Alegría es….Una Sucá

¡Que vacaciones! En Sucot salimos de la casa y vamos a una cabaña. Desfilamos alrededor de la sinagoga con ramas de palmera y limones. En los tiempos del Templo Sagrado de Jerusalén, una libación de agua especial era vertida mientras todo el mundo cantaba y bailaba, y se nos pide regocijarnos. ¿Por qué hacemos todo esto?

Al esbozar los fundamentos de la sucá, nos encontramos con contradicciones. Por un lado, la sucá está destinada a ser “permanente”, pero “transitoria”.

Las paredes de la Sucá se pueden construir de cualquier material, siempre y cuando sean lo bastante resistentes para soportar el viento. Por lo tanto, un sentido de permanencia. Sin embargo, la rama que la cubre es “Sjaj”, una zarza desorganizada de vegetación desarraigada. Ramas de palmera, palos de bambú, etc. Sin atar las ramas en forma organizada, tiramos las cosas por encima de la Sucá (las vigas sosteniendo el sjaj también deben ser de origen natural como la madera) y dejar que formen el “techo” si se puede llamar así . Este techo debe proporcionar más sombra que luz del sol a la altura del día, sin embargo, nos tiene que permitir ver las estrellas por la noche.

Esta parte superior de la estructura hace que la sucá sea transitoria. Se consigue esa sensación cuando el viento vuela las ramas.

¿Por qué nos sentamos en esta choza “permanente, pero transitoria”? Hay varias respuestas a esta pregunta, todas válidas. Seguí leyendo para ver cuál te conviene más:

Refugio Divino en el Desierto

Cuando los Judíos salieron de Egipto y anduvieron errantes por el desierto. Su primer campamento se encontraba en un lugar que se llamaba Sucot.

Hay dos percepciones de lo que sucedió en Sucot. Una opinión señala que los Israelitas habitaron en chozas reales. Imagínate esto: estás vagando en el desierto, ves a lo lejos, y ahí, delante tuyo esta el Club Med de Di-s, y lo mejor de todo, ¡gratis! No es un mal negocio.

Otra opinión dice que “nubes de gloria” rodearon al pueblo judío. Tanto por el Club Med o la niebla mágica, le damos gracias a Di-s por mantenernos en el desierto.

Así que si esto ocurrió durante el Éxodo, ¿por qué no nos sentamos en cabañas en Pesaj?

¡Ah! Una buena pregunta. Basado en este campamento de Sucot, parecería ser el momento perfecto. Hay dos respuestas: en primer lugar, como se desarrolla la historia, las cosas no salieron bien. Las “nubes de gloria” que rodeaban a los israelitas se retiraron después del pecado del becerro de oro. Los israelitas se arrepintieron, y Di-s los perdonó en Iom Kipur. Las “nubes de gloria” se reinstalaron 5 días más tarde en Sucot.

La otra razón que nos sentamos en cabañas en otoño, es para demostrar que lo estamos haciendo para cumplir con el mandamiento, y no por conveniencia. Pesaj es en primavera. ¿Quién no querría sentarse en el patio en un momento tan bonito del año?. Pero en otoño, que hace más frío, y es menos agradable (en algunas partes del mundo es casi invierno), si vamos a salir y sentarnos en la sucá a pesar de esto, debemos estar haciendolo por el bien de la Mitzvá.

Por Robin Treistman

Sin techo

La falta de vivienda es uno de los fenómenos sociales más tristes. No importa cuán miserable sea una persona, su casa le proporciona una necesaria sensación de seguridad y pertenencia. De hecho, la necesidad de una casa es tan grande que el Talmud dice que “el que no tiene un hogar no es una persona.” Físicamente, tal vez se puede sobrevivir sin un hogar, pero emocionalmente hablando, una casa es la necesidad humana más básica.

No hace falta decir, que la falta de vivienda no se trata de dónde uno puede encontrarse en un momento dado. Se puede estar en el trabajo, visitando amigos, atrapado en el tráfico, o de vacaciones a miles de kilómetros de su casa. Pero el conocimiento de que hay un pequeño rincón del mundo al que puede llamar propio, le da la tranquilidad que un hogar proporciona.

