El fallecimiento de Aharón

La Nube de Gloria permaneció varios meses en Kadesh, en el límite de la tierra de Edom. Luego se elevó y condujo a Benei Israel en un desvío alrededor de la tierra de Edom. Ella vino a descansar delante de la montaña de Hor Hahar. El nombre “Hor Hahar” significa “montaña de una montaña”. Ella era realmente una colina descansando sobre la cima de otra, y se asemejaba a una pequeña manzana sobre la parte superior de una grande.

Usualmente la Nube de Gloria achataba todas las colinas y montañas en el desierto para que Benei Israel pudieran viajar sobre un sendero parejo. No obstante, Hashem dejó en pie tres montañas:

Har Sinai, por la entrega de la Torá; Har Nevó, para servir como lugar de entierro de Moshé y Hor Hahar, para volverse el lugar de entierro de Aharón.

Hashem preservó también a estas montañas como un recordatorio de que había habido muchas colinas como éstas en el desierto. Los judíos entonces apreciarían la bondad del Todopoderoso en nivelar las montañas por su bien.

Cuando ellos arribaron a Hor Hahar, Hashem anunció a Moshé: “Aharón será reunido con su pueblo. Su alma se unirá a aquéllas de otros tzadikím (justos) en Olam Haba (mundo por venir)”.

“Informa suavemente a Aharón que él está a punto de partir de este mundo porque pecó en Mei Merivá. Su hijo Elazar lo sucederá como Cohén Gadol. Quien deja un hijo para tomar su lugar es considerado como si no murió”.

Hashem escogió revelar las noticias a Aharón mediante Moshé, antes que comunicarlas Él mismo, como si afirmara, “Yo estoy avergonzado de decírselo”.

Al recibir las órdenes de Hashem, Moshé rogó, “Señor del Universo, ¿no puede Aharón permanecer vivo en el lado oriental del Jordán?”.

“Imposible”,- replicó el Todopoderoso – “El estar vivo impide a Benei Israel entrar a la Tierra. ¿Deseas que él viva a ese precio?”.

Moshé todavía continuó orando:  “Señor del Universo, ¿cómo puedo yo decir a mi hermano, Tu tiempo ha llegado?”.

Replicó Hashem, “Es un honor para él ser informado por ti. Dile, ‘Cuan afortunado eres tú que yo y tus hijos te atendemos en tu última hora. (¿Quién cuidará de mí cuando yo esté a punto de morir?) Más aún, tu hijo tomará tu lugar (y el mío no lo hará).

“Además, Aharón no morirá por medio del Ángel de la Muerte. Cuando Aharón arriesgó su vida quemando ketoret en medio del pueblo a fin de detener la plaga, Yo decreté que el Ángel de la Muerte no tendría poder sobre él. Yo Mismo recogeré su alma.”

Cuando Moshé comprendió que el decreto de Hashem era irrevocable, obedeció sin demora.

A la mañana siguiente él le acordó a Aharón público honor. Antes que caminar al Ohel Moed en la acostumbrada formación- Aharón a la derecha, Elazar a la izquierda, los nesiím (líderes de las doce tribus)  flanqueándolos a ellos a ambos lados, y el pueblo detrás de ellos- Moshé le ordenó a Aharón caminar en el centro, donde Moshé usualmente caminaba.

El pueblo se preguntaba por qué se le acordaba a Aharón honor especial. Ellos supusieron que a Aharón se le había concedido ruaj hakodesh (inspiración Divina) en lugar de Moshé.

Cuando la procesión arribó al Mishkán, Aharón quiso entrar para realizar el diario Servicio matinal.

“Espera,” dijo Moshé, “Hashem ordenó que tú no realizarás la avodá hoy.”

“¿Qué ha ordenado Él?” preguntó Aharón. “Ascendamos a Hor Hahar, y te lo contaré,” replicó Moshé. Al pie del monte, Moshé ordenó a los nesiím esperar. Sólo él, Aharón, y Elazar ascendieron.

Otra vez Aharón interrogó, “¿Qué ha ordenado Hashem?” “Hermano mío,” Moshé presentó cautelosamente el tema,

“¿eres consciente de retener un depósito el cual el Todopoderoso puede querer de regreso?”

“Mi hermano Moshé,” replicó Aharón, “el Mishkán entero y sus santas vasijas están bajo mi cargo. ¿He fallado en la avodá?”

Moshé intentó un abordaje más directo. “¿Te ha confiado el Todopoderoso una luz?” preguntó él a Aharón.

“No sólo una,” replicó Aharón, “todas las siete luces de la menorá son mi responsabilidad.”

“Esto no es lo que yo quise significar,” dijo Moshé. “¿Quizá El te confió a ti algo que se asemeja a una luz?”

“‘ El alma del hombre es la vela de Hashem'” (Mishlé 20:7), replicó Aharón. “¿Implicas que mi tiempo de fallecer ha llegado?”

“Sí,” dijo Moshé, y, colocando sus manos sobre su corazón, él clamó, “‘Mí corazón está dolido dentro de mí, y los temores de la muerte han caído sobre mí'” (Tehilím 55:5).

Sobre la cima de la montaña se hallaba preparada una cueva, y en ella una cama y una vela ardiendo.98

Hashem instruyó a Moshé, “Transfiere las vestimentas sacerdotales de Aharón a su hijo Elazar, quien lo sucederá como sumo sacerdote.” Cuando Moshé oyó este mandamiento él no supo cómo realizarlo. Estaba prohibido vestir al Cohén Gadol en cualquier otro orden excepto el prescripto: primero la ropa interior, y luego las exteriores. A fin de vestir a Elazar en el orden correcto, él tendría que desnudar a Aharón de todas sus vestimentas, incluso su ropa interior.

“No temas,” dijo Hashem a Moshé, “procede, y Yo haré Mi parte.”

Los milagros que el Todopoderoso realizó para Aharón cuando él estaba a punto de morir fueron más grandes que aquellos durante la vida entera de Aharón. Cuando quiera que Moshé removía una de las vestiduras sacerdotales de Aharón, él lo encontraba vestido debajo con una correspondiente vestimenta Celestial, así que el cuerpo de Aharón nunca fue desnudado. Después de que Moshé hubo removido todas las ocho vestimentas del sumo sacerdote, Aharón vestía ocho correspondientes vestimentas celestiales.100

Luego Moshé le ordenó a Aharón, “¡Acuéstate sobre el lecho!” Aharón lo hizo.

