Naturaleza, milagros y milagros naturales

Las grietas por donde entra la luz

Milagros visibles y milagros ocultos

“Bienaventurados los agrietados —dijo el maestro filósofo Groucho Marx— porque dejan entrar la luz.”

Leonard Cohen lo expresó así:
“Hay una grieta en todo. Por ahí entra la luz.”

Ambos tenían razón. La realidad está llena de grietas. Si no fuera así, la vida sería oscura, rígida y carente de alma, como vivir dentro de una máquina perfecta pero sin emoción. Son las grietas del sistema las que hacen que la vida valga la pena. A esas grietas las llamamos milagros.
Y están por todas partes.

Primera parte de una serie

Los milagros evidentes

Quizás pienses en los milagros más conocidos: los que rompen abiertamente las leyes de la naturaleza.
Milagros como los del Éxodo o los del profeta Eliseo: el agua que se convierte en sangre, la tierra que produce plagas, el mar que se abre, los muertos que reviven.

Son ríos de luz que se filtran por las grandes fisuras del muro de la realidad, desde un mundo superior que ignora las reglas de cómo “deberían” funcionar las cosas aquí abajo.

Pero, como enseña el rabino Moshe ben Najman (Rambán, siglo XIII), esos milagros no son un fin en sí mismos.
Después de todo, ¿por qué un Creador construiría un mundo perfecto solo para romperlo?

El propósito de los grandes milagros es que aprendamos a reconocer los pequeños, los que ocurren todos los días.
Que miremos nuestra vida y digamos:

“Esto también es un milagro.”


Milagros ocultos

El Rambán llama a estas maravillas cotidianas milagros ocultos:
momentos en los que todo parece seguir igual —el agua sigue siendo agua, la tierra sigue siendo tierra—, pero el resultado final revela algo improbable, inesperado y perfectamente sincronizado.

Algo que parece planeado, pero sin dejar huella visible.
Di-s se coló cuando nadie miraba, y aún no podemos encontrar la grieta.

El Midrash dice que “cada día ocurren milagros tan grandes como los del Éxodo”.
Por eso, tres veces al día agradecemos:

“Gracias, Di-s, por Tus milagros diarios con nosotros, Tus maravillas y favores en cada momento.”

Pequeñas grietas, invisibles a simple vista, que dejan pasar una luz infinita desde más allá del sistema.


Grietas y relaciones sin fisuras

Podríamos llamar a estos milagros ocultos milagros intranaturales, porque están perfectamente integrados en el orden del mundo.
Sin embargo, siguen siendo milagros, porque no provienen del sistema mismo, sino de una relación personal.

Uno no tiene una relación con un sistema, sino con un ser libre, capaz de elegir.
Y Di-s elige amarnos, elige esperarnos, elige entrar en nuestra vida incluso cuando parece que todo ocurre “por casualidad”.

La mayoría de las veces, Di-s actúa disfrazado de causas naturales, jugando con nosotros una especie de escondite amoroso dentro del mundo cotidiano.


Los milagros más invisibles

Estos milagros ocultos son incluso más sutiles que los de Purim, Janucá o la Guerra de los Seis Días.
En esos casos, era imposible no notar que algo fuera de lo común había ocurrido.

Pero los milagros más profundos son los que pasan sin que nadie los vea, cuando ni siquiera quien los experimenta sabe que algo extraordinario acaba de ocurrir.
Los sabios cuentan historias de personas que se salvaron sin saberlo:

  • Quienes se levantaron justo a tiempo para evitar el ataque de una serpiente.

  • Quienes se alejaron segundos antes de que cayera una roca.

  • Quienes se golpearon un dedo y maldijeron su suerte, sin saber que ese retraso los salvó de una tragedia.

Así también, un judío puede abrir un negocio, rezar por éxito y esperar que Di-s obre a través de los medios naturales: el mercado, los clientes, las decisiones del día a día.
Son los mismos milagros ocultos, porque Di-s está en todas partes.


Un Di-s solitario

Sobre estos milagros invisibles, el salmista dice:

“Aquel que hace milagros completamente solo, porque para siempre es Su bondad.”

Solo, porque solo Él sabe que los está haciendo.
Nadie más lo nota, nadie más lo entiende.

Un Di-s infinito logra todo lo que desea dentro de los límites de la naturaleza.
Una paradoja tan perfecta que pasa desapercibida.


Los milagros del futuro

El profeta promete un tiempo en el que Di-s dirá:

“Como en los días en que saliste de Egipto, así te mostraré milagros.”

¿Por qué dice “mostraré” y no “haré”?
Porque los milagros ya están ocurriendo.
Solo falta que los veamos.

El Tzemaj Tzedek (Rabino Menajem Mendel de Lubavitch) explica que estos serán los milagros ocultos que hoy llamamos coincidencias.
Entonces, quedaremos asombrados al comprender lo que siempre estuvo frente a nosotros.

El Éxodo parecerá un simple truco de magia en comparación con la revelación por venir.


La obra maestra de Di-s

Respecto de los milagros del tiempo mesiánico, se dice que Di-s los hará “completamente solo”, sin consultar a Su corte celestial.
¿Por qué?
Porque solo Di-s sabe cómo doblar el sistema sin romperlo.

Ese será Su acto supremo, Su firma inconfundible:
lograr que lo infinito y lo finito, lo natural y lo divino, sean una sola cosa.


El arte de ver las grietas

¿Qué diferencia a un evento milagroso de uno natural?
Si todo proviene de Di-s, ¿acaso hay algo que no sea milagro?

Quizás las “grietas” no estén en el muro de la realidad, sino en nuestros propios ojos.
Aprender a verlas es el primer paso de una nueva ciencia: la milagrología básica.
El estudio de las grietas por donde entra la luz.