No te alegres cuando tu enemigo cae

SHMUEL HAKATÁN DIJO: “NO TE ALBOROCES CUANDO TU ENEMIGO CAE, Y EN SU TROPIEZO NO PERMITAS QUE TU CORAZÓN SE ALEGRE, NO SEA QUE Dl-S LO VEA Y LE DESAGRADE, Y DESVÍE SU IRA DE ÉL [HACIA TI]”.

SHMUEL HAKATÁN DIJO — Resulta difícil comprender por qué esta enseñanza es atribuida a Shmuel HaKatán; ¡es una cita textual de un versículo en Proverbios!

Entre las explicaciones que se ofrecen, una expresa que el versículo en Proverbios se refiere a conflictos relacionados con cuestiones mundanas, en tanto que Shmuel HaKatán habla de conflictos dentro del plano de la Torá, tales como cuando hay una diferencia entre dos sabios con respecto a un fallo halájico.

¿Por qué habríamos de pensar que en conflictos de la Torá uno se puede alegrar con la caída del rival? Porque una victoria en la Ley de la Torá no es una victoria personal, sino una victoria de la Torá. Se aclaró la verdad de la Ley. Enseña Shmuel HaKatán:

Cuando la óptica de un sabio prevalece por sobre la del otro, uno no debe verlo como una victoria personal. En lugar de centrar la atención en el hecho de que fue su juicio el que triunfó, debe sentirse feliz de que la halajá —decisión legal— se aclaró. Sólo eso deber ser la fuente de su regocijo. Pero cuando uno toma como victoria personal, la caída del enemigo, es una actitud negativa. 

Esta enseñanza condice con el carácter de su autor, Shmuel HaKatán —”Shmuel, el pequeño”—, quien recibió ese título por su humildad. Aunque fue uno de los principales Sabios de su tiempo, se dedicó a sus estudios con modestia, sin enorgullecerse de sus logros.

(Likutéi Sijot, Vol. XIX, pág. 44 y ss.)

Alternativamente, puede explicarse que el versículo en Proverbios se refiere a un enemigo perverso que lo acecha, mientras que la enseñanza de Shmuel HaKatán agrega que tampoco se debe alegrar con la caída de alguien del cual no se sufre un daño directo personal, y es llamado “enemigo” sólo por ser en sí un malvado, por lo que “es mitzvá odiarlo”.

El versículo nos enseña que aun cuando se trata de un malvado, no se debe regocijar con su caída, porque la satisfacción que se siente, indefectiblemente tiene su cuota de sabor personal de liberarse de un acecho potencial, etc., y no refleja necesariamente el regocijo por la derrota de la maldad en sí, “la desaparición del malvado causa alegría”.

Shmuel HaKatán enseña una lección adicional. Aun cuando no existiera motivo personal para regocijarse con la caída del malvado, uno no debe sentir felicidad. Como enseñó el Baal Shem Tov, cuando uno ve un defecto en alguien, debe tomar conciencia de que él mismo posee una falla similar (aunque en un grado más sutil). Y complaciéndose con la caída de éste, está convalidando a su vez un pago similar por su propio defecto.

Hay una relación especial entre esta enseñanza y la vida de Shmuel HaKatán. El fue el Sabio que compuso la bendición de VeLamalshiním (“Que no haya esperanza para los delatores…”) que maldice a los apóstatas, etc. ¿Por qué se le asignó esta tarea? Porque su celo no encerraba rastro alguno de odio, sino que era sólo un reflejo de su ilimitado amor a Di-s.

(Sijot Shabat Parshat Jukat, 5741)

Festejando la espiritualidad

El judaísmo ofrece muchas oportunidades para regocijo, alegría y deleite, principalmente las tres Festividades de Peregrinación (Pesaj, Shavuot y Sucot). En lo relativo a estos días festivos Di-s nos ordena: “Vosotros os regocijaréis en vuestra festividad.

Pesaj conmemora el éxodo físico de los judíos de Egipto; Shavuot – la entrega de la Tora; Sucot – la protección en el desierto del calor chamuscante del sol por las Nubes de Gloria. De las tres festividades, Shavuot es obviamente la más espiritual en naturaleza, conmemorando un evento enteramente espiritual.

Las tres Festividades de Peregrinación se supone que serán celebradas no sólo con plegarias y estudio, sino también con fino alimento y bebida. En ciertas circunstancias, sin embargo, el deleite de Pesaj y Sucot puede ser expresado de una manera totalmente espiritual, renunciando a comida y bebida. Tal sería el caso cuando uno ayuna durante estas fiestas a causa de un sueño aflictivo.

Esto no es así con respecto a Shavuot. En esta fiesta estamos obligados a “comer y regocijarnos, demostrando que los judíos están complacidos y gratificados con el día en el cual la Tora fue entregada”. Ayunar en Shavuot a causa de un sueño perturbador está prohibido.

Parece paradójico que Pesaj y Sucot, las dos festividades que conmemoran primariamente eventos físicos, puedan ser celebradas de una manera totalmente espiritual, mientras Shavuot, que conmemora un evento que es completamente espiritual, debe ser celebrada no sólo espiritualmente, sino también físicamente.

 

¿Por qué debe ser celebrada así Shavuot?

Shavuot es la revelación de la Divinidad que acompañó la Entrega de la Torá y penetró toda la creación. En las palabras de nuestros Sabios: “El sonido de la entrega de la Torá por parte de Di-s llegó de las cuatro direcciones así como también de arriba y abajo”. Tan temible y todo-abarcador fue este evento que “ningún pájaro gorjeó; ..ninguna vaca mugió; …el mundo estuvo silencioso y mantuvo su paz”.

