta a casi 4.000 años.
Nos conecta a nosotros y a nuestros hijos con todas las generaciones pasadas de judíos, quienes ofrecieron un brit a sus hijos en toda clase de circunstancias.

Su hijo entrará en el pacto que comenzó con el primer judío, Abraham, y continúa hasta nuestros días.
El poder espiritual de un brit no se puede comparar con una cirugía esencialmente cosmética.

 

Una decisión para toda la vida

Piénsalo bien. No querrás que dentro de unos años tu hijo te pregunte:

“¿Por qué no me hiciste un brit con mohel? ¡Ahora tengo que hacerlo correctamente!”

Por otro lado, si lo haces bien ahora, nunca te dirá:

¿Por qué no me circuncidaste en el hospital? ¡Ahora tengo que pasar por anestesia local para compensarlo!”

Dale a tu hijo un brit y le darás 4.000 años de identidad judía que lo acompañarán para siempre.
No dejes que lo arregle después. Esta es una de esas cosas que solo se hacen una vez.

Hacer que la tarea funcione

Por Nochum Kaplan

La palabra “tarea” evoca diversas imágenes, desde miedo y ansiedad hasta satisfacción y logro. Muchos recordamos la frustración y las lágrimas al esforzarnos con una tarea que no entendíamos. Los más afortunados recuerdan llegar a casa con frecuencia, disfrutar de galletas y leche, y luego sentarse tranquilamente a hacer la tarea durante una hora. Pero para la mayoría de nosotros, como padres, pensar en la tarea, lamentablemente, no evoca una escena de felicidad familiar. No tiene por qué ser así. Podemos ayudar a nuestros hijos a gestionar las tareas eficazmente, contribuyendo significativamente a su educación.

En los ochenta, cuando las matemáticas nuevas estaban de moda, recibí una llamada de una madre furiosa. Quería saber qué estaba haciendo, como directora, para enseñar a los padres el nuevo enfoque matemático para que pudieran hacer las tareas con sus hijos. Había llamadas de padres que se iniciaban en los estudios de hebreo; hacían las tareas junto con sus hijos para que ellos también pudieran aprender el idioma. Y luego estaban las llamadas de padres preguntando qué deberíamos estar estudiando para los próximos exámenes de rendimiento, o quejándose de que «pasamos horas estudiando y solo sacamos un 80% en el examen». Muchos de estos padres claramente no están haciendo lo mejor para sus hijos; pero ¿cuál es el papel apropiado de un padre con respecto a las tareas de un niño?

Primero, pongámonos todos de acuerdo en un principio básico: ¡la tarea es de los niños!

Recordemos que no somos nosotros quienes estamos en la escuela, sino nuestros hijos. Hay muchas buenas razones educativas para asignar tareas. Enseñar a los padres, o incluso mantenerlos al tanto de lo que aprenden los niños, no es una de ellas. El papel de los padres es facilitar las tareas ; lo que debemos hacer es facilitar que el niño cumpla con su responsabilidad.

Si queremos que nuestros hijos aprendan de forma independiente y disfruten del proceso de aprendizaje, debemos dejarles asumir la responsabilidad de su trabajo. Las tareas pueden ser prácticas guiadas de lo aprendido en clase, estudios independientes o investigaciones previas al aprendizaje en clase, y las múltiples variantes de estos temas. En cualquier caso, nuestro papel como padres es ayudar al niño a aprovechar al máximo su tarea.

A continuación se ofrecen algunas sugerencias:

Proporcione un ambiente tranquilo y apropiado y un lugar apropiado para que su hijo trabaje de forma independiente.

Deja que Sarah se relaje al llegar a casa. Recuerda que ha estado bajo presión todo el día. El horario y el lugar para las tareas deben ser regulares y no variar de un día para otro. Asegúrate de que el lugar y el ambiente sean propicios para el estudio. Esto no significa que el comedor sea un lugar inapropiado. Pero sí significa que debe estar libre de la jalá recién horneada y del correo del día. El bebé debe mantenerse alejado; ahora no es momento para que Sarah esté cuidando niños, ni siquiera entreteniendo a los pequeños. En resumen, la habitación debe estar libre de distracciones. Cualquier música de fondo debe ser propicia para el estudio.

Responda las preguntas de una manera que ayude al niño a pensar la respuesta por sí mismo.

La mayoría de los niños intentarán facilitarse las cosas involucrando a sus padres. Puede ser una pregunta para obtener información o lágrimas que buscan compasión (hace tiempo que saben qué hacer). El papel de los padres es cambiar la situación para que el niño reflexione por sí mismo. “¿Dónde puedes buscar el significado de esa palabra?”. Después de un tiempo, Josh aprenderá que hacer preguntas directas es inútil y se limitará a preguntas como “¿Te parece bien?”.

Anime y elogie al niño con frecuencia por la forma en que hace el trabajo.

