Parashá en síntesis: Vaiakel – Pekudei

El nombre de la primera parashá, «Vayakhel», significa «Y él reunió» y se encuentra en Éxodo 35:1. El nombre de la parashá «Pekudei» significa «Cómputos» o «Recuentos» y se encuentra en Éxodo 38:21.

Moisés reúne al pueblo de Israel y les reitera el mandamiento de observar el Shabat. Luego les transmite las instrucciones de Di-s para la construcción del Mishkán (Tabernáculo). El pueblo dona abundantemente los materiales necesarios: oro, plata y cobre; lana teñida de azul, púrpura y rojo; pelo de cabra, lino hilado, pieles de animales, madera, aceite de oliva, especias y piedras preciosas. Finalmente, Moisés debe pedirles que dejen de traer donaciones, pues ya había suficiente.

Un equipo de artesanos sabios de corazón construye el Mishkán y sus utensilios (tal como se detalla en las parashiot anteriores de la Torá: Terumá, Tetzave y Ki Tisá): tres capas de cubiertas para el techo; 48 paneles de pared recubiertos de oro y 100 bases de plata; el parójet (velo) que separa las dos cámaras del Santuario y el masaj (pantalla) que cerraba la entrada; el Arca y su cubierta con los querubines; la mesa y el pan de la proposición; la menorá de siete brazos con su aceite especialmente preparado; el altar de oro y el incienso que se quemaba sobre él; el aceite de la unción; el altar exterior para las ofrendas ígneas y todos sus utensilios; las cortinas, los postes y las bases del patio; y la palangana con su pedestal, hechos de espejos de cobre.

Se realiza un recuento del oro, la plata y el cobre donados por el pueblo para la construcción del Mishkán. Betzalel, Aholiav y sus ayudantes confeccionan las ocho vestimentas sacerdotales —el efod (delantal), el pectoral, el manto, la diadema (tzitz), el turbante, la túnica, el fajín y los pantalones— conforme a las especificaciones comunicadas a Moisés en la parashá de Tetzave.

El Mishkán queda terminado y todos sus componentes son llevados ante Moisés, quien lo erige y lo unge con el aceite sagrado de la unción, e inicia a Aarón y a sus cuatro hijos en el sacerdocio. Entonces una nube cubre el Mishkán, señal de que la Presencia Divina ha venido a morar en él.

Parashá en Síntesis: Ki Tisá

Di-s ordena a Moshé que cuente al Pueblo Judío. Este es el tercer censo que se realiza al día siguiente de Iom Kipur, después del pecado del becerro de oro, en el primer año de su estadía en el desierto. El primer censo fue realizado cuando Iaacov y su familia, setenta personas, bajaron a Egipto. El segundo, cuando los judíos salieron de Egipto y eran 600.000 hombres.

El método seguido para el conteo era el de la entrega del medio shékel. Di-s advierte a Moshé que el conteo no puede hacerse en forma directa, lo que nos enseña que cada persona tiene su propio valor y, además, que ninguna persona está completa si está sola. Sólo se puede lograr la espiritualidad y hermandad cuando se coopera y se une con los demás judíos. 

Después de la entrega de la Torá, Moshé permaneció 40 días estudiando Torá directamente de Hashem. Sólo al completarse ese período fue premiado con la habilidad de retener todo lo que había aprendido. 

Las dos Tablas de la Ley sobre las cuales estaban tallados los Diez Mandamientos eran de zafiro azul. Los Mandamientos podían ser leídos de ambos lados y las letras mem y samej- que tienen forma de cuadrado y círculo sin puntos de apoyo – se sostenían milagrosamente sin caerse. 

El becerro de oro fue elaborado por los hijos de Bilam (famoso brujo egipcio) cuando el pueblo, por error en el conteo de los cuarenta días, pensó que Moshé no regresaría. La iniciativa para su elaboración fue del llamado erev rav, la multitud de egipcios que acompañaron a los judíos en el éxodo de Egipto. 

