
Comer mientras se trabaja
¿Qué nos debe Di-s cuando trabajamos para cumplir Su propósito en el mundo?
Tres veces al día nos dirigimos a Di-s para pedirle por nuestras necesidades materiales: lluvia y rocío, una buena cosecha, salud, sustento y bienestar.
Estas peticiones adquieren una dimensión especial durante el mes de Elul y los días de Rosh Hashaná y Iom Kipur, cuando se determina el destino del año que comienza.
Pero surge una pregunta interesante: ¿con qué derecho pedimos estas cosas?
¿Simplemente apelamos a la bondad y misericordia de Di-s? ¿O existe, de alguna manera, una obligación que Di-s mismo asumió respecto de quienes trabajan para cumplir Su voluntad?
Los maestros jasídicos analizan esta cuestión a partir de las leyes de la Torá que regulan las relaciones entre un amo y su siervo, un empleador y su trabajador, y los socios de un emprendimiento.
Tres maneras de relacionarnos con Di-s
Nuestra relación con Di-s puede ser entendida de tres maneras: como la de un siervo, un empleado o un socio.
La diferencia no es solamente conceptual. Determina también cómo experimentamos nuestra misión en la vida.
El siervo
Algunas personas viven su relación con Di-s desde la perspectiva de un siervo.
La vida, desde este punto de vista, es algo que fue impuesto: nacemos sin haberlo elegido y recibimos un conjunto de leyes y responsabilidades que debemos cumplir.
“Contra tu voluntad naciste y contra tu voluntad morirás”, enseñan nuestros Sabios.
Desde esta perspectiva, cumplimos nuestra misión porque Di-s es el Amo y nosotros debemos obedecer Sus mandatos.
El empleado
Existe una segunda manera de verlo: la del trabajador.
Tengo una tarea que realizar y debo hacerla de la mejor manera posible. Di-s me ha dado un trabajo y, al finalizarlo, recibiré mi recompensa.
Esta visión está expresada en las palabras de Rabí Tarfón:
“El día es corto, el trabajo es mucho, los trabajadores son perezosos, la recompensa es grande y el Dueño apremia”.
Y agrega:
“No es tu obligación terminar la tarea, pero tampoco eres libre de desentenderte de ella”.
La vida es, entonces, una misión que debemos llevar adelante con responsabilidad.
El socio
Pero existe una tercera posibilidad: experimentar la vida como una sociedad con Di-s.
También aquí reconocemos que Di-s es quien determina nuestra misión y que todo lo que tenemos proviene de Él. Pero existe algo más: Di-s nos concedió la posibilidad de participar activamente en la transformación del mundo.
No somos solamente quienes obedecen órdenes. Somos socios en una tarea común.
La creación de un mundo mejor es un proyecto conjunto: Di-s establece el propósito y nos brinda las herramientas, pero nosotros aportamos nuestra iniciativa, esfuerzo y creatividad.
¿Y qué nos debe Di-s?
A primera vista, ninguna de estas tres perspectivas parecería otorgarnos un derecho a exigir una recompensa material.
Si somos siervos, todo lo que hacemos ya pertenece a nuestro Amo.
Si somos socios, el beneficio de la tarea también es nuestro: el propio cumplimiento de una mitzvá constituye su recompensa.
Y si somos empleados, podríamos pensar que nuestra recompensa llegará solamente cuando termine nuestro trabajo.
Pero las leyes de la Torá revelan algo sorprendente.
El trabajador tiene derecho a comer
La Torá establece que una persona que trabaja en un campo puede comer de los frutos mientras realiza su tarea.
No se trata solamente del salario que recibirá por su trabajo. Mientras está trabajando, tiene derecho a alimentarse con aquello que está produciendo.
Incluso un animal que trabaja tiene derecho a comer de la cosecha con la que está trabajando. Por eso la Torá ordena:
“No pondrás bozal al buey mientras trilla”.
La enseñanza es clara: quien trabaja para producir algo tiene necesidades que deben ser atendidas mientras realiza su tarea.
También el esclavo debe ser cuidado
La Torá establece además que quien adquiere un siervo hebreo debe proporcionarle condiciones de vida dignas.
Los Sabios explican que el amo no puede comer alimentos de primera calidad mientras obliga a su siervo a alimentarse con alimentos inferiores; ni puede disfrutar de buenas condiciones mientras el siervo recibe condiciones deficientes.
La regla es conocida de manera contundente:
“Quien adquiere un siervo hebreo, adquiere para sí un amo”.
Incluso dentro de una relación de subordinación existen obligaciones hacia quien realiza el trabajo.
¿Y qué ocurre con un socio?
La Torá también contempla las obligaciones dentro de una sociedad.
Cuando dos personas participan de un emprendimiento conjunto, no alcanza con prometerle a una de ellas una parte de las ganancias futuras. Si esa persona debe realizar el trabajo y afrontar los gastos necesarios para llevar adelante el proyecto, también deben cubrirse sus necesidades.
Y aquí aparece la conexión con nuestra relación con Di-s.
Si Di-s nos confía el mundo para que lo transformemos, nos da también aquello que necesitamos para cumplir nuestra misión.
El sustento también forma parte de la misión
Esta idea ayuda a comprender las bendiciones materiales que la Torá promete cuando el pueblo de Israel cumple los mandamientos.
Maimónides explica que el propósito último de las mitzvot es espiritual: alcanzar la vida del Mundo Venidero y una relación profunda con Di-s.
Entonces, ¿por qué la Torá promete cosas materiales como abundancia, paz, salud y prosperidad?
Porque esas bendiciones permiten que la persona pueda dedicarse a su misión sin verse constantemente absorbida por sus necesidades materiales.
El bienestar material no es el objetivo final. Es una herramienta para poder cumplir el objetivo.
Cuando una persona tiene aquello que necesita para vivir, puede dedicar más energía al estudio de la Torá, al cumplimiento de las mitzvot y a la tarea de transformar el mundo.
Podemos pedir
Esto también cambia la manera en que nos acercamos a Di-s en nuestras plegarias.
Cuando pedimos salud, sustento, tranquilidad o bienestar, no lo hacemos solamente como quien espera recibir un favor.
Estamos pidiendo las herramientas que necesitamos para cumplir nuestra misión.
Ya sea que hayamos alcanzado el nivel de un socio, que asumamos nuestra responsabilidad como trabajadores o que apenas estemos comenzando a comprender nuestra condición de servidores, Di-s nos acompaña y nos proporciona aquello que necesitamos para llevar adelante nuestra tarea.
La vida no es simplemente un trabajo que debemos completar.
Es una misión compartida con Di-s para transformar el mundo.