El hecho que durante siete días estamos involucrados con una mitzvá, independientemente de dónde nos encontramos o lo que estamos haciendo, explica el Rebe, es lo que es tan especial acerca de la mitzvá de Sucá. Normalmente, estamos conectados a una mitzvá en particular (y a través de la mitzvá, a Aquel que ordenó la mitzvá), siempre y cuando estamos involucrados en su ejecución. Pero Sucá es una excepción. Durante siete días se nos ordena vivir en una Sucá; durante siete días el refugio sagrado de la Sucá se convierte en nuestra casa. Y como se ha explicado anteriormente, la asociación a su casa no se limita al tiempo dedicado en la misma. Es una conexión siempre presente.

Durante siete días estamos íntimamente involucrados con una mitzvá. Y no se trata de una participación periférica, justo como nuestra relación con nuestra casa, que nunca es periférica, y que es tan básica para nuestra identidad.

Tal vez podemos tomar la lección de la Sucá un paso más allá.

Rosh Hashaná y Iom Kipur acaban de pasar. El tema de estos días de fiesta, así como el mes de Elul, preparatorio que les precedió, es Teshuvá. Generalmente se traduce como “arrepentimiento”, pero su significado literal es “retorno”. Después de un año de vagar a la deriva, volvemos. A los brazos de nuestro Padre, a nuestro hogar, al lugar al que siempre pertenecimos.

Un año más nos convoca. Una vez más, nos veremos obligados a salir de casa para un prolongado viaje. Una perspectiva desalentadora, un pensamiento deprimente para el individuo que ahora está saboreando su breve estancia en el hogar. Pero nuestro GPS interno tendrá siempre su flecha apuntando al mensaje de la Sucá. Una vez que establecimos nuestro verdadero hogar, nunca debemos perder nuestro apego a casa, no importa dónde estemos. Y el conocimiento nos proporcionará tranquilidad y seguridad.

No tenemos que esperar hasta el próximo Rosh Hashaná para volver. Hacernos un poco de tiempo para escaparnos a casa todos los días, ya sea de la Tefilá de la mañana en la sinagoga, o incluso los

pocos segundos que tarda en recitarse una bendición sobre una manzana que estamos a punto de morder.

¡Si esa es la tranquilizadora lección que tomamos de Sucot, no es de extrañar que es la más alegre de las festividades! ¿Hay algo más edificante que el conocimiento que nunca estamos sin hogar?

Por Naftali Silberberg

¿Por qué un etrog italiano?

De las cuatro especies de plantas que tenemos una mitzvá de tomar juntos en Sucot, el Lulav (hoja de palma), Etrog (cidra), Hadas (mirto) y
Aravá (sauce), se destaca el Etrog. Es el más hermoso de los cuatro y el más caro.
Los árboles de cidra son pequeños y delicados, y solo crecen en climas cálidos.
Aunque uno puede obtener un Etrog kasher de varios países, muchos, incluido Jabad, prefieren los que se cultivan en la
costa sur de Italia en la región de Calabria.
También se denominan “Etroguim de Yanover”, ya que “Yanova” en idish significa Génova,
la ciudad portuaria del norte de Italia desde donde se envían estos Etroguim a otras partes de Europa.

¿Por qué estos son tan apreciados?
De acuerdo con la ley judía, un Etrog “kasher” que se usa para la mitzvá no puede haber crecido en una rama de Etrog que haya sido injertada en otra especie.
Dado que el árbol de cidra es muy delicado y débil, a menudo se injerta con el portainjertos de otro árbol de cítricos, lo que le permite sobrevivir en un entorno más duro.
El producto de este injerto es genéticamente indistinguible del Etrog no injertado. Por agradables que parezcan estas frutas, no son aptas para ser utilizadas para la mitzvá.

Por esta razón, solo usamos Etrog que proviene de árboles que tienen un pedigrí establecido. De hecho, Rabi Moshé Sofer
opinaba que un Etrog es similar a un pájaro kasher en el sentido de que solo usamos uno que tiene una fuerte tradición de ser una especie kasher.

