¿Qué causó la destrucción del Templo Sagrado, y cómo podemos retificarlo?

El Talmud nos explica por qué el exilio de Babilonia, que ocurrió después de la destrucción del Primer Templo, duró sólo setenta años predeterminados, mientras que ahora nos encontramos en un exilio mucho más largo y tampoco se nos ha dado una fecha de finalización.

«Los primeros cuyos pecados eran conocidos, el fin (de su exilio) se dio a conocer. Estas últimas, cuyos pecados no eran conocidos, su final es (también) desconocido”.

Esta declaración parece contradecir otra, citada en el mismo lugar del Talmud: «¿por qué fue destruido el Primer Templo? Por los tres pecados que los Judíos cometían:, idolatría, adulterio y asesinato. El Segundo Templo, cuando los judíos estaban llenos de Torá, Mitzvot y actos de bondad, ¿por qué fue destruido? Debido a que los judíos eran culpables de tener odio infundado hacia los demás.

 

¿Cómo pudo el Talmud decir que «los pecados no eran sabidos?»

El Rebe de Lubavitch explica que el carácter de odio y pelea, es el pecado desconocido. En general, un idólatra, un adúltero o un asesino, es consciente de su pecado. “La carne es débil” y las personas son víctimas de la tentación, pero el arrepentimiento es perfectamente alcanzable, debido a que la persona misma está preocupada por los pecados que manchan su alma.

 

Por el contrario, la persona que es culpable de participar en peleas e incitación al odio, no tiene idea de que él tiene la culpa. En su opinión, el otro merece todo el abuso que está recibiendo. De hecho, odio sin fundamento es quizá, el pecado más evidente, sin embargo, muy pocos reconocen tener la culpa.

Esto es cierto tanto en nuestras relaciones interpersonales, así como en la lamentable tendencia de nuestra nación de estar muy preocupada por disputas entre las diferentes líneas. Izquierda, derecha y el medio. Conservador, ortodoxo y reformista. Jasídico, no jasídico, sionista y anti sionista, etc.

La Redención vendrá cuando finalmente reconozcamos que el «yo tengo razón y él está equivocado», incluso si ese es el caso, no es una razón válida para odiar.

 

Por: Rabino Naftali Silberberg



¿Por que nos lamentamos?

El ayuno de Tisha BeAv, la fecha más triste del calendario Judío, es el día en el que vimos la destrucción de los dos Templos Sagrados, así como muchos eventos trágicos sucedidos en el correr del exilio de nuestra nación.

Se va creando cuidadosamente un estado de ánimo triste. Leemos el Libro de Lamentaciones de Jeremías y una gran colección de elegías que describen todas las tragedias, y durante el día, seguimos varias prácticas de lamentación.

Tisha BeAv es nuestro día nacional de lamentación cuando nos ponemos a reflexionar sobre todos los pogroms, las cruzadas, inquisiciones y holocaustos que han perseguido a nuestra nación durante los últimos 2000 años.

Sin embargo, son específicamente observados en la fecha en la que los Templos fueron destruidos, y los Templos son el principal enfoque de la lamentación del día. Está claro que nuestro sufrimiento está íntimamente asociado con la ausencia de los Templos. ¿Cuál es la conexión? ¿Y por qué tanta obsesión sobre una estructura antigua de Jerusalem? ¿Acaso la falta del Templo Sagrado nos deja sintiendo un agujero en nuestras vidas? El Talmud declara (BrAJoT 3a): Cuando los Judíos entran a las casas de estudio y a las plegarias y proclaman: «Que Su gran nombre sea bendecido», el Santo Bendito Sea asiste y dice, «Afortunado es el rey que es alabado en su casa. ¿Qué le queda a un padre cuando tiene un hijo exiliado? ¡Y Ay de los hijos que han sido exiliados de la mesa de su padre!» Esta corta frase captura la propia esencia del Galut- exilio.

