Palabras que matan

Las palabras son como flechas y como carbones que arden lentamente…

En Mezhibush, la ciudad natal de Rabí Israel Baal Shem Tov (el fundador del movimiento Jasídico, 1698-1760), dos residentes locales estaban envueltos en una amarga disputa . Un día, estaban gritando, muy enojados, en la sinagoga cuando uno de ellos exclamó: “¡Lo rasgaré a pedazos con mis propias manos!”

El Baal Shem Tov que estaba en la sinagoga en ese momento, dijo a sus discípulos que formaran un círculo, que tomaran la mano de su vecino, y cerraran los ojos. El propio Rabí Israel cerró el círculo poniendo sus manos en los hombros de los dos discípulos que estaban de pie a su derecha y a su izquierda. De repente, los alumnos soltaron un grito de espanto: ¡detrás de sus párpados cerrados vieron que el hombre enfadado rasgaba a su compañero realmente, así como había amenazado!

Las palabras son como flechas, dice el Salmista, y como carbones que arden lentamente. Como flechas, explica el Midrash, pues el hombre está de pie en un lugar y sus palabras pueden arruinar y causar estragos a otra vida, a muchos kilómetros de distancia. Y como un carbón cuya superficie exterior se ha extinguido pero cuyos restos interiores están aún en llamas, así también las palabras malévolas continúan trabajando y causando daño mucho después de que su efecto externo se ha evaporado.

Las palabras matan de muchas maneras. A veces ponen en movimiento una cadena de eventos que las convierten en una auto profecía; otras, se desvían del objetivo de su veneno para golpear a algún espectador inocente; y a veces vuelven como un bumerang para perseguir a quien les dio origen. Cualquiera sea su destino, las palabras odiosas llevan inevitablemente a acciones odiosas, posiblemente años o incluso generaciones después de que se profirieron. La naturaleza humana es tal que los pensamientos se esfuerzan por encontrar expresión en palabras habladas, y las palabras pronunciadas buscan realización en los hechos a menudo por caminos tortuosos que el divulgador original de esas palabras no deseó ni anticipó.

Pero el poder de la palabra corre más profundamente que su potencial traducido en acción. Aun cuando este potencial nunca se comprende, aun cuando las palabras habladas nunca se materialicen en el “el Mundo de la Acción,” todavía existen en lo más alto, en el más espiritual “Mundo de Discurso”. Pues el hombre no es sólo un cuerpo, – también es una alma; no sólo es un ser físico, sino también es una criatura espiritual. En el plano físico, las palabras habladas pueden ser sólo significantes como acciones potenciales; en la realidad del alma, son reales.

Esto es lo que el Baal Shem deseó mostrar a sus discípulos concediéndoles un vislumbre en el mundo de las palabras habitado por las almas de los dos combatientes verbales. Él quería que entendieran que cada palabra que proferimos es real, entre o no en la fruición del “Mundo de la Acción” en el que nuestro ego físico reside. Cada palabra nuestra es tan buena (y tan mala) como el hecho.

Lo mismo es así, claro, en el sentido positivo: una palabra de alabanza, una palabra de estímulo es tan buena como si fuese un hecho en la realidad espiritual del alma. Incluso antes de que una palabra buena haya derivado en un hecho bueno, ya ha tenido un efecto profundo y duradero en nuestro estado interno y nuestro mundo.

Por Yanki Tauber; basado en las Enseñanzas del Rebe de Lubavitch



Un ramo de rosas

Amo las flores, como la mayoría de las mujeres. Mis favoritas son las rosas rojas de largos tallos. De todas formas, un ramo de orquídeas, petunias o fresias, siempre provocará una sonrisa en mi rostro. Mi esposo sabe de mi debilidad. La usa para su provecho, cuando desea conquistar mi corazón o ganarse mi perdón, por cualquiera de sus actos fallidos, comunes a todos los esposos.

 La otra tarde, cuando mi marido se dirigía a la puerta de entrada, le recordé acerca de su promesa de estar de vuelta a las 7:30 p.m puntualmente. Yo debía dictar una clase a las 8:00 y antes debía terminar de arreglar algunos detalles. Puse mucho énfasis en mi necesidad de salir puntualmente, pidiéndole que no perdiera de vista su reloj.

Exactamente a las 7:31, me pare en la puerta de casa, tratando de divisar calle abajo nuestra camioneta gris. A las 7:45 ya me paseaba impacientemente por el pasillo, mirando el reloj, y a las 7:53- cuando finalmente mi esposo pisaba los escalones del frente.- Apenas si pude contenerme.

 Blandiendo un exquisito ramo de rosas, me contó que había pasado delante de un puesto, y compró especialmente para mí estas hermosas flores. Me contó que, sabiendo lo mucho que amo las rosas, decidió que vale la pena detenerse, y por eso se habría retrasado un poco en el proceso.

Si no hubiese estado tan apurada, hubiera soltado mi lengua, y contrariamente a su percepción, le hubiera expresado lo enojada que estaba. En lugar de esto, sin pronunciar una palabra, le arrebaté las llaves de la camioneta, deje el ramo y me dirigí raudamente a la puerta. Dejando de lado los recados que debía hacer y pasando algunas luces rojas en mi camino, llegué a mi clase, con mis nervios de punta, justo a tiempo.

 Luego de unos instantes, me calmé y pude dictar mi clase, como siempre.

La mayoría de las participantes eran mujeres de diferentes entornos sociales, que deseaban explorar su espiritualidad a través de las enseñanzas de la Torá y el Jasidut.

Cuando la clase llegó a su fin, una de las ellas, Diana, me pregunta por quée era tan necesaria una religión organizada. ¿Por quée no es suficiente con sentir a Di-s en nuestros corazones? ?Para qué son ineludibles los preceptos de hacer y de no hacer que posee el judaísmo?

 Pensé por un instante. De pronto, se me ocurrió una interesante analogía.

