El duelo

¿Quién dice el Kadish por quién?

Los hijos deben recitar el Kadish por sus padres y sus madres durante los primeros once meses después del fallecimiento de estos y cada año en el aniversario de su muerte (IorTzait), de acuerdo con el calendario judío.

En el caso de que el fallecido no tenga un hijo varón hay dos opciones:

1. Pedirle a otro familiar.

Si no hay un hijo que diga el Kadish, entonces, debería decirlo otro hombre; preferiblemente, un familiar cercano. (Hay quienes sostienen que el yerno tiene la prioridad. No obstante, no deberá ser una persona que tiene ambos padres vivos. Si deseas decir Kadish por alguien, pero gracias a Di-s, tus padres aún están con vida, entonces, deberías pedirles permiso a ellos.

2. Pedirle a otra persona.

En el caso de que no haya un hijo o un familiar que puedan asistir a un minián para decir el Kadish, entonces, hay que pedirle a otra persona que lo diga en lugar de ellos. A esta persona, hay que decirle cuál es el nombre hebreo del difunto y el nombre hebreo del padre del difunto

La historia del Kadish

El Kadish es una de las plegarias más bellas, más profundas, más llena de significado y más espiritualmente conmovedoras de toda la liturgia judía. Es una vigorosa declaración de fe. Se trata de un antiguo poema en prosa, en arameo antiguo, una letanía en la que la música de las palabras, los ritmos fuertes, los sonidos enternecedores y las respuestas alternadas del líder y la congregación ejercen un verdadero poder hipnótico en los que la escuchan.

Se ha señalado en repetidas ocasiones que el Kadish es el eco de Job en el libro de oraciones: “Aunque Él me dé muerte, seguiré confiando en Él”. Es un llamado a Di-s desde lo más profundo de la desgracia, un llamado que exalta su nombre y lo alaba, a pesar de que Él acaba de arrancar de la vida a un ser humano. Al igual que la plegaria de Kol Nidrei del Día del Perdón, el significado del Kadish suele darse por sentado. Es una respuesta dada desde los confines más remotos del alma; una respuesta primitiva y casi hipnótica a la sagrada exigencia de santificar a Di-s Todopoderoso. Su apasionado recitado inspira una alegre y saludable hombría en un momento de profunda pena.

El Kadish figura en el servicio tradicional trece veces. Se lo recita al concluir todas las plegarias principales y al concluir el servicio. También, sirve de recitación intermedia en cada punto de enlace del servicio. Se lo recita después del período de estudio del Talmud, en el cementerio, después de un entierro, en los servicios durante el año de duelo y en cada yarzeit.

Los sabios nos enseñaron que aquel que recita el Kadish con plena convicción y con todas sus fuerzas será merecedor de la anulación de cualquier decreto divino que se haya hecho en su contra. De hecho, los sabios afirman que hasta el mundo mismo se mantiene gracias a su recitación, y que este redime a los muertos de la perdición en forma taxativa.

El Kadish era considerado de mucha importancia en la vida religiosa de una persona judía, por eso, se lo recitaba en arameo, que era el idioma en que hablaba el pueblo judío en la Antigüedad, para que todos pudieran entender lo que se decía. Y a modo de testimonio de su continuo poder, se lo sigue recitando en ese mismo idioma hasta el día de hoy. Otra razón que se da para el uso del arameo es que el Kadish funcionaba como un método educativo que enseñaba que la vida diaria y secular debía infundirse e impregnarse de santidad, entonces, esta oración sería el epítome de la santidad. Casi en forma inevitable, ocurrió que cobró una popularidad excesiva, tanta que los sabios se vieron en la obligación de advertirle al pueblo que no confiara en él como si se tratara de un poder mágico; ya que por atribuírsele estos poderes, aumentaba la cantidad de veces que se lo recitaba, y esto podía producir consecuencias indeseables. Es decir, la plegaria por los muertos podría convertirse así en el momento central de los servicios de oración.

 

La función del Kadish

El Kadish del Doliente cumple dos funciones prácticas: 1) armoniza con el espíritu interno del doliente curando en forma imperceptible sus heridas psicológicas y 2) le enseña al doliente lecciones vitales y profundas acerca de la vida y la muerte y sobre la conquista del mal. Por lo tanto, no es un hecho azaroso que el Kadish se haya vuelto tan importante para las personas asoladas por el dolor y que, con el transcurso del tiempo, se haya transformado en el distintivo del dolor por la pérdida de un ser querido.

El Kadish como Forma de Consuelo

Ya en la Antigüedad, el Kadish estaba asociado con el consuelo de los dolientes (nejamá). En la fuente más antigua que trata el tema del Kadish del Doliente, vemos que el líder del servicio se dirigía a la parte trasera de la sinagoga, donde se congregaban los deudos, y en forma pública los reconfortaba con la bendición del doliente y el Kadish. Cabe destacar que la recitación del Kadish coincide con la cantidad de tiempo durante la cual la tradición manda a los judíos a que consuelen a los dolientes por la muerte de sus padres, vale decir, doce meses. (Con posterioridad, la tradición redujo este período a once meses).

Con un espíritu de consuelo y renuncia, esta bellísima letanía se inicia con la admisión de que el mundo que solo Él –el Omnisciente Creador del Universo– conoce sigue siendo un misterio y una absoluta paradoja para el ser humano. Y culmina con un fuerte anhelo, expresado en las palabras que utilizaron los amigos de Job cuando trataron de consolarlo, osé shalom bimromav, que Él, quien es lo suficientemente poderoso como para hacer las paces entre los distintos cuerpos celestes, también, traiga la paz a toda la humanidad.

Al fin, oramos para lograr, en las palabras del Kadish, el consuelo de todo el pueblo judío no solo por sus muertos, sino también por la destrucción de su antiguo Templo y por su santa ciudad, Jerusalem. De hecho, muchos rabinos sostienen que el Kadish tiene su origen en la plegaria compuesta específicamente por los hombres de la Gran Asamblea para consolar a la población tras la destrucción del primer Templo y su posterior exilio. De hecho, fue en respuesta a esta tragedia histórica que Ezequiel clamó por primera vez el mensaje a partir del que la tradición tomó las palabras iniciales del Kadish: “He exaltado y santificado mi nombre y lo he dado a conocer a los ojos de todas las naciones y ellas sabrán que Yo soy el Eterno”. El Amo de todo le traerá salvación a su pueblo.

