Bondad a cambio de maldad

El pueblo judío todo es llamado con el nombre de “Iosef” y el nombre de un elemento debe expresar su verdadero contenido y su esencia interior…

“y alimentó Iosef a su padre y a sus hermanos y a toda la casa paternal” (Bereshit 46:12)

Entre los puntos que la Torá relata sobre Iosef y sus hermanos, se incluye lo que Iosef alimentó a sus hermanos y sus familias durante los años de hambruna. Este hecho adquiere tanta importancia que como consecuencia de ello, el pueblo todo es llamado con el nombre de “Iosef”, como dice el Salmo: “Dirige como al ganado de Iosef”. ¡Esto significa que Di-s maneja como a un rebaño al pueblo de Israel que es apodado con el nombre de “Iosef”!

A simple vista no se entiende: el nombre de un elemento debe expresar su verdadero contenido y su esencia interior, mientras que el hecho de que Iosef alimentó a sus hermanos en los años de hambruna parecía tan sólo un suceso tangencial, desvinculado a la esencia misma del pueblo judío. ¿Por qué llaman entonces, al pueblo judío todo “Iosef” como consecuencia de este único acto?

FUERZA PARA TODAS LAS GENERACIONES

En esto encuentra expresión el sentido más profundo de la eternidad de la Torá: de la misma manera como en aquellos días en Egipto, Iosef mantuvo a sus hermanos y familias, así también, en cada generación Iosef “da sustento” al pueblo judío, y confiere a cada judío, hasta el final de las generaciones, fuerzas especiales.

La capacidad que nos provee Iosef es, como dice en el Tania (en nombre del Zohar) la de conducirnos con el prójimo con bondad, y no retribuirle de acuerdo a su accionar. Por el contrario, “comportarse con los culpables con benevolencia”. Así se condujo Iosef con sus hermanos. No les pagó por la maldad que le generaron, sino que al contrario, él los mantuvo durante los años de hambruna. Esta fuerza confirió Iosef a todo el pueblo judío en todas las generaciones.

EL INTERIOR DE UN JUDÍO

Esta virtud (de ser bueno con quienes le hicieron mal) es un tema fundamental que afecta la esencia misma del pueblo judío. Siendo que es Iosef quien nos provee las fuerzas para ello, es por eso que el pueblo judío todo se llama con su nombre.

Puede asombrarnos la necesidad misma de conducirse con esta virtud. ¿Acaso el otro no te ha hecho un mal? ¿Por qué está prohibido pagarle con la misma moneda, e incluso se nos exige comportarnos con él con benevolencia?

El núcleo de la respuesta se encuentra en la esencia de lo que es el judío. Es verdad que en lo que hace a la realidad externa el prójimo se comportó con nosotros de una manera incorrecta, pero en su fuero íntimo, en su alma, también él es bueno, y es nuestro deber observar al judío tal cual es en su esencia interior.

REVELACIÓN DE LA ESENCIA DEL ALMA

El conducirse con el otro en esta tesitura despierta en el propio semejante su bondad interior. Cuando el otro ve que no se le retribuye de acuerdo a sus actos, sino que se actúa con él como con un judío preciado y querido, e incluso se le paga con bondad por el mal recibido, esto genera y motiva un despertar de la esencia interior, para que la esencia de su alma brille en él.

Cuando los judíos se comportan unos con otros en este espíritu, pueden también dirigirse al Altísimo y decirle lo citado en el Midrash: “tal como a Iosef sus hermanos le proporcionaron el mal y él les confirió el bien, también nosotros nos hemos portado mal contigo, pero Tú pórtate con nosotros con benevolencia”. Y entonces efectivamente también Di-s concederá bondad al pueblo de Israel, y traerá el bienestar más grande que hay- la completa redención, a manos del Mashiaj.

(Likutei Sijot tomo 5 pag 239)

¿El judaísmo se toma vacaciones?

