Encontrando tu fortuna

Hasta hace poco, él había sido el hombre más rico de la ciudad, pero la rueda de la fortuna lo llevó a convertirse en un mendigo, sin dejar rastros de su antigua fortuna y riqueza.

Más terrible que la pérdida de sus lujos, y de la vida anterior que tanto había disfrutado, era su imagen pública. Se había acostumbrado tanto a la forma diferente en la que todos lo trataban. Había sido tan placentero sentirse bienvenido por todos, y tratado con el mayor de los respetos. Había disfrutado de poder ofrecer opinión en cada cosa y añoraba terriblemente la habilidad de poder ganarse la opinión pública con sólo algunas palabras bien elegidas.

Antes, había pensado que su consejo era valorado independientemente, pero ahora, que había sido relegado a acatar órdenes, estaba forzado a mirar a otros disfrutar de la adulación que alguna vez le había correspondido a él.

¡Pero ahora estaba volviendo! Había enfrentado la tormenta, y reinvertido el capital, y con algunos golpes de suerte, volvió a lo que era antes. No sólo había vuelto a ser rico, sino que además, le había vuelto la sabiduría.

Le consultaban frecuentemente, y la gente lo aplaudía por su perspicacia e inteligencia. Todos iban a pedirle sus consejos, y le felicitaban por su disposición de querer compartir.

La única persona que no se dejó llevar, era el magnate mismo. Muy frecuentemente se oía recalcándose a sí mismo, acerca de lo agradecido que estaba por el breve período que se encontró en “la sombra”, para que poder ver quienes eran sus verdaderos amigos y cuál era la estima social verdadera de sus opiniones y pensamientos.

¿No es extraño que cuando alguien es acaudalado, automáticamente se le atribuyen muchas otras cualidades?  por ejemplo, tienen un gran aprecio por el arte o que pueden confiarse para decidir la política pública? No todos los financieros son gigantes intelectuales. La adquisición de dinero demanda ciertos tipos de habilidades y dotes, y esto no necesariamente se transporta a otras disciplinas.

La Torá nos advierte acerca de desarrollar una visión equivocada de la realidad.

Sé cuidadoso en no olvidar a Di-s y en faltar en cumplir Sus mandamientos…Debes comer y saciarte, construir buenas casas y morar en ellas. Al crecer tu rebaño, tu oro y tu plata y todo lo que posees, tu corazón puede volverse arrogante y puedes olvidarte de Di-s. (Deuteronomio 8:11-13)

Una lección permanente para todos sobre los peligros del lujo y la riqueza, aunque codificada en las palabras, y se puede leer en el mensaje sobre cómo relacionarnos con la riqueza del otro.

Sólo porque una persona posea casas, oro y plata, no hay que asumir que todo lo demás crecerá también. Mantén las cosas en perspectiva, la riqueza no confiere legitimidad intelectual. En el Judaísmo, la sabiduría es atribuida tradicionalmente a aquellos que estudian Torá. Los eruditos son nuestra verdadera aristocracia y el rol del hombre rico es mantener al estudio de la Torá y ayudar al funcionamiento de la sociedad.

La riqueza puede ser un desafío para aquellos que fueron bendecidos con ella. Recuerda siempre quiénes son tus verdaderos amigos. El dinero va y viene, pero la personalidad dura para siempre. Si te olvidas de este recordatorio, corres el riesgo de volverte arrogante y desagradecido.

El desafío para el resto de la sociedad es aceptar y honrar a un hombre de manera proporcional a su intrínseco valor, no a su balance bancario. Estamos orgullosos de los valores de nuestra Torá y nos sostenemos en ellos, a pesar de todo. Nunca debemos olvidar que Di-s es Quien gobierna el mundo y que debemos responder solamente a Él.

Por Elisha Greenbaum

¿Cómo se descubrió el Kotel?

“El Sagrado Templo será destruido, pero el Muro Occidental nunca será destruido” dijo una Voz Celestial. “Será la señal de que la Presencia Divina reside allí”
Los romanos no toleraban ver cómo los hebreos se aferraban al Muro e instigaron a todos los gentiles de Jerusalém a arrojar la basura diariamente en el Muro. Lentamente el Kotel quedó cubierto por los desperdicios.
Pasaron muchos años. Un judío rico visitó Jerusalém. Caminó por las calles, buscando el Kotel, sin poder hallarlo. Preguntó a los transeúntes y todos se encogían de hombros; nunca habían visto el Muro.

El hombre no se dio por vencido. Continuó con su búsqueda. Cierta vez notó la presencia de una mujer muy anciana que acarreaba un pesado paquete de basura.
Le preguntó: “¿Qué es lo que traes?”.
La mujer respondió: “Traigo mi basura para arrojarla sobre la colina”
El hombre volvió a insistir: “¿No tienes un lugar más cercano a tu hogar para llevarla?”
“Es una antigua costumbre la de arrojar la basura aquí. En otra época aquí se erigía un magnífico muro de piedra. Los judíos lo consideraban santo. Los romanos ordenaron cubrirlo con desperdicios”. Arrojó su bolsa y se retiró.

El iehudí dijo: “No me moveré de aquí hasta dejar a la vista el Kotel Hammaraví”
Salió a las calles de Jerusalém y susurró entre los que pasaban: “Dicen que hay un tesoro escondido debajo de la colina de basura” Él mismo tomó una pala y comenzó a cavar. A los pocos minutos una multitud lo rodeaba, imitándolo. La ciudad entera hablaba del tesoro enterrado. Todos llegaban con palas. Ya se veían las piedras del Muro. Cuando cayó el sol la gente se retiró. El judío escondió algunas monedas de oro en la colina. A la mañana temprano uno de los excavadores halló una moneda y luego otro. Estaban seguros de que el tesoro estaba bien abajo. Cada día agregaba más monedas hasta gastar toda su fortuna en su misión. Luego de 40 días de trabajo, todo el Muro quedó a la vista.