El valor de la aprobación y los elogios de los padres es invaluable. Pero los elogios deben ser honestos, merecidos y apropiados. Elogie el comportamiento , no al niño, diciendo cosas como “Tu letra es hermosa” y “Buscar esa palabra en el diccionario fue muy ingenioso”. Evite el genérico “Eres un niño inteligente”. Si quiere que un niño se sienta motivado por los elogios y no que los vea simplemente como un halago, debe sentir que se los ha ganado y que son apropiados para el acto que se elogia; los superlativos no son creíbles.

Si el niño se siente frustrado o no puede realizar su trabajo, dígale que lo deje en blanco.

¿Cómo sabrá el maestro que su hijo tiene dificultades y necesita ayuda si usted hace las tareas en casa? El maestro asigna tareas para complementar lo que el niño ya ha aprendido o para ayudarlo a prepararse para lo que aprenderá. Si su hijo no las comprende, solo se retrasará aún más, a menos que el maestro descubra cuál es la dificultad y la solucione. El maestro solo se molestará si el niño no se ha esforzado, no si necesita más información o práctica guiada. Así que…

Escriba una breve nota al maestro indicando la dificultad que experimentó su hijo.

Con esta información, el maestro sabrá qué parte de la lección ha aprendido el niño y cuál necesita repasar. Al no hacer la tarea y, en cambio, informar al maestro si encuentra alguna dificultad, le permite trabajar para resolver el problema.

Ningún niño debería sentarse a realizar una tarea que supere su capacidad de concentración.

Dependiendo de la edad y la capacidad de atención del niño, no debería estar sentado más allá del tiempo acordado. Aun así, siempre es mejor tomar un descanso corto y regresar que estar sentado por largos periodos. Si Yossi parece no poder completar sus tareas en el tiempo previsto, coméntelo con su maestro. Él podría darle una idea de los hábitos de trabajo del niño, acortar la tarea o darle a Yossi una ventaja en la escuela.


¿Qué habilidades queremos que nuestros hijos aprendan mientras hacen sus tareas?

Queremos que aprendan responsabilidad personal.

Cuando se les guía adecuadamente para que hagan la tarea por sí solos, los niños aprenderán que son responsables de su trabajo escolar; no es su madre ni el maestro quienes tienen que hacerlo. Mindy aprenderá que cuando se supone que debes hacer algo, debes hacerlo; nadie más es responsable de tu trabajo.

Queremos que el niño adquiera confianza en sí mismo.

Cuando Becky completa una tarea y obtiene la aprobación de sus padres y maestros, desarrolla confianza en su capacidad y tendrá menos miedo de abordar el trabajo de forma independiente.

Queremos que el niño desarrolle la independencia personal.

Un niño que aprende a hacer su propio trabajo con el tiempo se convertirá en un estudiante independiente y aprenderá a disfrutar del proceso. ¿Qué más podemos pedir?

Fuente

Enseñar a nuestros hijos a pensar con sensibilidad

 

A Mendel, mi nieto de cuarto grado, le pidieron que anunciara un proyecto de estudio padre-hijo en su clase. Cuando estaba a punto de empezar, su maestra le preguntó: “¿Has pensado en Donny? Su padre falleció el año pasado”.

“¿Debería decir proyecto de estudio para adultos y estudiantes?” preguntó.

“Piensa en lo que te resultará natural”, fue la respuesta.

Mendel anunció “un proyecto de estudio especial en el que se podrá traer a un adulto como compañero”.

“Me gustó su manera sensible de pensar”, me dijo más tarde su maestra.

Me dije a mí mismo que este tipo de pensamiento sensible puede y debe enseñarse.


La idea de que los niños necesitan aprender a pensar, en lugar de aprender materias, no es nueva. Enviamos a nuestros hijos a la escuela a aprender, pero ¿a aprender qué? Por supuesto, esperamos que no solo aprendan muchos conocimientos sobre diversas materias, sino que también desarrollen habilidades en el proceso. Es evidente que la cantidad de conocimientos que uno necesita asimilar para poder desenvolverse eficazmente es abrumadora, y lo es cada vez más.


Cada vez más educadores abogan por que las escuelas enseñen activamente más habilidades de pensamiento que contenido temático. En lugar de aprender información, argumentan, se debería enseñar a los estudiantes a convertirse en “pensadores disciplinados”. Deberíamos capacitar a los niños para que construyan una base de conocimientos generales en un campo específico y ayudarlos a desarrollar las habilidades de pensamiento que les permitan ampliar y profundizar dicha base, afirman.


Cuando leo todo lo que se dice sobre la enseñanza de habilidades de pensamiento, me pregunto: ¿cuáles son los fundamentos éticos y morales de nuestros procesos de pensamiento? ¿Y qué hay del tipo de pensamiento que Mendel necesitaba desarrollar? Parece que no se habla mucho sobre lo que, para mí, es la parte más esencial del proceso educativo: que debemos enseñar a un niño a convertirse en un ” mentch ” (un ser humano decente). No oigo hablar lo suficiente sobre la necesidad de enseñar a los niños a pensar y a ser sensibles a lo que es correcto, apropiado, justo y bueno.


