
Siete enseñanzas de la Torá que transformarán la manera en que ves a tu pareja
1. No es bueno estar solo
Di-s dijo: «No es bueno que el hombre esté solo».
Fue después de estas palabras que creó a Javá, completando así la primera pareja de la historia. Desde el comienzo de la creación, la Torá nos enseña que el ser humano fue concebido para compartir su vida y construir un hogar junto a otra persona.
2. Ganas… o pierdes
Una buena relación no solo es el ingrediente esencial para una vida de paz, serenidad y alegría, sino también la llave para recibir una bendición única del Creador.
El rabino Akiva enseñó (Sotá 17a) que las palabras hebreas para «hombre» (ish, איש) y «mujer» (ishá, אשה) contienen las letras del Nombre de Di-s (י-ה). Si se eliminan esas letras, solo queda la palabra esh (אש), que significa «fuego».
Por eso afirmó:
«Si el marido y la mujer son meritorios, la Shejiná (Presencia Divina) mora entre ellos. Si no lo son, el fuego los consume».
3. ¡Qué gran hallazgo!
En la Ketubá, el contrato matrimonial judío, muchas comunidades acostumbran incluir el versículo:
«Quien encuentra una esposa encuentra el bien y alcanza el favor de Di-s» (Proverbios 18:22).
Un buen matrimonio es uno de los mayores regalos que una persona puede recibir y un vehículo para atraer las bendiciones de Di-s a la vida.
4. Mi otra mitad
El Zohar (I, 91a) enseña que el matrimonio no es simplemente la unión de dos personas que deciden compartir su vida.
«El esposo y la esposa son una sola alma, separada únicamente al descender a este mundo. Cuando se casan, vuelven a reunirse.»
Desde esta perspectiva, el matrimonio no crea un vínculo nuevo, sino que revela una unión espiritual que existía desde antes del nacimiento.
5. La paz del hogar está por encima de todo
La paz entre marido y mujer (shalom bait) posee un valor tan elevado que, en determinadas circunstancias, la halajá le concede prioridad sobre otras mitzvot.
El Talmud (Shabat 23b) enseña que si una persona solo puede comprar una vela de Janucá o una vela de Shabat, debe dar prioridad a la vela de Shabat, porque proporciona luz y armonía en el hogar.
La paz familiar constituye un valor fundamental sobre el cual se construye la vida judía.
6. Incluso a costa del Nombre de Di-s
La importancia del shalom bait llega aún más lejos.
En la ceremonia de la Sotá, destinada a restablecer la paz entre un esposo y una esposa cuando existían sospechas que amenazaban su matrimonio, la Torá ordena escribir el Nombre de Di-s sobre un pergamino y luego borrarlo en agua, que posteriormente bebía la mujer como parte del ritual.
El Talmud (Derej Eretz Zutá 11) destaca la extraordinaria enseñanza que surge de este hecho:
«Grande es la paz, pues el Santo, bendito sea, permite que Su santo Nombre sea borrado para restablecer la paz entre marido y mujer.»
Si Di-s está dispuesto a que Su propio Nombre sea borrado para preservar un matrimonio, cuánto más debemos nosotros hacer todo lo posible por cultivar la paz en nuestro hogar.
7. Si realmente lo desean, lo lograrán
El Rebe de Lubavitch, Rabí Menajem Mendel Schneerson, de justa memoria, escribió una vez a un jasid que le había expresado las dificultades que atravesaba en su matrimonio (Igrot Kodesh, vol. 10, p. 221):
«Es responsabilidad de usted y de su esposa hacer todo lo que esté a su alcance para unir sus corazones y fortalecer la paz en el hogar. Y si realmente lo desean, sin duda lo lograrán.»
Las relaciones sólidas no nacen por casualidad. Requieren dedicación, esfuerzo y la decisión diaria de construir un vínculo basado en el respeto, la comprensión y el compromiso.
Estas siete enseñanzas revelan que, para la Torá, el matrimonio no es solo una unión entre dos personas, sino una asociación sagrada en la que la Presencia Divina puede morar.
Cuando el amor se fortalece con el compromiso, el respeto y el deseo sincero de vivir en armonía, el hogar se convierte en un lugar donde las bendiciones de Di-s pueden manifestarse plenamente.