Además de los conceptos que encontramos en el Kadish, las palabras mismas ofrecen un cierto consuelo implícito. Dada la acentuación y la repetición de los pensamientos positivos de “vida” y “paz”, estos valores quedan impresos en las personas apabulladas y en las personas que tienen el corazón triste. El Kadish transfiere en forma subliminal la mirada fija e interna del doliente del ser que ha fallecido a los seres con vida, de la crisis a la paz, de la desesperación a la esperanza, del aislamiento a la comunidad.

En ese momento tan crucial en el que la fe se sacude más que nunca y en el que,es muy probable que se sienta rebeldía contra Di-s por la muerte de un ser querido, el individuo se levanta para recitar las alabanzas del Creador: Isgadal ve-iskadash…, magnificado y santificado sea Él que creó el Universo… Todas las leyes de la naturaleza operan de acuerdo con su voluntad. Precisamente, en el momento en el que el hombre pone el foco en el Reino del Cielo, en el mundo de los muertos, en el destino de su ser querido, el Kadish, en forma silenciosa casi imperceptible, transfiere su mirada hacia el reino de Di-s en la tierra, entre los seres vivos –ve-iamlij maljusei be-jaiejon u-ve-iomejon. “Que Él establezca Su reino durante tu vida y en tus días”. 

Cuando la visión del hombre se vuelve borrosa con las imágenes de un cuerpo inerte, el Kadish llena la mente del doliente con “vida” y “días” y “este mundo” a través de la constante e hipnótica repetición, a la mañana y a la noche, de las palabras jaim y iamim y olam. 

Otra de las principales técnicas de consuelo del Kadish es la insistencia, dado que se trata de una plegaria de santidad, de que sea recitado solo en presencia de un quórum público (diez hombres) y jamás en privado. Su recitación, que suele llevarse a cabo junto a otros tantos dolientes, crea un ambiente de camaradería en un momento de profunda soledad y desamparo. Y enseña en forma implícita que las demás personas sufren o han sufrido un dolor similar; que la muerte es el fin natural de toda la vida  y que el ritmo del hombre ha sido básicamente el mismo desde los días en que Adán se negó a comer del Árbol de la Vida.

El Kadish es una plegaria de consuelo, grandiosa en su concepción espiritual, dramática en su ritmo y en la música de las palabras, y profunda.

La Halajá dispone que tiene que quedar expuesto “el corazón” (o sea que la rasgadura debe ser echa sobre el corazón) es también un simbolismo que el corazón esta partido.

Otra explicación no tan conocida expresada en el Talmud de Jerusalem. “Exponer el corazón” también es una forma de demostrar el dolor de no poder cumplir con el mandamiento de honrar al padre y a la madre. Sufrimos profundamente por no poder transmitir amor a nuestros seres queridos. Podemos seguir respetando a nuestros padres incluso después de la muerte, pero el lazo de amor entre padre e hijo finaliza por lo que nuestro corazón es expuesto, expresando nuestro dolor para que todos lo puedan ver.

El Kadish es el abrazo de una generación con otra, el lazo que conecta dos vidas.
¿Qué mejor consuelo hay para el doliente que saber que las ideas y las esperanzas y los temas de interés y los compromisos del difunto continúan en la vida de su propia familia?

El hecho de que el hijo recite el Kadish representa la continuación de esa vida y arrebata el valor más profundo del individuo de las tenebrosas mandíbulas de la muerte.

Kadish de Duelo se dice solamente cuando se ha formado un minián.

Brit Milá: ¿porque esperar ocho dias?

¿Por qué el brit milá se realiza al octavo día?

En un nivel fundamental, circuncidamos a un bebé judío a los ocho días porque eso es lo que Di-s nos instruye a hacer:

“Y al octavo día, se circuncidará la carne de su prepucio”.

Aunque el versículo no explica por qué se nos ordena realizar la circuncisión específicamente al octavo día, los sabios ofrecen diversas interpretaciones llenas de sentido espiritual.

El poder de la Reina del Shabat

Realizar la circuncisión al octavo día garantiza que el bebé haya experimentado al menos un Shabat antes de entrar en el pacto.

El Midrash lo compara con un rey que decretó que cualquiera que deseara visitarlo debía primero presentar sus respetos a la reina.
Los sabios y místicos suelen llamar al Shabat “la Reina del Shabat”.
Así, antes de entrar en el pacto con Di-s, el bebé debe “saludar a la Reina” viviendo la santidad de su primer Shabat.

Esta es también la razón por la que cualquier ofrenda que se presentaba en el Templo debía tener al menos ocho días de antigüedad.

Un tiempo de sanación y equilibrio espiritual

Garantizar que el bebé viva su primer Shabat trae sanación al alma, que acaba de ingresar a este mundo físico y material.
El contacto con la energía del Shabat lo fortalece y lo prepara espiritualmente para unirse al pacto de Di-s con el pueblo judío.

El significado de los ocho días del brit milá

El brit milá (circuncisión) es una señal del pacto eterno entre el pueblo judío y Di-s, nuestro Creador. Pero ¿por qué este acto sagrado se realiza específicamente al octavo día de vida del bebé?

A lo largo de los siglos, los sabios han ofrecido diversas explicaciones que combinan lo físico, lo espiritual y lo simbólico.

Expiación

Así como la sangre de una ofrenda trae expiación, también lo hace la circuncisión.
Del mismo modo que un animal ofrecido debía tener al menos ocho días de nacido, el bebé también debe haber vivido ocho días antes de ser circuncidado.

De esta manera, el brit milá refleja la idea de purificación, renovación y conexión con lo divino.

Salud del bebé

Maimónides enseña que se espera ocho días para que el niño se fortalezca físicamente y pueda atravesar el procedimiento sin riesgo.
El tiempo permite que el cuerpo se adapte a la vida fuera del útero y alcance un equilibrio natural antes del brit.


Alegría compartida

El Talmud explica que, después del nacimiento de un varón, la madre atraviesa un período de siete días de impureza ritual, durante el cual la pareja no puede tener intimidad física.

Esperar hasta el octavo día asegura que, en el momento del brit, los padres puedan compartir juntos la alegría de este pacto sagrado, sin estar sumidos en la tristeza o el aislamiento.


El duelo del alma por el aprendizaje perdido

El Talmud también enseña que mientras el bebé está en el vientre materno, un ángel le enseña toda la Torá.
Al nacer, el ángel lo toca en el labio y le hace olvidar todo lo aprendido.

Por eso, algunos sabios explican que los primeros siete días de vida son un tiempo de duelo espiritual por ese conocimiento perdido.
El brit milá se realiza recién después, cuando el alma ya se ha adaptado a su nueva existencia en el mundo físico.


Natural y sobrenatural

El brit milá representa el vínculo suprarracional entre el pueblo judío y Di-s.
No es una práctica basada en la lógica humana ni en la elección personal, sino un acto de fe y conexión trascendente.

