Promesas, promesas

Siempre me ha intrigado la manera tradicional en la que los mercaderes de diamantes cierran un trato.

Se dan la mano y dicen: “Mazal uBrajá” (Buena suerte y bendición). Una vez que se hayan dicho esas palabras, el trato está cerrado y tiene el poder de una transacción legal contractual. Es un tributo a la fraternidad del diamante, que en su industria, la palabra es la palabra. En otras industrias, incluso un contrato no vale. Aquí, la palabra hablada es irrevocable.

La Parshá de esta semana, Matot, comienza con un mandato sobre la santidad de nuestras palabras:

“Y Moshé habló a los jefes de las tribus…si un hombre hace una promesa…no puede profanar su palabra; lo que sea que sale de su boca debe cumplir…” 

(Números 30:2).

 

La palabra es la palabra. 

Las promesas son promesas. 

Y las palabras que pronunciamos son sagradas e inviolables.

Si ignoramos lo que decimos, estamos profanando nuestras palabras.

Es por eso que mucha gente se cuida en agregar las palabras “Bli neder” (“sin promesa”), cuando dicen algo que puede constituir una promesa, así de esta manera, se previenen de cumplir con lo que expresaron previamente, y no crean la grave ofensa de violar una promesa. 

Esto, por supuesto, de ninguna manera disminuye el aprecio que tenemos por nuestra palabra, y no precisamos cumplir con promesas si uno ya estipuló que lo que dijo, no constituye una promesa.

La pregunta es: ¿Por qué este mandamiento fue dado a los “jefes de las tribus”? 

Seguro que esto se aplica a cada uno de nosotros. Una respuesta simple es que, siendo que generalmente son los líderes lo que hacen la mayor parte de las promesas, entonces ellos deben ser los más cautelosos. 

Los políticos se caracterizan por ser infames por las promesas que hacen en sus campañas, que una vez electos, raramente cumplen. Dicen bajar los impuestos una vez elegidos. En el momento en el que entran a la oficina, suben los impuestos. Cuando la gente los desafía sobre las promesas no cumplidas, admiten de hecho que han mentido. 

El electorado inocente pensó que ha sido una genuina confesión y deciden que aquél, es el político más honesto que han conocido. Somos gente muy engañada de hecho. Muchos libros han sido publicados sobre el tema de ética en los negocios. A pesar que hay muchas leyes sobre esto, al final del día, la prueba fehaciente de la ética en los negocios es, “¿Has cumplido con tu palabra?”, “¿Has llevado a cabo tus compromisos?”. 

No importa cómo se comportan otras compañías. Importa menos aún, si nuestros competidores son corruptos.

Nosotros debemos honrar nuestras promesas, y éste es el punto clave. 

Ya sea en nuestras relaciones empresariales o en los compromisos de caridad que hacemos en la sinagoga o en otros lugares, nuestra palabra debe ser nuestro lazo. Incluso si nos preocupan los costos financieros inmediatos, podemos estar seguros que con el paso del tiempo, la reputación que vamos a adquirir por haber dicho la verdad y haber cumplido con nuestra palabra, compensará mucho más a cualquier pérdida a corto plazo que pudimos haber tenido.

 

Un amor proveniente de una relación de odio

En esta Parshá, leemos sobre Balak, el rey de Moab, quien está mortalmente asustado de los judíos que se encontraban acampando justo en el límite de su nación. La Nación Judía había logrado sin esfuerzo defenderse y conquistar las tierras adjuntas de los dos grandes reyes Amoritas, Sijón y Og, y Balak temía que su tierra fuera la siguiente. Así que mandó a llamar a Balaam, un brujo y profeta no judío, y lo contrató para maldecir a los inminentes invasores. Su plan fue contraproducente ya que Di-s transformó las maldiciones de Balaam en una cascada de elocuentes bendiciones.

Es interesante no obstante, que los temores de Balak no tuvieran fundamentos, y sus esfuerzos fueron en vano. Ya que él no sabía que Di-s había instruido a los judíos que “No provoquen una guerra con los Moabitas” (ya que Moab era un prometido como heredero para los descendientes de Lot). Ahora, mientras que no se le podía echar la culpa a Balak por no saber sobre este edicto Divino emitido a los judíos, Balaam, un profeta que “escuchó los dichos de DI-s y percibió los pensamientos del Altísimo” sabía sobre la neutralidad que debían mantener los judíos con los Moabitas.¿Por qué no le aconsejó a Balak: “Amigo, tu tranquilidad no debe ser perturbada; los Judíos no suponen ninguna amenaza”?