La relación entre padre e hijo comparte muchas cualidades que simbolizan todas las relaciones, aunque quizá en un nivel más grande: respeto, amor, cuidado, etc. No obstante, existe una diferencia esencial.

Las otras relaciones se basan en estos sentimientos arriba mencionados: porque Te quiero, te cuido, por eso, somos amigos.

En una relación de padre-hijo, lo contrario es cierto; estos sentimientos se basan en la relación: siendo que Yo soy tu padre/hijo, te quiero. Por eso, la relación padre-hijo posee dos aspectos; su esencia y sus manifestaciones.

Su centro es la relación esencial que es inmutable y no sujeta a cambios. No importa qué suceda, un padre siempre es un padre, y un hijo siempre es un hijo. En una relación padre-hijo normal y sana, este conexión del alma se expresa en la forma de amor, cuidado y respeto mutuo.

Di-s es nuestro padre, y nosotros somos Sus hijos. Y durante el Galut (exilio), constituimos una familia disfuncional. Nos han echado de la casa de nuestro Padre. Todos los rasgos perceptivos de la relación, han desaparecido. No vemos ni sentimos el amor de Di-s hacia nosotros, y no sentimos que somos Sus hijos.

Estudiamos Su Torá, y cumplimos con Sus mandamientos, y se nos dice que al hacerlo nos estamos conectando en Él, pero no sentimos que tenemos una relación. Ésta, ciertamente, no es la manera en la que debería ser la relación, y no siempre fue así el caso. Hubo un tiempo en el que estábamos mimados por el abrazo de nuestro Padre. Su amor por nosotros se manifestaba en varias formas: a través de milagros, profetas, abundantes bendiciones y una tierra que manaba leche y miel. Y en el centro de nuestra relación estaba el Templo Sagrado, la casa de Di-s en donde Él, literalmente moraba entre Su pueblo, en donde Su presencia era tangible.

Tres veces anuales, los judíos visitaban la casa de Di-s y sentían Su presencia, sentían su relación. Luego volvían a su casa vigorizados por la experiencia, con sus corazones y almas ardiendo de amor por Di-s.

Todo el sufrimiento que ha sido nuestro lote desde el día en el que el Templo fue destruido, es un resultado de nuestro estado de exilio. Cuando el hijo del rey vive en el palacio, cuando el amor del rey por el príncipe es evidente al público, el hijo entonces queda aislado frente a los designios de sus enemigos.

Pero cuando el hijo es echado, los enemigos atacan súbitamente. Es por eso que nos lamentamos por la destrucción de los Templos.

Y creemos con fe completa que el día en el que volveremos a la casa de nuestro Padre está cerca, y que una vez más nos embriagaremos con Su amor.

* Por Naftali Silberberg

Buscando a Di-s

¿Se puede seguir jugando a las escondidas si el que busca deja de buscar? 

De las enseñanzas del Rebe de Lubavitch, Rabí Menajem M. Schneerson. 

…Muchos judíos están desanimados, exhaustos por la dificultad del exilio. Y su disconformidad está justificada… ¿ad matai?! (¿Hasta cuándo tenemos que esperar?). 

Hay una conocida analogía que los Jasidim repiten en nombre del Magid, Rabí DovBer de Mezritch, que compara al exilio con un padre que se oculta de su hijo. Ciertamente el padre desea estar junto a su hijo; el propósito de su ocultamiento es despertar dentro del hijo el deseo y las ganas de encontrar a su padre. Después de todo, cuando el hijo está constantemente enfrente de su padre, su deseo de estar con él no está revelado, ya que “continuo placer no es placer”. 

Ahí surge una situación, que es cuando el hijo cesa de buscar a su Padre… Clama que “los signos de nuestra redención no se han visto…que no hay nadie entre nosotros que sepa cuánto va a durar (el exilio)”, por lo tanto, concluye que Di-s lo ha abandonado, pierde las esperanzas y deja de buscar a Di-s. 