Recientemente leí una serie de artículos sobre “Habilidades de Pensamiento” publicados por una prestigiosa revista y reflexioné sobre el ingrediente esencial que falta en el debate. Al leer varios artículos que invitan a la reflexión escritos por destacados educadores, se me ocurrió que el tema se centra en ayudar a nuestros hijos a pasar de preguntar “qué” a “cómo” y, finalmente, “por qué”. Lo que falta en el debate es la respuesta a un “por lo tanto” existencial. ¿Qué tiene que ver todo esto con el desarrollo del carácter del niño?


Probablemente todos coincidimos en que enviamos a nuestros hijos a la escuela para que adquieran las herramientas que les permitan vivir cómodamente en su mundo. Queremos que aprendan a mantenerse mediante un esfuerzo adecuado. También queremos que aprendan a apreciar las cosas buenas de la vida. O, dicho de forma más sencilla, esperamos que adquieran habilidades que les permitan ganarse la vida y vivir cómodamente. Y queremos que aprendan a tomar decisiones inteligentes que hagan todo esto posible.

Puede que discrepemos sobre la naturaleza de una vida con propósito o sobre qué constituye lo mejor de la vida. Quizás tengamos diferentes puntos de vista sobre el significado de la vida, pero coincidimos en que queremos que nuestros hijos aprendan a vivir una vida recta, ética y moral.


¿En qué parte de su educación los niños aprenderán no solo a ganarse la vida, sino también a vivir? ¿Es responsabilidad de la escuela o del hogar? Se podría suponer que en las escuelas religiosas, este tema es un componente básico del currículo. Sin embargo, creo que esto requiere más que aprender sobre lo que está bien y lo que está mal. Requiere un enfoque educativo disciplinado para promover un pensamiento ético y sensible.

No basta, por ejemplo, que una escuela judía hable de una narración de la Torá y establezca un paralelo con la actualidad, ni bastaría simplemente enseñar el requisito halájico (Ley Judía) sobre un tema en particular sin analizar el razonamiento que lo sustenta. Los niños encontrarán la manera de justificar su propio comportamiento o, peor aún, podrían aprender a eludir la Ley y demostrar su irrelevancia para el asunto en cuestión. Necesitamos ser proactivos al enseñar a nuestros hijos a pensar en términos de comportamiento ético y moral.


Se podría suponer que ayudar a un niño a desarrollar su propia base moral es responsabilidad conjunta de la escuela, el hogar y la sociedad; que la forma en que un niño aprende a actuar se basa en sus experiencias acumuladas. Gran parte de la literatura sobre el desarrollo del comportamiento ético y moral lleva a creer que, sin experiencias de mentoría activas y positivas, un niño puede perder el rumbo por completo. Un niño necesita aprender a pensar en lo que es correcto y lo que no lo es, y a tomar decisiones de comportamiento adecuadas y deseadas, si quiere aprender a vivir una vida recta. Esa es la habilidad de pensamiento más importante que debemos enseñar a nuestros hijos.


El desarrollo del comportamiento moral y ético comienza con la imposición de normas por parte de una figura de autoridad y finalmente conduce al reconocimiento de la necesidad de normas personales de comportamiento basadas en principios universalmente aceptados. Cuando nuestros hijos son pequeños, les establecemos normas de comportamiento aceptables. Les enseñamos a respetar la propiedad ajena, a ser considerados con sus sentimientos y a tratar a todos con justicia. Robert Fulghum escribió un éxito de ventas titulado “Todo lo que realmente necesito saber lo aprendí en el jardín de infancia” y ganó mucho dinero diciéndonos lo obvio.


A medida que nuestros hijos crecen y empiezan a buscar la aprobación de sus compañeros, imponerles un sistema de comportamiento se vuelve inútil. Buscan cada vez más la aceptación de sus amigos y compañeros, y menos de una figura de autoridad. Necesitan adquirir las herramientas para tomar decisiones de comportamiento adecuadas por sí mismos. Debemos ayudar proactivamente a nuestros hijos a desarrollar la sensibilidad y las habilidades necesarias para pensar en términos de ética personal. Si les hemos enseñado a examinar su comportamiento en función de una autoridad moral superior y a pensar por sí mismos, tenemos derecho a esperar que “hagan lo correcto”. Si esperamos que aprendan a pensar en términos éticos indirectamente, podemos esperar decepcionarlos.


El desafío, por supuesto, es poder hacerlo de manera efectiva.

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El divorcio en el judaísmo

Por Yehuda Altein

El divorcio nunca es algo que la gente espere con ilusión. Pero cuando se hace necesario, la Torá ofrece directrices claras sobre cómo debe llevarse a cabo. Continúe leyendo para conocer 10 datos sobre el divorcio en el judaísmo.

1. Es una mitzvá
Sorprendentemente, el divorcio es una de las 613 mitzvot registradas en la parashá Ki Teitze.  Pero a diferencia de mitzvot como el Shabat, el tefilín y la kosher  que buscamos cumplir, no existe un imperativo para divorciarse en circunstancias normales. En cambio, si una pareja debe divorciarse, debe hacerlo mediante un proceso específico, tal como se describe en la ley judía.