Dado que desde hace más de 1.000 años nuestros antepasados usaban los Etroguim de Calabria, con la tradición de que no se injertaban, nosotros también los usamos.
(Después de la Segunda Guerra Mundial, algunos granjeros calabreses comenzaron a injertar sus árboles. Como precaución, el Rebe de Lubavitch ordenó que se supervisaran los huertos de Etrog para que no se realizaran injertos y, además, que hubiera al menos dos supervisores disponibles en todo momento durante la cosecha, asegurándose de que el Etrog recolectado y enviado provenga únicamente de estos árboles sin injertar).

Etrog de Moshé
Muchos escriben sobre una tradición que se remonta a los días de Rabi Shlomo Itzjaki, conocido como Rashi (1040‐1105),
y los Baalei Tosafot, quienes usaron específicamente Etroguim de Calabria.
Pero esta tradición se remonta aún más atrás. Rabi Shneur Zalman de Liadi enseñó que cuando Di‐s le dijo a Moshé
que los judíos debían tomar un Etrog en Sucot, estaban en el desierto, donde no crecía ningún Etrog.
Entonces Moshé envió mensajeros a través de las Nubes de Gloria para reunir los Etroguim de Calabria.

Sucot en la ciudad

Visitá una Sucá en los espacios públicos de la Ciudad de Buenos Aires

Del 29 de septiembre al 6 de octubre se celebra Sucot, la Fiesta de las Cabañas. Jabad Argentina invita a todos a acercarse a una Sucá para hacer la bendición de las 4 especies. Elegí tu punto más cercano y conocé los detalles de días y horarios en shofarargentina.com

El 29 de septiembre por la noche comienza Sucot, la festividad que celebra la protección de Di-s al Pueblo Judío. Esta fiesta se extiende por 8 días y el último es Simjat Torá, la Alegría de la Torá, que se celebra con bailes y música. Durante los días de Sucot, vivimos, disfrutamos, comemos y nos reunimos en las cabañas. Jabad Argentina invita a realizar la brajá de la Sucá y la del Lulav y el Etrog en 5 espacios públicos de la ciudad: Distrito Arcos, Alto Palermo, Av. Scalabrini Ortiz y Av. Corrientes, Florida y Av. Corrientes, y Abasto Shopping.

En shofarargentina.com se encuentran las guías para cada día festivo, los horarios de encendido de velas y rezos, así como los lugares y horarios para visitar una Sucá. ¡Los esperamos a todos! ¡Jag Saméaj!

El bebé del Etrog

Cierta vez vivía en una pequeña aldea un santo Rabí. Por supuesto, se cuidaba de observar todas las mitzvot de la mejor manera posible, y en cada uno de sus detalles. 

Pero amaba especialmente la mitzvá de las “Cuatro Especies”, pues ésta era una mitzvá que no podía cumplirse en todo el año y sólo venía junto con la festividad de Sucot. ¡Cuántos pensamientos y símbolos elevados estaban ligados a esta mitzva! No es de extrañar, entonces, que el Rabí no escatimara dinero para obtener el más perfecto Etrog posible.

Varias semanas antes de que llegara Sucot, el Rabí enviaba un mensajero especial para que le comprara un Etrog perfecto. El mensajero viajaba a la ciudad grande más cercana, y si era necesario, a ciudades más lejanas, examinaba todos los etroguím que estaban a la venta, y elegía luego el más hermoso y perfecto sin fijarse en el precio. Nunca antes había sucedido que el mensajero regresara sin un Etrog perfecto.

Pero estaba vez sí sucedió, y el Rabí estaba profundamente apenado. El mensajero le contó que había viajado por muchas ciudades, y había examinado numerosos Etroguím, pero no había encontrado uno que se ajustara a los requerimientos del Rabí. Probablemente ese había sido un mal año para la plantación de Etroguím, pues la mayoría de ellos tenía manchas y otros defectos y no tuvo otra alternativa que rechazarlos.

En la pequeña aldea todos estaban tristes por esta contrariedad, pues amaban mucho a su Rabí. Además, sabían que si el Rabí no tenía un Etrog para Sucot, también ellos se verían privados de la oportunidad de recitar la bendición sobre las Cuatro Especies, porque generalmente el Etrog del Rabí era el único en esta pequeña y pobre comunidad. Repentinamente pareció haber un rayo de esperanza. Un viajante que pasaba por la pequeña aldea, al escuchar de la preocupación del Rabí, contó a la gente que en cierta aldea lejana, próxima a la frontera, había un judío acaudalado que tenía el Etrog más hermoso y perfecto.