Pregunta:

Me encontré con una vieja compañera. Está estudiando en un seminario, y ahora es religiosa. Después de hablar con ella durante unos cinco segundos, sentí que le habían lavado el cerebro. La forma en que hablaba era como si estuviera inmersa en un culto. No tengo nada en contra de la religión, ¿pero acaso el judaísmo religioso es una secta?

Respuesta:

Si bien no es un culto, incluso el judaísmo a veces puede ser usado de maneras que son inquietantemente similares a cómo las personas se comportan en una secta. ¿Cuál es la diferencia entre una secta y una religión? La mayoría de la gente define el término “culto” tan vagamente, que cualquier persona con opiniones fuertes podría ser clasificada como seguidora de un culto.

La mejor definición que he oído es esta:

La religión es un movimiento en el que las personas se encuentran; una secta es un movimiento en el que las personas se pierden.

Un culto secuestra tu identidad y te convierte en alguien que no eres. Una verdadera religión debe mejorar y profundizar en tu identidad, para que des lo mejor de ti.

Las personas que se encuentran con la religión pasan por cambios. Aprenden a explorar partes de su personalidad que no sabían que existían. Como resultado, a menudo vuelven a evaluarse a sí mismos y a sus vidas. Todo crecimiento es acompañado con algún trastorno e inestabilidad, por lo que puede pasar por un corto período de tiempo, en el que parece un poco extraño a sus amigos y familiares. Incluso pueden misionar un poco, y tratar de “convertir” a todos a su alrededor. Lo que sucede es que quieren compartir su inspiración renovada con sus seres queridos. Esto es normal, y la familia debe tratar de ser paciente.

Sin embargo, si empiezan a convertirse en otra persona y parecen irreconocibles, entonces puede haber motivo de preocupación. Si pierden su personalidad, su sentido del humor, su interés por los demás, o su capacidad de pensar, pueden haberse perdido. Si estos síntomas persisten, pedir ayuda rabínica. Es posible que hayan sido víctimas de un culto, o se utiliza la religión como culto.

El culto demanda saltar sin cuestionamientos. Pero cuando se hace estos cambios repentinos, la persona desaparece. Este no es el camino judío. El Judaísmo alienta el cuestionamiento, incluso el escepticismo honesto. El desarrollo espiritual judío se hace poco a poco y con reflexión. De esa manera los cambios serán reales, ya que se integran y armonizan con la personalidad en lugar de abrumarla.

Dale a tu amiga un poco de tiempo. Si es de hecho un lavado de cerebro, probablemente no va a durar, saldrá tan rápido como entró. El juda- ísmo no puede ser utilizado como un culto. Pero lo más probable es que si se depositan en un medio equilibrado, su viejo yo regrese de nuevo, pero con una profundidad y dirección que nunca había tenido. A veces hay que perderse un poco para encontrarse de nuevo.

* Por Aron Moss

Unidad en el principio y unidad en el final

“Y se acercó a él Iehudá” (Bereshit 44:18)

Es sabido que el nombre de la Parshá indica su contenido (esto nos explica por qué a veces se elige la primera palabra de la Parshá como nombre de la misma, y a veces se elige la segunda o tercera palabra e incluso el segundo versículo). Esto se ve abiertamente en nuestra Parshá, ya que el sentido interior de todos los temas de la Parshá se refleja en la palabra “vaigash– y se acercó”.

La Parshá relata sobre múltiples y diferentes sucesos: el pararse con firmeza de Iehudá en apoyo de Biniamín, el darse a conocer Iosef a sus hermanos, el descender de Iaakov y sus hijos a Egipto, etc.; sin embargo, cuando profundizamos en el contenido interior de estos sucesos, descubrimos que el factor que los une a todos es “vaigash- se acercó”.

LA REUNIÓN DE LOS REYES

La esencia del término “vaigash- se acercó” es el encuentro, el acercamiento físico de uno con su prójimo, al punto de unirse el uno con el otro. Sobre este “acercamiento” de Iehudá a Iosef aplican nuestros Sabios Z”L el versículo: “puesto que los reyes se reunieron”. En el libro Zohar está dicho que este fue “un mundo con otro mundo, que se unan el uno con el otro, para ser todos un uno”.

