
Los estandartes de las doce tribus de Israel organizaban el campamento en el desierto alrededor del Tabernáculo, reflejando identidad, orden y significado espiritual. Según la tradición, cada tribu tenía colores y símbolos propios, vinculados a las piedras del pectoral del Sumo Sacerdote y a su esencia particular. Más allá de su función práctica, estos estandartes expresaban la presencia de Di-S en el centro del pueblo y su conexión con un orden espiritual superior.
Por Mordejai Rubin
Cuando el pueblo judío viajaba por el desierto, acampaba en una formación preestablecida alrededor del Tabernáculo. Las tribus se dividían en cuatro campamentos, cada uno compuesto por tres tribus, ubicados al este, sur, oeste y norte del Tabernáculo. En el centro acampaba la tribu de Leví, que rodeaba directamente el Santuario.
Al describir esta disposición, la Torá especifica que cada tribu debía acampar bajo su degel:
“Los hijos de Israel acamparán, cada uno con su degel, bajo los estandartes de su casa ancestral; acamparán a cierta distancia de la Tienda del Encuentro”.
Sin embargo, no está del todo claro a qué se refiere exactamente el término degel. Si bien suele interpretarse como “estandarte” o “bandera”, existe debate sobre cuántos había y qué representaban. Gran parte de la discusión gira en torno a la expresión be’otot leveit avotam, traducida como “los signos de la casa ancestral”.
Un punto de encuentro
En un nivel básico, Saadia Gaón interpreta degel no como una bandera literal, sino como un lugar designado de reunión. Según esta lectura, el énfasis está en la organización del campamento: cada tribu ocupaba su posición específica alrededor del Tabernáculo.
Estandartes vinculados al pectoral
Rashi explica que cada estandarte tenía el color correspondiente a la piedra de esa tribu en el joshen (pectoral del Sumo Sacerdote) y llevaba un símbolo distintivo relacionado con su identidad. Esto permitía a cada miembro reconocer fácilmente su lugar en el campamento.
Descripción de los estandartes
El Midrash Rabbá ofrece una descripción más detallada de estos estandartes, incluyendo colores y símbolos:
- Reuvén: rojo, con mandrágoras (duda’im).
- Shimón: verde, con la ciudad de Shejem.
- Leví: tres colores (blanco, negro y rojo), con el Urim y Tumim.
- Iehudá: color celeste, con un león.
- Isajar: azul oscuro, con el sol y la luna.
- Zevulún: blanco, con un barco.
- Dan: color zafiro, con una serpiente.
- Gad: mezcla de blanco y negro, con un campamento militar.
- Naftalí: tono vino claro, con una gacela.
- Asher: color similar a una piedra preciosa, con un olivo.
- Iosef: oscuro, representando a Efraím y Menashé; incluía símbolos de Egipto.
- Efraím: un buey.
- Menashé: un re’em (buey salvaje).
- Biniamín: multicolor, con un lobo.
Según la formación de Yaakov
Otra explicación citada por Rashi, basada en el Midrash Tanjuma, entiende be’otot leveit avotam como las señales dadas por Yaakov a sus hijos al transportar su féretro desde Egipto. Según esto, la disposición del campamento replicaba esa formación original, más que depender de banderas específicas.
¿Cuántos estandartes había?
Muchas fuentes sostienen que en realidad había cuatro estandartes principales, uno por cada campamento:
- Este: Iehudá (con Isajar y Zevulún)
- Sur: Reuvén (con Shimón y Gad)
- Oeste: Efraím (con Menashé y Biniamín)
- Norte: Dan (con Asher y Naftalí)
Algunos opinan que cada grupo incluía tres estandartes menores, mientras que otros sostienen que solo la tribu líder portaba el principal.
Correspondencia con el Carro Divino
Najmánides explica que los cuatro estandartes principales correspondían a las cuatro figuras del Carro Divino visto por el profeta Iejezkel:
- Reuvén: figura humana
- Iehudá: león
- Efraím: buey
- Dan: águila
Así, la organización del campamento reflejaba una estructura espiritual superior.
Una proclamación de fe
El Kli Iakar cita un Midrash que enseña que los estandartes se inspiraron en la visión de los ángeles en el Sinaí, organizados en formaciones celestiales. Al imitar ese orden, el pueblo judío proclamaba que la Presencia Divina habitaba en su centro.
Los estandartes no representaban poder militar, sino una identidad espiritual: el reconocimiento de que su fuerza provenía de Di-S.
Una enseñanza para cada generación
El Rebe explica que esta organización no era solo simbólica. Cada judío puede convertirse en un “carro” para lo divino a través de sus acciones.
Al cumplir mitzvot —como dar tzedaká o realizar actos de bondad—, la persona transforma su propio cuerpo en un vehículo de la voluntad divina.
Este es el objetivo: vivir de tal manera que la presencia de Di-S se manifieste a través de nuestras acciones, reflejando en la vida cotidiana el orden espiritual que los estandartes representaban en el desierto.