En el mismo lugar de donde Di‐s tomó la tierra para crear a Adam con Sus manos, donde Abraham trajo a Itzjak para sacrificarlo, donde estuvieron el Primer y Segundo Templo, allí mismo será reconstruido el Tercer Beit Hamikdash, con la pronta llegada del Mashiaj.

¿Puedo sobornar a Di–s con la caridad?

Pregunta:
Estimado Rabino, a menudo doy tzedaká, caridad, en memoria de mis seres queridos y personas que me han inspirado, pero últimamente mis motivaciones han cambiado. He estado donando a causas nobles, con la esperanza de lograr algo que anhelo y sueño – Quiero que mi hija se case. ¿Esto sigue siendo caridad, o estoy sobornando a Di-s?

Respuesta:
En realidad, dar caridad para beneficio personal está perfectamente bien. Según el Talmud, “El que da caridad y dice, ‘con la condición de que mi hijo se cure de una enfermedad, o ‘con condición de que pueda ganar una recompensa en el mundo por venir’ -. Es una medida totalmente justa1, aunque, como dijo, esto parece extraño.
¿No es contaminada la donación cuando se hace para beneficio propio? Sin duda, se debe dar con los motivos más altruistas. Pero no. Cuando se trata de dar caridad nuestras intenciones importan poco. Lo principal es que la persona necesitada o causa digna sea ayudada. Un filántropo vino una vez a Rabí Shneur Zalman de Liadi a quejarse porque sentía que estaba dando caridad, sin sinceridad. “¿Sin sinceridad?
¡Tontería s!”, Respondió el Rebe. “Hay mucho de sinceridad .Tal vez no eres sincero con la caridad, pero los pobres son muy sinceros en la recepción de tu contribución”
No te preocupes tanto por las intenciones. Cuando se trata de ayudar a los de más, las acciones valen más. Si estás haciendo algo bueno, incluso por razones egoístas, sigue siendo bueno. Y si los motivos egoístas son lo que se necesitas para continuar dando caridad, que así sea.
¿Di-s puede ser sobornado? No lo creo. Aunque recibas la bendición especial que buscas. Pero una cosa es segura, Di-s no queda en deuda. Cualquier buena acción, sea cual sea el motivo, genera bendición y será recompensado. A veces vemos los resultados, a veces no. Pero son nuestras buenas obras, no las buenas intenciones, que hacen del mundo un lugar mejor.

Un enfoque de la Torá acerca de la ansiedad

No hay duda de que vivimos en un mundo de alta presión, y no sólo lidiamos con el estrés que la sociedad pone en nuestras cabezas, sino que también tenemos en nuestro propio interior una olla a presión, de nuestras expectativas personales, responsabilidades, trabajo , familia, relaciones, y nuestros objetivos para la felicidad y el éxito.

Así que, ¿cómo podemos tratar prácticamente con la ansiedad en nuestras vidas, las dificultades que surgen en nuestro camino, las mismas cosas que nos hacen sentir como si estuviéramos atrapados en una rutina e incapaces de superar los desafíos básicos de la vida?

En primer lugar, tenemos que saber que una cierta cantidad de ansiedad en nuestras vidas es normal. Es parte de la vida. Se nos muestra en el pasaje del comienzo de la Torá: “En el principio. . . la tierra estaba desordenada y vacía. . . y las oscuridad estaba sobre la faz del abismo. . . Y Di-s dijo: “Hágase la luz, y hubo luz. Di-s vio que la luz era buena, por lo que Di-s separó la luz de la oscuridad. . . Y fue la tarde y la mañana, un día. “(Génesis 1:1-5)

De este pasaje fundamental, vemos que:

La oscuridad precedió la luz.

Para que la luz existiera, tuvo que ser creada. No existe por sí misma. E incluso cuando la luz fue creada, estaba mezclada con la oscuridad y tuvieron que ser separadas.

Una fase completa de revelación: “un día”, sólo se completa cuando se incluye tanto la oscuridad (noche) como la luz (por la mañana).

Y en el quinto verso de la Torá leemos, “Vaikrá Elokim la’or yom”, “Y Di-s llamó a la luz día”.Lo que esto nos enseña es que “día”, que consiste de luz y oscuridad, es la misma palabra que se utiliza sólo para la luz. Esto significa que a pesar de que la luz y la oscuridad existan, lo que es dominante y lo que define el día es la luz.

Se sabe que la parte más oscura de la noche es justo antes del amanecer. Muchas veces es fácil pensar que la vida sería tan bonita, y tan fácil, si fuera simplemente una vida llena de luz sin oscuridad. Así como en un electrocardiograma, el latido del corazón va hacia arriba arriba y abajo. . . así también nuestra vida tiene obstáculos en el camino, y los altibajos son parte de la vida. La cuestión no es si va a haber baches, sino más bien cómo vamos a lidiar con los golpes, cuando se nos vienen encima.

Hay muchas veces que la Torá habla sobre la ansiedad, pero hay un pasaje importante que nos enseña algunos aspectos muy prácticos del manejo de la ansiedad en nuestras vidas. Claramente, esto no va a ser una solución para alguien que sufre de depresión o enfermedades mentales que está en necesidad de ayuda profesional y tal vez medicación. Es para los golpes típicos que encontramos en nuestras vidas.

La declaración se encuentra en Proverbios, que fue escrito por el rey Salomón. Dice así: “La ansiedad en el corazón de una persona provoca el abatimiento, pero una buena palabra lo convierte en gozo” La palabra hebrea para esto es: Da’agah Belev ish yashjena, vedavar tov yesamjenah (Proverbios 12:25).