“Cierra tus ojos,” ordenó Moshé. Aharón los cerró.

“¡Extiende tus pies!” ordenó Moshé. Aharón obedeció.

La Shejiná (Divinidad) descendió, y el alma de Aharón fue atraída hacia ella con felicidad y regocijo, retornando anhelantemente a su fuente (mitat neshiká).

Dado que la partida del alma por mitat neshiká (“un beso Divino”) es un sublime y santo espectáculo, el alma de Aharón partió en aislamiento en una cueva. A nadie además de Moshé y Elazar se le permitió observar la gran escena.102

Moshé anhelantemente exclamó, “¡Cuan afortunada la persona que muere de esta manera!”

Hashem concedió más tarde el deseo de Moshé de experimentar esta muerte.

El Todopoderoso ordenó a Moshé y Elazar, “Ahora abandonen la cueva.” Tan pronto como ellos partieron, su entrada se cerró.

Cuando Moshé y Elazar retornaron, el pueblo no podía comprender qué había sucedido. Ellos habían visto a tres personas ascender la montaña, y ahora sólo dos descendían.

Toda suerte de rumores y sospechas relativas al destino de Aharón se suscitaron.

“¿Dónde está Aharón?” fue interrogado Moshé.

“El falleció,” replicó Moshé.

Esta afirmación se encontró con total descreimiento. El pueblo dijo amenazadoramente a Moshé, “¡No nos digáis que el Ángel de la Muerte tuvo poder sobre Aharón, quien lo controlaba y le impedía matar judíos! ¡Traed a Aharón de regreso inmediatamente, o nosotros lo lapidaremos!

“Nosotros conocemos tu estricta disposición. Aharón debe haber dicho o hecho algo que vos considerasteis pecaminoso, ¡y vos decretasteis la pena de muerte sobre él!

La falsa sospecha lanzada sobre Moshé invitaba al castigo Celestial. Inmediatamente después el pueblo judío fue atacado por Amalek.

Moshé oró a Hashem ser absuelto de sospecha.

El Todopoderoso ordenó a los ángeles traer el ataúd de Aharón y mostrarlo al pueblo. Ellos tuvieron una visión del ataúd de Aharón flotando en el aire. Después de eso, aceptaron su muerte.

El duelo por él fue intenso. Duró treinta días e incluyó a todos los miembros de la nación, hombres, mujeres, y niños.

Los cielos, también, hicieron duelo. Di-s y Sus huestes ] Celestiales ensalzaron a Aharón, proclamando, “La Tora de Verdad estaba en su boca e iniquidad no era encontrada en sus labios: él caminaba conmigo en paz y rectitud. Porque los labios del cohén ; (de Aharón) mantenían conocimiento y ellos buscaban Tora desde su boca, porque él era como un ángel del Señor de las huestes” (Malají 2:6-7).

¿Por qué fue Aharón tan grandemente llorado?

Aharón disfrutaba de gran popularidad porque él amaba la paz y perseguía la paz.

Mientras caminaba por el Campamento, saludaba a cualquier judío que encontraba con una amplia sonrisa y cálidas palabras, aún si esa persona era un rashá (malvado). Inmediatamente, cualquiera que había cometido o estaba a punto de cometer un pecado, pensaba, “¿Por qué Aharón (el Cohén Gadol, el más grande dignatario de Kelal Israel) me saludó? Obviamente él piensa que yo soy un tzadik (justo).” Avergonzado de que su verdadero carácter no conformara la imagen percibida por Aharón, la persona resolvía mejorar su conducta.

Cuandoquiera que Aharón oía que dos judíos habían peleado, él visitaba a uno de ellos y decía, “¿Sabéis cuan apenado está vuestro anterior amigo de que él ya no se lleva bien con vos? El se sienta en casa, golpeando su pecho con su puño y rasgando sus vestimentas apenado por la desavenencia entre ustedes dos, ¡pero está demasiado avergonzado para decíroslo!” Luego Aharón visitaba a la otra parte y le contaba lo mismo. La próxima vez que los dos se encontraban, ellos se abrazaban, se besaban uno al otro, y estaban reunidos.

Si Aharón oía de una fricción entre un marido y su esposa, no descansaba hasta que él los había reconciliado. Si se le contaba acerca de dos partes que tuvieron una discusión, encontraba un compromiso para resolver la materia.

Aharón falleció a la edad de 123 años, en el primero de Av, de 2.487.

Kelal Israel había estado protegido por las Nubes de Gloria en su mérito; con su muerte, ellas desaparecieron.

Voluntarios en Acción

El jueves 8 de Junio pasado, se llevó a cabo el primer encuentro interactivo sobre el tema “Cómo reconocer y actuar ante una emergencia” de HATZALAH ARGENTINA, destinado a Shlujim y Batei Jabadim.

Para mayor información: dariob@jabad.org.ar

Líder de la oposición

Muy poca estima queda por Koraj. Seguro, siempre habrá quienes se quejen, ya sea gente o grupos que, por una razón u otra se encuentran insatisfechos con el orden establecido y no tienen temor de ir al frente y exponer sus puntos de vista. Pero por primera vez en la historia desde el Éxodo, la oposición a Moshé ha sido cristalizada alrededor de un individuo en particular. Por primera vez, los rebeldes y trazadores tenían una figura a la cual podían unirse. 

Koraj sufrió una muerte terrible, sus seguidores fueron exterminados y la rebelión fue aplastada, dejando a los estudiosos y escritores de los siguientes tres milenios sin otra cosa que hacer que unirse a la lista de éxitos y competir en carácter de asesinar a Koraj.  Sabes lo que quiero decir, sólo pon en Google el nombre Koraj, y en 0.13 milésimas de segundo también tú estarás de acuerdo en que será difícil encontrar algo positivo sobre este hombre, entre las 306.000 referencias que hay en la web. Koraj era codicioso, celoso. Koraj fue malicioso, Koraj era presumido. Koraj era el agitador que intentó dominar al mundo. ¡¿Hablamos de una víctima de mala fama?! ¿Qué sucede con la búsqueda de Koraj de iluminación espiritual? Imposible piensas; este hombre atacó a Moshe, y por extensión, desafió a Di-s. ¿Quién puede animarse a salir en su defensa?: Sólo el Rebe de Lubavitch.   

