A no quedarse sin fuego

El fuego constante del altar simboliza la vitalidad espiritual que cada persona debe sostener en su vida. No alcanza con momentos de inspiración aislados: la clave está en alimentar ese “fuego interno” todos los días. La enseñanza invita a no dejar que la rutina apague la conexión con Di-s, sino a renovarla constantemente a través de acciones concretas, compromiso y entusiasmo.

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