Aquí vemos la complejidad de la lengua hebrea, y cómo la comprensión de sus diferentes niveles de significados conducen a las enseñanzas múltiples del sujeto en mano. La palabra “melancolía”, yashjena, tiene tres significados diferentes, dependiendo de cómo se lee la palabra. Puede significar: 1. suprimir. 2. ignorar. 3. articular.

ETAPA 1:

 Suprimirlo

 Primero está la idea de tratar la ansiedad a través de la supresión. Aquí el texto se lee como una pregunta y una respuesta: Da’agah Belev ish? Iesijena, es decir, “Si hay ansiedad en el corazón de una persona, suprímela”.

 ¿Qué significa para suprimirla, y por qué es este el primer nivel? 

La represión es algo que es necesario tanto en nosotros mismos, nuestro ego, y la situación. Muy a menudo nos obsesionamos tanto con una situación que nos olvidamos que hay otras cuestiones importantes y más preocupante por ahí también. Todos sabemos que podemos estar lidiando con las dificultades de nuestras vidas, pero cuando oímos hablar de una tragedia nacional, pone todo de nuevo en perspectiva. Tratamos de dar un paso atrás y reducir al mínimo nuestro problema, para darnos cuenta y reconocer que no es tan enorme y abrumador como lo estamos haciendo parecer. Reconociendo que no somos la única persona con un problema en este mundo, y disminuyendo su intensidad, llegamos al concepto de represión. 

La supresión de los resultados de ansiedad en la sensación liberadora que no todo está perdido. El problema todavía puede estar allí, pero se ha cortado a medida y ya no amenaza con aplastarnos. Sólo una vez que nos hayamos liberado de esta carga podemos proceder a la siguiente etapa de la curación.

ETAPA 2:

INGNORARLO

La segunda manera de entender esta afirmación es del Talmud. De nuevo, es una pregunta y la respuesta. Da’aga Belev ish? Iesjena. “Si hay ansiedad en el corazón de una persona, ignóralo.” (Gramaticalmente, se lee la letra shin en la palabra como un pecado, y tiene el significado, “ignorarlo”).

Esto no es sólo ignorar una situación, sino que también separarnos de ella. ¿Por qué es necesario? Porque es fácil definirse a uno mismo a través de sus propios problemas. Nunca debemos permitir que una situación se convierta que somos. Cuando estamos separados de los problemas, e ignoramos la oscuridad, luego somos capaces de centrarnos en la luz.

Está el concepto de que sólo se puede tener una cosa en la mente. Así que si su cabeza está llena de algo negativo, es necesario eliminarlo por completo, e inmediatamente reemplazarlo por lo positivo.

Esta lección se aprende de la historia de Iosef. Se cuenta que él estaba en un pozo vacío, y no había agua en ella. Pero ¿por qué dice que no tenía agua, si ya sabemos que estaba vacío? La explicación es que el pozo podría haber estado vacía de agua, pero estaba lleno de serpientes y escorpiones. El agua representa la verdad, que representa la Torá (ein maim ela Torá-la única agua es la de la Torá), y el pozo es un símbolo de nuestras mentes. Podemos centrar nuestra atención en la Torá, con cosas positivas, pero si no, automáticamente se llena de serpientes y escorpiones, los aspectos psicológicos negativos. Con la serpiente, el veneno está en la cabeza, lo que significa que te muerde en el comienzo de cualquier proceso. Pero el escorpión tiene su aguijón en su extremo. Esto significa que algunas personas nunca puede conseguir comenzar algo, y otras personas pueden empezar cosas, pero nunca acabarlas. . .

La lección aquí es que al igual que usted nunca puede tener un pozo vacío, así también, la mente nunca está vacía. De acuerdo con las leyes de la física, la naturaleza aborrece el vacío y el vacío va a atraer algo. Si no lo llena con algo positivo, automáticamente se inundaría con pensamientos negativos. Por lo tant, alejémonos de lo negativo y abracemos lo positivo.

ETAPA 3:

Articular la ansiedad:

El tercer significado de la frase se entiende de la siguiente manera: “Si hay ansiedad en el corazón de una persona, exprésalo, habla de ello, y una buena palabra traerá alegría. Da’agah Belev ish, Iesijena.

Afortunadamente, vivimos en una sociedad que no sólo es aceptada la terapia como algo  de no avergonzarse, sino que en realidad se ha vuelto aceptable e incluso respetable  hablar con un terapeuta.

La Torá siempre ha defendido la idea de tener a alguien con quien hablar. En el jasidismo, se hincapié en la idea de que cada persona necesita, para encontrarse a uno mismo, un mashpia, básicamente, un consejero, alguien con quien usted puede hablar y así recibir ayuda a través de la orientación. En la ética de nuestros padres, leemos: “ASÉ lejá rav”, házte para ti mismo un maestro, “uk’né lejá Javer”, y consigue a un amigo. Esto significa que  tenemos que tener gente en nuestras vidas que respetemos, admiremos, y recurramos en busca de consejo.

En algunos casos es posible que tengamos que pagarle a alguien para este consejo, pero en realidad no importa cómo lo conseguimos, siempre y cuando se trata de alguien cuya prioridad es nuestro bienestar y que se de cuenta de que no son más que una ayuda en esta curación, no el verdadero sanador. A menudo, los terapeutas se puede equivocar jugando a ser Di-s, y cuando lo hacen, no pueden ofrecer verdadera curación, ya que el aspecto más crucial en cualquier proceso de curación es suprimiendo el ego.