Esto se refleja con mayor claridad en el cierre de la lectura de la Torá en los profetas, la Haftará (que como es sabido, también nos explica la Parshá). La Haftará habla sobre la perfección del acercamiento de Iehudá a Iosef, tal cual tendrá lugar en el Futuro Por Venir, cuando tenga lugar una unificación cabal entre el reino de Iehudá con el reino de Iosef: “toma una rama y escribe sobre ella para ‘Iehudá’… y toma una rama y escribe sobre ella para ‘Iosef’… y que estén unidas en tu mano”. Y la Haftará finaliza: “Y los Haré un pueblo… y habrá un rey para todos”.

UNIDAD ENTRE LOS JUDÍOS

Está claro que el sentido de “vaigash- se acercó” es traer unidad donde hay división, y de eso trata la totalidad de la Parshá: la entrega total de Iehudá en aras de Biniamín, reflejó la unidad que se generó entre las tribus, en lugar de la discordia que imperaba entre ellos previamente. A continuación, Iosef se da a conocer a sus hermanos, y ahí se vuelven a unir nuevamente todas las doce tribus. Esta unificación es la que brinda las fuerzas para alcanzar la unidad perfecta en los días del Mashíaj.

Asimismo la continuación de la Parshá refleja unidad: el descenso de Iaakov a Egipto y la radicación de los hijos de Israel en aquel país, fue con el objetivo de traer la unidad de Di-s específicamente a un ámbito que se encontraba en la cumbre de la disociación con la santidad. Egipto era “la vergüenza de la Tierra” (como lo explican nuestros Sabios Z”L: “los más arruinados de entre las naciones”), donde dominaba la idolatría. Iaakov y sus hijos descendieron hasta este nivel tan bajo para traer también allí a la unidad de Di-s.

UNIDAD ENTRE LOS JUDÍOS.

La Parshá de “Vaigash- se acercó” nos enseña que la unión es la base de todo. Este es el comienzo del servicio diario a Hashem, como la costumbre de recitar antes de la Plegaria: “acepto cumplir el precepto de amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Este es también el objetivo de todo el servicio al Creador- llevar a toda la creación a la unidad.

En especial en estos días, los últimos días del Galut, debe ponerse énfasis en el tema de la unidad y traer unidad entre un judío y otro, entre Isajar (los estudiosos de la Torá) y Zebulún (los comerciantes) hasta la unificación del mundo entero bajo la soberanía del reino de Hashem.

(Sijot 5750 parte II Pág. 212)

¿Por qué Iaakov ansiaba ser sacado de Egipto? 

Iaakov desea salir.“¡Por favor, no me entierres en Egipto… sácame de Egipto!”…

Para asegurarse de que ni siquiera sus restos quedarán allí, Iaakov siente que necesita más que la palabra de Iosef. “Júramelo” le pide y Iosef lo hace.

Cuando los resultados son esenciales, el juramento es una herramienta poderosa, pues obliga a la parte comprometida a cumplir su deber bajo cualquier circunstancia. Pero de todas formas, ¿para qué era necesario un juramento en esta historia? ¿Acaso era insuficiente la palabra de Iosef para su padre agonizante?

A cada alma se le confía una misión. Iosef sintió que la suya era despertar el corazón de la sociedad egipcia, en el seno de la bestia. Trabajaba para identificar y elevar las chispas Divinas donde ellas se encontraran.

Iaakov era consciente de que Iosef consideraba el hecho de dejar a su padre a su lado, incluso post mortem, como un valioso aporte a su esfuerzo para lograr elevar a Egipto. La única manera de conseguir descansar en paz, es a través del juramento de Iosef.