Por eso, no se espera a que el niño crezca y decida por sí mismo: la relación con Di-s comienza más allá del intelecto, desde el inicio de la vida.


El simbolismo del número ocho

Los místicos explican que el número siete representa el mundo natural, el orden de la creación:
Di-s creó el mundo en siete días, y muchos aspectos de la Torá reflejan ese patrón —las siete semanas del Ómer, los siete años del ciclo de Shemitá, las siete Shemitot del Yovel (jubileo)—.

El ocho, en cambio, simboliza lo infinito, lo que trasciende el orden natural.
Por eso, el bebé es circuncidado al octavo día: porque entra en una fe que está más allá de la razón, en una historia de milagros, eternidad y propósito divino.


Más allá de toda razón

En definitiva, no conocemos la verdadera razón por la cual el brit milá debe realizarse al octavo día.
Y justamente en ese misterio reside su profundidad: al igual que el propio pacto, el octavo día es suprarracional.
Nos recuerda que nuestra conexión con Di-s supera los límites del entendimiento y nos une con lo eterno.

 

Por Yehuda Shurpin

Fuente

Acerca del Brit Milá

¿Qué hacer con el brit milá?  ¿Mohel o cirujano?

Por Aron Moss

Nuestro bebé nació ayer y estamos decidiendo si realizar el brit tradicional con un mohel o que lo haga un cirujano en el hospital. Mi pregunta es: ¿nos aceptarían a mí y a mi hijo en su comunidad si no lo realiza un mohel?

Respuesta

¡Mazel Tov por ser padre!
Espero que tu esposa esté bien y les deseo a ambos mucha felicidad.

Déjenme decirles sin rodeos que ustedes y sus hijos siempre serán bienvenidos, sin importar lo que elijan. No impongo ningún impedimento para que alguien forme parte de nuestra comunidad.

Como padre, hay muchas decisiones importantes que afectan el futuro de un hijo. Esta es una de ellas.

Circuncisión quirúrgica vs. bris tradicional

Una circuncisión quirúrgica no es un bris.
Además de la ausencia de bendiciones y oraciones, el corte puede ser diferente. Esto significa que, algún día, cuando tu hijo se dé cuenta de que no tuvo un bris, podría necesitar un procedimiento desagradable para corregirlo.

Como mínimo, necesitará que le extraigan una gota de sangre y se recite una bendición. No es gran cosa cuando se es un bebé, pero no es tan sencillo de mayor.

El rol del mohel

Un mohel no es un aficionado. Todo lo contrario.
El cirujano promedio podría realizar algunas de estas operaciones de vez en cuando, mientras que un mohel experimentado las realiza casi a diario y ha hecho cientos, o incluso miles, a lo largo de los años.

Muchos mohels también tienen formación médica. Algunos incluso son cirujanos y, si se prefiere, pueden realizar el bris en un centro médico.

Riesgos y significado espiritual

Los riesgos en ambos procedimientos son mínimos, pero podría decirse que la circuncisión quirúrgica es más riesgosa que un bris tradicional, ya que pueden surgir más complicaciones por el uso de anestesia en un bebé.

El brit es una tradición que se remonta a casi 4.000 años.
Nos conecta a nosotros y a nuestros hijos con todas las generaciones pasadas de judíos, quienes ofrecieron un brit a sus hijos en toda clase de circunstancias.

Su hijo entrará en el pacto que comenzó con el primer judío, Abraham, y continúa hasta nuestros días.
El poder espiritual de un brit no se puede comparar con una cirugía esencialmente cosmética.

 

Una decisión para toda la vida

Piénsalo bien. No querrás que dentro de unos años tu hijo te pregunte:

“¿Por qué no me hiciste un brit con mohel? ¡Ahora tengo que hacerlo correctamente!”

Por otro lado, si lo haces bien ahora, nunca te dirá:

¿Por qué no me circuncidaste en el hospital? ¡Ahora tengo que pasar por anestesia local para compensarlo!”

Dale a tu hijo un brit y le darás 4.000 años de identidad judía que lo acompañarán para siempre.
No dejes que lo arregle después. Esta es una de esas cosas que solo se hacen una vez.

¿Qué es la Ketubá?

La Ketubá es el contrato matrimonial que establece las obligaciones del hombre sobre su mujer. El punto central de este documento es la compensación financiera que le corresponde a la mujer en el caso en el que el matrimonio se disuelva a través del divorcio o del fallecimiento. 

El documento es firmado por testigos Kasher, pero no necesariamente por los mismos que han observado el compromiso bajo la Jupa.

De acuerdo a la mayoría de las autoridades Halájicas, la Ketubá es de decreto rabínico. Los Sabios estaban preocupados por la posibilidad de que un hombre pudiera divorciarse de su mujer. Por ello, instituyeron que ningún hombre podía casarse con una mujer, a menos que se obligase a sí mismo a pagar una suma importante en el desafortunado evento en el que él la divorcie.

Cuando un hombre judío se casa con una mujer judía, automáticamente se está obligando a su mujer en diez áreas 

Hoy en día, el formato de la Ketubá  es un formulario impreso, en donde hay que completar la fecha y los nombres de los novios y sus testigos. Antes de la boda, el rabino que oficia la ceremonia, debe llenar estos espacios y supervisar las firmas de los testigos en el documento. También hay disponibles Ketubot que son verdaderas obras de arte.

Está prohibido que una pareja viva junta, incluso temporalmente, sin una Ketubá . En el caso en el que el documento se pierda o sea destruido, o si se ha encontrado un serio error en su texto, la pareja debe inmediatamente obtener otra Ketuvá de un rabino. Esta regla se aplica durante el período de matrimonio. Por ello, es prudente guardar la Ketubá  en un lugar seguro.

Por Naftali Silberberg

El Padre de la Novia

¿Por qué es más fácil desarrollar nuestro potencial espiritual que lograr maestría sobre nuestro ser físico?…

Uno de los misterios de la vida es que son las cosas ordinarias, mundanas, las que constituyen nuestra ruina.

La enseñanza jasídica explica este fenómeno como cuestión de cronología. Los impulsos físicos son suyos desde la matriz, mientras que sus facultades espirituales se desarrollan sólo más tarde en la vida.

Lo mismo es cierto en el nivel cósmico: la vitalidad espiritual de nuestro mundo, tal como también nuestras propias almas, descienden del mundo de Tikún, que es la fase más “reciente” de la creación de Di-s, mientras que la substancia física del universo es el residuo del mundo primordial de Tohu, el volátil mundo que se autodestruyó cuando su vitalidad demostró ser demasiado potente para sus propios parámetros definitorios.