Cuando un padre ve que su hijo ya no lo busca… es cuando el verdadero exilio comienza. Ya que todo el tiempo que el hijo busca al Padre, todo el tiempo que la búsqueda de la Redención mantiene ocupado al hijo, está constituyendo una preparación, un comienzo y una chispa de la redención. Pero cuando el hijo ya no busca, estamos cumpliendo con el versículo: “Y Yo me esconderé, de hecho ocultaré, Mi rostro aquél día”. El Baal Shem Tov explica que el versículo está insinuando que el ocultamiento mismo está oculto, ya que el hijo no se da cuenta que el Padre se está escondiendo. 

Prácticamente hablando: El hijo no piensa en Di-s, piensa en cosas mundanas. Es verdad, hace todo de manera “Kasher” como está dictaminado en el Código de la Ley Judía, incluso estudia Torá correctamente. Pero ya no piensa en el Dador de la Torá o sobre cómo conducir sus negocios, porque se ha olvidado que Di-s solo es el que “te da fuerzas y prosperidad”. 

Y cuando se lo critica, el hijo responde: “¿Qué te quejas a mí?…La queja debe ser dirigida a Di-s… ¿Cuánto tiempo más tenemos que estar en exilio?…” 

De hecho, es cierto que el padre debe esconderse de su hijo para poder despertar dentro de él un deseo por su padre…Pero ¿Qué debería hacer el hijo cuando el padre lo sitúa en una increíble oscuridad?…Y especialmente si el hijo está en un nivel muy bajo. Y luego Él nos demanda que debemos buscar constantemente… el domingo debemos buscar… el lunes debemos buscar…. 

Y cuando buscamos en los Libros Sagrados una explicación, encontramos que está explícitamente escrito en el Talmud: “Todos los tiempos designados (para la llegada del Mashiaj) ya han pasado, y ahora (su llegada) solo depende de la Teshuvá (arrepentimiento)“. Y es una Halajá (ley) clara que a través de pensar un solo pensamiento de Teshuvá, uno se convierte en un Tzadik (hombre justo), y no hay ningún judío que no haya pensado pensamientos de teshuvá, no solo una vez, ¡sino muchas veces! 

¿Cómo uno puede quejarse de un ser de carne y hueso que es finito y limitado? ¡Así es como Di-s lo creó, no es su culpa! ¿Cómo uno puede criticarlo por no pensar sobre la Redención? Di-s mismo dice: “Sólo les pido conmensurarse a las capacidades de uno” 

Por lo tanto, debemos aumentar la luz, específicamente la luz de la Simjá (alegría). Siendo que la Simjá “rompe todas las barreras y limitaciones, rompe las limitaciones de la persona, las del mundo y las impuestas por esta terrible oscuridad…



17 de Tamuz

Este año, el domingo 17/7, se con‐memora el ayuno del 17 de Tamuz (este año cae en Shabat y se pos‐pone al domingo) A lo largo de los años en este día ocurrieron cosas desagradables para el pueblo judío, como ser: Moshé Rabenu rompió las Tablas de la Ley, como consecuencia del becerro de oro; se anuló el sacrificio cotidiano en el Beit Hamikdash antes de la destrucción del primer Templo; Fue incendiada la ciudad de Jerusalém en los tiempos del segundo Templo y también un 17 de Tamuz, Apostomus, el malvado, quemó el Sefer Torá.

ALGUNAS LEYES

El ayuno comienza a las 6:34, y se extiende hasta la noche alrededor de las 18.31 horas. En las tres semanas que van del 17 de Tamuz al 9 de Av se acostumbra a ncontraer matrimonio, celebrar fiestas, escuchar música ni a cortarse el pelo, por ser estos días de semi‐duelo. 

ESPERANDO AL MASHÍAJ

Estas tres semanas que van del 17 de Tamuz hasta el 9 de Av, son tres sema‐nas en las que nos encontramos de duelo por la destrucción del Beit Hamikdash que culminó con el exilio del pueblo de Israel. Es muy importante reflexionar sobre esta situación (el exilio) y pedir de Hashem que nos mande al Mashíaj. Tal como ocurriese en el primer exilio en Egipto, Hashem no mandó al salvador (Moshé Rabenu) hasta que el pueblo mismo clamó por la salvación, como está escrito en (Shemot 2:23 y 24). Por este motivo nos enseñaron que en la Amidá pidamos por la venida del Mashíaj. 

