Parashá en síntesis: Beshalaj

Luego de la décima plaga, el Faraón accedió a enviar al pueblo de Israel fuera de Egipto, aun cuando poco después, tras oír los consejos de sus asistentes, se arrepintió y comenzó a perseguirlos, al ver que no volvían al cabo de los tres días.

Los hijos de Israel (Bnei Israel) salieron de Egipto guiados por Moshé, Aharon y Miriam, quien dirigía a las mujeres. La ruta que los hizo seguir Di-s fue la más larga, para que evitaran atravesar la tierra de los filisteos, ubicada en el lugar que hoy se conoce con el nombre de Franja de Gaza. 

Una de las características del Pueblo Judío que se demuestra en la salida de Egipto es la fe (creyentes hijos de creyentes), herencia que explica la salida apresurada hacia el desierto sin alimentos y en total incertidumbre. Esto no puede explicar por la lógica o el raciocinio, sino en un nivel que lo trasciende, el nivel de la fe, que en hebreo recibe el nombre de emuná, término que deriva de emete, que significa “verdad”.

Kriat Yam Suf – la partición del Mar Rojo, en la cual perecen los egipcios y se salvan los judíos – es un evento milagroso, no sólo por el hecho de la separación de las aguas, sino porque éstas volvieron a su estado natural una vez que los judíos pasaron. 

Son diez los milagros que se produjeron en el Mar Rojo: las aguas se separaron formando un techo de protección encima de las cabezas de Bnei Israel; fueron doce los pasillos que se abrieron, uno por cada tribu; las aguas se solidificaron creando murallas transparentes con mosaicos decorativos, la transparencia de las paredes servía para que se vieran y se sintieran acompañados; el piso sobre el cual caminaban estaba totalmente seco y el agua volvía a su estado líquido cuando un judío tenía sed y necesitaba tomarla. 

Cada uno de estos milagros tiene su explicación mística en la Cábala. 

Una vez que los judíos atravesaron el mar y se encontraron al otro lado siguiendo a Moshé, entonaron una canción o shirá de alabanza a Di-s por haberlos salvado, pero también de exaltación de un tiempo futuro, en el que se producirá la Redención Final con la llegada del Mashiaj. 

El sábado que recibe el nombre de Shabat Shirá se entona ese cántico en las sinagogas, además de Shirat Devora, que es parte de la Haftará, canción de alabanza de la profetisa y conductora del pueblo de Israel, después de Samuel. 

Frente a la queja de que perecerían de hambre por falta de comida, Di-s anunció que alimentaría a todo el pueblo en el desierto con el maná, pan celestial, redondo, blanco y de olor exquisito. 

Dos cubiertas de rocío protegían el maná; en recuerdo de ello cubrimos de igual modo la jalá cada Shabat.

El maná adquiría el sabor que la persona deseaba; cada padre de familia recibía determinada cantidad (un omer, 5 libras) por persona, con la particularidad de que fuera cual fuera la cantidad que recogiera, mayor o menor, la llegar a su casa, tenía el equivalente a un omer. 

Además de maná, comían codornices y bebían de la “fuente de Miriam”. Con eso se alimentaron durante los cuarenta años de su travesía por el desierto.

Una nube de Gloria indicaba la ruta durante el día y una columna de fuego durante la noche.  Además, seis Nubes protegían a los judíos, una en cada uno de los cuatro puntos cardinales, una por encima para protegerlos de las inclemencias del sol desértico y otra por debajo de sus pies para aliviarles el camino. 

Este viernes se recibía una doble porción de maná para Shabat; por eso, hoy en día al hacer el Kidush de Shabat decimos la Berajá de Hamotzi (Bendició del pan) sobre dos jalot, panes de Shabat. De esta manera, vemos como el Shabat no sólo testimonia la Creación del mundo por Di-s sino también la salida de Egipto.

La doble ración de Shabat nos enseñan que es Di-s quien provee nuestras necesidades. 


Las personas a veces tienen la sensación que son ellas las que ganan su sustento, cuando realmente lo que ocurre es que recogen lo que ha sido decretado para ellos en el Rosh Hashaná (Año Nuevo) anterior, cuando se decidió el ingreso de todo el año.

Para el descanso de Shabat se recibe el doble, por la parte que se deja de percibir al no trabajar ese día. 

Nuestros Sabios nos enseñan que el maná era alimento natural, pero a la vez espiritual: sirvió para grabar la fe en Di-s en el alma del pueblo y señalarles que “no sólo de pan vive el nombre”. También sirvió para que alcanzaras un grado extremo de conocimiento, lo que les valió el título de “generación del conocimiento”.

El primer enfrentamiento de Bnei Israel fue contra el ataque de la nación de Amalek, descendientes de Esav y antecesores de Hamán. En cada generación hay un Amalek cuya acción malévola sólo se puede impedir al cumplir Torá y Mitzvot en todas las generaciones.