Es precisamente esta pregunta la que lleva al comentarista bíblico Rashi concluir con que “Balaam detestaba a los judíos más que Balak”. Balak odiaba a los judíos, pero por buenas razones; en su estimación, ellos presentaban una amenaza mortal para él y para sus ciudadanos. Balaam, por el otro lado, como muchos antisemitas en el correr de los siglos, odiaba a los judíos sin motivo alguno. Era un odio esencial que iba más allá de la razón, un odio que era cualitativamente mayor que el del Balak. Y como tal, aprovechó la oportunidad de maldecir a los judíos, aunque sabía muy bien que el temor de Balak era infundado.

Di-s no previno a Balaam de dirigirse a los judíos; ni siquiera reemplazó las maldiciones de Balaam con nuevas bendiciones. En vez de eso, Él “transformó la maldición en bendición”. Como explica el Talmud, las bendiciones de Balaam eran en verdad las mismas maldiciones que él intentaba pronunciar…pero ligeramente re fraseadas para transformarlas en bendiciones.

El transformar un odio lógico (del estilo de Balak) en amor, hará que ese amor también sea lógico; un amor basado y medido de acuerdo a las cualidades y valor del que es amado. Pero transformar un odio completamente infundado e ilógico en amor, traerá como resultado las bendiciones de Balaam: una efusión de amor infinito y esencial. Un amor que trasciende toda lógica y razón, el amor que Di-s alberga por cada uno y uno de Sus hijos.

No es sorprendente entonces, que las bendiciones de Balaam sean un vehículo para la profecía sobre la redención Mesiánica: “La veo, pero no ahora; la observo, pero no pronto. Una estrella (el Mashíaj) ha salido de Iaakov, (…)…e Israel triunfará”Ya que será durante la Era Mesiánica, que el amor esencial e infinito de Di-s por Su pueblo, como fue expresado en las bendiciones de Balaam, finalmente se manifestará”.

Por Naftali Silberberg

¿Por qué la parashá lleva el nombre de alguien malvado?

Querido Rabino, 

Me sorprendí que la lectura de la Tora de esta semana, lleva el nombre del malvado Rey Balak, quién tramó maldecir a los Judíos en el desierto. 

¿No podían encontrar otro nombre más apropiado?

RESPUESTA:

Es una pregunta interesante. De hecho, hay seis porciones de la Tora que llevan el nombre de personajes centrales: Noaj, Sara, Itro, Koraj, Balak y Pinjas, y todos son Justos menos Balak. Leyendo más detalladamente la historia, podemos entender un poco más la razón por la cual esta porción lleva el nombre de alguien malvado, y el mensaje que podemos aprender para nuestro viaje espiritual.

Analizando la trama de Balak

Balak, el rey de Moab, se aterroriza de la llegada de la nación judía, y le dice a Bilam, un profeta, que los maldiga.

Di-s le dice a Bilam que no maldiga a los judíos, y al principio, cumple. Pero, con el tiempo le tomó odio a los judíos e insiste en hacerlo, por lo que Di-s le da la libertad de elegir.

Pero Di-s le hace saber a Bilam que no está de acuerdo con su elección. El envía un ángel para desviar a Bilam, pero sólo su burro puede percibirlo. 

Tres veces el ángel desvía al burro, y tres veces Bilam lo golpea. Finalmente, el burro había tenido demasiado. Sorprendentemente, él abre su boca y se queja a Bilam sobre su comportamiento. Bilam finalmente puede ver el ángel, pero todavía no entiende el mensaje.

Cuando Bilam llega al palacio de Balak, lo llevan a un lugar en donde pudiera ver al pueblo judío para maldecirlos. Pero cuando abre su boca para hacerlo, bendiciones salían de ella. De hecho, sus palabras contienen algunas de las alabanzas más hermosas del pueblo judío en la Torá.

Bilam luego dice la profecía sobre la era Mesiánica.

Luego del intento fallido de Bilam de maldecir a los Judíos, sugiere una estrategia diferente, provocar que los judíos pequen con las mujeres Moabitas, y causar que idolatren el Baal Peor. El plan tiene éxito, y una plaga devastadora aparece entre el pueblo como resultado. Pinjas, el nieto de Aaron, el Sumo Sacerdote, se levanta y pone fin a la plaga.

Seguramente aún te estás preguntando por qué la porción lleva el nombre de Balak. ¿Cuál es su cualidad redentora?

Repasemos unos puntos de la historia:

Bilam se trasforma, por su odio a los judíos, en alguien que no desea obedecer a Di-s.

Un burro habla

Las maldiciones son transformadas en bendiciones

Una porción del pueblo Judío se transforma en pecadores.

Las profecías sobre la era Mesiánica, describen la última transformación del mundo. 

Ésta porción de la Torá, inviste el poder de la transformación. Las bendiciones son tan profundas, ya que se originaron como maldiciones. Su transformación es tan absoluta que describen la última transformación del todo el mundo: La era del Mashiaj. Más aún, Balak mismo encarna ésta transformación.