2. Se hace con un Get
La ley judía exige que el divorcio se lleve a cabo mediante un documento especial llamado get, palabra aramea que significa “documento “. Curiosamente, algunos señalan que las dos letras hebreas que componen la palabra get —guimel y tet— nunca aparecen juntas en la Torá . Esto sugiere la separación que el get supone entre marido y mujer.

3. El consentimiento debe ser mutuo

Según la Torá, es el esposo quien se divorcia de su esposa al otorgarle un guet , no al revés. Originalmente, no se requería su consentimiento para el divorcio. Esto cambió hace aproximadamente 1000 años, cuando el reconocido erudito de la Torá y líder de la emergente comunidad asquenazí , Rabbeinu Gershom (conocido como “la Luz de la Diáspora”), instituyó que un hombre no podía divorciarse de su esposa sin su consentimiento.

4. Es necesario para el futuro matrimonio
Según la ley judía, ni el esposo ni la esposa pueden volver a casarse hasta que se les otorgue un guet .  Esto aplica incluso si ya se han divorciado por lo civil. Volver a casarse sin guet puede acarrear serias complicaciones, especialmente para los hijos nacidos de la nueva unión, quienes podrían ser considerados mamzerim. 

5. El Guet está escrito en arameo
El arameo fue el principal idioma hablado por los judíos durante gran parte de nuestra historia. Además, es el idioma utilizado en muchos documentos legales judíos, incluyendo el guet (y la ketubá, el contrato matrimonial). Desde la época talmúdica, los rabinos han perfeccionado cuidadosamente su fórmula exacta, asegurando la precisión de cada palabra.

6. Un tribunal rabínico supervisa el proceso
Dar un guet no es sencillo; es un procedimiento complejo con muchas leyes detalladas. Por eso se realiza ante un beit din , un tribunal judío compuesto por rabinos cualificados que garantizan que todo se haga correctamente.

7. Hay todo un tratado al respecto
La ley judía abarca mucho sobre cómo se redacta y se entrega un gue , y sobre el divorcio en general. De hecho, existe un tratado completo del Talmud llamado Gittin dedicado a este tema. Los sabios del Talmud nos recuerdan que el divorcio nunca debe tomarse a la ligera. El tratado termina con una declaración reveladora: «Cuando alguien se divorcia de su primera esposa, hasta el altar derrama lágrimas por él»

8. Las agunot son mujeres “encadenadas”
Lamentablemente, a lo largo de la historia judía, ha habido muchos casos de agunot : mujeres que no pudieron volver a casarse porque sus esposos desaparecieron o se negaron a concederles un guet. Los rabinos siempre han hecho todo lo posible por ayudar a estas mujeres, ya sea encontrando pruebas de la muerte del esposo o presionándolo para que les concediera un guet . Lamentablemente, este problema persiste hoy en día.

 

9. Una persona divorciada no puede casarse con un Kohen

Una vez que una mujer recibe un guet , es libre de casarse con quien desee, excepto con un Kohen (un hombre descendiente de Aarón , el Sumo Sacerdote ). Un Kohen debe seguir ciertas reglas matrimoniales: no puede casarse con una divorciada, una conversa ni con ciertas otras personas.

10. Los profetas usaron el divorcio como metáfora
La relación entre Di-s y el pueblo judío suele compararse con la de un esposo y su esposa. El Talmud relata una conversación entre el profeta Ezequiel y el pueblo judío. Cuando Ezequiel los instó a arrepentirse, señalaron que Jerusalén acababa de ser conquistada, diciendo: «Si un amo ha vendido a su esclavo o un esposo se ha divorciado de su esposa, ¿puede uno de ellos tener quejas contra el otro?». Pero la respuesta de Di-s fue: «¿Dónde está la carta de divorcio con la que despedí a tu madre? ¿Y quién es el acreedor a quien te vendí?».  En otras palabras, Di-s nunca se divorció del pueblo judío; siempre seguiremos siendo sus amados.

 

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‘Guet’: El documento de divorcio judío

Según la ley bíblica, una pareja casada se libera del vínculo matrimonial únicamente mediante la transmisión de una carta de divorcio del esposo a la esposa. 

Este documento, conocido comúnmente por su nombre arameo, guet , no solo sirve como prueba de la disolución del matrimonio en caso de que uno o ambos deseen volver a casarse, sino que también efectúa el divorcio.

Un acuerdo mutuo

Un requisito clave en el proceso de guet es la plena conformidad de ambas partes. 

«Y sucede que ella no le agrada» nos enseña que el documento solo es válido si surge del deseo del esposo de divorciarse de su esposa .

¿Por qué enviamos a nuestros hijos a la escuela?

¿Por qué enviamos a nuestros hijos a la escuela?
¿No tienen derecho a saber?
 

¿Por qué mandamos a nuestros hijos a la escuela? Bueno, todos los padres sabemos la verdad: en cuanto arranca el autobús escolar, cambiamos los trajes de negocios por trajes de baño y nos dirigimos al parque acuático, con cuidado de volver a casa a tiempo para cambiarnos antes de que regresen los niños.