Además, el sonido de la Entrega de la Tora imbuyó a todo, aún lo inanimado. Por lo tanto, dicen nuestros Sabios, este sonido no produjo eco. Un eco resulta cuando ondas de sonido no son absorbidas por un objeto, sino rebotan fuera de él. Dado que el sonido de la entrega de la Tora por parte de Di-s penetró toda materia, fue imposible para el sonido producir eco.

Esto fue así porque cuando la Tora fue entregada, la esencia depuradísima de Di-s fue revelada, pues Di-s imbuyó a la Tora de Su Esencia. Ya que Di-s es la única entidad que es verdaderamente infinita, el tiempo en que la Tora fue entregada – cuando Su Esencia fue revelada – nada fue impermeable a esta revelación; penetró e imbuyó a toda la creación, aún a la más tosca de las materias corpóreas.

Una fiesta que celebra lo último en revelación espiritual y que también imbuye a toda la creación sin limitación, debe ser celebrada de una manera verdaderamente revelada y sin limitación, incluyendo un modo físico, es decir, a través de comer y beber.

Si ayunar a causa de un sueño aflictivo fuera permitido en Shavuot, esto indicaría que quedó un nivel en el universo que fue impermeable al júbilo de Shavuot. Esto sería contrarío al espíritu de la festividad como un todo, la que proclama que aún el nivel más bajo está “complacido y gratificado” dé recibir la Tora.

Así, Shavuot afecta aún a un individuo que está tan afligido que en cualquier otro tiempo del año sería imposible para él derivar placer de alimento. Shavuot y su júbilo transforman aún a este individuo perturbado, pues él, también, está “complacido y gratificado” de recibir la Tora.

Basado en Likutéi Sijot, Vol. IV, págs. 1092-1096; Vol. XXIII, págs. 27-32.

Me pasa la sal por favor

Sentirse espiritual en Iom Kipur es sencillo. Ninguna comida, ningún negocio, ninguna relación conyugal, y largas horas de rezo en la sinagoga conducen a intensas sensaciones angélicas. No es extraño que tantas religiones valoren el ascetismo, exigiendo alejarse por completo de las tentaciones terrenales. Las largas horas de meditación, el ayuno y la vida en un monasterio aislado, son el camino más seguro hacia una vida de espiritualidad.

La Torá, sin embargo, tiene una perspectiva muy diferente. La porción semanal comienza con la mención de la muertes de Nadav y Avihu, un castigo por su decisión de permanecer espirituales. Di-s quiere que caminemos por una cuerda floja. Quiere que nos casemos, que vayamos a trabajar y que comamos las abundantes comidas del Shabat y de las festividades, y que en ese mismo momento estemos en la cima de la espiritualidad y la santidad. Una tarea dificil. ¿Cómo se vive simultáneamente en dos mundos contradictorios: el mundo del espíritu y el mundo de lo material?

Cada mitzvá está compuesta por un cuerpo y un alma. El cuerpo es el acto físico que se nos ordena hacer, o evitar. El alma es la lección que imparte la mitzvá, su mensaje que debemos implementar en nuestras vidas. La prohibición de consumir sangre, que también se discute en la Parashá de esta semana, así como el proceso de su eliminación, nos enseña una poderosa lección sobre el enfoque de nuestra relación con el mundo. No siempre podemos lidiar con lo Divino, o incluso con la “humanidad”. También tenemos que lidiar con los aspectos “animalísticos”, completamente no espirituales, de la vida cotidiana. El consumo de carne animal es una metáfora de estos momentos del día. La sangre representa calor, vida y pasión. La Torá nos ordena eliminar toda la “sangre” de nuestras actividades mundanas: ser parte en el mundo, pero sin demasiado entusiasmo. ¿Cómo es posible esto? A través de la sal. La sangre se elimina de la carne mediante un proceso de salado. La Torá describe el pacto entre Di-s y su nación como un “pacto de sal”. Los comentaristas explican que la sal nunca se descompone. Permanece eternamente fresca, de la misma manera que nuestra relación con Di-s, que nunca se extingue .Curiosamente, el símbolo de nuestra relación con Di-s es un alimento que independientemente es incomible. Su propósito principal es agregar sabor a prácticamente todos los demás alimentos. De manera similar, nuestra relación con Di-s está destinada a dar un “sabor” espiritual y significado a todos los demás aspectos de nuestra vida.

Tenemos que poner sal a cada parte de nuestra vida, como ser en nuestro lugar de trabajo, en nuestra mesa, en nuestro gimnasio, e incluso en nuestras vacaciones. Cuando nuestro amor por Di-s y nuestro deseo de Servirle con cada parte de nuestro ser es nuestra principal motivación, entonces todo lo que hacemos es para Él. Comemos y hacemos ejercicio para que tengamos la fuerza para Servirle, trabajamos para tener los medios para Servirle, etc.

Por: Naftali Silberberg

Un vistazo de santidad

Los historiadores están intrigados por la subsistencia del pueblo judío. ¿Cómo sobrevivieron, a pesar de la exclusión, la expulsión, la persecución, llegando a su apogeo en el Holocausto, y aun en libertad, el problema de la asimilación?

¿Cuál es la cualidad distintiva del judío y del judaísmo? En Kedoshim hay una respuesta, como lo explica el Lubavitcher Rebe. La lectura comienza con la instrucción Divina para el judío: “¡Sé santo! ¡Porque yo, el Señor tu Di‐s, Soy santo!” La Torá continúa con una serie de leyes judías básicas.

Los dos primeros son los mandamientos de reverenciar a la madre y al padre (en ese orden) y guardar el Shabat. Tenemos así tres conceptos: la santidad, el respeto a los padres y el Shabat.

Según el Rebe, estas tres ideas nos dicen algo sobre el propósito fundamental y la naturaleza del pueblo judío. A lo largo de las generaciones, nuestros Sabios han discutido sobre el concepto de santidad.

