¿Cómo se descubrió el Kotel?

“El Sagrado Templo será destruido, pero el Muro Occidental nunca será destruido” dijo una Voz Celestial. “Será la señal de que la Presencia Divina reside allí”
Los romanos no toleraban ver cómo los hebreos se aferraban al Muro e instigaron a todos los gentiles de Jerusalém a arrojar la basura diariamente en el Muro. Lentamente el Kotel quedó cubierto por los desperdicios.
Pasaron muchos años. Un judío rico visitó Jerusalém. Caminó por las calles, buscando el Kotel, sin poder hallarlo. Preguntó a los transeúntes y todos se encogían de hombros; nunca habían visto el Muro.

El hombre no se dio por vencido. Continuó con su búsqueda. Cierta vez notó la presencia de una mujer muy anciana que acarreaba un pesado paquete de basura.
Le preguntó: “¿Qué es lo que traes?”.
La mujer respondió: “Traigo mi basura para arrojarla sobre la colina”
El hombre volvió a insistir: “¿No tienes un lugar más cercano a tu hogar para llevarla?”
“Es una antigua costumbre la de arrojar la basura aquí. En otra época aquí se erigía un magnífico muro de piedra. Los judíos lo consideraban santo. Los romanos ordenaron cubrirlo con desperdicios”. Arrojó su bolsa y se retiró.

El iehudí dijo: “No me moveré de aquí hasta dejar a la vista el Kotel Hammaraví”
Salió a las calles de Jerusalém y susurró entre los que pasaban: “Dicen que hay un tesoro escondido debajo de la colina de basura” Él mismo tomó una pala y comenzó a cavar. A los pocos minutos una multitud lo rodeaba, imitándolo. La ciudad entera hablaba del tesoro enterrado. Todos llegaban con palas. Ya se veían las piedras del Muro. Cuando cayó el sol la gente se retiró. El judío escondió algunas monedas de oro en la colina. A la mañana temprano uno de los excavadores halló una moneda y luego otro. Estaban seguros de que el tesoro estaba bien abajo. Cada día agregaba más monedas hasta gastar toda su fortuna en su misión. Luego de 40 días de trabajo, todo el Muro quedó a la vista.

En el mismo lugar de donde Di‐s tomó la tierra para crear a Adam con Sus manos, donde Abraham trajo a Itzjak para sacrificarlo, donde estuvieron el Primer y Segundo Templo, allí mismo será reconstruido el Tercer Beit Hamikdash, con la pronta llegada del Mashiaj.

Los tesoros del Beit Hamikdash

Hoy podemos preguntarnos: ¿qué sucedió con todos los elementos sagrados realizados con materiales como el oro y piedras preciosas? En el libro Elef Dor (recopilado por Ierujam Horowitz), que es un compendio de datos extraídos de la Biblia, los exégetas, la Mishná, el
Talmud, midrashim, respuestas de los
Rishonim y Ajaronim, etc, hallamos interesantes respuestas a esta pregunta y otros datos quizás desconocidos. “no existe número para cuantificar el oro y la plata y tesoros que sustrajeron los romanos de Jerusalém. El historiador Iosef Ben Matitiahu (Flavio Josefo) relata que
tan grande era la cantidad de oro hallada por los soldados en la ciudad y el Templo, que esto provocó un marcado descenso del precio del oro en la zona, hasta la mitad de su costo habitual.

La vid de oro gigante realizada por Herodes que Iosef describe, también fue llevada a Roma: “Era de oro puro. Estaba colocada sobre una de las columnas y pesaba 1000 piezas de oro. Había sido realizada por orfebres profesionales. Las hojas estaban hechas en oro
verdoso y los frutos llevaban incrustadas piedras preciosas. Era una pieza increíble que deleitaba a todo aquel que la observaba…” Uno de los cohanim, amenazado de muerte, descubrió ante los romanos depósitos de lana turquesa, roja, hilos de lino y enormes cantidades
de fragancias costosas que se usaban para el Incienso. Además, entregó a Tito dos Menorot (Candelabros) de oro, similares en tamaño al Candelabro del Beit Hamikdash. También mesas, tenedores y fuentes de mucho peso realizadas en oro puro. Hallaron el lugar
secreto donde se guardaban las vestimentas del Sumo Sacerdote y numerosas piedras preciosas.

