
¿Cuál es tu merienda favorita? ¿Pasta con queso? ¿Una cucharada de mantequilla de cacahuete? ¿Galletas con chispas de chocolate?
Tras salir de Egipto, en el desierto, emprendimos un viaje espiritual de cuarenta años junto a nuestros hermanos y hermanas. Cada día recibíamos maná, un alimento milagroso. Era una cocina gourmet, de nivel spa, con una dimensión mística.
Estaba hecho a la medida de cada persona, con la cantidad justa para saciarse. Además, tenía algo de Willy Wonka: podía saber a lo que quisieras, incluso a tu snack favorito. Pero tenía una condición: no podía guardarse de un día para otro, porque se estropeaba.
Un momento. Si Di-s me da una comida gourmet, perfectamente adaptada a mis necesidades y con un sabor místico, ¿por qué habría de guardar sobras para el día siguiente?
Porque teníamos una mentalidad de esclavos. Habíamos sufrido un trauma colectivo. Durante 210 años vivimos en esclavitud, inmersos en una mentalidad de carencia y miedo. El pensamiento constante era: “¿Y si mañana no tengo nada?”
Di-s nos ama demasiado como para permitir que nos quedemos atrapados en ese estado mental. Por eso nos guió a través de ejercicios diarios de confianza, enseñándonos a dejarnos caer en Sus brazos. Cada noche nos acostábamos sin reservas, sin una red de seguridad, y cada mañana —he aquí— recibíamos exactamente lo que necesitábamos.
Fue un entrenamiento de bitajón de cuarenta años. Una reestructuración profunda de nuestro sistema nervioso durante cuatro décadas. Así se formó la mentalidad judía de abundancia: una mentalidad de confianza. Aprendimos que nuestra seguridad no reside en lo que acumulamos, sino en que Di-s es nuestra verdadera manta de seguridad.
Pero surge la pregunta: ¿acaso no debemos pensar en el mañana? ¿No es eso lo responsable?
El autor de Jovot Halevavot nos enseña que no seamos de aquellos que hoy tienen pan en la mesa y, aun así, viven angustiados por el mañana. Lo más práctico que podemos hacer para planificar el futuro es disfrutar plenamente de la bendición del presente.
Di-s quiere darnos un bien infinito. Él puede dármelo todo, pero necesito estar abierto a recibirlo. Puede poner la fruta más dulce en mi boca, pero debo estar dispuesto a saborear su dulzura.
Nuestras bendiciones no son verdaderas bendiciones hasta que las disfrutamos y reconocemos de Quién provienen.
Cuando respiro con la conciencia de que existe un Di-s infinito que desea cuidarme, puedo regularme, relajarme, procesar lo bueno y asimilarlo plenamente. Entonces —y solo entonces— tengo una mentalidad adecuada para planificar el mañana: una mentalidad de “Di-s es mi seguridad; no temeré”. Desde allí puedo tomar decisiones claras y serenas para el futuro.
¿Podemos reconocer el maná que recibimos hoy? ¿Podemos ver las bendiciones diseñadas a nuestra medida para nutrir cada dimensión de nuestro ser? Cuando lo logramos, estamos construyendo la vasija para disfrutar del mañana.
Verás, Di-s puede darnos una familia, un coche, una casa y un trabajo, y aun así puede que no disfrutemos nada de ello. ¿Por qué? Porque, por muy bien que esté el presente, la incertidumbre del mañana puede robarnos la paz.
Por eso, en el desierto, Di-s nos quitó nuestra falsa sensación de seguridad. Nos sacó de la zona de confort; no permitió que el maná durara hasta el día siguiente. No había consuelo en una despensa llena. Él decía: “Hoy te daré lo que necesitas. Ahora, hijo mío, duerme y entra en un estado de confianza y liberación”. Repetimos esto durante cuarenta años, y como resultado, una mentalidad de abundancia tras el trauma quedó grabada en nuestro ADN espiritual.
Así, hoy, al colocar la jalá en mi mesa de Shabat, recuerdo el maná del desierto. Recuerdo quién soy. Soy un alma inquebrantable. Soy alguien capaz de sostener sus miedos y decirle a su mente inquieta: “Elijo la fe por encima del miedo. Mi confianza es una experiencia vivida, más fuerte que mis temores”.
Tómate un momento y observa: las bendiciones que necesitas hoy ya están aquí.
¿Y el mañana?, pregunta mi mente de supervivencia. Respira profundo, le respondo. Hoy tengo todo lo que necesito para aquello que se me pide ahora. Relájate sabiendo que mi verdadera seguridad reside en mi relación con Di-s, y en eso siempre puedo confiar.