Las mujeres no contribuyeron con la realización del becerro de oro, pero sí lo hicieron al dar sus joyas para la construcción del Santuario, que comenzó poco después. Por esta actitud sobrevivieron hasta la llegada a Eretz Israel y además les fue dedicada la festividad de Rosh Jodesh (principio de mes), durante lo cual existe la costumbre de que se abstengan de trabajar. 

Las joyas donadas por las mujeres fueron zarcillos, anillos de nariz, anillos de dedo y pulseras. Uno de los Sabios explicó que ello alude a los cuatro aspectos de una apropiada educación judaica. 

Zarcillos: escuchar con atención la conversación de los niños con sus amigos, ya que estos aprenden del ejemplo de sus padres; si algo falta o es inadecuado significa que así son sus modelos.
Anillos de nariz: desarrollar un agudo sentido de olfato para constatar si la influencia de los amigos es beneficiosa.
Anillo de dedo: apuntar hacia el camino correcto, guiándolos según las enseñanzas de la Torá para evitar lo dañino. 
Pulseras: estar bien “armados” porque aun con los niños que se comportan bien es necesario ser firmes para motivarlos a estudiar y desarrollarse. 

Parashá en síntesis: Tetzavè

El nombre de la parashá “Tetzave” significa “Mandamiento” y se encuentra en Éxodo 27:20.

Di-s le dice a Moisés que reciba de los hijos de Israel aceite de oliva puro para alimentar la “llama eterna” de la menorá, que Aarón debe encender cada día, “desde la tarde hasta la mañana”.

Se describen las vestimentas sacerdotales que debían usar los kohanim (sacerdotes) durante su servicio en el Santuario.

Todos los kohanim vestían:

1) el ketonet —una túnica larga de lino.

2) michnasayim —pantalones de lino.

3) mitznefet o migbaat —un turbante de lino.

4) avnet —una faja larga que se enrollaba por encima de la cintura.

Además, el kohen gadol (sumo sacerdote) vestía: 5) el efod —una prenda similar a un delantal, hecha de lana teñida de azul, púrpura y rojo, lino e hilo de oro.

6) el choshen – un pectoral que contenía doce piedras preciosas inscritas con los nombres de las doce tribus de Israel

7) el me’il —una capa de lana azul, con campanillas de oro y granadas decorativas en su dobladillo.

8) el tzitz —una placa de oro que se usaba en la frente, con la inscripción “Santo para Di-s”

Tetzave también incluye las instrucciones detalladas de Di-s para la iniciación de siete días de Aarón y sus cuatro hijos —Nadav, Avihu, Elazar e Itamar— en el sacerdocio, así como para la fabricación del altar de oro, sobre el cual se quemaba el ketoret (incienso).

Parashá en síntesis: Shemot

“Y estas son las leyes” (Shemot 21:1)

Acabamos de leer, la semana pasada, en la Parshá de Itró, sobre la entrega de la Torá en el Monte Sinaí con voces y relámpagos. Ahora queremos saber qué es lo que contiene esta Torá, entregada desde el Cielo en un evento tan estruendoso. Comenzamos a estudiar esta semana sobre los preceptos entregados en Sinai y ¿qué vemos?: ‘Leyes’- preceptos simples y básicos, que hacen a la relación del hombre con su prójimo, instrucciones que nuestra propia lógica dicta seguir incluso sin un mandato de la Torá de por medio.

 Los párrafos de Itró y Mishpatim representan, a simple vista, dos extremos opuestos: En la Parshá Itró leemos sobre la revelación Divina, sobrenatural, celestial, la supra racional. Mientras que en el párrafo de Mishpatim se habla de temas terrenales, cotidianos, asuntos que también comprende la lógica del hombre simple.

VERDADERA UNIDAD

Desde una perspectiva más profunda, justamente estas dos Parshiot, cuyo contenido es tan opuesto, son dos etapas que se complementan en la extraordinaria innovación gestada por la entrega de la Torá. El objetivo del evento del Sinaí fue eliminar la brecha existente entre el mundo del espíritu y la realidad material, e introducir la Torá y la santidad literalmente en el seno del mundo; unificar el espíritu con la materia.