Dos de los amigos más cercanos al Rabí no perdieron tiempo. Alquilaron un caballo y una carreta y partieron hacia aquella aldea, próxima a la frontera. Cinco días después arribaron allí y se dirigieron de inmediato a la casa del judío rico que tenía un Etrog perfecto. Pidieron al dueño del Etrog que se los mostrara, cosa que éste hizo orgulloso. Extrajo su caja de plata, desenvolvió el algodón blanco y puro que lo protegía, y allí, ante sus ojos, tenían un Etrog de

extraordinaria belleza y perfección.

“Exactamente el Etrog que buscamos para nuestro reverenciado Rabí”, dijeron los dos mensajeros. Extrajeron todo el dinero que traían consigo y lo pusieron sobre la mesa.

“No hay dinero en el mundo con el que se me pueda comprar este Etrog”, dijo el dueño. “Yo también soy judío y amo la mitzvá del Etrog. Lo siento amigos, el Etrog no está en venta”.

Los dos mensajeros comenzaron a implorar al hombre que les vendiera el Etrog. Le dijeron que seguro podría obtener otro y, aunque no fuera tan perfecto, sería lo suficientemente bueno como para recitar sobre él la bendición; su santo Rabí, por otro lado, sufría enorme pena al no tener un Etrog, y tampoco la comunidad tendría uno.

El dueño se lamentó, pero no cedió. “Es la primera vez en mi vida que he sido afortunado comopara conseguir un Etrog tan perfecto y no me separaré de él. Prueben suerte en otra parte”.

Profundamente decepcionados, los dos mensajeros le desearon un feliz Año Nuevo y un feliz Iom Tov, y se dieron vuelta dispuestos a irse.

“¡Esperen!”, los volvió a llamar el hombre. “Hay una condición que podría hacerme cambiar de opinión. Hasta daría con gusto el Etrog como regalo al santo Rabí, de cumplirse la condición”.

“¿Cuál es la condición”, preguntaron esperanzados.

“Di-s me ha bendecido con una buena esposa y con riquezas, pero nos ha negado la bendición de un hijo. Ni mi mujer ni yo somos jóvenes. Daré este Etrog como regalo al Rabí si él bendice a mi mujer y a mí para que tengamos nuestro propio hijo el año que viene en esta época. Pero deben saber que este regalo está sujeto al cumplimiento de esta condición. De otra manera se considerará como si hubiera sido obtenido por engaño. En ese caso, el Rabí estaría pronunciando la bendición sobre un Etrog robado, y no habrá cumplido, Di-s libre, la mitzvá”.

Los rostros de los dos mensajeros se ensombrecieron, y sus esperanzas se esfumaron. ¿Cómo podrían ellos aceptar el Etrog bajo semejante condición? Intentaron convencer una vez más al hombre para que les vendiera el Etrog y que depositara su confianza en que Di-s lo recompensaría según los deseos de su corazón. Pero el hombre no estaba dispuesto a cambiar de idea. “Tómenlo o déjenlo. Yo cederé mi Etrog únicamente bajo esa condición”.

Luego de discutir la cuestión entre sí unos minutos, los mensajeros decidieron aceptar el Etrog según la condición del hombre, y se apuraron a regresar a casa tan rápido como pudieron.

Cuando estuvieron frente a su amado Rabí, le informaron jubilosos que habían traído un Etrog. Cuando el Rabí lo vio, brillando como oro en su envoltura de algodón blanco, su rostro se encendió, dispuesto a bailar de alegría.

“Pero…”, los mensajeros comenzaron a balbucear.

“¿Pero qué?”, preguntó el Rabí.

“Junto con este Etrog va una condición”, y le contaron de qué se trataba.

Por un momento el brillo desapareció del rostro del Rabí y se lo veía muy serio, sumido en sus pensamientos. Luego dijo: “Sólo puedo dejar la cuestión en las manos de Di-s; bendeciré al hombre y a su mujer, tal como ha pedido, y que el Altísimo haga según Su voluntad”.

El rostro del Rabí volvió a encenderse una vez más con alegría interior, en tanto acariciaba el Etrog y admiraba su belleza y perfección. Esperaba ansioso que llegara Sucot, cuando podría cumplir la gran mitzvá de recitar la bendición sobre el Etrog.

