3 lecciones de vida del Mishkán

La Parashá Trumá contiene las instrucciones de Di-s para la construcción del Mishkán (Tabernáculo). Aquí hay algunas perlas de sabiduría para reflexionar.

Ser dador proporciona dignidad

“Hacedme un santuario, y Yo habitaré entre ellos.”

El final de este versículo parece gramaticalmente incorrecto. Debería decir: «Habitaré en él». Sin embargo, esta redacción no es casual. Expresa con precisión la intención de Di-s. Construir un santuario garantizaría que la presencia de Di-s habitara entre el pueblo, no solo en el Tabernáculo.

Este es un punto de inflexión en la narrativa del Éxodo. Hasta entonces, aunque Di-s había provisto abundantemente para todas sus necesidades, el pueblo se quejaba y parecía desagradecido. Es natural dar por sentado aquello a lo que nos hemos acostumbrado. Ahora, por primera vez desde la salida de Egipto, se les pedía a los israelitas que participaran activamente en esta relación. La construcción del Mishkán, junto con la donación de sus materiales, comenzaría a transformarlos de receptores en donantes.

Es natural que nos enorgullezcamos y apreciemos las cosas que creamos. Ya sea un delicioso pastel, una jalá casera o un proyecto de bricolaje, valoramos el trabajo de nuestras propias manos.

Al ordenar al pueblo judío construir el Mishkán, Di-s les concedió algo de lo que carecían: dignidad humana. Las personas trabajan incansablemente y con entusiasmo por una causa en la que creen. Al mostrar confianza en sus capacidades, Di-s empoderó a un pueblo naciente para desarrollar su potencial innato.

Vivir auténticamente

“Debes recubrirlo con oro puro, recubriéndolo por dentro y por fuera”.

El Arca de la Alianza era sagrada. Contenía las Tablas entregadas a Moisés en el Sinaí. Este versículo nos recuerda que la santidad expresa nuestros valores internos de forma externa. Al igual que el Arca, que era de oro por dentro y por fuera, nuestras acciones deben corresponder a nuestras creencias. El dicho «haz lo que yo digo, no lo que yo hago» es la antítesis de una vida santificada.

Al igual que el Arca y su contenido, nuestros cuerpos y almas son un don de Di-s, y es nuestra responsabilidad mantenerlos protegidos y santificados.

Este paralelo es simbólico y poderoso. Cada uno de nosotros puede ser visto como una morada para Di-s si, con nuestro propio esfuerzo, nos esforzamos por lograrlo. La fusión del cuerpo y el alma puede contribuir a aumentar la armonía interior y exterior. El oro en el interior y el exterior del Arca nos recuerda que debemos ser genuinos y auténticos.

Sentirse y vivir como judío

El Mishkán debía construirse según las especificaciones exactas de Di-s. ¿De verdad importa la atención al detalle? Imagina omitir un ingrediente esencial de tu receta favorita. Enseguida te darás cuenta de que algo no anda bien. ¡Sí, algo falta!

Quizás pensemos que podemos ser “espirituales a nuestra manera” o “judíos de corazón”. Pero esto es como comprarle a alguien a quien amas un regalo que tú deseas. Ese regalo refleja tus gustos, pero ignora los suyos. En esencia, te has regalado a ti mismo. ¿Qué clase de regalo es ese? Darle a otro no debería ser un acto egoísta.

De igual manera, debemos amar a Di-s con todo nuestro corazón, pero para que el amor sea verdadero debe expresarse a través de las acciones y hechos específicos que Di-s desea. Necesitamos vivir como judíos, no solo sentirnos como tales.

Algunas personas optan por no seguir instrucciones. Prefieren hacer las cosas a su manera. ¿Qué hay de malo en eso?

¿Te gustaría ser pasajero de un avión o astronauta en una misión espacial cuyo piloto descuidó los detalles del plan de vuelo? Imagina las posibles consecuencias desastrosas.

Podríamos pensar que ya no es necesario observar las mitzvot de la Torá, que basta con ser “judíos de corazón”. Después de todo, parecería que lo importante es el espíritu de la mitzvá; los detalles no importan, ¿verdad?

Pero intenta enviar un documento al que le falta un solo carácter en la dirección de correo electrónico. ¿Qué pasa si en lugar de “.com” escribes “,com”? Ese correo no llegará a su destino, todo por un detalle aparentemente insignificante, pero crucial. Prestar atención a los pequeños, precisos y aparentemente triviales detalles puede tener un impacto enorme en nuestras vidas y en nuestras almas.

El santuario interior de nuestro ser es el alma que Di-s nos dio. Para funcionar óptimamente, hemos recibido instrucciones detalladas llamadas mitzvot. Cumplirlas permite que nuestra alma prospere y fortalece nuestra relación con Di-s.