El principio radica aquí en que no se trata de que la santidad Divina desplace, anule y quiebre a la realidad terrenal, sino que ésta perdure tal cual es, en su carácter de una existencia material encadenada a las limitaciones de este mundo, y conjuntamente con ello more ahí la Santidad Supernal. Ésta es la verdadera unión del espíritu con la materia.

DESHACER LAS ESTRUCTURAS

La primera etapa de unión entre el espíritu y la materia es la descripta, en el párrafo de Itró: “Y descendió Di-s sobre el Monte Sinaí”1- la extraordinaria revelación Divina. Voces y relámpagos, un terrible temblor que conmovió al mundo todo. En las palabras del Midrash2: “el pájaro no gritó, el ave no voló, el toro no mugió… el mundo estaba callado y silencioso” En el pueblo judío, esta revelación Divina causó una profunda anulación, al punto que escaparon del Monte y se pararon a lo lejos. Ésa fue la primera parte- Hashem descendió aquí ‘abajo’.

Pero el objetivo es, como se dijo, que este mundo no anule su ser, sino que prosiga funcionando como un mundo material- pero siendo un instrumento al servicio de la Santidad. Por ello fue necesaria la segunda etapa, la desarrollada en Parshat Mishpatim: este párrafo, que trata sobre las leyes monetarias y de daños y perjuicios, los temas realmente mundanos, enseña cómo debe cumplir el judío los preceptos de Di-s dentro de su vida terrenal. Justamente son los mandamientos ‘sencillos’ y lógicos enumerados en esta Parshá, los que indican el camino a través del cual la santidad se enviste en el mundo, se acomoda en él, hasta convertirse en parte del mismo.

LA FE COMO BASE

La Parshá de Mishpatim nos enseña que santidad no se limita sólo a la anulación absoluta y la auto elevación más allá de la vida terrenal. Por el contrario, la santidad se manifiesta también en las pequeñas cosas de la vida cotidiana cuando se llevan a cabo de acuerdo al mandato de la Torá, como ser la indemnización del damnificado, la actitud correcta frente a un valor confiado en depósito, el pago del salario a su tiempo, etc. Esta es la manera de generar una verdadera comunión entre la Santidad Divina y la vida práctica y material.

Pero para que el judío previamente posea esta fuerza de introducir santidad también en el seno de la vida rutinaria, se requiere de la etapa de la Parshá de Itró- la revelación Divina sobrenatural. La base de todo es la fe y anulación absoluta a Hashem. Sólo como continuidad de ello se está en condiciones de santificar también a la vida cotidiana.

Likutei Sijot tomo 16, pag 242

Conferencia Internacional de Mujeres Emisarias de Jabad-Lubavitch

Miles de líderes judías de todo el mundo se reunieron en Brooklyn, Nueva York, para su foto de grupo anual, uno de los momentos más destacados de la Conferencia Internacional de Mujeres Emisarias de Jabad-Lubavitch (Kinus Hashlujot). La conferencia se celebró en vísperas del 38.º aniversario del fallecimiento de la Rebetzin Jaia Mushka Schneerson, de justa memoria, el 22 de Shevat (lunes 9 de febrero).

El punto culminante de la conferencia de cuatro días tuvo lugar el lunes, cuando todas las asistentes visitaron el Ohel, el lugar de descanso eterno del Rebe, Rabino Menachem M. Schneerson, de virtuosa memoria, y su esposa, la Rebetzin Chaya Mushka, en el aniversario de su fallecimiento. Las mujeres llevaron consigo oraciones de sus comunidades lejanas para dejarlas en el lugar de descanso eterno.

La conferencia culminó con un gran banquete de gala el domingo, al que asistieron presencialmente miles de personas. Muchas más, desde distintos puntos del mundo, se unieron a la celebración siguiendo la transmisión en directo a través de Chabad.org/Kinus.