Una de sus conclusiones es que la santidad no se expresa solo en los aspectos “religiosos” de la vida como la oración, sino concierne a las actividades cotidianas: el trabajo, cómo uno se relaciona con otras personas, el modo de comer y beber.

En cada detalle de la vida hay potencialmente un atisbo de lo sagrado. ¿Cómo puede el judío lograrlo? Porque dentro de él o ella hay un Alma Divina, una chispa de pura santidad. Durante la mayor parte de la vida esto puede estar oculto. Pero, puede expresarse de repente, en momen‐tos de inspiración espiritual.

Además, existe la posibilidad de que esta cualidad de santidad se revele en los detalles ordinarios de la vida.

Quizás pocas personas logran esto de una manera genuina. No obstante, proporcionan un ejemplo a otros de lo que significa ser judío.

Aquí llegamos a la segunda ley: el concepto de reverencia por los padres. Esto presenta la idea de que la santidad y la espiritualidad no deben reservarse para los pocos individuos que la alcanzan.

Tienen el deber de transmitirlo a los demás, comenzando por sus propios hijos. En esta tarea el papel de la madre es primordial. Ella es la primera en ayudar a su hijo pequeño a darse cuenta de que cada detalle de la vida es significativo, bendecido por Di‐s. Cada semana hay un día completo en el que lo mundano se vuelve sagrado.

Esto nos lleva a la tercera ley: el Shabat. Comer junto con el cónyuge y la familia, dar la bienvenida a los invitados, relajarse. Todo tiene la iluminación de la santidad de lo Divino, más allá del patrón diario ordinario de la vida. Así vemos tres componentes integrales en la con‐ciencia distintiva del judío, a través de las generaciones: la búsqueda de la santidad en la vida cotidiana; el imperativo de comunicarlo a los propios hijos y a los demás, y el maravilloso regalo del Shabat que expresa este objetivo tan completamente.

Quizás esta cualidad especial, resumida al comienzo de la lectura de esta semana, es el secreto interno de nuestro ser, que nos ha ayudado a sobrevivir a lo largo de los milenios. Más allá de nuestras habilidades en los negocios, la ciencia, la medicina, la tecnología, la literatura, la música y la filosofía, esta es nuestra contribución verdaderamente única a la humanidad y al mundo.

A no quedarse sin fuego

La Torá ordena: “Un fuego permanente ha de arder sobre el altar, no ha de ser apagado”. El fuego del altar debe seguir ardiendo, sin interrupciones.
El altar simboliza el corazón del hombre, tal como el altar era el lugar donde ardía el fuego, el corazón es donde arde el fuego de las
pasiones y sentimientos.

El hombre debe preocuparse por que el fuego del amor a Hashem y el entusiasmo en la Torá y Mitzvot‐ esté siempre encendido
en su corazón.
En el Talmud dice: “permanente‐ incluso en Shabat; ‘permanente’‐ incluso con impureza”. Este dictamen halájico, nos da instrucciones en lo que se refiere al amor a Di‐s.
La esencia del Shabat consiste en cortar con temas mundanos.

El hombre se dedica a los temas del espíritu, de Di‐s, y se aparta de lo mundano. Aunque estando en un espíritu, la Torá: “‘permanente’‐
incluso en Shabat”. La inspiración y el fuego en el servicio a Di‐s es una condición obligatoria en todo nivel y situación.
En contraposición, los hombres que, debido a su bajo nivel espiritual, están en una categoría de ‘impuros’, podrían pensar que no
tienen nada que ver con “el fuego permanente”, el amor y entusiasmo en el servicio a Hashem.

Dice la Torá: “’permanente’‐ incluso con impureza”. En un estado de baja espiritualidad hay que cuidar al “fuego permanente”. Este
calor judío, el amor básico a Di‐s que cada uno posee por herencia, es lo que generará la gran llamarada de fuego que lo sacará de la
degradación espiritual, llevándolo a las alturas que le corresponden.
Sólo el fuego de la santidad posee la fuerza de erradicar al fuego ajeno del fervor por los placeres materiales.

Así lo explica el Maguid de Mezeritch: “cuando el fuego permanente ha de arder sobre el altar”, la persona tiene asegurado que
el ‘no’‐ ‘ha de ser apagado’, todas las conductas y tendencias negativas cesarán y se apartarán frente al ‘fuego permanente’.
Este dicho agrega explicación a la necesidad imperiosa del ‘fuego permanente’.

Sólo un entusiasmo constante y firme en la Torá y las Mitzvot puede impedir los pensamientos, palabras y acciones indeseables.
Una emoción pasajera no tiene la posibilidad de proteger al hombre frente a las artimañas del instinto del mal. Si el ‘fuego permanente’
se apaga, aunque sea por corto tiempo, vuelven a penetrar los sentimientos y deseos de los que hay que cuidarse.

Cada hombre y mujer debe evaluar la intensidad del ‘fuego permanente’ que arde en su ‘santuario’ interior.
Los temas judaicos, el estudio de la Torá y el cumplimiento de sus conductas se realizan con entusiasmo y fervor interior o tan sólo
por rutina y costumbre.

Una de las pruebas para detectar la verdad interior es analizar de qué manera uno estudia Torá y sigue sus preceptos: ¿se da por
satisfecho con haber cumplido con su obligación o pone empeño para embellecer la Mitzvá?
El cumplimiento con ‘hidur’‐ embellecimiento de la Mitzvá al cumplirla en el mejor nivel posible intensifica el vínculo del alma con
el judaísmo, y es una expresión del ‘fuego permanente’ del alma.

