Malas influencias

La manera en la que gastamos nuestro dinero es generalmente un barómetro bastante preciso que marca dónde se encuentran nuestras prioridades. Y esto se aplica de igual manera, ya sea que el dinero sea abundante o escaso. 

Luego del nacimiento de Itzjak, su medio hermano Ishmael se comporta de manera amenazante hacia él, y Sara ve necesario pedirle a Abraham que eche a Ishamel de la casa familiar. Junto con su madre, Hagar, ambos transitan por el desierto. Muy pronto, se quedan sin agua para beber. 

“Y el agua en la cantimplora se acabó y ella apartó al niño bajo un arbusto” (Génesis 21:15) 

Así que déjame preguntarte lo que sería una pregunta típica, o aparentemente obvia, sin decir, bastante tonta. Si la cantimplora estaba vacía, ¿por qué tirar al niño? ¡Tira la cantimplora vacía! 

Podría aparentar que cuando nuestro suministro de alimentos se acaba y estamos cortos de dinero, los primeros en sufrir son nuestros hijos. ¿La cuenta bancaria está baja? ¡Cómo podemos pensar en una educación judía! Las matrículas son tan caras. En vez de negarnos a nosotros mismos comodidades que consideramos no negociables, sacrificamos la educación judía de nuestros hijos en nombre de la economía. 

Es como la vieja historia de la madre judía que vino desde Europa Oriental para reunirse con su hijo en América y se horrorizó al ver que su hijo se había afeitado y quitado la Kipá de su cabeza. “¿Qué te ha sucedido, mi Iankele?”, le preguntó. “Mamá”, respondió, “América no es el Shtetl”. Y cuando lo vio yendo a trabajar en Shabat, otra vez, él le respondió que América era diferente. Y cuando abrió la heladera y vio todo tipo de comestibles que nunca vería en una cocina Judía, otra vez más le explicó que América no era lo mismo que como era “allá en casa”. Eventualmente, cuando ya todo había comenzado a ser demasiado, ella le preguntó: “Iankele, dile a tu anciana madre la verdad. ¿Todavía sigues circuncidado?” 

No es solamente la historia del viejo Shtetl. Está sucediendo ahora mismo. En mi propia comunidad, conocemos a muchos que han dejado estos pasos para darles mejor vida a sus hijos. Pero emigrar es caro, y con escasos recursos uno debe tomar decisiones y priorizar. Muchos han optado por excluir la educación judía. El resto es historia. Mala historia. Sin una educación judía, la gente joven comienza a preguntarse por qué no deberían hacer lo que sus contemporáneos hacen. Y el dinero ahorrado para la matrícula, es ahora dirigido a doctores, psicólogos, o Di-s libre y guarde, centros de rehabilitación por droga. 

Incluso en Israel, debemos ser pensar a la hora de elegir una comunidad. Si los otros niños de la cuadra montan sus bicicletas en Iom Kipur, ¿Por qué tu hijo no debería hacerlo? 

Los niños precisan estabilidad y un ambiente con un sistema de valores sano. No importa qué tan tentador ni seguro es el pasto del vecino “aparentemente” más verde. Antes de efectuar un movimiento, debemos considerar el sistema de seguridad espiritual que nuestros hijos precisarán para sobrevivir y lidiar como judíos. No sólo porque la botella esté vacía, debemos tirar al niño.

Exactamente como Abraham

El motivo por el cual el precepto de la circuncisión se define como “el pacto de Abraham, nuestro patriarca”es que en el resto de las Mitzvot, de alguna manera están vinculadas con la conciencia y el sentimiento de la persona que lo cumple, el haberse practicado el precepto durante generaciones consolida y estimula a la persona cumplidora, y por lo tanto en lo que hace a lo emocional y mental.

No es lo mismo el primero (o los primeros) que asumieron el mandato a los que les siguieron, para quienes es más fácil. Diferente es con el Brit Milá, donde no participan ni la conciencia ni el sentimiento del niño, ya que su sólo objetivo es la marca en el cuerpo, con cada niño (o adulto) judío que se circuncida, tiene el mismo valor y fuerza como que fuera el primero.

Cada uno es exactamente igual que Abraham, que fue “cabecera de circuncidados”.Por eso enfatizamos en la bendición que se trata del ingreso al pacto de Abraham, el patriarca, para señalar que cada niño ingresa al pacto, exactamente de la misma manera que lo hizo Abraham, el primero en ingresar al pacto con el Altísimo

Iortzait de Rajel

Midrash explica que Rajel fue recompensada con la garantía de Di‐s que sus hijos regresarían a Israel después de que fueron exiliados a Babilonia.

Cada uno de los Patriarcas, Matriarcas y Moshé subió a apaciguar Di‐s, tratando de evocar la misericordia Divina en nombre de sus hijos. “Cada uno invocó las diversas obrasgrandes que él o ella había realizado, solicitando que Di‐s corresponder al tener compasión de los Judíos”.

