Hacia el final de la parashá Vayétsé, nos encontramos con el intrigante episodio en el que Raquel toma en secreto los terafines de su padre. Mientras Labán cuidaba su rebaño en el campo, su esposo, Iaakov, decidió que había llegado el momento de abandonar definitivamente su casa. Al partir, Raquel se apoderó clandestinamente de la posesión más preciada de su padre —su colección de ídolos— y se la llevó consigo.
Surgen varias preguntas: ¿cuál fue el motivo de Raquel? ¿Qué esperaba lograr al tomar los terafines? ¿Creía que su padre pasaría por alto el robo? El episodio se vuelve aún más desconcertante si consideramos que, según la tradición, este acto condujo finalmente a su muerte prematura, ya que Iaakov maldijo a quienquiera que hubiese tomado los terafines, sin saber que se trataba de su amada esposa.
A continuación, exploramos diversas explicaciones ofrecidas por los comentaristas bíblicos.
1. Para ayudar a su padre – Rashi (Midrash Rabá)
El comentarista clásico Rabí Shlomó Itzjaki (Rashi) explica que la intención de Raquel era “separar a su padre de la idolatría”.
Según Rashi, a pesar del maltrato que Labán infligió a Iaakov, Raquel aún albergaba la esperanza de que su padre se arrepintiera. Al quitarle sus ídolos, quizá lo impulsaría a retornar al buen camino.
Esta explicación se basa en Bereshit Rabá, que afirma:
“Sus intenciones eran por el bien del Cielo. Pensó: ‘¿Por qué debería dejar a este anciano en su corrupción?’ Por eso el versículo dice: ‘Raquel robó los terafines que pertenecían a su padre’”, lo cual puede interpretarse como que los tomó para beneficio de él.
2. Para que Labán perdiera la fe en ellos – Rabenu Jananel
Rabenu Jananel ben Jushiel (†1055), contemporáneo temprano de Rashi, ofrece una explicación similar. Sostiene que Raquel esperaba que la pérdida de los ídolos —y el hecho mismo de que pudieran ser robados— demostrara a Labán la absoluta inutilidad e ineficacia de sus dioses.
3. Para evitar que Labán descubriera el plan de huida – Rashbam
Rabí Shmuel ben Meir (Rashbam), nieto de Rashi, propone una interpretación diferente. Basándose aparentemente en el Midrash Tanjumá, explica que uno de los ídolos de Labán tenía la capacidad de transmitir información precisa. Raquel temía que este revelara a su padre el plan de huida de Iaakov. Otros sugieren que Labán podría haber rastreado la ruta exacta de la familia utilizando este objeto mágico.
4. Para permitir que Di-s se le apareciera a Labán – Meshej Jojmá
Rabí Meir Simjá de Dvinsk (1843–1926) ofrece una explicación singular. Señala que Di-s no se revela en un lugar dominado por la idolatría. Por ello, Raquel retiró los ídolos de la posesión de Labán, permitiendo así que Di-s se le apareciera para advertirle que no dañara a Iaakov, tal como finalmente ocurrió.
5. Porque ella los quería – Bejor Shor
Una de las explicaciones más sorprendentes proviene del tosafista francés del siglo XII, Rabí Iosef ben Itzjak Bejor Shor. Según él, Raquel deseaba los terafines para sí misma.
Esto concuerda con varios comentarios tempranos que sostienen que el uso de los terafines no constituía intrínsecamente idolatría. Todo dependía de la intención del usuario: si se creía que los terafines poseían poder propio, ello era idolatría; pero si se los consideraba meramente un instrumento u oráculo a través del cual lo Divino se manifestaba, no lo era. Raquel creía que Di-s había imbuido a estos objetos de un poder particular y, por lo tanto, los tomó sin considerar que ello implicara idolatría.
6. Por su significado cósmico – Arvei Najal
El maestro jasídico del siglo XVIII, Rabí David Shlomó Eibeschutz (1755–1813), aporta una interpretación mística basada en las enseñanzas del Arizal (Rabí Itzjak Luria, 1534–1572). Según esta visión, Raquel buscaba lograr algo de profunda importancia cósmica.
De acuerdo con la cábala, toda fuerza sagrada tiene una contraparte en las fuerzas de la impureza. Los terafines representaban la versión impura del Urim veTumim, el pergamino con el Nombre Divino que se colocaba en el pectoral del Sumo Sacerdote y permitía revelar la voluntad divina. Raquel deseaba redimir la chispa sagrada atrapada en los terafines de Labán. Al tomarlos, interrumpió el flujo de energía impura que operaba a través de ellos.
Generalmente, las chispas de santidad atrapadas en lo profano se liberan mediante mitzvot. Sin embargo, dado que los terafines funcionaban como una fuente directa de poder para las fuerzas de la impureza, no podían ser redimidos de la manera habitual. Esto explica por qué Raquel actuó de forma encubierta: solo mediante una acción riesgosa y secreta pudo someter esas fuerzas y liberar la chispa sagrada.
Aunque todas estas explicaciones son válidas en cierto sentido —de acuerdo con el principio midráshico de que la Torá posee “setenta rostros”—, la interpretación clásica preferida por Rashi es que Raquel tomó los terafines para inducir al arrepentimiento de su padre.
Esta lectura armoniza con el carácter de Raquel, quien repetidamente se arriesga por el bien de los demás. Así como salvó a Leá de la humillación al entregarle las señales secretas acordadas con Iaakov antes de su matrimonio, aquí también actúa para impedir que su padre continúe pecando. Este acto de autosacrificio la condujo finalmente a una muerte prematura y a ser enterrada al costado del camino, siendo la única de las matriarcas que no descansa en la Cueva de Majpelá en Hebrón: una expresión final y suprema de entrega por los demás.