El ataque físico de la nación de Amalek fue la manifestación exterior del estado espiritual de duda que sentía el pueblo en cuanto a la participación directa de Di-s en sus vidas. 

Este Amalek interno nos sigue afectando hoy en el sentido que siempre dudas y enfría nuestro fervor religioso. 

Reconoce que Di-s existe, pero trata de convencernos de que Di-s es demasiado grande para preocuparse por los detalles de nuestra observancia judía. 

La duda conduce a la duda, y, finalmente, nuestra Amalek interior nos convence de que Di-s no está involucrado en la vida human en el conjunto. Eso, a su vez, nos lleva a abandonar la búsqueda de la Divinidad y la espiritualidad. 

Por lo tanto, al igual que el Éxodo de Egipto vuelve a aparecer en todas las generaciones, todos los días, también lo hace la guerra con Amalek. Diariamente tenemos que callar la voz de la duda que pretende frenar nuestro progreso espiritual. Una vez que salimos con éxito de nuestro Egipto interior y superamos nuestro Amalek, estamos listos para recibir la Torá de nuevo y entrar a la Tierra Prometida. 

La implementación exitosa de este proceso de crecimiento espiritual de manera individual acelerará el objetivo colectivo de llevar al mundo a la Redención Mesiánica. 

Beshalaj, agua seca

Algunos datos sobre el maná: parecía una pequeña semilla, redonda, blanca. Descendía por la noche, intercalada entre dos capas de rocío. Sabía a su comida favorita. No producía pérdida, encapsulando las necesidades nutritivas de su comedor tan precisamente que después de que el cuerpo absorbía lo que necesitaba, no restaba nada. (Esta última provocó que alguno de los Israelitas se sintiera un poco de náuseas por su “pan del cielo”).

Poco después que el maná empezó a bajar, recibimos la Torá en el Monte Sinai. Durante las siguientes cuatro décadas atravesamos el desierto comiendo el maná y aprendiendo Torá. Eso es básicamente todo lo que hicimos (cuando no estábamos metiéndonos en problemas). El Midrash ve una conexión directa entre nuestra dieta y nuestra ocupación, declarando que “La Torá sólo podría entregarse a los consumidores de maná”.

Después de cuarenta años de maná y Torá, cruzamos el Río Jordán a la Tierra Prometida. El estudio de Torá seguía siendo una ocupación de jornada completa sólo para la tribu de Levi (y para individuos selectos de otras tribus). Todos los demás empezaron a ganarse la vida trabajando. El maná dejó de caer, y nos cambiamos al “pan de la tierra”- el pan oscuro, voluminoso, cuadrado-el tipo de pan cuyos nutrientes y vitaminas se hallan dentro de un relleno descartable. El tipo del que se digiere en lugar de ser absorbido.

La vida es principalmente desperdicio.

Pasamos trabajando todo el día por el dinero, una hora yendo de compras, otra hora cocinando, unos minutos comiendo. ¿Y dónde va la comida? La mayoría de ella pasa derecho a través de nuestros cuerpos al sistema de la cloaca de la ciudad.

¡Nos dan 24 horas por día, la mayoría aplastante de ese tiempo la pasamos durmiendo, conmutando, buscando estacionamiento, aguardando en la línea, revisando el correo electrónico, escuchando discursos, dando excusas, charlando, haciendo un depósito, haciendo un retiro… Y entonces, en esos cinco minutos que realmente estamos haciendo algo, ¡la mitad del tiempo nos sale todo mal!

De hecho, estamos tan acostumbrados a tratar con desperdicios que cuando se nos da algo que es 100% puro oro, empezamos a buscar alguna escoria para librarnos de él. Buscamos faltas en el alma de un ser amado, agendas ocultas en las amistades más bonitas, el “otro lado” en la más virtuosa de las causas. Incluso la bondad es juzgada por ser demasiado buena para ser verdad.

Esto es por qué, dice el Lubavitcher Rebe: “La Torá sólo podía darse a los consumidores de maná”. Una nación de consumidores de pan se habría embarcado inmediatamente en un proceso de “digestión”. “Ama a tu compañero como a ti mismo”- hubieran dicho- es un material limpio, nutritivo; pero ¿”Cuidar el Shabat”? No es práctico hoy en día. Habrían separado las partes modernas de las partes “primitivas”, las partes de sentirse bien de las -no-me siento cómodo-con esta parte, los “hechos históricos” del “el folklore,” lo “científicamente corroborado” de las partes esotéricas, los “rituales” de las “restricciones”, etc. etc.

Nuestras necesidades mundanas son de consumidores de pan. Necesitamos saber para discernir, para abrazar lo bueno y rechazar lo malo, para hacer opciones morales. Pero también necesitamos saber cuándo salir de nuestro modo de digestión. Para reconocer cuándo, en un momento raro de gracia, Di-s nos dio un regalo de pura bondad y perfección. El abrirnos a Su Torá, y permitir que su totalidad nos nutra, cual el maná lo hacía.