Pero ¿por qué los niños tienen que ir a la escuela? ¿Es solo para memorizar datos y cifras, con la esperanza de darles una oportunidad de triunfar en este mundo despiadado?

Los niños tienen derecho a saber el propósito de las horas que pasan en la escuela. Lamentablemente, a menudo el mensaje que reciben es engañoso.

Quizás reconozcan la escena. Un pedagogo bienintencionado, con chaqueta de tweed remendada hasta los codos (las pipas ya no son “políticamente correctas”), sube al podio y, en su mejor intento por inspirar, anima a los estudiantes a soñar a lo grande, a aspirar a lo más alto, a imaginar dónde quieren estar dentro de diez años y a trazar el camino para llegar allí. Son comunes las metáforas de viajes exóticos y, ocasionalmente, los símiles de espadachines; los gestos dramáticos son opcionales.

Obedientemente, los estudiantes empiezan a visualizar dónde quieren estar. (A decir verdad, la mayoría visualiza cuándo empieza el recreo, pero síganme el juego). Imágenes mentales de casas de vacaciones y coches de lujo, la parafernalia del “éxito”, danzan en sus mentes. Captan el mensaje: si quieres conseguir lo que quieres, abre los libros y ponte manos a la obra.

Aquí radica el problema. El mensaje se resume en esto: determina lo que tu corazón desea y luego aplica tu mente a trazar el camino para lograrlo.

Malas noticias. Esto es un error. La educación debe enseñar a los niños a tomar decisiones morales básicas en la vida. Las tres R fundamentales deberían capacitarlos para ser justos, responsables y reverentes, además de competitivos en el mercado.

Un principio básico del pensamiento jasídico es que la mente puede —y debe— dirigir las propias pasiones, primero para entender lo que es virtuoso y luego para obligar, o (preferiblemente) convencer, al lado emocional a entusiasmarse también con ello.

En su Tania (capítulo 9), el rabino Schneur Zalman de Liadi describe la batalla entre el «alma animal» instintiva y el «alma Divina» trascendente. Cada una reclama su propio hogar: el alma animal se encuentra más cómodamente ubicada en el corazón reactivo, fácilmente persuadida por las modas y la atracción, dispuesta a seguir el siguiente capricho. El alma Divina se asienta en la mente racional, encontrando su propósito a través del proceso racional.

No contentos con “vivir y dejar vivir”, cada uno busca conquistar el cuerpo, y así comienza la batalla. Son tan obstinados que incluso intentan infiltrarse en la base del oponente. El alma animal anhela controlar la astucia de la mente para hacer realidad sus deseos, mientras que el alma divina busca aprovechar la pasión del corazón para un servicio más entusiasta a Dios y el mejoramiento de la humanidad.

Entonces, ¿cómo puede alguien atrapado en el fuego cruzado de estos dos combatientes determinar si su impulso es divino o egoísta? Busque la fuente. Si se origina en el intelecto, es una pista de que es un impulso divino del alma; si el remitente dice “corazón”, probablemente provenga del alma animal.

Debemos enseñar a los escolares a continuar sus estudios para formar un código moral y ético que les permita marcar una verdadera diferencia en el mundo, no solo ser la siguiente “mejor ratonera”. Agudiza tu mente con la esperanza de hacerla más resistente a las artimañas del alma animal.

Cuando la administración recomienda buscar en el corazón “lo que deseas” y luego involucrar la mente para “descubrir cómo conseguirlo”, transmite el mensaje de que el deseo es el rey y la inteligencia su sirviente. Dios creó a los seres humanos con la cabeza por encima del corazón, recordándonos que debemos desarrollar nuestra capacidad emocional bajo la tutela de la mente para ser de mayor servicio a Dios y a la humanidad.

La campana de la escuela sonará por última vez en la carrera de cada estudiante, y la tarea de traducir la educación en vida recaerá sobre ellos. La escuela debe dotar a sus alumnos de las herramientas necesarias para defenderse del bombardeo de la tentación mediante la divinidad que domina la mente sobre el corazón.

¡Ahora sal y haz algo realmente bueno!

Y padres, apresuraos a secaros con las toallas, que los niños llegarán a casa en cualquier momento…

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Léale a tus hijos; es bueno para ti

Léale a tus hijos; es bueno para ti

 

Caminos Educativos | Por Nochum Kaplan

Tenemos una biblioteca infantil en casa. Nuestros hijos ya son mayores y ahora son nuestros nietos quienes la disfrutan. Como era habitual, el pasado Janucá, mientras nuestra familia compartía una noche festiva con canciones tradicionales y comida festiva, una nieta de diez años brillaba por su ausencia. La encontré acurrucada y absorta en un libro. Le dije a su madre que le sugiriera que se uniera a los demás cuando terminara el capítulo. Debo admitir, sin embargo, que disfruté muchísimo viéndola leer, ajena al mundo.

Me encantaría deslumbrar sobre todos los maravillosos beneficios de enseñar a nuestros hijos a leer por placer, pero todo esto ya se ha escrito antes y es mucho mejor de lo que puedo expresar. Se ha dicho que enseñar a un niño a disfrutar de los libros es abrirle una ventana a un mundo de maravillas; al pasado y al futuro imaginado. Es darle a un niño un regalo para toda la vida.