El Talmud relata que la figura Bíblica Ruth, quién trasformó su propia vida convirtiéndose al judaísmo y mereció ser la bisabuela del Rey David, era descendiente directa de Balak. El Mashiaj vendrá del linaje del Rey David. De esta forma, la persona encargada de la transformación del pueblo judío y el mundo entero, Mashiaj, es un descendiente directo de Balak.

¿Cuál es el mensaje para nosotros? Transformarnos a nosotros y nuestras vidas no es sencillo. Pero muy seguido, las situaciones más difíciles son las que nos conducen a las mayores ganancias. Cuando nos damos cuenta de esto, en vez de someternos a la presión, usémoslo para nuestro crecimiento y desarrollo personal y así tener la experiencia mas sublime de transformación.

Por: Yossi Lew

Parashá en síntesis: Jukat- Balak

Las 613 Mitzvot de la Torá se subdividen en tres categorías, a saber: Edut (Testimonios), preceptos relacionado con eventos históricos de nuestro pueblo o con aspectos de nuestras creencias; en éstas figuran el Shabat como testimonio de la Creación del mundo y de la salida de Egipto, la celebración de fiestas como Sucot, Pesaj, Shavuot, las Mitzvot de Tzitzit y Tefilín, que demuestran la fe en Di-s. Mishpatim (Leyes), preceptos que tienden a preservar el orden civilizado de la sociedad, como “no matar”, “no robar”, “honrar a los padres”. Y jukim (Decretos), aquellas leyes divinas cuya explicación no está al alcance de la inteligencia y comprensión humana.

El origen Divino de estas categorías de Mitzvot es lo que determina la necesidad de su cumplimiento; el judío cumple los preceptos porque son expresiones de la voluntad divina, no porque le parezcan lógicos o razonables. Al hacerlo, se refina y eleva la espiritualidad del mundo, reafirmando su vínculo de trascendencia.

Aún cuando coincidan con las leyes civiles del país, los Mishpatim son de naturaleza distinta: la ley es establecida por el hombre, a diferencia de aquello que emana de las palabras “Yo soy Di-s, el único Di-s… No matarás “.

Los Testimonios (Edut) no hubiesen sido conocidos por el hombre si Di-s no los hubiera revelado, aún cuando sean racionalmente comprensibles. Los Jukim son evidencia de la existencia de Di-s como un Ser Supremo con una lógica que va más allá de lo que la mente humana puede comprender.

Existen diferentes ejemplos de Jukím: Kashrut, Mikve. Pero la Torá establece explícitamente cuatro de ellos como tal: Yibum, la mitzvá que hace el cuñado al casarse con la viuda de su hermano que no haya tenido hijos; Shatnez, la prohibición de usar una prenda de vestir que tenga en su tejido mezcla de lana con lino; Zair LaAzazel, el carnero que se mataba como parte del servicio de Yom Kipur y que se servía para expiar la culpa del pueblo judío; Pará Adumá, la vaca roja mencionada en el presente Parashá.

Se sacrificaba una vaca roja y sus cenizas se mezclaban con agua, para purificar a la persona que hubiera tenido contacto con un muerto. A la vez, quien hacía este proceso se contaminaba. Está Mitzvá (carente de lógica para nosotros) demuestra la total aceptación de la Voluntad Divina como antítesis de la idolatría. La única persona a quien se hizo comprender esta Mitzvá fue Moshé, porque no participó ni activa ni pasivamente en el pecado de idolatría del becerro de oro.

El rey Salomón, considerado el más sabio de los hombres, declaró que a pesar de sus esfuerzos y estudios, la Mitzvá de Pará Adumá estaba fuera del alcance de su comprensión.

Hasta el día de hoy se han quemado nueve Vacas Rojas: la primera por Elazar, hijo de Aharón, bajo la supervisión directa de Moshé; otra, en tiempos de Ezra; la tercera y cuarta bajo la guía de Shimón Hatzadik; dos más en tiempo de Yojanán, El Gran Sacerdote. Desde la destrucción del Segundo Templo fueron sacrificadas tres vacas más. La décima y última será preparada por Mashiaj.

Después de Matán Torá, Di-s elevó los judíos por encima del poder del “Ángel de la Muerte”. Al no estar sujetos a la muerte – como antes del pecado de Adam-, la impureza desapareció. Di-s designó a la vaca – madre del becerro – para purificar la impureza causada por su cría.

