Las hijas de Tzelofjad y su amor por la Tierra de Israel

HISTORIA JUDÍA

LAS HIJAS DE TZELOFJAD Y SU AMOR POR LA TIERRA DE ISRAEL

Un hombre llamado Tzelofjad falleció en el desierto, dejando cinco hijas: Majlá, Joglá, Noáh, Milká y Tirtzá. Las cinco eran rectas, inteligentes y cultas. En el tiempo de la muerte de Aharón, después de la cual sucedieron los eventos relatados aquí, ellas no estaban casadas, dado que no pudieron encontrar esposos dignos.

Cuando oyeron a Moshé explicar que Eretz Israel sería distribuida de acuerdo con el número de varones, discutieron el tema entre sí.

“El nombre de nuestro padre será olvidado”, se dijeron unas a otras, “porque ningún heredero varón recibirá una porción en Eretz Israel asociada con su nombre. Dado que nosotras no tenemos hermanos, reclamemos la porción de nuestro padre en la Tierra, de tal modo que su nombre sea perpetuado”.

Las hijas de Tzelofjad eran descendientes de Majir, una familia de la tribu de Menashé que había pedido permiso a Moshé para asentarse en el lado oriental del Jordán. Así, ellas sabían que podrían obtener territorio fácilmente en aquel lado, dado que la tierra allí no era distribuida por la suerte Divina sino por Moshé personalmente. No obstante, amaban Eretz Israel; no estaban satisfechas con una porción en el lado oriental del Jordán, sino que decidieron pedir una parte apropiada en Eretz Israel.

Ellas se aproximaron a los jueces designados por cada diez personas y presentaron su petición. Dado que esta era una cuestión legal sin precedentes, los jueces no pudieron decidir. Ellos remitieron a las hijas de Tzelofjad a los jueces designados sobre cincuenta.

“Nosotros dejamos la decisión a autoridades más grandes”, dijeron también estos jueces. Las hijas de Tzelofjad entonces se dirigieron a los jueces designados sobre cien, pero de allí fueron enviadas a los jueces de mil. Ningún juez se sintió competente para decidir la materia, hasta que finalmente las hijas de Tzelofjad fueron referidas a Moshé mismo.

Las hijas de Tzelofjad esperaron para presentar su caso hasta que Moshé comenzó a explicar las leyes de i-bum (matrimonio de levirato) en el Beit Hamidrash. En aquel punto, ellas entraron y dirigieron la palabra a Moshé, a Elazar (quien oficiaba después de la muerte de su padre Aharón) y a los Ancianos.

A pesar de ser renuentes a presentarse en público, las hijas de Tzelofjad vencieron su natural modestia porque su cuestión era fundamental. La presentaron en un estilo culto.

La hija mayor comenzó: “Nuestro padre falleció en el desierto (y no en Egipto. Dado que él pertenece a la generación que abandonó Egipto, tiene derecho a una porción en Eretz Israel)”.

La segunda hija continuó: “Él no estuvo entre los querelladores ni en la malvada congregación de Koraj (quienes perdieron el derecho a sus partes en la Tierra)”.

La tercera resumió: “Él no indujo a otros a pecar (lo cual le causaría perder su porción), sino que murió a causa de su propio pecado”.

La cuarta hija concluyó: “¿Por qué debería el nombre de nuestro padre ser olvidado dentro de la familia porque él no dejó ningún hijo? ¡Permítasenos a nosotras, sus hijas, heredar todas las porciones que le eran debidas!”

Replicó Moshé: “Vosotras no tenéis derecho a la herencia de vuestro padre.”

“¿Por qué?”, ellas inquirieron.

“Porque las mujeres no son consideradas herederas de acuerdo con la ley de la Torá”, declaró Moshé.

Las hijas de Tzelofjad entonces argumentaron: “Si las mujeres no son consideradas herederas, nuestra madre debería volver a casarse con uno de los hermanos de nuestro padre, de acuerdo con las leyes de i-bum. Quizá entonces tendrá un hijo que heredará la porción de nuestro padre”.

“Una vez que hay hijas”, replicó Moshé, “i-bum no se aplica. Ella no puede casarse con uno de los hermanos de vuestro padre”.