Relaté a las mujeres acerca de los acontecimientos de esa tarde, previos a mi llegada a la clase. Les pregunté si creían que era justificado que me enojara por la compra que había realizado mi esposo.

Debido a la confraternidad que existe entre mujeres, estaba segura de la respuesta que me darían. Por supuesto, creían que semejante conducta era totalmente inapropiada.

 Pero, ¿por quée? pregunté. ¿Qué tiene de malo que le haya hecho algo que suponía me gustara?

Le dijiste que necesitabas que él estuviera en casa en horario y el lo desestimó totalmente. Estaba tan inmerso en su propio entendimiento que no podía ver tu perspectiva, tu necesidad de llegar a tiempo.

Diana declamaba el mismo tipo de respuesta que las deméas.

 Es cierto, pero el llegó tarde porque me compras un regalo. ¿No prueba eso su amor? . 

Yo jugaba el rol del abogado del diablo.

Diana insistía. Es verdad, el deseaba de complacerte. Pero en sus términos, no en los tuyos. El estaba relegando tu necesidad y deseo explíicito, para hacer algo que él imaginaba que te encantaría. Creo que de esto se trata la Torá dije. Di-s nos dice Sus terminos,- lo que El necesita de nuestra relación. Por supuesto que podemos obviar sus deseos, y hacer algo maravilloso y benevolente. Incluso podemos tenerlo a el en mente.

 Pero, ¿no es que finalmente estamos actuando en nuestros propios términos, sin tomarlo en cuenta los de el? No siempre entenderemos Ssus necesidades o pedidos. Pero la Toráa es la comunicación explíicita de Di-s con nosotros, diciéndonos: que es lo que Yo necesito, que es realmente importante para mi. Esto es lo que puedes hacer para tener una relación conmigo. Quizás tu no lo comprendas. A veces entenderás, otras no, pero esto es lo que Yo deseo que hagas.

Cuando regresé a casa esa noche, las rosas estaban colocadas en un jarrón de cristal en la mesa de la cocina. A su lado había una pequeña nota.

Era un sincero pedido de disculpas.

Supongo que, incluso los maridos, a veces las obtienen.

 

Chana Weisberg

¿Di-s es femenino o masculino?

¿Por qué Di-s siempre es referido en sexo masculino? Lo llamamos Nuestro Padre, nuestro Rey, y siempre es “Él”. Obviamente Di-s no es un hombre. ¿Por qué el judaísmo perpetúa esta dominancia masculina patriarca?

De hecho, Di-s trasciende todo género. Siendo la fuente de toda vida, Di-s alberga tanto género masculino como femenino. Esto está reflejado en nuestras plegarias. A veces llamamos a Di-s en aspecto femenino, y a veces en su aspecto masculino. Depende del contexto.

De hecho, nos referimos a Di-s en femenino en una de las plegarias más populares: “Lejá Dodi”. Cada viernes a la noche, recibimos a la “Novia Shabat”, y a la “Reina Shabat”. ¿Quién es esta novia real? Es la Shejiná, la Divina Presencia femenina que desciende en este día de descanso. ¿Por qué Di-s es femenino en esta plegaria, mientras que en la mayoría de las plegarias es masculino?

Para responder a esto, analicemos una básica referencia entre masculino y femenino. Conozcamos a Brenda y Mike.

Mike llega a casa luego de un estresante día de trabajo. Brenda percibe su mal humor.

Brenda: ¿Qué sucede Mike? ¿Está todo bien?

Mike: ¿Eh?

Brenda: ¿Qué te está molestando?

Mike: Nada

Brenda (ofendida): ¿A qué te refieres con nada? Yo veo que hay algo malo. ¿No te importo lo suficiente como para compartir tus sentimientos?

Mike: ?????

Brenda se ha olvidado que los hombres sólo comparten sus problemas cuando piensan que puedes ayudarlos a encontrar una solución. De lo contrario, ¿Para qué cargar a otro con sus problemas? Siendo que Mike siente que sus temas en el trabajo no le conciernen a Brenda, se los guarda para él mismo. Ella no le puede aconsejar, así que él intenta solucionarlo por sus propios medios. Mientras tanto, ella se siente abandonada y no involucrada, porque las mujeres comparten sus problemas no para encontrar una solución, sino sólo para compartirlos y sentirse acogidas y amadas. Ella no planeaba aconsejarle nada, sólo quería estar allí para él. Pero los hombres no entienden eso.

Ahora, demos vuelta las cartas. Otro día, Brenda llega a casa del trabajo, y antes de que Mike le diga algo ella le dice:

Brenda: He tenido un día tan estresante. Mi jefe es un animal. No puede parar de presionarme sin importarle lo que hago. Y no puedo soportar su condescendiente actitud.

MIke: Te he dicho un millón de veces que debes dejar el trabajo. ¿Por qué sigues yendo?

Brenda (frustrada): No te he pedido un consejo sobre mi carrera, te estoy contando sobre mi día. Estoy muy contenta con mi trabajo.

Mike: ?????

Lo que Mike no entiende es que las mujeres lidian con sus problemas de forma diferente a los hombres. Brenda no buscaba un consejo, ella buscaba comprensión. Todo lo que Mike tenía que hacer era escucharla con mirada comprensiva y emitir el tan tranquilizante sonido de “mmmmm”. Esta es la manera femenina de lidiar con un problema: compartirlo con alguien que le importe, y ellos al escuchar, harán que ella no se sienta mal. A los hombres les gusta aconsejar, pero las mujeres solo quieren compartir sus frustraciones para luego sentirse mejor, incluso si no cambia nada.

Esto es por supuesto una generalización. Pero es muy cierto. Para un hombre, un problema precisa una solución. Para una mujer, un problema precisa ser compartido. Los hombres intentan cambiar los hechos. Las mujeres intentan cambiar los sentimientos. Los hombres intentan mejorar la situación. Las mujeres intentan sentirse mejor con las cosas de la manera que son.