Pero Di‐s no accedió.

Entonces Rajel entró y dijo:” ¡Oh Señor del Universo, ten en cuenta lo que hice por mi hermana Lea. Todo lo que Iaacov trabajó para mi padre fue sólo para mí, sin embargo, cuando iba a entrar en el dosel nupcial, trajeron a mi hermana en mi lugar. No sólo mantuve mi silencio, sino le di la contraseña secreta que Iaacov y yo habíamos preestablecido (para prevenir cualquier engaño en su noche de boda). Tú, también, si Tus hijos han traído un rival a Tu casa, mantén silencio por ellos.

Di‐s le respondió: “Tú has defendido bien. Hay recompensa por tu obra. Reprime tu llanto, y tus ojos de lágrimas, porque hay recompensa por tu trabajo, dice el Eterno, y volverán de la tierra del enemigo. Esperanza hay también para tu porvenir, dice el Eterno, y los hijos volverán a su propia tierra”.

¿Por qué fue obra de Rajel mucho más preciosa a los ojos de Di‐s de los logros de todos los otros solicitantes? ¿Por qué más que el acto de disposición de Abraham a sacrificar a su hijo o los cuarenta años de liderazgo de Moshé, desinteresado y sin descanso?

Tal vez esta pregunta sea contestada mediante el examen de la legitimidad del matrimonio de Iaakov con Rajel y Lea.

¿Cómo Iaakov fue capaz de casarse, cuando la Torá prohíbe explícitamente casarse con dos hermanas?

Najmánides explica que, dado que los patriarcas vivieron antes de la entrega de la Torá en el Monte Sinaí, observaron las leyes de la Torá sólo en la Tierra de Israel. Por lo tanto, Iaakov podía casarse con dos hermanas durante su residencia en Padan Aram.

Siguiendo esta línea de razonamiento, Najmánides explica el motivo de no enterrar a su amada esposa Rajel en la Cueva de Majpelá, optando en su lugar para reservar el lugar de descanso para Lea.

En pocas palabras, Iaakov sintió vergüenza de traer a su segunda esposa, la mujer con quien se casó “ilegalmente” a la parcela familiar. ¿Qué dirían Abraham, Sara, Itzjak y Rivka de su obra? Rajel era profetisa, así como muy erudita y sabia. Cuando accedió a dar la contraseña a Lea, lo que permitiría a su hermana a convertirse en la primera y “legítima” esposa de Iaakov, era consciente de la magnitud de su sacrificio. Se dio cuenta de que incluso si Iaakov la tomara como segunda esposa – ella no viviría con su marido en Israel. Sus hijos se criarían con su sierva Bilha y no vería a sus nietos. Y para colmo, no descansaría al lado de Iaakov y su santa familia.

Miles de años, quedaría sola en la orilla de un camino remoto, en espera de la redención y de la resurrección de los muertos. Renunciar a la vida física palidece en comparación con el sacrificio eterno. Rajel sacrificó todo – tanto su futuro físico y espiritual – por amor a su hermana. Los patriarcas y Moshé eran magníficos. Pero no tenían nada que rivalizara con tal alucinante sacrificio. Rajel lloró por nosotros y Di‐s escuchó sus súplicas. Lo cierto es que pese a la petición de Di‐s que “se abs‐tenga del llanto…”, continúa llorando hasta que vea la realización de la promesa de Di‐s. Pero quizás Di‐s está esperando que sus hijos se comporten como Rajel. Un acto desinteresado más, en nombre de un hermano o hermana judía finalmente hará sonreír a Rajel.

La Recompensa

Esta historia ocurrió en Hoshaná Rabá, el séptimo día de Sucot. Sucot es la alegre Festividad que celebramos, en este hemisferio sur, en la primavera. Como seguramente saben, queridos lectores, duran…

Esta historia ocurrió en Hoshaná Rabá, el séptimo día de Sucot. Sucot es la alegre Festividad que celebramos, en este hemisferio sur, en la primavera.

Como seguramente saben, queridos lectores, durante los siete días que dura la Festividad comemos en la Sucá. La Sucá nos recuerda el cuidado y la protección que Di-s dio al pueblo judío en su viaje de Egipto a la Tierra Prometida.

Recordarán también que en Sucot pronunciamos una bendición sobre las cuatro Especies de Plantas: el lulav —una rama de palmera datilera—, el etrog —un tipo de fruta cítrica—, el haddas — tres ramitas de mirto— y la aravá —dos ramitas de sauce—. De este modo agradecemos a Di-s por todas las cosas que crecen en los campos y en los huertos. Porque Sucot es también una importante celebración de la cosecha en Eretz Israel, y se lo conoce como ‘Festival de la Recolección’.