Fotografía: Chaya Teguer / Chabad.org

Mishpatim “No quebrar sino santificar”

La Parashá en profundidad

De las palabras del Rebe

Mishpatim, describe las cuatro categorías de tutela:
Un guardián no remunerado: quien actúa como fideicomisario de la propiedad de otra persona sin recibir pago alguno; un guardián remunerado: quien recibe una remuneración por su tutela; quien “alquila” el uso de las posesiones de otra persona; y un prestatario: quien usa las pertenencias de otra persona sin pagar por el privilegio.

El Sabio del siglo XVII, conocido como el “Shalo”, explicó que estas cuatro categorías de tutela corresponden a los cuatro tipos diferentes de judíos que sirven a Di‐s, ya que todo judío tiene la responsabilidad de “custodiar” el universo de Di‐s mediante la observancia de la Torá y las Mitzvot.
El primer y más alto nivel de esta responsabilidad es el “guardián no remunerado”.
Este se refiere a una persona cuyo enfoque se centra exclusivamente en la custodia de la propiedad del propietario, sin considerar su propio beneficio. Una persona en esta categoría sirve a Di‐s con la mayor dedicación y devoción, pues su único objetivo es servir a su Señor, sin importar la recompensa que sus acciones traerán. Maimónides se refiere a este tipo de persona como “alguien que sirve a Di‐s por amor… y no por ninguna otra consideración… no para obtener beneficios, sino alguien que hace lo verdadero porque es verdadero”.
El segundo nivel de custodia es el “guardián pagado”. Esta persona también se dedica a salvaguardar las posesiones del propietario, pero espera ser recompensada por su labor. Esta categoría se refiere al judío que sirve a Di‐s con genuina vitalidad y entusiasmo, al mismo tiempo que espera ser recompensado por su observancia de la Torá y las Mitzvot.
El tercer nivel de custodia es quien paga por el uso de la propiedad del propietario.
Para esta persona, el disfrute que obtiene del objeto es su principal objetivo, pero se siente obligado a recompensar al propietario por concederle ese privilegio. En sentido espiritual, esto se refiere a una persona cuyo principal deseo es disfrutar de los placeres de este mundo, consciente de que es Di‐s quien se lo permite. Este tipo de judío sirve a Di‐s únicamente por obligación y deber.
El nivel más bajo de tutela es el del “prestatario”. Esta persona solo se interesa en su propia gratificación y ni siquiera siente la necesidad de compensar a quien le ha prestado el objeto. En términos de nuestro servicio a Di‐s, esto se refiere a quien se deleita en los placeres de este mundo sin siquiera pensar en “pagar” a Di‐s por su beneficencia.
Sin embargo, incluso el “prestatario” es considerado un guardián, pues él también observa la Torá y las Mitzvot, aunque sin percibir la conexión entre su servicio a Di‐s y la bendición que recibe de lo Alto.
Esta persona está convencida de que toda la bondad y la abundancia de su vida le han sido otorgadas porque las merece.
¿Qué sentido tiene una mitzvá realizada por consideraciones personales?
Nuestros Sabios explican: «Una persona debe siempre dedicarse a la observancia de la Torá y las Mitzvot, incluso cuando no sea por sí misma». Porque se nos asegura que, de las consideraciones erróneas, se llegará a observar por las razones correctas. A todo judío se le promete que, finalmente, perfeccionará su servicio a Di‐s, alcanzando el nivel del «guardián no remunerado».


Adaptado de Likutei Sijot del Rebe, Vol. 31

Leyes Divinas: Mishpatim

Los Diez Mandamientos y las leyes civiles y personales a las cuales se refiere esta Parashá, así como todas las 613 mitzvot, fueron dadas por Di-s en el Monte Sinaí y tienen carácter de permanencia y eternidad propias de las Leyes Divinas. 

Después de dar la Torá al pueblo judío, Di-s le dijo a Moshé que ascendiera de nuevo al Monte Sinaí por 40 días, con el fin de enseñarle los detalles de las leyes de la Torá. Parashat Mishpatim es principalmente la selección de las leyes que Di-s le enseñó a Moshé mientras estuvo en el Monte Sinaí. 