Ahora veamos a Di-s. Di-s tiene modos de expresión femenina y masculina, porque Di-s es la fuente de ambos. Di-s puede ser el solucionador masculino de los problemas, o el tranquilizador femenino de las almas turbadas. En la plegaria, nos dirigimos a ambos. Depende de la circunstancia. A veces queremos una respuesta masculina de Di-s, y a veces precisamos un acercamiento femenino.

Generalmente rezamos porque hay un problema que tiene que solucionarse. Alguien está enfermo y precisa una curación, alguien está deprimido y precisa que se lo “levante”, hay gente hambrienta que precisa que se la alimente, y el mundo está lleno de dolor y oscuridad y precisa cambiarse. Sería desubicado dirigirse al lado femenino de Di-s con estos pedidos. No queremos sentirnos mejor sobre la pobreza, queremos acabarla. No queremos llegar a un trato con la enfermedad; queremos una cura. Así que le rezamos a “Nuestro Padre, nuestro Rey”, el aspecto masculino de la Divinidad. “Di-s, ¡soluciona el problema!”.

Pero hay veces que no buscamos un cambio en el mundo, sino una apreciación del mismo en un nivel más profundo. En Shabat, no queremos arreglar cosas. Desistimos de la agresiva misión de mejorar al mundo a través del trabajo y la creatividad, y disfrutamos de los placeres naturales que el mundo ya tiene: amistad, familia, espiritualidad. Más que cambiar la realidad, buscamos nutrir su belleza innata.

Así que en la noche del viernes, recibimos a la Divina Presencia en la forma de “La Reina Shabat”, o la “Novia Shabat”. Es el aspecto femenino de la Divinidad que desciende en Shabat, no para resolver los problemas del mundo, sino para adentrarnos en la conciencia de que el mundo en el que vivimos ya es bello.



Simbolismo en una sinfonía

Hace algunas semanas asistí a un concierto, que por algún motivo me resultó sumamente aburrido. Para pasar el tiempo, me dediqué a observar a los integrantes de la orquesta. Uno de ellos llamó mi atención. Estaba sentado en medio del grupo y aparentaba no tener ningún instrumento. Finalmente tomó su triángulo, lo hizo sonar y tomó asiento nuevamente. Lo miré por el resto del concierto: su aparición se repitió solo una o dos veces más.

Este percusionista, ¿era menos que los otros miembros de la orquesta?. No. Pensé entonces en el compositor de la sinfonía, que escribió la partitura incluyendo a ése hombre en ella. Me di cuenta de que para él, este detalle no era de poca importancia, quizás era la esencia de toda la partitura, y los otros músicos estaban allí sólo para complementarlo. Y mientras yo, quizás, hubiera elegido dejar fuera esta parte, esa omisión hubiese significado para el compositor la destrucción de la calidad y el sentido de la pieza que compuso.

Me percaté de haber descubierto en esta escena un concepto de suma importancia en la Divina Providencia (Hashgajá Pratit). Muchas veces pensamos que ese hombre o mujer que hace más “ruido”, que es el más visible, es el que tiene “el rol protagónico en la vida”. La persona puede pensar que en su rutina no está haciendo “nada interesante”.

Pero ese es exactamente el rol que Hashem, El Compositor, escribió para ella en este mundo y si abandona este papel y toma otro, Su sinfonía estaría incompleta.

El percusionista del concierto no se sentía ningún tonto levantándose una y otra vez, golpeando su instrumento. Por el contrario, comprendía su importancia. Estaba convencido de que representaba su rol con la mayor habilidad posible, llevando a cabo la intención del compositor de darle armonía y belleza a la partitura.

Cada uno de nosotros es un “percusionista”, debiendo llevar a cabo nuestra misión en este mundo como iehudim con el mayor compromiso hacia la Torá, que es La Partitura de Di-s.

Cuando comenté mis conclusiones a una amiga, luego del concierto, se sintió impactada por el análisis y dijo: “ Ya ves, la sinfonía no fue una pérdida de tiempo, después de todo, puedes utilizar este argumento en alguna charla o artículo que escribas…”. Eso fue lo que hice.

Fray Kranz, del Neshei Newsletter. 

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Contra todo pronóstico 

Durante mucho tiempo el gobierno soviético estuvo escrutando los movimientos de Rabi Levi Itzjak Schneerson, Rabino Principal de la ciudad de Yekaterinoslav y padre del Lubavitcher Rebe. No obstante, hasta el momento no había tenido éxito.

Llegó el día en que Rabí Levi Itzjak fue invitado a comparecer ante la Corte. Los cargos en su contra consistían en dirigir actividades judías en su casa. Esto estaba contra la ley, y si se le encontraba culpable, el castigo sería severo.

La aprehensión del Rab creció cuando vio a los dos testigos. El primero era el Conserje del edificio en que él vivía, un judío comunista acérrimo. Rabí Levi Itzjak supo que este testigo era de mucho peso.

El otro era su vecina de al lado, una mujer cuyo marido estaba a la cabeza del Partido comunista regional. Y los eventos recientes le habían dado más razones para cuidarse.

No hacía mucho, una joven pareja judía, ambos de alta clasificación jerárquica de empleos gubernamentales, había aparecido repentinamente en su departamento en medio de la noche, pidiendo que los case “según la Ley de Moisés e Israel”.

Era una proposición peligrosa: No sólo por el hecho de que el Rab no los conocía personal‐ mente, sino porque para llevar a cabo una ceremonia judía bajo una jupá, tendrían que ser

encontrados diez hombres judíos (un minián). En un corto tiempo, se congregaron nueve judíos en la casa del Rabino. ¿Dónde localizarían un décimo? Sin otra opción el Rab tomó la decisión de pedirle al Conserje del edificio que participara. “¡¿Yo?!”