Pasó casi un año, y poco antes de Sucot llegó un mensaje de parte del acaudalado judío de la lejana ciudad próxima a la frontera, informando que la bendición del Rabí se había cumplido y que habían tenido un varón. Junto con el mensaje había un hermoso y perfecto Etrog como regalo para el Rabí, esta vez sin ninguna condición.

Año tras año el acaudalado hombre enviaba al santo Rabí un hermoso Etrog antes de Sucot. Un año, el Etrog fue traído por un elegante joven.

“Yo soy el ‘bebé del Etrog’ “, se presentó el joven. “Mi nombre es Moshé, y mi padre me envió a que estudie Torá bajo su tutela”.

Moshé o, como lo llamaba la gente, “Moshé Etrog”, estudió Torá con entusiasmo, y observaba todas las mitzvot con alegría. Pero, por encima de todo, apreciaba la mitzvá del Etrog, que observaba con especial alegría e inspiración.

Hogar dulce Hogar

La verdadera morada de un sincero arrepentimiento, es la Sucá.

“…Que tus generaciones sepan que Yo causé que los Hijos de Israel moren en Cabañas”. (Levítico 23:43)

¿Cuál es el significado en el orden del año? ¿Por qué Sucot, la fiesta de las cabañas, viene en seguida después de Rosh Hashaná y Iom Kipur?

Rashi dice en este versículo, que “Sucot“, literalmente “cabañas”, se refiere a las Nubes de Gloria que protegían a los Hijos de Israel cuando salieron de Egipto. Si es así, pregunta Rabeinu Asher (conocido por el nombre de su famoso epítome de la Ley Judía, el “Tur”), ¿Por qué no celebramos Sucot en el mes de Nisan en la Primavera, cuando los Hijos de Israel fueron protegidos por el calor ardiente del desierto por las “Nubes de Gloria”?

El Tur contesta que si las personas saldrían a la Sucá en Nisan, cuando el clima es cálido y seco en la Tierra de Israel, no sería algo muy inusual. Pero si se van de sus casas, a morar en cabañas en el mes de Tishrei (como lo hacemos hoy en día), cuando el clima allí comienza a estar más fresco y húmedo, sería obvio que no lo estamos haciendo por comodidad, sino, para servir a Di-s.

El Jidushei HaRim trae otra respuesta en tradición a los maestros Jasídicos Polacos: Cuando en la Torá, en Parshat Emor, nos describe los detalles de la festividad de Sucot, nos instruye que debemos morar por siete días en la Sucá. “… para que las futuras generaciones sepan que “Yo lo hice morar en cabañas cuando los saqué de Egipto”. (Levítico, 23:43)

Durante todo el año, el judío pelea contra su mala inclinación, cayendo de tiempo en tiempo en la transgresión. Siendo que el Talmud establece que una persona no comete una transgresión a menos que un espíritu de enajenación lo embargue (Tratado de Sotá 3a), todo el año la persona está como sin discernimiento. Sin sensatez, uno no puede cumplir adecuadamente la mitzvá de Sucá.

Un Baal Teshuvá verdadero (arrepentido, retornante), luego de los días de Rosh Hashaná y Iom Kipur, queda sin un lugar al que pueda llamar ‘casa’. El Baal Teshuvá está en su propio mundo, un mundo que incluso los Tzadikim (rectos) no tienen acceso, como establecen nuestros Sabios, “En el lugar en que los Baalei Teshuvá están parados, incluso los Tzadikim absolutos no tienen acceso” (Talmud, tratado de Berajot 34b).   Di-s, que deseaba que el Baal Teshuvá se convierta en quien es, está obligado a su vez de proveerlo de un lugar para que el Baal Teshuvá pueda vivir. Ese lugar es la Sucá.

Di-s, es llamado “El Lugar” (En Hebreo, “HaMakom”). Incluso Él, que hizo que este mundo exista y no hay lugar en el mundo que esté desprovisto de Su presencia, Su lugar no es en este mundo. Por lo tanto, sólo Di-s puede crear un lugar para alguien que no tiene lugar donde morar. En verdad, en virtud de convertirse en una persona sin lugar, el Baal Teshuvá tiene la posibilidad de hacer de cualquier lugar en el mundo, su morada.