Otra fuente de suministro de oro para los romanos fueron los propios habitantes de Jerusalém. Muchos de los utensilios importantes fueron llevados por los soldados y bastante tiempo después podían verse entre los tesoros de Roma: el Tzitz- Placa de oro para el turbante del
Sumo Sacerdote, un Candelabro de Oro, el Parojet- cortina Divisoria entre el Kodesh- Santo- y el Kodesh HaKodashimSanto de Santos.

Incluso el famoso trono de oro del rey Shlomó (o sus partes).
Rabí Itzjak Abarbanel testifica: “También fueron sustraídas piedras preciosas de Ierushalaim. Y muchas de ellas se hallan aún en Roma y la ciudad de Pisa y otras localidades”. Cuando Tito llegó a Roma, se organizó en su honor una marcha de victoria. Iosef Ben Matitiahu la
relata en detalle (La guerra de los judíostomo VII). Entre otros datos describe:
“De entre todos los tesoros del botín, sobresalían los utensilios que fueron llevados del Beit HaMikdash de Ierushalaim. La pesada mesa de oro puro, la gran Menorá – Candelabro de oro. Y como trofeo, desfiló un Sefer Torá (Rollo de Torá) de los judíos*…”
*en varios lugares nuestros Sabios recuerdan que el Sefer torá que fue llevado prisionero a roma era aparentemente de la época de los primeros Profetas o de Ezrá Hasofer.

Un poco de historia

Bastante antes de la destrucción de Jerusalém a manos de los romanos, Rabí Iojanán ben Zakai previó el trágico destino de la ciudad. Se abstenía de los enredos políticos, y cuando vio la futileza del forcejeo contra Roma y comprendió que la caída de Jerusalém era inevitable, determinó que se debía establecer un lugar de refugio para el Judaísmo.

Un día, Rabí Iojanán llamó a su sobrino, Aba Sikra. Aba Sikra era el jefe de un grupo de judíos que se oponía fuertemente a cualquier tipo de diálogo con los romanos. “¿Cuánto tiempo más dejarás que la gente se muera de hambre en las calles”? Rabí Iojanán preguntó a Aba Sikra.
“Esto ya se ha escapado de mis manos,” fue la afligida respuesta de Aba Sikra.
“¿Me ayudarás a salir de la ciudad e intentar hablar con Vespaciano, el general romano”? Rabí Iojanán apeló.
Sikra estuvo de acuerdo en ayudar. Sugirió que Rabí Iojanán simule estar enfermo. Luego, “moriría” y podrían sacarlo de la ciudad para ser enterrado. Desde allí, podría llegar clandestinamente al general romano.
Y así fue. Pero cuando los estudiantes de Rabí Iojanán llevaron su ataúd cerca de las puertas de la ciudad, los defensores detuvieron la marcha.
“Permítanos pinchar el ataúd con nuestras espadas para asegurarnos que está verdaderamente muerto” dijeron.
Aba Sikra intervino. “No corresponde comportarse de semejante manera con un gran sabio como Rabí Iojanán ben Zakai.”

Los Defensores dudaron y finalmente estuvieron de acuerdo y les permitieron salir. Rabí Iojanán pudo entrar en el campamento romano.
“Paz sobre usted, Rey,” Rabí Iojanán saludó a Vespaciano.

“Usted es culpable de traición por llamarme rey,” contestó el general.
“Ah, pero sé a través de la profecía que Jerusalém sólo caerá en manos de un rey. Usted, ciertamente, será el César.” Mientras estaban hablando, un mensajero vino, e informó a Vespaciano que el César había muerto y él había sido escogido nuevo gobernante del Imperio romano.

Se dice que Vespaciano recibió esta noticia cuando llevaba puesta una bota, y la otra aún no se había calzado.
Cuando intentó quitar su bota, no pudo. Y cuando intentó ponerse la otra bota, no pudo tampoco. Rabí Iojanán explicó que “las noticias buenas hacen que los huesos se ensanchen” (Proverbios 18:5), y que si miraba a alguien que no es de su agrado, sus pies volverían a la normalidad.