¡Stop!, ¡Basta de chismes!

Cada vez que bajo a tomar el subte, doy una mirada a los títulos de los diarios del dia y a las revistas que se exhiben en el kiosco del andén. Aumenta día a día la tendencia en muchos títulos y encabezados de diarios, mencionando temas que solían ser solamente comentarios de revistas que, hace años se llamaban “chismes”. Por su parte, las revistas que tratan temas de economía y de política cada vez más publican títulos y fotos de tapa que las asemejan a las revistas “chismosas”, para atraer la mirada del público y el consumo.

 

Las revistas en general, ya casi no se diferencian entre sí; aunque su temática principal sea distinta, cada vez más incluyen en sus contenidos los asuntos privados de la vida de actores, modelos, deportistas, y políticos, principalmente describiendo sus desdichas y problemas con lujo de detalles y publicando fotografías que testimonian esas situaciones negativas.

 

Se podría decir que el modo de presentar las noticias se ha ido “igualando para abajo”, ya que hasta el diario más “serio” ha creado una ventana a través de la cual todos los lectores pueden chusmear los asuntos privados de las personas que hoy en día se llaman “mediáticas” (palabra usada para nombrar a la persona expuesta de turno).

 

Esto se puede ver también en las publicaciones de estos mismos medios en internet, donde, para que la gente pueda acceder con un simple click a esta clase de contenidos, se les da un lugar importante.

 

Me sorprende muchas veces escuchar, hasta en las conversaciones entre hombres adultos, cultos y con ocupaciones importantes, comentarios acerca de las intimidades de tal o cual artista, periodista o deportista, como en mi adolescencia escuchaba solamente cuando acompañaba a mi mamá a la peluquería, pero actualmente expresados con menos benevolencia, ya que los asuntos no se mencionan mostrando empatía con la desdicha ajena, sino simplemente como parte de un pasatiempo de actualidad que incluye el comentario trivial, la crítica y la exageración.

 

¡Que hermosas son tus tiendas Iaacov, tus moradas, Israel! menciona el versículo en la Parshat Balak, señalando que las puertas de las carpas estaban orientadas de manera de no coincidir entre sí para que las familias estuvieran a resguardo de miradas ajenas y no cundiera el chisme. En la Parshat Behaalotejá, Aharón y Miriam critican entre ellos la vida privada de Moshé, por haberse éste separado de su esposa. Hashem los reprende y castiga a Miriam con una enfermedad de la piel (Tzaráat) que la obliga a estar separada del pueblo durante 7 días y a detener la marcha del mismo en su travesía por el desierto.

 

Las fuentes mencionan que el castigo por hablar mal de otras personas es esta enfermedad, de apariencia similar a la lepra. También dicen que se considera Lashón ha Rá (hablar del mal) cuando la conversación no se realiza para ayudar al que está en desgracia, cuando no tiene un objetivo de reparación, cuando se realizan críticas que no ayudan a la persona en cuestión porque se hacen a sus espaldas y cuando tiene solamente el objetivo del chisme, o sea la difusión de una situación ajena que no trae ningún beneficio al damnificado, sino todo lo contrario, ya que muchas veces disminuye su buen nombre y honorabilidad, aunque no sea esa la intención de los que hablan.

 

Maimónides menciona a esta erupción que deja manchas blancas en la piel del enfermo y que contamina también sus ropas y su casa, diciendo que se ha producido un desequilibrio en sus aspectos espirituales y que esta alteración se manifiesta como lepra.