Este mundo existe sobre tres pilares: Verdad, Juicio y Paz. “Verdad” es Rosh Hashaná, cuando Di-s asigna a cada uno lo que honestamente precisa. Iom Kipur es el Juicio, el  momento del juicio principal de cada individuo. Sucot es Paz, cuando Di-s extiende Su Sucá de Paz para los Baalei Teshuvá. La Sucá es física, estructuras finitas de madera y ramas que, extraordinariamente crean un receptáculo para una infinita e ilimitada morada para la Divina Presencia. El mundo que incesantemente expone la Divina Presencia, es el mundo de un verdadero Baal Teshuvá. Por lo tanto, siendo que la presencia de Di-s llena este mundo, también cada lugar del mundo se convierte en una morada para el Baal Teshuvá.

Sólo después de la expiación de Rosh Hashaná y Iom Kipur en el mes de Tishrei, cuando la persona se limpia de sus transgresiones y decide ser un tzadik de ahora en más, es que tiene el entendimiento para cumplir adecuadamente con la Mitzvá de Sucá.

Basado en Sfat Emet y otras fuentes de la Kabalá y el Jasidut.

Por Biniomin Adilman

¿Por que nos alegramos en la alegría de Bet Hashoeva?

“Quien no vio la alegría de Beit Hashoevá no vio alegría en sus días” (Sucá 51,a)

En la Fiesta de Sucot hay un mandato especial de alegrarse, y la misma fiesta es llamada en nuestras plegarias “Tiempo de nuestra alegría”, Zman Simjateinu. 

Además, hay en esta fiesta preceptos que traen consigo alegría adicional, como ser la alegría de Bet Hashoevá, la cual está ligada con el precepto de verter el agua sobre el altar del Templo de Jerusalem(1). Cuando se extraía el agua del río Shiloaj se festejaba con gran algarabía, “y extraerán agua con júbilo, de los manantiales de la salvación”(2)

La alegría de Bet Hashoevá supera a todas las demás alegrías, al extremo de que nuestros Sabios z”l declararon (3) que: “Quien no vio la alegría de Bet Hashoevá, no vio alegría en sus días”. ¿Qué tiene de especial verter agua sobre el altar como para generar una alegría de tal magnitud?

VINO – ALEGRÍA LIMITADA

En el Sagrado Templo se vertía vino sobre el altar. El derramar el vino se realizaba con alegría y cánticos, y como decía nuestros Sabios z”l (4): “no se recitan cánticos sino sobre el vino”. Pero la alegría de verter agua la superaba totalmente. Esto es sorprendente, puesto que la característica del vino es generar alegría, mientras que el agua no posee elemento alguno que provoque alegría.

Pero en verdad justo aquí está la respuesta. El verter el vino, que alegra por naturaleza(5), genera una alegría ligada a las características y tendencias naturales del hombre. Esta es una alegría limitada en su misma esencia, ya que depende del grado de alegría que puede generar el vino. Mientras que verter el agua refleja una alegría generada por lo Divino, que no depende de la naturaleza humana, por ello es ésta una alegría ilimitada.

AGUA- ALEGRÍA SIN FIN

En ambas mitzvot,- verter el vino y verter el agua,- la alegría está ligada a la santidad del precepto. Sin embargo, en el vertido del vino la alegría de la mitzvá está engarzada con la característica alegre del vino, como decían nuestros Sabios z”l(6): “no hay alegría salvo con el vino”. Eso hace que la alegría sea limitada, ya que la característica del vino que genera alegría es limitada.

En contraposición con ello, la alegría del verter agua no está vinculada con un factor natural. Por el contrario, por su naturaleza, el agua no genera alegría alguna. La alegría surge aquí del aspecto Divino de la Mitzvá,- del hecho que Hashem nos ordenó verter agua sobre el altar. El judío celebra el hecho de que se le dio el privilegio de cumplir con la Voluntad Divina. Es por ello que esta alegría no tiene medida ni límite alguno.

VINO Y AGUA HOY EN DÍA

También hoy existe el verter del agua y del vino en un sentido espiritual. “Verter el vino” significa la alegría al cumplir una mitzvá como consecuencia de una elaboración racional. Siendo que la felicidad proviene de lo racional, que es limitado, también la alegría es limitada.