Hace muchos años, antes de que hubiera tiendas como las que tenemos hoy, el mercado bullía de actividad en esa época del año. Los granjeros traían sus frutas y verduras maduras para vender. Los pescadores pasaban largos días trabajando para tener suficiente pescado para llevar al mercado. Los agricultores que tenían granjas lecheras llevaban leche, queso y huevos. Las mujeres recogían bayas. Algunas preparaban frascos de encurtidos de pepinos. Había manteles bordados y cosas tejidas. En un mercado se podía comprar prácticamente de todo. Podían encontrarse cosas para comer y beber, animales de granja vivos, medicamentos, platos, vasijas, tela para ropas y todo lo que a uno se le ocurriera.

A este mercado llegó un hombre un Hoshaná Rabá hace mucho, mucho tiempo. Se llamaba Iaacov. En su bolsillo tenía diez shékels. Camino al mercado, Iaacov pensaba en todas las cosas que podría comprar para sus hijos con ese dinero. Se sentía muy feliz porque sabía qué contentos se pondrían los niños cuando regresara del mercado. No le había resultado nada fácil ahorrar los shékels, y a menudo se ponía la mano en el bolsillo para asegurarse de que el dinero aún estaba allí. No era frecuente que tuviera dinero para comprarle cosas a sus hijos, de manera que se trataba de una ocasión muy especial.

Cuando Iaacov llegó al mercado, miró a su alrededor. De pronto vio que alguien estaba pidiendo a la gente dinero para una pobre muchacha huérfana que se estaba por casar. Se puso la mano en el bolsillo. Pensó en sus hijos que estaban en casa, esperando que él les trajera cosas bonitas del mercado. Pobres niños, no recibían regalos a menudo. Luego pensó en la pobre niña que se estaba por casar. Realmente necesitaba dinero para comprar cosas para su nuevo hogar. Entonces se decidió. Sacó los diez shékels de su bolsillo y los entregó para la colecta para la pobre huérfana.

De regreso a su casa, Iaacov pensaba en sus hijos y estaba muy triste. Se sentirían desilusionados de que hubiera regalado todo su dinero. No le quedaba nada de dinero para comprarles algo.

Estaba oscureciendo, y era hora de rezar Minjá. Decidió detenerse en una sinagoga que quedaba en el camino. Allí vio un grupo de niños jugando con un montón de etroguím, porque ya estaban en Hoshaná Rabá y estos no se necesitaban más.

¿Qué es un etrog? Es una fruta amarilla y arrugada, que se parece al limón. Todos los años, cada padre trata de comprar para Sucot el etrog más hermoso y perfecto posible. En Sucot se toma el lulav (al que se unen tres ramitas de mirto y dos ramitas de sauce) en la mano derecha, se toma el etrog en la izquierda, y se dice una berajá —bendición— especial. Hay que tratar al etrog con cuidado. El padre lo guarda en una caja especial y el etrog se envuelve en una especie de algodón suave. Cuando termina Sucot, el etrog no se necesita más. Es por eso que los niños que estaban en la sinagoga jugaban con los etroguím en Hoshaná Rabá.

Iaacov pensó que a sus hijos les gustaría jugar con los etroguím. Era mejor llevar a casa una bolsa de etroguím que llegar con las manos vacías. De modo que juntó una bolsa entera y continuó su camino a casa.

Iaacov estaba muy cansado y afuera estaba oscuro, de manera que tomó el camino equivocado. Continuó caminando durante largo rato, pero cuando vio que aún no llegaba a casa, decidió detenerse y descansar. Se acostó a un costado del camino y utilizó la bolsa de etroguím como almohada.

Cuando despertó, vio que se encontraba en un lugar extraño. No sabía qué hacer. No sabía cómo encontrar el camino a casa.

De pronto vio unos hombres en uniforme montados sobre hermosos caballos. Eran mensajeros del rey. Iaacov se hallaba en un país nuevo y extraño, cuyo rey estaba muy enfermo. Se le había dicho al rey que sólo podía salvarlo la fruta que usaban los judíos en el festival de Sucot. Los soldados del rey viajaban por todo el país en busca de etroguím para poder curar al rey. Estaban muy tristes porque el rey se ponía más débil cada día y temían que muriera. Buscaban por todas partes y preguntaban a todos, pero nadie sabía cómo ayudar.

Detuvieron sus caballos frente a Iaacov y le preguntaron qué tenía en su bolsa. Quizá les sirviera. El pobre Iaacov se sintió atemorizado. Los hombres de uniforme lo asustaban.

“Nada importante”, les dijo Iaacov. “Nada valioso. Sólo tengo unos etroguím que quedaron de Sucot”.

“¡Etroguím! Es precisamente lo que necesitamos. Ven con nosotros”.

Los soldados tomaron a Iaacov y a su bolsa de etroguím y se dirigieron al palacio del rey lo más rápido que pudieron.