 

El desequilibrio impulsa a la persona a hacer estos comentarios y a su vez, hablar del otro, profundiza el desequilibrio espiritual. Podría decirse que es una enfermedad Espíritu-psico-somática. También señala el Rambam que los efectos espirituales que provoca la acción de hablar sobre los males de los demás son muchos, como por ejemplo que las mitzvot positivas acumuladas del mal hablante, pasan a favor del perjudicado y que las negativas acumuladas por éste, pasan al chismoso, como una forma espiritual de indemnización. También menciona que el daño causado por el chisme o comentario sobre otros, sin objetivos de ayudar o reparar, se extiende al que habla, a sus hijos y al que escucha.

 

Sí enfatiza en cambio, que cuando una persona cree que puede ayudar a otra, puede buscar consejo con alguien que colabore o lo oriente en la ayuda que desea brindar a la persona en cuestión, absteniéndose de comentarlo con terceros que no participarán del asunto.

 

Cuando estaba investigando para escribir esta nota, sentí escalofríos pensando que, si nos dejáramos envolver por la tendencia actual, estaríamos todos hablando Lashon HaRá; por lo tanto tratemos de estar atentos, trabajar para mantener nuestro equilibrio espiritual y sobre todo, para enseñar a los más jóvenes a no desperdiciar tiempo y energías en tan inútil pasatiempo.

 

Dra. Beatriz Literat



Receta clásica de Jala (Que nunca falla)

importante: para poder cumplir con la Mitzvá de separar Jalá hay que hacer doble receta.

INGREDIENTES

1 kg de harina común

2 huevos

½ vaso de aceite

2 vasos de agua tibia

½ vaso de azúcar

50 gr de levadura

1 cucharita de sal

PARA PINTAR

1 huevo batido

1 cuchara de azúcar

1 cucharita de aceite

Sésamo

Tamizar la harina. Hacer un hueco en el medio. Colocar la levadura. Agregar el azúcar y el agua tibia. Esperar que la levadura se disuelva. Agregar los huevos, aceite, sal. Mezclar y empezar a amasar hasta que se forme una masa suave y elástica. Colocar un dedo sobre la masa y hundirla un poco. Si la masa vuelve ya está suficientemente amasada. Dejar levar hasta que duplique su tamaño (más o menos una hora).

Encender el horno a temperatura media.



Tomar bollitos y darle forma de bastones. Trenzarlos, colocar cada pan trenzado en una asadera aceitada y pintarlos. Espolvorear con sésamo. Hornear hasta que estén dorados los panes.

JALÁ INTEGRAL

Para hacer la jalá con harina integral, reemplazar la mitad de la harina común por la misma cantidad de harina integral.



¿Las leyes judías limitan el goce de la vida?

pero lamentablemente ésta le producirá luego un malestar. El judaísmo tiene por objeto eliminar el malestar de la decadencia al eliminar la decadencia misma. Una persona puede permanecer espiritual y moralmente pura únicamente si se limita en sus actividades. Por esta razón el judaísmo exige del judío que se limite en su dieta, en su modo de vestir, en sus acciones en Shabat y las festividades, en sus relaciones con el sexo opuesto y en su tendencia a privar a los demás de sus derechos. 

Todo esto no tiene por objeto hacer miserable al hombre sino elevar su felicidad a un plano más alto. Una relación sincera y profunda con el cónyuge entraña mayor júbilo que un encuentro casual. Una experiencia de Shabat produce mayor ardor espiritual que entregarse a los estupefacientes.

Algunas personas tal vez sostengan que la libertad absoluta es absolutamente necesaria. Esto podría parecer correcto en teoría pero en la práctica no es viable. La libertad absoluta permite que todos satisfagan sus propios objetivos personales aunque ello signifique pisotear los derechos de los demás. La libertad absoluta puede traer aparejadas olas de asesinatos, robos y violaciones —familias que se desintegran y sociedades que se derrumban—. La libertad absoluta permite a una persona destruir su cuerpo excediéndose con la comida y los estupefacientes. Es evidente que se requieren algunas restricciones por el propio bien del hombre. El judaísmo limita los impulsos dañinos del hombre para permitir que surja su naturaleza noble.