“Verter el agua” significa una alegría al cumplir los preceptos, que proviene del interior del alma, más allá de la lógica. Cuando un judío se entrega totalmente al Altísimo, al escuchar que Hashem le manda cumplir una Mitzvá no requiere de un análisis intelectual y de una racionalización, y se llena espontáneamente de una poderosa alegría que brota de lo profundo de su alma Divina. Esta alegría no tiene límites, esta es la alegría de Simjat Bet Hashoevá, y quien no tuvo el privilegio de verla “no vio alegría en sus días”.

(Likutei Sijot tomo 24 pag.246)

1. Rambam Hiljot Tmidin Umusafin cap 10:6 2.Ieshaiahu 12:3 3.Sucá 51:a 4.Brajot 35,a 5.Ver Menajot 20,a 6.Psajim 109,a Shulján Aruj Amur Hazakén Oraj Jaim 529 inc. 7

La visualización de las cuatro especies

“Ulekajtem lajem baiom harishon pri eitz hadar, kapot tmarim, veanaf etz avot, varvei nachal”

“Tomarán para ustedes el primer día (de Sucot) el magnífico fruto del árbol, la hoja de palmera de dátiles, ramas de árbol trenzado, y sauces de los arroyos” (Levítico 23:40).

Te encuentras sentado en la Sucá. Las paredes hechas con madera aromática. En el suelo detrás de ti hay un juego de luces y sombras generado por el Sjaj, el techo de hojas que se encuentra sobre tu cabeza. Respira profundo. Vive la paz dentro de las paredes de la Sucá.

El Sjaj en la sombra proyectada por un árbol celestial. Es antiguo, amplio y con vida. Dentro de las ramas puedes ver una fruta, un Etrog. Es el corazón dentro del corazón del Árbol de la Vida, y late con el amor infinito de Di-s, para ti.

Toma tiempo interiorizar este amor. Respira profundo. Siente cómo tu columna se estira. Tiene la forma de la hoja de palmera, el Lulav. Trasciende tu mente racional, llegando más arriba, más allá del Sjaj, dentro del corazón del árbol. Siente el punto de contacto del Lulav con el Etrog. El amor de Di-s comienza a bajar a través del Lulav-columna, hasta tu sacro.

Tu sacro está caliente. El amor comienza a sentirse. El amor del Lulav penetra tu corazón. Te lleva a tu ser más elevado.

Tu corazón se ha convertido en un todo. Es un Etrog que late con amor hacia Di-s, por la chispa de Divinidad que hay en tu alma. La alegría se despierta cuando este amor es liberado.

El amor viaja a través de tus pulmones llegando a tu boca. Tus labios tienen la forma de una hoja de sauce. No tienes necesidad de hablar, simplemente deja que tu alma se eleve.

La energía fluye incluso hasta más arriba, entrando a los ojos y así llegando hasta tu frente. Ojos de mirto iluminados. Tómate un momento en visualizar tu vida a través de los lentes de abundancia y alegría. Observa la forma en la que te despiertas cada mañana, interactúas con otros y rezas cuando estás lleno de amor y felicidad.

Por: Shimona Tzukernik

Hospitalidad Divina

Está escrito en el Zohar (Libro básico de la Cabalá), que durante los días de la festividad de Sucot concurren a la Sucá los USHPIZIN (huéspedes). Son los Tzadikim de nuestro pueblo: Abraham, Itzjak, Iaakov, Moshé, Aarón, Iosef, David. Cada día de la fiesta uno de ellos es el visitante principal y los demás lo acompañan. La primer noche recibimos a Abraham Avinu (nuestro patriarca).

Abraham se destacó por su entrega a la Mitzvá de hajnasat orjim (hospitalidad con los forasteros), que realizaba con fervor y entusiasmo.

La Guemará aprende de él que “es mayor la Mitzvá de hajnasat orjim que recibir la Morada de Di-s”, ya que Abraham pidió permiso a Di-s para interrumpir Su visita y poder atender a unos forasteros que se acercaban.