Así, el cultivo de lo espiritual puede compararse al desarrollo del dúctil talento joven, mientras que el sometimiento de la materia por parte del espíritu es más como destronar una posesión.

Dos Grados de Relación

En el capítulo 30 de Números, la Torá discute las leyes que hacen a la anulación de las promesas. Una de las maneras con que una promesa puede invalidarse es el veto de un esposo, quien tiene la autoridad para declarar nulas las promesas de su mujer.

La Torá diferencia entre dos clases de marido: un arús, o prometido, y un baal, o esposo pleno.

Bajo la ley de la Torá, el matrimonio consiste de dos etapas distintas. Primero viene el compromiso (erusinhi), con el cual la novia se torna “prohibida al resto del mundo”. Desde este momento, si otro hombre mantiene relaciones con ella equivale a adulterio, y la disolución del compromiso requiere un guet (Acta de Divorcio), como con un casamiento pleno. El compromiso, sin embargo, sólo establece el lado prohibitivo del casamiento (la exclusión de todo otro hombre en la relación), pero no la substancia de la relación misma; los dos todavía no pueden vivir juntos como marido y mujer. Esto se logra con la segunda etapa del casamiento, nisuín, que hace de marido y mujer “una sola carne.

En épocas bíblicas y talmúdicas, erusín y nisuín tenían lugar en dos ocasiones separadas, por lo que durante un cierto período de tiempo (comúnmente un año) novio y novia estaban sujetos a las prohibiciones del casamiento pero aún no habían comenzado su vida juntos. En este período, el novio es llamado arús; luego del nisuín, asume la condición de baal.

En cuanto a la anulación de promesas, el arús y el baal difieren en dos aspectos. El baal tiene la autoridad de anular las promesas de su esposa él solo, mientras que el arús sólo puede hacerlo en conjunto con el padre de su novia.

Por otra parte, hay también un área en la que la autoridad del arús es mayor que la del baal: el baal sólo puede anular las promesas hechas por su esposa después de su boda (nisuimhi), en tanto que él puede revocar promesas anteriores, incluso las formuladas por su novia antes de su compromiso.

El Talmud explica que estas dos leyes son interdependientes: dado que la capacidad del baal para anular las promesas de su esposa deriva únicamente de la relación entre ambos, no tiene autoridad sobre las hechas antes de producida esta relación. Y dado que la autoridad del arús es en sociedad con la del padre, se remonta tan lejos como la de éste.

Vida negativa

No hay dos seres humanos que lleven la misma vida. Como lo expresa el Talmud: “Tal como sus rostros difieren, así también difieren sus mentes”. No obstante, nuestros Sabios describen dos tipos básicos de individuo y declaran que cada hombre cae bajo una de estas dos categorías generales.

Maimónides se refiere a ellos como “el perfectamente piadoso” y “el que conquista sus inclinaciones”. En su Tania, Rabí Shneur Zalman de Liadí habla de ellos como el tzadík y el beinoní. Nosotros podríamos llamarlos “la personalidad baal” y “la personalidad arús”.

La “personalidad arús” es la de aquel cuya vida está colmada con la lucha contra el mal. Porque lucha permanentemente contra lo negativo en sí y en el mundo, tiene escasa oportunidad de cultivar lo bueno. Es como el arús y su novia, cuya relación se define únicamente por aquello que debe desaprobarse y resistirse.

La “personalidad baal” está más allá de todo eso. El lado oscuro de la naturaleza humana no lo acosa y las insinuaciones del mal no lo tientan. En cambio, él dedica su vida al desarrollo de la perfección y bondad Divina implícitas en la creación de Di-s. El es como el baal y su esposa, cuyo matrimonio ha progresado más allá de meramente excluir todo lo que es perjudicial a su relación, llegando a la concreción de su unión y la generación de progenie.

Moral y espiritualmente, el baal se para sobre sus propios pies, con firmeza, inmune a las fuerzas que amenazan la integridad del arús. El arús, por el otro lado, sabe que no puede lograrlo por sus propios medios, que “de no ser porque Di-s lo ayuda, no podría derrotar la inclinación al mal”. Todo lo que logra es “en sociedad con el padre”; él precisa permanentemente la fortaleza recibida de su Padre Celestial para librar la batalla de la vida.

Pero en la limitación del arús radica su fortaleza. El baal podría ser soberano en su mundo espiritual, pero carece de la capacidad para tratar con aquello que le precedió — su alcance no se extiende al volátil mundo de Tohu. Es el arús quien, abrevando su autoridad del Padre, afronta la cruda fuente primordial de energía atrapada en la realidad física. Quizás nunca gane la batalla, pero su compromiso mismo con su adversario trae a luz un estrato más profundo y potente del propósito Divino en la creación.

Un precepto que cumplimos cada instante

En el comienzo de Tazria encontramos el versículo acerca de lo que el judío debe hacer cuando le nace un hijo varón.:

“y en el octavo día circuncidará la carne de su prepucio”.


A pesar de que ya habíamos sido ordenados sobre la circuncisión en tiempos de Abraham, cuando el Altísimo le ordenó circuncidarse, “tú y tu descendencia que te sigue, para todas sus generaciones”, la circuncisión que realizamos no se debe a aquel mandato a Abraham, sino al mandamiento dicho en nuestra Parshá.

La superioridad de este mandamiento por sobre la orden a Abraham radica en que aquella fue personal, transmitida por profecía a un individuo, mientras que el mandato en nuestra Parshá es parte de los 613 preceptos dados al Pueblo de Israel en el Monte Sinaí, y el pueblo todo fue testigo de ello. El precepto de la circuncisión es uno de los más importantes. Son muchos los motivos dados a este precepto: El momento principal del ingreso del alma sagrada al cuerpo tiene lugar con la circuncisión.

Previo a la misma, todavía no se completó la unión entre el alma Divina del iehudí y el cuerpo. Es sólo a través de la circuncisión que se genera entre ambos una unificación completa.

Una virtud adicional de la circuncisión es que se trata de un precepto grabado en la carne del cuerpo. 

Todo otro precepto está relacionado fundamentalmente con el alma (aunque se utilizan los órganos del cuerpo para cumplirla), y este precepto genera un cambio visible en la carne del cuerpo, y el ojo físico ve el vínculo entre el judío y Di‐s. Por eso, se practica la circuncisión a un bebé que no está en condiciones de entender lo que ocurre. 

Si sería un pacto del alma, la pregunta tendría lugar. Pero como se trata de un pacto que se sella en la carne del cuerpo, no hay diferencia entre un bebé y un adulto. 