Quiero hablar brevemente sobre las virtudes de leerles en voz alta a nuestros hijos. Todos podemos hacerlo y enriquecernos con el proceso. He aquí por qué. Algunas de las preguntas que me hacen con frecuencia los padres se relacionan con fomentar y facilitar el proceso de aprendizaje, otras con el desarrollo de relaciones saludables. El hilo conductor es universal: el deseo de ser padres eficaces. Los padres jóvenes descubren rápidamente que los niños no vienen con un manual de instrucciones y que ser buenos padres es una tarea difícil. Las autoridades escolares, el psicólogo local, los amigos curiosos, los vecinos y los padres quieren compartir su método infalible para convertirlos en mejores padres. Me gustaría simplemente compartir una idea, y no es nueva.

Creo que los padres necesitan dedicar tiempo a leerles a sus hijos. Es una experiencia maravillosa para ellos; fortalece la relación entre padres e hijos y es una experiencia conmovedora para el padre/lector.

En las primeras etapas, significa sentar al bebé en el regazo y hojear un libro ilustrado. El padre o la madre pueden indicarle al niño o niña que explore la página. En cualquier caso, para el niño es un momento de atención especial y una experiencia individual de calidad con el padre o la madre.

A medida que el niño crece, aprenderá a equiparar el placer de la lectura con el placer de la atención especial que recibe de sus padres. Esta placentera experiencia de “transferencia” la recordará incluso mucho más adelante en su vida.

A medida que un niño crece y aprende a leer, la experiencia también puede ser a la inversa. Que un niño lea en voz alta, con sentimiento y entonación, a sus padres también se convertirá en una experiencia preciada y placentera. También puede ser una maravillosa experiencia familiar. Recuerdo haber entrado en casa de un buen amigo y haber encontrado a su familia leyendo y representando las experiencias grabadas del anterior Rebe de Lubavitch , el rabino Joseph I. Schneerson, mientras estaba en una cárcel de la Rusia comunista. Los ojos de los niños mayores estaban llenos de lágrimas mientras los pequeños, boquiabiertos, lo asimilaban todo. Recuerdo haber quedado profundamente impresionado por la singularidad de aquel momento tan especial.

El primer mensaje que recibe el niño al sentarse en un sillón con una madre o un padre relajados es que importa; es importante. Mamá/Papá está dejando todo lo demás para estar conmigo. El padre, a su vez, apreciará los pocos minutos de placer con un niño atento y receptivo. No solo el niño creará recuerdos, sino también el padre.

Permítame compartir algunos consejos útiles para leerle a un niño más pequeño.

Relájate. El niño debe sentir a un padre relajado e interesado. Debe sentir que todas sus demás preocupaciones se han dejado de lado y que el padre está completamente concentrado en él. Tu lenguaje corporal le dirá más de lo que puedes verbalizar; un abrazo y una sonrisa son fundamentales para transmitirle que cuenta con tu atención plena. Siéntate en un lugar donde no te interrumpan durante los diez minutos que pasarán juntos.

Manténganse concentrados.

Ambos disfrutarán más si se concentran en el libro o la historia. No debe convertirse en un momento de calidad que lo abarque todo; más bien, debe centrarse en la experiencia de la lectura. Dependiendo de la edad del niño, pueden leer o contar la historia a partir de las imágenes. Si ya está leyendo, dejen que el niño siga su lectura; permítanle preguntar o contar qué cree que sucederá después. Anímenlo a involucrarse plenamente en la historia.

Establezcan un horario regular

Háganlo todos los domingos por la tarde o reserven tiempo libre durante la semana laboral. Un buen momento, que funciona para muchos padres, es antes de acostarse (aunque es difícil si tienen hijos). Dejen que el niño aprenda a disfrutar del tiempo especial que pasan juntos. Nunca usen el tiempo de lectura como un obstáculo para el buen comportamiento ni lo nieguen como un castigo. Este tiempo es sagrado.

Para niños mayores:

Relájate.

Es igual de importante que el niño mayor se sienta impresionado con tu atención y se sienta especial. La receptividad y la participación de un niño de, digamos, nueve años, pueden ser mucho más estimulantes para un padre que las de un niño en edad preescolar. Pero el niño necesita sentir que lo tiene todo para poder darte todo lo que es.

Deja que el niño guíe.

Deja que indique si quiere escucharte leer, leerte, comentar lo que ya has leído o, incluso, dramatizar un pasaje. Nada arruinará más rápidamente este momento especial que una frase como: «Si no te interesa escuchar, tengo mejores cosas que hacer».

Un tiempo de lectura en familia también es una buena idea. Mamá, papá, hermanos mayores y menores pueden disfrutar de la lectura en voz alta. Fomenta la dramatización y la creatividad, y asegúrate de que todos tengan la oportunidad. Al principio, un niño introvertido podría mostrarse reticente; no lo presiones demasiado. Cuando se sienta más cómodo, también aportará lo que quiera. Un pasaje estimulante no sólo capturará la magia de la página sino que también capturará la magia de la familia.