El “Ángel de la Muerte” no pudo ejercer su poder sobre seis justos (Tzadikim), quienes murieron al partir su alma por el llamado “Beso Divino” (mitat neshika). Ellos fueron: Abraham, Itzjak, Iaacov, Moshé, Aharón y Miriam, quien murió el 10 de Nisán del cuadragésimo año en el desierto, a la edad de 123 años. Aharón, su hermano, murió a la misma edad, el 1º de Av del año 2487.

La “fuente de Miriam”, de la cual los judíos tomaban agua durante su estadía en el desierto, desapareció temporalmente con su muerte, para que se dieran cuenta de que existía por su mérito. Lo mismo sucedió con las Nubes de Gloria que acompañaban a Israel por el mérito de Aharón y, tras una desaparición temporal, fueron restituidas por el mérito de Moshé.


Después de la victoria contra Sijón, el amorita, y Og, rey de Bashan, sobrevivientes de los gigantes que existieron antes de la época del diluvio, los demás pueblos por donde tenían que pasar los judíos sentían un gran temor. 

En Moab se designó un nuevo rey, llamado Balak, quien usó los servicios de Bilam para que, con los poderes que tenía, maldijera al Pueblo Judío. De acuerdo con la Guemará, Bilam era hijo de Laván y creyó la calumnia de que Iaacov le había robado a su padre sus posesiones. De allí, el odio que le profesaba a todos sus descendientes. 

En Egipto, como consejero del Faraón, fue quien propuso que los varones judíos recién nacidos fueron echados al río Nilo. Sentía además especial animadversión por Moshé,

porque se consideraba su igual en sabiduría. Bilam, a diferencia de Balak, ocultaba su odio hacia los judíos bajo su poder de profeta. 

Bilam imploró a Di-s que le permitiera maldecir a los judíos, pero mientras formulaba la maldición en su mente y su corazón, Di-s cambiaba su intención y le hacía pronunciar lo contrario de lo que estaba pensando; por ello, de cada bendición podemos deducir la maldición respectiva. 

¿Qué es lo que quería en esencia Koraj?

La grave pelea de Koraj con Moshé tuvo lugar, en lo que hace a la secuencia del tiempo, a continuación del episodio de los espías, los meraglim. Esto sugiere que fue justamente la manera como concluyó el suceso de los espías lo que generó que Koraj se enfrente a Moshé.

No se encuentra otra causa que justifique el estallido de la controversia justo en este momento. Si lo que encolerizó a Koraj, fue el traspaso del sacerdocio a Aharón y sus hijos, esto ocurrió más de un año antes (Yerushalmi Iomá). Si lo inició el nombramiento de Elitzafán hijo de Uziel como líder de los hijos de Kehat, también esto tuvo lugar un par de meses atrás. Por lo tanto, es lógico decir que, aunque estos sucesos generaron una acumulación de amargura en el corazón de Koraj, la decisión para declarar una guerra abierta contra Moshé, fue el resultado del episodio de los espías.

¿QUÉ ES LO PRINCIPAL?

Los espías argumentaron que para estar cercanos a Di-s es preferible permanecer en el desierto y no entrar en la Tierra de Israel donde el orden material podría perturbar el apego a Di-s. A ello les respondió Moshé, que lo fundamental no es el apego a Hashem en la dimensión abstracta del espíritu, sino que “lo principal es la acción”. Lo más importante es cumplir los preceptos, y esto podría lograrse sólo en la Tierra de Israel.

Esta respuesta es la que causó que Koraj salga a discutir contra Moshé. Koraj era consciente que en lo que hace al estudio de la Torá, y al nivel espiritual en el que se encontraban Moshé y Aharón el sacerdote, superaban con creces a cualquier otro hombre. Sabía que Moshé recibió la Torá del Altísimo y Aarón HaCohen fue el primero en recibirla de Moshé. Sobre ello no tenía dudas ni argumentos.

LOS MISMOS TEFILÍN

Pero ahora escucha de Moshé que el nivel espiritual y la intensidad del apego interior a Di-s no son lo principal. Si es así, se quejó Koraj, “¿por qué han de erigirse ustedes como superiores?”. ¡Si lo más importante son los actos, entonces yo y todo judío, incluso el más simple, colocamos los mismos Tefilín y cumplimos los mismos preceptos!

SE REQUIERE INTERACCIÓN

La verdad es que Hashem quiere ambas cosas. La intención meditada (“kavaná”) y la acción de cumplir la Mitzvá en la práctica. Tanto el vínculo espiritual interior entre el hombre y su Creador, como la estricta y minuciosa observancia de todos los detalles “técnicos” de la Mitzvá.

