
La parashá de esta semana contiene un relato de los cuatro matrimonios de Jacob, todos —según Rashi— con hijas de Labán. Ahora bien, esto parece contradecir la visión tradicional de que Jacob (junto con Abraham e Isaac) cumplió todos los mandamientos de la Torá a pesar de que Di-s aún no los había entregado a Israel, debido a una combinación de celo personal y un conocimiento profético de lo que sería la ley; pues el matrimonio con dos hermanas se prohíbe posteriormente. Rashi parece no ofrecer ninguna explicación de la dificultad, y el Rebe considera varias posibles soluciones, finalmente reconciliando la aparente contradicción y extrayendo las implicaciones morales de la historia.
Las esposas de Jacob
Un principio importante del comentario de Rashi sobre la Torá es que su política consiste en responder a todas las dificultades que surgen al interpretar literalmente los versículos. Y cuando no encuentra una respuesta a este nivel, la señala y añade que no sabe cómo resolverla. Cuando hay una dificultad que Rashi ni siquiera señala, es porque la respuesta es obvia incluso para un niño pequeño que recién comienza a estudiar la Torá.
Por eso resulta tan extraño que encontremos en esta parashá un hecho desconcertante, que ha preocupado a muchos comentaristas y que Rashi no sólo no explica sino que parece no tomarlo en cuenta.
Se nos dice que Jacob se casó con Raquel y Lea, y posteriormente con Bilhá y Zilpá, todas hijas de Labán. Y dado que la tradición sostiene que los antepasados cumplieron toda la Torá aunque aún no había sido entregada, ¿cómo es posible que Jacob se casara con cuatro hermanas, cuando la Torá prohíbe explícitamente tomar en matrimonio a la hermana de la esposa mientras ésta viva?
Podría pensarse que Rashi no comenta el problema porque cuando el niño aprende esta parashá aún no ha estudiado la prohibición, que aparece más adelante en Vaikrá. Sin embargo, esto no explica por qué Rashi tampoco menciona la dificultad más adelante.
Otra posibilidad es que Rashi considerara que entre las muchas explicaciones existentes había alguna lo suficientemente obvia como para no mencionarla. Pero tampoco explica su silencio, ya que esas explicaciones difieren entre sí y no abordan el significado literal del texto, que es donde Rashi se enfoca.
Algunas explicaciones
Una línea de pensamiento sostiene que los antepasados guardaron los mandamientos solo cuando vivían en la Tierra de Israel, mientras que Jacob se casó con las hermanas en Harán. Pero Rashi mismo afirma en otro lugar que Jacob guardó los mandamientos incluso durante su estancia con Labán.
Otra explicación propone que Jacob actuó por orden directa de Di-s para dar origen a las doce tribus. Pero la Torá no indica que Di-s le mandara casarse con Raquel, Bilhá o Zilpá. Por el contrario, el texto muestra que Jacob quiso casarse con Raquel desde el principio, y que Bilhá y Zilpá le fueron entregadas por iniciativa de Lea y Raquel.
El argumento de la clemencia
Algunos han sugerido que los antepasados, al comprometerse a cumplir la Torá antes de su entrega, adoptaron también las normas más permisivas, entre ellas la idea de que una conversa es como un recién nacido. De ser así, las hermanas habrían dejado de ser consideradas tales tras su conversión.
Sin embargo, esta explicación es débil desde el punto de vista literal. No hay evidencia bíblica de la existencia de un proceso de conversión antes de la Entrega de la Torá, ni Rashi menciona tal concepto en su comentario. Además, la prohibición de casarse con la hermana de la esposa no se debe solo a cuestiones de parentesco, sino a la posibilidad de generar rivalidad entre hermanas, algo que seguiría existiendo aun tras una hipotética conversión.
Empresas individuales y colectivas
La explicación central es la siguiente: Abraham, Isaac y Jacob guardaron la Torá por voluntad propia. Su observancia no tenía carácter obligatorio; era un acto de devoción. Por eso, si algo ordenado por Di-s entraba en conflicto con sus propias prácticas voluntarias, lo mandado por Di-s prevalecía.
También existían leyes que los descendientes de Noé, como colectivo, habían asumido por voluntad propia —como evitar la inmoralidad o mostrar respeto filial— y estas normas comunitarias adquirieron una fuerza especial. En ocasiones, estas obligaciones colectivas tenían más peso que los compromisos individuales de los patriarcas.
Entre esas normas autoimpuestas destacaba la prohibición de engañar al prójimo. Esto se evidencia cuando Jacob acusa a Labán de haberlo engañado, y Labán intenta justificarse, reconociendo implícitamente que el engaño está mal.
Aquí reside la clave: Jacob se había comprometido con Raquel y le había dado señales para identificarlo en la noche de bodas. No cumplir esa promesa hubiera sido engañarla. Y la gravedad del engaño, según las normas asumidas por la humanidad en ese entonces, prevalecía sobre su compromiso voluntario de evitar casarse con la hermana de su esposa.
La preocupación por los demás
La enseñanza moral es profunda: cuando una persona quiere asumir prácticas espirituales adicionales, debe asegurarse de que estas no perjudiquen a otros. El valor de Abraham ante Di-s se destacó, sobre todo, por su dedicación a guiar a su familia y comunidad por el camino de la justicia, no solamente por su rigor personal.
La búsqueda de la autoperfección nunca debe estar por encima de la responsabilidad hacia el prójimo, ni en lo material ni en lo espiritual. Cuando alguien necesita ayuda espiritual, no es válido que otro, capaz de ayudar, diga: “Prefiero dedicarme a mi propio crecimiento”. La pregunta que debe hacerse es: “¿Quién soy yo para valorar mis refinamientos personales más que el bienestar espiritual básico de otro?”
Y así se revela el trasfondo moral del matrimonio de Jacob con Raquel: el cuidado y la responsabilidad hacia los demás prevalecen sobre la autoperfección voluntaria que va más allá de la ley de Di-s.