Pero si es así, ¿por qué Iaakov estaba tan ansioso de ser sacado de Egipto? ¿Por qué no ser enterrado entre sus hijos, donde su presencia podría ayudar a reducir la sensación de desolación y exilio?

Iaakov sabía que sus hijos requerirían de auxilio para escapar de los grilletes de la esclavitud en Egipto, y sintió que estaría en mejor posición para ayudarlos a la distancia. Pues, para poder escapar exitosamente de la prisión, necesitas de alguien de afuera que te saque.

Por eso Iaakov fue transportado a la Tierra Prometida, mientras que Iosef retornó a las trincheras en Egipto. El juramento entre ellos sirvió de ligazón- de la que Iaakov tiraría al llegar el momento de que retornen sus hijos a casa.

Otra lección que es posible tomar de este hecho es, que mientras vivía en Goshen, Iaakov poseía las mejores pasturas para sus rebaños y la mejor Ieshivá para el estudio. Era ideal material y espiritualmente. Sin embargo, rogó a Iosef: “Sácame de Egipto”. Incluso, bajo las mejores circunstancias, el exilio no es el lugar para el iehudí. Lo aprendemos de Iaakov, que hasta muerto, es imposible hallarlo en Egipto.

Dovi Schneider, editora del Kosher Spirit magazine.

Parashá en síntensis: Vaigash

Iosef es el prototipo del judío que ni el exilio, ni las persecuciones, ni las tentaciones pueden desarraigar de su fe milenaria. Aún desde su condición de esclavo se convirtió en gobernador de Egipto y usó sus cualidades para el bien de la humanidad, a fin de salvar el mundo del hambre. A pesar de la separación y el aislamiento, conservó todas sus características judías. 

Iosef logró que sus hermanos trajeran a Biniamín a Egipto en contra de la resistencia inicial de Iaakov; después lo retuvo como rehén. Sus hermanos intercedieron por él y Iehudá incluso ofreció quedarse preso en lugar de Biniamín. En ese momento, Iosef reveló su identidad. 

Biniamín era el hermano favorito de Iosef: eran hijos de la misma madre, Rajel, y además, Biniamín no había nacido cuando los demás hermanos vendieron a Iosef como esclavo. 

El perdón es una virtud, pero con frecuencia la persona que perdona queda como la magnánima y la que es perdonada se siente humillada, y a veces, con sentimientos de culpa. 

Iosef hubiera podido perdonar fácilmente a sus hermanos porque no les guardaba rencor, sin embargo, en vez de eso les proporcionó la oportunidad de reivindicarse, poniéndolos en la misma situación en la que podían repetir lo que habían hecho con él en el pasado, solo que esta vez era Biniamín quien ocupaba su lugar en el favoritismo de su padre, Iaakov. 

La disposición de los hermanos a sacrificar su vida para devolverle a Biniamín a su padre indicó que éstos habían superado su envidia y que lograron eliminar el defecto de los celos. De este modo no sólo fueron perdonados, sino que podían estar orgullosos de su logro sin sentirse humillados. 

Si Iosef hubiera avisado a su padre con anterioridad que estaba vivo, le habría negado a sus hermanos la oportunidad de resarcir el mal que habían hecho. 

El poder de profecía de Iosef le permitió saber que los dos Templos serían construidos en la porción de tierra que correspondería a su hermano Biniamín y, además, que de él descendería Mordejai, quien se enfrentó al rey Ajashverosh en los eventos que muchos años después dieron lugar a la festividad de Purim. 

La ley (halajá) sobre eglá arufá (persona asesinada en el campo, cuyo homicida no se conoce) fue la señal que Iosef le dio a sus hermanos para que Iaakov, su padre, tuviera certeza de que se trataba de él, ya que esa fue la última ley que Iaakov le enseñó a Iosef antes de separarse.

Iaakov no estaba seguro si debía ir o no a Egipto, pero Di-s se le apareció en sueños y le dijo que sí, que la Shejiná (Providencia Divina) los acompañaría en el exilio, que éste no duraría para siempre, que serían redimidos y que sus restos serían llevados y enterrados en Eretz Israel.