(Likutei Sijot tomo 1, pag. 217)

El nivel más alto

¿Se puede perdonar el pecado? ¿Se puede borrar? ¿Puede transformarse en bueno? En Shemot leemos sobre el
Becerro de Oro.
Esta fue una transgresión desafortunada en la que participaron un gran número de judíos, combinando idolatría,
inmoralidad y asesinato.
Sabiamente, las mujeres de la comunidad se mantuvieron alejadas y también los levitas.
Después de esta traición masiva a Di‐s, Moshé tuvo que suplicar a Di‐s para evitar que el pueblo judío fuera destruido.
Durante cuarenta días suplicó, solo en el Monte Sinaí, y finalmente tuvo éxito.
Di‐s traería al pueblo judío a la Tierra Prometida, y las Tablas rotas de la Ley serían reemplazadas.
Se nos presenta otro aspecto de Moshé: la persona que busca el nivel más profundo de contacto con Di‐s. Él pregunta:
“Muéstrame Tu Gloria” .
Moshé quería alcanzar la mayor intimidad de la Divinidad posible para un ser humano.
Di‐s respondió que pondría a Moshé en la grieta de la roca y le otorgaría una visión de algo de la Gloria Divina.
Sin embargo, no todo puede ser revelado, porque “el hombre no puede verme y vivir”.

Luego viene la revelación prometida.
Este es uno de los momentos más notables en la vida de Moshé en toda la Torá.
Lo interesante de esta revelación de Di‐s, es que viene en forma de Tefilá.
Di‐s enseña una plegaria a Moshé, una oración que recitamos en la sinagoga. Se llama los “Trece Atributos de Misericordia”:
“Di‐s, Oh Di‐s, misericordioso, amable, lento para la ira, con gran amabilidad y verdad, guardando la bondad por miles de generaciones, perdonando pecados y transgresiones, limpiando”.
En las Festividades, esta oración se canta cuando el Arca es abierta. También se repite varias veces en el servicio en Iom Kipur.
Es una plegaria que tiene el poder de despertar la Misericordia de Di‐s. Debe decirse con sinceridad, como una expresión de arrepentimiento.
El efecto de la Misericordia de Di‐s es perdonar, más aún, borrar los pecados como si nunca hubieran sucedido.
Un tema mencionado en las enseñanzas del Rebe de Lubavitch, basado en el Talmud, es que otro nivel de arrepentimiento es transformar el efecto de las transgresiones en el de las buenas obras…
¿Cómo puede ser?
El pecado deja una “mancha” en el aspecto espiritual de la persona. Los niveles más altos de arrepentimiento alcanzan la interioridad de Di‐s, provocando un resplandor Divino que limpia la mancha.
El arrepentimiento puede ser tan profundo, tan lleno de amor por Di‐s, que ahora se alcanza un nuevo nivel de bondad y santidad, que sólo podría lograrse mediante el arrepentimiento.
Por lo tanto, el efecto de lo que comenzó como malo, transformado por el poder del arrepentimiento, es el logro de un nivel superior de bien.
Los Sabios nos dicen: “El lugar donde están los arrepentidos, no puede ser alcanzado por aquellos que nunca han pecado”
Esta fue la revelación de la Gloria de Di‐s, expresada a Moshé mientras se escondía en la grieta de la roca, solo en el Monte Sinaí.
La Tefilá que revela el poder de la Misericordia infinita de Di‐s, el poder exaltado del arrepentimiento.

El Becerro de oro ¿espiritualidad o hedonismo?

Luego de una apasionada recepción de los Diez Mandamientos, el pueblo, impaciente por el descenso de Moshé de la montaña, hizo para sí un nuevo dios, un becerro de oro. Examinemos de cerca el texto y quizá debieran hacerse algunas observaciones. 

¿Podemos encontrar alguna exoneración para su idolatría? 

Moshé estaba demorado en bajar de la montaña, así que la gente le demandó a Aharón un “dios que irá delante nuestro”, ya que el Moshé que dirigió al pueblo desde Egipto no estaba. ¿No era éste un pedido religioso sincero por lo Divino? ¿No era su rechazo hacia Moshé (y hacia todo lo que había enseñado) justificado, siendo que Moshé estando en la cima simbólica de la montaña estaba demasiado exaltado para gente ordinaria, sin importancia para ellos? Él era ideal para las responsabilidades del pasado, pero ¿acaso el pueblo no precisaba un nuevo dios, que vaya “delante de ellos” para enfrentar los problemas de un nuevo mundo? 

El pueblo no era avaro, ellos dieron sus más preciadas posesiones y trajeron las más generosas ofrendas sin perder ni un momento. Quizá la indicación de sus verdaderos sentimientos se encuentra en la sentencia “y el pueblo…se levantó a pecar”. Su insistencia por un dios que pudiera comprender, su andar a tientas por una fe progresiva entonada con los tiempos en los que puedan abrazar, pueden incluso inspirar respeto en los mortales insignificantes sin miedo, lidiando con los insolubles misterios eternos. Podemos incluso ignorar la asquerosa forma que tomó su dios. Pero cuando todo su éxtasis religioso e inspiración terminó en una nota de lujuria, de liberación de su auto disciplina, de despojarse de los restos de Judaísmo, de pasarla bien, entonces sus motivos son sospechosos. ¿Buscan a Di-s o intentan escaparse de Él?

 Ningún ideal puede ser examinado por sus expresiones verbales. Clamores espirituales no son una indicación de espiritualidad. Las acciones que lo inspiran son la medida del ideal que vale la pena. El judaísmo no es una prédica piadosa, sino que es vivir de acuerdo a las enseñanzas de la Torá.

Por Zalman Posner

Más allá del sí y el no

Cuando intentamos pensar en lo que está más allá o antes de la creación, sencillamente imaginamos una ausencia de todo lo que existe.

En ensayos anteriores (La Burbuja, Realidades Inversas e Intransigencia), describí una creación que incluye mucho más de lo que a menudo aceptamos. Generalmente pensamos al universo como lo que es. Cuando a tientas intentamos pensar en lo que está más allá o antes de la creación, sencillamente imaginamos una ausencia de todo lo que existe. Lo que ignoramos es que esa creación debe incluir todo lo que no existe también. El mismo concepto de existencia binaria- que algo pueda o no existir- tuvo que ser creado.