Estos dos aspectos constituyen la misma unidad, así como el alma y el cuerpo que se conjugan el uno con el otro en una sola entidad- el hombre. Los espías no entendieron que todo el valor del apego espiritual a Di-s tiene lugar sólo y exclusivamente cuando va acompañada con el cumplimiento de los preceptos en la práctica; mientras que el pecado de Koraj fue una consecuencia de su falta de comprensión de que “una Mitzvá sin intención meditada, es cual un cuerpo sin alma”, y que la meditación, el sentimiento y la unión espiritual entre el hombre y Hashem son elementos fundamentales que deben acompañar la acción de la Mitzvá que es lo principal y condicionante.

Likutei Sijot, Tomo 4, Pág. 1046

Parashá en síntesis: Koraj

En esta parashá se narra la sublevación de Koraj, quien se rebela junto a 250 personas contra la autoridad de Moshé y Aharón, alegando que si todo el pueblo tenía la característica de “ser santo”, de ser “un pueblo de sacerdotes”, no había necesidad de que éste sacerdocio fuera ejercido por Aharón y el pueblo liderado por Moshé.

La protesta de Koraj provino de la envidia que sentía por no poder ejercer el mismo liderazgo que sus primos hermanos Moshé y Aharón, quienes fueron designados para tal fin por Di-s por su nivel espiritual y por su capacidad de no distorsionar la Torá.

Moshé fue la más humilde de las personas y Aharón era conocido por sus esfuerzos en pro de la paz; sin embargo, eso no frenó a Koraj y a sus seguidores de acusarlos de arrogantes. Explican nuestros Sabios que cuando una persona ve defectos o falladas en otra es porque generalmente está proyectando las propias. La envidia y el deseo de poder fueron los móviles de esta acusación. 

Koraj y su séquito fueron castigados, la tierra se abrió y se los tragó vivos, confirmándose así la autoridad dada por Di-s a Moshé. 

Todos los judíos se equiparan en la acción, pero existen diferencias entre ellos desde el punto de vista espiritual. El Alter Rebe explica que los judíos son parte de un todo, cada uno tiene su misión y beneficia, del mismo modo que cuando sucede con los diferentes miembros del cuerpo: no se puede pensar que solo esté formado por cabezas, o por manos, etc.

Si bien el Pueblo Judío es “un pueblo de sacerdotes” que debe impregnar lo mundano con la santidad en todos los actos de la vida diaria (forma de vestir, comer y comportarse), también existen en su seno los “sacerdotes”, que por su grandeza espiritual están totalmente consagrados al servicio Divino. 

Así como el episodio de los espías indica la importancia de la acción en el mundo físico para elevarlo espiritualmente, del mismo modo lo sucedido con Koraj enfatiza el componente espiritual, que también está imbuido de elementos mundanos en el servicio del Sacerdocio (comer de los sacrificios, usar vestimentas especiales). 

En el Judaísmo, la necesidad de entrelazar la elevación espiritual con el mundo de la acción mediante el cumplimiento de los preceptos tiene una importancia capital. 

La actitud de Moshé al tomar la iniciativa de buscar hacer las paces con los revoltosos, nos instruye sobre la importancia del Shalom (paz) en el Judaísmo. Aún en su posición de líder, Moshé no deja que el orgullo lo venza y va en busca de la paz. 

Muchas peleas se prolongan por orgullo. Algunos no piden perdón aun cuando están claramente errados en su posición, otros no lo hacen porque creen tener la razón. Sin embargo, debe tomarse en cuenta que ningún esfuerzo por lograr la paz es inútil. Cuando hay una pelea, el énfasis debe ponerse en la paz y no en quién tiene o no la razón.

Esta Parashá demuestra la influencia que ejerce la mujer sobre su esposo. La mujer de Koraj lo instigó para que liderase la rebelión; en cambio, la esposa de On Ben Pele aconsejó a su esposo para que se separase de la conspiración y así lo salvó de la muerte, con la que fueron castigados los demás. 

En la parashá de Bereshit, la Torá define a la mujer como ezer kenegdó (“una ayuda en su contra”), lo cual parece una expresión contradictoria. Explican nuestros Sabios que, con frecuencia, el hombre no es capaz de juzgarse objetivamente y a veces no ve sus defectos; no obstante, su esposa si es capaz de verlo como realmente es. Si el esposo es observante de leyes de DI-s y ayuda a su prójimo, ella debe ayudarlo y estimularlo. Si por el contrario es irrespetuoso y abusivo, debe oponerse a esa conducta, señalarle sus errores y ayudarlo a mejorar. 

Bien sea como “ayudante” o como “opositora”, es innegable la importancia de la mujer en el Judaísmo en todas las épocas.