Vespaciano se impresionó por la sabiduría de Rabí Iojanán y le ofreció: “Pídame lo que su corazón anhele y cumpliré sus deseos.”
La primer demanda de Rabí Iojanán fue que la ciudad de Iavne sea un lugar de refugio y allí se establezca una academia de estudio. Segundo, salvar la vida de los descendientes de Rabi Gamliel, para que la Casa real de David no se destruya (la costumbre romana era asesinar a la familia gobernante entera). Finalmente, Rabi Iojanán pidió los servicios de un médico para curar a Rabí Tzadok‐un gran Sabio que ayunó durante 40 años intentando salvar a Jerusalém de la destrucción.

Vespaciano concedió las demandas aparentemente modestas, sin comprender sus implicaciones de largo alcance para la supervivencia del pueblo judío. El establecimiento del nuevo centro de Torá en Iavne puso el fundamento para el renacimiento espiritual de la nación
judía después de que su independencia nacional se perdió ante el poderoso Imperio romano‐un imperio que ha desaparecido del mapa.

¿Por qué las mujeres no son consideradas herederas de acuerdo con la ley de la Torá?

HISTORIA JUDÍA- LAS HIJAS DE TZELOFJAD Y SU AMOR POR LA TIERRA DE ISRAEL

Un hombre llamado Tzelofjad falleció en el desierto, dejando cinco hijas – Majlá, Joglá, Noáh, Milká, y Tirtzá. Las cinco eran rectas, inteligentes, y cultas. En el tiempo de la muerte de Aharón, después de la cual sucedieron los eventos relatados aquí, ellas no estaban casadas, dado que no pudieron encontrar esposos dignos.

Cuando oyeron a Moshé explicar que Eretz Israel sería distribuida de acuerdo con el número de varones, discutieron la materia entre sí.

“El nombre de nuestro padre será olvidado,” se dijeron una a la otra, “porque ningún heredero varón recibirá una porción en Eretz Israel asociada con su nombre. Dado que nosotras no tenemos hermanos, reclamemos la porción de nuestro padre en la Tierra, de tal modo su nombre será perpetuado.”

Las hijas de Tzelofjad eran descendientes de Majir, una familia de la Tribu de Menashé que había pedido permiso a Moshé para asentarse en el lado oriental del Jordán. Así ellas sabían que podrían obtener territorio fácilmente en aquel lado, dado que la tierra allí no era distribuida por la suerte Divina sino por Moshé personalmente. No obstante, amaban Eretz Israel, no estaban satisfechos con una porción en el lado oriental del Jordán, sino que decidieron pedir una parte apropiada en Eretz Israel.

Ellas se aproximaron a los jueces designados por cada diez personas y presentaron su petición. Dado que ésta era una cuestión legal sin precedentes, los jueces no pudieron decidirse. Ellos remitieron a las hijas de Tzelofjad a los jueces designados sobre cincuenta.

“Nosotros dejamos la decisión a más grandes,” dijeron también estas autoridades. Las hijas de Tzelofjad entonces abordaron a los jueces designados sobre cien, pero de allí fueron enviadas a los jueces de mil. Ningún juez se sintió competente para decidir la materia, hasta que finalmente las hijas de Tzelofjad fueron referidas a Moshé mismo.

Las hijas de Tzelofjad esperaron en presentar su caso hasta que Moshé comenzó a explicar las leyes de ibúm (matrimonio de levirato) en el Beit Hamidrash. En aquel punto ellas entraron y dirigieron la palabra a Moshé, Elazar (quien oficiaba después de la muerte de su padre Aharón), y los Ancianos.

A pesar de ser renuentes a presentarse en público, las hijas de Tzelofjad vencieron su natural modestia porque su cuestión era fundamental. Ellas la presentaron en un estilo culto.

La hija mayor comenzó, “Nuestro padre falleció en el desierto (y no en Egipto. Dado que él pertenece a la generación que abandonó Egipto, él tiene derecho a una porción en Eretz Israel)”.

La segunda hija continuó, “El no estuvo entre los querelladores o la malvada congregación de Koraj (quienes perdieron el derecho a sus partes en la Tierra)”.

La tercera resumió, “El no indujo a otros a pecar, (lo cual le causaría perder su porción), sino murió a causa de su propio pecado”.

La cuarta hija concluyó, “¿Por qué debería el nombre de nuestro padre ser olvidado de la familia porque él no dejó ningún hijo? ¡Permitídnos a nosotras, sus hijas, heredar todas las porciones que le eran debidas a él!”