Esto coloca al Creador de este modelo también en una luz diferente: El Creador origina el mismo concepto de sí y no, ser y no-ser, presencia y ausencia- y está, por consiguiente, más allá de tal. Para Él, todo se reduce a un solo tema: Su acto de crear. Así como Su voluntad sostiene la existencia de las cosas, así también sostiene el mismo concepto de que podrían no existir.

Para ilustrarlo, hagamos una pregunta: ¿Qué pasaría si Él dejara por un momento de mantener la creación? Usted podría contestar que el mundo desaparecería. Algo así como cuando se apaga la televisión o el monitor de la computadora- el mundo que proyectaba ya no está allí. 

El autor del Tania, sin embargo, escribe otra cosa. Él declara que en ese caso el mundo no estaría ausente, sino que nunca habría existido, tal cual era antes de ser creado. La ausencia también es una creación- y ella también habría desaparecido. Tal vez una analogía más cercana es la experiencia de despertarse abruptamente de un ensueño- no sólo nos olvidamos a menudo del ensueño, sino que a veces incluso olvidamos el hecho de que estábamos soñando despiertos. Esa pequeña fracción de tiempo, de hecho, está excluida de nuestra realidad. (Desgraciadamente, puede no estarlo de la realidad de su supervisor.)

Esto presenta la respuesta más refinada al problema planteado en mi último ensayo- el problema de la intransigencia: que Di-s no cambia. Aun cuando Él está involucrado en el mundo e interesado en el resultado de las cosas, ninguno de éstos implica algún cambio en Él. Tú eres Él antes de que el mundo fuera creado, Tú eres Él después de crearse el mundo, recitamos en nuestras plegarias de la mañana. ¿Por qué? Porque para Él, la existencia y la no-existencia son entidades idénticas.

Como escribe el Salmista: Para Ti, la oscuridad y luz son lo mismo. Para nosotros, la luz es algo y la oscuridad es un no-ente- es nada más que una falta de luz. Para Él, sin embargo, energía y ausencia de energía son ladrillos equivalentes en la construcción del mundo.

Extravagante como parezca, en tiempos recientes hemos logrado una comprensión limitada de esta idea. Durante milenios, mentes pensantes consideraban al universo entero compuesto de dos elementos totalmente diferentes: materia y energía. La materia se consideraba esencialmente inerte, sin ninguna otra cualidad inherente salvo la de ocupar un espacio. La energía, por otro lado, se consideraba como una cualidad de las cosas, sin ocupar ningún espacio propio, sin masa ni forma. Simplemente, la materia es la cantidad de las cosas, la energía, la calidad. La energía empuja la materia, la materia reacciona a la energía con movimiento y cambio.

En el mundo de la materia, entonces, la energía no es una cosa- es simplemente una cualidad de las cosas. Viceversa, desde el punto de vista de la energía, la materia es nada más que una obstrucción de energía.

Qué sorpresa, entonces, al descubrir que la materia puede convertirse en energía y viceversa. Más aún, con una nota al pie de página garabateada a propósito en una oscura tesis, esto es exactamente lo que propuso un joven empleado de patentes llamado Albert Einstein. Y nuestro uso de la energía nuclear es lo que lo lleva adelante.

Investigaciones sobre materia y antimateria proporcionan más ejemplos, así como investigaciones con partículas positivas y negativas. Quizás, en el futuro, tengamos evidencia concreta de que el cosmos no es más que un sandwich de pan (es decir: dos rodajas de pan con otra en el medio. Terminaremos proponiendo un modelo de universo donde el delante y el detrás son esencialmente lo mismo- absurdo como parezca.

Cuando lo hagamos, los cabalistas no se sorprenderán. El “Ari” (Rabí Itzjak Luria, un cabalista del siglo 16) describe el proceso de creación como una interacción continua de energía positiva y negativa (luz y vasijas, guilui y tzimtzum), derivados de los dos nombres principales de Di-s, Elokim y Y-ave. Y-ave es el Creador que emana Su luz creativa y Su presencia, Elokim es el mismo Creador en un modo que eclipsa y niega esa luz. Con cada negación (hester), la luz es encaminada hacia abajo, hacia el reino de un mundo inferior. Ese mundo se divorcia completamente del mundo anterior, conteniendo una luz que es oscuridad en relación a la luz anterior.

Eso es todo desde la subjetividad de esas mentes conscientes creadas dentro de este esquema. El proceso de ocultamiento, sin embargo, funciona como un espejo de un único sentido -mirando de arriba hacia abajo, todo está claro como el día. La oscuridad no oculta nada. Cualquiera sea la luz negada, sólo se negó con el fin de recibir. Desde Su perspectiva todo lo que estaba allí al inicio, está allí al final.

Antes de que todos los lectores se pierdan, usaremos una excelente analogía. La mejor para este concepto no viene de la física, sino de la psicología. Pedagogía, para ser más precisos. La analogía es una analogía en sí misma:

Enseñar el abecedario es una cosa, pero digamos que alguien tiene que enseñar algo más profundo. Tomemos un gran filósofo y pongámoslo en un cuarto con unos chicos brillantes pero pesados, que hacen preguntas del estilo: ¿Por qué hay maldad en el mundo? o ¿Cuál es el significado de vida?

El filósofo ha dedicado su vida a examinar estas preguntas. Quizá hasta haya escrito ensayos sobre ellas. Pero eso no va a ayudar mucho ahora, porque estos chicos no van a entender ni una palabra de lo que escribió. No sólo no se contestaran las preguntas si habla de esa manera con ellos, sino que estos chicos estarán totalmente perdidos y resentirán alguna vez haber preguntado.

