La rosa entre los cardos

El trabajo de la conformación de una pareja, aparece por primera vez en la Torá, en nuestra Parshá con el casamiento de Itzjak con Rivka.

Eliezer, esclavo de Abraham, fue enviado a Aram Naharaim y encuentra a Rivka. Cuando informa a Betuel y Lavan sobre su misión dice1: “ y vine hoy”, sobre lo que Rashi comenta: “ Hoy salí y hoy llegué” de aquí (aprendemos) que se le acortó el camino”.

Hashem no realiza milagros en vano. ¿Qué necesidad había que se le acorte el camino?

Sobre Rivka dice el versículo: “Cual una rosa entre los cardos”. Era la “rosa”, pura y piadosa, que estaba rodeada de los “cardos” – dos hombres perversos‐ Betuel y Laván.

No es sencillo extraer la rosa de entre los cardos. En su mérito se cuida y trabaja el terreno, de manera que también los cardos se ven beneficiados de agua abundante. Por eso es necesario un esfuerzo especial para extraerla de ahí.

Explica el Zohar la avidez de las fuerzas ‘del otro lado’ (Sitrá Ajará) por atrapar en sus redes a almas elevadas y puras. Saben, que en mérito a sostenerse en la santidad, la maldad tiene asegurada su subsistencia, y por lo tanto no sueltan fácilmente a estas almas. Así también, Betuel y Laván sabían que Rivka es la fuente de la bendición del hogar, y no querían permitirle abandonarlos.

Mientras que Rivka era pequeña y estaba bajo el dominio de su familia no era posible sacarla de ahí. Pero el día que cumplió tres años, cuando de acuerdo a la ley judía se convirtió en apta para casarse, se creó la posibilidad de rescatarla de la impureza, y ligarla al mundo de la santidad, donde ella corresponde.

Abraham sintió todo esto y el mismo día envió a Eliezer para salvarla y le pasó el milagro de que se acortara el camino, para que Rivka no permanezca un instante más bajo la égida de los perversos.

Eliezer llegó a la casa de Betuel y Laván con la intención de com‐ probarles que Hashem estaba con él. Sabía que intentarían retardar la salida de Rivka. Por eso, dijo: “ ¡y vine hoy!,

Como diciendo: es imposible retrasar esto siquiera un instante, y por eso es que tuvo lugar el milagro de “hoy salí, hoy llegué”.

Sobre las historias de los Patriarcas está dicho: “lo ocurrido con los Patriarcas es señal para los hijos”. De la misión de Eliezer aprendemos algo extraordinario: Cuando llega el momento para la redención del Mashiaj, no se detendrá siquiera un instante. Si es necesario –ocurre el milagro de “se acortó el camino”, para que la redención llegue en su tiempo indicado.

Por eso está prohibido desanimarse a causa de la oscuridad del exilio y su extensión. Tal como en la redención de Egipto, los israelitas salieron “en pleno día” y Hashem no los retuvo siquiera un parpadear de ojos, así también será cuando “como en los días de tu salida de la tierra de Egipto he de mostrarte maravillas”. Siendo que concluyó el trabajo de los judíos en el exilio vendrá la redención realmente de inmediato.

¿Qué hago sino creo?

Ser judío significa luchar.

El nombre Israel significa “uno que lucha con Di‐s”. La fe no es un interruptor de luz que enciendes y permanece encendido. Es un fuego que debes atender y alimentar, y reavivar. Es una lucha que nunca termina. 

Hay días en los que tu fe brilla y todo encaja en su lugar. En estos días, te sientes uno contigo mismo y con Di‐s, y la plegaria es algo natural. Luego hay días en los que te despiertas y todo está oscuro, tu fe parece haberse secado. Di‐s, alma, oración, bondad, todos parecen insectos molestos zumbando en tu oído, y solo quieres darte la vuelta y volver a dormir. 

Pero en esos días, tienes que encontrar la motivación para levantarte y seguir adelante. Quizás tu fe no te sacará de la cama, así que, ¿qué tal si pruebas otro enfoque? Dejando a un lado tu fe en Di‐s, ¿qué pasa con la fe de Di‐s en ti? 

Hay una Tefilá poderosa que decimos tan pronto como nos despertamos por la mañana: 

Te doy gracias, Rey Viviente y Eterno, porque me has devuelto mi alma con bondad. Cuán grande es tu fe. 

