
Las tres mitzvot de la mujer judía
Si eres mujer, seguramente alguna vez has horneado pan, pronunciado una plegaria y amado profundamente a otra persona.
Pero ¿sabías que comer, rezar y amar pueden ser mucho más que actos cotidianos? En la tradición judía, estas acciones pueden transformarse en experiencias espirituales profundas.
Las tres mitzvot tradicionales de la mujer judía —separar la jalá, encender las velas de Shabat y la mikve— representan tres formas de santificar la vida: el hogar, el tiempo y la intimidad. A través de ellas se abre una puerta para vivir con mayor conciencia y conexión espiritual.
El anhelo del alma por una vida inspiradora encuentra su expresión en estas prácticas que acompañan la vida diaria del pueblo judío.
¿Qué es una mitzvá?
Una mitzvá es un precepto o acto espiritual que conecta a la persona con su Creador.
Podemos imaginarlo como un vínculo que nos mantiene conectados con nuestras raíces. Así como una madre aconseja a su hijo que no olvide llamar a casa y mantenerse cerca de quienes ama, las mitzvot son una forma de mantener viva esa conexión con Di-s y con nuestra identidad.
A través de cada mitzvá, incluso en medio de la vida cotidiana, tenemos la posibilidad de traer más sentido y espiritualidad al mundo.
Comer: santificar lo que producimos
Una de las mitzvot vinculadas al hogar es separar la jalá, una pequeña porción de masa al preparar el pan para Shabat.
Según la tradición, esta práctica se remonta a nuestra matriarca Sara, en cuya tienda —dicen los Sabios— la bendición del pan permanecía de un Shabat al siguiente.
En tiempos del Templo de Jerusalén, la porción separada se entregaba a los sacerdotes. Hoy este gesto continúa recordándonos que incluso lo más cotidiano, como el alimento que preparamos, puede convertirse en un acto de santidad.
Rezar: santificar el tiempo
El encendido de las velas marca el inicio del Shabat, un momento en el que lo cotidiano se transforma en sagrado.
Antes de la puesta del sol del viernes, mujeres judías de todo el mundo encienden las velas y recitan una bendición. Luego, en silencio, elevan sus plegarias: por su familia, por sus seres queridos y por la paz del mundo.
Nuestros Sabios enseñan que “el alma del ser humano es la vela de Di-s”. Por eso, al encender las velas de Shabat, no solo iluminamos el hogar: también encendemos una luz espiritual que nos invita a detenernos, reflexionar y reconectar con lo esencial.
Amar: santificar la intimidad
En el judaísmo, la intimidad entre esposo y esposa es considerada una dimensión sagrada de la vida.
Las leyes de pureza familiar incluyen la inmersión en la mikve, un baño ritual construido según antiguas tradiciones. Esta práctica marca momentos de renovación dentro de la vida de pareja.
De este modo, la relación íntima se transforma en un acto de amor consciente, profundo y espiritual, donde la conexión física también expresa una unión de almas.
En conjunto, estas tres mitzvot enseñan que la espiritualidad no se encuentra sólo en momentos extraordinarios, sino también en los gestos simples de cada día: preparar pan, encender una luz o expresar amor.
Son recordatorios de que la vida puede vivirse con mayor significado, transformando cada acción en una oportunidad de conexión con lo sagrado.