Cuando hablamos de algo, lo traemos a la luz pública y permitimos que otros nos ayuden. Además, hablando de una situación difícil con una persona que entiende, por lo general nos da un gran sentido de esperanza.

Hay una costumbre en Israel que, tras un ataque suicida, en el primer día de luto, cuando en general, sólo la familia inmediata viene a visitar, otras víctimas del terror vienen también. La razón es porque no hay nada más fuerte que alguien pueda entrar y decir: “Sé cómo te sientes”. Y hablando de ello con alguien que entiende y se preocupa, significa que ya no están solos, no son los únicos frente a esta situación. Tiene el apoyo y la ayuda de ellos.

El mayor obstáculo frente a una situación es admitirlo, si lo puede reconocer, ya tiene ganada la mitad de la batalla. Una vez que hemos llegado al punto en que estamos dispuestos a hablar, podemos decir con seguridad que estamos listos para comenzar el proceso de curación.

Así que vemos que lidiar con la ansiedad en nuestra vida es un proceso de tres pasos que comienza con la supresión de la ansiedad, así como nuestro ego, y tratar de disminuir la intensidad de la misma. A continuación, debemos eliminar temporalmente el problema y volver a definirnos como algo separado de lo que es el objetivo de traernos abajo. Y, por último, con una fuerza renovada, tenemos que hablar de ello con los que nos apoyan y nos ayudan.

Mi problema, tu problema

Esa noche estaba de muy mal humor. 

Las cosas no salían bien últimamente…

Algunos de mis familiares no se comportaban bien; mi estado de salud no era de lo mejor; dos de nuestros parientes estaban internados en el hospital y nos sentíamos preocupados por ello. Acerca de todo esto hablaba con a mi marido durante el viaje. Llegamos al lugar buscado, de muy mala gana, por los inconvenientes que nos acosaban.

Era un enorme edificio con rampas para discapacitados por todas partes. Tocamos el timbre y esperamos ser atendidos.

La mujer que nos recibió estaba sentada en su silla de ruedas. Su cuerpo era tan enorme que apenas cabía en ella. Llevaba puesto un pañuelo sobre su cabeza y evidentemente era una persona observante. 

Hacía mucho calor a pesar del ventilador que estaba funcionando. Mientras nos hablaba no nos miraba a la cara. Mientras mi esposo se dedicaba a retirar las Mezuzot de los marcos de las puertas, me senté a charlar con la mujer. Comenzó a contarme sobre su vida:

Tenía graves problemas en sus huesos y una infección espinal; un simpático rabino le había ayudado a obtener una dama de compañia las 24 horas del día, a cargo del gobierno; esta mujer dormía en el living porque el único dormitorio que había lo ocupaba la dueña de casa. Ella, en realidad, no salía mucho, casi nada, ya que en las sinagogas no hay rampas y la dama de compañía no tenía fuerzas para empujar la silla de una persona tan pesada.

En medio de la conversación mi esposo se acercó a nosotras para mostrarnos como la letra “shin” debe ir en el frente de la Mezuzá. Comenzó a decir “esta letra debe ir…” cuando la mujer lo interrumpió: “Lo siento, soy ciega, así que sólo descríbalo con sus palabras”. ¡Por eso que no nos miraba al hablar! Luego nos señaló una de las paredes, sobre la que había muchos diplomas y certificados colgados. Nos dijo: “Soy estudiante graduada en sociología y ciencias políticas; aunque el gobierno no entrega empleo a los discapacitados!”.

En ese instante pensé: “¿Qué otra cosa le puede suceder a esta mujer en la vida? 

No puede leer libros, no puede salir, no tiene familia; aunque su departamento fuera hermoso, no puede verlo, pero de todas formas es pequeño y caluroso”.

Pero lo más admirable de toda la situación fue que ella era optimista. 

Cree en Di-s y siente que Él la ayuda; siempre ve el lado positivo de las cosas. “¡Después de todo estoy viva!” Y agregó “¡Muchos de los héroes y protagonistas de la Torá fueron discapacitados! Itzjak era ciego, Moshé tartamudeaba, Iaakov quedó rengo, y miren cuántas cosas importantes lograron.

Nunca fueron menos por su discapacidad”. Al finalizar la visita me di cuenta de que no podía siquiera invitarla a pasar un Shabat con nosotros. Ni bien abandonamos el edificio, mi marido me miró y me dijo: “¿Shoin arop ale problemen?” (¿Ya pasaron todos los problemas?).

Entonces, vi mis inconvenientes desde una perspectiva correcta. Ellos estaban allí, pero además tenía mi vista, mi cuerpo funcionando, mi familia, amigos, mi cómoda casa; podía ir a la sinagoga o donde deseara; podía trabajar… no había límites para todas las Brajot (bendiciones) que tenía. El viaje de regreso esa noche, fue diferente a todos. En lugar de estar sólo conforme, le agradecí a Di-s por todo… también por mis problemas…

Por Yanki Tauber

Hijos: ¿muchos o pocos?

ESTIMADO RABINO: 

¿Ha notado ud. que casi cada segundo vehículo que pasa por Golders Green Road en estos días parece ser un minibús? Sólo la mitad son taxis. La otra mitad pertenece a esas familias religiosas que apiñan en su interior a sus propios hijos. 

¿Hemos regresado a la Edad Media? Después de toda nuestra educación, ¿volveremos ahora a las grandes miserias maternales de nuestras abuelas empollando crías de ocho, nueve y todavía más niños? ¿En qué siglo vive esta gente?

Firmado: “Confundido” Hampstead.

Estimado Confundido:

Esta no es una columna de Respuestas Halájicas, motivo por el cual dejaré el tema de Anticoncepción y Halajá (Ley Judía) para otros. Hablemos de actitudes y algunas nociones predominantes.