La fe a la que se hace referencia aquí no es nuestra fe en Di‐s, sino más bien “Tu fe”, la fe de Di‐s en nosotros. El mero hecho de que nos hayamos despertado es una prueba de que Di‐s cree en nosotros. Él sabe que no somos perfectos, está consciente de nuestras fallas y conoce los errores que hemos cometido. 

Y, sin embargo, en la mañana después de dormir, Él nos devuelve el alma y nos da otra oportunidad, porque confía en nosotros. Tiene fe en nuestra capacidad para cambiar y hacer que hoy sea un poco mejor que ayer. Podemos o no creer en Él, podemos o no creer en nosotros mismos, pero Di‐s cree en nosotros. 

Los humanos son inconstantes; Di‐s es constante. Su fe en nosotros es firme, incluso si nuestra fe en Él es inestable. Esa es la fe de un israelita, uno que lucha con Di‐s. Puede que estemos luchando, pero estamos luchando con Di‐s. Él siempre está ahí. 

Si te despertaste esta mañana, si tu alma te fue devuelta para ver otro día, entonces da gracias.

Empieza el día con una oración, si no por tu fe en Di‐s, al menos por la fe de Di‐s en ti. Él confía en ti lo suficiente como para darte un alma preciosa. Úsala. 

Visitas Divinas

De la visita de Di-s a Abraham, en esta porción semanal de la Torá, podemos aprender cómo cada uno de nosotros no debe ser egoísta. La porción comienza, “Y Di-s Se mostró a Abraham”. Rashi dice que Di-s vino a visitar a Abraham específicamente al tercer día de su circuncisión, cuando el dolor es más fuerte; y concluye su explicación diciendo que Di-s vino a preguntarle a Abraham cómo estaba. El Taz pregunta por qué Rashi mencionó esta pregunta de Di-s a Abraham sobre su bienestar si ya está escrito que Di-s vino a visitar a Abraham durante su enfermedad (Dibrei David). 

Nuestros Sabios nos enseñaron que una persona que visita a otra de su edad cuando éste está enfermo lo está ayudando a curarse, removiendo 1/60 de su enfermedad. Si esto es cierto acerca de una persona que visita a otra, cuánto más es así en el caso de Di-s. 

Pero esta respuesta nos lleva a otra pregunta. El mismo día, y en el medio de la visita de Di-s, tres ángeles vinieron a visitar a Abraham, uno de ellos era el ángel Mijael cuya misión era curar a Abraham. ¿Por qué Di-s mandó a Su ángel, si Él mismo había ido a visitar a Abraham? De hecho, esta pregunta es la respuesta a nuestra primera pregunta: Di-s preguntó sobre el bienestar de Abraham porque Su propósito de querer revelarse a Abraham no era curarlo, sino simplemente preguntar cómo se sentía. 

Esto explica las enseñanzas sobre nuestra obligación de actuar como Di-s (Sotá 14). Así como Di-s visita al enfermo, nosotros también debemos visitarlo. ¿Cuál es la base de esta comparación entre Di-s y la gente? Obviamente, la mayoría de las personas no tienen la misma edad que la persona enferma y por ello, no son parte de la curación a través de la visita, mientras que Di-s seguro que sí lo logra. Ahora podemos entender lo que dice Rashi sobre que el propósito de Di-s era ver cómo estaba Abraham: la lección es que visitar al enfermo es un comportamiento Divino que estamos obligados a cumplir, incluso que no curemos a la persona al visitarla. Esto no sólo se aplica sobre visitar al enfermo, sino que también nos referimos a hacerle un favor a otro judío, y para ello debemos actuar sin egoísmo, haciendo actos de bondad para su propio bien. 

Esta porción semanal de la Torá incluye la historia de Lot y sus hijas (Gén. 19:37), de quienes desciende el Mashiaj. Rabí Levi Itzjak de Berdichev explica que este evento tuvo que tener lugar en este período de la historia, específicamente antes del nacimiento de Itzjak. De acuerdo al Jasidut, Itzjak representa la esfera espiritual de la severidad (Gevurá). Así también, Itzjak es comparado al exilio, un tiempo en donde la Divinidad está enfocada hacia la disciplina y al juicio, en vez de la bondad y la compasión. También, los 400 años del exilio Egipcio se comienzan a contar desde el nacimiento de Itzjak, quien está relacionado con el exilio. Por este motivo, las hijas de Lot tuvieron que dar a luz antes que nazca Itzjak, ya que Di-s manda la cura antes que a la enfermedad. Antes que el exilio viniera al mundo, (ejemplificado en Itzjak), la cura tuvo que haber venido antes, o sea, el nacimiento de Amon y Moab, los hijos de las hermanas de Lot, de quienes desciende el Mashiaj.