Iaacov no comprendía qué ocurría. Pensaba en su pobre mujer y sus hijos. Quizás no los vería nunca más. ¿Qué sucedía? ¿Qué sería de él ahora?

Cuando llegaron al palacio, los soldados saltaron de los caballos, tomaron la bolsa de etroguím y corrieron al dormitorio privado del rey.

La feliz noticia de que se habían encontrado etroguím corrió rápidamente por el palacio. Los sirvientes interrumpieron sus tareas para comentar la buena noticia.

Todos querían saber si la salud del rey mejoraba.

Afuera, Iaacov estaba sentado en los escalones del palacio, esperando. Quería irse a casa, pero no sabía para qué lado correr. Temía que los soldados del rey vinieran en sus caballos para llevarlo de vuelta al palacio, y eso podía significar nuevos problemas. Pensó en su mujer y en sus hijos amados, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

“¡El rey se ha salvado! ¡El rey está bien! ¡Viva el rey! ¡Hurra, hurra!”, gritaron los soldados y los sirvientes del rey desde las ventanas del palacio. Todos estaban felices y excitados. De pronto, Iaacov vio a los soldados del rey que se acercaban.

“Ven con nosotros”, le dijeron. “El rey quiere conocerte”. Iaacov temblaba de miedo. ¿Por qué querría conocerlo el rey?

Con temor, subió los escalones del palacio. Se abrieron las pesadas y labradas puertas de madera y entró a un gran vestíbulo. Nunca en su vida había estado en una habitación tan grande y hermosa. Lo guiaron a través de largos corredores y pasaron por decenas de habitaciones hasta que finalmente llegaron al dormitorio privado del rey. Este estaba sentado en la gran cama, y su espalda descansaba sobre almohadones muy cómodos. Su colcha color púrpura era de seda suave y brillosa. Lucía un pijama azul, adornado hermosamente. Sobre su cabeza lucía un gorro de noche, también azul, terminado en una suave bola de armiño que hacía juego con el pijama. Era un espectáculo imponente. Pero lo mejor de todo era que el rey se veía contento y sonreía bondadosamente a Iaacov.

“Muchas gracias”, dijo el rey. “Gracias por los etroguím que salvaron mi vida”.

Luego le contó a Iaacov que había creído que moriría porque necesitaba los etroguím para curarse y nadie había podido ayudarle. “Recibirás una recompensa”, dijo el rey. Ordenó a sus sirvientes que llenaran la bolsa de Iaacov con dinares de oro. Luego, ordenó a otro sirviente que preparara los caballos y la carroza real para conducir a Iaacov de vuelta a su hogar con su mujer e hijos.

Ustedes ya podrán imaginar qué ocurrió luego. Todos se alegraron al ver que Iaacov volvía sano y salvo…

Amor, matrimonios y Simjat Torá

No es común que los hombres se sienten en el café para hablar de sus matrimonios. Es por eso que una conversación particular entre tres hombres quedó grabada en mi mente – discutíamos a cerca de las alegrías de la vida conyugal:

– “Amo a mi esposa” – dijo Berl – “es por eso que hago todo lo que me pide. Ella me dice:- Berl, por favor, sacá la basura, entonces yo enseguida la saco”

Todos estuvimos de acuerdo en que Berl realmente ama a su esposa.

Para no ser menos, agregué: – “también yo hago todo lo que mi esposa me pide. Es más, ella ni siquiera tiene que decirme lo que desea. ¡Basta con que diga: “Uf! ¡El olor de ésta basura está apestando la cocina”!’ para que yo comprenda que ella quiere que la saque… y eso es lo que hago, por supuesto!

Todos estuvieron de acuerdo en que mi amor era aun más grande que el de Berl.

Pero finalmente llegamos a la conclusión de que la unión de Shmerl era la más cariñosa de todos. La esposa de Shmerl no tiene que pedir que su marido haga las cosas. Ella incluso no tiene que utilizar indirectas. – “Me despierto por la mañana” – explica Shmerl, “y ya sé que ella quiere que saque la basura. Que seque los platos o guarde la vajilla… O que le compre una joya! Ella ni siquiera tiene que mencionar el anillo que su prima Sara recibió para su cumpleaños… Yo siempre sé lo que ella quiere y siempre lo hago.”

El mes de Tishrei esta repleto de mitzvot – lleno de oportunidades para cumplir con la voluntad de Di-s. Por más de tres semanas, nuestros días se llenan de plegarias, arrepentimientos, ayuno, banquetes y bailes, construimos una sucá, adquirimos las “cuatro especies” o paquete de hoshanot, y decenas de preceptos, costumbres y otras observancias.

Las observancias de Tishrei se pueden clasificar en tres categorías generales.