Cierto, cuanto más educados, sofisticados y modernos nos volvemos, menos hijos parecemos tener. Las cifras demográficas comprueban que a medida que aumenta el ingreso familiar, la tasa de fertilidad declina. Sin embargo, la pregunta es, ¿es eso bueno? ¿Y por qué está teniendo la gente menos hijos?

Algunos afirman estar motivados por el problema del mundo sobrepoblándose y dicen que hacen su contribución para aliviar el hambre y la pobreza. Si hay un problema de superpoblación, no obstante, éste es claramente un problema del Tercer Mundo. Que haya 1,8 niños en Hendon no hace nada por un niño hambriento en Biafra.

¿No es irónico que quienes pueden afrontar el gasto de tener más niños son precisamente los que no los tienen? (De paso, si la gente calculara cuánto le cuestan los perros y los gatos —para no mencionar mascotas como conejos, peces de tanque y hamsters— bien podría decidir tener otro niño a cambio).

Honestamente, no estoy de acuerdo con la historia de la superpoblación. Primero, los teóricos sociales ya discuten que los países occidentales deberían producir más bebés para impedir una toma del poder por parte del Tercer Mundo y un deterioro en la prosperidad del mundo libre. Segundo, me temo que el padre promedio no daría ni dos suspiros por el Crecimiento Demográfico Cero, sino que es simplemente cuestión de satisfacción personal y por eso decide tener menos hijos para que haya una tajada más del pastel para él mismo.

Además, esta actitud es el resultado del bombardeo de los medios que parecen habernos convencido de que menos hijos es igual a una familia más feliz con más tiempo, dinero y oportunidades para todos. ¿Pero, vuelcan los padres de apenas dos hijos todo su tiempo libre sobre David y Sharon? Más veces no que sí, menos hijos significan más tiempo para los naipes, el tenis, las compras, gimnasia y peluquerías, y no más tiempo para los niños.

Incluso antes de instalarse la vejez, las familias más grandes son con mucha frecuencia las familias más felices; con amigos internos y compinches (para no mencionar a compañeros de cuarto). Sin duda, los hijos de familias tales son menos mimados y menos egoístas, habiendo sido educados a compartir cuartos, juguetes, tareas del hogar y ayudar a sus hermanos menores desde una edad relativamente temprana. Tienden a dejar la casa mejor equipada para enfrentar la vida del dormitorio, la vida del trabajo y la vida comunitaria en general.

En lo que concierne al tan malignamente declarado estado de “maternidad perpetua” que aguarda a estas pobres idishe mames, he sido informado de fuente confiable, mi propia dama, que las mujeres comúnmente tienen de a un bebé por vez. No hay cuatro infantes gritones clamando la atención de la madre simultáneamente. También, dice ella, se hace más fácil a medida que avanzas. Llegas a ser una suerte de “veterana”, más experimentada, relajada, y mejor capacitada para encarar las cosas. Hablando de ello, pienso que la mayoría de la gente se las arregla, o no. Quienes lo encuentran difícil, lo encontrarían difícil también con dos hijos.

Donde realmente me pongo vehemente en este tema es cuando se trata del nivel nacional judío. No le debemos al mundo ninguna disculpa. Todo lo contrario. El mundo nos dejó con un catastrófico déficit de población hace apenas cincuenta y pico de años. Como supervivientes —y cada uno de nosotros en nuestra generación es un superviviente— tenemos un deber moral de recuperar esa devastadora pérdida y no, Di-s libre, lograr por nuestras propias manos lo que Hitler no pudo.

Un padre de ocho hijos fue recientemente desafiado por un cínico: “¿Cuando parará de una buena vez?” ¿Su respuesta? “¡Cuando llegue a seis millones!”

Desde 1948, más de un millón de mujeres israelíes ha experimentado un aborto. Piense en las cifras de la incrementada población judía en Israel si esos niños hubieran nacido. ¿No estarían mejor gastados los millones (¿miles de millones?) empleados en promocionar y fomentar la Aliá, si se utilizaran para un crecimiento interno relativamente indoloro?

 

A fin de cuentas todos somos creyentes. Como tales, creemos firmemente que con cada niño con que Di-s nos bendice, Él envía también al mismo tiempo Su bendición Divina de Parnasá (sustento). 

Aquel que nos dijo “Sed fructíferos y multiplicáos” es muy fácilmente capaz de multiplicar también nuestras ganancias. 

 Ya sea si trabajamos un poco más duro, o más tiempo, o somos más afortunados, finalmente son nuestros hijos quienes nos harán inmortales. Es a través de ellos que dejaremos cualquier impronta que sea en el mundo

El Rebe que Salvó a un pueblo

Durante cuatro días el pueblo de Kfar Jabad, en Israel,  ha estado sumido en un profundo duelo y en una angustia dolorosa, del tipo que los Jasidim de Lubavitch no han vivenciado durante muchos años. En aquella oscura y amarga noche, una banda de fedayines palestinos entró al pueblo. Se dirigieron a la sinagoga de la escuela local de agricultura, en donde los jóvenes estudiantes se encontraban en medio de las plegarias de Maariv (de la noche), y abrieron fuego en toda la sala con sus rifles Karl-Gustav. 

Recolectaron una cruel y sangrienta cosecha: cinco estudiantes y un maestro fueron asesinados y otros diez jovencitos heridos; su pura y santa sangre empapando los Sidurim que cayeron de sus manos y manchando las blancas paredes de la sinagoga.