Enseñanza semanal, Shlaj

PARA PENSAR, COMPARTIR CON AMIGOS Y LLEVAR A LA PRÁCTICA
Extractos de un discurso pronunciado por el premio Nobel Elie Wiesel en 1992

Algunos de ustedes saben de mi admiración, no sólo por el Rebe, sino también por su educación y su trabajo.
El hecho de que él supiera a quién enviar a dónde, a lugares olvidados por Di‐s, para llevar una palabra de fe y la palabra de la Ley a jóvenes que de otro modo se habrían perdido, es para mí probablemente uno de los elementos que dan esperanza a una generación.
Como jasid puedo contarles una historia jasídica esta noche. Se trata de un gran maestro jasídico llamado Reb Naftoli de Ropshitz. Era un gran orador, dotado de un magnífico sentido del humor. Un Shabat HaGadol, regresó a casa de la sinagoga.
Según la costumbre, el rabino de la ciudad debe pronunciar un discurso ese Shabat sobre la caridad, sobre la necesidad de ayudar a los pobres que no tienen suficiente dinero para celebrar el Séder.
Cuando llegó a casa, su esposa le preguntó: “Nu, ¿cómo te fue?”. Él dijo que estaba bien. “Bueno, ¿lograste algo?”.

Él dijo: “Solo la mitad”. Ella preguntó: “¿Qué quieres decir?”.Él dijo: “Logré convencer a los pobres para que reciban”.

El Rebe logra convencer a los ricos para que den, a los maestros para que enseñen y a los estudiantes para que estudien. El Rebe logra hacer cosas que los seres huma‐ nos normales ni siquiera se atreverían a soñar con emprender… ¿Cómo se mide la grandeza? 

Es decir, ¿qué criterios se utilizan para evaluar la grandeza humana? En el caso del Rebe de Lubavitch, la respuesta se obtiene fácilmente. No conozco a nadie que haya estado con el Rebe, sin sentirse profundamente afectado, si no cambiado, por su encuentro. Espero recordar siempre lo que sentí cuando estuve por primera vez en su estudio, hace treinta años, y lo que nos dijimos.
En su presencia el tiempo empieza a correr a un ritmo diferent.

Uno se siente inspirado, auto examinado, se le hace reflexionar sobre la búsqueda de significado que debería ser la suya. En su presencia nada es superficial ni artificial. Uno se acerca más a su centro de gravedad interior.

Pero lo bueno del Rebe es que no sólose ven afectados por él quienes lo han conocido, sino también quienes no lo han conocido.

De alguna manera, la presencia del hombre entre nosotros emite una emanación de calidad mística que toca a personas que nunca han oído hablar de él, y esto, probablemente más que cualquier otra cosa, es lo que hace que el Rebe sea tan único.

Es debido a su influencia, a su presencia, que la conciencia judía y la educación judía han alcanzado alturas sin precedentes en casi todos los continentes.
¿Hay algún lugar bajo el sol donde los emisarios de Jabad no hayan llevado su palabra de tolerancia arraigada en Ahavat Israel, en el amor por Israel, que por extensión, significa amor por la humanidad.

Dondequiera que los judíos vivan y trabajen, de alguna manera se ven expuestos al Rebe.

Gracias a él, un judío, en cualquier lugar y en todas partes, no puede dejar de sentir que pertenece a un pueblo antiguo cuya tradición enfatiza la grandeza de su tarea más que las prerrogativas de su condición.

Gracias al Rebe, un judío se convierte en mejor judío, en mejor ser humano, haciendo así a sus semejantes más humanos, más hospitalarios, abiertos a un mayor sentido de generosidad.

Así que aquí es donde también reside la
grandeza del Rebe.

