
Pregunta
Mi hijo y yo estábamos hablando sobre los orígenes de la humanidad. Dijo que le ofendía la creencia de que el hombre descendía de la familia de los simios y se negaba a aceptar que todos descendemos de Adán y Eva. Yo, en cambio, creo que la teoría de Darwin explica de manera más razonable nuestra evolución y me parece ridículo seguir enseñando a los niños el mito de la creación. Claro, esta discusión puede prolongarse indefinidamente. ¿Podrías aclarar el tema?
Respuesta
Un rabino anciano viajaba en avión rumbo a Israel junto a un ateo declarado. Conversaron amigablemente durante todo el vuelo.
De vez en cuando, el nieto del rabino, que estaba sentado en otra fila, se acercaba para traerle algo de beber o preguntarle si necesitaba algo para estar más cómodo. Después de que esto ocurriera varias veces, el ateo suspiró:
—Ojalá mis nietos me trataran con tanto respeto. Apenas me saludan. ¿Cuál es tu secreto?
El rabino respondió:
—Piénsalo. Para mis nietos, estoy dos generaciones más cerca de Adán y Eva, los dos seres humanos creados por la mano de Di-s. Por eso me admiran. Pero según la filosofía que tú enseñas a tus nietos, estás dos generaciones más cerca de ser un simio. Entonces, ¿por qué deberían admirarte?
Las creencias tienen consecuencias. Si los niños de hoy carecen de respeto y no honran a sus mayores, si la tradición se menosprecia y los valores del pasado se olvidan casi por completo, ¿no es esto una consecuencia natural del tipo de educación que reciben? Si enseñamos a nuestros hijos que son simplemente animales avanzados, actuarán como tales. Y tratarán a sus padres y maestros como versiones obsoletas de la humanidad.
Debemos ser conscientes de los efectos de nuestras creencias. Si creemos que los seres humanos surgieron por accidente, la vida carece de sentido. Algo que sucede por casualidad no puede tener un propósito intrínseco. Una explosión o una mutación fortuita no pueden otorgarnos un destino. Mi vida, la tuya y toda la historia humana quedarían desprovistas de significado real. No importaría si vivo una vida recta o llena de maldad: al fin y al cabo, todo sería un gran accidente.
Solo tenemos propósito si fuimos creados con un propósito. Nuestras vidas solo tienen sentido si fuimos creados por un Ser con significado. Si enseñamos a nuestros hijos que fueron creados con una misión, sabrán que se espera de ellos algo más que de un animal. La historia de Adán y Eva debe enseñarse, no solo porque es verdadera, sino porque constituye la base de la moral.
Tanto el creacionismo como el darwinismo requieren fe. Aceptar que Di-s creó al hombre y a la mujer requiere fe. Aceptar que un organismo unicelular mutó espontáneamente miles de millones de veces hasta formar al ser humano también requiere fe. Pero solo una de estas creencias exige que vivamos una vida moral. Esa es la que quiero que mis hijos aprendan.