“¿Qué razonamiento es este, Moshé Rabenu?”, preguntaron estas cultas mujeres. “Si nuestro estatus es igual al de los hijos en lo que concierne al i-bum, ¿no debería la misma regla aplicarse en relación con la herencia de la Tierra?”.

De acuerdo con un parecer (Shabat 96), Tzelofjad era el mekoshesh, el hombre que recolectó leña en Shabat (15:32); de acuerdo con otra opinión, él estaba entre los maapilim (quienes intentaron entrar a Eretz Israel sin permiso (14:44)).

Inmediatamente, Moshé se volvió para preguntar a Hashem y confirmar el reclamo de las hijas de Tzelofjad.

¿Por qué no reconoció Moshé la verdad de su argumento, prefiriendo esperar la decisión de Hashem?

Hay varias opiniones:

  1. La ley de la Torá en esta materia fue ocultada a Moshé.

Dos tzadikim se alabaron a sí mismos de que eran bien versados en Torá, y Di-s les hizo olvidar una ley.

El Rey David proclamó: “Tus leyes eran mis cantos en la casa donde yo era un extraño” (Tehilim 119:54). David implicaba que, aun estando en huida y en exilio, la Torá estaba constantemente sobre sus labios. A pesar de que en aquellos penosos tiempos no podía concentrarse tan profundamente como cuando estaba en paz, repetía incesantemente las palabras de la Torá como quien lleva un canto en sus labios. Di-s dijo: “David, no compares la Torá a un canto, alabándote a ti mismo de que sus palabras son tan familiares para ti como un canto. Errarás todavía respecto de una ley conocida incluso por niños pequeños”.

Cuando David trajo el Arón (arca) a Ierushalaim, no lo cargó sobre los hombros de sus portadores, sino que ordenó colocarlo sobre una carreta. Di-s se enojó y causó que los bueyes que empujaban la carreta temblaran. Un hombre llamado Uzá, que estaba cerca, pensó que el Arón iba a caer y lo tomó. Di-s mató a Uzá por este acto, porque debía haber entendido que el Arón que transporta a sus portadores ciertamente se transporta a sí mismo. David comprendió tristemente que esta tragedia había sido causada por su error, al haber colocado el Arón sobre una carreta. El Arón solo podía ser cargado sobre los hombros de los portadores.

Cuando Moshé designó jueces sobre el pueblo, anunció: “Cualquier materia que sea demasiado difícil para vosotros, traédmela a mí” (Devarim 1:17). Él debería haber dicho: “En cualquier materia difícil, preguntaré la ley a la Shejiná”.

Consecuentemente, Di-s ocultó de él una halajá que incluso las mujeres conocían.

  1. Según otro parecer, Moshé conocía la decisión halájica correcta. Sin embargo, al ver que los jueces inferiores habían remitido el caso a una autoridad superior, y que todo Beit Din se había abstenido de decidir, pensó: “Haré lo mismo. Hay Uno más grande que yo. Le preguntaré a Él”.

Con esto, Moshé enseñó a los jueces de todas las generaciones a no vacilar en consultar a una autoridad mayor cuando sea necesario.

Según este parecer, Moshé corrigió conscientemente su anterior declaración de que él resolvería por sí mismo las materias difíciles. Su teshuvá consistió en presentar públicamente su pregunta a Hashem.

  1. Moshé sabía que las hijas heredaban las posesiones de su padre si no había descendencia masculina. Sin embargo, dudaba si Tzelofjad, al ser primogénito, tenía derecho a una doble porción en este caso. La ley de la doble porción podría no aplicarse aquí, dado que Eretz Israel aún no estaba en posesión de Benei Israel.
  2. Según el Zohar, Moshé no estaba seguro de si el pecado de Tzelofjad (el mekoshesh) había sido completamente perdonado en el Cielo. Pensó que Di-s quizá no querría conceder a las hijas de este hombre una porción en la Tierra. La respuesta positiva del Todopoderoso indicó que el pecado de Tzelofjad había sido expiado. Di-s respondió a la pregunta de Moshé: “Las hijas de Tzelofjad han argumentado correctamente. Esta fue la ley establecida ante Mí en lo Alto”.
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