Por Shaul Yosef Leiter

Iortzait de Rajel

Midrash explica que Rajel fue recompensada con la garantía de Di‐s que sus hijos regresarían a Israel después de que fueron exiliados a Babilonia.

Cada uno de los Patriarcas, Matriarcas y Moshé subió a apaciguar Di‐s, tratando de evocar la misericordia Divina en nombre de sus hijos. “Cada uno invocó las diversas obrasgrandes que él o ella había realizado, solicitando que Di‐s corresponder al tener compasión de los Judíos”.

Pero Di‐s no accedió.

Entonces Rajel entró y dijo:” ¡Oh Señor del Universo, ten en cuenta lo que hice por mi hermana Lea. Todo lo que Iaacov trabajó para mi padre fue sólo para mí, sin embargo, cuando iba a entrar en el dosel nupcial, trajeron a mi hermana en mi lugar. No sólo mantuve mi silencio, sino le di la contraseña secreta que Iaacov y yo habíamos preestablecido (para prevenir cualquier engaño en su noche de boda). Tú, también, si Tus hijos han traído un rival a Tu casa, mantén silencio por ellos.

Di‐s le respondió: “Tú has defendido bien. Hay recompensa por tu obra. Reprime tu llanto, y tus ojos de lágrimas, porque hay recompensa por tu trabajo, dice el Eterno, y volverán de la tierra del enemigo. Esperanza hay también para tu porvenir, dice el Eterno, y los hijos volverán a su propia tierra”.

¿Por qué fue obra de Rajel mucho más preciosa a los ojos de Di‐s de los logros de todos los otros solicitantes? ¿Por qué más que el acto de disposición de Abraham a sacrificar a su hijo o los cuarenta años de liderazgo de Moshé, desinteresado y sin descanso?

Tal vez esta pregunta sea contestada mediante el examen de la legitimidad del matrimonio de Iaakov con Rajel y Lea.

¿Cómo Iaakov fue capaz de casarse, cuando la Torá prohíbe explícitamente casarse con dos hermanas?

Najmánides explica que, dado que los patriarcas vivieron antes de la entrega de la Torá en el Monte Sinaí, observaron las leyes de la Torá sólo en la Tierra de Israel. Por lo tanto, Iaakov podía casarse con dos hermanas durante su residencia en Padan Aram.

Siguiendo esta línea de razonamiento, Najmánides explica el motivo de no enterrar a su amada esposa Rajel en la Cueva de Majpelá, optando en su lugar para reservar el lugar de descanso para Lea.

En pocas palabras, Iaakov sintió vergüenza de traer a su segunda esposa, la mujer con quien se casó “ilegalmente” a la parcela familiar. ¿Qué dirían Abraham, Sara, Itzjak y Rivka de su obra? Rajel era profetisa, así como muy erudita y sabia. Cuando accedió a dar la contraseña a Lea, lo que permitiría a su hermana a convertirse en la primera y “legítima” esposa de Iaakov, era consciente de la magnitud de su sacrificio. Se dio cuenta de que incluso si Iaakov la tomara como segunda esposa – ella no viviría con su marido en Israel. Sus hijos se criarían con su sierva Bilha y no vería a sus nietos. Y para colmo, no descansaría al lado de Iaakov y su santa familia.

Miles de años, quedaría sola en la orilla de un camino remoto, en espera de la redención y de la resurrección de los muertos. Renunciar a la vida física palidece en comparación con el sacrificio eterno. Rajel sacrificó todo – tanto su futuro físico y espiritual – por amor a su hermana. Los patriarcas y Moshé eran magníficos. Pero no tenían nada que rivalizara con tal alucinante sacrificio. Rajel lloró por nosotros y Di‐s escuchó sus súplicas. Lo cierto es que pese a la petición de Di‐s que “se abs‐tenga del llanto…”, continúa llorando hasta que vea la realización de la promesa de Di‐s. Pero quizás Di‐s está esperando que sus hijos se comporten como Rajel. Un acto desinteresado más, en nombre de un hermano o hermana judía finalmente hará sonreír a Rajel.

Confianza y Respeto

En el libro de Wendy Shalit, “Un regreso al recato” (“A return to Modesty”), ella remarca la caída de la cortesía masculina. La charla vulgar y el comportamiento egoísta han reemplazado grandiosamente a la caballería. “La necesidad”, escribe, “es para el crecimiento de una buena dosis sexista, cómo relacionarse como hombre con una mujer”. Ella clama una revolución de recato, en donde “jóvenes rebeldes con autoestima”, se sientan lo suficientemente confiadas para reclamar su poder e individualidad femenina.