Replicó Moshé, “Vosotras no tenéis derecho a la herencia de vuestro padre.”

¿Por qué?” ellas inquirieron.

“Porque las mujeres no son consideradas herederos de acuerdo con la ley de la Torá,” declaró Moshé.

Las hijas de Tzelofjad entonces argumentaron, “Si muchachas no son consideradas herederos, nuestra madre debe volver a casarse con uno de los hermanos de nuestro padre, de acuerdo con las leyes de ibum. Quizá ella tendrá entonces un hijo quien heredará la porción de nuestro padre.”

“Una vez que hay hijas,” replicó Moshé, “ibum no se aplica. Ella no puede casarse con uno de los hermanos de vuestro padre.”

“¿Qué razonamiento es éste, Moshé Rabeinu?” preguntaron estas cultas mujeres. “Si nuestro estatus es igual a hijos en cuanto concierne a ibum, ¿no debería la misma regla aplicarse en relación a la herencia de la Tierra?”.

De acuerdo con un parecer (Shabat 96), Tzelofjad era el mekoshesh, el hombre que recolectó leña en Shabat (15:32); de acuerdo con otra opinión él estaba entre los maapilim (quienes intentaron entrar a Eretz Israel sin permiso (14:44)).

Inmediatamente, Moshé se volvió para preguntar a Hashem para confirmar el reclamo de las hijas de Tzelofjad.

¿Por qué no reconoció Moshé la verdad de su argumento, prefiriendo esperar la decisión de Hashem?

Hay varias opiniones:

1.La ley de la Torá en esta materia fue ocultada de Moshé.

Dos tzadikim se alabaron a sí mismos de que ellos eran bien versados en Torá y Di-s les causó olvidar una ley.

El Rey David proclamó, “Tus leyes eran mis cantos en la casa donde yo era un extraño” (Tehilim 119:54). David implicaba que aún mientras él estaba en huida y en exilio, la Torá estaba constantemente sobre sus labios. A pesar de que en aquellos penosos tiempos él no podía concentrarse tan profundamente como cuando estaba en paz, incesantemente repetía las palabras de la Torá como quien lleva un canto sobre sus labios. Dijo Hashem, “David, no compares la Torá a un canto, alabándote tú mismo de que sus palabras son tan familiares para ti como un canto! Tú errarás todavía concerniente a una ley conocida incluso por niños pequeños.”

Cuando David trajo el Arón (arca) a Ierushalaim, no se lo cargó sobre los hombros de sus portadores, sino él ordenó que fuera colocado sobre una carreta. Hashem se enojó y causó a los bueyes que empujaban la carreta temblar. Un hombre llamado Uzá, quien estaba parado muy cerca, pensó que el Arón estaba a punto de caer y lo tomó. Di-s mató a Uzá por este acto (porque él debía haber entendido que el Arón que transporta a sus portadores, ciertamente se transporta a sí mismo). David se dio cuenta tristemente que esta tragedia había sido causada por su error, porque él había errado en colocar el Arón sobre una carreta. El Arón sólo podía ser cargado sobre los hombros de los portadores.

Cuando Moshé designó jueces sobre el pueblo, él anunció, “Cualquier materia que es demasiado difícil para vosotros, traedla ante mí” (Devarim 1:17). Él debería haber dicho, “En cualquier materia difícil, yo inquiriré sobre la ley a la Shejiná.”

Consecuentemente, Hashem ocultó de él una halajá la cual aún las mujeres sabían.

2. De acuerdo con un parecer diferente, Moshé sabía la correcta decisión halájica. No obstante, cuando él escuchó que los jueces sobre diez habían diferido el caso a una autoridad más alta, y todo Beit Din de turno se había abstenido de pronunciar una decisión, Moshé pensó, “Permitídme actuar de la misma manera. Hay Uno más grande que yo. Permitídme preguntarle a Él.”

Moshé con eso enseñó a los jueces de todas las generaciones venideras a no vacilar para consultar a una más grande autoridad si es necesario.

De acuerdo con este parecer, Moshé conscientemente corrigió su previa declaración presuntuosa de que él decidiría materias difíciles por sí mismo. Su teshuvá (arrepentimiento) consistió en presentar públicamente su pregunta a Hashem.