Por Yanki Tauber

Una carta que cambió todo

Cuenta el Rabino Avi Biderman, Sheliaj del Rebe en Viena, Austria:

El lunes, 23 de Tevet 5779 (31/12/18), recibí una llamada telefónica del rabino Zushe Silberstein, Sheliaj del Rebe en Canadá, contándome una historia interesante.

“Me topé hoy con una carta que publicó una de las mujeres de la comunidad judía local”, me cuenta, “y es por esa carta que te llamo.”

En la carta, esa mujer escribe acerca de un sobreviviente del Holocausto que murió recientemente luego de una grave enfermedad. Aquel judío, escribe la mujer, no tiene parientes que se ocupen de realizarle un entierro judío. En consecuencia, y siendo ella la única judía que tuvo con él un contacto estrecho en su vejez, tomó la iniciativa de organizarle un entierro judío.

Desafortunadamente, una de las asistentes que lo cuidaba y se ocupó de él hasta el final de su vida, afirmó que se convirtió al cristianismo y, por lo tanto, se opone firmemente a darle un entierro judío. “Yo, que lo conocí bien, siempre supe que era un Iehudi íntegro, con todo su corazón y alma”.

Tras esta resistencia, y en ausencia de familiares que firmaran su voluntad de un entierro judío, un judío se vería obligado a ser enterrado como un no judío.

Este yehudi tenía dos familiares que podrían firmar tal documento, una vivía en Viena y el otro en Francia.

“Ahora,” la mujer termina en su carta, “después de varios intentos de localizar a estos familiares, intentos que desafortunadamente tuvieron frutos, les escribo por este medio, tal vez alguno de ustedes tenga una idea de cómo ayudar a ese Iehudi, porque si hasta mañana por la noche no hay solución, me rindo.”

“Después de leer la carta”, dijo el rabino Zusha, “se me ocurrió la idea de llamarte, tal vez vos, como Sheliaj de Jabad en Viena, podrás contactar a este pariente”.

Por supuesto, acepté con gusto la misión sagrada e inmediatamente traté de contactar a aquella mujer judía, que yo desconocía, que acababa de cumplir los 80 años.

Toda esa tarde y la mañana siguiente, traté de llamar al número que me habían dado, pero sin respuesta. Cuando vi que ella no estaba respondiendo y me di cuenta de que si seguía esperando, sería demasiado tarde para el fallecido, me dirigí personalmente a la dirección que me habían dado, tratando de encontrarla para hablar cara a cara.

Cabe señalar que estamos hablando del primero de enero, fecha de feriado en Viena, y muchas personas se van de vacaciones fuera de la ciudad, por lo que no esperaba (a primera instancia) encontrarla en casa.

Cuando llegué a la dirección, noté un enorme edificio con muchos apartamentos. Esperé bastante tiempo, solo para poder entrar al edificio. Después de entrar, encontré el apartamento y toqué la puerta durante mucho tiempo, sin respuesta. A pesar de que el edificio era enorme, no había un alma por la zona, así que no tuve a quién recurrir.

Cuando ya me había dado por vencido, comencé a caminar hacia la salida, preguntándome si esta era la dirección correcta. Y si no lo era, andá a buscar a la mujer por toda Viena, ¡y en tan poco tiempo!.

De repente, veo frente a mí a una anciana subiendo las escaleras lentamente. Me acerqué a ella y le pregunté: “¿Disculpe, conoce a la Sra. Hillman?” ” Sí”, respondió ella. “¿Tiene alguna idea de dónde podría encontrarla?” Le pregunté de nuevo, “sí,”  respondió, y con una mirada de asombro, añadió: “Yo soy la señora Hillman, ¿qué busca?”

Le conté la historia brevemente y vi que se ponía realmente pálida, le temblaba todo el cuerpo y no podía hablar. Después de calmarse un poco, comenzó a contarme con gran emoción lo que le había sucedido ese día.

“Ni te imaginas”, me dice ella, “hoy mismo me puse a pensar en mi primo de Canadá, me  pregunté  por su destino, como estará, etc y así como llego a mi casa, me cuentas que murió y que necesitan mi firma para hacerlo llegar a un entierro judío.”

“Tienes que entender,” continúa, con lágrimas que la ahogan, “a nivel lógico no había forma de que nos encontremos, dado que me he ido de vacaciones desde la semana pasada, y en vacaciones no contesto el teléfono ni estoy en mi casa todo el día. Y no tengo un correo electrónico, así que en general es muy difícil localizarme.”

Y hoy, desde la mañana temprano, salí de casa, y solo por casualidad recordé que me había olvidado el paraguas (dicho sea de paso, ese día al final no llovió), y vine a casa por un minuto literal, para tomar mi paraguas e irme, y justo entonces nos encontramos.