La Torá habla sobre este mensaje con mucha claridad. En el Libro de Génesis, nuestras heroínas Bíblicas son poderosas de manera modesta y discreta; sus maridos, a la vez, son respetuosos y protectores. Las mujeres son honradas y alabadas. Así ha sido la tradición judía desde los días de nuestros Patriarcas y Matriarcas.

Lo que hace que se resalte una historia en Génesis.

Mirando íntimamente su relación, leemos sobre Abraham y Sara, quienes a la edad de 75 años y 65 años respectivamente, viajan hacia Egipto. Mientras están en el camino, Abraham le dice a Sara lo hermosa que es, y expresa su preocupación sobre el hecho que esta belleza pueda atraer a los Egipcios, y puedan por ello, asesinar a Abraham para hacerla esposa del rey.

Abraham sugiere pues, lo siguiente a su esposa: “Por favor, dí que eres mi hermana, para que me hagan un bien a mí, y mi alma viva por tu causa” (Génesis 12:13)

El plan de Abraham, efectivamente haría que fuera removido de la lista de muertos del Faraón… ¡Y permitiría que Sara sea víctima del abuso hedonista del Faraón! Lo que es más, es Abraham quien menciona que de hecho, el que saldría beneficiándose si la toman a Sara, sería él: “Para que me hagan un bien a mí por tu causa”. Como explican los comentaristas bíblicos, que si creían que Abraham era su hermano, entonces esperaba que lo llenaran de regalos, oro, plata y ganado.

¡Hablando de la falta de caballería! ¿Es acaso este Abraham, el primer esposo judío? ¿El hombre cuya generosidad sin límites dejaba abierta las cuatro puertas de su carpa, para que cualquier transeúnte pueda entrar desde cualquier dirección?

Hace más de dos mil años, el autor del Zohar se preguntó lo mismo (una pregunta formulada por casi todos los comentaristas bíblicos):

Rabí Eliezer preguntó: ¿Pudo Abraham, quien temía a Di-s y era amado de Di-s, decir esto acerca su esposa para su propio beneficio?

Rabí Eliezer explicó: Incluso que Abraham temía a Di-s, no confiaba en su propio mérito. No le pidió a Di-s que salvara a Sara por mérito de él, sino por mérito de ella. También sabía que sería por mérito de Sara que acumularía riquezas de las otras naciones siendo que una persona prospera en mérito de su mujer…Él confiaba, que por el mérito de ella, él no sería castigado y que a ella no la tocarían, y por ello, no tuvo miedo de decir: “Ella es mi hermana”.

Basándonos en el Zohar, el razonamiento de Abraham tenía dos facetas:

a) Abraham no confiaba en que él era meritorio de ser salvado de la muerte, pero tenía confianza absoluta que Di-s nunca dejaría que su santa esposa fuera violada. Ella no se enfrentaba con ningún peligro.

b) Abraham también sabía que la regla Divina es que la riqueza del hombre es ganada por el mérito de su esposa. En este caso, se estaba presentando una oportunidad lucrativa, una que se lograría directamente a través de Sara. Su secuestro les traería riqueza.

Y esto fue de hecho lo que sucedió. Sara fue llevada; pero horas más tarde, fue liberada, sin ser tocada. Y el Faraón bañó a Abraham con abundantes riquezas.

Mientras que la caballerosidad es el sentido del hombre de ser cortés y de defender el honor de su mujer y su seguridad, a veces se le pide al hombre que se pare detrás y que confíe en que ella se podrá proteger por sí misma. De hecho, ella puede incluso ganar más sin que él se involucre. En el famoso poema del Rey Salomón “Una Mujer de Valor”, él describe la estrategia de Abraham, cuando escribe: “El corazón de su marido confía en ella…”

El Zohar compara la unión de Abraham y Sara con la unión del cuerpo y el alma. Esto nos provee de un paralelo fantástico entre la historia del viaje a Egipto de Abraham y Sara y nuestro viaje por la vida.

El alma desciende a la tierra y se une con un cuerpo, mientras el alma busca proteger a su cuerpo de cualquier daño. Pero el cuerpo tiene una misión que cumplir, una tarea que realizar, una que es mucho más riesgosa que la del alma. Como ser material, el cuerpo está muy bien equipado para cultivar al mundo material. Es nuestro trabajo plantar, cultivar, cosechar y cocinar, todo el tiempo tomando conciencia de Di-s en nuestro mundo material.