El hombre saltó como si hubiera sido mordido por una serpiente. “Sí, usted”, Rabí Levi Itzjak contestó. Sorprendentemente, el Conserje estuvo de acuerdo, y la boda clandestina fue realizada.

El segundo testigo también había estado recientemente envuelto en una actividad que podía implicarlo.

Cierta vez, un mensajero confidencial vino a la casa del Rab y le informó que al día siguiente, el marido de la mujer, el comunista de alto rango jerárquico, realizaría un viaje de negocios desde la mañana hasta la noche.

La razón real de su ausencia, sin embargo, era permitirle al Rab realizar el Brit Milá (circuncisión) de su hijo recién nacido.

Rabí Levi Itzjak no sabía si se trataba de una trampa. Pero al día siguiente, el infante ingresó en el Pacto de Abraham. Esa tarde, el padre del bebé volvió a casa y armó un escándalo por el “terrible” acto que se hizo sin su conocimiento.

La tensión era grande. El Conserje fue el primero en testificar: “Como todos ustedes saben”, empezó, “sé perfectamente quienes entran y salen del apartamento del Rabino Schneerson.

Los únicos visitantes extraños que he notado son dos viejos parientes que de vez en cuando vienen a visitar”

Ahora era el turno del segundo testigo. “Como vecina del Rabino Schneerson” la mujer testificó, “siempre esperé que como líder espiritual, intentara establecer contacto con los miembros de su fe.

Me sorprendo pues nunca he notado ninguna actividad ilegal durante todo el tiempo que ha vivido en la puerta próxima a mí.”

Rabí Levi Itzjak Schneerson salió indemne en esta ocasión. Pero la evidencia contra él se continuó amontonando hasta que en 1940, fue declarado “enemigo de las personas” y se lo desterró a Asia Central.

Luego de mucho sufrimiento devolvió su alma al Creador, el 20 de Menajem Av de 5704 (1944), sea su memoria para bendición.

 

El día menos esperado llegó

Recuerdo haber escuchado la noticia, el domingo por la mañana (horario en Israel), y correr hacia el aeropuerto. Había llegado al cementerio horas después del funeral.

Nosotros (mi señora, mi hija de 20 meses y yo) habíamos traído nuestra ropa en una mochila, ya que teníamos pensado regresar a Tel Aviv esa misma noche. Nos quedamos siete días, de los cuales la mayoría de ellos los pasé en la oficina en 770, Eastern Parkway trabajando en un número de “Week in Review”, un resumen semanal de las enseñanzas del Rebe que editaba en ese momento. Recuerdo haber observando con asombro lo que estaba sucediendo, y lo que no, en la comunidad de Jabad-Lubavitch.

Casi todo lo imaginable estaba sucediendo, a excepción de lo previsible y natural que todo el mundo esperaba que ocurriera. Había conmoción e incredulidad, dolor y agonía. Habían desacuerdos y muchas respuestas sin responder.

Pero no había desesperación, ni tampoco parálisis. Cada uno de los emisarios del Rebe, discípulos y seguidores se preguntaban a sí mismos: “¿Qué debería estar haciendo?” y lo hacían.

Recuerdo haber pensado: El Rebe, quien ha redefinido prácticamente cada aspecto de la vida, también ha redefinido la muerte.

Así era el camino del Rebe. Él podía, por ejemplo, considerar el concepto de “trabajo”. Con pasos seguros, aprovechando la sabiduría de la Torá y la verdad de la experiencia cotidiana, demostraría que el trabajo es igual a la creatividad, la creatividad es igual a la sociedad humana con el Creador, y la asociación humana con el Creador es la razón de ser de la vida humana .

Esta verdad, por supuesto, se dijo hace miles de años por el Versículo: “El hombre ha nacido para ir a trabajar”. Pero esa declaración, que siempre nos ha atascado como un melancólico hecho de la vida, se convirtió, en manos del Rebe, en la clave para la comprensión de lo que nos hace funcionar y lograr satisfacciones en nuestros labores diarios.

 

Él hizo lo mismo con “matrimonio”, “amor”, “lluvia”, etc. El solía tomar un fenómeno natural, una curiosidad cultural, una actividad diaria, y cuando terminaba de analizarlo y aplicarlo, era algo diferente. No, era la misma cosa que siempre fue, pero en la claridad de su visión, su esencia era expuesta, revelando cuán escasa y superficial era nuestro concepto previo.

En una de sus charlas, el Rebe citó el dicho Talmúdico que “El sueño es la sexagésima parte de la muerte”. Bueno, dijo el Rebe, si el sueño es una forma de muerte, entonces la muerte es una forma de sueño. El sueño no es una terminación o incluso una interrupción de la vida, es un momento de Fomento, el cual el cuerpo y el alma recuperan sus energías para levantarse fresco y renovado el próximo día. Así es la muerte. La muerte, dijo el Rebe, es un “descenso en aras de subir”.

¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? La preguntas sin responder siguen sin respuesta. Pero sabemos lo que debemos hacer, y lo estamos haciendo. Puedes verlo por ti mismo, si resides en el planeta tierra, probablemente te encuentres a poca distancia de un Centro de Jabad Lubavitch.

El Rebe nos ha entrenado bien.

Por: Yanki Tauber



Una historia de amor en Shavuot

Dr Abraham Twerski es un renombrado psiquiatra y rabino que trasciende de una distinguida estirpe de líderes jasídicos. Además fundó y dirige exitosamente centros de rehabilitación para drogadictos en Pittsburgh y es autor de libros populares de auto-ayuda. En Shabat y Festividades, se encuentra en su hogar, donde recibe invitados que comparten las comidas festivas con su familia. Durante las mismas, relata interesantes anécdotas Jasídicas que le fueron transmitidas de generación en generación- legados de la tradición oral judía.