Aunque el Mishkán ya no existe físicamente, seguimos obteniendo enseñanzas relevantes al comprender sus detalles. Al esforzarnos por vivir una vida más santificada, según el plan maestro de Di-s, podemos perpetuar ese santuario donde morará Su presencia.

Haciéndolo relevante

Procura protegerte y proteger tu hogar de influencias externas dañinas. No las traigas al interior.

Ten una estantería o biblioteca con libros relacionados con la Torá y establece un programa de estudio regular.

Incluye un pensamiento o idea inspirada en la Torá en cada comida para nutrir tanto tu alma como tu cuerpo. Transforma tu mesa en un Mishkán simbólico, un lugar donde la presencia de Di-s pueda morar.

Sé consciente de tus palabras y acciones. ¿Reflejan quién te esfuerzas por ser? Asegúrate de ser igual por dentro que por fuera, y viceversa. Si es necesario, recalibra y vuelve a empezar.

Fuente

Parashá en síntesis: Shemot

“Y estas son las leyes” (Shemot 21:1)

Acabamos de leer, la semana pasada, en la Parshá de Itró, sobre la entrega de la Torá en el Monte Sinaí con voces y relámpagos. Ahora queremos saber qué es lo que contiene esta Torá, entregada desde el Cielo en un evento tan estruendoso. Comenzamos a estudiar esta semana sobre los preceptos entregados en Sinai y ¿qué vemos?: ‘Leyes’- preceptos simples y básicos, que hacen a la relación del hombre con su prójimo, instrucciones que nuestra propia lógica dicta seguir incluso sin un mandato de la Torá de por medio.

 Los párrafos de Itró y Mishpatim representan, a simple vista, dos extremos opuestos: En la Parshá Itró leemos sobre la revelación Divina, sobrenatural, celestial, la supra racional. Mientras que en el párrafo de Mishpatim se habla de temas terrenales, cotidianos, asuntos que también comprende la lógica del hombre simple.

VERDADERA UNIDAD

Desde una perspectiva más profunda, justamente estas dos Parshiot, cuyo contenido es tan opuesto, son dos etapas que se complementan en la extraordinaria innovación gestada por la entrega de la Torá. El objetivo del evento del Sinaí fue eliminar la brecha existente entre el mundo del espíritu y la realidad material, e introducir la Torá y la santidad literalmente en el seno del mundo; unificar el espíritu con la materia.

El principio radica aquí en que no se trata de que la santidad Divina desplace, anule y quiebre a la realidad terrenal, sino que ésta perdure tal cual es, en su carácter de una existencia material encadenada a las limitaciones de este mundo, y conjuntamente con ello more ahí la Santidad Supernal. Ésta es la verdadera unión del espíritu con la materia.

DESHACER LAS ESTRUCTURAS

La primera etapa de unión entre el espíritu y la materia es la descripta, en el párrafo de Itró: “Y descendió Di-s sobre el Monte Sinaí”1- la extraordinaria revelación Divina. Voces y relámpagos, un terrible temblor que conmovió al mundo todo. En las palabras del Midrash2: “el pájaro no gritó, el ave no voló, el toro no mugió… el mundo estaba callado y silencioso” En el pueblo judío, esta revelación Divina causó una profunda anulación, al punto que escaparon del Monte y se pararon a lo lejos. Ésa fue la primera parte- Hashem descendió aquí ‘abajo’.

Pero el objetivo es, como se dijo, que este mundo no anule su ser, sino que prosiga funcionando como un mundo material- pero siendo un instrumento al servicio de la Santidad. Por ello fue necesaria la segunda etapa, la desarrollada en Parshat Mishpatim: este párrafo, que trata sobre las leyes monetarias y de daños y perjuicios, los temas realmente mundanos, enseña cómo debe cumplir el judío los preceptos de Di-s dentro de su vida terrenal. Justamente son los mandamientos ‘sencillos’ y lógicos enumerados en esta Parshá, los que indican el camino a través del cual la santidad se enviste en el mundo, se acomoda en él, hasta convertirse en parte del mismo.

LA FE COMO BASE

La Parshá de Mishpatim nos enseña que santidad no se limita sólo a la anulación absoluta y la auto elevación más allá de la vida terrenal. Por el contrario, la santidad se manifiesta también en las pequeñas cosas de la vida cotidiana cuando se llevan a cabo de acuerdo al mandato de la Torá, como ser la indemnización del damnificado, la actitud correcta frente a un valor confiado en depósito, el pago del salario a su tiempo, etc. Esta es la manera de generar una verdadera comunión entre la Santidad Divina y la vida práctica y material.

Pero para que el judío previamente posea esta fuerza de introducir santidad también en el seno de la vida rutinaria, se requiere de la etapa de la Parshá de Itró- la revelación Divina sobrenatural. La base de todo es la fe y anulación absoluta a Hashem. Sólo como continuidad de ello se está en condiciones de santificar también a la vida cotidiana.