TODOS SOMOS VISITAS

La esencia de hajnasat orjim refleja la esencia de nuestro servicio a Hashem en el galut (exilio). El pueblo de Israel se encuentra en este momento en una situación de “visita”, Nuestros Sabios compararon las circunstancias del galut con “ hijos que fueron desterrados de la mesa de su padre”. El lugar natural del iehudí es encontrarse junto a la mesa de su Padre, Di-s, entonces durante el exilio el judío no está en su espacio original, adoptando la característica de foráneo. ¿Por qué creó Hashem esta situación?, Esto se debe a la integridad que logramos en nuestro servicio a Él en este período.

LA VENTAJA DEL GALUT

Nuestros Sabios dijeron: “Di-s tuvo misericordia al dispersarnos entre los pueblos”. Toda la intención de este esparcimiento a lo largo y ancho del mundo no es un castigo sino una meta positiva. La voluntad de Di-s es que cada iehudí introduzca Santidad y Divinidad en cada lugar que se encuentre y lo convierta en apto para ser “una morada para El” en el momento de la llegada del Mashíaj. También así se expresa Rabí Israel Baal Shem Tov, el primero de los huéspedes jasídicos, sobre el versículo “Di-s conduce los pasos del hombre”, es decir que a cada lugar al que el judío llega, no lo hace por propia voluntad sino que Hashem guía sus pasos para que cumpla su misión en este mundo.

LA VIRTUD DEL HUÉSPED

La Mitzvá de hajnasat orjim manifiesta la importancia y valor del servicio cuando estamos en el contexto de orjim.

Por medio de que un judío recibe hospitalidad se logra una elevación espiritual que incluye tanto al anfitrión como al invitado.

Y esta también es la riqueza exclusiva de los días del galut, ya que sólo por medio de ella podemos “recibir la Morada de Di-s” así como será  en el momento de la llegada de la Gueulá, donde se revelará la Gloria de Hashem, con alegría.

LIKUTEI SIJOT, TOMO 29, PAG. 354

Los secretos de Sucot

Sucot es la Fiesta de la Alegría; es el tiempo de cosechar el producto del campo, el huerto y la viña…

Encuentra su trabajo premiado con tanto éxito, que podría llegar a pensar que “mi poder y la fuerza de mi mano han hecho toda esta riqueza”. También podría llegar a pensar que trabajar y juntar una fortuna son el propósito en la vida, olvidándose que hay valores más importantes y elevados, como los valores espirituales.

Para que el judío no se olvide de su propósito real en la vida, Di-s, en Su sabiduría infinita y amorosa, nos hace dejar nuestras cómodas casas y morar en una Sucá frágil durante siete días. La Sucá nos recuerda que nosotros confiamos en Di-s para protección, ya que la Sucá no es ninguna fortaleza, inclusive ni siquiera tenemos un techo sólido encima de nuestras cabezas. Eso también nos recuerda que esta vida en la tierra es una morada temporal.

Los siete días de Sucot, cada uno representa una década de vida, setenta años en total de vida humana en esta tierra. Este corto tiempo sólo debe ser considerado como un período de preparación para la vida eterna que viene luego de la vida en esta tierra, una vida donde la riqueza material no cuenta, donde sólo cuentan las riquezas espirituales. Los graneros, el vino, el aceite deben dejarse atrás, mientras sólo los graneros de la Torá, las mitzvot y las buenas acciones pueden llevarse y darnos méritos en esa vida eterna.

Éste también es una de las razones del por qué es costumbre, en algunas congregaciones, leer el Libro de Eclesiastés (Kohelet) durante la Fiesta de Sucot. El Libro de Kohelet, proféticamente escrito por el más sabio de todos los hombres, el Rey Solomón, está lleno de pensamientos profundos y reflexiones sobre “la vanidad de vanidades” de este mundo. Concluye propiamente con las palabras, “Habiendo sido todo escuchado, he aquí la conclusión del asunto:teme a Di-s y cumple Sus mandamientos, porque en eso está el hombre íntegro”.

De esta manera, Sucot, “la Fiesta de la Alegría” en un sentido más profundo nos enseña a recoger, retener y almacenar las experiencias religiosas y el elevamiento espiritual que hemos adquirido durante las muchas y variadas fiestas, plegarias y mitzvot del mes de Tishrei, para que podamos utilizar estos ricos “graneros” a lo largo de todo el año que comienza.