Durante una cena sabática, cuando el Rabino concluyó una de sus narraciones, uno de los invitados sugirió respetuosamente: “¿Por qué no recopila estas historias en un libro? Son tan conmovedoras, y me es difícil recordar los detalles cuando quiero relatarlas”. El Dr Twerski permaneció en silencio unos instantes y dijo: “Yo solía decir lo mismo a mi tío”.

Más tarde, ese año se publicó el primer tomo de “Generación en generación”. En Venice, California; Marilyn recibió una copia del libro del Dr Twerski como regalo. Tenía algo más de treinta años, era divorciada y criaba a su hijo, David. Pertenecía a una familia poco tradicionalista, y era muy escaso lo que conocía acerca de judaísmo. Por recomendación de una amiga asistió a varios cursos, lo que provocó que comenzara a frecuentar la Sinagoga y estudiar Torá. Pronto incorporó a su vida varias prácticas religiosas, como ser el comer casher y observar el Shabat. Marilyn era una conocida disertante en el campo de nutrición para deportistas. En junio de 1986 debía exponer en Atlantic City y, en su vuelo de regreso todo se complicó. En su itinerario debía hacer una escala en Filadelfia y otra en Pittsburgh, abordando allí su avión a Los Ángeles. Quería volver a casa y encontrarse con su hijo David, que saldría de campamento el domingo. Pero al acercarse a la puerta de embarque en el aeropuerto de Filadelfia, oyó que desde el altavoz repetían: “El vuelo 181 a Pittsburg será demorado 15 minutos debido al mal tiempo. Pedimos disculpas por la molestia”.

“¡Oh no!” dijo Marilyn, y sintió pánico al mirar su reloj. Afortunadamente, aún le quedaba tiempo para alcanzar su conexión a Los Ángeles. Mientras aguardaba impacientemente, hubo otro anuncio: “El vuelo 181 a Pittsburgh será demorado otros veinte minutos”.

Su desesperación era terrible. Ahora temía perder su vuelo de enlace. Y de pronto descubrió que no tenía solución alguna. Como judía observante no viajaba Shabat o lom Tov, pues la ley judía lo prohíbe. Con la caída del sol ese día (era miércoles) comenzaba la festividad de Shavuot, y a continuación seguía Shabat. ¡No podría viajar hasta el sábado a la noche! Todo parecía derrumbarse. Debía ayudar a David a empacar… Y aunque su hijo estuviera en casa de amigos, ¿dónde estaría ella los tres próximos días observando adecuadamente la festividad y el Shabat? Mientras tanto anunciaron que el vuelo 181 debía abordar. Viajó rezando para lograr alcanzar su avión a Los Ángeles. Al arribar, corrió desesperadamente al mostrador, para confirmar que su vuelo ya había partido.

Se paralizó por unos instantes. Lloró, sintiendo impotencia. Luego de unos minutos se calmó y llamó a su Rabino en Los Ángeles. “Quédate en Pittsburg durante los días de Shavuot y Shabat” – le aconsejó. “Nos encargaremos de tu hijo. Encuentra una familia judía que te aloje”. 

Como no tenía conocidos en Pittsburgh, intentó llamar a las sinagogas locales, pero debido a la proximidad de lom Tov ya nadie se hallaba en las oficinas. Probó suerte con otras organizaciones judías. No halló nada. El pánico comenzó a apoderarse de ella. Revisó su billetera; casi no tenía dinero. Nunca se había sentido tan desprotegida.

De pronto, recordó el nombre de Abraham Twerski, el autor del libro “Generación en generación”. ‘Él vive en Pittsburg y tiene un centro de rehabilitación. ¡Debo encontrarlo!’ se dijo. Tomó un taxi a la clínica de Twerski, gastando prácticamente todo el efectivo que llevaba consigo. Halló su oficina, pero estaba vacía. En la clínica se encontraba un médico asociado. “¡Necesito el teléfono particular del Dr Twerski! dijo Marilyn. “Lo siento, no puedo dárselo” dijo el médico. Ella trató de explicarle, pero debido a su frenética manera de expresarse, sólo logró poner nervioso al doctor.

“¡Por favor, el Rabino comprenderá!” suplicó Marilyn “Usted debe ayudarme” La angustia de la mujer era tan genuina que el médico decidió llamar al hijo del doctor Twerski. Éste hizo todos los arreglos para que Marilyn se alojara en la casa de una familia judía vecina de los Twerski. A los 20 minutos, el hijo del Doctor la pasó a buscar y la llevó a la casa vecina. No había palabras para agradecer todo lo realizado. 

La anfitriona de Marilyn la recibió cálidamente en la puerta. El aroma a jalá recién horneada flotaba en el ambiente. “Bienvenida, permíteme que te muestre tu habitación”. Subieron la escalera y la dejó descansar. Ya más tranquila, pero preocupada por su hijo, llamó a una amiga para que verifique que todo esté en orden. Luego llamó a David y le relató lo sucedido. Después se refrescó y bajó al comedor. El espíritu festivo era palpable y contagioso. Encendió las velas de lom Tov junto a las otras mujeres de la casa, que luego aguardaron a que los hombres regresaran del Templo. Cuando llegaron, todos se saludaron alegremente. Marilyn fue acomodada en un lugar de honor en la mesa. La calidez y las alegres melodías envolvieron y pacificaron a Marilyn, creando en ella una apertura a lo que el destino pueda ofrecerle. Al retirarse a su habitación, se sumergió en un apacible y profundo sueño.

Al día siguiente, Marilyn almorzó en la casa de los Twerski. Luego de escuchar lo sucedido a su visita, la Sra Twerski dijo: “Debe existir una razón para todo lo que te ha sucedido”.

Durante la comida, Marilyn sintió la misma magia que la noche anterior. Del otro lado de la mesa, varios hombres estaban enfrascados en diferentes conversaciones. Uno de ellos, Steven, comenzó a llamar su atención. Tenía ojos celeste claro, y una actitud cálida, y desplegaba una admirable convicción en sus creencias. Además era muy divertido. A medida que avanzaba la comida, parecía que las ocurrentes bromas estaban destinadas sólo a ella.