El instinto del alma puede ser proteger al cuerpo del burdo materialismo, pero es forzado a dejarlo ir. Las ganancias obtenidas por el trabajo del cuerpo serán de increíble beneficio para el alma también.

Abraham, el marido final, y Sara, la judía por antonomasia, exponen un importante paradigma de trabajo. Las mujeres generalmente, están muy involucradas en las actividades materiales. Como el cuerpo, nosotros construimos, creamos, organizamos, planeamos estrategias y las traemos a la práctica. Como Sara, podemos aparentar que estamos secuestrados en el palacio del Faraón, en donde rige el materialismo como supremo y lo que se ve bien, es idolatrado.

Pero un hombre sabio, sabe que su esposa está a salvo. Las mujeres tienen un regalo; la habilidad de ver el materialismo como medio de un gran fin, un fin Divino. Con este enfoque, ella trae la conciencia de un Creador en cada faceta de la existencia.

Basado en una charla del Rebe de Lubavitch, Likutei Sijot, Vol 20.

Por Rojel Holzkenner

¿Eres un monarca?

La percepción pública de la realeza se ha denigrado en los últimos tiempos. Con las familias Reales de Europa descollando sólo en público por sus vidas personales, deshonrando sus posiciones heredadas, desde mi perspectiva como “hombre común”, considero que el mundo podría arreglárselas sin ese “paquete de ingratos”.

Uno puede preguntarse qué bien público fue otorgado por parte de la Familia Real. ¿Acaso no han habido Reyes y Reinas en la historia que sólo han representado la profusión, decadencia y gobierno déspota? Si (como es comúnmente aceptado), el poder absoluto es absolutamente corrupto, ¿No estamos mejor como una meritocracia democrática?

Leemos esta semana uno de los últimos mandamientos escritos en la Torá: “Al llegar a la Tierra…debes designar un Rey…de entre tus hermanos, un Rey debe gobernar” (Deuteronomio 17:15). ¿No parece extraño que Di-s promueva la noción humana de la realeza, ordenándonos subyugarnos a una majestad mortal?

Es incluso más extraño: Una vez asentados en la Tierra de Israel y listos para rodearse con todas las características de un Estado, los judíos le piden al profeta Samuel que los ayude a designar a “un Rey, para que seamos como las naciones de alrededor nuestro”. A lo cual Samuel reaccionó con enojo y disgusto, asumiendo que su pedido por un rey era equivalente a rechazar a Di-s (Samuel I, capítulo 8).

Liderazgo

Hay un método académico conocido como “El Gran ‘Hombre escuela’ de la Historia”, en donde las guerras, convulsiones políticas y otros movimientos en masa son descritos en términos del liderazgo prevaleciente en esa época. Batallas militares son estudiadas puramente desde la perspectiva de los generales, sin tomar en cuenta los pensamientos y acciones individuales del soldado común que equivalen al sentimiento de un peón en un tablero de ajedrez.

Este método de examinar la historia tiene su mérito. La fe de las naciones está co relacionada casi exclusivamente con la cualidad del liderazgo que ellos disfrutan, y nada puede estancar a todo un país más rápido que las decisiones tomadas por un partido egoísta o incompetente.

Lo mismo es cierto con la noción acerca que una estructura fuerte la provee un gobierno organizado y que éste crea una sensación de libertad y oportunidad para todos, permitiendo que prospere el individualismo.

Sígueme

Sin embargo, desde una perspectiva de la Torá, es imposible aceptar que la mera función de un líder es proveer ley y orden. Cuando se reconoce que la Presencia eterna de Di-s prevalece, las normas aceptadas sobre cierto comportamiento son proveídas directamente por la Torá y no es necesario reforzar la regla de la ley.

Desde esta perspectiva, el desafío del liderazgo no es asustar a la nación, sino inspirarla. Un verdadero líder está parado por sobre toda la gente, presentando y mostrando un sentido de misión y propósito. Cuando designamos a un líder o a un Rey, debe ser con la expectativa que las buenas cualidades personales que el líder posee, y la grandeza que muestra el monarca, despierte en nosotros un correspondiente sentido de entusiasmo que nos comprometa con el programa de la Divinidad al que el Rey mismo se ha comprometido.

Cuando el profeta Samuel criticó a la nación por pedir un rey, su enojo estaba dirigido a los motivos más que a la razón del deseo. Su pedido “desígnanos un rey para que seamos igual que las naciones de alrededor nuestro”, demostró que no era la inspiración de una majestad como una representación Divina lo que ellos deseaban. Sino que lo suyo era más bien un pedido prosaico; siendo que no tienen confianza en la regla de Di-s o en las expectativas de la Torá para dirigir la sociedad; optan por confiar en el nombramiento de una majestad mortal que imponga arbitrariamente sobre ellos la regla de la ley.