Iaakov viajó a Egipto con toda su familia, 70 personas en total, y fue recibido con grandes honores por toda la población. Cuando salieron de Egipto eran 600 mil.

Los judíos fueron ubicados en Goshen, que era una tierra fértil, apta para el pastoreo, y que le correspondía en propiedad a Bnei Israel, porque había sido regalada por el Faraón a Sara.

La hambruna cesó en el segundo año, cuando Iaakov bendijo al Faraón. Los años que Iaakov permaneció en Egipto fueron realmente de felicidad, pues la Providencia Divina estaba con él.

Netilat Iadaim

¿Por qué Netilat Iadaim?

En el Templo de Jerusalem, los sacerdotes se lavaban las manos antes de comenzar el servicio diario. Cada persona es un ser sacerdote en el templo, que es su casa y su corazón. Por lo tanto, todas las mañanas, luego de levantarse y recitar el “Modé Aní”, se hace Netilat Iadaim: el lavado ritual de las manos.

Otra razón es que cuando el cuerpo descansa, el alma asciende a las esferas superiores para recargar energías. Solamente quedan en nuestro cuerpo las energías más básicas – las necesarias para poder continuar con las funciones corporales. El vacío espiritual permite al cuerpo entrar en estado de impureza espiritual, llamado tumá. Cuando nos levantamos, nos lavamos las manos para quitarnos los vestigios de la tumá.

El recipiente:

Si bien cualquier recipiente (que contenga más de 87 cm3 de agua) sirve, acostumbramos utilizar uno que tenga dos manijas.

¿Cómo debemos proceder?

Tomamos la jarra con la mano derecha y la llenamos con agua. Luego pasamos la jarra a la mano izquierda y volcamos un chorro de agua sobre la mano derecha de modo que cubra todo el puño hasta la muñeca. Pasamos entonces la jarra a la mano derecha y repetimos el procedimiento sólo que esta vez en la mano izquierda. Este proceso se repite tres veces, de modo que cada mano recibia tres chorros de agua. Luego levantamos las manos a la altura de la cabeza y pronunciamos la bendición (Sidur Tehilat Hashem pág. 6) y luego nos secamos las manos. Debemos prestar especial atención de que los dedos estén separados para que el agua llegue hasta los extremos. También en que el vertido sea alternativamente y no tres veces seguidas en cada mano, ya que el Shulján Aruj dice, que de otra manera los agentes impuros no se van de las manos.

De no disponer de un recipiente, ni siquiera de un vaso descartable, podemos lavarnos directamente de la canilla cerrando y abriéndola en cada oportunidad, pero no podremos recitar la bendición.

De encontrarnos en una situación en la que no dispongamos de agua de la canilla, si tiene un río, lago natural, mar, mikve, agua surgente, nieve derretida cerca, sumergirá las manos tres veces cada una alternativamente y luego pronunciará la bendición. En todos estos casos deberá en la primera oportunidad que consiga agua y un recipiente, repetir el lavado. Si podemos conseguir una botella de agua, la botella sirve como recipiente y entonces podremos lavarnos como corresponde.

En caso de necesidad podremos reemplazar el agua con bebidas a base de agua como ser: cerveza, gaseosa, te, café, etc.

De no contar con suficiente agua, es preferible lavar bien cada mano una vez, a tres veces cada mano. En este caso debe decir la bendición pero en la primera oportunidad deberá repetir como corresponde.

La bendición:

Una vez lavadas las manos se recita:

Baruj ata A-do-nai, Elo-hei-nu Melej HaOlam, asher kidshanu bemitzvotav vetzivanu al netilat iadaim

Bendito eres Tú Señor nuestro Di-s, Rey del universo, Quien nos ha santificado con sus mandamientos y nos ha ordenado el lavado de manos

por el Rab. Iosef  Feigelstock

Ensalada de fideos con atún

Te invitamos a preparar la ensalada de fideos con atún. Rica, fácil y natural. Tu familia amará esta combinación.