 

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El lenguaje del alma

El lenguaje del alma

Comunicarse con los niños es un desafío incluso en las mejores circunstancias. Y cuando intentamos hablar de lo más importante —sus sentimientos y rasgos de carácter—, la tarea parece casi abrumadora. ¿Cómo les hablamos de cosas como el amor y la bondad, la fe y la valentía, la honestidad y la confianza? Aunque estas son las cosas que más queremos comunicarles, son las más difíciles de abordar.

La tarea se vuelve aún más difícil porque estas virtudes y rasgos de carácter no son consistentes. Tienden a ser fluidos y abstractos. No se comportan de la misma manera en todas las situaciones. La bondad desenfrenada, aunque generosa y fluida, no siempre es sabia. La lealtad, aunque una cualidad exquisita, puede desviar a nuestros hijos si se aplica a ciegas.

Pero ¿cómo comprender estas sutilezas con la suficiente claridad como para empezar a hablar de ellas con nuestros hijos? ¿Cómo, por ejemplo, distinguir entre el horror de la violencia y la necesidad de la guerra, la pureza de la honestidad y la crueldad que conlleva decir verdades innecesarias, la asertividad productiva y la agresividad hostil?

Para hacerlo sabiamente se requiere comprender estas cualidades y un lenguaje, un vocabulario para expresar sus sutilezas.

Pero ¿dónde encontrar este lenguaje? ¿Cómo explicar estos matices?

Hay una fuente que se nos revela específicamente en esta época del año. Se trata de un lenguaje contenido en la Cuenta del Ómer , una mitzvá que realizamos durante los cuarenta y nueve días entre Pésaj y Shavuot .

Tras la salida de Egipto de los hijos de Israel , transcurrieron cuarenta y nueve días antes de que recibieran los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí. La tradición enseña que cada uno de estos días fue necesario para que los hijos de Israel se perfeccionaran y fueran merecedores de este don. Cada día, examinaban y corregían una nueva cualidad de sus rasgos y cualidades. Fueron cuarenta y nueve en total.

Estos cuarenta y nueve rasgos se componían de siete atributos básicos. Cada uno de ellos contenía todos los otros siete, formando así cuarenta y nueve.

Los cabalistas nos dicen que el alma del hombre incluye estos siete atributos básicos:

  • Amor/Bondad ( Chesed )
  • Vigor/Disciplina ( Gevura )
  • Belleza/Armonía/Compasión ( Tiferet )
  • Victoria/Resistencia/Determinación ( Netzach )
  • Humildad/Devoción ( Hod )
  • Fundación/Vinculación/Conexión ( Yesod )
  • Majestad/Dignidad ( Maljut )

A medida que cumplimos con la mitzvá de contar los días y las semanas desde Pésaj hasta Shavuot , cada una de las siete semanas está dedicada a un atributo diferente: una semana para la Bondad, otra semana para la Disciplina, otra para la Compasión, etc. En cada uno de los siete días de la semana refinamos otro de los siete aspectos del atributo de la semana. Por ejemplo, en la semana dedicada a la bondad, dedicaremos un día a refinar ese aspecto de la bondad que requiere disciplina y otro día a refinar ese aspecto de la bondad que requiere compasión, y así sucesivamente. Durante la semana en que estamos refinando la belleza, pasamos un día refinando ese aspecto de la belleza que requiere dignidad y otro día en ese aspecto de la belleza que requiere humildad, hasta que hayamos refinado los siete aspectos de la belleza.

En definitiva, todos los rasgos de carácter se derivan de combinaciones de estos siete rasgos básicos. Cada cualidad interactúa continuamente con las demás y, al hacerlo, tiene la capacidad de modificar su expresión y efecto. Para ser completo, un rasgo de carácter debe incorporar los siete; la falta o el exceso de incluso uno de ellos lo vuelve corrupto y, en algunos casos, dañino. La disciplina, por ejemplo, puede fácilmente convertirse en crueldad con solo una ligera exageración.

Sabiendo esto, podemos usar estos atributos para empezar a distinguir y explicar el carácter y el comportamiento de nuestros hijos y el nuestro. Estos atributos, que contabilizamos y perfeccionamos en nuestro viaje de cuarenta y nueve días, pueden servir como base de un nuevo lenguaje: el Lenguaje del Alma.

Este lenguaje nos proporcionará un vocabulario que nos permitirá nombrar e identificar, y luego hablar con nuestros hijos, sobre cualidades que no son tangibles, que no se pueden tocar ni ver, pero que se pueden expresar en acciones.

Si aprendemos a hablar de estas cualidades internas con nuestros hijos de maneras claras, específicas y concretas, tenemos la posibilidad de penetrar en sus corazones y mentes y abrir su propia capacidad de comunicarse con nosotros desde una parte más profunda de ellos mismos.

Usando los siete atributos como guía, podemos hablar con nuestros hijos no solo sobre qué es algo, sino también cómo lo es. No solo podemos definir la bondad, sino también describir cómo se manifiesta en acción. ¿Siempre se manifiesta igual? ¿Puede un mismo acto ser bondadoso en una situación y cruel en otra? ¿Puede un acto parecer cruel y, sin embargo, ser bondadoso? ¿Cómo y por qué?