Estan los “preceptos bíblicos” que se ordenan explícitamente en la Torá, tal como hacer sonar el shofar en Rosh HaShanah, el ayuno en Iom Kipur o comer en la sucá en Sucot. Hay también un número de “mitzvot rabínicas” – preceptos instituidos por los profetas y los sabios con la autoridad concedida a ellos por la Tora. Por ejemplo, los cinco servicios del rezo llevados a cabo en Iom Kippur y el tomar las cuatro especies en todos los días de Sucot, (ya que la ley biblica se refiere solo al primer día).

Finalmente, el mes de Tishrei tiene mucho el minhagim o “costumbres” por ejemplo comer una manzana sumergida en miel la primera noche de Rosh HaShanah o realizar las kaparot en las tempranas horas de la mañana el día anterior a Iom Kippur. Los minhagim no son designados por mandato de la ley bíblica o rabínica, sino por la fuerza de la costumbre: éstas son cosas en las que los judíos nos hemos iniciado como manera de realzar nuestro servicio hacia Nuestro Creador.

Lo más asombroso, el clímax del mes de Tishrei – el punto en el cual la celebración de nuestro enlace con Di-s logra el mismo pináculo de la alegría – es durante las hakafot de Simjat Tora, cuando tomamos los rollos de la Tora en nuestros brazos y danzamos con ellos alrededor de la mesa de la lectura en la sinagoga – una práctica que no es ni un precepto bíblico ni rabínico, es “simplemente” un costumbre.

Con nuestra observancia de los minhaguim expresamos la profundidad de nuestro amor por Di-s. Los mandamientos bíblicos se pueden comparar a los deseos explícitamente expresados entre dos personas casadas. Las mitzvot rabínicas, las cuales Di-s no nos mandó directamente, y sin embargo constituyen la expresión de la Voluntad Divina, se asemejan a las peticiones implicitas entre los esposos. Pero los minhaguim representan esas áreas en las cuales intuitivamente detectamos cómo podemos causarle placer a Di-s. Y en estos se establece nuestra alegría más grande.

Por Yanky Tauber; de acuerdo con las enseñanzas del Lubavitcher Rebbe

Bailando con lo divino

Las octavas y novenas entradas

Shminí Atzeret y Simjat Torá (que significan respectivamente ” el octavo día de la reunión” y “la alegría de la Torá”), son días en los cuales judíos de todo el mundo cantan y bailan con los Rollos de la Torá en sus manos.

Esta festividad, celebrada en Israel sólo un día, le sigue inmediatamente a los siete días de la festividad de Sucot, en donde nos sentamos  en cabañas para celebrar la protección de Di-s a Su pueblo.

Un fascinante pasaje en el Midrash, una antología de tradiciones rabínicas orales que se transmitieron de generación en generación, captura el tópico de esta festividad, cuya función y propósito -contrariamente a cualquier otra festividad-no está establecido en la Biblia. El Midrash entiende el significado de esta festividad de Shmini Atzeret como la Divina respuesta del problema del antisemitismo (¿Qué más es nuevo, verdad?)

La Torá instruye al pueblo judío a ofrecer 70 toros durante la festividad de Sucot. El primer día-13 toros; el segundo día-12; el tercer día-11; el cuarto día-10; el quinto día-9; el sexto día-8; el séptimo día-siete. Sumando todos, obtenemos un total de 70.

Siguiendo estos siete días festivos, viene la festividad del octavo día, Shminí Atzeret. Basado en el patrón expuesto anteriormente, esperaríamos que la Torá nos instruya ofrecer este día seis toros. Pero, asombrosamente, la Torá nos da instrucciones muy diferentes: “El octavo día (siguiendo a los siete días de Sucot) debe ser un día de reunión para ustedes; no deben hacer ningún tipo de labor. Y deberán traer una ofrenda, un aroma placentero para Di-s, un toro…”

¿Por qué, de repente, este cambio drástico de siete toros el día anterior, en el séptimo día de la festividad, a un toro en el octavo y último día de la festividad? ¿Por qué el salto de siete a uno?

Esta es la pregunta que perturba al Midrash mencionado arriba.

Respetando a todas las personas

Para responder esta pregunta, el Midrash primero se enfoca en por qué el pueblo judío fue instruido a ofrendar 70 toros durante los 7 días festivos de Sucot. ¿Por qué el número 70?

Es nuestra forma, explican los Sabios, de dar honor y tributo a las otras 70 naciones del mundo. Como recordamos en Génesis, que Noaj tuvo 70 hijos y nietos quienes, luego del gran diluvio, se dispersaron sobre la tierra y recrearon la civilización. Estos 70 “padres fundadores” se convirtieron en los progenitores de todas las naciones, culturas, y civilizaciones existentes hasta el día de hoy. En la festividad de Sucot, los Judíos son llamados para enfocarse en todas las naciones del mundo, para orarles, para pedirle a Di-s que reestablezca la paz, seguridad y alegría sobre todas las personas del globo.

