¿Qué tienen en común abejas, lobos, osos, leones, zorros y comadrejas?

(A) No todos son kosher, y (B) todos son nombres judíos —hebreos o ídish.

Esto puede parecer extraño, ya que nuestros Sabios atribuyen un gran significado al nombre. El nombre puede influir en la trayectoria de la vida de una persona y predisponerla a ciertas tendencias (que, por supuesto, pueden superarse con esfuerzo).

Se nos advierte que nombremos a los niños con nombres de personas que poseían buenas cualidades.
Asimismo, se nos enseña que no comparemos los rasgos negativos de nuestros hijos con los de animales impuros —por ejemplo: “¿Vas a dejar de saltar como un mono y gritar como una hiena?”— ya que esto puede tener un efecto espiritual negativo en el niño.

También se nos recomienda ser cuidadosos y no mostrar imágenes de animales no kosher a niños muy pequeños.

Sin embargo, encontramos que muchos judíos —especialmente en comunidades ashkenazíes— llevan nombres de animales impuros. Antes de morir, Iaakov y Moshé bendijeron a las doce tribus comparándolas con diversos animales, algunos de ellos no kosher.

Además, personas justas y profetas tuvieron nombres relacionados con animales no kosher. Por ejemplo, Débora, la profetisa, cuyo nombre significa “abeja”; o Juldá, otra profetisa, cuyo nombre significa “comadreja”.

También encontramos nombres como Arié (“león”) en las Escrituras. La diferencia radica en la intención: no llamamos ni comparamos a nuestros hijos con animales impuros desde la ira, ya que en ese caso los estamos asociando con los aspectos negativos del animal.

En cambio, cuando damos a un niño el nombre de un animal, nuestra intención es transmitir únicamente sus cualidades positivas. De manera similar, el rey Shlomó nos enseña a aprender de los caminos de la hormiga, y el Talmud afirma que “incluso si no se hubiera entregado la Torá, podríamos aprender modestia del gato y no robar de la hormiga”.

Curiosamente, existen nombres compuestos como Tzví Hirsh (gacela o ciervo), Arié Leib (león) o Zeev Volf (lobo). Los místicos explican que los padres reciben un destello de profecía al otorgar a sus hijos nombres judíos.

Algunos enseñan que, para ocultar la grandeza de ciertas almas al descender a este mundo, a veces se les da el nombre de un animal impuro.

Los nombres judíos son una parte integral de nuestra identidad. El Midrash relata que una de las razones por las cuales el pueblo judío mereció la redención del exilio egipcio fue que, a pesar de todas las dificultades, conservaron sus nombres judíos, lo que los mantuvo ligados a Di-s y a Su Torá.

Por lo tanto, el mérito de tener y usar un nombre judío puede traer bendición y salvación no solo al individuo, sino también al mundo entero.

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