Antes de explicar las leyes, Di-s decretó que el pueblo judío estaba obligado a establecer un sistema de tribunales con el fin de tratar todos los casos de derecho penal, civil y ritual. Di-s le explicó las leyes relativas a los sirvientes, obligaciones maritales, el asesinato, el honor a los padres, el secuestro y la indemnización por lesiones.

El mandamiento de prestar dinero se aplica incluso si el prestatario posee bienes que se pueden vender. Así que a diferencia del mandamiento de dar caridad, está destinado a beneficiar no sólo a los pobres sin también a los ricos. Si somos reacios a prestar dinero a alguien que no es pobre debemos considerar la posibilidad de que en una vida anterior los papeles pueden haber sido invertidos: es posible que hayamos sido el beneficiario de un préstamo o algún otro tipo de ayuda de la persona que no está solicitando el préstamo actualmente. Esta es nuestra oportunidad de devolver su buena acción. 

Una de las leyes era de no mezclar la leche y la carne – no se debe comer un animal joven cocinado en leche de su madre. Ya que se considera un acto de crueldad consumada. La Torá también nos prohíbe cocinar cualquier animal en cualquier otra leche de animal, comer una mezcla de este tipo, o incluso obtener cualquier otro beneficio de ella. 

Las precauciones que la Torá toma para alejarnos de causar sufrimiento a un animal demuestran cuánto cuidado debemos tener para evitar causar sufrimiento a un ser humano. 

Las leyes contenidas en la Torá, indicativas del modo de vida judío, no tienen la pretensión de ser originales, pero si tienen una particularidad que no poseen otras leyes: derivan de una autoridad sobrehumana, del Creador del universo y de todo lo que hay en Él, conocedor a plenitud de la naturaleza humana. 

En el Judaísmo, el bien y el mal no son determinados por el hombre, sino por Di-s. Está claramente establecido lo que se debe hacer (248 mitzvot de “hacer”) y lo que no se debe hacer (365 mitzvot de “no hacer”); esa determinación no queda a juicio de los humanos. No es el hombre quien define según su opinión el bien o el mal, éste está definido previamente; lo que la persona puede hacer  es elegir entre ambos, una vez que los conoce. 

La observancia o no de las leyes o preceptos no determina la condición del judío, quien lo es por esencia y no deja de serlo: eso no depende de su elección.

Las leyes en el judaísmo no sólo cumplen con las necesidades sociales de organización y orden, sino que tienden a perfeccionar al hombre en su crecimiento y desarrollo. No sólo procuran la protección de la persona frente a los demás, sino que también frente a sí mismo; fijan un sistema de justicia, pero a la vez forjan la base moral y ética del individuo. No permiten que el hombre sea esclavo de sí mismo, de sus limitaciones. 

Las leyes judías, a diferencia de las elaboradas por los humanos, tiene el carácter de ser inflables; además, no están sujetas a consideraciones subjetivas ni intelectuales, a épocas, modas o lugares determinados. Sólo se puede asegurar una moral apropiada si está basada en la Torá. 

La evidencia histórica del nazismo y otros episodios de la historia judía demuestran que no son los hombres los calificados para determinar el bien y el mal, porque pueden llegar a la justificación de las acciones más abominables. 

La acción, la mitzvá en el judaísmo, tiene un lugar central. El pueblo Judío es el pueblo que en el Sinaí dijo: “Naasé Ve´Nishmá”, “Haremos y luego entenderemos” (estudiaremos). La acción produce sus efectos, aún cuando no la comprendemos racionalmente, ni sean inmediatamente visibles sus resultados. Está dirigida no sólo al perfeccionamiento individual, sino al mejoramiento y elevación de este mundo en general.

No es suficiente “sentirse judío”, no basta la intención. Sentirse judío sin actuar en consecuencia es como sentirse una persona decente, pero sin actuar decentemente. 