Al concluir el almuerzo, Steven se ofreció a acompañarla a casa. Caminaron lentamente, conversando amigablemente. Marilyn se sintió molesta cuando llegaron a destino, buscando cualquier excusa para continuar la charla. Por el resto del día, sólo pensó en Steven.

A la mañana siguiente, mientras desayunaba, preguntó a su anfitriona dónde almorzaría Steven luego de la Plegaria. Marilyn se aseguró de almorzar en el mismo sitio. Pero para su decepción, Steven no apareció por allí. Le comentaron que él salía con alguien. “¿Cómo pude confundirme así? ¿Sólo yo sentía una conexión?” pensó Marilyn.

El sábado a la noche, mientras Marilyn empacaba lentamente sus pocas pertenencias, sonó el teléfono. Era Steven.

“Hola! Estoy tan feliz de hablar contigo” dijo él. Marilyn respondió: “Yo también”

“Al otro día de verte cambié mis planes del almuerzo para comer donde tú estabas y poder estar juntos, pero estuviste en otra casa”.

Marilyn sonrió, pero no dijo nada.

“¿Te vas mañana?” le preguntó.

“Sí, a primera hora”

“¿Saldrías a tomar algo conmigo esta noche?”.

“Si, por supuesto” dijo ella.

Esa noche salieron, hablaron de muchas cosas. Ella supo que él no salía con nadie. Al otro día, la llevó al aeropuerto.

Cuando Marilyn llegó a su casa, y apenas colocó la llave en la puerta, sonó el teléfono. Era Steven.

“¿Cómo estuvo el viaje?” le preguntó.

“Bien. Acabo de entrar”.

A los pocos días la llamó y le dijo: “Viajaré a Los Ángeles para visitarte”.

Luego de esa visita, Marilyn volvió a Pittsburgh.

Cinco semanas después, ambos estaban seguros acerca de sus sentimientos y se comprometieron.

Luego de casarse, se instalaron en Pittsburgh, cerca de la casa de los Twerski, y tuvieron cuatro hijos. Pero en realidad, su conexión había comenzado bastante antes del retraso provocado por la neblina.

¿Quién era el invitado que sugirió al Dr Twerski escribir sus historias Jasídicas en un libro? El caballero era Steven.

Ruth, la razón de ser

El Libro de Ruth fue escrito por el profeta Shmuel.

Es apropiado leer el Libro de Ruth en Shavuot, por dos razones:

Primero, porque nos da una visión de la cosecha, y cómo eran tratados los pobres durante esta época, con bondad y amor.

En segundo lugar, porque Shavuot es el aniversario de la muerte del rey David, y en el Libro de Ruth tenemos el origen de la Casa de David. El Rey David fue el bisnieto de Ruth y Boaz.

Pero quizás la razón más importante para la lectura del Libro de Ruth en este festival sea el hecho de que nos brinda una vivida descripción del perfecto Guer Tzedek, el prosélito o converso al judaísmo.

Shavuot es la época de la “Entrega de Nuestra Ley”, y cuando la recibimos, nosotros también, como el Guer Tzedek, juramos aceptar la Torá y cumplir sus 613 Mitzvot —mandamientos—.

La aceptación sin vacilaciones de la Torá y sus magníficas enseñanzas es nuestro orgullo. A pesar de todas las aparentes restricciones y responsabilidades, que coloca sobre los hombros de todo judío adulto, tenemos conciencia del privilegio de formar parte del “pueblo elegido” por Di-s.

Sin embargo, no buscamos prosélitos, o conversos.

Cuando un Guer viene y dice que quiere abrazar el judaísmo, nuestra Torá nos dice que es deber nuestro indicarle todas las dificultades y el peso de la responsabilidad que cabe a cada judío para cumplir dignamente la Torá. Debemos demostrarle que está eligiendo un camino muy difícil, y un modo de vida que no es popular en el resto del mundo.

Si, a pesar de todas estas consideraciones y advertencias, el Guer insiste en su deseo de abrazar el judaísmo, entonces sí podemos estar orgullosos de aceptar a un hombre así en nuestra congregación, pues seguramente será un judío devoto y sincero.

Onkelos, el famoso autor del Targum (traducción de la Biblia al arameo), fue un Guer Tzedek, y también lo fue Ruth.

Ruth era una princesa Moabita que profesaba altos ideales.

No estaba satisfecha con la adoración de ídolos en su propio pueblo, y cuando se presentó la oportunidad, abandonó los privilegios de la nobleza en su tierra para aceptar una vida de pobreza entre el pueblo que admiraba.

He aquí cómo ocurrió.

Eran los días en que los Jueces regían Israel.

Los hijos de Israel se habían alejado de la observancia de la Torá, haciéndose acreedores al castigo de Di-s. El hambre reinaba en toda la tierra.

Había un cierto personaje en Judea llamado Elimelej. Era un rico mercader que no estaba acostumbrado al hambre y la pobreza, y pensó que podía escapar a la miseria yéndose a otro lado. Junto con su esposa, Naomí, y sus dos hijos, emigró a Moav.

Ruth se hizo amiga de la familia judía, y comenzó a comparar su modo de vida, diferente, con el que ella llevaba.

Aprendió a admirar las leyes y costumbres judías, y la desazón que había sentido ante la vacía adoración de ídolos por parte de su pueblo se transformó en abierta crítica.

De esta manera, cuando uno de los hijos de Naomí le propuso matrimonio, se sintió feliz y orgullosa de aceptar.

No tuvo remordimientos por lo que dejaba atrás, su vida plena de lujos en el palacio, su título real, las posibilidades de riqueza y honores en el futuro. Todo lo que veía era el egoísmo y la crueldad de su gente, y la diferencia notoria con los judíos, a quienes ya se sentía profundamente ligada.