Ingredientes:

– 1/2 paquete de fideos con forma de codito o tirabuzón

– 2 latas de atún al agua (bien escurrido)

– 1 lata de choclo con su liquido

– 1 morrón rojo cortado en cuadrados chicos

– 4 palmitos cubeteados

– 1/2 cebolla morada cortada chiquitita

– 1/2 taza de mayonesa

– Jugo de 1/2 limón

– 1 cuchara de sal de ajo

– Sal y pimienta a gusto

Procedimiento:

Cocinar los fideos de acuerdo al envase; escurrir y dejar enfriar. Una vez que los fideos están fríos agregar el atún, el choclo con su líquido, el morrón, los palmitos y la cebolla y mezclar.

En un bowl chico aparte hacer el aderezo con la mayonesa, jugo de limón, ajo en polvo, sal y pimienta. Agregar el aderezo a los fideos y mezclar bien.

¡Si te gustó la receta, compartila!

La bendición del Rebe

Un jasid de Lubavitch, de una pequeña localidad de Canadá deseaba abrir allí un Centro de Jabad,. Miró en la guía telefónica para buscar apellidos que suenen Judíos, ya que ésta era una buena fórmula para conocer a los iehudim del lugar;. anotó algunas direcciones y comenzó su insólito paseo.

El Rabino golpeó la puerta de la familia Katz y, cuando fue invitado a pasar, se sorprendió al ver una enorme fotografía del Rebe que colgaba prominentemente en la entrada.

“¿Qué es esto?” preguntó apuntando a la foto.

“Es la foto de mi Rebe”, le explicó el Sr. Katz.

“No entiendo… me refiero, cómo usted…” balbuceó el jasid.

El Sr. Katz le pidió al Rabino que se sentara y le relató la siguiente historia;

“Yo viajo frecuentemente por negocios. En uno de estos viajes a New York, un amable hombre se sentó junto a mí en el avión. Comenzamos a hablar y el tiempo pasó rápidamente. Él sacó fotos de sus nietos.

Nu, ¿tienes algunas fotos de tus hijos contigo? me preguntó inocentemente.

Inmediatamente mi ánimo cambió. Con un dejo de amargura dije:

En realidad, toda mi fortuna y mi éxito no me producen felicidad, pues no tengo hijos le confesé.

El hombre sintió mi dolor y me dijo. “Cuando llegues a New York, visita al Lubavitcher Rebe. Él  puede ayudarte. Aquí tienes la dirección”.

No quería tomar la tarjeta pues no tenía intención de visitar al Rebe. Si el mejor médico no pudo ayudarnos, ¿cómo podría el Rebe? Traté de olvidar nuestra conversación.

Cuando finalicé mi tarea en New York y llegué al aeropuerto, me encontré con que mi avión tenía una demora de cinco horas. Mi primer pensamiento fue de ir a ver al Rebe. Finalmente, me decidí y fui.

Llegué a la oficina del Rebe y solicité una entrevista. Me dijeron: En tres meses tendrá una audiencia privada con el Rebe.

¿Qué?, dije sorprendido. Solo estaré otras cuatro horas aquí. Debo verlo ahora. El secretario me respondió que era totalmente imposible. Había una larga lista de gente para ver al Rebe. Todas mis súplicas no ayudaron. Me sentí triste y mi único consuelo fue que seguramente el Rebe, de todas maneras, no podría ayudarme.

Al retirarme, un estudiante de leshivá se me acercó. Él había escuchado toda la conversación y me dijo: “Le aconsejo que aguarde aquí cerca de la oficina del Rebe. Dentro de  media hora, él va a salir para ir a la sinagoga. Espérelo y cuéntele su problema”.

Agradecí al joven con todo mi corazón. Esperé al Rebe nervioso. Cuando finalmente salió, mi coraje me abandonó y permanecí allí, mudo. El Rebe, como sintiendo mi dolor, se dio vuelta, me sonrió y me invitó a entrar a su habitación.