Likutei Sijot tomo 16, pag 242

3 lecciones de vida del Mishkán

La Parashá Trumá contiene las instrucciones de Di-s para la construcción del Mishkán (Tabernáculo).

Aquí hay algunas perlas de sabiduría para reflexionar.

Ser dador proporciona dignidad
“Hacedme un santuario, y yo habitaré entre ellos.” 

El final de este versículo parece gramaticalmente incorrecto. Debería decir: «Habitaré en él ». Sin embargo, esta redacción no es casual. Expresa con precisión la intención de Di-s. Construir un santuario garantizaría que la presencia de Di-s habitara entre el pueblo, no solo en el Tabernáculo .

 

Este es un punto de inflexión en la narrativa del Éxodo . Hasta entonces, aunque Di-s había provisto abundantemente para todas sus necesidades, el pueblo se quejaba y parecía desagradecido. Es natural dar por sentado aquello a lo que nos hemos acostumbrado. Ahora, por primera vez desde la salida de Egipto, se les pedía a los israelitas que participaran activamente en esta relación. La construcción del Mishkán , junto con la donación de sus materiales, comenzaría a transformarlos de receptores a donantes.

Es natural que nos enorgullezcamos y apreciemos las cosas que creamos. Ya sea un delicioso pastel, una jalá casera o un proyecto de bricolaje, valoramos el trabajo de nuestras propias manos.

Al ordenar al pueblo judío construir el Mishkán , Di-s les concedió algo de lo que carecían: dignidad humana. Las personas trabajarán incansablemente y con entusiasmo por una causa en la que creen. Al mostrar confianza en sus capacidades, Di-s empoderó a un pueblo naciente para desarrollar su potencial innato.

Vivir auténticamente
“Debes recubrirlo con oro puro, recubriéndolo por dentro y por fuera”. 

El Arca de la Alianza era sagrada. Contenía las Tablas entregadas a Moisés en el Sinaí. Este versículo nos recuerda que la santidad expresa nuestros valores internos de forma externa. Al igual que el Arca, que era de oro por dentro y por fuera, nuestras acciones deben corresponder a nuestras creencias. El dicho «haz lo que yo digo, no lo que yo hago» es la antítesis de una vida santificada.

Al igual que el Arca y su contenido, nuestros cuerpos y almas son un don de Di-s, y es nuestra responsabilidad mantenerlos protegidos y santificados.

Este paralelo es simbólico y poderoso. Cada uno de nosotros puede ser visto como una morada para Di-s si, con nuestro propio esfuerzo, nos esforzamos por lograrlo. La fusión del cuerpo y el alma puede contribuir a aumentar la armonía interior y exterior. El oro en el interior y el exterior del Arca nos recuerda que debemos ser genuinos y auténticos.

Sentirse y vivir como judío
El Mishkán debía construirse según las especificaciones exactas de Di-s. ¿De verdad importa la atención al detalle? Imagina omitir un ingrediente esencial de tu receta favorita. Enseguida te darás cuenta de que algo no anda bien. ¡Sí, algo falta!

Quizás pensemos que podemos ser “espirituales a nuestra manera” o “judíos de corazón”. Pero esto es como comprarle a alguien a quien amas un regalo que deseas . Ese regalo refleja tus gustos, pero ignora los de él. En esencia, te has regalado a ti mismo. ¿Qué clase de regalo es ese? Darle a otro no debería ser egoísta.

De igual manera, debemos amar a Di-s con todo nuestro corazón, pero para que el amor sea verdadero, debe expresarse a través de las acciones y hechos específicos que Di-s desea. Necesitamos vivir como judíos, no solo sentirnos como tales.

Algunas personas optan por no seguir instrucciones. Prefieren hacer las cosas a su manera. ¿Qué hay de malo en eso?

¿Te gustaría ser pasajero de un avión o astronauta en una misión espacial, cuyo piloto descuidó los detalles del plan de vuelo? ¡Imagina las posibles consecuencias desastrosas!

Podríamos pensar que ya no es necesario observar las mitzvot de la Torá , que basta con ser “judíos de corazón”. Después de todo, parecería que lo importante es el espíritu de la mitzvá ; los detalles no importan, ¿verdad?

Pero intenta enviar un documento al que le falta un solo carácter en la dirección de correo electrónico. ¿Qué pasa si en lugar de “.com” escribes “,com”? Ese correo no llegará a su destino, todo por un detalle aparentemente insignificante, pero importante. Prestar atención a los pequeños, precisos y aparentemente triviales detalles que parecen nimiedades puede tener un impacto enorme en nuestras vidas y nuestras almas.

El santuario interior de nuestro ser es el alma que Di-s nos dio. Para funcionar óptimamente, hemos recibido instrucciones detalladas llamadas mitzvot . Cumplirlas permite que nuestra alma prospere y fortalece nuestra relación con Di-s.