Ya mismo, este filósofo tendrá que apartar todas esas palabras elegantes y pruebas detalladas y regresar al núcleo esencial del asunto- el punto inicial, despojado, del cual sus ideas se originaron en primer lugar. Una vez allí, puede empezar a vestir ese punto nuevamente- esta vez con ropas muy distintas.

¿Qué tipo de ropas? Ropas con las cuales los niños puedan relacionarse. Ropas que son lejanas a su mundo, pero que se ajustan muy bien al mundo infantil. Puede dar ejemplos de héroes de películas, de béisbol, dulces y helados. Podría construir una historia basada en los personajes y los objetos comunes del mundo de un chico.

Lo interesante es que estas metáforas pueden ser completamente ajenas al concepto que el filósofo intenta enseñar. Pero esto también es parte de su genio- así como es un genio en zambullirse en las profundidades de un problema, resumir un concepto y despojarlo en su esencia, así también es un genio en percibir reflejos de este problema en asuntos cotidianos. Cuando mira una pelota de béisbol, no solo ve una pelota de béisbol, sino que ve el concepto que quiere enseñar. Y por lo tanto, lo puede usar para una metáfora.

Así los chicos tienen una historia, y la razón de esta historia es enseñarles algo. Al principio, pueden escuchar simplemente la historia. Pero luego piensan: “Nosotros le hicimos una pregunta. ¿Por qué él nos contó una historia?” Y se dan cuenta de que hay un significado en la historia. Y siguen pensando y comprenden que algunos de los detalles de la historia no encajan perfectamente—“sobresalen” un poco. Así que estos detalles deben contener significados más profundos. Si se aferran a la historia lo suficiente-cuarenta años, dice el Talmud- y trabajan duramente en ella, pueden llegar a entender las complejidades que su maestro introdujo en ella.

Para los estudiantes, los artilugios de la historia comprenden una capa de vestimentas que cubren una idea. Como las envolturas de un regalo de cumpleaños, la metáfora del helado, la parábola de la pelota de béisbol, el ejemplo de los dulces–todos éstos actúan como envoltorios dentro de envoltorios, capas dentro de más capas de vestimentas, que se filtran hasta que alcanzan la idea.

Pero para el filósofo-cuenta cuentos, el envoltorio es todo transparente. Cuando habla sobre el helado, no piensa en helado–siente la idea que el helado representa. De hecho, no ve solo una simple historia–ve una explicación.

Después de todo, ¿cual es la idea “envuelta” del filósofo, sino su propia mente? La analogía es como la tortuga que vive en una casa hecha de sí misma. Así también, la historia que provee una casa para estas ideas profundas, se construye de la misma creatividad de los autores. La única diferencia es que el contenido detrás de la historia expresa la habilidad de los autores para entender y esclarecer lo que para otros es oscuro, mientras que el proceso de contar una historia expresa su habilidad para resumir una idea y verla de otra forma.

Para el estudiante, la historia del maestro es la mente del maestro envuelta en una historia. Para el maestro es su mente envuelta en su mente.

Ahora, pensemos en este mundo y todo lo que contiene como una gran parábola. Aquéllos que no tienen preguntas, lo toman al pie de la letra. Creen que los artilugios de la historia existen por derecho propio. Ni siquiera ven una historia.

Aquellos que saben que es una historia, la examinan y descubren significados en ella. Empiezan a ver cómo Di-s se comunica con nosotros a través de artilugios de Su mundo. Ven que el agua expresa la bondad infinita, el fuego, poderío infinito, el dulzor de una fruta, sabiduría, los pájaros, la libertad del alma, los peces, la unicidad de la existencia en los mundos ocultos. Esta gente pela las capas exteriores para descubrir dentro, destellos de verdad.

El Gran narrador, sin embargo, mira la historia y solamente se ve a Si mismo pensándose. La energía de la existencia no es nada más que Su sabiduría infinita. Y los filtros y negaciones de esa energía no son nada más que Su poder para encontrar expresión de esa sabiduría en formas finitas. El Poder de Ser y el Poder de No-ser. En la convergencia de ambos, allí está Él en Su Ser esencial.

Tan etéreo como todo esto puede parecer, tiene una gran aplicación práctica. Al ver la vida como una parábola de sabiduría infinita, empezamos a ver las caídas y los moretones en una luz diferente. Ya no son obstáculos en el camino hacia lo que queremos lograr. Como las anomalías que los sabios pusieron intencionalmente en la historia, son densos nudos de luz, esperando que tú los desenredes y descubras la sabiduría del cual están formados.

Por Tzvi Freeman

Una sola barra de oro


Por Lazer Gurkow 

Como Rabino en una comunidad pequeña, a menudo me llama gente de la congregación, que tiene que recitar el Kadish, para que los ayude a juntar gente para el Minian. Antes de aceptar esto, siempre les pido que primero reúnan a sus amigos. A menudo reclutan uno o dos amigos, y el resto me lo dejan a mi, lo cual me hace pensar ¿para qué me molesto en pedir ayuda? 

La misma pregunta se podría formular sobre Di-s durante un episodio curioso que se produjo en la construcción del Tabernáculo y su candelabro de oro. Di-s describe el intrincado diseño Moisés, pero éste no lo entiende. Di-s lo explica nuevamente, hace un dibujo e incluso se ofrece para ayudar a construirlo, pero todo era en vano. Al final, Moisés echa el oro en el fuego y el candelabro surge milagrosamente. 

Di-s debió haber sabido que lo iba a construir Él mismo, entonces ¿por qué le pidió a Moisés que lo construya? 

Entendiendo el diseño 

Una simple pregunta es: ¿qué era tan complicado en el diseño, que Di-s, el más grande maestro, no pudo hacer que Moisés entendiera? 