Rescatando lo mejor de las personas 

En un artículo inspirador, el Rebe postula que aunque cuestionemos los métodos e intenciones de Koraj, hay mucho para admirar sobre su propósito. Después de todo, ¿qué fue lo que Koraj demandó? Una oportunidad para intentar llegar al puesto de Sumo Sacerdote. A simple vista, esto parece una oportunidad de ambición, pero desde una perspectiva más sutil, ¿No podría ser éste un ejemplo de un hombre que intenta conectarse con Di-s? Seguro, él perdió el rumbo cuando dejó que este deseo entendible de espiritualidad lo llevara a rebelarse contra Moshé, pero no había nada de malo con su ambición en sí.

Debería ser la meta de cada judío servir a Di-s de la manera más fina y significativa posible. Si solo nosotros tuviésemos el deseo de ser Sumos Sacerdotes. Para mí, esta teoría encapsula la única perspectiva del Rebe acerca de los humanos y la humanidad.

No se precisa de grandes mentes ni de coraje para unirse a patear a un hombre que está caído, pero no hay muchos afuera que están buscando activamente oportunidades para ayudar a levantar de vuelta a las personas.

Desde el punto de vista del Rebe, nadie es verdaderamente malo o insalvable. Nadie está más allá de los límites sin ninguna característica positiva. El truco es enfocarse en lo que es valioso en una persona, construirlo a sus propios ojos, hacer que otros lo estimen, y usar esto como plataforma para construir un nuevo orden mundial. 

El Rebe mandó a sus emisarios a las calles para ayudar a educar y a rescatar a nuestros hermanos y hermanas perdidos, no por trabajo, lástima, o compasión, sino porque él honestamente aprecia a cada judío y a la faceta única de esplendor que cada uno de nosotros trae a nuestro tesoro nacional.

* Por Elisha Greenbaum

Guimel Tamuz

Recuerdo haber escuchado la noticia, el domingo por la mañana (horario en Israel), y correr hacia el aeropuerto. Había llegado al cementerio horas después del funeral.

Nosotros (mi señora, mi hija de 20 meses y yo) habíamos traído nuestra ropa en una mochila, ya que teníamos pensado regresar a Tel Aviv esa misma noche. Nos quedamos siete días, de los cuales la mayoría de ellos los pasé en la oficina en 770, Eastern Parkway trabajando en un número de “Week in Review”, un resumen semanal de las enseñanzas del Rebe que editaba en ese momento. Recuerdo haber observado con asombro lo que estaba sucediendo, y lo que no, en la comunidad de Jabad-Lubavitch.

Casi todo lo imaginable estaba sucediendo, a excepción de lo previsible y natural que todo el mundo esperaba que ocurriera.

 Había conmoción e incredulidad, dolor y agonía. Habían desacuerdos y muchas respuestas sin responder.

Pero no había desesperación, ni tampoco parálisis. Cada uno de los emisarios del Rebe, discípulos y seguidores se preguntaban a sí mismos: “¿Qué debería estar haciendo?” y lo hacían.

 Recuerdo haber pensado: El Rebe, quien ha redefinido prácticamente cada aspecto de la vida, también ha redefinido la muerte.

Así era el camino del Rebe. Él podía, por ejemplo, considerar el concepto de “trabajo”. Con pasos seguros, aprovechando la sabiduría de la Torá y la verdad de la experiencia cotidiana, demostraría que el trabajo es igual a la creatividad, la creatividad es igual a la sociedad humana con el Creador, y la asociación humana con el Creador es la razón de ser de la vida humana .

Esta verdad, por supuesto, se dijo hace miles de años por el Versículo: “El hombre ha nacido para ir a trabajar”. Pero esa declaración, que siempre nos ha atascado como un melancólico hecho de la vida, se convirtió, en manos del Rebe, en la clave para la comprensión de lo que nos hace funcionar y lograr satisfacciones en nuestros labores diarios.

El hizo lo mismo con “matrimonio”, “amor”, “lluvia”, etc. El solía tomar un fenómeno natural, una curiosidad cultural, una actividad diaria, y cuando terminaba de analizarlo y aplicarlo, era algo diferente. No, era la misma cosa que siempre fue, pero en la claridad de su visión, su esencia era expuesta, revelando cuán escasa y superficial era nuestro concepto previo.

En una de sus charlas, el Rebe citó el dicho Talmúdico que “El sueño es la sexagésima parte de la muerte”. Bueno, dijo el Rebe, si el sueño es una forma de muerte, entonces la muerte es una forma de sueño. El sueño no es una terminación o incluso una interrupción de la vida, es un momento de Fomento, el cual el cuerpo y el alma recuperan sus energías para levantarse fresco y renovado el próximo día. Así es la muerte. La muerte, dijo el Rebe, es un “descenso en aras de subir”.

¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? La preguntas sin responder siguen sin respuesta. Pero sabemos lo que debemos hacer, y lo estamos haciendo. Puedes verlo por ti mismo, si resides en el planeta tierra, probablemente te encuentres a poca distancia de un Centro de Jabad Lubavitch.

El Rebe nos ha entrenado bien

Por: Yanki Tauber

El Rebe, “Un Hombre de Di-s”

Hay muchos paralelos que pueden trazarse entre Moshé Rabeinu y el Rebe: cada uno de ellos condujo a la nación durante cuatro décadas; cada uno de ellos atribuyó a las ovejas descarriadas y perdidas genuina importancia; cada uno de ellos alimentó la visión de un pueblo judío redimido, y cada uno de ellos personificó el amor infinito hacia el pueblo judío.

Han pasado ya años desde aquel oscuro día 3 de Tamuz, y aún no hemos encontrado alivio al dolor y la inmensa pérdida que hemos experimentado.

Con todo, sabemos que el Rebe no nos permitiría estancarnos en el duelo, sino, en cambio, hubiera encaminado nuestras emociones hacia actividades fructíferas, constructivas y positivas.

 En palabras del Rebe, “debemos convertir el dolor en acción”.

El Talmud y la Cábala están repletos de alusiones a la vida eterna del hombre justo. Ellos apuntan no solamente a la inmortalidad del alma, lo que es cierto de cada alma, sino más allá todavía, al contínuo impacto del alma del hombre justo sobre nuestro mundo, de manera incluso más pronunciada que durante la física, y por lo tanto restringida, vida del tzadik.

Pero hay individuos singulares de quienes incluso una inmortalidad todavía mayor es cierta.

Uno de estos fue Moisés, sobre quien el Talmud dice que “él no ha muerto”(Sotá 13b). La Cabala interpreta esto como significado que algunas de las chispas del alma de Moshé son reencarnadas en las vidas de cada líder judío en cada una de todas las generaciones subsiguientes.