Aunque el Mishkán ya no existe físicamente, seguimos obteniendo información relevante al comprender sus detalles. Al esforzarnos por vivir una vida más santificada, según el plan maestro de Di-s, podemos perpetuar ese santuario donde morará la presencia de Di-s.

Haciéndolo relevante

  • Procure protegerse y proteger su hogar de las influencias externas dañinas. No las traiga al interior.

  • Tenga una estantería o biblioteca de libros relacionados con la Torá y establezca un programa de estudio regular.

  • Incluye un pensamiento o idea inspirados en la Torá en cada comida para nutrir tanto tu alma como tu cuerpo. Transforma tu mesa en un mishkán simbólico , un lugar donde la presencia de Di-s pueda morar.

  • Sé consciente de tus palabras y acciones. ¿Reflejan quién te esfuerzas por ser? Asegúrate de ser igual por dentro que por fuera y viceversa. Si es necesario, recalibra y reinicia.

Fuente

Trumà: Cada judío debe construir un santuario

En esta parshá los iehudim reciben la orden de construir un Mishkan, Santuario, y en las parshiot siguientes la Torá nos relata los detalles al respecto. Pero, cuándo exactamente tuvieron lugar la orden y la posterior donación de los   elementos  necesarios para  el Mishkán?

De acuerdo al Zohar, el mandato y los correspondientes  donativos sucedieron inmediatamente después de la entrega de la Torá, antes del pecado del becerro de oro. 

La segunda opinión de los Sabios indica, que la orden Divina de la construcción sucedió en Iom Hakipurím,  luego del perdón por el pecado del becerro de oro. Una tercer línea de pensamiento dice que la indicación de Di-s  fue dicha a   Moshe Rabeinu antes del pecado, y Moshé la transmitió a los hijos de Israel  sólo luego de Iom Kipur.

TRES SITUACIONES

De acuerdo a estas tres posturas resulta que los judíos se encontraban en tres   situaciones   distintas   al   ser   encomendada la construcción del Santuario.

De acuerdo al Zohar (que dice que la orden fue dada antes del pecado) los iehudím   estaban en el  nivel de Tzadikim (justos), ya que la salida de Egiptoy la entrega de laTorá los limpiaron de todas las impurezas. Sin embargo de acuerdo a la opinión de que esto sucedió luego de Iom Kipur, cuando Hashem perdonó el pecado del becerro de oro, los judíos estaban a la altura de Baalei Teshuvá (retornantes). El tercer punto de vista señala que la orden fue dada antes del pecado y su concreción fue luego de Iom Kipur. Y aunque el pueblo de Israel estaba en la condición de Reshaím (malvados), no se les anuló la orden de construir un  Santuario.

TZADIKIM Y BAALEI TESHUVÁ

Partiendo del dictamen talmúdico sobre las opiniones divergentes de los sabios “Unas y otras son palabras del D-os Viviente”, de las tres interpretaciones   podemos   tomar   una   enseñanza para cada tipo de judío. 

El judío que es un Tzadik (justo y piadoso), puede pensar que debido a su nivel tan elevado no debe tener contacto alguno con el  mundo  material. Es preferible desconectarse de lo terrenal, dedicándose únicamente a temas espirituales. La Torá le ordena  entonces, construir   un   Mishkán!.  También un Tzadik debe tomar el oro, la plata, el cobre, etc, siendo elementos materiales y convertirlos en una Casa para Di-s!.

El Baal Teshuvá (retornante) puede pensar, siendo que el materialismo lo hizo caer en sus redes, es preferible aislarse totalmente del mundo, para que no vuelva a desviarse. Viene la Torá y le indica lo contrario, con los elementos mundanos permitidos debe erigir un Mishkán para Di-s, y de esta forma también completará su Teshuvá (retorno), haciendo  uso  de su  elación ya adquirida con el mundo material en aras de la Torá y Di-s.

TAMBIÉN EL MALVADO

Pero aún podemos confundirnos y pensar, que mientras la persona no haya retornado completamente al camino que marca la Torá, queda excluido de construir un Santuario para Hashem. Aquí la tercer opinión nos enseña que, la orden de construir el Mishkán no se anuló siquiera luego del pecado del becerro de oro, y que aún antes de la Teshuvá seguía vigente el mandato de levantar un Santuario para Di-s. Y cómo un malvado puede realizar semejante tarea?. La respuesta es que, cuando se ocupe del estudio de la Torá, y el cumplimiento de las Mitzvot, finalmente la luz que de ellas emana lo conducirá a la senda correcta.

¿Qué edad tiene el universo según el judaísmo?

Por Tzvi Freeman

La respuesta corta

No podemos determinar la edad del universo examinándolo, porque no entendemos cómo llegó aquí en primer lugar.