Después de que ella se recuperó del shock inicial, fuimos juntos al Beit Jabad y durante aproximadamente dos horas nos sentamos juntos para firmar todos los documentos necesarios.

Solo cuando estuvo absolutamente segura de que había firmado todos los documentos requeridos, y que no habría problemas que pudieran surgir más adelante, se fue, no sin antes pedirme de que la informara sobre todos los avances del tema, y que de ahora en adelante nos mantendríamos en contacto.

Pasaron unos días y, por alguna razón, el entierro se retrasó un poco. Todos estos días la mujer me llamaba para averiguar qué estaba pasando con su primo. En cierto momento, después de esperar unos días sin progreso, la mujer me dijo: “Bueno, hicimos lo que pudimos.”

Le dije: hay una cosa más que puede ud. hacer por el alma del difunto, encender las velas de Shabat, Entonces ella me dice, la verdad que lo había pensado, solo dime ¿cómo se cumple esa mitzvá? ¿Apago las velas antes de ir a la sinagoga o las dejo encendidas?

Les recuerdo, que estamos hablando de una mujer no religiosa, que ahora ya no se contentaba con encender velas, sino que iría al templo, todo como consecuencia de lo ocurrido.

El 7 de Shvat 5779, este Iehudi fue llevado a un Kever Israel en un funeral judío como corresponde en Montreal.

Para terminar, una de las cosas que me cautivó de toda esta historia es que, en cierto momento, la mujer trató de comprender qué tenía que ver yo en toda la historia y me preguntó si conocí al difunto. Le dije que no. Ah, entonces, ¿el que te llamó desde Canadá debió haber conocido al difunto? La verdad que no, le respondí.

Luego, cuando comenzó a comprender lo que estaba sucediendo, intentó resumir la secuencia de eventos:

“Así que el rabino de Montreal no conoce al difunto, y usted no conoce al rabino de Montreal, y yo no lo conozco a ud., pero desde el cielo nos unieron para hacer llegar a este judío solitario a un entierro judío!”

Y la verdad es que ella se olvidó de mencionar a una persona más , el Rebe de Lubavitch, que, si no fuera por la tremenda revolución que provocó en el mundo, a través de los Shlujim, una historia así no hubiera sucedido.

[JasidiNews.com©]

No prometer en vano

La situación financiera de la Ieshivá Tomjei Tmimim de Lubavitch era muy dificultosa…

Nunca había bastante comida para los estudiantes, ni que hablar del dinero para otras necesidades. Uno de los directores de la Ieshivá se acercó a un judío muy adinerado de Rostov y le pidió ayuda.

Al principio el hombre se negó a colaborar, pero después de mucha insistencia, finalmente estuvo de acuerdo en contribuir con algunos de los fondos tan necesitados. Daría el dinero, sin embargo, con una condición: Él y su esposa estaban casados durante muchos años y todavía no habían tenido hijos. Si el rabino les prometía un hijo, el hombre ayudaría a la Ieshivá.

La Ieshivá necesitaba el dinero desesperadamente. El rabino prometió al hombre adinerado que en el mérito de su Tzedaká (caridad) tendría un hijo. El hombre dio el dinero y la crisis disminuyó.

Pasó un año pero en la casa del adinerado donante ningún nacimiento tuvo lugar. Éste fue al director de la Ieshivá y dijo, “Usted me prometió un hijo. Yo cumplí mi parte del trato pero usted no ha cumplido la suya”. El rabino animó al hombre a tener fe y esperar pacientemente. Él estaba seguro de que en mérito de la Tzedaká, la pareja tendría un niño.

Otro año pasó sin novedades de un bebé. Para entonces el hombre adinerado fue a ver al rabino muy enojado. “¡Usted me engañó!¡Me prometió un hijo y no tuvimos ningún niño!”

El rabino fue a ver al Rebe, Rabi Iosef Itzjak Schneerson- el Rebe Anterior, y le contó toda la historia. “¿Quién te dijo que puedes prometer a alguien que será bendecido con hijos cuándo no puedes cumplir con tu palabra?”

“¡Pero Rebe!” el rabino contestó, “¡la Ieshivá estaba en una situación económica horrible y yo estaba seguro de que en mérito de su donación, que permitiría a centenares de estudiantes estudiar Torá, él y su esposa serían bendecidos con un niño!.”

“De todas formas,” dijo el Rebe, “está prohibido hacer una promesa que no se puede cumplir personalmente.”

Pasaron unos años. El hombre atormentaba al rabino diariamente. Día tras día lo confrontaba, y llorando amargamente preguntaba: “¿Dónde está el niño que me prometió?”

El rabino fue de nuevo al Rebe. “No me dejará tranquilo. No me permite vivir”, dijo el rabino al Rebe.

“Ve al hombre,” dijo el Rebe, “y dile en mi nombre que tendrá un niño este año. Pero nunca más vuelvas a hacer una promesa que no puedas mantener.”