 Hay muchos paralelos que pueden trazarse entre Moshé y el Rebe: cada uno de ellos condujo a la nación durante cuatro décadas; cada uno de ellos atribuyó a las ovejas descarriadas y perdidas genuina importancia; cada uno de ellos alimentó la visión de un pueblo redimido, y cada uno de ellos personificó el amor infinito hacia el pueblo judío.

Vemos llamativas similitudes en la plena viveza y la aflicción de los últimos días de cada uno de estos dos gigantes, cuando, después de dedicar cada suspiro de sus vidas a conducir al pueblo judío siempre igual e esforzadamente hacia una nueva realidad, a ambos se permitió únicamente apenas vislumbrar desde la distancia el cumplimiento de su sueño.

En aquel momento final, mientras la visión de Moshé parecía estar simplemente a un palmo de distancia de su concreción, y el pueblo judío estaba a punto de ingresar en la Tierra de Israel, su gran líder y visionario fue apartado del mundo. En nuestro propio tiempo, el Rebe, nuestro gran líder y visionario, fue apartado de este mundo precisamente cuando lo había declarado tan próximo al momento de la Redención Final. En los días inmediatamente siguientes al 3 de Tamuz, los ojos del mundo se apoyaron sobre la comunidad de Lubavitch.

“¿Cómo se las arreglarán ahora?”, parecía ser la pregunta implícita sobre los labios de cada periodista y cada investigador social.

Cualquiera que visitara alguna vez al Rebe en sus últimos cuarenta años, sentía curiosidad por saber cómo los jasidim nos cobijábamos a su alrededor, cómo seguíamos pendientes de cada uno de sus movimientos, cómo hallábamos significación e inspiración en un movimiento de su mano, en un gesto de su cabeza, y en la permanente sonrisa sobre su brillante rostro.

Estos eran los movimientos de un individuo que podía y facultaba de hecho a gente en todo el mundo a emprender los innovadores y audaces programas con que Jabad-Lubavitch se ha ganado su bien merecida reputación. Estos eran los movimientos de un individuo que podía encontrar luz dentro de la más formidable oscuridad, sacar a relucir belleza de dentro de la fealdad más áspera, y descubrir calidez en el más frío de los lugares.

La gente que observaba al Rebe se sentía desconcertada por su agenda. Se maravillaba de su increíble vigor. ¿De qué otra manera se podía explicar su negativa a tomar un único día libre en más de cuatro décadas? Sus audiencias muy tarde en la noche que se estiraban a las tempranas horas de la mañana mientras prestaba atención a las aflicciones y los dilemas personales de su pueblo; los días invertidos cada semana en ayuno, mientras oraba en el lugar de reposo de su suegro en nombre de su pueblo en particular y en el de la humanidad en general; las largas horas invertidas en enseñar e iluminarnos con su sapiencia, sus conocimientos y su visión Divina; y en años posteriores, cuando su rebaño creció por cientos de miles y la demanda ejercida sobre su tiempo excedió desmesuradamente todo límite, las largas horas –seis o siete- que permaneció de pie, en la novena década de su vida, sobre dolientes piernas, a fin de poder recibir personalmente a cada uno de los miles de individuos, judíos y no-judíos, niños y adultos, que procuraban su bendición en cualquier día domingo, y para entregarles un dólar de modo que también ellos, a su vez, tuvieran la mitzvá de dar tzedaká.

Indudablemente, esta no es la fibra con la cual están hechos los simples mortales. Las incontables maneras en que él ha atendido nuestras heridas, nutrido nuestros sueños, y nos ha sostenido colectiva e individualmente, nunca podrán contarse en su totalidad. Pero en el curso de su existencia unificada, a través de su profunda sensibilidad al dolor y al sufrimiento humano, mediante su visión de un mundo perfeccionado y su labor hacia su concreción –desde sus más tempranas apelaciones por la educación, tanto judía como universal, hasta sus más recientes esfuerzos por educar al mundo acerca de la Redención—el Rebe ha azuzado nuestras pasiones por el bien y lo Divino, y nos ha enseñado a manifestar esto en nuestras vidas, nuestra realidad y nuestro mundo. Ciertamente, esta no podría ser la obra a realizarse humanamente en el curso de una vida mortal.

Desde luego, nuestra relación con el Rebe jamás podrá definirse en términos de sólo su ser físico. Pues tal como fue Moisés para los judíos del Exodo, un mortal y sin embargo claramente un hombre de Di-s, así es el Rebe para nosotros. De modo que mientras nos vemos incapacitados por la pérdida de su presencia física, mientras sufrimos el dolor de una extremidad truncada y nos sentimos torpes e ineptos por esta inmensa pérdida, la vida del Rebe no ha terminado.

Más bien, continúa respirando de manera palpable en el trabajo de Jabad Lubavitch, en las vidas de los emisarios del Rebe por todo el mundo, y en las mentes y corazones de cada uno de nosotros.

Sea si consideramos las instituciones de aprendizaje y tradición judía que él fundó, o las diversas actividades sociales, educativas y humanitarias que inició, o el número de vidas que afectó mediante cualquiera de estos, la vida del Rebe perdurará eternamente.

Y a través de las actividades globales continuas de Jabad Lubavitch, sus shlujim y también, toda la numerosa cantidad de gente que lleva su inspiración dentro de sí mismo en sus actividades espirituales, educativas y caritativas, continuará compartiendo esa vida eterna. 

Es, por lo tanto, en el trabajo acrecentado y continuado de Jabad Lubavitch que hallamos nuestro más grande alivio y consuelo. Mediante estas actividades, y con cada alma que es encendida, podemos discernir la presencia del Rebe, su gesto de aliento con la cabeza, su tranquilizadora sonrisa, y sus bendiciones. Estos continuarán manteniéndonos en tanto llevamos adelante la tarea que nos encomendara, trayendo por fin la Redención Final a un cansado y doliente mundo.

El Ohel

“El Ohel” es el lugar de reposo del Lubavitcher Rebe, Rabí Menajem Mendel Schneerson, sea su memoria bendición, desde el 3 de Tamuz de 5754 (12 de Junio de 1994), junto a su suegro, el sexto Lubavitcher Rebe, Rabí Iosef Itzjak Schneersohn, sea su memoria bendición.

El término “Ohel” (lit. “carpa”) se refiere a la estructura construida encima del lugar de reposo de un tzadík, una persona justa y piadosa.