La verdad es que Moisés entendió perfectamente. Había siete brazos y cuarenta y nueve adornos. Lo que él no comprendía era por qué estos componentes separados debían ser armados a partir de un solo bloque de oro. 

La idea de que la pluralidad y singularidad pueden unirse desafía la lógica humana. 

La mística enseñó que estos siete brazos y cuarenta y nueve adornos corresponden a los siete días de la semana y los cuarenta y nueve días que hay entre Pesaj, cuando nuestros antepasados fueron redimidos de Egipto, y Shavuot, día que recibimos la Torá en Sinai. 

La Torá nos ordenó que contemos los días de estas siete semanas. Siete semanas son cuarenta y nueve días, pero en otro versículo aparece la instrucción de contar cincuenta días. ¿Cómo podemos contar cincuenta días en un período de cuarenta y nueve días? 

La mística nos dice que el día cincuenta fue contado por Di-s cuando nos dio la Torá. 

Mas allá del entendimiento humano 

Para recibir la Torá se requieren cuarenta y nueve pasos de preparación. Sólo al completar estos cuarenta y nueve pasos somos dignos de recibir el paso número cincuenta, la Torá, que Di-s nos concede desde arriba. 

Cada ley en el Torá es de gran complejidad y es por esto que puede ser entendida desde cuarenta y nueve perspectivas diferentes. Requiere tremenda diligencia para comprender e internalizar dicha profundidad. Es necesario el crecimiento día a día para llegar a la más alta sabiduría accesible para la mente humana. El día cuarenta y nueve representa esta petición. 

Hay otro elemento en la Torá que está más allá de nuestro entendimiento intelectual: Di-s, su autor. La información de la Torá puede ser comprendida intelectualmente, pero para conectarse con su autor es necesaria la humildad. 

El día cincuenta, aquel que sólo Di-s puede contar, representa el aura Divina del autor de la Torá. Este es un elemento que no puede ser contado por nosotros mismos, nunca lo vamos a entender. Pero si contamos por cuarenta y nueve días, aplicando las cuarenta y nueve perspectivas de la Torá, entonces Di-s nos concederá la perspectiva número cincuenta desde arriba. 

Cuando llegamos a ese día, adquirimos una perspectiva totalmente nueva. Luego nos damos cuenta de que las cuarenta y nueve perspectivas no son exclusivas entre sí, de hecho, todas fluyen de una base común, un solo núcleo de sabiduría Divina que brilla a través de un prisma de cuarenta y nueve colores. No podemos llegar a esta sabiduría por nuestra cuenta, la recibimos de Di-s, que nos la otorga desde arriba. 

Transformándonos en un recipiente 

Si la meta del estudio de la Torá es conectarnos con su Autor, y dicha conexión nunca puede concebida por nosotros mismos sino que se nos otorga desde arriba, entonces ¿por qué debemos estudiar Torá? Dejemos que Di-s nos la conceda desde arriba!. En otras palabras, ¿qué logran los cuarenta y nueve pasos que nosotros damos si todo cae bajo la llegada del cincuenta? 

Nos convierte en recipientes. Di-s no quiere académicos, quiere estudiantes. Él no quiere grandes maestros, sino almas elevadas, tampoco nuestra profunda comprensión, sino nuestro trasformado carácter. 

El propósito de Di-s es que nos convirtamos en recipientes y conductos para su santidad, y que hagamos las cosas que se aplican a nosotros. El esfuerzo, el anhelo, la desesperación y el deseo sincero hacia Di-s es lo que hace que el ego se transforme en un recipiente. Esto se logra durante el día cuarenta y nueve. 

La elegancia de la singularidad 

Los cuarenta y nueve adornos del candelabro eran hermosos y significativos. Sus formas, simetría, profundo significado y valor metafórico, inspiraron a Moisés a una gran pasión. Cada uno era significativo, cada uno contribuía y merecía su propio lugar. 

“¿Por qué todos tenían que ser martillados en una sola barra de oro?” se lamentó su alma. “¿Por qué manchar su distintiva belleza a través de la uniformidad rígida de una sola barra de oro?”. Los adornos eran excepcionales y Moisés estaba afligido por un pluralismo que sentía que debería ser demostrado. 

Pluralismo y singularidad son dos polos opuestos que sólo Di-s puede unir. Moisés entendió los cuarenta y nueve adornos, pero la única pieza de oro era el secreto del cincuenta, un secreto que únicamente Di-s puede entender. 

Ninguna explicación pudo hacer que Moisés lo entendiera, sin embargo Di-s se lo explicó y él quiso comprenderlo una y otra vez. Esta diligencia fue el sello verdadero de Moisés y en su mérito se transformó en el conducto de Di-s para transmitir la luz del candelabro y la Torá. 

Es por esto que le pido a la gente que junte a sus amigos para el Minian. Puede ser que no junten muchos, pero sé que sus esfuerzos los ayudarán a apreciar y/o identificarse con el significado de la plegaria y el Minian. ¿Quién sabe? Hasta pueden llegar a responder con entusiasmo la próxima vez que sean ellos los llamados.

El animal místico

La Torá, en la porción de Mishpatim, trata las leyes de los animales que dañan animales de otras personas o propiedades.

Por ejemplo, digamos que su perro -normalmente bien educado, doméstico- avanza frenético y repentinamente ataca y muerde al perro de otra persona en un lugar público; ¿cuál es la ley?.  En caso de los primeros tres incidentes, dice la Torá, el dueño del perro paga sólo por la mitad del daño. Ya que es inusual que el perro se pierda y muerda a alguien. No se esperaba que el dueño del perro tuviera que vigilarlo. Por consiguiente, no se lo juzga completamente responsable por la pérdida y comparte la misma con el dueño del perro herido.