3.Moshé sabía que las hijas heredan las posesiones de su padre si no hay descendencia masculina. No obstante, él estaba inseguro acerca de si Tzelofjad, quien era un primogénito, tenía derecho a una doble porción en este caso. La ley de la porción doble podría no aplicarse aquí, dado que Eretz Israel no estaba todavía en la posesión de Benei Israel.

4.De acuerdo con el Zohar, Moshé no estaba seguro acerca de si el pecado de Tzelofjad, (el mekoshesh) había sido completamente perdonado en el Cielo. Él pensó que Hashem podría no querer conceder a las hijas de este hombre una porción en la Tierra. La réplica positiva del Todopoderoso indicó que el pecado de Tzelofjad había sido expiado. Hashem replicó a la pregunta de Moshé, “Las hijas de Tzelofjad argumentaron correctamente. Esta fue la ley apuntada ante Mí en lo Alto.

El denominador común

La historia judía resume entre otras cosas, las diferentes corrientes que existieron dentro del pueblo. Desde que salimos de Egipto hasta nuestros días somos testigos de discusiones y debates entre diferentes franjas de la comunidad. Sólo una vez fuimos meritorios de una unión verdadera y completa: al prepararnos para recibir la Torá en Shavuot. Cuando el pueblo judío estaba parado frente al Monte Sinaí “como un solo hombre con un solo corazón”.

Esto no es solamente una realidad histórica, sino un mensaje profundo. La unión del pueblo judío puede lograrse sólo a través de la base sólida de la Torá. Sin ella, quizás podemos pensar que somos un grupo de personas, o comunidades que no tienen nada en común.

Es imposible catalogar al pueblo judío de acuerdo a los parámetros comunes a las naciones. Por ejemplo, el pueblo francés está compuesto por personas que viven en Francia, hablan francés, se identifican con la cultura francesa, etc. Aquel cuyo abuelo emigró a los Estados Unidos de Norteamérica y nunca visitó Francia, no habla su idioma y no conoce su cultura- no puede considerarse francés. Sólo el pueblo judío puede mantenerse en una situación anormal. Sus integrantes viven en diferentes países, hablan idiomas distintos, y viven de acuerdo a culturas disímiles – y sin embargo todos son considerados parte de un solo pueblo. ¿Quizás se trate de una raza? No es correcto, ya que a lo largo de las generaciones se unieron a nuestro pueblo (a través de la conversión de acuerdo a la Halajá-Ley Judía-) miembros de todas las razas, y son considerados judíos completos. Entonces ¿podemos alinearlos como miembros de una misma religión (en los términos del mundo)? Tampoco, pues también aquel que no es religioso, y no lleva a cabo ninguno de los preceptos de la Torá- es judío. Incluso quien se haya convertido en ‘apóstata’ no requiere de ningún acto especial para retornar a sus raíces.

¿Cuál es entonces el punto que une a todos los judíos?

Nuestra identidad no está delimitada por parámetros terrenales. La identidad judía se desprende del alma que nos heredaron nuestros antepasados Abraham, Itzjak y Iaakov, y del pacto que sellaron con Di-s. Somos judíos pues nuestro fuero íntimo lo es. Nuestra condición no depende de otros factores. Si naciste judío, llevas dentro de ti ‘el puntito judío’, el alma judía, y eres parte inseparable del pueblo de Israel (al igual que lo son quienes se convierten de acuerdo a la Halajá)

Esta es nuestra fuente de unión. Para que nuestro judaísmo sea notorio y reconocido, se necesita de vida judía: Torá, Mitzvot, cultura judía, Eretz Israel, etc. De esta forma llenamos nuestro mundo de contenidos judaicos, creando una armonía entre nuestra esencia interior y nuestra forma de vida y sentimientos. Y aunque existen grandes abismos entre algunas partes de nuestro pueblo, esto no cambia en absoluto la unión esencial que nos ata. El mejor momento para expresarla y reforzarla es Shavuot.

Adaptado del Sijat Hashavua

Solo Pesaj tiene un día de recuperación

Desde un punto de vista práctico, Pesaj es la única festividad cuya observancia central puede pasarse por alto fácilmente debido a circunstancias fuera del control de uno.
Por ejemplo, con suficiente esfuerzo, uno casi siempre puede asegurarse detener acceso a un Shofar para Rosh HaShaná, un Lulav y un Etrog para Sucot, etc.