Durante su vida, el Rebe fue receptivo a las necesidades de cada individuo, independientemente de su formación, educación, o grado de involucración religiosa. Todos los que se aproximaron al Rebe percibieron su penetrante visión en cuanto a su condición personal particular y hallaron consuelo en sus palabras de bendición y consejo, plenas de comprensión.

Esto continúa hoy, cuando miles de individuos de todos los estratos de la vida acuden al Ohel para solicitar que el Rebe interceda por ellos en las Alturas Celestiales, y para recibir inspiración, vitalidad y orientación.

Cuando no es posible acercarse personalmente, muchos envían cartas (por e-mail o haciendo click aquí) para ser colocadas en el Ohel.

¿Qué se hace en el Ohel?

Antes de ingresar al Ohel es costumbre escribir una carta al Rebe. Al firmarla, o al mencionar el nombre de otra persona en la misma, se debe incluir el nombre de la persona y el de su madre (por ejemplo: Itzjak, el hijo de Sará). Es preferible emplear el nombre hebreo.

  • Los hombres deben cubrirse la cabeza con una kipá o sombrero. Las damas han de vestir recatadamente, y cubrirse la cabeza con algo que oculte su cabello por completo (estas coberturas están disponibles en el patio posterior del Centro).
  • Es costumbre no utilizar calzado de cuero en el Ohel (en el patio posterior del Centro hay disponibles calzados de otros materiales).
  • Puede encenderse velas en los estantes asignados para ello en la antecámara del Ohel (hay velas disponibles en el patio posterior del Centro).

En El Ohel

  • Hay entradas individuales para damas y caballeros. Algunos tienen la costumbre de golpear la puerta antes de entrar, en señal de respeto.
  • Es costumbre leer a media voz la carta propia, y luego romperla y colocarla en el área cercada.
  • Las plegarias usuales incluyen el Maané Lashón y Salmos. Los capítulos sugeridos incluyen el del Rebe, Salmo 120, y el correspondiente a la propia edad (o sea, el Capítulo 31 para quien tiene 30 años). En la antecámara del Ohel hay libros de Maané Lashón y de Salmos.
  • Como muestra de respeto, es costumbre abandonar el Ohel caminando hacia atrás, sin darle la espalda.
  • Se puede acceder al sendero que conduce al Ohel a través del patio posterior del centro.

¿Cómo llegar?

El Centro Ohel Jabad-Lubavitch está localizado junto a la tumba del Rebe en la siguiente dirección:

226-20 Francis Lewis Boulevard

Cambria Heights, NY 11411

Tel: (718) 723-4545 

Bus al Ohel:

Desde la Central de Jabad, 770 Eastern Parkway en el barrio de Crown Heights, Brooklyn, sale todos los días (excepto Shabat y festividades) a las 10:30 hs.  en punto un bus hacia el Ohel, y está de regreso alrededor de las 13 hs. Este tiene un valor de us$10 ida y vuelta.

El día en el que el sol se detuvo



“No te veas intimidado por los límites de las normas naturales, pero tampoco debes descartarlos: trabaja en el marco de ellos para ensancharlos y expandirlos. En lugar de liberarte de las circunstancias de la naturaleza, busca liberar y elevar la naturaleza de la naturaleza misma.”

 El tercer día del mes hebreo de Tamuz, en el año 2488 desde la Creación (1273 antes de la Era Común), Iehoshúa conducía al pueblo judío en una de las batallas para conquistar la Tierra de Israel.

La victoria era inminente, pero la oscuridad estaba por caer. Entonces Iehoshúa declaró: “Sol, detente en Guivón; luna, en el valle de Aialón”

Milagrosamente, el sol frenó su avance en el cielo hasta que los ejércitos de Israel llevaron la batalla a su conclusión exitosa

Nuestros Sabios dijeron que “Di-s no realiza un milagro en vano” ¿Por qué, entonces, los cambios astronómicos efectuados en favor de Iehoshua? ¿No habría bastado con realizar un milagro algo más limitado, como ser iluminar el campo de batalla en Guivón por algún otro medio sobrenatural?

Subir o alzar

Pero primero debemos examinar la función de los milagros en general.

¿Qué es, exactamente, un milagro?

La palabra hebrea para milagro, “nes” significa “elevado”.

La regularidad y previsibilidad de la naturaleza crean las así llamadas “leyes”: esta es la manera en que es, dice el orden natural, y no puedes menos que ajustarte a esta definida y limitada realidad. La verdad, sin embargo, es diferente: el hombre ha sido imbuido por su Creador con el potencial para elevar su existencia, para trascender aquello dictado por “la manera en que son las cosas”.

Un milagro, con su manifiesta exhibición de poder Divino, tiene un efecto elevador sobre quienes lo experimentan, permitiéndoles ver a través de la fachada de la naturaleza e inspirarlos a trascender las aceptadas normas de su sociedad y las limitaciones propias que el individuo percibe.

Hablando en términos generales, existen dos categorías de milagros:

1) Un milagro de confrontación, que supera y desplaza la norma natural.

2) Un milagro natural que, aunque podría no ser menos “imposible” por las normas que parecen regir nuestras vidas, y en nada menos obviamente una exhibición de la mano de Di-s que el “milagro de confrontación”, ocurre no obstante por medios “naturales”, empleando procesos y fenómenos naturales para lograr su cometido.

Un ejemplo de semejante “milagro natural” es relatado por la Torá en el decimoséptimo capítulo de Números. Koraj y su facción rebelde habían disputado el derecho de Aharón a la kehuná guedolá (sumo sacerdocio). A fin de reafirmar Su elección de Aharón para servirle en el Santuario como representante de la nación judía, Di-s dijo a Moshé: “Toma… una vara de cada uno de los líderes [de las tribus]… cada uno escribirá su nombre sobre su vara… Escribe el nombre de Aharón sobre la vara de Leví… y el hombre a quien Yo escogeré, su vara florecerá… Moshé colocó las varas ante Di-s en el Santuario… Al día siguiente… He aquí que la vara de Aharón había florecido; produjo brotes, germinó fruto y maduró almendras”.

La presencia de frutos en una vara seca ciertamente hubiera bastado como señal Divina. Pero Di-s no hizo simplemente que aparecieran almendras sobre la vara de Aharón. En cambio, estimuló en ella todo el proceso de brotar, florecer, y la emergencia y maduración del fruto, etapas éstas todas visibles en la vara de Aharón.