Al año siguiente, el hombre y su esposa hicieron una gran celebración de Brit Milá (circuncisión) de su hijo.

Pollo a la miel

Pollo a la miel, apetitosa receta para disfrutar del pollo de una forma diferente. Si te gusta probar nuevos sabores esta receta es para vos.

Ingredientes:

1 pollo cortado en piezas.

4 cucharadas de miel.

4 cucharadas de jugo de Limón.

4 cucharadas de aceite.

4 cucharadas de salsa de soja.

Modo de preparar:

Se colocan las piezas de pollo en un recipiente con el pellejo hacia abajo.
Aparte se mezclan los ingredientes y se cocinan a fuego lento hasta que se disuelvan.

Se vierte esta salsa sobre el pollo y se hornea destapando durante una hora. Después se voltea las piezas de pollo, se bañan con su jugo y se siguen horneando hasta que doren.

¿Cómo te salió? Si te gustó, ¡compartila!

Técnicas de venta para mejorar la autoestima

A veces, entro en un comercio y en  medio de la conversación con el vendedor sé que no voy a comprarle nada. Sin embargo, hay otros que pueden venderme cualquier cosa…

¿Qué hace a un buen vendedor? En mi experiencia, es alguien con el talento de hacerme creer que yo, el cliente, soy la persona más importante en esta transacción, y que la venta se realizará sólo si es de mi interés. Incluso en caso que termine no haciéndola, siento que el vendedor interpreta mi “no” como: “no estoy todavía listo, pero pruebe de nuevo en el futuro”. Este reconocimiento y la focalización en el cliente y sus necesidades hacen a un vendedor exitoso.

Estas técnicas de ventas pueden ser adoptadas por padres que desean mejorar sus habilidades en relacionarse con sus hijos. Nuestro trabajo como padres es venderles a nuestros hijos su propia imagen. El primer punto de referencia para la autoestima de un niño –o la falta de ella- viene de lo que el niño cree que los padres piensan de él. Es por consiguiente importante convencer al niño que aunque no puede ser perfecto, igualmente es especial y está trabajando continuamente para adquirir más habilidades.

Un niño que no hace la tarea o tiene el cuarto desarreglado y se le dice repetidamente: “nunca haces la tarea” o “eres muy desarreglado” podría empezar a creerlo y es probable que empiece, tarde o temprano, a mantener esa expectativa. Por otro lado, podríamos decirle al mismo niño: “Eres una persona responsable, y estás aprendiendo nuevas habilidades cada día ejercitando cómo asumir tus responsabilidades para hacer tu tarea y cuidar que tu cuarto esté limpio”. Cuando fallan, debemos animarlos diciendo: “Intentaremos mañana de nuevo, para que puedas adquirir más habilidades en el futuro y ser la persona responsable que eres capaz de ser”. Declaraciones como estas animarán el ego positivo – la estima y el deseo de intentar la próxima vez con más fuerza.

Debemos tener presente que los niños tienen una habilidad especial de percibir si nuestra interacción con ellos es sincera o no.

Este principio de creer en la persona y no juzgar su futuro por sus conductas pasadas también es la llave a un buen matrimonio y a una relación de patrón-empleado eficaz. La actuación de las personas está normalmente basada en la fe y las expectativas que otros tienen de ellos. He visto calificaciones de niños en la escuela que suben o bajan drásticamente basadas en lo que percibieron que era la opinión del maestro acerca de ellos. Cuanto más positiva sea la opinión, mejor será la actuación del niño.

¡Pruébelo—funciona!

Por Yaakov Lieder

12 enseñanzas del autor del Tania

El 24 de tevet (17 de enero de 2023) se cumplen 211 años del fallecimiento de Rabi Shneur Zalman de Liadi, fundador de la rama jasídica Jabad.

He aquí una compilación de 12 de sus enseñanzas:

1. Esto es lo que es el hombre; éste es el propósito de su creación y de la creación de todos los mundos, Supremos e Inferiores- el de constituir una morada para Di-s en el mundo físico.

2. Un poco de luz disipa mucha oscuridad.

3. En virtud de su naturaleza innata, la mente gobierna el corazón.

4.  La Plegaria sin la dirección del corazón, es como un cuerpo sin un alma… el Amor a Di-s y el Temor a Di-s son las alas con las cuales una acción sube hacia el cielo.

 5. Cada individuo judío, virtuoso o inicuo, tiene dos almas… Un alma deriva de la klipá (las “cáscaras” de creación) y sitrá ajará (el “otro lado”), y se enviste en la sangre para animar al cuerpo… De ella derivan los rasgos negativos… y también los rasgos compasivos instintivos del judío… El segundo alma en el judío es literalmente “una parte de Di-s de lo Alto.”