Una respuesta más larga

Si te encontraras con alguien en la calle y quisieras determinar su edad, tendrías dos opciones: examinar pruebas circunstanciales o preguntarle: “Disculpe, ¿cuántos años tiene?”.

Comencemos con el primer método y hagámoslo sistemáticamente. Tenemos evidencia abrumadora de que el universo se está expandiendo actualmente. Solo tenemos que medir su velocidad actual, su tamaño y su masa total, y podemos calcular cuándo debió haber comenzado. ¿El resultado? La estimación actual es de quince mil millones de años.

Pan comido, ¿verdad? Bueno, no del todo. Verás, nos falta un paso importante: el primero. Hemos rastreado nuestro universo hasta el punto de partida, como un único globo a punto de explotar. Pero ¿qué lo hizo explotar? ¿Cómo llegó allí? ¿Qué había antes?

Así que ahora nos queda la tarea de rastrear algo hasta la nada. No es tan sencillo. Si queremos ser exhaustivos, tendremos que reconstruir varios grados intermedios entre la nada y el algo, y describir cómo uno evolucionó hacia el otro. Todas estas son cosas que nuestros instrumentos científicos no pueden medir; la ciencia solo se ocupa de cosas que son algo. La ciencia se pierde al discutir algo antes de que se convirtiera en algo. Para ser más técnicos, la ciencia puede analizar causalidades temporales, pero no ontológicas. Lo que significa que, si vas a dirigir la pregunta “¿Cómo surgió nuestro universo?” a un científico, también podrías dirigirla a un contador, un artista o un agente inmobiliario.

Los cabalistas, por otro lado, abordaron precisamente eso: una jerarquía del ser que comienza con una Fuente Última que trasciende todo el sistema del ser y del no ser, y desciende a través de una cadena sistemática e interconectada (una suerte de evolución) de múltiples universos que culminan en nuestro mundo físico, el más bajo. Pero nada de esto entra dentro del ámbito de las ciencias físicas, que se basan en mediciones precisas de los fenómenos o sus efectos.

Como escribió el Rebe de Lubavitch al rabino Dr. Herzog en 1956 (lo que sigue es una traducción libre del hebreo): según las conclusiones de la ciencia contemporánea, la aniquilación de algo —regresar a la nada— o, por el contrario, la creación de algo a partir de la nada, son imposibilidades dentro de la ley natural.

Además, la creación ex nihilo, desde una perspectiva científica, es más inverosímil que la aparición de un ser humano del barro inanimado, tal cual es, sin etapas intermedias.

Ahora hemos puesto un obstáculo en el camino. ¿Cómo puede la ciencia determinar cuánto tiempo lleva el mundo existiendo si no puede describir, ni siquiera admitir la posibilidad de describir, los procesos por los que el mundo se formó en primer lugar?


Nacimiento cósmico

Para dar una analogía, supongamos que examino a un extraterrestre para determinar su edad. Le anuncio a este ser amigable y cooperativo que, según mis cálculos, nació hace 108 años. A lo que responde: “¿Quién dice que nací?”.

Buen punto. Quizás nuestro amigable extraterrestre tomó forma gradualmente, pasando por un período en el que no estaba ni vivo ni inanimado. De ser así, ¿cómo determinamos el momento para empezar a contar su edad? O quizás existió inicialmente como un ser etéreo y ayer se materializó como un extraterrestre completamente adulto.

Si crees que esto te pone en desventaja, imagina si le pidiéramos al extraterrestre que determinara nuestra edad. Podría realizar un examen exhaustivo de nosotros y de nuestro entorno y concluir que, dadas las fuerzas cosmológicas que conoce su civilización y la composición química y energética de nuestro planeta, un biosistema tan complejo tardaría unos 2,5 millones de años en desarrollarse a partir de la Tierra. A lo que responderíamos que, en realidad, los humanos nacemos con extremidades y órganos ya desarrollados.

No te sorprendas si rechaza rotundamente tal idea por absurda. Incluso un terrícola, Maimónides, dio decenas de razones por las que el nacimiento vivo es racionalmente imposible. Si alguna vez has estado en una sala de partos, sabrás de qué habla: en un instante, una persona nueva y completa aparece en el planeta Tierra. Simplemente no parece, bueno, normal.

Sin embargo, dentro de nuestra biosfera, el nacimiento es la forma estándar de origen. Las cosas tienden a llegar a escena completamente ensambladas. El extraterrestre puede no saberlo. Pero el ser humano no tiene excusa para no integrar este fenómeno en su intuición. En cambio, insistimos en especulaciones que simplifican excesivamente el cosmos en patrones evolutivos claros y graduales dentro de un único plano horizontal de existencia.