Sin embargo, no debe cometerse el error de pensar que el judaísmo favorece el ascetismo, o las privaciones por simple amor a las privaciones. De hecho, el judaísmo rechaza la idea de que el hombre existe para sufrir sobre la Tierra, y de que debe privarse de todo placer. Por el contrario, el judaísmo cree que los placeres del mundo fueron creados para que el hombre los disfrute, y que cuando se rechazan todos estos placeres, se rechaza la bondad Divina. Por ello el judaísmo estimula a sus miembros a celebrar jubilosamente muchas festividades, con banquetes y cánticos. Aconseja a sus miembros vestirse bien, comer comidas nutritivas y vivir cómodamente. Alienta a sus fieles a no alejarse del mundo sino a participar en él, a contraer matrimonio y a tener hijos (una exhortación que también aplica a sus sacerdotes: los Kohanim). “lvdu Et Hashem B’Simjá”: —Sirve a Di-s con júbilo—, es una premisa básica del judaísmo. Todo aquél que haya participado en una celebración de Purim, una boda judía, un farbrengen (celebración jasídica) o una reunión “leshivishe” conoce la dicha que pueden experimentar los judíos. Las canciones, el humor y la cocina judías son bien conocidos y disfrutados, aún por los no judíos. De hecho, los judíos religiosos participan en casi todos los aspectos de la vida actual. Sin embargo, siempre evitan la degradación, y recuerdan que su tarea en la vida es mantener la chispa de santidad que Di-s les dio.

En tanto que el judaísmo permite a los judíos gozar de las alegrías de la vida, advierte que no ha de caerse en el hedonismo ni el materialismo. Se recuerda a los judíos que no se hallan sobre esta Tierra únicamente para gozar de placeres y bienes. De hecho, la presión por adquirir riquezas materiales, luchar por tener tanto o más que los vecinos ricos, y proteger las riquezas de manos de los ladrones o del recaudador de impuestos basta para hacer que el más tranquilo de los hombres contraiga úlcera. Si bien es cierto que el poseer bienes costosos, o entregarse a la bebida, a los estupefacientes, o al libertinaje, podría causar un breve placer, esta sería una felicidad superficial y pasajera. ¿Qué queda cuando se desvanece ese momento de placer? ¿Qué queda cuando se ha llegado a la adultez y se está exhausto? ¿Qué queda cuando se muere?

¿Cómo pueden unos pocos momentos de júbilo compensar el terror de procurar desesperadamente satisfacer la necesidad de entregarse a los estupefacientes, de ansiar febrilmente la bebida o de enfrentarse con la muerte y temer lo peor en el Mundo por Venir?

Lo que el judaísmo estimule es llevar una vida equilibrada. No privarse de los placeres del mundo, pero mantenerse dentro de límites razonables, sin perder el dominio de sí mismo. Estimule el goce de las comidas y las celebraciones, mas sin atiborrarse. Alienta el logro de la felicidad perdurable que caracteriza a una familia estable, un estilo de vida sin presiones y una constante devoción a Di-s. Nos alienta a experimentar la satisfacción de ser miembros plenos del pueblo judío, y de saber quiénes somos y de quienes podemos depender si necesitáramos ayuda. Nos permite gozar de la paz espiritual que acompaña la toma de conciencia de que éste es un mundo pasajero, y de que las recompensas han de hallaras en el Mundo por Venir.

Tal es la existencia ideal. Sólo puede lograrse, en el marco estructurado y restrictivo de las leyes de la Torá.

Miedo al Pecado

A los del tipo “hedonista” les suena divertido. Otros piensan que es un concepto completamente cristiano, mientras que otros lo atribuyen a los antiguos hebreos. Para los Sabios del Talmud, el pecado es, por sobre todo, un acto de estupidez. “Una persona peca exclusivamente si un hálito de estupidez penetró en ella”-dicen.

