
Los límites: cuando la unidad necesita fronteras
Vivimos en una época que valora especialmente la unidad. Palabras como integración, armonía, cohesión y síntesis aparecen constantemente en todos los ámbitos de la vida.
Y, sin duda, la armonía es algo positivo. Pero también existe en nosotros una intuición que se resiste a eliminar todas las fronteras y todas las diferencias. Hay cosas que no necesariamente deben mezclarse. A veces, unir dos realidades muy diferentes puede producir algo que pierde las cualidades propias de cada una.
Este es uno de los conceptos que encontramos en las leyes de kilayim, que prohíben determinadas mezclas entre especies diferentes.
La Torá promueve la unidad y la armonía. Su propósito es traer paz al mundo y revelar la unidad esencial de una creación hecha por un único Di-s. Pero, al mismo tiempo, la Torá protege los límites que Di-s estableció en Su creación.
La verdadera paz no consiste en fusionarlo todo indiscriminadamente. Consiste en una integración ordenada, en la que cada elemento conserva sus características y ocupa el lugar que le corresponde.
Unidad no significa borrar las diferencias
La Torá funciona como un plano de la creación. Nos enseña qué cosas deben unirse, cuáles deben mantenerse separadas y de qué manera pueden interactuar entre sí.
Las leyes de kilayim expresan precisamente esta idea.
La Torá prohíbe, entre otras cosas:
- sembrar diferentes especies de semillas junto a una viña;
- arar con un buey y un asno juntos;
- vestir una prenda confeccionada con lana y lino, conocida como shaatnez.
Aunque las tres prohibiciones se relacionan con la mezcla de especies, cada una representa una forma diferente de combinación.
Tres formas de mezclar
Cuando se siembran diferentes especies en un mismo lugar, sus raíces se entrelazan y cada planta recibe alimento de la misma tierra. El resultado puede ser una verdadera transformación: una nueva realidad que incorpora características de distintas especies.
En el caso del buey y el asno, la situación es diferente. Los animales no se transforman ni se convierten en una nueva especie. Lo que se combina es su acción: ambos trabajan juntos y producen un mismo resultado.
El shaatnez ocupa un lugar intermedio.
La lana y el lino permanecen siendo materiales diferentes, pero juntos forman una prenda. La combinación no transforma necesariamente cada fibra, pero ambos materiales participan de una misma función.
El significado del shaatnez
Los Sabios discutieron cuál es exactamente la naturaleza de la prohibición de shaatnez.
Según Rashi, la prohibición está relacionada con la creación de una verdadera mezcla. Por eso, cuanto más completamente integrados están la lana y el lino, más se asemeja la prenda a una entidad híbrida.
Rabenu Tam entiende el asunto desde otra perspectiva: el problema no es solamente la mezcla de los materiales, sino el hecho de que dos elementos espiritualmente incompatibles actúen juntos para cumplir una misma función.
Esta segunda explicación también permite comprender algo particular de la ley de shaatnez: la prohibición se refiere a vestir la prenda, no necesariamente a fabricarla.
Mientras la lana y el lino simplemente existen juntos, permanecen como dos elementos independientes. Es cuando la persona se viste con ellos y ambos cumplen conjuntamente la función de una vestimenta que se produce esa combinación problemática.
La lección para nuestra vida
La Torá no nos pide vivir aislados ni rechazar toda combinación.
Por el contrario, una de las grandes aspiraciones de la vida es lograr una verdadera integración. La mente y el corazón, por ejemplo, deben trabajar juntos. El pensamiento debe orientar nuestras emociones y nuestras emociones deben aportar vitalidad a nuestros pensamientos.
Pero integrar no significa confundir.
Hay momentos en los que debemos unir diferentes aspectos de nuestra personalidad y otros en los que necesitamos conservar sus diferencias.
Los maestros jasídicos explican que el ser humano es un pequeño universo. Así como en el mundo existen distintos niveles y especies que deben interactuar de una manera determinada, dentro de nosotros también existen diferentes fuerzas que necesitan encontrar el equilibrio correcto.
Mente y corazón
La mente y las emociones deben complementarse, pero no siempre deben fusionarse.
Hay experiencias que podemos comprender, analizar e incorporar gradualmente. Son experiencias que podemos “asimilar”, como un alimento que entra en nuestro interior.
Pero existen también experiencias que nos envuelven por completo. En el lenguaje de la Kabalá, estas se denominan makif, aquello que nos rodea o nos envuelve.
Una experiencia de este tipo exige una relación diferente. No podemos reducirla completamente al análisis intelectual ni convertirla simplemente en una emoción.
Cuando buscamos construir una experiencia espiritual profunda, hay momentos en los que debemos dejar que nos envuelva en su totalidad, sin intentar desarmarla en sus diferentes componentes.
Por eso, el mensaje del shaatnez también puede entenderse como una enseñanza sobre los límites internos: no todo lo que puede combinarse debe combinarse de cualquier manera.
El verdadero significado de la paz
La paz no consiste en eliminar las diferencias.
La verdadera paz consiste en que las diferencias puedan coexistir y complementarse sin destruirse unas a otras.
La Torá nos enseña que cada elemento de la creación tiene una función y un lugar. La sabiduría está en saber cuándo unir, cuándo separar y cómo permitir que cada fuerza aporte aquello que le es propio.
La unidad auténtica no borra las diferencias: las integra respetando sus límites.
Basado en las enseñanzas del Rebe de Lubavitch, adaptadas por Yanki Tauber.