Muéstrame qué hacer

A pesar que vivimos en una era de egoísmo e individualidad, en donde cada uno de nosotros desea imponerse, hay mucho más para recomendar sobre acudir al consejo de un mentor. Podemos no tener más reyes y reinas que nos inspiren a seguir los caminos de Di-s y a comprometernos con su Torá, pero cada uno de nosotros debe buscar una guía o un mentor espiritual que nos ayude a dirigirnos en el camino de la vida.

Por Elisha Greenbaum

La bondad verdadera

¿Por qué la vaca roja es llamada “Jukat HaTorá”, el decreto de la Torá?
Es como si la Torá estuviera diciendo: “Este es el núcleo de toda la Torá”.

Sabemos que la esencia de toda la Torá es el amor al prójimo.

Está la famosa historia del sabio Hilel y una persona que deseaba convertirse, con la condición de que Hilel le enseñara toda la Torá mientras permanecía parado sobre un solo pie. Hilel respondió:
“Lo que es odioso para ti, no se lo hagas a tu prójimo; esto es toda la Torá, el resto es comentario…”

¿Qué quiso decir con esta afirmación?

Quiso decir que el amor al prójimo es la clave de toda la Torá. Eso es lo que Di-s desea, ante todo. Y cuando una persona ama a su compañero judío, ese amor la conduce naturalmente a la Torá y al amor a Di-s.

El camino inverso no funciona. Si una persona dice amar a Di-s, pero no ama a su prójimo, está cometiendo un grave error.

¿Cuál es, entonces, la paradoja de la vaca roja?

Los judíos dedicaban horas de su tiempo para preparar la vaca roja con el fin de beneficiar a otros. No lo hacían para sí mismos, sino para judíos que se habían vuelto ritualmente impuros. Además, los sacerdotes que realizaban la preparación no solo invertían un largo y complejo proceso, sino que también se impurificaban ellos mismos.

Uno podría preguntarse:
“¿Por qué debería dar mi tiempo para ayudar a una persona que ni siquiera conozco? No sé quiénes serán los beneficiarios de esta vaca roja. Tal vez ni siquiera se use hasta dentro de diez años. ¿Acaso la mezcla de la vaca roja se utilizaba todos los días?”

La respuesta es que se la conservaba en un área especial del Templo Sagrado, y se utilizaba únicamente cuando era necesario. No era necesariamente para el vecino, ni para la madre o el hermano del sacerdote. Tal vez era para un completo desconocido.

Entonces, ¿por qué un judío haría algo así?
¿Acaso una persona común estaría dispuesta a perjudicarse a sí misma para ayudar a otro judío?

“Este es el decreto de la Torá.”

Una persona no debería ayudar al prójimo solo cuando espera recibir una recompensa, un honor público, o un reconocimiento —como convertirse en el “Hombre del Año” o aparecer en el periódico. Eso no es necesariamente amor al prójimo; muchas veces se parece más a servirse a uno mismo. ¿Quién puede saber si la acción fue realmente altruista o motivada por el deseo de reconocimiento?

Pero cuando alguien hace algo por el otro sin recibir recompensa alguna —y más aún, cuando incluso se ve afectado negativamente por ello— eso es verdadero autosacrificio. Cuando uno se sacrifica por el otro, no solo no recibe premio, sino que incluso sufre por ello.
Eso es “el decreto de la Torá”.

Si alguna vez asiste a un funeral judío (que nunca tengamos que hacerlo), notará que en el vehículo que transporta al fallecido aparecen cuatro letras hebreas: guímel, jet, shin y álef. Estas son las iniciales de las palabras “Guemilut Jésed shel Emet”, actos de verdadera bondad.

¿Por qué se los llama “verdadera bondad”?
Porque cuando uno hace un acto de bondad, generalmente recibe agradecimientos, elogios o reconocimiento. Pero cuando alguien se ocupa de enterrar a un fallecido, nadie le dice “gracias”. No hay retribución posible. Se hace únicamente por el otro.

Eso es verdadera bondad.