Los preceptos, tanto los de “hacer” como los de “no hacer”, se dividen en tres grandes categorías:

  • Edut (testimonios), preceptos que rememoran eventos pasados, por ejemplo, el Shabat, que es testimonio de la Creación del Mundo y de la salida de Egipto; Pésaj, Sucot, etc. 
  • Mishpatim o leyes, los que tienden a mantener el mundo civilizado y son propios de la naturaleza humana, por ejemplo, no matar, no robar. 
  • Juquim o decretos, aquellos ordenados por Di-s sin que tengan explicación desde el punto de vista lógico o racional, por ejemplo, Kashrut (leyes dietéticas) o Shatnez (prohibición de mezclar lino y lana en la vestimenta).

Los diferentes tipos de preceptos deben ser cumplidos por igual, no porque nos parezcan más o menos lógicos, sino porque nos son ordenados por Di-s para nuestro bien, aún cuando a veces no tengamos la capacidad de entenderlos. 

Para realizar una acción no es necesario que previamente la comprendamos a la perfección. Hacerlo sería ponerse en la situación de la persona que, hasta tanto no entienda a cabalidad todos los complicados mecanismos de digestión y descomposición de los alimentos, decide no comer. Si lo hiciera así, se debilitaría y le sería imposible entender el mecanismo. Si en cambio come, el mismo acto de comer le ayuda a la comprensión de la totalidad. La acción tiene una dimensión insustituible, lo mismo sucede con el ejercicio de la Torá y las mitzvot. 

La revelación de la Torá en el Monte Sinaí configura el puente de unión entre Di-s y el hombre y permite que la persona, mediante su acción, puede convertirse en socio de Di-s en la Creación. 

Haremos y entenderemos

Al decir “haremos” antes de “estudiaremos”, los judíos declararon que estaban preparados para cumplir en forma incondicional la voluntad de Di-s, aceptando sus mandamientos aún antes de saber cuáles eran. Es por este comportamiento que Di-s continúa dándonos la Torá, aún hoy – al revelar su voluntad en la medida en que estudiamos Su Torá y cumplimos sus preceptos. 

Pudiera parecer irracional para el pensamiento convencional comprometerse con un contrato, antes de conocer sus términos. Está conexión sería posible en la medida en que Él estuviera presente en la naturaleza, sin que ello significara el compromiso de que hiciéramos su voluntad, pero la única manera de conectarse con Di-s, tal como Él es, más allá de la Creación y la racionalidad, es elevándonos sobre los límites de la racionalidad. Por lo tanto, en nuestros días, tal como aconteció en la entrega de la Torá, nos unimos a Di-s dedicándonos a la Torá en forma incondicional

Parashá en síntesis: Beshalaj

El nombre de la parashá, Beshalaj, significa “Cuando él envió” y aparece en Éxodo 13:17.

Finalmente, en la parashá de la semana pasada, tras años de esclavitud judía y las diez plagas que Di-s desató sobre los egipcios, el Faraón liberó al pueblo judío de Egipto. Sin embargo, en la parashá de esta semana, apenas los judíos habían salido de Egipto, el Faraón cambió de opinión y comenzó a perseguirlos.

Delante de los judíos se encontraba el mar, y detrás de ellos, el Faraón con miles de soldados. Si avanzaban, se ahogarían; pero si retrocedían o se quedaban inmóviles, el Faraón y su ejército los alcanzarían y los obligarían a regresar a Egipto. ¿Qué podían hacer? ¡Estaban atrapados!

Entonces, Di-s le dice a Moshé que tome su vara y la extienda sobre el mar. Moshé lo hace, y ocurre un milagro asombroso: el mar se abre, permitiendo que los judíos crucen por tierra firme. Los egipcios intentan seguirlos, pero el mar vuelve a cerrarse sobre ellos y los destruye.

Cuando los judíos llegan al otro lado, entonan un cántico de agradecimiento a Di-s, profundamente conmovidos por la forma milagrosa en que fueron salvados.

Luego, el pueblo llega al desierto y comienza a preocuparse por la falta de alimento. Di-s envía codornices para que coman carne, y cada mañana desciende un alimento especial llamado maná. Los judíos recogen una porción diaria, pero el viernes reciben una doble porción para Shabat. Más adelante, Moshé golpea una roca, que se transforma en una fuente de agua para el pueblo.