6. Si al ojo humano le fuera permitido ver la vitalidad espiritual que fluye de la pronunciación de boca de Di-s en cada creación, no veríamos la materialidad, grosería y tangibilidad de la creación, pues ésta se vería absolutamente anulada con respecto a la Fuerza Divina.

7. Rabí Mordejai de Hodorok, discípulo de Rabi Shneur Zalman, dijo: La primer cosa que oímos del Rebe fue: “Lo que está prohibido, no se debe; y lo que está permitido, no se necesita”.

8. A un discípulo que se quejó de sus problemas financieros. respondió Rabi Shneur Zalman: Tú hablas de lo que tú necesitas, pero no dices nada acerca de para qué Te necesitan.

9. “Quien está satisfecho con su porción” (Ética de los Padres 4:1) describe una tremenda virtud en los aspectos materiales, y un tremendo fracaso en todos que pertenece a los logros espirituales personales.

10. En realidad, cada mitzvá es tan supra-racional como la ley de la Vaca Roja. Sólo que la Voluntad Divina se revela a nosotros en grados variantes de “vestimentas” racionales.

11. El corazón judío es un carbón de fuego lánguido. Las palabras de la Plegaria son los fuelles que lo abanican y lo convierten en una llama rugiente.

12. Los discípulos de Rabí Shneur Zalman decían: Nuestro Rebe resucita a los muertos. ¿Qué es un cadáver? Algo frío e insensible. La vida es movimiento, calor, pasión. ¿Existe algo más helado, frío e insensible que el intelecto natural? Pero cuando la mente entiende, comprende y se conmociona por una idea Divina – ¿Acaso no se trata de la resurrección de un muerto?

¿Por qué Peyena?

La ciudad de Kursk, en el suroeste de Rusia, es la más conocida por la gran batalla de tanques que se libró allí en 1943.

Sesenta y cinco kilómetros al sur de Kursk, y un poco más al oeste de la carretera principal, se encuentra una pequeña aldea llamada Peyena. Hoy en día casi no aparece en el mapa, y sólo no judíos viven allí. Hace doscientos años, tampoco vivían allí iehudim. Pero fue allí donde Rabi Shneur Zalman de Liadi, fundador del movimiento Jabad, falleció en la víspera de Shabat del 27 de diciembre de 1812. En nuestro calendario el 24 de Tevet de 5573.

En noviembre de 2011, el Instituto Zalman Shazar publicó una biografía realizada por el profesor Immanuel Etkes de la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde demuestra que Rabi Shneur Zalman fue único como líder jasídico que actuaba principalmente como un educador.

Según Etkes, este enfoque pedagógico, habilitó a Rabi Shneur Zalman para llegar con éxito a un amplio sector de la sociedad judía, tanto a la académica como a los menos educados, mientras preservaba los elementos centrales de las enseñanzas místicas del Baal Shem Tov.

Si bien esta biografía se apoya fuertemente en el magnum opus de Rabi Shneur Zalman – el Tania – y en su correspondencia existente, sigue siendo limitada en su alcance, ya que no refiere a los esfuerzos comunitarios del Alter Rebe o a los elementos más esotéricos de su pensamiento. Existe mucha información sobre las interacciones del Alter Rebe con la comunidad judía en general, así como con sus propios seguidores, y una amplia variedad de proyectos comunales que él lideraba.

Pero volvamos al pueblo al sur de Kursk. ¿Cómo llegó Rabi Shneur Zalman a Peyena? ¿Por qué falleció en la casa de un campesino anónimo a unos quinientos kilómetros de su casa de Liadi?

Cinco meses antes, la Gran Armée de Napoleón Bonaparte había cruzado el río Niemen e invadió Rusia. A medida que la tensión entre la Alianza Francesa y el Imperio de Rusia llegó a un punto, la comunidad judía se dividió entre los partidarios de los franceses – heraldos del liberalismo y la emancipación – y los partidarios patriotas del zar. El Alter Rebe reconoció que los rusos no amaban a los judíos, y sin embargo, se comprometió totalmente a la causa del zar. El zar, insistió, era un hombre de fe, y esa fe le dotó de humildad y bondad, lo que le hace merecedor de que Di-s le otorgue la victoria. Consideraba a Napoleón, por el contrario, como la antítesis completa de todo lo Divino; un hombre cuyo egoísmo extremo lo llevaría primero a las profundidades de la depravación – tirar decenas de miles de vidas por nada más que su propia gloria y en última instancia a la derrota ignominiosa. Liadi se encuentra cerca de la carretera principal entre Minsk al oeste y al este de Smolensk, y Rabi Shneur Zalman utilizó una red de discípulos para seguir los movimientos hacia el este del ejército francés y reportarlos a las autoridades rusas. A medida que las fuerzas del mariscal Davout se acercaron, el Alter Rebe decidió dejar Liadi y unirse al ejército ruso bajo el mando del general Neverovsky. Ese día, las tropas de Neverovsky fueron atacadas por una fuerza francesa, y el grupo del Alter Rebe huyó en dirección a Smolensk.