Eso es precisamente lo que estamos haciendo aquí: cuando retrocedemos en el tiempo hasta el origen del universo como un único globo y solo entonces nos preguntamos: “¿Cómo llegó eso ahí?”, estamos descomponiendo arbitrariamente una única respuesta en dos pasos. Decimos: primero surgió. Luego evolucionó hasta su estado actual. Pero quizá no sea así. Quizás ambos procesos ocurrieron a la vez. Quizás el proceso se distribuyó en múltiples estados de la existencia, donde los procesos ocurrieron a ritmos variables.

Así también aquí hay dos coordenadas:

a) El proceso que condujo al diseño y la forma de nuestro cosmos.
b) La transición ontológica de la nada al algo.

Quizás ocurrieron simultáneamente, en tándem. O quizás no. Ese es precisamente el punto: no tenemos forma de saberlo.

Pero la respuesta es crucial para nuestra búsqueda, pues existe otra incógnita: ¿cómo se comporta el tiempo en un estado superior del ser? Cuando la forma y la sustancia se definen de manera más difusa —como ocurriría en un estado prematerial—, ¿pueden la causa y el efecto desarrollarse en un período más breve? En realidad, ¿tiene sentido hablar del tiempo en esas etapas?

El vientre de Di-s

Antes de que pensemos que estamos completamente perdidos, conviene señalar que tenemos un marco de referencia. En la forma en que Di-s creó el cielo y la tierra —el macrocosmos—, creó a Adán —el microcosmos—. El ser humano incluye procesos que encajan en cada nivel de la jerarquía ontológica mencionada anteriormente. No solo realizamos tareas materiales; hablamos de ellas, pensamos en ellas, tenemos sentimientos al respecto, concebimos esas tareas en nuestra conciencia o preconciencia, e incluso antes de todo esto comenzamos con un simple deseo de que algo sea.

Así, al examinar esos procesos dentro del microcosmos de nuestra propia psique, podemos obtener una imagen de cómo funciona todo esto en el gran macrocosmos.

Y he aquí un descubrimiento: cuanto más ascendemos en la jerarquía, más rápido ocurren esos procesos. Lo que lleva años realizar puede tomar solo horas describirlo, minutos imaginarlo y un destello desearlo y concebirlo.

Si el cosmos fue concebido e incubado en el “vientre” de la mente de Di-s, ¿en qué etapa nació dentro del continuo temporal que medimos con nuestros sentidos físicos? ¿Es concebible que procesos geológicos, químicos y orgánicos que tomarían miles de millones de años en nuestro reino pudieran ocurrir en el equivalente a horas, minutos o incluso nanosegundos —o quizás cero— cuando se desarrollan en un estado superior del ser, pero contados desde nuestro plano?

Tomemos como ejemplo los océanos. El relato del Génesis comienza hablando de la concepción del Creador de un solo océano y concluye con la creación de múltiples océanos. ¿Pudo haber ocurrido la deriva continental durante ese período de gestación, entre la concepción y el “nacimiento”, fragmentando así el gran océano? Quizás en un ámbito ontológico superior el proceso podría ocurrir de forma no destructiva, además de mucho más rápida.

¿Y qué hay del origen de la vida? El Rambán (Najmánides) interpreta que el Génesis dice que el agua, a través de su movimiento, se transformó en criaturas marinas. No es solo que Di-s dice que haya peces y aparecen peces. Di-s dirige un elemento natural para que se convierta en peces, tal como dirige a la tierra para que brote vegetación. Pero ocurre rápidamente y con una dirección deliberada.

La Cábala también describe un proceso gradual de formación, aunque en términos que van mucho más allá de la mecánica del evolucionismo materialista. El antiguo Libro de la Formación describe las letras que componen las palabras del relato de la Creación pasando por múltiples permutaciones para recombinarse y generar todos los detalles del cosmos.


La respuesta alternativa

Como dijimos antes, existe otro método para determinar la edad, además de las hipótesis y la especulación. Si el sujeto es un ser consciente, podemos preguntarle: “Disculpe, ¿recuerda cuántos años tiene?”.

En el caso del cosmos, hemos preguntado. Algunos lo llamarán especulación o “imaginación primitiva”. Pero también cabe preguntarse cómo llamarán los científicos dentro de un siglo a las especulaciones actuales de los cosmólogos. En cuanto a mí, mi interpretación de la Torá es que no es una voz humana, sino la voz de la esencia misma del cosmos.

Así que preguntamos.

La respuesta, en el momento en que se escribió este texto, es 5.761 años.

Fuente

Conferencia Internacional de Mujeres Emisarias de Jabad-Lubavitch

Miles de líderes judías de todo el mundo se reunieron en Brooklyn, Nueva York, para su foto de grupo anual, uno de los momentos más destacados de la Conferencia Internacional de Mujeres Emisarias de Jabad-Lubavitch (Kinus Hashlujot). La conferencia se celebró en vísperas del 38.º aniversario del fallecimiento de la Rebetzin Jaia Mushka Schneerson, de justa memoria, el 22 de Shevat (lunes 9 de febrero).