Por lo tanto, en la primera oportunidad que es posible circuncidar al bebé (puesto que ya tiene ocho días) se sella el pacto eterno entre él y Hashem.

Maimónides escribe que uno de los motivos de este precepto es el refinamiento logrado a través del mismo. La circuncisión debilita uno de los deseos más fuertes del hombre y da la fuerza para superarlo y manejarlo correctamente. El Brit‐ Pacto, constituye la señal del Pacto entre Hashem y el Pueblo Judío, una señal eterna sellada sobre la carne que refleja el profundo vínculo entre el Altísimo y el Pueblo de Israel.

La singularidad de este precepto consiste en su condición de precepto constante. El Talmud relata que el rey David entró en cierta oportunidad a bañarse y cuando se vio sin ropas exclamó: “pobre de mí que estoy desnudo sin precepto alguno”.

Pero cuando se recordó de la circuncisión que estaba sellada sobre su carne, se tranquilizó. Aprendemos que este es un precepto permanente, que continúa hasta la eternidad.

Nacimiento y el renacimiento

El nacimiento y el renacimiento son los temas de este Shabat.

Esto se debe tanto al contenido de la lectura de la Torá como a la época del año en el calendario judío.

La Parashá comienza con las leyes relativas a la mujer que concibe y tiene un hijo.

Se explican las ceremonias que rodean el gran evento y la idea del Brit Milá, el pacto de la circuncisión, que acerca al niño judío a su vínculo especial con Di‐s.

Los Sabios nos dicen que se considera que una niña nace circuncidada. Así, cada judío entra al mundo con un vínculo y una responsabilidad Divinos especiales.

La alegría del nacimiento se expresa por el hecho de que en los tiempos del Templo, la madre feliz traía una ofrenda al Templo como acción de gracias a Di‐s, como se describe en la Parashá.
Es apropiado que esta lectura de la Torá se lea en o cerca del mes de Nisán, un mes alegre inextricablemente vinculado con Pesaj y la redención de Egipto.
Este evento fue el nacimiento real del pueblo judío.

El Éxodo lo describe en estos términos el profeta Iejezkel.
Utiliza la alegoría del nacimiento para describir toda la experiencia del pueblo judío al salir de Egipto, vagando por el desierto mientras confiaba sólo en Di‐s, y luego su posterior desarrollo hasta convertirse en una nación madura que sirve a Di‐s a través de la Torá y sus mandamientos.

También encontramos enseñanzas de la Torá que comparan nuestra experiencia del exilio con un estado de embarazo.
El feto está completamente formado, pero aún no funciona como un ser humano normal.

 

Tiene ojos y oídos, pero no puede ver ni oír. De la misma manera nosotros, el pueblo judío, no somos capaces de funcionar adecuadamente con toda nuestra estatura y sensibilidad espiritual.
Mientras estemos en el exilio, es de esperar que cumplamos las Mitzvot, pero en realidad no somos conscientes de su importancia.
Por esta razón, muchas personas aún no cumplen todas las Mitzvot que deberían.

El duelo

Uno de los rituales más sagrados observados por todos los judíos a lo largo de las generaciones es recitar el Kadish del Duelo por el mérito del alma del difunto padre o madre. Se recita en el funeral, durante la semana de duelo (shivá), durante los 11 meses siguientes y, posteriormente, cada año en el aniversario del fallecimiento.

La experiencia más traumática que un ser humano puede experimentar es la de perder un familiar o un ser querido. Deja un vacío imposible de llenar. Quizás las sensaciones más presentes son las de la impotencia y sentimiento de culpa. No se puede traer de vuelta al fallecido. No se le puede decir lo que no se le dijo en vida.

Son dolores muy profundos.

Veamos algo de las leyes y costumbres judías relevantes y la sabiduría que contienen y cómo sirven de herramientas por medio de las cuales poder lidiar mejor con la experiencia.

Hay varias sensibilidades que se respetan en las acciones que se realizan en el entierro y en los períodos previos y posteriores: 1) La vida del fallecido; 2) el vacío que deja; 3) la responsabilidad que ahora cae sobre los familiares.

Fórmula de consuelo

La fórmula tradicional con la que se consuela a los dolientes es: Hamakom Ienajem Etjem bejot Shear Aveilei Tzión V´Íerushalaim, o sea: Que el Omnipresente los consuele entre los que están de duelo por Sión y Jerusalén. 

El Rebe, zi´´a, en una carta de consuelo enviada a Ariel Sharon al fallecer su hijo en un accidente, pregunta, ¿qué sentido tiene consolar a alguien que perdió a un ser querido con incluirlo entre los que están de duelo por la destrucción del Templo de Jerusalén? ¿Cómo se compara la muerte de un ser humano con la destrucción de un edificio, por más sagrado que sea?

Responde que hay tres puntos de comparación que hace la base del consuelo.

La muerte, igual que la destrucción del Templo, afecta nada más que la dimensión física y externa, ya que la esencia sigue existiendo en el plano espiritual;

Aun la desaparición física es nada más que temporaria, ya que creemos en la resurrección de los muertos y tal como se reconstruirá el Templo físicamente, los cuerpos volverán a vivir. 

Así como la destrucción del Templo es una tragedia que afecta y es lamentada por todo el pueblo judío, del mismo modo la muerte de cada integrante de nuestro pueblo afecta a todos y es más que simplemente un duelo personal. 

Las tres consideraciones mencionadas ayudan a aliviar el dolor producido por lo que parecería ser una pérdida permanente y puramente personal.

Dicho concepto es expresado también en la costumbre de romper la ropa y pronunciar la bendición correspondiente antes de salir al entierro. El romper la ropa expresa la idea de que lo que se afectó es nada más que la “vestimenta” del fallecido, ya que su esencia sigue existiendo. La bendición que se pronuncia declara a Di-s como el “Juez de la Verdad”, quien lleva a cada uno en el momento justo. No pretendemos entender Sus caminos; simplemente reconocemos nuestras limitaciones y, humildemente, los aceptamos como justos. 

La muerte como estado provisorio

Lo transitorio de la muerte está expresado también en las preparaciones que la Jevra Kadisha (Sociedad Sagrada) le hace al cuerpo previo al entierro, lavando y vistiéndolo, preparándolo así para reencontrarse con su Creador y eventualmente para el día que vuelva a revivir. Se entierra al muerto en mortajas de lino blanco y cajones de madera simple ya que la muerte no es un estado permanente, también para no distinguir entre los ricos y los pobres. No se lleva nada de este mundo, salvo los méritos generados por las buenas acciones. 

Seudat Havraá

En realidad, cualquier tipo de “digestión” de la pérdida puede ocurrir recién después de un tiempo. La reacción inicial natural es una de Shock total, sin capacidad de respuesta. 