Por otro lado, en la época del Templo, la pieza central de Pesaj era comer el korbán (ofrenda) de Pesaj con matzá y las hierbas amargas.
Ahora bien, esto solo podía hacerse enlas proximidades del Templo de Jerusalém (o antes, el Tabernáculo), y uno tenía que estar en un estado de pureza ritual.

Debido a estos obstáculos logísticos, era concebible que alguien se perdiera la ofrenda de Pesaj y, por lo tanto, necesitara aprovechar una “segunda oportunidad”. (Esto también explica por qué el Segundo Pesaj es solo para aquellos que no comieron la ofrenda; y no es para que los que no comieron Matzá, maror, leyeron la Hagadá, etc., se pongan al día).

Leemos en la Torá que cuando se acercaba el primer aniversario del Éxodo y Di‐s instruyó al pueblo de Israel a traer la
ofrenda de Pesaj en la tarde del 14 de Nisán, “había, ciertas personas que se habían vuelto ritualmente impuras través del contacto con un cadáver, y no podían, por lo tanto, preparar la ofrenda de Pesaj en ese día.
Se acercaron a Moshé y Aarón y dijeron:‘¿Por qué deberíamos estar privados y no poder presentar la ofrenda de Di‐s a su
tiempo, entre los hijos de Israel?’

En respuesta a su súplica, Di‐s estableció el 14 de Iyar como el Segundo Pascua (Pesaj Sheni) para cualquiera que no pudiera traer
la ofrenda en el momento señalado en el mes anterior.
La razón más profunda
Los maestros jasídicos explican que el tema subyacente de Pesaj Sheini es el concepto de teshuvá (“retorno”), y que nunca es demasiado tarde para corregir nuestros errores.

Para citar el HaIom Iom del 14 de Iyar:
Pesaj Sheini es que nunca es demasiado tarde. Siempre es posible arreglar las cosas.
Incluso si uno era ritualmente impuro, o uno estaba lejos, e incluso en el caso en que esta (impureza, etc.) fuera deliberada, puede corregirlo.

El Rebe explica que esto está ligado únicamente a la Pesaj, que marca el “nacimiento de la nación judía”.
Puedes perder muchas cosas (autobuses, exámenes, reuniones de trabajo e incluso vuelos) y recuperarlas más tarde. Pero si pierdes nacer, perdiste todo.
Por lo tanto, Di‐s quiere que cada persona, incluso aquellos que se perdieron deliberadamente el primer Pesaj, tengan una segunda
oportunidad, enseñando que nunca es demasiado tarde para corregir nuestras deficiencias.

Al conmemorar este día, debemos tomar en serio la lección de que no importa cuán lejos podamos llegar o cuán impuros nos hayamos vuelto, Di‐s allanará el camino para nosotros si queremos hacer las paces sinceramente.

Rabí Akiva y su legado

Los 49 días entre la festividad de Pesaj y Shavuot, se distinguen por la costumbre de la sefirá, es decir la cuenta del Omer. Los días de Omer en general, y el día 33 –Lag Baomer- en particular, están relacionados con el Gran Rabí Akiba y sus discípulos.

Rabí Akiba tenía cuarenta años, era iletrado y extremadamente pobre cuando comenzó una vida de estudio de Torá. Se inspiró ante la visión de un pequeño chorro de agua que al golpear sobre la dura roca hizo un agujero. Se dijo entonces a sí mismo: “Si el agua al caer con constancia, puede hacer un agujero en la roca, igualmente si estudio con perseverancia, aún yo, puedo ser un Erudito”. Tanto logró Rabí Akiba con su esfuerzo que se convirtió en uno de los grandes sabios y maestros de nuestra nación. En su momento llegó a liderar una Academia de Estudios de Torá que contaba que contaba con más de 24.000 alumnos a lo largo y ancho de la Tierra de Israel.

Por no haber sido respetuosos entre ellos, una plaga los atacó durante los días de Omer y muchos fallecieron. Por esa razón, los días de Omer son considerados días de duelo. No se celebran casamientos y también hay otras limitaciones en lo que se refiere al regocijo durante este período. El día 33 del Omer –Lag Baomer- la plaga terminó. A partir de ese momento, Lag Baomer se convirtió en un día festivo y auspicioso.