Por Nejoma Greisman

Los judios, maestros de la humanidad

La misión que Di-s le dio al pueblo judío es constituirse en maestros de la humanidad. Como en toda relación alumno-profesor hay cosas que aprender de lado y lado, cada uno de los lugares del galut tiene algo que enseñarle a los judíos…

Cuando hablamos de Janucá, y su significado, Friedman aborda el tema de la relación entre los judíos y el mundo circundante. Para él está claro que la convivencia debe darse en el marco del respeto y la tolerancia.

¿Cuáles son las normas que rigen estas relaciones?

Desde el principio de la historia, los judíos hemos sido llamados a ser los maestros del mundo, pues tenemos que enseñarle qué quiere Di-s del hombre. A lo largo de la historia, los pueblos que nos rodean no quisieron oír este mensaje, y algunos hasta llegaron a odiarnos por tratar de enseñarles. Hoy en día la situación es diferente: los pueblos tienen hambre de conocimientos, pero no pueden hallar buenos profesores. 

Nosotros no tenemos que enseñarle a nuestros vecinos qué es ética, pues todo el mundo sabe lo que esto significa. Tampoco tenemos que enseñarles a creer en Di-os, pues todas las demás religiones lo hacen. 

Lo único que nosotros le podemos ofrecer al mundo es el mensaje de que Di-os nos dio la Torá y que en ella se describen las muchas cosas que Él necesita de nosotros, y que hemos llamado mandamientos o mitzvot. Nosotros tenemos que realizar estas acciones principalmente porque Di-s las necesita mucho más que nosotros. Esto es lo que nosotros llamamos el servicio divino, y que está expresado en 613 preceptos solo para los judíos, aunque también haya otros que corresponden al resto de la humanidad. 

Esto es importante que se diga: cualquier ser humano que haga lo que Di-s necesita es justo, y por lo tanto tiene una porción en el mundo venidero.

¿Cuándo un judío está sirviendo realmente a Di-s?

En el momento mismo en que cumple con los mandamientos para satisfacer las necesidades de Di-s. La gente cree que hay preceptos caprichosos como ponerse los tefilín, calzarse primero el zapato derecho, comer en la sucá o encender las velas de shabat. Nosotros no hacemos esto para satisfacer el intelecto humano sino porque Dios tiene necesidad de que se haga. 

Dios es justicia y si él lo necesita es por alguna razón. Yo siempre hago el paralelo entre los deseos de Di-os y los de una madre que le pide al hijo que le traiga té al salón. Una madre nunca le haría esto al hijo sólo por capricho, sino porque lo quiere o precisa de ello, y no para sólo fastidiarlo.

Se ha observado entre los judíos últimamente una tendencia, en el marco de la así llamada Nueva Era, a aventurarse a buscar “la luz” en fuentes exógenas a la religión judía ¿Se puede decir que todo lo no judío es malo? ¿Cómo poder identificar lo que es casher y lo que no lo es?

Si algo viene realmente de Dios, entonces está escrito en la Torá. Si algo la contradice, puede ser que sea espiritual, puede que sea moral, pero no viene de Él. En esto tiene mucho que ver el autorrespeto y la consideración que debe tener el judío por los demás. Cuando un judío está frente a las creencias y prácticas de los demás, debe pensar que él es transmisor de un mensaje único.

¿Qué cosas se pueden aprender de los demás pueblos?

Cada vez que un judío, o un grupo de los nuestros se ha asentado en algún lugar del mundo, ha sido para aprender algo. Esa es la voluntad divina. Cuando nosotros teníamos que saber cómo ser aristocráticos, estuvimos en España. Cuando necesitamos ser industriosos, estuvimos en Europa. De Estados Unidos hemos aprendido la sofisticación y de otros la disciplina.

¿Qué cosas nos puede enseñar los propios países, a donde Dios nos ha traído?

No conozco profundamente cómo son estos países, en los que he estado de paso, pero en general a mí me parece que podemos aprender de toda la América Latina la habilidad de confiar más en Di-s como regente del mundo. Me da la impresión que la gente de aquí es más dependiente de la voluntad divina, y eso se nota en que siempre están más relajados. Nosotros los judíos deberíamos aprender también a estar más tranquilos, sin tanto estrés.

Sobre la asimilación:

Mucha gente piensa que un medio sin antisemitismo ayuda a la asimilación y tal vez esa gente tenga razón, porque efectivamente el rechazo del medio hacia el judío lo obliga a mantenerse dentro de los límites de su pueblo. No obstante, esta no es una situación deseable. Yo creo que el mejor antídoto contra la asimilación es el respeto por uno mismo, que implica necesariamente el respeto por la esencia judía, pues si uno está consciente de que cada uno de nosotros tiene que enseñarle al mundo cuáles son las necesidades de Di-s, el asumir esta misión nos mantiene dentro del judaísmo. Los demás países no necesitan que nosotros nos casemos con sus otros ciudadanos, pues ya tienen suficientes personas para hacerlo. El mundo necesita que nosotros seamos sus maestros.