Posteriormente, una nación llamada Amalec ataca a los judíos. Moshé envía a Iehoshúa a reunir un ejército para combatirlos. Iehoshúa lidera la batalla y derrota a Amalec. Sin embargo, Di-s declara que no olvidará jamás lo que Amalec hizo al pueblo judío: haber sido los primeros en atacarlos en el desierto.

Unidad en el principio y unidad en el final

“Y se acercó a él Iehudá” (Bereshit 44:18)

Es sabido que el nombre de la Parshá indica su contenido (esto nos explica por qué a veces se elige la primera palabra de la Parshá como nombre de la misma, y a veces se elige la segunda o tercera palabra e incluso el segundo versículo). Esto se ve abiertamente en nuestra Parshá, ya que el sentido interior de todos los temas de la Parshá se refleja en la palabra “vaigash– y se acercó”.

La Parshá relata sobre múltiples y diferentes sucesos: el pararse con firmeza de Iehudá en apoyo de Biniamín, el darse a conocer Iosef a sus hermanos, el descender de Iaakov y sus hijos a Egipto, etc.; sin embargo, cuando profundizamos en el contenido interior de estos sucesos, descubrimos que el factor que los une a todos es “vaigash- se acercó”.

LA REUNIÓN DE LOS REYES

La esencia del término “vaigash- se acercó” es el encuentro, el acercamiento físico de uno con su prójimo, al punto de unirse el uno con el otro. Sobre este “acercamiento” de Iehudá a Iosef aplican nuestros Sabios Z”L el versículo: “puesto que los reyes se reunieron”. En el libro Zohar está dicho que este fue “un mundo con otro mundo, que se unan el uno con el otro, para ser todos un uno”.

Esto se refleja con mayor claridad en el cierre de la lectura de la Torá en los profetas, la Haftará (que como es sabido, también nos explica la Parshá). La Haftará habla sobre la perfección del acercamiento de Iehudá a Iosef, tal cual tendrá lugar en el Futuro Por Venir, cuando tenga lugar una unificación cabal entre el reino de Iehudá con el reino de Iosef: “toma una rama y escribe sobre ella para ‘Iehudá’… y toma una rama y escribe sobre ella para ‘Iosef’… y que estén unidas en tu mano”. Y la Haftará finaliza: “Y los Haré un pueblo… y habrá un rey para todos”.

UNIDAD ENTRE LOS JUDÍOS

Está claro que el sentido de “vaigash- se acercó” es traer unidad donde hay división, y de eso trata la totalidad de la Parshá: la entrega total de Iehudá en aras de Biniamín, reflejó la unidad que se generó entre las tribus, en lugar de la discordia que imperaba entre ellos previamente. A continuación, Iosef se da a conocer a sus hermanos, y ahí se vuelven a unir nuevamente todas las doce tribus. Esta unificación es la que brinda las fuerzas para alcanzar la unidad perfecta en los días del Mashíaj.

Asimismo la continuación de la Parshá refleja unidad: el descenso de Iaakov a Egipto y la radicación de los hijos de Israel en aquel país, fue con el objetivo de traer la unidad de Di-s específicamente a un ámbito que se encontraba en la cumbre de la disociación con la santidad. Egipto era “la vergüenza de la Tierra” (como lo explican nuestros Sabios Z”L: “los más arruinados de entre las naciones”), donde dominaba la idolatría. Iaakov y sus hijos descendieron hasta este nivel tan bajo para traer también allí a la unidad de Di-s.

UNIDAD ENTRE LOS JUDÍOS.

La Parshá de “Vaigash- se acercó” nos enseña que la unión es la base de todo. Este es el comienzo del servicio diario a Hashem, como la costumbre de recitar antes de la Plegaria: “acepto cumplir el precepto de amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Este es también el objetivo de todo el servicio al Creador- llevar a toda la creación a la unidad.

En especial en estos días, los últimos días del Galut, debe ponerse énfasis en el tema de la unidad y traer unidad entre un judío y otro, entre Isajar (los estudiosos de la Torá) y Zebulún (los comerciantes) hasta la unificación del mundo entero bajo la soberanía del reino de Hashem.