El Judaísmo nunca creyó en que “no hay salvación fuera del Judaísmo”. Por el contrario, la Torá no alienta la conversión y de hecho prohíbe a los judíos casarse con gentiles. ¿Por qué?

Porque el Judaísmo cree sinceramente que un gentil no necesita ser judío para maximizar su potencial y encontrar una genuina realización en su vida. “Los piadosos de entre las naciones en el mundo tienen una porción en el mundo venidero” declara el Talmud. Maimónides escribe que cada ser humano-sea Judío o gentil–puede convertirse en “el sagrado de los sagrados”.

Así que en la festividad de Sucot, es nuestra tarea extendernos en nuestras plegarias, enfocarnos en nuestras meditaciones y ofrendar sacrificios para todas las naciones esparcidas en el planeta.

Cada día de Sucot, judíos ofrendan un número particular de animales, focalizando sus pensamientos y plegarias en naciones particulares. Luego de siete días, las “70 bases” están cubiertas.

¿Por qué nos odian?

El Midrash ahora procede a contarnos acerca de conversaciones entre el Pueblo Judío y Di-s:

“Durante la festividad de Sucot, el pueblo Judío ofrenda 70 toros, dedicados al bienestar de las 70 naciones. Dijeron los Judíos a Di-s: “¡Amo del Universo: Nosotros ofrendamos 70 toros para el beneficio de las 70 naciones. Naturalmente esperaríamos que nos aprecien. Pero en realidad, ¡Nos aborrecen! Como el Salmista dice “Ellos sustituyen mi amor con odio”.

Esta no es una pregunta insignificante. Es el lamento que el pueblo judío viene teniendo por más de 3.000 años. ¡¿Por qué tanta gente parece despreciarlos?! ¡¿Qué han hecho para merecer desprecio y burla?!

Los judíos, en lo más profundo de su corazón, saben que nunca desearon conquistar el mundo; que nunca envenenaron pozos, ni nunca maldijeron a no judíos, ni nunca usaron sangre cristiana o musulmana para las Matzot de Pesaj. Todo lo que querían era tener una vida pacífica, dedicada a la familia y a la comunidad. Lo que es más, durante casi toda su historia, pelearon por los desvalidos, por la justicia civil, por los derechos humanos. Cuando sea que tenían una oportunidad, servían a sus países lealmente y estiraban sus manos para ayudar a los gentiles necesitados.

Así que ¿Por qué, en vez de ganar simpatía, entendimiento y aprecio por parte del mundo no Judío, tienen que, la mayor parte de su historia, ser premiados con un odio extraordinario, desconfianza y envidia? ¿Por qué hay en casi todos los país que albergaron judíos terminaron expulsándolos y dirigiéndolos a la tortura o completa aniquilación?

“¿Somos realmente tan malos?” Niños judíos han estado preguntándoles a sus padres por milenios. “¿Somos realmente la reencarnación del demonio?”

Antisemitismo hoy en día

Esta es la gran pregunta que judíos, tristemente se están otra vez preguntando en el Siglo XXI. En las décadas siguientes al Holocausto, nos ha parecido, que el antisemitismo se convertía cada vez menos popular. Creíamos que el mundo, se estaba haciendo más liberal y tolerante y viendo lo que la Alemania Nazi había hecho, habían comenzado a apreciar más a los Judíos por lo que eran y son: civiles respetuosos de la ley que desean vivir en paz, estudiar carreras, construir familias y comunidades. El Sueño Americano de la verdadera igualdad se estaba materializando frente a nuestros ojos.

Pero, de repente, con el estallido de la segunda Intifada, el antisemitismo surgió otra vez en todo el mundo, especialmente en Europa, el continente que silenciosamente absorbió infinitos ríos de sangre Judía. En editoriales, dibujos animados, Clubs y en mesas de cenas, la “paliza a los judíos” se convirtió en la nueva norma. En años recientes, judíos han sido pegados y matados y sinagogas han sido incendiadas. La mayoría del mundo árabe, si es que tomamos sus testimonios seriamente, anhela la destrucción de Israel y la exterminación de los judíos. La mayoría del Oriente está unido contra el único Estado Judío del mundo.

He aquí, una vez más, que los judíos preguntan esta simple pregunta: ¿Qué hemos hecho para merecer esto? El Estado de Israel estuvo buscando todo el tiempo oportunidades para hacer las paces con los vecinos árabes. De tiempo en tiempo otra vez, Israel estaba preparado para hacer dolorosas concesiones a los árabes por el bien de la mutua coexistencia y en paz. En Oslo, Itzjak Rabin resucitó el OLP, le dio autonomía en la mayoría de la margen oriental y Gaza, y ayudó a construir la fuerza policial, dándole municiones y ayuda financiera. En Septiembre del 2000, Ehud Barak ofreció a Yasir Arafat un estado Palestino, con su capital en el Jerusalem Este, así como también el 100 por ciento de Gaza y el 98 por ciento de la margen oriental.