La expresión de cualquiera de estos siete atributos requiere modificación dependiendo de las circunstancias y da como resultado una variedad de formas en las que una cualidad particular puede expresarse de manera diferente para satisfacer una situación específica.

Si ser servicial es bueno, ¿por qué no lo es ayudar a alguien a robar? Si ser valiente es importante, ¿por qué hacer algo peligroso está mal? Si ser leal es meritorio, ¿por qué no seguir a la corriente incluso cuando creo que hacen algo perjudicial? Si la tolerancia da como resultado un mundo más pacífico, ¿por qué a veces debo oponerme a lo que alguien hace o distinguir entre el bien y el mal?

A medida que explora cada una de estas siete cualidades y comprende cómo se afectan entre sí, comienza a ver que la falta o la adición de cualquiera de ellas cambia dramáticamente el significado o la expresión de las demás.

Aunque la esencia del “amor” es dar, ¿sería un niño amoroso si le diera una caja de fósforos a un amigo de siete años, o si regalara, sin preguntar, un juguete que pertenece a su hermano o hermana, o si dijera una mentira para evitar que un amigo se meta en problemas?

Si dedica tiempo a reflexionar sobre cada una de estas siete cualidades (amabilidad, disciplina, compasión, perseverancia, humildad, conexión y dignidad) y cómo interactúan entre sí, puede usarlas como una lista de verificación para ver cuáles, si alguna, faltan o sobran en una situación dada. Esto le permitirá hablar más fácilmente de ellas con sus hijos.

Tomemos como ejemplo la asertividad. Muchos deseamos fomentar este rasgo en nuestros hijos. Es una cualidad interior necesaria para el éxito y la independencia (ir contra la corriente). Sin embargo, sabemos que la asertividad roza la agresividad y puede convertirse fácilmente en una cualidad mal utilizada o abusada, lo que resulta en rasgos de carácter potencialmente negativos. Pero ¿cómo explicarles esta distinción a nuestros hijos? Intentemos aplicar nuestra lista de siete atributos.

Por ejemplo, ¿cómo se vería la asertividad si careciera del atributo del amor o la disciplina? ¿Cuántas veces has conocido a alguien que dice ser asertivo, pero destila hostilidad? ¿Puede tu hijo ser asertivo y compasivo (comprensivo y considerado con las necesidades de los demás) al mismo tiempo?

Por un lado, ser asertivo puede ayudar a tu hijo a ser independiente y a no seguir a la multitud. Puede evitar que sufra acoso. Pero sin inculcarle humildad y compasión, ¿cómo puedes estar seguro de que no se convertirá en el próximo acosador? Sin humildad, aunque la asertividad de tu hijo pueda traerle éxito, ¿podría también derivar en arrogancia y orgullo?

¿Qué tan efectiva será la asertividad de tu hijo si le falta perseverancia? ¿Por qué algunas personas muy asertivas, apasionadamente dedicadas a su valiosa meta, aún carecen de la capacidad de lograr mucho? ¿Será que, con toda su fuerza y ​​entusiasmo, les falta perseverancia y disciplina?

¿Y con qué frecuencia nos hemos encontrado con personas asertivas, disciplinadas y comprometidas que carecen de apertura a nuevas ideas o de la flexibilidad para responder a situaciones cambiantes? ¿Será que les falta conexión con un mundo vasto y en constante cambio? ¿Acaso no ven que sus acciones afectan a este mundo de maneras más profundas que ellas mismas, y que el mundo al que están conectadas las afecta constantemente a ellas y a sus metas? ¿O, al carecer de esta cualidad, tienden a un enfoque egocéntrico de la vida que puede impulsarlas hacia sus metas individuales a expensas de los demás, sin un impacto positivo en el mundo que las rodea?

Y finalmente, al adquirir asertividad, su hijo debería tener un sentido de dignidad: un sentido de autoestima y de ser digno del respeto de los demás. Cuando lo piensa, ¿no se lograría esto a menos que su hijo fuera capaz de ser asertivo de una manera amorosa, disciplinada y compasiva, ejerciendo resistencia y humildad, y reconociendo las consecuencias de sus acciones tanto para sí mismo como para los demás? ¿No conocemos todos a personas asertivas que carecen de una de estas cualidades y, en consecuencia, no se ganan nuestro respeto? ¿No tiene su hijo un compañero de escuela que parece siempre conseguir lo que quiere, pero que no es querido ni respetado por los demás niños? ¿Podría identificar uno o más de los siete atributos que le faltan a este niño? ¿Puede ver cómo la falta de cualquiera de los siete atributos básicos puede convertir rápidamente una cualidad positiva en una negativa? ¿Puede explicárselo a su hijo?

Después de leer el párrafo anterior, ¿puede usted imaginar una conversación con su hijo en la que intente explicarle la diferencia entre un comportamiento asertivo y agresivo utilizando los siete atributos como vocabulario?

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