Hace unos años me dedicaba a redactar manuales de instrucciones de uso de electrodomésticos. Esos libritos de 30 páginas que vienen en la caja con los microondas, destornilladores eléctricos, etc. Era un trabajo muy aburrido, pero se pagaba bien y me permitía escribir mientras tenía alguno de mis hijos sentado sobre mi regazo. Lo mejor era que no tenía que firmarlos.

Cierto día me llegó una carta que reenvió una de las compañías para las que trabajaba, enviada por un cliente y decía así: “Señor, tengo en mi mano el manual que usted escribió y que recibí junto a mi video cámara. Estoy indignado por su impertinencia y audacia. Esta es mi cámara, por la que pagué con mi dinero. Tiene muchos botones, teclas e indicadores de luz. ¿Cómo se atreve a decirme qué botones apretar y qué hacer con ellos? Yo puedo apretar cualquier botón o pulsar las teclas a mi antojo. Y en cuanto a los indicadores de luz, puedo decidir yo- y no usted- qué es lo que indican; es más, si así lo deseo puedo ignorarlos. Atentamente, un cliente estúpido”.

Por supuesto que no firmó así, pero podría haberlo hecho y sería lo correcto. No es necesario decir que no me molesté en responderle.

Los Sabios del Talmud no vieron demasiada diferencia entre mi tonto cliente y el pecador estándar. Desde su punto de vista, cuando una persona actúa contrariamente a las instrucciones de su Creador, de cómo debe vivirse la vida, seguramente cometerá un acto malo, malvado, egoísta, destructivo, desafiante, cobarde de acuerdo al caso. Pero por sobre todo, lo que estará realizando es algo profundamente estúpido.

Yanky Tauber

El propósito de los mandamientos

Los Diez Mandamientos son, en varios sentidos, los destacados de toda la Torá. Pero el Midrash trae una declaración sorprendente: Se dice que la primera palabra de los Diez Mandamientos está en lenguaje Egipcio, ¿Qué significa?.

Los Diez Mandamientos son la síntesis de toda la Torá. Todo el Pueblo Judío los escuchó de Di-s. El primer mandamiento “Yo soy Di-s, tu Di-s, quién te sacó de la tierra de Egipto”, es la declaración básica de nuestra relación especial con el Infinito. La primera palabra, “Anoji”, significa “Yo soy”. Di-s está hablando de Sí mismo, y comunicándose con nosotros.

El Midrash es intrigante. Dice que esta primera palabra es Egipcia, porque Di-s quería hablarnos en el idioma que habíamos aprendido cuando estábamos en Egipto. Esto nos dice algo sobre la naturaleza de la Torá y de ser Judío. Di-s no quiere relacionarse con nosotros sólo en el nivel sagrado y espiritual de nuestras vidas, representado por el hebreo, la lengua Sagrada. Él quiere también llegar a la dimensión terrenal, “Egipcia”.

No debemos caer en la convicción  de que no tenemos este nivel más bajo. Sino, debemos tratar de controlarlo, luego elevarlo y por último, transformarlo en algo Sagrado.

Di-s nos ayuda en esto: Hay enseñanzas judías para cada aspecto de la vida, incluyendo lo más básico. Las Mitzvot nos conectan con Di-s en cada nivel de nuestro ser. Por esta razón, la primera palabra de los Diez Mandamientos, “Anoji”, es en Egipcio: Llega a la persona “Egipcia” dentro de nosotros y la transforma en Judío.

Punto de Encuentro

Los Sabios nos dicen que cada alma Judía estuvo presente en la entrega de la Torá. Fue un momento de encuentro de todo el Pueblo Judío.

El reconocimiento a Di-s que fue experimentado en Sinai, se mantiene en el corazón de cada judío, y en la chispa de su identidad Judía.

Durante esos cuarenta días y noches en el Monte Sinai, se le fue revelada toda la Torá a Moisés. Los Sabios nos dicen que “Cada nueva idea que podría haber sido sugerida por un estudiante en una discusión con su maestro, se la fue dicha a Moisés en Sinai”.