Elimelej y sus dos hijos murieron, y Naomí se convirtió en una pobre viuda, sin saber hacia dónde ir o qué hacer.

Por eso, Naomí dijo a Ruth y a su otra nuera, Orpá (también moabita): —Hijas mías, debo irme, y he decidido regresar a mi ciudad natal, Bet-Lejem. Las cosas no pueden estar muy bien allí, y no hay razón para que vosotras también sufráis. Aceptad mi consejo, entonces, y regresad a la casa de vuestros padres. Vuestros esposos están muertos, y quizás, si os quedáis en vuestra propia tierra, podréis encontrar otros hombres y volver a casaros. Yo he perdido a mis hijos para siempre, pero vosotras sois jóvenes, y podréis encontrar nuevos maridos.

Orpá se entristeció, besó a su bondadosa suegra y se despidió de ella. Ruth se aferró a Naomí llorando y le suplicó que le permitiera ir con ella. Se lo imploró con palabras emocionadas, diciendo: —No me pidas que te deje y me vuelva, pues donde tú vayas, allí iré yo, y donde tú te hospedes, allí me hospedaré yo; tu pueblo es mi pueblo, y tu Di-s mi Di-s; donde tú mueras yo moriré, y allí seré enterrada; que ésto y más me haga el Señor si nada más que la muerte nos separa.

Ruth era perfectamente consciente de lo que hacía. Naomí le había recordado las dificultades que el judío enfrentaba en todo momento, pero con todo, permaneció firme en su propósito de seguir a su suegra y aferrarse a la fe de su adopción, que se había vuelto tan preciosa para ella. El futuro probaría que Ruth sería recompensada con justicia por su resolución, mas, aún en su pobreza, Ruth no tuvo remordimientos. Era la época de la cosecha cuando Ruth y Naomí llegaron a tierra de lehudá —Judea—.

Ambas estaban cansadas de su viaje, y Ruth insistió que Naomí descansara, mientras ella salía a los campos de Bet-Lejem para encontrar algo con qué paliar el hambre.

Ruth penetró en un campo donde muchos hombres estaban ocupados cortando trigo, mientras otros los ataban con hojas y otros más los apilaban en carretas para su transporte.

Un poco vacilante, pero alentada por el hambre y el pensamiento de que debía obtener algo de comer para su suegra, Ruth ingresó al campo y se sentó a descansar, y ver si allí tenía suerte. —¡Di-s sea contigo, extraña!

Ruth hizo señas de haber recibido el amable saludo. Se sintió aliviada al escuchar a la misma persona bondadosa —¿Por qué no te adentras más en el campo? No temas. Junta algo de grano para satisfacer tu hambre.

Boaz mismo, el dueño del campo era el que así hablaba a Ruth. En ese momento, él era el Juez de Israel.

Ruth le agradeció y recogió algunas mazorcas.

Estaba por retirarse cuando la misma voz bondadosa le instó a quedarse y juntar aquellas que los hombres habían dejado de cosechar en las esquinas del campo, como “Pea”.

—¿Qué es pea? —preguntó Ruth.

Nuestra Torá nos dice que cuando el dueño de un campo ha cortado el grano, debe dejar las esquinas para los pobres, los necesitados y los extranjeros, quienes pueden venir a cosecharlo ellos mismos y llevarse el fruto de su trabajo —contestó Boaz.

—¡Qué maravilloso! —exclamó Ruth.

Se quedó pues a cortar el grano de una punta del campo, y culminada su labor se preparó para retirarse.

—No necesitas irte todavía —insistió Boaz— ¿Por qué no te quedas y te beneficias con Léket?

—¿Qué quiere decir Léket? —preguntó nuevamente Ruth.

—Según nuestra Torá, si un cosechador no corta de un solo golpe la espiga, o no la ve, no puede volver atrás, sino que debe dejar el grano que no ha cortado, o se le ha caído, como beneficio para los pobres y extraños —explicó Boaz pacientemente.

Ruth no dijo nada, pero no vio razón alguna para rehusar beneficiarse con las leyes de la Torá que ella misma había abrazado sin reservas.

Cuando hubo recogido toda una canasta, volvió a Boaz, le agradeció muy sinceramente por su bondad y se dispuso a partir.

—Aún puedes quedarte —insistió Boaz—. Puedes tomar Shijejá.

—La Torá es verdaderamente ilimitada al velar por aquellos menos afortunados —dijo Ruth— ¿Ahora dime por favor qué es ‘Shijejá”?

—Cuando el propietario de un campo lleva su carga de grano hacia los depósitos, es posible que haya dejado por olvido algunos fardos en el campo. Pues bien, la Torá le prohíbe regresar y recogerlos, y debe dejarlos para los pobres, las viudas, los huérfanos y los extraños.

Ruth se alegró con su buena fortuna.

Había juntado casi más de lo que podía llevar. Naomí y ella estarían ahora a salvo del hambre, por un buen tiempo. Agradeció a Boaz una vez más, y éste le hizo prometer que volvería.

Ruth estaba llena de emoción mientras se dirigía en busca de su suegra. Le relató todo lo que le había sucedido en los campos de Boaz. Naomí se sintió feliz con el éxito de Ruth y con el hecho de que ésta hubiera agradado a Boaz, el generoso terrateniente. Además, le dijo a Ruth que Boaz era pariente de Elimelej.

Entretanto, Boaz había hecho averiguaciones sobre la extraña que había capturado su corazón, y descubrió que era la nuera viuda de Naomí. Debido al parentesco existente, y de acuerdo a las leyes de la Torá era recomendable que Boaz contrajera enlace con Ruth y así se lo hizo saber. Cuando Boaz pidió a Ruth que se casara con él, Naomí le recomendó aceptar.

De esta manera Ruth fue imprevistamente recompensada con riqueza y felicidad.

Ruth y Boaz tuvieron un hijo llamado Oved, quien fue padre de Ishai. El hijo menor de Ishai fue David, quien se transformó en el ungido del Señor y querido rey de todo el pueblo judío.