Los Jasidim del pueblo, judíos rusos fuertes y de espaldas anchas con sus barbas negras y pobladas cejas, estaban parados desconcertados ante la terrible escena que presenciaban sus ojos. ¡Un pogrom en Israel! ¡Un progrom en Jabad!, murmuraron, y se mordían los labios con rabia. Las mujeres también se encontraban allí paradas, mujeres rusas fuertes y elegantes, retorciéndose sus manos y murmurando para ellas mismas en Ruso y Hebreo, sus ojos desprendiendo una laguna interminable de lágrimas.

Esto no era una escena común para los Lubavitchers. Estos Jasidim, que han sobrevivido los Pogroms del Zar Nikolai en Rusia y que ni siquiera pudieron ser intimidados por el Ejército Rojo, que han sido exiliados a las congelantes planicies de Siberia, y cuyas espaldas no podían doblarse luego de haber estado en las prisiones de Stalin y en los campos, ahora se encontraban estupefactos y desesperados. Ahora, que el golpe ha golpeado su casa, en el corazón del estado Judío.

En el centro del pueblo, se encontraba parado Rabí Abraham Mayor, quien fue un oficial de alto rango en el Ejército Ruso. Avraham Mayor, cuya leyenda contaba que él solía pararse con calma y cantar melodías jasídicas mientras una banda de soldados lo golpeaba con sus rifles y colillas, ahora se encontraba llorándole al Cielo: “Creador del Universo, ¡¿Por qué?! ¡¿Cómo han pecado estos niños?!”

Había algunos que veían lo ocurrido como un símbolo que su pacífica vida en la Tierra Santa era prematura. ¿Tal vez debamos disolvernos y buscar refugio en lugares más seguros? El pueblo de a poco se iba muriendo.

El Pueblo espera

Pero era claro para todos que antes de realizar cualquier movimiento, se debía consultar con el Rebe. Nada podía hacerse sin su consentimiento y conocimiento. Todos esperaron el telegrama desde “allí”, desde Nueva York, pero el telegrama sin poder explicarse por qué, no llegaba. Cuatro días habían pasado desde que el terror había golpeado. Un largo telegrama había sido despachado inmediatamente informándole al Rebe de todos los detalles de la tragedia, y se esperaba una respuesta aquella misma noche. Pero el Rebe permanecía en silencio. ¿Qué había sucedido?, muchos se preguntaban, ¿Por qué no responde? ¿No tiene acaso una palabra de consuelo para sus golpeados seguidores?

Debe aclararse, que un telegrama del Rebe es una parte integral de la vida Jasídica de Jabad alrededor de todo el mundo. Cada problema, cada decisión ya sea comunal o de la vida privada del Jasid de Lubavitch, es referido a la central del Rebe en Brooklyn, y cualquiera sea la respuesta, eso es lo que se hace. Y la respuesta siempre llega, ya sea por correo común, correo express o un telegrama de emergencia, dependiendo de la urgencia del asunto, y siempre son cortos y directos al punto.

¿Por qué es entonces que la respuesta del Rebe acerca de este terrible tema demoraba tanto? Los ancianos del pueblo no tenían explicación alguna, y, mientras las horas y los días pasaban, la respuesta continuaba plagando sus atormentadas almas, y su angustia y desesperación crecían más y más en sus corazones.

El Telegrama

Y luego, cuatro días después de la tragedia, llegó el tan esperado telegrama. La noticia corrió por todo el pueblo: ¡Un telegrama del Rebe! ¡Ha llegado el telegrama! El pueblo entero, hombres, mujeres y niños, se reunieron en la plaza del pueblo para escuchar la respuesta del Rebe.

Y el Rebe fue característicamente sucinto. El telegrama contenía una sola oración, tres palabras en hebreo, pero esas tres palabras fueron suficientes para salvar al pueblo de la desintegración y a sus habitantes de la desesperación. “Behemshej habinian tinajeimu”, escribió el Rebe de Lubavitch, Rabi Menajem Mendel Schneerson. “A través de su incesante construcción, se van a reconfortar”.

Los Jasidim de Kfar Jabad ahora tenían un fuerte soporte para su futuro: sabían lo que tenían que hacer. ¡Debían construir! ¡El Rebe dijo que tenían que construir! ¡Y a través de la permanencia de su construcción van a reconfortarse! Aquella misma noche, los ancianos del pueblo mantuvieron una reunión para discutir cómo debe implementarse la directiva del Rebe. Luego de una corta discusión, llegaron a una decisión: construirían una escuela vocacional en donde a los niños que provienen de medios desfavorecidos se les enseñara el oficio de impresión. En aquél mismo lugar en donde la sangre fue derramada, un edificio sería construido.

El Rebe Sabía

A la mañana siguiente, todos los residentes del pueblo se reunieron en el terreno vacío al lado de la escuela de agricultura y comenzaron a limpiar y nivelar la tierra para preparar la construcción. La alegría volvió a sus ojos.

En las semanas posteriores, llegaban cartas de parientes y amigos en Nueva York describiendo lo que había pasado en aquellos cuatro interminables días en los que el pueblo esperaba con impaciencia la respuesta del Rebe.

Durante todo el mes de Nisan, el mes de la redención, es la costumbre del Rebe dedicarse enteramente al servicio de su Creador, reduciendo su contacto con los Jasidim a un mínimo. Es raro que a un individuo se le otorgue una audiencia con el Rebe en este período, y toda menos la correspondencia más urgente es postergada hasta el fin de este auspicioso mes.

Cuando el mes de Nisan finaliza, se lleva a cabo un Farbrenguen festivo (reunión jasídica) en la sede del Rebe en Eastern Parkway en Brooklyn, marcando la reanudación del Rebe de su involucración con sus miles de seguidores en todo el mundo. El Rebe habla por horas, sus charlas intercaladas con canciones y Lejaim, usualmente hasta altas horas de la madrugada.