Rabi Shneur Zalman y su séquito fueron perseguidos en los próximos meses por las tropas francesas.

Rabi Shneur Zalman se acercaba a los setenta años, y su escape se extendió en el invierno ruso. El 19 de Tevet, se enfermó. En el momento en que se dirigían hacia Kremenchug, se vieron obligados a buscar refugio en Peyena, unos cuatrocientos kilómetros antes de llegar a su destino. Allí falleció el 24 de Tevet.

Mujer, el ascenso de escalones espirituales

Coraje, valor, amor y devoción…“Fue merced a las mujeres rectas de esa generación, que nuestro pueblo fue liberado de Egipto y mereció recibir la Torá…”

Cuando nuestros antepasados eran esclavos en Egipto, estaban rodeados de una degeneración social del orden más bajo. Los judíos, que estuvieron sometidos a este medio ambiente durante más de doscientos años, lamentablemente se vieron influenciados por él.

Para el ser humano, hay cuarenta y nueve escalones de santidad espiritual y cuarenta y nueve escalones correspondientes de impiedad, o impureza espiritual. Una vez que se alcanza al quincuagésimo escalón en cualquiera de las dos direcciones, se está más allá del punto de retorno, ya sea de la santidad o, Di-s no lo permita, de la impiedad. Cuando Di-s nos sacó de Egipto, nos hallábamos en el escalón cuarenta y nueve de la impureza. Nuestros Sabios enseñan que, de haber permanecido en Egipto un sólo día más, nos habríamos hundido a un nivel demasiado bajo como para poder ser rescatados; nuestro descenso espiritual habría sido inexorablemente irreversible.

La palabra hebrea correspondiente a Egipto, Mitzraim, está etimológicamente vinculada con la palabra hebrea correspondiente a limitaciones, metzarím, lo cual indica que, así como estábamos físicamente esclavizados, también estábamos espiritualmente esclavizados o limitados. Nuestra alma, que halla expresión en la santidad, se hallaba prisionera y frustrada por la degeneración espiritual en la que nos habíamos sumido.

Cuarenta y nueve días después del Éxodo, recibimos la Torá en Har Sinai -el Monte Sinaí-. El día que la recibimos nos hallábamos en el escalón cuarenta y nueve de santidad. Cada día, desde el momento en que salimos de Egipto, fuimos ascendidos cada vez más alto en la escalera espiritual, de manera que, como nación, habíamos alcanzado nuestro nivel más elevado cuando se nos entregó la Torá.

¿Qué causó una transformación tan radical en un período tan breve?, ¿Cómo rompió una nación entera con sus anteriores hábitos y actitudes de manera tan absoluta?

En gran medida, precisamente fue merced a las mujeres rectas de esa generación, que nuestro pueblo fue liberado de Egipto y mereció recibir la Torá. La valentía y la perseverancia permearon todos sus actos, mediante la meticulosa observancia de las leyes de la Torá, en particular las leyes relativas a la mikvá. Cuando el Faraón decretó que todos los niños judíos fueran arrojados al río Nilo, Amram, el dirigente del pueblo judío, se separó de su mujer, lojeved. No quería traer hijos al mundo para que sufrieran la muerte segura. Siguiendo su ejemplo, todos los hombres se separaron también de sus mujeres. La joven hija de Amram, Miriam, se acercó a su padre y le dijo:

¡Eres peor que el Faraón! ¡Su decreto sólo es en contra de los niños judíos, los varones, en tanto que tú estás condenando a las niñas también!” (Éxodo; Rashi, 2:1). El argumento causó una impresión tan fuerte en Amram, que este retornó a su mujer, y los demás hombres siguieron su ejemplo. Como resultado de la reunión entre Amram y lojeved, nació Moshé. Precisamente fue Moshé quien condujo a la renacida nación judía fuera de su esclavitud física y espiritual. Cuando nació Moshé, lojeved lo salvó del cruel decreto del Faraón. Lo puso en un cesto y lo escondió entre los juncos de las riberas del Nilo. Fue Miriam, la hermana de seis años de Moshé, la que cuidó de su hermano recién nacido en estas primeras horas decisivas. Fue Miriam quien observó poco después cómo Batia, la hija del Faraón, sacaba a Moshé del agua. La pequeña niña se aproximó a la princesa y le propuso que el niño fuera amamantado por una mujer judía. Posteriormente, Miriam se ocupó de que su hermanito fuese atendido por su propia madre, Iojeved, y con lo cual aseguró que Moshé estuviese expuesto a la influencia judía. ¡Qué tarea increíble para una niña tan joven, y sin embargo éste es sólo un ejemplo de la fortaleza y el valor de las mujeres judías de Egipto!