Hermanos de sangre

El Brooks en una de sus rutinas de “Two thousand Year Old Man”, tiene una línea en la define una “tragedia”. “Digamos que estaba por cortar mi dedo, bueno, es trágico, terrible. ¡Me duele! Pero si veo que una persona se tropieza y cae muerto en el acto, ¿qué me importa? No es mi problema” Compara eso con el versículo que dice “Ama a tu semejante como a ti mismo, Yo soy tu Di‐s” (Levítico 19:18) Esto demanda de nosotros que demostremos amor hacia otro judío de igual forma que nos queremos a nosotros mismos. ¿Cómo es posible amar al otro como a uno mismo? Recordando que Yo soy tu Di‐s, igualando el acto de amor de uno hacia su hermano con el amor hacia Di‐s.

La conexión del alma de un judío con Di‐s, esta replicada en la conexión entre judíos. Rechazar a un iehudí es equivalente a rechazar a Di‐s. ¿Cuál es tu prioridad? Dibuja en tu mente un retrato de ti mismo. Ahora agrega en tu imagen a un judío Yeminita con piel oscura, luego a un Jasid con su uniforme.

Introduce un etíope, un turista Americano y un granjero Israelí. ¿Qué tienen que ver todas estas personas contigo? No compartes el lenguaje, la cultura ni pigmentación con ninguno de ellos.

Sin embargo, son familia. Cuando algo malo les pasa, Di‐s no lo permita, esa conexión despertará en ti y querrás ayudarlo. Piensa en tu familia. La relación con tus hermanos es absoluta. Compartimos la sangre, padres y genes. Vivir en diferentes países no destruirá esa co‐nexión. Similarmente ocurre con los iehudim.

Nuestras diferencias son físicas, nuestras cosas en común son espirituales. Superficialmente podemos vernos diferentes, pero nuestro común denominador es nuestra alma.

Nuestra alma judía es una parte propiamente dicha de Di‐s. Desde la perspectiva del alma somos más que hermanos, más bien gemelos idénticos, con una padre en común, Di‐s. Cuando el énfasis de uno es el alma, entonces podemos lograr armonía entre todos los judíos.

El idéntico ADN espiritual que tenemos, es el código de nuestro destino en común y de poder sentir el amor y parentesco que uno tiene hacia el otro. Vivir en diferentes países no destruirá esa conexión.

Y a mi ¿Qué me cambia?

Quienes son padres de adolescentes conocen muy bien esta frase. Y seguramente,en el momento de escucharla, hierven cual una pava. Sin embargo, si analizamos concuidado esta expresión, veremos que lo que los jóvenes desean, es descubrir la relación que existe entre ellos y lo que se les transmite y además cómo influye ello en sus vidas.

En realidad, en el judaísmo, cada persona (sea adolescente o ya haya pasado esa etapa) debe cuestionarse el “en qué me cambia”. Estamos frente a Lag Baomer, el día dela elevación y alegría de Rabí Shimón Bar Iojai.

El Rebe de Lubavitch nos señala algunas de las enseñanzas y vivencias de Rabí Shimón, indicándonos “en qué nos debe cambiar”:

LA TORÁ ERA SU OFICIO: el Talmud señala como ejemplo de unión entre la Torá y la persona, a Rabí Shimón y sus alumnos ya testigua que la Torá era su oficio. Su unión con ella era tal que no sólo estudiaba Torá todo el día, sino que toda su esencia era laTorá.

¿Pero qué relación tiene esto con cadajudío? El ‘artesano’ se ocupa de muchasotras cosas además de su oficio. Sin embargo, su actividad’ es una específica. Es suesencia. Allí vuelca sus capacidades. Cada judío debe saber que la Torá es su herencia ‘morashá’ y aunque a lo largo del día no pueda ocuparse por completo de su estudio, pues está atareado con sus que haceres, debe saber que ‘la Torá es su oficio’.

Y debe dedicar tiempo a estudiarla. Y al igual que Rabí Shimón, durante esos momentos debe consagrarse a comprenderla y lograr que a lo largo de todo su día sea notorio que su verdadero oficio es la Torá.

LAS CAUSAS QUE PROVOCAN SANCIONES: Rabí Shimón expresó que tenía la posibilidad de anular las causas indeseables(pecados) que provocan puniciones y lograr que no quede vestigio de ellas.

Se entiende que la intención de Rabí Shimón no era la de alardear -Di-s libre- sino la de transmitir que no sólo un gigante en la Torá, sino cada iehudí tiene la posibilidad(‘puedo’) de redimir al mundo. Pues aun que se encuentre en un nivel inferior, sólo con un pensamiento de Teshuvá (retorno) puede convertirse en un Tzadik. Y así saber que la llegada del Mashíaj depende de cada uno de nosotros.

HAY ALGO PARA CORREGIR?: El Talmud nos relata que cuando Rabí Shimón salió de la cueva después de 13 años, su primer pregunta fue: ¿En qué puedo ayudar para aliviar la vida de los iehudim? Le mostraron un lugar en el camino, del que se sospechaba era impuro y provocaba que los cohanim (sacerdotes) se desviaran para evitarlo.

Debido al gran amor al prójimo deRabí Shimón, en lugar de correr a ver a su familia y amigos de quién estuvo desconectado 13 años, se ocupó primero de corregir algo que provocaba incomodidad a algunos judíos. El mensaje: Cada uno de nosotrosdebe realizar el esfuerzo necesario para ayudar tanto material como espiritualmente atodo iehudí, aunque la tarea no nos parezca trascendental o faraónica. Sobre todo en estaé poca en que lamentablemente, muchos judíos no sólo se desvían sino que están perdidos en el camino, y suplican que alguien se acerque para indicarles la dirección correcta.

(Basado en sijot del Rebe,shaar Hamoadim)