¿En qué puedo ayudarlo?, me preguntó amablemente. Mi coraje retornó y le relaté acerca de nuestro problema.

Pero, ¿qué desea usted de mí?, preguntó el Rebe. ¿Si los doctores no pueden ayudarlo, usted cree que yo sí pueda?.

Inmediatamente, repliqué, ¡Rebe, si yo no confiase en que usted puede ayudarme, no estaría aquí!.

Si es así, dijo el Rebe, cómprese un par de Tefilin que estén excepcionalmente escritos, colóqueselos todos los días y observe la Mitzvá de “Y las atarás como señal sobre tu mano y serán como frontales entre tus ojos”. Entonces, seguramente, se cumplirá el resto del versículo: “Y las enseñarás a tus hijos”.

Dejé la habitación del Rebe eufórico. Encontré dónde comprar los Tefilin, y desde aquel día, me los he colocado cada día de semana.

Así el Sr. Katz terminó su historia. Pero el Rabino tenía una pregunta. “Pero… ¿han tenido hijos?”.

En lugar de contestar, el Sr. Katz llamó: “Menajem, Shalom, losef, Shmuel, Dov, Shneur, vengan por favor!”.

Seis hermosos niños entraron rápidamente a la habitación y dijeron: “Sí padre, ¿qué deseas?”.

Didan Notzaj

Didan Notzaj es la victoria relacionada con los libros de los Rebes de Jabad, de la biblioteca de Lubavitch. El día 5 de Tevet, es el día de la victoria de la luz sobre la oscuridad.

El juicio por los libros de Agudat Jasidei Jabad, comenzó el 19 de Kislev de 5746 (1986) ante el juez Charles Simphson y se extendió por tres semanas.

El 5 de Tevet de 5747 (1987) se dio a conocer el fallo del juez en un expediente de 40 páginas.

El juez tomó declaración a los jasidim de Jabad, alegando que toda la vida del Rebe Iosef Itzjak, anterior Rebe de Lubavitch, fue dedicada y consagrada por completo a la comunidad, por lo tanto declaró su biblioteca como pública y perteneciente a la asociación de Jabad Mundial, al considerar que los libros del Rebe no formaban parte de su patrimonio personal en el momento de su fallecimiento.

El demandado fue obligado devolver los libros y demás objetos del Rebe anterior, que se encontraban en su poder y fueran tomados sin autorización.

La noticia de la victoria se difundió rápidamente en todo el mundo, y en cada lugar donde se escuchaba, los jasidim lo celebraron con mucha alegría. El mayor festejo se vivió en la central de Jabad, “770”, donde miles de personas se reunieron para festejar la gran victoria.

El punto máximo de alegría fue luego de la plegaria vespertina, realizada con la melodía propia de los días festivos y luego de la cual el Rebe pronunció un discurso especial, en el que entre otras cosas dijo:

“… así como en el momento de la encarcelación y liberación del Alter Rebe, el mismo protagonista aprendió de todos los acontecimientos, una instrucción para su servicio a Di-s y una de sus conclusiones fue la de aumentar en la difusión del los manantiales del jasidut hacia fuera. A la luz de todo esto, queda clara la eterna indicación Divina relacionada con el acontecimiento actual, pues justamente de la demanda y las acusaciones parecería que la agrupación de jasidim de Jabad no es un cuerpo vivo y activo, justamente de esto debemos aprender que debemos fortalecer más la difusión del jasidut, y el estudio particular y general con mucha alegría y fervor…”

Una casa de libros

El Departamento de Educación de los EEUU recientemente escribió un reporte titulado “El Estudio Longitudinal de la niñez temprana”. El artículo hace un seguimiento a más de 20.000 niños americanos desde el jardín de infantes hasta 5to grado, reuniendo cada nota del niño e información demográfica. Los padres de cada niño respondieron a numerosas preguntas sobre los hábitos de la familia, estilo de vida y actividades. El reporte final es una extraordinaria riqueza de información, que cuando se lo analiza rigurosamente, provee algunas poderosas indicaciones sobre los métodos fundamentales sobre educación.