El punto culminante de la conferencia de cuatro días tuvo lugar el lunes, cuando todas las asistentes visitaron el Ohel, el lugar de descanso eterno del Rebe, Rabino Menachem M. Schneerson, de virtuosa memoria, y su esposa, la Rebetzin Chaya Mushka, en el aniversario de su fallecimiento. Las mujeres llevaron consigo oraciones de sus comunidades lejanas para dejarlas en el lugar de descanso eterno.

La conferencia culminó con un gran banquete de gala el domingo, al que asistieron presencialmente miles de personas. Muchas más, desde distintos puntos del mundo, se unieron a la celebración siguiendo la transmisión en directo a través de Chabad.org/Kinus.

Fotografía: Chaya Teguer / Chabad.org

El significado de dybbuk

La palabra dybbuk suele evocar imágenes de espíritus malignos y películas de terror. Sin embargo, en el misticismo judío, la idea de un dybbuk es mucho más matizada y menos cinematográfica.

La palabra hebrea dybbuk proviene de la raíz DVK, que significa “aferrarse” o “unirse”.

Más que un demonio o una fuerza externa, el dybbuk se entiende en el misticismo judío como un alma humana que no ha encontrado descanso. Incapaz de desprenderse por completo del mundo físico, se aferra a una persona viva, buscando resolver algo que dejó pendiente.

Orígenes cabalísticos

Las referencias a almas errantes o inestables aparecen en la literatura cabalística, particularmente en los escritos del rabino Itzjak Luria, conocido como el Arizal, quien describe el continuo proceso de rectificación del alma. Según este marco, cada alma llega al mundo con una misión específica y, cuando esa misión queda incompleta, puede regresar —a veces varias veces— a través de distintas reencarnaciones, en un proceso conocido como gilgul. En este contexto, la idea del dybbuk no es inherentemente aterradora, sino que refleja un alma que trabaja para completar su propósito divino.

Del misticismo al folclore

Las menciones de los dybbuks en las fuentes judías tempranas son escasas. El concepto se desarrolló y difundió más ampliamente en escritos folclóricos posteriores, especialmente en Europa del Este, donde las historias sobre dybbuks ilustraban lecciones morales.

Un dybbuk, similar a un alma que atraviesa el proceso de gilgul, es un fenómeno espiritual que refleja un trabajo inacabado del alma, no un villano sobrenatural.

 

fuente

Leyes Divinas: Mishpatim

Los Diez Mandamientos y las leyes civiles y personales a las cuales se refiere esta Parashá, así como todas las 613 mitzvot, fueron dadas por Di-s en el Monte Sinaí y tienen carácter de permanencia y eternidad propias de las Leyes Divinas. 

Después de dar la Torá al pueblo judío, Di-s le dijo a Moshé que ascendiera de nuevo al Monte Sinaí por 40 días, con el fin de enseñarle los detalles de las leyes de la Torá. Parashat Mishpatim es principalmente la selección de las leyes que Di-s le enseñó a Moshé mientras estuvo en el Monte Sinaí. 

Antes de explicar las leyes, Di-s decretó que el pueblo judío estaba obligado a establecer un sistema de tribunales con el fin de tratar todos los casos de derecho penal, civil y ritual. Di-s le explicó las leyes relativas a los sirvientes, obligaciones maritales, el asesinato, el honor a los padres, el secuestro y la indemnización por lesiones.

El mandamiento de prestar dinero se aplica incluso si el prestatario posee bienes que se pueden vender. Así que a diferencia del mandamiento de dar caridad, está destinado a beneficiar no sólo a los pobres sin también a los ricos. Si somos reacios a prestar dinero a alguien que no es pobre debemos considerar la posibilidad de que en una vida anterior los papeles pueden haber sido invertidos: es posible que hayamos sido el beneficiario de un préstamo o algún otro tipo de ayuda de la persona que no está solicitando el préstamo actualmente. Esta es nuestra oportunidad de devolver su buena acción. 

Una de las leyes era de no mezclar la leche y la carne – no se debe comer un animal joven cocinado en leche de su madre. Ya que se considera un acto de crueldad consumada. La Torá también nos prohíbe cocinar cualquier animal en cualquier otra leche de animal, comer una mezcla de este tipo, o incluso obtener cualquier otro beneficio de ella. 

Las precauciones que la Torá toma para alejarnos de causar sufrimiento a un animal demuestran cuánto cuidado debemos tener para evitar causar sufrimiento a un ser humano. 

Las leyes contenidas en la Torá, indicativas del modo de vida judío, no tienen la pretensión de ser originales, pero si tienen una particularidad que no poseen otras leyes: derivan de una autoridad sobrehumana, del Creador del universo y de todo lo que hay en Él, conocedor a plenitud de la naturaleza humana. 