Esto sólo es verdad en los primeros tres incidentes. Después de tres oportunidades de tal agresión, se establece que este perro es de naturaleza destructiva y se espera que su dueño lo vigile y es totalmente responsable por todos los daños y perjuicios causados como resultado de su fracaso al cuidarlo.

¿ES POSIBLE EL ARREPENTIMIENTO?

¿Qué hay sobre la reorientación? ¿Puede un perro, un toro o cualquier otro animal que se descarrió, reasumir su estado original de inocencia?.

Sí, dice el Talmud. Esto puede lograrse de dos maneras. O que el dueño entrene a su animal rigurosamente hasta que su conducta se transforme de agresor a un animal sosegado.

Otra opción, dicta el Talmud, es vender el animal o concederlo como regalo a otra persona. Con un nuevo dueño y nuevos modelos y horarios, la Halajá (ley judía) asume que el animal que proviene de una especie que es normalmente doméstica y de buen comportamiento, volverá a ser civilizado  hasta que se pruebe de nuevo que es destructivo.

LA DIMENSIÓN PSICOLÓGICA

Señalamos numerosas veces que cada ley de la Torá contiene además de una concreta interpretación física, una versión psicológica y espiritual. Ésta es una de las funciones primarias de la tradición mística judía-Cábala y Jasidut- para explicar el significado metafísico que se halla detrás de cada ley y Mitzvá de la Torá y el Talmud.

¿Cómo podemos aplicar lo antedicho acerca de estas leyes a nuestras vidas personales?

EL ANIMAL MÍSTICO

Cada uno de nosotros posee un animal dentro suyo, una conciencia terrenal y mundana que busca su auto- preservación y auto-perfeccionamiento. En la tradición judía, en contraste con algunas otras tradiciones, el animal humano no se ve inherentemente como malo y destructivo, sólo como potencialmente malo y destructivo.

Originalmente, cuando nacemos, el animal dentro de nuestra psique es inocente e incluso tierno, como un cachorro pequeño y tierno. Su meta primaria es meramente conservar su existencia, satisfacer sus demandas naturales, y disfrutar de una “buena vida”. Sin embargo, si nuestra conciencia animal no es educada, cultivada y refinada, este animal inocente y dulce puede transformarse en una bestia egoísta; a veces la bestia puede convertirse en un monstruo, propenso a destruirse a sí mismo y a otros en su demanda de auto-perfeccionamiento y auto-engrandecimiento.

Los animales que se encuentran dentro de las personas, se vuelven de hecho, en un momento dado, fuerzas perjudiciales que causan dolor y desastre a ellos o a otros. Hay dos categorías de animales- humanos perjudiciales. Uno cuyos momentos de agresión se ven como raras desviaciones, y otro en quien estos modelos destructivos se vuelven su conducta común.

En casos donde el animal es generalmente moral y decente y su acto de destrucción es una anomalía rara, la Torá declara, que debemos ser más comprensivos con el “dueño” del animal. Nadie está autorizado a agredir o a morder a otro ser humano jamás, pero hablando prácticamente debemos recordar que incluso el marido más dúctil podría perderse y levantar su voz con rabia e incluso la mujer más amorosa puede, en un momento de tensión, hacer un comentario molesto. Es doloroso, deben hacerse mejoras, pero no es el fin del mundo.

Mientras que el agraviador reconozca el mal que causó y acepte la responsabilidad de ello, serán seguidos de entendimiento y perdón.

Pero si los incidentes de abuso y destrucción persisten- por ejemplo, si un marido grita continuamente a su esposa o a sus niños, o una persona en posición de liderazgo o dirección, destruye las vidas de las personas bajo su mando, esta conducta no debe perdonarse nunca. Estamos tratando con un animal que se ha convertido en una bestia destructiva y debe detenerse inmediatamente.

Y, ¿cómo vuelve semejante animal a su estado de inocencia original? ¿Cómo hacer que un animal que se ha convertido en salvaje recobre la confianza de las personas que ha herido tanto?

DOS CAMINOS HACIA LA RECUPERACIÓN

Existen dos caminos disponibles.

El primero es un proceso riguroso de auto-refinamiento en que el animal aprende a confrontar y desafiar sus miedos más profundos e impulsos y quitar la bestia de su carácter abusivo.

Incluso antes de que se las arregle para trabajar revisando todas las cámaras oscuras de su animal salvaje, las enseñanzas del Judaísmo presentan otro alternativa también: Cambiar la jurisdicción del animal.

Tome su animal y sométalo a la propiedad de Di-s. Incluso antes de elevar su animal a un reino más alto, ríndalo a una realidad más elevada. Tome su rabia, sus aficiones, su depresión, y su miedo y sométalos a Di-s. Una bestia peligrosa puede convertirse en un alma agradable.

(Este ensayo está basado en una charla del Lubavitcher Rebe de Sukot 19875)

1) Éxodo 21:35-36 e Ibíd. De Rashi. De Talmud, tratado Baba Kama.

2) Semejante animal se llama en el Talmud un Muad, en contraste con un Tam que es el título concedido a un animal doméstico antes de que haya atacado tres veces.

Hay un argumento interesante entre comentaristas del Talmud, si un animal que ataca tres veces es juzgado por la Ley Judía como de haberse vuelto de naturaleza destructiva, o que su modelo agresivo de conducta demuestra que siempre ha sido de semejante disposición, sólo que estábamos meramente desprevenidos de ello (Ajaronim a Baba Kama 2,b.) Este debate tiene algunas implicaciones interesantes, particularmente cuando repasamos esta ley desde una perspectiva espiritual y psicológica, discutidas debajo.

3) vea Baba Kama 14a; pag. 39-40. Rambam Hiljot Nizkei Mamon 6:6-7.

4) aunque esta opción se disputa en el Talmud (Baba Kama 40b), Maimónides (ibid.) la visión arriba mencionada como ley definitiva.

5) Likutei Sijot vol. 36 pag. 102-108.