LA PARSHÁ EN PROFUNDIDAD, de las Palabras del Rebe de Lubavitch

La Parshá describe la inmensa humildad de Moshé: “Y el hombre
Moshé era inmensamente más humilde que todo hombre sobre
la faz de la Tierra”. Esta humildad requiere explicación: Moshé recibió la Torá en Sinaí y permaneció en el Monte cuarenta días y cuarenta noches.
Fue quien sacó a los judíos de Egipto y a quién Hashem prometió
“y también en ti creerán eternamente” Cuando lo deseaba, podía hablar
con el Creador.
¿Cómo es posible que sea el más modesto de todo hombre?
Moshé era consciente de sus virtudes, pero recordaba permanentemente
que todas estas cualidades las recibió de Hashem.
Pensaba que si se le hubieran otorgado estas fuerzas a otro, éste
hubiera alcanzado estos niveles, e incluso podría haber llegado a logros
mayores. Pero la virtud fundamental de Moshé era su condición de profeta,
en el más alto nivel de profecía, por lo que “no surgió más en Israel
un profeta como Moshé”
La profecía no es una capacidad a la que se accede por medio de
la acción del hombre, sino que es un nivel dotado desde Arriba.
Moshé sabía que él y no otro se hizo acreedor de esta profecía,
¿cómo podía sentirse humilde frente a todo hombre?
Pues la base de la humildad de Moshé no era tan sólo el cálculo
que realizó, sino que era una humildad enraizada en su misma esencia,
más allá de toda evaluación racional.
Encontramos justamente en el Creador. Dijeron nuestros Sabios
“en el lugar de la grandeza del Altísimo, ahí encuentras Su humildad”.
Es totalmente claro que en lo que respecta a Hashem no hay lugar a decir que Su humildad es consecuencia de algún tipo de cálculo. Es modestia en esencia. Así era la humildad de Moshé.
Además de que pensaba que si otro hubiera contado con sus posibilidades
hubiera alcanzado un nivel superior al suyo, también poseía una modestia que iba más allá del cálculo racional. Moshé era en esencia modesto y se sentía nulo frente a todo hombre. Más aún: El hecho de que la auto‐ evaluación que realizó Moshé generó en él un sentimiento de humildad, se debe a que en esencia él era humilde. Todos pueden hacer ese razonamiento (de cómo hubiera sido otro en su lugar), pero no todos llegan de ello a la humildad.
Sólo que la base de la humildad de Moshé era su humildad esencial, lo que es en realidad la verdadera modestia.
Quién posee este tipo de humildad puede estar en el más alto nivel, hablar con Di‐s cara a cara, y sin embargo ser “el más humilde de todo hombre”, sintiéndose inferior a cada uno.
Ésa fue justamente la gran virtud de Moshé.

UN MOMENTO
 
Uno de los profesores más destacados
de la época en Rusia, deseaba conocer personalmente a uno de los Sabios judíos más incisivos.
Después de mucho investigar y preguntar todos le indicaron entrevistarse con el Gaón de Rogatchov, Rabi Iosef Rozin z”l.
El científico llegó a la casa del Rogatchover en la ciudad de Dvinsk.
Cuando ingresó en la habitación del
Rabino lo halló estudiando Talmud como era su costumbre, caminando de una punta a la otra de la habitación.
El profesor (que era muy alto y robusto) se sorprendió al descubrir la baja estatura y la delgadez del Sabio judío. 
Al verlo se le escapó un “Aha, Aha”.
El Gaón lo miró y le dijo: “¿Qué piensa
usted? ¿Que el intelecto se encuentra
aquí? (Señalando la ancha espalda del
científico).
“¡El intelecto se halla aquí!” (Señalando
su propia cabeza).
JUDAÍSMO PRÁCTICO
PRINCIPIOS BÁSICOS DEL KIDUSH

“Recuerda el día de Shabat para santificarlo”.
Es una mitzvá de la Torá santificar
el Shabat cuando entra (Kidush) y
cuando sale (Havdalá).
Los Sabios instituyeron que esta santificación se acompañara con una copa de vino (o jugo de uva).
Y que el Kidush se recitara sobre vino antes
de comenzar la comida diurna del Shabat. · 

Está prohibido comer o beber antes del
Kidush. Esta prohibición comienza al atardecer del viernes por la noche y después de la Tefilá Shajarit de la mañana del Shabat.

Si no hay vino disponible, está permitido recitar el Kidush sobre jalá (o dos panes o Matzá).  En la antigüedad, el vino se usaba con bastante frecuencia como libación para los ídolos. Como la gran mayoría de los no judíos eran paganos, y está prohibido obtener algún beneficio de un objeto que se utilizó como ofrenda para un ídolo, los rabinos prohibieron cualquier vino que fuera manipulado por un no judío.

 

Esta regla (que se aplica a todo consumo de vino, no solo al Kidush) se extiende también al jugo de uva, pero no se aplica si el vino (o jugo de uva) fue cocinado (“mevushal”), ya que la cocción hace que el vino no sea apto para la libación.

La mayoría de los vinos kosher disponibles son mevushal.
La copa de Kidush debe enjuagarse y llenarse; no es respetuoso usar una copa estropeada para santificar el día sagrado de Shabat. La copa debe llenarse con vino o jugo de uva hasta el borde.

La copa de Kidush se sostiene con la
mano derecha (a menos que uno sea urdo).
Al comenzar el Kidush, es costumbre mirar las velas de Shabat, y al decir la bendición de Hagafen uno debe mirar el vino. 

Después de terminar el Kidush, quien lo recitó debe beber al menos 43.18 cm cúbicos de vino (la copa llena contiene 88.72). Todos los que escucharon el Kidush beben un sorbo de vino.

LO QUE SIEMPRE QUISE PREGUNTAR
¿POR QUÉ LA TORÁ HACE REFERENCIA A IOSHUA COMO “BIN” NUN?