La vara de Aharón desafió las leyes y restricciones de la naturaleza, pero no obstante ello se ajustó a las fases progresivas naturales que normalmente experimenta la almendra. Trascendió la naturaleza, pero lo hizo en los propios términos de ésta.

A primera vista, podría parecer que la “necesidad” del milagro natural de recurrir a procesos naturales lo hace menos milagroso que un milagro que trasciende la naturaleza por entero. En verdad, sin embargo, un milagro que trabaja a través de la naturaleza es más elevado (o sea, más “milagroso”) que un milagro que la supera.

El súbito y destrozante cambio no ha transformado la naturaleza, sólo ha ido más allá de ella; una hazaña más milagrosa es aquella que no solamente libera a la persona del orden natural, sino que libera la sustancia misma del orden natural propiamente dicho.

Esto explica las “molestias” extremas a que recurrió Di-s, llevando a todo el sistema celeste a detenerse para iluminar un cierto valle durante una noche.

Una milagrosa ingeniería de luz “artificial” hubiera significado que las leyes de la naturaleza fueron meramente desplazadas, mas no transformadas. Para inspirar al pueblo de Israel no solamente a trascender sus propias personalidades naturales sino también para transformarlos y sublimarlos, Di-s insistió en que la luz milagrosa provista a ellos fuera luz solar natural, incluso cuando esto significara crear un nuevo orden natural en los cielos.

Nuevo orden Mundial

El precedente establecido aquel 3 de Tamuz con la detención del sol por parte de Iehoshúa se reiteró en la misma fecha 3.199 años después, esta vez en términos aún más naturales (y por lo tanto más milagrosos).

El 3 de Tamuz del año 5687 (1927) fue el día en el que el Anterior Lubavitcher Rebe, Rabí Iosef Itzjak Schneerson, fue liberado de la prisión Spalerna en Leningrado (hoy Petersburgo).

El Rebe había sido arrestado por agentes de la GPU y la Ievsekia (la “sección judía” del partido comunista) por sus esfuerzos por mantener y promocionar la vida judía bajo el régimen comunista, y fue sentenciado a muerte, Di-s libre.

Pero la presión internacional obligó al régimen soviético a conmutar esta pena, primero a una sentencia de diez años de trabajos forzados en Siberia, y luego a tres años de exilio en Kostromá, un pueblo en el interior de Rusia.

El 3 de Tamuz el Rebe fue liberado de la prisión y enviado a su exilio. Nueve días después, el 12 de Tamuz, tuvo lugar una fase adicional en la redención del Rebe, la orden de liberarlo y permitirle regresar a su hogar en Leningrado. Unos meses más tarde, se le permitió abandonar el país.

Desde fuera de las fronteras de Rusia, el Rebe continuó dirigiendo su red clandestina de emisarios, quienes proveyeron, y proveen hasta este mismo día (aunque ya no más clandestinamente), apoyo espiritual y material a judíos en cada rincón del Imperio Soviético.

En una carta pública escrita en ocasión del primer aniversario de su liberación, Rabí Iosef Itzjak declara: “No solamente a mí redimió Di-s en este día… sino también a cada uno que lleva el nombre de Israel”. El Rebe había enfrentado al todopoderoso Partido y había triunfado.

Aquellos que procuraron destruir todo vestigio de vida judía en la Unión Soviética fueron, ellos mismos, forzados a reconocer que no tenían derecho a impedir que un judío practicara su fe.

Ahora, después de más de seis décadas, se nos ha privilegiado con ser testigos de un logro adicional de la victoria del Rebe, y de la judería soviética. La milagrosa transformación en marcha ahora en ese país es el continuo despliegue del milagro del “3 de Tamuz”.

La historia del 3 de Tamuz es la historia de un milagro, un suceso que trascendió totalmente el orden natural. Sugerir, en los años más oscuros del stalinismo, que un único individuo podría desafiar el todopoderoso empeño del Partido por arrancar de cuajo el judaísmo en la Unión Soviética y triunfar; sugerir que la amenazadora garra del comunismo sobre centenares de millones de almas desaparecería; en otras palabras, haber precedido [los sucesos del año] 1991 en 1927 -hubiera sido equivalente a decir que el sol alteraría su curso.

Al mismo tiempo, sin embargo, éste fue un “milagro natural”, como lo enfatiza el hecho de que: (1) La salvación del Rebe involucró el consentimiento de aquellos que en primera instancia lo habían arrestado y sentenciado (un cambio desde adentro, como los sucesos recientes en ese país); y (2) que la victoria no fue inmediata sino que sobrevino en etapas, y continuó desplegándose en el curso de las décadas.

El 3 de Tamuz fue el día en que una nueva realidad suplantó la vieja. Sin embargo, esta nueva realidad surgió por medios totalmente convencionales”, en la manera progresiva y gradual que es la marca de un desarrollo natural.

La nada caminante

Esta, entonces, es la lección del 3 de Tamuz: No te veas intimidado por los límites de las normas naturales, pero tampoco debes descartarlos: trabaja en el marco de ellos para ensancharlos y expandirlos. En lugar de liberarte de las circunstancias de la naturaleza, busca liberar y elevar la naturaleza de la naturaleza misma.

Se cuenta la historia de un jasid que estaba caminando de regreso a casa tras una larga noche de farbrenguen muchas horas después del toque de queda impuesto sobre esa región de una Europa Oriental desgarrada por la guerra.

Un policía, notando al judío solitario, gritó: “¡Alto! ¿Quién anda allí?” El jasid, sumergido en sus pensamientos inspirados por el farbrenguen, contestó: “Bitul (anulación, nulidad) va!” Este jasid había internalizado tan plenamente la doctrina jasídica de ‘bitul’ (auto-negación), que su reacción instintiva ante la demanda de identificarse estaba permeada por su nulidad ante su Creador.

El instinto más básico del hombre es mejorar y satisfacer su propio Yo. De modo que Bitul, la negación del Yo ante una verdad superior, va contra la fibra misma de la naturaleza humana. El logro de bitul es un “milagro”, una transformación sobrenatural. No obstante, para este jasid, bitul no implicó la supresión de su identidad; más bien, fue la lenta y gradual remoción de las tendencias egocéntricas de su Yo y su reorientación hacia una identidad más alta, permeada de bitul.

El hombre nunca debe aceptar la invencibilidad de cualquier status quo. A la vez, sin embargo, su enfoque que trasciende las normas no debe resultar en logros que queden fuera de quién y qué es él: por el contrario, debe esforzarse por convertir en milagrosa la realidad de su vida.