Dicha condición es reflejada en la primera comida que los dolientes deben comer luego de volver del entierro, conocida como Seudat Havraá, o comida de curación: Huevo duro o lentejas con pan. Tal como el huevo duro y la lenteja no tiene “boca”, así el doliente no tiene lo que decir ante su pérdida. La etapa inicial de tres días es de silencio y lágrimas. No se inicia conversaciones con el doliente. No se le invade su espacio. 

¿Por que se recita el Kadish?

El Kadish es una de las plegarias más famosas pronunciadas durante el servicio. Sólo se recita cuando hay un minian (quórum de diez). Hay una versión especial del Kadish que es recitada específicamente por los dolientes, llamado Kadish de Duelo. Es interesante notar que muchos judíos han retornado a la observancia del judaísmo y participar de la sinagoga a través del cumplimiento de la obligación de decir Kadish por un ser querido fallecido.

El Shulján Aruj (Código Legal Judío) explica que por uno de los padres el Kadish se recita durante 11 meses, mientras que por una esposa, hermano o hijo, se recita durante 30 días.

El texto del Kadish está en arameo, el idioma del pueblo judío en la época en que fue compuesto (la época talmúdica).

Encontramos que decir el Kadish por un pariente cercano es un gran mérito para el alma que ha fallecido. ¿Por qué es así? ¿Pueden nuestras acciones en este mundo físico afectar a aquellos que han pasado al mundo espiritual? La respuesta es un rotundo si, y se puede entender mejor examinando al Kadish mismo.

Muchos están intrigados de que esta plegaria, la plegaria preeminente que se dice por todos aquellos fallecidos, no hace ninguna mención de la muerte, pérdida o duelo. Ni se hace mención de la persona que murió. El Kadish habla de la grandeza de Di-s. En efecto, el Kadish es una afirmación de la creencia en el Todopoderoso y Su ilimitado poder. Si uno resume el tema del Kadish, es que Di-s es grande y todo viene de Di-s, así que todo lo que ocurre es finalmente para bien.

Esta es una declaración profunda para uno que está en medio del sufrimiento. Es precisamente esta clase de declaración la que beneficia al alma del fallecido, y prueba que aquellos que quedaron pueden mantener una importante conexión con aquellos que han muerto.

Nuestra tradición nos enseña que tras la muerte el alma asciende y es juzgada de acuerdo a sus actos cuando estaba viva en el reino físico. Todo lo que el alma llevó a cabo, tanto lo positivo como lo negativo, es cuidadosamente considerado. Uno de los más grandes legados que uno puede dejar detrás es una familia que ha sido inspirada para servir a Di-s, aun en épocas de angustia.

Cuando en medio del juicio las santificadas palabras del Kadish ascienden, pronunciadas por aquellos que sufren más intensamente, esto sirve como un gran mérito para el alma. Obviamente una persona que ha inspirado a aquellos que la rodean a un tan asombroso nivel de fe y compromiso ha llevado a cabo muchos actos buenos y está preparado para la luz manifiesta del Creador experimentada en el Cielo.

Es por el mismo motivo que muchos asumen hacer mitzvot en honor y memoria de aquellos que han fallecido. Están buscando probar que el muerto es un alma verdaderamente digna que merece un lijtig Gan Eden, un “Paraíso luminoso”.

Esto trae como resultado el sentimiento intuitivo de muchos de que el recitado del Kadish es correcto. Se puede afirmar que el recitado del Kadish es la señal fundamental de amor y respeto que uno puede dar a aquellos que han fallecido.

Por Ierujam Eilfort

Shivá

La siguiente etapa es el duelo que termina a los siete días, contando a partir del entierro. La neblina se levanta un poquito. Durante la semana de duelo, denominada “Shivá”, los dolientes no salen de la casa, se sientan en el piso o en sillas bajas. El golpe es duro. Los amigos vienen a la casa para los rezos y así hacen posible la recitación del Kadish. Es un favor para el alma del fallecido que se realicen los rezos en su casa, si es posible. Es recomendable asumir, en la semana de Shivá, la fundación de algún proyecto de beneficencia en mérito del fallecido.  

Al terminar la semana de Shivá, los dolientes vuelven a la rutina de la vida. Hay ciertas costumbres que se aplican hasta completarse el mes, conocido como el Shloishim, y otras que siguen hasta completarse once meses y otras que siguen hasta completarse un año. 

Matzeivá

Se acostumbra colocar una lápida para marcar el lugar de sepultura.

Tiene una doble función:

1) honrar el lugar de descanso del fallecido.

2) inspirar a quien pasa por ahí y se acuerda de la vida vivida.

Las letras talladas en la misma deben contener el nombre hebreo del fallecido y el de su padre. Hay quienes agregan versículos de la Torá o textos que expresan lo resaltable de la vida de quien yace allí.

Visitas al Cementerio

Aunque se va desprendiendo cada vez más, el alma sigue siempre ligada a su cuerpo. Se acostumbra visitar al cementerio en ocasiones especiales para pedir a las almas de quienes yacen ahí para que intervengan ante el Trono celestial a favor de uno, su familia, comunidad o pueblo. Se acostumbra también a invitar a los ancestros a los casamientos de sus descendientes. 

Hay quienes tienen la costumbre de dejar una piedrita en la tumba como un acto de presencia y señal de respeto. No es una costumbre judía dejar flores ni en el entierro ni en visitas posteriores. 

Concluyó con el deseo de que merezcamos pronto la llegada del Mashiaj y el posterior reencuentro con todos aquellos seres queridos que hoy no están con nosotros físicamente.

¿Por que se hace la Kria,  Rasgadura de las vestimentas en el funeral?

La expresión de dolor más significativa del judaísmo es la rasgadura de las vestimentas antes del funeral.

La Biblia menciona varias ocasiones en las cuales se rasgan las vestiduras. Cuando Jacob vio la vestimenta ensangrentada de su hijo Yosef rasgo sus vestiduras, igualmente hizo David cuando se enteró de la muerte de Saúl.

La rasgadura es una oportunidad de alivio psicológico. Le permite al deudo expresar su enojo y su frustración a través de un acto controlado y religiosamente estipulado de destrucción. Maimónides, interpreta que la rasgadura cumple una necesidad emocional de ese momento, pues de otras formas estaría prohibido destruir una vestimenta ya que seria considerado un derroche innecesario. Por esta razón se indica que los deudos por los padres rasguen las vestiduras con sus propias manos.