Sinai fue, por lo tanto, el punto de encuentro de Di-s, todo el Pueblo Judío y la Torá.

Por Tali Lowenthal

Shabat el objetivo de la vida

“Cuando vengáis a la tierra… descansará la tierra un Shabat para Hashem” (Vaikrá 28,2)

En el comienzo de nuestra Parshá, la Torá dice1: “cuando vengáis a la tierra…descansará la tierra un Shabat para Hashem”. Esto se refiere a la mitzvá de Shmitá, el año sabático, que el texto detalla a continuación: “seis años sembrarás tu campo…y en el séptimo año un Shabat de Shabatón será para la tierra”.

La secuencia presentada por el versículo genera una pregunta2: del lenguaje de la Torá parecería como que “cuando vengáis a la tierra” de inmediato debe cesarse el trabajo del campo- “y descansará la tierra un Shabat para Hashem”. Pero en realidad esto no es así, ya que primero vienen los seis años de trabajo, y sólo después el año sabático de Shmitá.

TRABAJO EN ARAS DE LO SACRO

El orden de cómo nos presenta la Torá el tema, viene a enseñarnos cuál es el objetivo y la meta de toda la labor durante los seis años. El hombre podría pensar que el objetivo principal es el trabajo del campo durante los seis años de actividad agrícola, y el año sabático es un tema más allá de ella. Nos enseña aquí la Torá que todo el objetivo de “cuando vengáis a la tierra” y la actividad del arado y la siembra es “descansará la tierra un Shabat para Hashem”.

Es cierto que la secuencia real es en primer lugar los seis años de trabajo del campo y recién a continuación el año sabático; pero del judío se requiere que recuerde constantemente que el año sabático de Shmitá es el objetivo y la meta.

El judío debe tener siempre presente que toda la labor de los seis años no es sino para llegar al séptimo, al año de santidad y espiritualidad. Con ese fin Di-s nos dio la Tierra de Israel, para que introduzcamos en ella santidad- el “Shabat para Hashem”- en el seno de la vida cotidiana.

HACIA EL SÉPTIMO MILENIO:

En un aspecto más amplio, hay aquí una referencia a la vida del hombre en su sentido global. Es sabido3 que la vida en este mundo está compuesta de seis mil años de acción y de un séptimo milenio que es un “Shabat y descanso de vida eterna”4.

Nos indica aquí la Torá: “cuando vengáis a la tierra”- cuando el alma desciende a esta tierra inferior, a este mundo, a los seis mil años de acción, debe ésta saber que el objetivo es- “y descansará la tierra un Shabat para Hashem”- llegar al séptimo milenio, a la era del ‘Shabat’.

El judío debe estar compenetrado con la convicción de que todo el objetivo de su vida sobre la tierra es preparar al mundo para a su objetivo Divino- que el mundo se convierta en una morada para Él, Bendito Sea5, algo que alcanzará su concreción más íntegra, en el séptimo milenio.

CADA DÍA ES SHABAT:

Así ocurre también con la vida cotidiana: por la naturaleza de cómo está estructurado el mundo, la mayoría de las horas del día están dedicadas a temas mundanos- al trabajo, las diferentes necesidades materiales, etc. Sin embargo, uno debe tener presente que el objetivo es el ‘Shabat’ – la santidad.

El verdadero objetivo de toda la actividad diaria son las horas dedicadas al estudio de la Torá, a la plegaria y a las mitzvot.

Con esta conciencia, el judío debe comenzar su día, como dice el Shuljan Aruj (Código de Leyes), que “de inmediato cuando uno despierta de su sueño debe recordar frente a quien se encuentra acostado”, y debe expresar esto diciendo “Modé ani lefaneja”- agradezco frente a Ti. Esta es efectivamente la meta de toda la vida- servir a Hashem y hacerlo morar en el mundo de la acción.

(Sefer HaSijot 5750, Tomo 5, Pág. 471)