Una de las interesantes conclusiones del estudio es, que un niño que tiene cincuenta libros en su casa, su nivel académico es de un 5% mayor que el de un niño sin ningún libro en su casa. Más aún, un niño con cien libros en su casa, suma 5 puntos más que un niño con cincuenta libros. La mayoría de las personas pueden mirar esta información y presumir que el número de libros en su casa está relacionado con la cantidad de tiempo en la que un padre o un cuidador se los lee al niño. Sin embargo, la conclusión del estudio es bastante diferente. No importa cuánto tiempo se pase leyendo a un niño, la mera presencia de los libros en un hogar influye en las notas del niño. En otras palabras, el ser padres trata sobre quién eres, tanto como lo que haces.

Ser padres es quizá uno de los emprendimientos más difíciles que una persona puede realizar en su vida. Las teorías abundan, y en el esfuerzo de producir madres y padres “de niños prodigios”, generalmente ponen a su hijo, así como a ellos mismos en una agenda rigurosa de clases, conciertos, visitas a museos, y más clases. Comenzando desde que está en la panza, el feto escucha a Mozart; luego de chico lo anotan en un jardín de infantes especializado, forzado eventualmente a tomar clases de hockey sobre hielo, violín, ajedrez, y matemáticas, una jornada de 12 horas por día que producirá al niño perfecto.

Imagino que será una desilusión para estos súper padres si ven que la cualidad de la casa y su ambiente es mucho más significativa para el éxito del niño que la cantidad de clases y eventos culturales a los que asiste.

El Rey Salomón escribe en el Libro de Eclesiastés, “No hay nada nuevo bajo el sol”. El pueblo judío siempre se lo ha conocido como “el pueblo del libro”, no por su reputación de ser estudiosos, sino por la Torá entregada en el Monte Sinaí que nos ha unido por generaciones, una Torá explicada, expuesta e iluminada en miles de libros escritos y publicados en el correr de siglos. Generalmente, los libros de Torá en un hogar judío son más en número que los que puedan de hecho estudiarse en una vida, aún así, los tenemos en la casa, irradiando nuestro hogar con espiritualidad y pureza que contiene cada una de sus páginas.

Una de las 10 observancias judías que el Rebe de Lubavitch infundió en su campaña de 10 mitzvot fue “Bait Male Sfarim”, una “casa llena de libros”, instando a los judíos a comprar libros de Torá y mostrarlos en sus casas, incentivando así a su familia e invitados a estudiar sus enseñanzas, y afectando el pensamiento, acción y habla de uno para mejor. Incluso si los libros están allí en los estantes, sin usarlos, el Rebe dijo que la mera presencia de ellos, se apega a toda la casa, influyendo positivamente a aquellos que viven allí tanto las horas en las que uno pasa en la casa, como así también cuando sale. Así como la Mezuzá protege a los habitantes de la casa tanto cuando están adentro como cuando salen, el efecto de los libros en una casa también llega muy lejos.

Así que, un ambiente establece el resultado. Traer libros a la casa de uno, puede determinar las notas de los niños, ya que los libros imparten instintivamente al niño que la educación es de suma importancia para sus padres.

Libros judíos sagrados visiblemente expuestos en una casa, expresarán subconscientemente en su dueño una apreciación y reverencia por estos libros, sus valores, su historia y su contenido, incentivando a toda la familia e invitados a leerlos y estudiar de ellos.

Un ambiente de Torá que se crea a través de los libros de Torá, crea una atmósfera sutil pero constante de santidad, inspirando el pensamiento y práctica judía y últimamente instándonos a estudiar sus enseñanzas y mejorar nuestras vidas, un libro cada vez.

Por Jani Goldman