Antiguamente los paganos se laceraban el cuerpo simbolizando que la perdida de un ser querido es como la perdida del propio cuerpo, esta costumbre esta prohibida en la Ley Judía (Deuteronomio 14:1-2), la Kria es un substituto.

La Halajá dispone que tiene que quedar expuesto “el corazón” (o sea que la rasgadura debe ser echa sobre el corazón) es también un simbolismo que el corazón esta partido.

Otra explicación no tan conocida expresada en el Talmud de Jerusalén. “Exponer el corazón” también es una forma de demostrar el dolor de no poder cumplir con el mandamiento de honrar al padre y a la madre. Sufrimos profundamente por no poder transmitir amor a nuestros seres queridos. Podemos seguir respetando a nuestros padres incluso después de la muerte, pero el lazo de amor entre padre e hijo finaliza por lo que nuestro corazón es expuesto, expresando nuestro dolor para que todos lo puedan ver.

Extraído de “La costumbre judía para el fallecimiento y el duelo” de Maurice Lamm

El requisito previo al matrimonio

“Itzjak tenía cuarenta años cuando se casó con Rivka, la hija de Betuel” (Génesis 25:20)

A los noventa años, luego de varias décadas sin tener hijos, Sara dio a luz a un sólo hijo, Itzjak. Su felicidad era enorme. Sara, la primera “Ydishe mame”, seguramente hubiera tenido el placer de mostrar a su bebé a todas sus amigas, y además de todos los Najes que un abuelo tiene de su nieto, Sara también hubiera tenido gran satisfacción espiritual de ver a sus nietos crecer, mientras que Izjak representaba a la futura nación judía. Sara y Abraham trabajaron toda su vida para proclamar la importancia de creer en un sólo Di-s. Los hijos de Itzjak serían los que asegurarían que este legado continuara y floreciera.

Pero Sara nunca vivó para ver a sus nietos. Falleció cuando Itzjak tenía 37 años, tres años antes de casarse con Rivka. ¿Por qué demoró tanto en casarse? ¿Por qué Abraham no consideró enviar a su sirviente para que encontrara a una esposa antes?

El mayor acontecimiento que ocurrió poco antes del casamiento de Itzjak y Rivka, fue la prueba del sacrificio de Itzjak en el Monte Moria. El crédito de poder sobrepasar esta prueba generalmente es atribuido a Abraham. Pero Itzjak tenía 37 años en ese momento, y sabía muy bien las intenciones de su padre, y estaba completamente entregado a ser sacrificado por orden de Di-s. Debido a que los planes de casamiento de Itzjak comenzaron inmediatamente después de volver de este evento “traumático”, seguro significa que hay una correlación entre estos dos. El hecho de que el primer casamiento en la Tora es precedido por un tremendo sacrificio, es un mensaje para cada pareja judía en todos los tiempos.

Por naturaleza, las personas nos centramos en nosotros mismos. Nuestro desarrollo físico y espiritual están en nuestras mentes. Esto no es necesariamente malo, de hecho, la ley judía reconoce que lo primordial para la persona debe ser preocuparse por uno mismo, más que cualquier otra preocupación, incluyendo los intereses de los demás. 

Esta preocupación por uno mismo, se “estrella” cuando la persona se casa. En cierto momento, el novio y la novia se comprometen uno con el otro. Cuando una persona se encuentra en un bote que se está hundiendo, nadie lo culpará si corre hacia lo botes salvavidas para salvarse, incluso si su amigo se encuentra durmiendo en la cabina. Pero tal acto es impensable para una pareja casada, cuyo cónyuge necesita de su ayuda. Además de comprometerse uno con el otro, marido y mujer también comparten un mismo ideal, como ser el establecimiento de un hogar judío, una casa llena de Santidad en donde la Presencia Divina esté siempre invitada. En este momento, incluso el desarrollo espiritual personal del novio y la novia pasa a ser secundario ante el “sacrificio” de llegar a su meta en común. El acto mundano de cambiar lo pañales de pronto tiene prioridad ante las plegarias de la madre y el estudio del padre.

 

 

Itzjak no estaba preparado para casarse hasta haber experimentado el concepto de auto-sacrificio total. Sólo entonces fue capaz de apreciar el matrimonio como lo que realmente es, y crear un matrimonio que sea el paradigma el cual todos sus descendientes intenten copiar.

 

Por:Naftali Silberberg

Jupá, el casamiento judío

La Jupá

Consiste de cuatro palos cubiertos por un techo de tela. 

Vendría a ser el recinto del novio en el cual recibe a su esposa. La Jupá que cobija a los dos representa la presencia de Di-s que los rodea.

La boda debe realizarse bajo una jupá , un dosel nupcial. Bajo la jupá, el Jatán coloca un anillo de oro en el dedo índice derecho de la Kallah [novia] 

El matrimonio entre el hombre y la mujer refleja el “matrimonio” entre D-os y el pueblo judío en el Sinaí. Hay muchas costumbres que se hacen en la Jupá que reflejan ese casamiento cósmico.

De acuerdo a las enseñanzas místicas judías, cada pareja comparte una sola alma que, al nacer, se divide y se viste en dos cuerpos diferentes. 

Llegar a la Jupá, o palio nupcial, es el momento no tanto de unión como de reunión y reencuentro con la mitad perdida de uno. Uno entra a la Jupá incompleto y sale completo.

Tres socios

El matrimonio judío no consiste de dos socios, sino de tres. El tercer socio es Di-s mismo. Este concepto se expresa en las propias palabras hebreas por hombre y mujer, Ish Ishá. Las dos palabras contienen tres letras, dos de las cuales, la alef y la shin, son iguales y forman la palabra Eish o fuego, mientras que la tercera es diferente en cada una, formando entre ellas, la Iud y la Hei, el nombre de Di-s. Esto nos enseña que si la pareja se comporta como corresponde, Di-s mismo mora entre ellos y si no, quedan dos fuegos, dos pasiones, que se consumen.

 

Se lee la Ketubá  [contrato matrimonial] y la ceremonia concluye rompiendo un vaso bajo su talón, después de lo cual la congregación grita Mazal-Tov.

La rotura del vaso o copa es para recordar la destrucción del Templo y Jerusalém

Uno de los tratados del Talmud es Ketubot, la forma plural de ketubah, que analiza en profundidad las obligaciones maritales de una pareja según la ley judía. 

Semana previa

Se acostumbra que durante la semana anterior al casamiento los novios no se vean. Esto sirve para aumentar su anticipación y evitar conflictos que se pueden generar por la tensión del casamiento.

La noche anterior a la Jupá la novia se sumerge en la Mikve o baño ritual por primera vez para purificarse en preparación a su encuentro con su novio. (Es importante consultar con el rabino antes de fijar la fecha del casamiento para contemplar el ciclo de la novia como también que no sea una fecha en la que no se realizan casamientos.)