Aquél año, también se llevó a cabo el Farbrenguen marcando el fin de Nisan. Las noticias trágicas provenientes de la Tierra Santa habían llegado a Nueva York momentos antes del comienzo del farbrenguen, pero los secretarios del Rebe decidieron retener las noticias hasta el fin de la reunión. Pero lo que sus asistentes no le habían dicho, su corazón parecía haberlo hecho. Aquella noche, el Rebe habló sobre el auto sacrifico Judío y el martirio “al kidush Hashem” (por la santificación del nombre de Di-s), sobre la reconstrucción de la Tierra Santa, y la redención de Israel. Lágrimas fluían de los ojos del Rebe mientras hablaba. Toda la noche habló y lloró, cantó y lloró, y lloró un poco más.

¿Por qué está llorando el Rebe? Sólo unos pocos de los presentes podían adivinar, aquellos que ya sabían lo del telegrama desde Kfar Jabad.

El farbrenguen terminó. Los Jasidim se dispersaron a sus casas, y el Rebe se retiró a su pieza. Con gran trepidación, dos de los Jasidim más cercanos al Rebe tocaron a la puerta del Rebe y le entregaron el telegrama desde Israel. El Rebe se hundió en su silla. Cerró su puerta y no la abrió por tres días. Luego de tres días de aislamiento total, llamó a su secretario y le dictó su respuesta: “Behemshej habinian tinajeimu”. “A través de su continua construcción, serán reconfortados”.

Los Jasidim de Kfar Jabad han cumplido con el deseo del Rebe. Sin la ayuda de filántropos o de fundaciones, recaudaron 50.000 Shekalim, y hoy, un año luego de la tragedia, se ha completado la construcción del edificio de la escuela vocacional.
Nota del Editor: El siguiente artículo es una traducción libre de una historia que apareció en el periódico Israelí Yediot Ajronot el 4 de Iyar de 5717 (5 de Mayo de 1957). Hemos dejado el artículo como fue publicado originalmente a pesar del hecho que contiene algunos hechos imprecisos, por su vívida representación de la época y la impresión del reportero Israelí sobre la gente y de los eventos que él describe.

Un cumpleaños

Hay tantas lecciones importantes que se pueden aprender de la vida y el liderazgo del Rebe. Uno de ellas trata sobre el cuidado y la preocupación por cada individuo. El Rebe fue un líder que habló y estuvo involucrado en importantes problemas globales como la segu‐ridad de Israel, la caída del comunismo en la ex Unión Soviética y el establecimiento de miles de centros de Torá en todo el mundo. Sin embargo, a pesar de esta visión global, se centró en el bienestar físico y espiritual de cada individuo con un cuidado y preocupación increíbles.

Quisiera compartir una historia personal. Todos los domingos, el Rebe permanecía de pie durante muchas horas distribuyendo billetes de un dólar a miles de personas, para que luego los donaran a la organización benéfica de su elección. Con cada dólar, el Rebe bendecía brevemente a cada persona y ocasionalmente tenía una breve conversación sobre un tema de importancia.

En 1990 mi esposa Dina estaba en Nueva York. Cuando pasó junto al Rebe con nuestros dos hijos mayores, rápidamente le mencionó al Rebe que esa semana era el cumpleaños de nuestro hijo y pidió una bendición especial para él. El Rebe la miró y dijo: “¿Y tú no tienes cumpleaños?”. Confundida por esta extraña pregunta, vaciló mientras el Rebe repetía la pregunta, a lo que ella respondió que ya había tenido lugar (solo unas semanas antes). El Rebe sonrió, les dio una bendición y ella siguió adelante.

Dina inmediatamente me llamó a Sydney, donde vivimos, y me contó su ex‐ traño encuentro. Al principio, yo también es‐ taba perplejo por la aparentemente extraña pregunta que había hecho el Rebe. Pero después de colgar el teléfono y pensar por un momento, todo encajó.

Desde el momento en que nos mudamos a Australia, decidí que antes de cada cumpleaños de nuestra familia enviaría por fax una breve carta al Rebe y le pediría una bendición. Casi nunca recibí una respuesta, pero siempre estuve seguro de que fue recibida y que el Rebe daría su bendición de la manera que quisiera.

Ese año me olvidé de escribir la carta antes del cumpleaños de Dina. Cuando el Rebe le preguntó unas semanas más tarde sobre su cumpleaños, obviamente estaba expresando su sorpresa por no recibir el fax anual.

Miles de personas desfilaban ante el Rebe cada domingo. Todos los días recibía miles de cartas y faxes con cuestiones importantes y urgentes que abordar. Sin embargo, le impor‐ taba el cumpleaños de una sola persona que vivía en Australia. La pregunta ‐ “¿Y no tienes cumpleaños?” fue su manera de decir que eres importante para mí, espero con ansias tu fax anual sobre tu cumpleaños y me di cuenta de que no llegó este año.

La lección para todos nosotros es clara: todos estamos muy ocupados. Algunos de nosotros incluso podemos tener problemas globales sobre nuestros hombros, o pensar que los tenemos. Pero nada debe anular la atención, el cuidado y la preocupación que le mostramos a otra persona.

¿Qué papel jugaron las mujeres en el Éxodo?

Durante el Éxodo de Egipto, vemos que las mujeres han jugado un papel esencial y han actuado con auto sacrificio incluso mas que los hombres.

Unos de los mas severos decretos de Paró, era matar a sangre fría a los varones judíos recién nacidos. Sin embargo, las mujeres judías se arriesgaron al no reportar el nacimiento de los varones, y por esto salvaron numerosos bebés.