(Sijot 5750 parte II Pág. 212)

Subidas y bajadas de Iosef

Iosef tuvo éxito porque logró dominarse a sí mismo…

Es interesante que en ambas porciones semanales de la Torá, Vaieshev y Miketz, ambas hablan en extensión sobre Iosef y su increíble aventura espiritual. En Vaieshev, Iosef comienza como el hijo favorito y termina siendo un esclavo, mientras que en esta parshá, Miketz, comienza como un esclavo y termina como virrey del Faraón. ¿Cómo puede explicarse semejante dicotomía? El Rabino Issac Bernstein, de bendita memoria, rabino de la Sinagoga Kinloss en Londres, sugirió que en Vaieshev Iosef estaba ocupado interpretando sus propios sueños, mientras que en Miketz estaba ocupado interpretando sueños de otros; esto es para enseñarnos que cuando toda nuestra energía está dirigida a nosotros mismos, tendemos a bajar, mientras que cuando usamos toda nuestra fuerza para ayudar a otros, tenemos una habilidad especial para subir, ascender tanto físicamente como espiritualmente.

El Rebe de Lubavitch señala otro camino hacia el éxito. Iosef se enfrentó con muchas dificultades antes de su éxito. Fue odiado por sus hermanos, secuestrado y exiliado, acusado falsamente y encarcelado por su amo, y castigado otra vez por Di-s por confiar en un humano y no en lo Divino. A pesar de todo esto, Iosef nunca se dio por vencido. Constantemente seguía con toda su fuerza, haciendo lo mejor que podía y ganándose el favor de los que lo rodeaban. Vemos esto en las primeras palabras de esta porción semanal de la Torá. ¿Por qué está escrito: “Al final de dos años de días”? ¿No hubiera sido suficiente decir: “Al final de dos años”? ¿Por qué precisamos la palabra “días”? Rabeinu Bajia explica que la expresión “dos años de días” es una referencia a cómo Iosef pasó su tiempo. Él trataba a cada día de los dos años de forma especial, no queriendo perder ni un solo minuto de trabajo hacia su meta. Su éxito vino de su propio dominio, de controlar su ambiente en vez de dejar que el ambiente lo controlara a él.

Vemos un mensaje similar en Janucá. En adición a la bendición que decimos en el encendido (“…y nos ordenó encender la vela de Janucá”), Janucá tiene una segunda bendición única. Siendo que el enfoque de Janucá son sus milagros, los Rabanim establecieron una bendición separada: “…Quien Ha hecho milagros para nuestros antepasados aquellos días, en estos tiempos”. Esta bendición nos está diciendo que a través del cumplimiento de los preceptos de cada festividad, podemos recrear el mismo ambiente espiritual que existió durante el evento original, AHORA.

¿Qué pasó entonces? Los griegos y los judíos que fueron influenciados por ellos querían apartar a los judíos de la Torá y de su especial conexión con Di-s. No cuestionaron la Torá como a la filosofía. Estaban indignados que estaban en contacto con su elemento Divino.

La misma pelea toma lugar hoy en día. La sociedad está intentando implacablemente imponerse en nuestras vidas con la base de los valores sostenida en conseguir placeres físicos, en secularizarnos, y en reemplazar nuestro enfoque judío de que Di-s dirige al mundo y que nuestras vidas y acciones deben reflejar esto a través del estudio de la Torá y el cumplimiento de los preceptos. Técnicamente, sería suficiente encender una vela cada noche para cumplir con el precepto de las Luces de Janucá. Pero, cada año, el Pueblo Judío cumple con los mandamientos de Janucá y lo hace realzadamente, agregando cada noche una nueva vela, y así proclamando a Di-s como “el Jefe” y que apreciamos Sus mandamientos. No vamos a permitir que el mundo cierre nuestro Templo Sagrado que existe dentro de cada uno de nosotros, y rezamos fervientemente que Él pronto nos va a permitir ser parte de la construcción del Tercer Templo físico.

Por Shaul Yosef Leitler