En otra oportunidad, Iojeved y Miriam también hicieron gala de enorme coraje y valor. En el desempeño de su tarea como parteras de las mujeres judías en Egipto, las atendían con gran amor y devoción y las alentaban en todo lo posible. Cuando el Faraón decretó que se ahogara a todos los niños judíos, naturalmente llamó a Iojeved y a Miriam y les ordenó que cooperasen con él e informasen a sus hombres acerca del nacimiento de todos los varones judíos. No sólo Iojeved y Miriam no informaron acerca del nacimiento de los niños judíos, sino que, a costa de grandes sacrificios, continuaron ayudando a traer al mundo a niños judíos y a atenderlos, a éstos y a sus madres. Podrían haberse negado a continuar con su labor y haber dejado que otras personas ejecutaran el malvado decreto del Faraón. Sin embargo, se mantuvieron firmes. Fue tal su abnegación, que el Todopoderoso las recompensó mediante la “Casa de Kehuná” (Kohanim) por Iojeved, y con la “Casa de la Realeza” por Miriam. Es evidente que estas hazañas de mujeres prepararon el terreno para la redención de la nación judía.

Todas las mujeres de esa generación dieron pruebas del mismo valor y mérito. Cuando sus maridos se separaron de ellas, estas mujeres hicieron un deliberado esfuerzo por mostrarse lo más atractivas que podían a fin de que sus esposos retornaran a ellas. Con tal finalidad, emplearon espejos y otros medios para realzar su belleza y lograron así reunirse nuevamente con sus maridos. Es significativo destacar que, muchos años después, cuando se ordenó a los judíos construir el Santuario en el desierto, una de las primeras vasijas que se les instruyó hacer fue el kior (jofaina de abluciones) que se hizo precisamente de estos mismos espejos. Las mujeres donaron estos espejos, símbolos de su fe en Di-s y devoción a sus esposos, para hacer esta sagrada vasija. Sin duda no es una coincidencia que estas se utilizaran para contener agua, símbolo de vida y pureza. Contrariamente a lo que la razón dictaba, estas mujeres deseaban traer hijos al mundo pese a las escasas probabilidades que éstos tenían de sobrevivir y de ser felices. Tener hijos, criarlos y transmitirles su fe en Di-s revestía para ellas la mayor importancia. Estas piadosas mujeres mantuvieron sus prioridades intactas durante todos los años de esclavitud y sacrificaron mucho en aras de la formación de una nación.

Podemos ahora comprender mejor cómo pudieron los judíos elevarse en un periodo tan breve de siete semanas y recibir la Torá. Decididamente el mérito corresponde a las madres que criaron a sus hijos de acuerdo con las normas de la Torá pese a la rigurosa oposición a la que tuvieron que hacer frente. Mantuvieron su identidad judía mediante el nombre, la forma de vestir y el idioma. Estos niños fueron criados con pureza y más tarde estuvieron en condiciones de purificarse.

En el curso de los siglos, la mujer judía ha permanecido fuerte y consagrada al cumplimiento de la voluntad de su Creador, en particular mediante su meticulosa observancia de las leyes de la Pureza de la Familia. Precisamente en razón de la importancia fundamental que reviste esta mitzvá fue encomendada a la mujer.

MASHA ZWEIBEL

Los 13 principios de Fe judía – Iesodot Haemuna

En su introducción al décimo capítulo del Tratado de Sanhedrín, Maimónides enumera los trece principios básicos de la fe judía. La palabra hebrea que Maimónides usa es iesodot, “fundamentos”: partes diferentes de un edificio podrían existir independientemente una de la otra, pero sin los fundamentos, todo el edificio se derrumbaría. Así también, cada uno de estos trece principios es un “fundamento” de toda la Torá.

1) Que el Creador alabado su nombre, creó y dirige el mundo, El únicamente hizo, hace y hará todos los hechos.

2) Que el Creador alabado su nombre no es corporal, no lo alcanzan las influencias corporales, y nada puede compararse a El.

3) Que el Creador no posee cuerpo ni forma alguna.

4) Que el Creador alabado su nombre, Él es el principio y la eternidad.

5) Que a El Creador alabado su nombre es digno de hacer Tefilá y no hay a quien pedir fuera de El.

6) Que todas las palabras de nuestros profetas son verdades.

7) Que la profecía de Moshe Rabeinu es verídica y él fue el padre de los profetas de todos los tiempos.

8) Que la Torá que tenemos es la misma que fue entregada a Moshe Rabienu.

9) Que esta Torá no será cambiada y no habrá otra del Todopoderoso.

10) Que el Creador alabado su nombre, sabe todo lo que la persona hace y conoce todos sus pensamientos.

11) Que el Creador alabado su nombre recompensa bien a los que cumplen sus Mitzvot y castiga a los que transgreden sus preceptos.

12) Que el Mashiaj vendrá. Y aunque se demore esperamos cada día su llegada.

13) Que los muertos van a resucitar cuando sea la voluntad del Todopoderoso, alabado su nombre.