De hecho, la propia existencia de Moshé fue en mérito de la mujer. Debido al decreto de Paró, los padres de la pequeña Miriam se separaron para evitar el peligro de tener a un bebé varón. Jóven pero inteligente, la pequeña Miriam provocó que la decisión de sus padres no fuera la correcta. Ella sostuvo de que separándose no tendrían ningún niño, incluyendo mujeres. Ella discutió este tema con éxito y sus padres se volvieron a unir, y no después de mucho tiempo tuvieron otro bebé, Moshé. Su mamá lo salvó escondiéndolo en una canasta en el río, mientras  Miriam lo cuidaba. La hija de Paró lo encontró, y decidió adoptarlo. La vida de Moshé fue otra vez más salvada años después, esta vez por su esposa, quien lo rescató de la muerte en un inusual episodio luego de que Moshé atrase la circuncisión de su hijo. Entonces Moshé se ganó la vida gracias a su hermana, madre, madre adoptiva y esposa.

Otro de los decretos de Paró era darle a las mujeres judías un trabajo que era más adecuado para hombres, y viceversa. A pesar del natural cansancio y sufrimiento, las mujeres soportaron el trabajo forzoso, la Torá las acredita por la preservación de la familia judía, teniendo hijos a pesar de las dificultades. Después de un duro día de trabajo iban a seducir a sus maridos cansados, garantizando la continuidad del pueblo judío. Y mientras que los hombres llegaron a la desesperación absoluta de todas las dificultades y la pérdida de esperanza de la salvación, las mujeres no lo hicieron. Tan fuerte era la fe de la mujer, que prepararon panderetas que planeaban tocar en la celebración del éxodo.

Se nos dice que la redención de Egipto fue en mérito de las mujeres, y no es sorpresa que lo mismo está dicho con respecto a la futura redención, que sea pronto en nuestros días. 

Por donde menos uno espera

La vida ofrece diversas experiencias y oportunidades, pero nadie lo tiene todo. A medida que zigzagueamos a través de nuestros días , es posible que nos encontremos con problemas. Afortunadamente, siempre hay alguien que nos tiende su mano.

Debo proveerles cierta información de fondo antes de contarles lo que me sucedió recientemente. Vivimos en un pequeño edificio con pocos departamentos. Nuestros vecinos de arriba, durante los últimos cuatro años, han sido, de cierta manera, desafiantes. Todo el tiempo están tirando diferentes cosas a nuestro balcón, como ser basura, cigarrillos, comida, etc.

Dicho esto, ¿qué creen que me sucedio recientemente? A las 7:00 am, mi hijo de cinco años decidió que quería vestirse solo, así que corrió a su habitación y cerró la puerta de un golpe. Ésta, que no tenía llave, se trabó, dejando a mi hijo encerrado dentro del cuarto. Intenté abrirla, pero no pude. Llamé a mi marido, que a través del teléfono intentó decirme cómo abrirla con un destornillador, pero tampoco tuve éxito. Le aseguré a mi hijo que lo sacaría pronto, y comencé a pensar en llamar a la policía o a los bomberos para que me ayudaran.

Vi a través de nuestra ventana, que la luz del pasillo del edificio se había encendido. Corrí a la puerta para abrirla. Nuestra vecina de arriba estaba bajando las escaleras.

“Buen día. ¿podría ayudarme, por favor? ¿Puede decirle a su marido que venga? Mi hijo se quedó encerrado en su habitación, y mi marido está de viaje. No sé qué hacer”.

“El ya se fue, pero puedo llamarlo y preguntarle si puede regresar”

“Gracias”

Lo llamó, y luego de cinco minutos golpearon la puerta de mi casa. Era el vecino. Entró, y con un empujón abrió la puerta. No puedo explicarles lo agradecida que estaba y sigo estando. Luego me pregunté:

¿Por qué de entre todas las personas que podrían haberme ayudado, tuvieron que ser nuestros molestos vecinos?

Nuestros Sabios nos enseñan: “No subestimes a ninguna persona (“Lekol Adam”), y no desprecies nada, porque no hay persona que no tenga su hora, ni ninguna cosa que no tenga su lugar (propósito) Pirkei Avot 4:3.

He leído una hermosa interpretación sobre la palabra hebrea de “ninguna persona”. La palabra “Lekol adam”, también puede ser leída como “la totalidad”: “No desprecies la totalidad de la persona”. Significando que nadie es completamente malo, y no podemos subestimar a una persona basándonos en algún defecto de su carácter.

No es que sean malos. No discuten con nosotros ni tampoco nos gritan. Simplemente, parece ser que no les importa. “¿O quizás sea otra cultura?”, a veces me digo a mi misma, como un medio de consuelo. A menudo les grito: “¿Qué están haciendo?”, y generalmente se detienen, aunque sea por un momento. Sabemos que tenemos la opción de mudarnos, pero por el momento, o aunque sea por los próximos meses, sabemos que nos quedaremos aquí.

A veces debes cavar profundo para ver lo bueno. Como nuestros Sabios nos enseñaron, cada persona tiene su hora, y cada cosa tiene su lugar, es decir, su propósito. El mismo vecino que te disgusta, el niño que te irrita, tu compañero de trabajo que te pone nervioso, esa misma persona también tiene un tremendo bien dentro suyo. Podría ser justamente él que te ayude en un momento de necesidad.

A menudo me encuentro mirando hacia adentro y magnificando mis propios defectos. Veo mis errores, mis deficiencias, y de cierta manera me olvido que hay muchas más cosas buenas dentro de mi. En esos momentos, ¿puedo escuchar las enseñanzas de nuestro Sabios? ¿Puedo ver en mi interior que la propia debilidad que poseo, y lo que no me gusta, podría ser la misma fuerza que Di-s creó para que pueda alcanzar grandeza espiritual? ¿Puede ser que lo que pensaba que era tan difícil de mi misma sea lo que me salvará?