Su significado

La Guemará (el Talmud), testimonia que los estudiantes que fallecieron eran “alumnos de Rabí Akiba”. Se entiende que debían ser merecedores de ese título. Eso significa que estaban dedicados al estudio de la Torá y al cumplimiento de las Mitzvot con devoción, diligencia y Mesirut Nefesh (autosacrificio), tal como su maestro, el grande y exaltado sabio Rabí Akiba les había enseñado. Se deduce de ello, que la falta de respeto que hubo entre ellos, no pudo ser a causa de algo trivial, sino que estuvo motivado por el alto nivel espiritual en que se encontraban como alumnos de Rabí Akiba.

La explicación de esta conducta se encuentra en el dicho de nuestros sabios de santa memoria: “las personas en general, tienen distintas mentes y personalidades”. Cada individuo tiene su propia forma de servir a Di-s, estudiar la Torá y cumplir las Mitzvot. Por ejemplo, una persona puede hacerlo por amor a Di-s, otro puede hacerlo por temor a Di-s, y un tercero puede hacerlo por un sentimiento de total obediencia y sumisión a la Voluntad de Di-s, y así sucesivamente, aunque en la práctica, todos ellos observan con meticulosidad la Torá en su vida diaria.

Por ser discípulos de Rabí Akiba, eran hombres de nobleza, que servían a Di-s con la mayor sinceridad y devoción y con todo su ser. Por eso le parecía a cada uno que el suyo era el enfoque correcto, y el que no hubiera llegado a su nivel estaba lejos de la perfección. Más aún, siendo ellos discípulos de Rabí Akiba que enseñaba: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo, este es un gran principio de la Torá”, no estaban conformes con avanzar en forma individual en su propia forma de servir a Di-s, sino que deseaban lo mismo de sus compañeros, tratando de inducirlos a seguir su camino. Cuando veían que éstos no aceptaban su influencia, no podían respetarlos en el nivel que se esperaba de los discípulos de Rabí Akiba.

Su enseñanza

A la luz de lo antes mencionado, podemos ver que la historia de Lag Baomer en la Guemará, nos enseña cuál debe ser nuestra conducta.

La instrucción consta de tres partes:

1) El servicio a Di-s debe ser hecho con verdadera inspiración y vitalidad, al punto que se refleje en la totalidad de la personalidad del individuo.

2) Lo recién mencionado incluye –por supuesto- la gran Mitzvá de “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

3) Además, el individuo debe mirar en forma respetuosa y benevolente a cada judío, que está absolutamente comprometido con la Torá y el cumplimiento de las Mitzvot, aunque difiera en su forma de servicio, sea por amor o por reverencia, etc.

Otra instrucción es que, si uno se encuentra con un judío que todavía no adquirió el nivel adecuado en el servicio Divino, su relación deberá ser también con el debido respeto y afecto, de acuerdo con la enseñanza de nuestros Sabios: “Juzgarás a cada persona en forma favorable”. Es necesario tener en cuenta que la persona que aún no está comprometida con el Judaísmo, puede no ser responsable, sino que simplemente no tuvo la oportunidad de recibir una educación judía tal como corresponde.

En un caso así, debemos compadecernos de esa persona, y hay que hacer el mayor esfuerzo para acercarlo al judaísmo en forma cordial, con todo amor y respeto.

El comienzo del fin

Los días 8, 9 y 10 de Tevet se consideran días oscuros en la historia de Israel.

En un momento dado, cada uno de los tres días se observó mediante un ayuno. Hoy ayunamos solo el décimo.

El 8 de Tevet marca la finalización de la traducción de la Biblia al griego, conocida como la Septuaginta.

El 9 de Tevet marca el fallecimiento de Ezra y Nejemia, quienes llevaron a los judíos exiliados en Babilonia de regreso a Jerusalém.

El 10 de Tevet marca el comienzo del asedio babilónico de Jerusalém en el año 586 a. C.

Ptolomeo II gobernó la Tierra de Israel con una actitud amistosa hacia sus súbditos judíos. Era gran amigo de los libros y su gigantesca biblioteca contenía cientos de miles de volúmenes de todos los autores de la antigüedad.

Por sugerencia de sus bibliotecarios, se acercó al pueblo judío para obtener una traducción al griego de la Biblia. Eleazar, el Sumo Sacerdote, que estaba a la cabeza del estado de Israel, le envió a setenta de los más grandes sabios judíos. Conocían bien el idioma griego y todos los significados e interpretaciones del texto de la Biblia en la tradición escrita y oral.