En el Judaísmo, el bien y el mal no son determinados por el hombre, sino por Di-s. Está claramente establecido lo que se debe hacer (248 mitzvot de “hacer”) y lo que no se debe hacer (365 mitzvot de “no hacer”); esa determinación no queda a juicio de los humanos. No es el hombre quien define según su opinión el bien o el mal, éste está definido previamente; lo que la persona puede hacer  es elegir entre ambos, una vez que los conoce. 

La observancia o no de las leyes o preceptos no determina la condición del judío, quien lo es por esencia y no deja de serlo: eso no depende de su elección.

Las leyes en el judaísmo no sólo cumplen con las necesidades sociales de organización y orden, sino que tienden a perfeccionar al hombre en su crecimiento y desarrollo. No sólo procuran la protección de la persona frente a los demás, sino que también frente a sí mismo; fijan un sistema de justicia, pero a la vez forjan la base moral y ética del individuo. No permiten que el hombre sea esclavo de sí mismo, de sus limitaciones. 

Las leyes judías, a diferencia de las elaboradas por los humanos, tiene el carácter de ser inflables; además, no están sujetas a consideraciones subjetivas ni intelectuales, a épocas, modas o lugares determinados. Sólo se puede asegurar una moral apropiada si está basada en la Torá. 

La evidencia histórica del nazismo y otros episodios de la historia judía demuestran que no son los hombres los calificados para determinar el bien y el mal, porque pueden llegar a la justificación de las acciones más abominables. 

La acción, la mitzvá en el judaísmo, tiene un lugar central. El pueblo Judío es el pueblo que en el Sinaí dijo: “Naasé Ve´Nishmá”, “Haremos y luego entenderemos” (estudiaremos). La acción produce sus efectos, aún cuando no la comprendemos racionalmente, ni sean inmediatamente visibles sus resultados. Está dirigida no sólo al perfeccionamiento individual, sino al mejoramiento y elevación de este mundo en general.

No es suficiente “sentirse judío”, no basta la intención. Sentirse judío sin actuar en consecuencia es como sentirse una persona decente, pero sin actuar decentemente. 

Los preceptos, tanto los de “hacer” como los de “no hacer”, se dividen en tres grandes categorías:

  • Edut (testimonios), preceptos que rememoran eventos pasados, por ejemplo, el Shabat, que es testimonio de la Creación del Mundo y de la salida de Egipto; Pésaj, Sucot, etc. 
  • Mishpatim o leyes, los que tienden a mantener el mundo civilizado y son propios de la naturaleza humana, por ejemplo, no matar, no robar. 
  • Juquim o decretos, aquellos ordenados por Di-s sin que tengan explicación desde el punto de vista lógico o racional, por ejemplo, Kashrut (leyes dietéticas) o Shatnez (prohibición de mezclar lino y lana en la vestimenta).

Los diferentes tipos de preceptos deben ser cumplidos por igual, no porque nos parezcan más o menos lógicos, sino porque nos son ordenados por Di-s para nuestro bien, aún cuando a veces no tengamos la capacidad de entenderlos. 

Para realizar una acción no es necesario que previamente la comprendamos a la perfección. Hacerlo sería ponerse en la situación de la persona que, hasta tanto no entienda a cabalidad todos los complicados mecanismos de digestión y descomposición de los alimentos, decide no comer. Si lo hiciera así, se debilitaría y le sería imposible entender el mecanismo. Si en cambio come, el mismo acto de comer le ayuda a la comprensión de la totalidad. La acción tiene una dimensión insustituible, lo mismo sucede con el ejercicio de la Torá y las mitzvot. 

La revelación de la Torá en el Monte Sinaí configura el puente de unión entre Di-s y el hombre y permite que la persona, mediante su acción, puede convertirse en socio de Di-s en la Creación. 

Haremos y entenderemos

Al decir “haremos” antes de “estudiaremos”, los judíos declararon que estaban preparados para cumplir en forma incondicional la voluntad de Di-s, aceptando sus mandamientos aún antes de saber cuáles eran. Es por este comportamiento que Di-s continúa dándonos la Torá, aún hoy – al revelar su voluntad en la medida en que estudiamos Su Torá y cumplimos sus preceptos. 

Pudiera parecer irracional para el pensamiento convencional comprometerse con un contrato, antes de conocer sus términos. Está conexión sería posible en la medida en que Él estuviera presente en la naturaleza, sin que ello significara el compromiso de que hiciéramos su voluntad, pero la única manera de conectarse con Di-s, tal como Él es, más allá de la Creación y la racionalidad, es elevándonos sobre los límites de la racionalidad. Por lo tanto, en nuestros días, tal como aconteció en la entrega de la Torá, nos unimos a Di-s dedicándonos a la Torá en forma incondicional