En el comentario de Najmánides en Éxodo 33:11,
sugiere que las dos palabras deben ser leídas juntas
como “binnun”.
Ese nombre viene de la palabra “Biná”, “que entiende”,
y le fue otorgado a Ieoshua por sus capacidades
intelectuales.
Otras explicaciones:
La Torá nos dice que Ieoshua era el discípulo de
Moshé por excelencia.
“Su asistente, Ieoshua Bin Nun, un muchacho, no se
iba de la carpa [de estudio]”
El alumno es considerado como hijo de su maestro.
Algunos usan esta idea para explicar por qué Ieoshua
era llamado “bin” Nun.
Podría haber sido el hijo biológico de Nun, pero en
cierta forma, también el hijo de Moshé. El Jatam Sofer explica El Midrash declara, que cuando Di‐s cambió el nombre de Sarai a Sara (Génesis 17:5), la letra hebrea “Iud”,

que fue removida de su nombre (para ser substituida
por una “Hei”) se sentía agraviada.
Di‐s hizo este cambio prometiéndole compensarla
en un futuro.
Moshé le agregó la letra “Iud” al nombre de Ieoshua,
que originalmente era Hoshea.
En su estado original, cuando era la última letra del
nombre de Sarai, la “iud” no tenía una vocal, como es
el caso con la mayoría de las letras que entran al final
de una palabra o nombre.

Pero la “iud”, al estar en el comienzo de Ieoshua,
necesita la vocal “shva”, que se compone de dos puntos
alineados verticalmente.

Estos dos puntos fueron “prestados” de la vocal
“Segol” que normalmente está por debajo de la palabra
“ben”, que son tres puntos constituidos en forma
de un triángulo.

MENSAJE PARA LA VIDA
El libre albedrío da lugar al error y el pecado, pero también confiere libertad absoluta para realizar el bien sin condicionamientointerior alguno.
EL JUEZ SUBJETIVO

“Akaviá ben Mahalalel dijo:. Sabe… ante Quién habrás de rendir juicio y cuentas…”
capítulo 3 de Pirkei Avot. 

Dijo Rabi Israel Baal Shem Tov: Cuando la persona llega ante el Tribunal Celestial
para rendir balance por su labor en la Tierra, primero es requerida su opinión sobre la vida de otro. “¿Qué es lo que piensas sobre alguien que actuó así y así?”. Luego de escuchar su veredicto, se le mostrará que estos actos y circunstancias son iguales a los propios.

Resulta entonces que, es el mismo individuo quien juzga sus propias conductas y defectos. Esto explica
la construcción oracional de este pasaje del Pirkei Avot: “ante Quien habrás de rendir juicio y cuentas…”.
¿Acaso el veredicto no es dictaminado
luego del interrogatorio que se le realiza al imputado?
¿No tendría que preceder en el texto el “rendir cuentas” al “juicio”?

La respuesta es que nunca se emite juicio sobre la persona desde lo Alto. Sólo luego de que la propia persona emite su fallo sobre otro en circunstancias iguales, la Corte Celestial aplica el veredicto a su propia vida.

Es decir, primero viene el “juicio” que uno emite sobre el prójimo, y luego sigue la “cuenta”, que el Tribunal Celestial hace con uno.
La misma idea queda implícita en otro pasaje e este capítulo de Pirkei Avot: “y desde el Cielo se cobran del hombre con y sin su conocimiento”.

Cuando una persona expresa consciente su
opinión sobre el otro, inconscientemente está
emitiendo un juicio sobre sí mismo.
El trasfondo de este “juego” maquiavélico en
realidad nos brinda una imagen profunda sobre
lo especial del alma.
En toda la Creación nada es más noble y elevado
que la “chispa Divina” que se encuentra en
el alma del judío.
Esto está reflejado en el hecho que al hombre
le fue entregado el libre albedrío‐un potencial
compartido únicamente con el Creador mismo.
El libre albedrío da lugar al error y el pecado,
pero también confiere libertad absoluta para realizar
el bien sin condicionamiento interior alguno.
Esta facultad es infinitamente superior al
nivel de criaturas de Di‐s más espirituales, como
los ángeles, el Tribunal Celestial, etc, que están
condicionados en su espiritualidad a su carácter
y naturaleza, que no pueden superar.
Por eso, cuando el alma llega al Cielo para ser
juzgada, nadie puede juzgarla, aunque se trate
del ser más elevado y espiritual de las criaturas,
pues el alma pertenece a una dimensión superior
a la que no tienen acceso ni comprensión.
La única en la tierra y el cielo capaz de juzgar
al alma, es el alma misma.

 

De una alocución del Rebe, 10 de Shvat 5720, Beyond the letter of the law.

LA ENSEÑANZA SEMANAL
Director General: Rabino Tzví Grunblatt Editora Responsable: Prof. Miriam Kapeluschnik