Luego, en el mismo mes, la segunda Intifada estalló. Israel sostuvo a cientos de civiles muertos, entre ellos muchos niños. Y de todas formas respondió levemente. Tomó un año y medio de miles de judíos siendo asesinados y mutilados, ataques terroristas en los negocios de pizza y cafés de su Tierra natal y en Marzo de 2002, la masacre de Pesaj en Netanya, matando sobrevivientes de Auschwitz, hasta que Israel finalmente mandó sus tropas a territorios que habían concedido años atrás para parar el mini holocausto contra los Judíos.

Aún así, el mundo condena a Israel. En Agosto del 2005, Ariel Sharon le dio a los árabes todo Gaza, evacuando a todos los judíos del territorio entero. ¿Y qué recibió Israel a cambio? Miles de cohetes lanzados a todas sus ciudades, escuelas y hogares, y una Gaza convertida en un estado de terror. Y sin embargo, el mundo continúa culpando a Israel por su ocupación.

Así que nos paramos ahí y nos preguntamos, ¿Es que el mundo tiene una memoria tan corta? ¿Por qué estamos para siempre condenados como el Satán? ¿Por qué somos burlados incondicionalmente, aún cuando hemos “estirado nuestros cuellos” por la paz?

Esto, el Midrash sugiere, es la pregunta que los Judíos le preguntan a Di-s. Nosotros, el llanto de los judíos, estamos constantemente haciendo sacrificios por nuestras naciones compañeras; ponemos a nuestros hijos en el altar sólo para darle a la paz otra oportunidad.  Intentamos ayudarlos de su propia miseria. Y aún así, constantemente nos responden con un odio vil y cruel. ¿Cómo debemos lidiar con esto?

Parándonos con orgullo.

Ahora, continuemos con el estudio del Midrash, para encontrar la respuesta Divina al grito Judío.

“Y le dijo Di-s al pueblo judío: “Ahora es el tiempo de hacer una ofrenda sólo para ustedes” ” Esto, dice el Midrash, es el significado del versículo bíblico ” El octavo día será un día de reunión para ustedes, no harán ningún tipo de labor. Y ofrecerán un sacrificio, un aroma placentero para Di-s, un toro”. “Celebremos y dancemos juntos, Ustedes y Yo”, Di-s le dice a Su pueblo. No más de 70 toros por el bien de las 70 naciones, como hicieron durante toda la festividad de Sucot.Ahora es el momento de ofrenda sólo un toro por una nación- la nación de Israel.

¿Cuál es el significado detrás de estas palabras? ¿Acaso Di-s está sugiriendo que nos olvidemos de toda la “opinión internacional” y nos defendamos por nosotros mismos, porque por más buenos que aparentemos ser, vamos a ser rechazados de todos modos?

Quizá ésta es la parte del mensaje. Es ciertamente verdad que si Israel, por ejemplo, seguiría las instrucciones de las Naciones Unidas y “mostrara moderación”, habría alrededor de 5.000 judíos muertos en Israel cada semana. Aquí viene un punto en donde debes tomar el coraje para hacer lo que es moralmente correcto, no lo que es aceptable para las personas que no les importa si otro millón de judíos muere, así como no les importa si un millón de Sudaneses mueren y no hicieron nada para parar el genocidio de 800.000 Rwadaneses inocentes muertos en 100 días.

De todos modos,  pienso, hay un mensaje más profundo y optimista contenido en estas palabras.Di-s no está explicando a Israel la razón del antisemitismo. El odio al judío es una enfermedad, universal y multi-cultural, generada por la existencia de la maldad en muchos seres humanos. Lo que Di-s está diciendo a los judíos es:

En presencia del antisemitismo, asegúrate de pararte en alto y con orgullo. Asegúrate de enseñarles a tus hijos que ser odiado es testimonio a su virtud, y no al revés. “Ahora es el momento de hacer una ofrenda para ti mismo”. Un toro por nación. Es momento de fortalecer tu propia identidad, de entender que eres burlado por creer tu eterno pacto con un Di-s de moralidad, de bondad y de compasión. No es momento de que dudes; es un momento de levantarte por ti mismo y tu fe.

El origen del odio judío

Uno de los efectos secundarios más trágicos del antisemitismo ha sido el judío se odie y se tenga vergüenza. Muchos de nuestros hermanos, especialmente durante los últimos 200 años desde que la emancipación haya “barrido” Europa, han comenzado a creer que nuestros más grandes aborrecedores no eran tan malos como parecían, que algo debía estar muy mal con los Judíos, justificando así parte del odio contra el pueblo del Libro. Después de todo, pensaban, si tu hijo es burlado en cada escuela a la que asiste, es castigado por los directores y despreciado por la mayoría de sus compañeros, ¿no tendría el terapeuta de la familia que culpar al chico en vez de culpar a todas las escuelas y al resto de todos los niños?