Cuando llegaron a su palacio, el rey Tolomeo les dio una bienvenida real. Los honró con fiestas y regalos. Luego los envió a una pequeña isla cerca de Alejandría. Allí, colocaron a cada Sabio en una habitación separada. “Escríbeme la Torá de Moshé, tu maestro”, les ordenó a cada uno. Debían traducir la Biblia al griego, confinados en sus habitaciones. No podían comunicarse entre sí. Milagrosamente, cada traducción individual estuvo de acuerdo en todos los puntos, incluso en los pasajes más difíciles.

Hubo varios lugares donde cada Sabio alteró intencionalmente la traducción literal. Sin embargo, al final, todos hicieron los mismos cambios. El gobernante egipcio y sus eruditos estaban asombrados por la proeza milagrosa, y honraron con razón a los eruditos al finalizar la traducción.

La “Septuaginta” (latín para setenta) se convirtió en uno de los documentos más importantes de la literatura judía y mundial. Contiene no solo todos los libros de la Biblia, sino también obras no incluidas en la Biblia que se perdieron en gran parte en su hebreo original.

Los judíos de Egipto estaban muy contentos con esta traducción de la Biblia al griego. Durante muchos siglos celebraron el día de la finalización, el octavo de Tevet, como fiesta judía. Pero los Sabios de Israel consideraron el 8 de Tevet como un día de dolor para el pueblo judío. Todos vieron un acto asombroso de Di‐s en él.

Sin embargo, se consideró un día tan trágico como el día en que se hizo el becerro de oro.

Según el Talmud, el asunto se comparó con un león capturado y encarcelado. Antes de su encarcelamiento, todos temían al león y huían de su presencia.Una vez encarcelado, todos se acercaron y le dijeron: “¿Dónde está su fuerza?” Mientras la Torá estuvo en manos de Israel y fue interpretada por los Sabios en su propio idioma, el hebreo, evocó reverencia y muchos temían mancharla. Una vez que la Torá fue encarcelada en la traducción griega, fue como si la Torá fuera despojada de reverencia. Quienquiera que lo deseara podía ahora venir y mirarla.

5 de Tevet – Didan Notzaj


El juicio por los libros de Agudat Jasidei Jabad, comenzó el 19 de Kislev de 5746 (1986) ante el juez Charles Simphson y se extendió por tres semanas.

El 5 de Tevet de 5747 (1987) se dio a conocer el fallo del juez en un expediente de 40 páginas. El juez tomó declaración a los jasidim de Jabad, alegando que toda la vida del Rebe Iosef Itzjak, anterior Rebe de Lubavitch, fue dedicada y consagrada por completo a la comunidad, por lo tanto declaró su biblioteca como pública y perteneciente a la asociación de Jabad Mundial, al considerar que los libros del Rebe no formaban parte de su patrimonio personal en el momento de su fallecimiento.

El demandado fue obligado devolver los libros y demás objetos del Rebe Anterior, que se encontraban en su poder y fueran tomados sin autorización.

La noticia de la victoria se difundió rápidamente en todo el mundo, y en cada lugar donde se escuchaba, los jasidim lo celebraron con mucha alegría.

El mayor festejo se vivió en la central de Jabad, “770”, donde miles de personas se reunieron para festejar la gran victoria. El punto máximo de alegría fue luego de la plegaria vespertina, realizada con la melodía propia de los días festivos y luego de la cual el Rebe pronunció un discurso especial, en el que entre otras cosas dijo: “… así como en el momento de la encarcelación y liberación del Alter Rebe, el mismo protagonista aprendió de todos los acontecimientos, una instrucción para su servicio a Di‐s y una de sus conclusiones fue la de aumentar en la difusión de los manantiales del jasidut hacia fuera.

A la luz de todo esto, queda clara la eterna indicación Divina relacionada con el acontecimiento actual, pues justamente de la demanda y las acusaciones parecería que la agrupación de jasidim de Jabad no es un cuerpo vivo y activo, justamente de esto debemos aprender que debemos fortalecer más la difusión del jasidut, y el estudio particular y general con mucha alegría y fervor…”

El día 5 de Tevet, es el día de la victoria de la luz sobre la oscuridad