Rab. Manis Friedman

Los tesoros se encuentran escondidos en la tierra

A tu simiente He entregado esta tierra” (Bereshit 15,18)

En nuestra Parshá aparece la promesa de entregar la Tierra de Israel a los descendientes de Abraham nuestro Patriarca: “a tu simiente He de entregar esta tierra.” 

En un principio ésta escrito “He de entregar”, en futuro, pero después de que Abraham caminó por la tierra, a su largo y su ancho, el Altísimo repite Su promesa, pero esta vez de una manera diferente: “A tu simiente He entregado esta tierra” “ He entregado”, en pasado, ya entregué”

Desde ese preciso instante en el que Hashem dijo estas palabras, la Tierra de Israel, que hasta ese momento era “Herencia de pueblos”, comenzó a pertenecer, en la práctica, al pueblo de Israel. Incluso durante el tiempo del exilio diásporico se mantiene completamente vigente la promesa de “a tu simiente He entregado la tierra” y con la misma intensidad que antes. Es verdad que “a causa de nuestros pecados hemos exilado de nuestra tierra y nos hemos alejado de nuestro suelo” , pero aún así sigue siendo “nuestra tierra” y “nuestro suelo”.

 

TERRANILDAD SAGRADA
La conjunción de los términos Tierra de Israel presenta, a simple vista, una contradic- ción. “Tierra” – expresa terrenalidad y materia; “Israel” es el título jerárquico del pueblo judío, que refleja superioridad espiritual y altura (la raíz de este nombre, es como dice la Biblia, “puesto que superaste a ángeles”). Así también la combinación “Tierra Santa” implica una contradicción conceptual-terrenalidad y santidad.

Sólo que justamente en esto se expresa la función del Pueblo judío – hacer de lo terrenal santidad, y de “Tierra de Canaan” – “Tierra de Israel”.

Esta misión también se aplica al fuero interior de cada uno. Se exige de todo judío que “conquiste” su intelecto y emociones así como las actividades naturales necesarias para la propia supervivencia, y las santifique a través de subordinarlas al Servicio Divino. La persona debe lograr que también su vida material y terrenal se santifiquen y se conviertan en parte del Servicio al Creador.

 

LAS CONTRADICCIONES DEL JUDIO 

¿Cómo puede lograrse esto? A simple vista hay aquí una contradicción esencial.

Pero la verdad es que el propio judío contiene en su ser esta dicotomía: Di-s declara sobre el pueblo de Israel: “Pues ustedes serán para Mí una tierra deseada”:

También aquí vemos los dos extremos unidos: “tierra” es el elemento más elemen- tal y bajo, todos pisan sobre ella; mientras que “deseada” expresa satisfacción, placer y deseo. Nuestro cuerpo material sería la “tierra”, mientras que el alma que se encuentra en nuestro fuero interior es la “deseada” – el deseo y placer del Altísimo.

A través de esta interconexión en nuestra persona, entre la santidad más excelsa con la terrenalidad más burda, tenemos la fuerza de elevar la materia a un nivel superior. Y tal como cada hombre tiene la capacidad de subordinar el cuerpo al alma, así también posee la fuerza de poner al mundo material bajo el gobierno de lo sacro.

 

DEBE BUSCARSE


El Baal Shem Tov agrega un enfoque especial a la expresión “Tierra deseada” expresada sobre el pueblo judío: tal como nunca hemos de llegar a evaluar cabalmente los múltiples tesoros naturales que residen en la profundidad del suelo, así tampoco no hay hombre que pueda medir los extraordinarios tesoros escondidos en el corazón del judío. 

Por fuera se ve “Tierra”, pero justamente por eso es ahí donde Di-s escondió los tesoros más fabulosos.
Puede venir un judío y argumentar que él no siente esto y por el contrario ve que la terrenalidad es la que domina el mundo. 

Nos enseña Abraham el Patriarca, que también cuando “el Canaanita se encontraba entonces en la tierra”, es decir cuando la tierra se ve como “tierra de Canaan”, no hay que dejarse impresionar por eso, sino debe caminarse por la tierra y manifestar el dominio sobre ella, revelando que en esencia ésta ya es “Tierra de Israel”- “a tu simiente He entregado” – ya He entregado.

( LIKUTEI SIJOT 20, Pág. 308)