Iom Kipur personal

El día del casamiento es como un Iom Kipur personal, ya que Di-s perdona a los novios todo su pasado para que empiecen su vida juntos con una tabula rasa. Es por eso que los novios ayunan el día de su casamiento y dedican gran parte del día a recitar Tehilim o salmos. Es costumbre que el novio se sumerge en la Mikve el día de su casamiento para purificarse. Se acostumbra que tanto los novios como los padres, familiares y amigos aumenten los actos de Tzedaká el día del casamiento, generando así más bendición para la pareja.

Badéken

El novio, antes de entrar a la Jupá, pasa por donde está la novia rodeada de sus familiares y amigas y tapa su cara con un velo. En esta ocasión los padres de los novios bendicen a la novia. Esta instancia se llama Badéken en Idish o Kabalat Panim, en hebreo. Invoca el encuentro bíblico entre Isaac y Rivka quien se tapó la cara como expresión de pudor. Entrar a la Jupá con la cara tapada representa también el hecho que uno se casa con su esposa tal cual es y no basado en su apariencia.

Velas

El novio entra a la jupá primero, acompañado por su padre y suegro o por sus padres. Cada uno de los acompañantes, lleva una vela encendida que representa las almas de los ancestros fallecidos que vienen a acompañar y estar presentes en la Jupá. También representa los fuegos que hubo en el Monte Sinaí en la “Jupá” entre D-os y Su pueblo.

Rey y Reina

El novio se coloca en el centro de la Jupá mirando hacia Jerusalem y espera la llegada de la novia. Siendo que el novio y la novia son considerados rey y reina en el día de su casamiento, tienen una fuerza especial de “decretar” bendiciones. Muy a menudo se verá los novios rezando bajo la Jupá, pidiendo por sus seres queridos.

Siete vueltas

La novia entra acompañada de su madre y suegra o ambos padres quienes también llevan velas encendidas.Al llegar a la Jupá dan siete vueltas alrededor  del novio. Representa los siete días de la creación. Representa la creación de un muro protector alrededor de su familia. Representa el derrumbe —como en Jericó— de los muros interiores que separan y dividen. Una vez terminadas las siete vueltas se para a la izquierda de su novio, mirando en dirección a Jerusalén.

Eirusín y Nisuín

Antiguamente, el casamiento consistía en dos pasos con un intervalo de doce meses entre ellos. El primero paso, Eirusín, consistía en el hombre consagrando a la mujer, dándole un anillo u otro objeto de valor. A partir de ese momento quedó prohibida para todo hombre como también para su propio novio. Luego de doce meses de preparación, se realizaba el segundo paso, Nisuín, que finalizaba el proceso y a partir de ese momento les fue permitido vivir juntos como hombre y mujer. Hoy en día se hacen los dos pasos debajo de la Jupá, cada uno acompañado por una copa de vino distinto y sus respectivas bendiciones, separados por la lectura de la Ketubá, el discurso del Rabino y canciones del Jazán.

El Rabino recita las dos bendiciones de Eirusin sobre una copa de vino y les da un sorbito a los novios.

Invita a los dos testigos exclusivos y excluyentes para que presencien el acto de matrimonio. El novio le pone un anillo en el dedo índice derecho de la novia y declara que por medio de ese anillo la consagra para él como esposa. Es el testimonio de los dos testigos constituyentes lo que convalida el acto y hace que la pareja esté casada.

Se lee la Ketubá o contrato matrimonial en el cual están delineadas las responsabilidades del novio para con su flamante esposa.

Se llena una segunda copa de vino y se recita las siete bendiciones de Nisuín.

Las siete bendiciones

Las siete bendiciones, conocidas como Sheva Berajot, son recitadas bajo la Jupá sobre la segunda copa de vino. Se recitan también durante toda la semana siguiente cada vez que hay una comida en la cual participan los novios, hay un Minián y una “cara nueva”  que no haya estado en alguna de las celebraciones anteriores.

Su Significado

La primera bendición, la que se pronuncia sobre el vino está siempre presente cuando se pronuncian bendiciones en ocasiones de alegría. Esto data desde los tiempos bíblicos, cuando los levitas cantaban en el Tabernáculo mientras se realizaban las libaciones de vino sobre el altar. 

El vino y la alabanza Divina van de la mano. Las otras seis bendiciones hacen referencia a los diversos aspectos y dimensiones presentes en esta ocasión tan especial. Finalmente pedimos a Di-s que bendiga a la pareja con alegría, amor, cariño y compañerismo y que sea un hogar llevado adelante de tal manera que acerque la reunión final y permanente del pueblo de Israel en la Tierra de Israel. Las Siete Bendiciones son como los siete brazos del candelabro que iluminan y guían con su luz espiritual al nuevo hogar a formarse.

Romper la copa
Luego que los novios toman un sorbito y un “tomador designado” toma el resto del vino, se envuelve la copa y el novio la pisa rompiéndola en recuerdo del Templo de Jerusalem que está en ruinas, con la esperanza que el hogar que están por formar ayudará a acelerar su reconstrucción.

Ijud

Terminó la Jupá y los novios se encierran en un cuarto a solas para romper su ayuno y manifestar el hecho que son una pareja casada, ya que está prohibido para un hombre y una mujer no casados entre sí estar a solas en un cuarto cerrado.

Celebración

El casamiento se celebra con una cena y bailes (Kasher, por supuesto) y durante toda la semana se realiza las Sheva Brajot o siete bendiciones en cada comida en la que los novios y alguna “cara nueva” estén presentes.

Cinco Sonidos

Nuestros Sabios señalan el hecho de que la séptima bendición hace referencia a cinco sonidos diferentes, del mismo modo que encontramos mención de cinco sonidos en la descripción bíblica de la entrega de los Diez Mandamientos.

“Todo aquel que disfruta de la celebración del novio y lo alegra, merece tener éxito en su estudio de Torá”, concluyen.

Los cinco sonidos de la Torá, representan las cuatro dimensiones de interpretación de la Torá: Pshat, Rémez, Drush, Sod y la quintaesencia, Jasidut.

Las almas que la flameante pareja traerán, con favor a Di-s al mundo, también se componen de cinco dimensiones: Néfesh (carácter), Rúaj (emoción), Neshamá (intelecto), Jaiá (subconsciente), Iejidá (esencia).

La formación de un nuevo hogar judío implica expresar en el mundo nuevas aristas del infinito mensaje Divino por medio de las almas de los hijos que engendrarán y el vínculo íntimo entre ellas y la Torá que las nutre.