Basado en Sefer Hasijot 5751,págs. 649-664

Extraído de “El Rebe Enseña” de Editorial Kehot

El científico y el Rebe

En 1963, el Profesor Velvel Green de la Universidad de Minnesota era una estrella ascendente en el firmamento de la ciencia.

Aclamado como un pionero en el campo de la bacteriología, fue invitado por la NASA a sumarse a un selecto equipo de científicos que estudiaban los posibles efectos de un viaje espacial sobre la vida humana.

Las solicitudes de disertar en diversos foros y simposios continuaban lloviendo, y pronto el joven científico visitaba docenas de universidades al año a lo largo de los Estados Unidos .

1963 fue también el año en el que el Dr. Green tuvo su primer contacto con Rabí Moshé Feller, el emisario del Lubavitcher Rebe en Minneapolis. Hasta ese momento, Velvel y su esposa, como muchos judíos norteamericanos de su generación, tenían poco que hacer con su patrimonio judío; observancias tales como el Shabat, los tefilín y las leyes dietéticas del kasher les resultaban tanto anticuadas como primitivas, y ciertamente nada pertinentes a sus vidas modernas.

Pero su asociación con los Feller cambió todo eso. En la joven pareja jasídica los Green vieron una vibrante y plena perspectiva y estilo de vida, que parecía responder una profunda carencia en sus propias altamente exitosas pero desarraigadas vidas.

Por sugerencia del Rabí Feller el Dr. Green escribió al Rebe, y la respuesta cálida y comprometida del Rebe no tardó en venir. Ambos desarrollaron una correspondencia constante, y el joven científico pronto se sintió cautivado por la fenomenal mente del Rebe y la apasionada devoción a su llamado. Con cada carta, el profesor se encontró cada vez más fomentado en su travesía de descubrimiento espiritual y su creciente compromiso con el modo de vida de la Tora. Pronto los Green instauraban una cocina kasher en su hogar y a tientas se abrían paso en los rudimentos de la observancia del Shabat.

En una de las discusiones de Velvel con el Rabí Feller, surgió el tema de “Creación versus Evolución”. Aquí, el profesor mostró su vieja personalidad despectiva.

“Bien sabes que tengo el mayor de los respetos por la Tora”, dijo. “Sus enseñanzas y observancias ahora cumplen un papel más importante en mi vida. Pero con respecto a este punto, ustedes todavía se atascan en la Edad Media. Me asombra que todavía tomes la historia de seis días de creación literalmente, frente a todo lo que la ciencia ha descubierto acerca de la edad del universo y cómo se desarrolló”.

“Debo conceder que mi conocimiento científico es limitado”, dijo el Rabí Feller. “Ciertamente no puedo discutir esto contigo en tu nivel. Pero el Rebe escribió una extensa carta sobre el tema, en la que demuestra cómo la teoría de evolución es simplemente eso, apenas una teoría, y encima muy pobre, cargada de contradicciones y carente de toda base científica lógica”.

El profesor estaba incrédulo. “¡La teoría de evolución es aceptada virtualmente por cada científico serio que está vivo hoy! Pero muéstrame la carta; quisiera ver qué escribe el Rebe”.

Después de leerla, Velvel seguía sin convencerse. Cuando presentó a Rabí Feller sus objeciones a la tesis del Rebe, el primero repitió una vez más que se sentía sin calificaciones para discutir ciencia con un científico. “¿Por qué no escribes tú al Rebe?”, sugirió.

El Dr. Green hizo exactamente eso, redactando una crítica sin tapujos a los argumentos del Rebe.

“Porque respetaba mucho al Rebe”, evoca el Dr. Green, “dejé de lado el tono condescendiente de disculpa que los científicos comúnmente asumen con profanos, dirigiéndome al Rebe como lo haría con un colega cuyas ideas rechazaba. Declaré llanamente que estaba equivocado, especificando qué había visto errado y no científico en sus argumentos. Concluí mi carta diciendo que mejor sería que el Rebe se restringiera a su campo de pericia, la Torá, y dejara la ciencia a los científicos”.

La siguiente carta del Rebe reanudó la correspondencia donde había quedado originalmente — en la búsqueda espiritual de Velvel y su identidad judía. Del tema de evolución, ni una palabra.

El Profesor supuso que el Rebe había aceptado la reprimenda y admitía que en cuestiones de “realidades empíricas” la Torá debe remitirse al pensamiento científico contemporáneo. Con esto, dio por cerrado el tema.

Su progreso hacia una auténtica vida de Torá continuó, y en el curso del siguiente año y medio informó al Rebe cada uno de los hitos que él y su familia superaban en su viaje: la observancia plena del Shabat, la observancia de la pureza familiar, etc. El Rebe respondió con palabras de aliento y bendición y, en una ocasión, con el regalo de un par de tefilín que Velvel comenzó a ponerse cada día.

Entonces llegó la carta en la que los Green contaron al Rebe que habían decidido poner a sus hijos en una leshivá, una escuela diurna de Torá que les proveería una educación judía plena.

 La respuesta del Rebe fue especialmente cálida y alentadora, como correspondía al momento decisivo en sus vidas que semejante movimiento indicaba.

Entonces, al final de su carta, el Rebe agregaba:

“De paso, en cuanto a lo que me escribió respecto del relato de la Tora acerca de la creación…”, y procedía a refutar, punto tras punto, las objeciones del Dr. Green al “tratamiento” no científico del tema.

“Usted probablemente se preguntará”, concluyó el Rebe, “por qué esperé tanto en responder a sus comentarios sobre la materia. Pero mi función en la vida no es ganar discusiones. Mi función es acercar más a los judíos a la Tora y a sus mitzvot”.

¿Qué es un Rebe?

Debido a la proximidad de Guimel Tamuz- día de la desaparición física del Rebe, el jueves 22 de junio – compartimos con ustedes estos profundos comentarios:

El Gaon (‘genio’) de Rogatchov, Rabi Iosef Rosen, era uno de los estudiosos Talmúdicos más prominentes de la generación anterior. 

Constantemente estudiaba Torá, pero en Shabat invitaba a jóvenes estudiantes de la Ieshivá de Lubavitch a su casa y entablaba una conversación con ellos.

Una vez les preguntó si podían definir lo que es un ‘Rebe’. Ellos contestaron que habían aprendido que ‘Rebe’ son las iniciales de “Rosh Bnei Israel” (la Cabeza de los hijos de Israel)

El Rogachover se quedó callado y luego de unos instantes dio su propia respuesta: “La verdad es que nadie puede saber lo que es un Rebe… es incomprensible. Pero una cosa es con seguridad: Si un judío, cualquier judío en el mundo, está en problemas…el Rebe lo siente”.

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Antes de que el Lubavitcher Rebe aceptara el liderazgo de Jabad, en cierta ocasión le dijo a otro judío con respecto a su suegro, el Anterior Lubavitcher Rebe:

“Usted no puede imaginar lo que es realmente un Rebe. Su carta no tiene que localizarlo para que él sepa la pregunta, y usted no tiene que recibir una carta de él para obtener una respuesta”.

 En otra ocasión dijo: “Es cierto que con el fallecimiento del Rebe y la elevación de su alma, experimentamos un verdadero ocultamiento de su ‘luz’ (histalkut)

Pero debemos saber que el vínculo (hitkashrut) y el apego (dveikut) que tenían hasta ahora, aquellos que tuvieron el privilegio de ver al Rebe en muchas oportunidades, o una sola vez, e incluso aquellos que sólo recibieron una carta, o escucharon del Rebe por medio de sus enseñanzas y alocuciones- permanece con toda su firmeza, y en este lazo no cabe la posibilidad de debilitamiento.

 (El Rebe lloró, y luego siguió diciendo)

Mi suegro, el Rebe, enseñó que a través del jasidismo se logra que el Rebe no esté solo y que los Jasidim no estén solos, ya que el Rebe se interesa y se involucra en cada detalle de la vida de los jasidim. Más aún, ahora cuando se encuentra en un nivel de mayor elevación, el Rebe continúa observando y cuidando cada detalle de la vida de los jasidim, transmitiendonos las fuerzas para seguir con la misión que él espera de nosotros.

Por el contrario, siendo que este es un momento de ocultamiento, con el fin de llegar a una mayor revelación, debemos entonces dedicarnos a todos los temas que el Rebe exige, con mayor energía y fuerza.

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La Reina Cleopatra preguntó a Rabí Meir: “Sé que los muertos revivirán”, pues está escrito: “Y ellos florecerán fuera de la ciudad como el césped de la tierra”; “pero cuándo se levanten, ¿lo harán desnudos o vestidos?” Él contestó: “Usted puede deducir la respuesta observando un grano de trigo. Si un grano de trigo que se entierra desnudo crece envuelto en muchas túnicas, cuánto más así el virtuoso, a quién se entierra con sus vestimentas”

(Talmud Sanhedrin, 90b)

(El Lubavitcher Rebe, 19 Sivan, 5751-1991)

Parashá en síntesis: Koraj

En esta parashá se narra la sublevación de Koraj, quien se rebela junto a 250 personas contra la autoridad de Moshé y Aharón, alegando que si todo el pueblo tenía la característica de “ser santo”, de ser “un pueblo de sacerdotes”, no había necesidad de que éste sacerdocio fuera ejercido por Aharón y el pueblo liderado por Moshé.

La protesta de Koraj provino de la envidia que sentía por no poder ejercer el mismo liderazgo que sus primos hermanos Moshé y Aharón, quienes fueron designados para tal fin por Di-s por su nivel espiritual y por su capacidad de no distorsionar la Torá.

Moshé fue la más humilde de las personas y Aharón era conocido por sus esfuerzos en pro de la paz; sin embargo, eso no frenó a Koraj y a sus seguidores de acusarlos de arrogantes. Explican nuestros Sabios que cuando una persona ve defectos o falladas en otra es porque generalmente está proyectando las propias. La envidia y el deseo de poder fueron los móviles de esta acusación. 

Koraj y su séquito fueron castigados, la tierra se abrió y se los tragó vivos, confirmándose así la autoridad dada por Di-s a Moshé. 

Todos los judíos se equiparan en la acción, pero existen diferencias entre ellos desde el punto de vista espiritual. El Alter Rebe explica que los judíos son parte de un todo, cada uno tiene su misión y beneficia, del mismo modo que cuando sucede con los diferentes miembros del cuerpo: no se puede pensar que solo esté formado por cabezas, o por manos, etc.

Si bien el Pueblo Judío es “un pueblo de sacerdotes” que debe impregnar lo mundano con la santidad en todos los actos de la vida diaria (forma de vestir, comer y comportarse), también existen en su seno los “sacerdotes”, que por su grandeza espiritual están totalmente consagrados al servicio Divino. 

Así como el episodio de los espías indica la importancia de la acción en el mundo físico para elevarlo espiritualmente, del mismo modo lo sucedido con Koraj enfatiza el componente espiritual, que también está imbuido de elementos mundanos en el servicio del Sacerdocio (comer de los sacrificios, usar vestimentas especiales). 

En el Judaísmo, la necesidad de entrelazar la elevación espiritual con el mundo de la acción mediante el cumplimiento de los preceptos tiene una importancia capital. 

La actitud de Moshé al tomar la iniciativa de buscar hacer las paces con los revoltosos, nos instruye sobre la importancia del Shalom (paz) en el Judaísmo. Aún en su posición de líder, Moshé no deja que el orgullo lo venza y va en busca de la paz. 

Muchas peleas se prolongan por orgullo. Algunos no piden perdón aun cuando están claramente errados en su posición, otros no lo hacen porque creen tener la razón. Sin embargo, debe tomarse en cuenta que ningún esfuerzo por lograr la paz es inútil. Cuando hay una pelea, el énfasis debe ponerse en la paz y no en quién tiene o no la razón.

Esta Parashá demuestra la influencia que ejerce la mujer sobre su esposo. La mujer de Koraj lo instigó para que liderase la rebelión; en cambio, la esposa de On Ben Pele aconsejó a su esposo para que se separase de la conspiración y así lo salvó de la muerte, con la que fueron castigados los demás. 

En la parashá de Bereshit, la Torá define a la mujer como ezer kenegdó (“una ayuda en su contra”), lo cual parece una expresión contradictoria. Explican nuestros Sabios que, con frecuencia, el hombre no es capaz de juzgarse objetivamente y a veces no ve sus defectos; no obstante, su esposa si es capaz de verlo como realmente es. Si el esposo es observante de leyes de DI-s y ayuda a su prójimo, ella debe ayudarlo y estimularlo. Si por el contrario es irrespetuoso y abusivo, debe oponerse a esa conducta, señalarle sus errores y ayudarlo a mejorar. 

Bien sea como “ayudante” o como “opositora”, es innegable la importancia de la mujer en el Judaísmo en todas las épocas.