¿Acaso estas lógicas no son válidas en relación al antisemitismo también? Si casi cada cultura y civilización han estado viendo al Judío como la imagen del demonio, ¿no nos deberíamos mirar en el espejo y descubrir los defectos nuestros que causan tanta “animación” entre la gente?

Así fue que el fenómeno del autor odio del Judío nació. Aunque, en sus mentes, es sólo un mero ejercicio de una extrema introspección, esta evaluación de este tipo de Judíos generalmente llega a proporciones muy racionales, en donde comienzan a ver a su gente, su país y su legado como la causa de toda la maldad y horror en el mundo. Cuando lees a Noam Chomsky te preguntas cómo un judío puede escribir tales cosas sobre un pueblo que supuestamente conoce tan íntimamente. Lees a  Norman Finkelstein y te asombras de las palabras que un judío usa para hablar del Holocausto. Lees a los columnistas judíos del New York Times y de Los Angeles Times, escuchas a los periodistas judíos de NPR o CNN, reflexionas en charlas dictadas por académicos judíos, y te preguntas: ¿Cómo pueden judíos ser tan descaradamente “objetivos” al ver a Israel y a sus vecinos como si fueran moralmente equivalentes, cuando Israel nunca mató a un sólo civil árabe intencionalmente, y los árabes proclaman claramente que su meta es exterminar a cada civil Israelí vivo?

Ser más  judío

Este es pues, el mensaje de Di-s al pueblo Judío para Shminí Atzeret.En un momento de furia antisemita, no hay que estar inseguros, compungidos y defensivos. No te veas a ti mismo como tu enemigo te ve. Asegúrate de que sabes quien eres por dentro; estudia lo que significa ser un judío, no de la gente que te odia. Estudia lo que es ser judío de tus propios textos, de tu propio legado, de tus propios abuelos, de tu propia Torá.En el momento de explosivo odio Judío, Di-s te dice: Debes hacer una cosa-¡Ser más judío!No podemos curar la plaga antisemita. Los antisemitas lo tienen que hacer. Podemos y debemos monitorear el antisemitismo, advertir en contra de él y pelearlo, pero no podemos librar al mundo de él. Lo que tenemos y debemos hacer es nunca permitirnos ser definidos por esto.

Bailando con Di-s

Así que durante estos dos días de Shminí Atzeret y Simjat Torá, nos fijamos muy bien en los países musulmanes, en las Naciones Unidas, en el Departamento de Estado, en la Corte de la Haya, en los EEUU, y decimos:

“Estaremos allí para ti y contigo en el momento en el que desembriagues y estés listo para la paz genuina. Israel es un país de paz y está dispuesto a hacer paz cuando el momento lo requiera. Ansiamos la vida, paz y bienestar. Pero hasta que Ustedes junten todos sus actos morales, hasta que empiecen a odiar a la mala gente y a proteger a los Buenos, no vamos a desesperar ni nos vamos a culpar por la maldad que aún existe en el mundo.

“En vez, vamos, en las próximas 48 horas, a tomar la Torá y a bailar con lo Divino. Vamos a “danzar” con Di-s, celebrando un pueblo y una tradición dedicada a perseverar la paz, amor, moralidad y bondad. Vamos a celebrar con el entendimiento de que la maldad será derrotada y prevalecerá el bien. Vamos a darnos un nuevo impulso con la fe de que la redención está a sólo un paso”

Y aún así, paradójicamente, la respuesta de Di-s a nosotros tiene mucho que ver, aunque no del todo, con la cura para el antisemitismo. Para que el mundo pueda finalmente sólo amar a la gente que se ama.  Cuando los judíos comiencen a respetarse entre ellos, van a conseguir la admiración de todo el mundo.

Por Yosef Y. Jacobson

¿Hay algún significado en las cuatro especies, además del tema de la unión?

Sucot es el comienzo de la temporada de lluvias en la región mediterránea. De hecho, las Hoshanot recitadas todos los días de la fiesta son principales ruegos por lluvia abundante, y poco después de Sucot, empezamos a incluir la petición de lluvia en las oraciones de la Amidá. Por lo tanto, tomamos cuatro especies de vegetación, especies que dependen especialmente de la lluvia abundante, y le pedimos a Di-s que nos proporcione un montón de lluvia para el invierno próximo.

Las cuatro especies simbolizan diferentes aspectos de nosotros mismos, que nos purifican mediante el cumplimiento de la mitzvá de las cuatro especies. La forma del Etrog se asemeja al corazón y por lo tanto purificamos el corazón de cualquier pensamiento que pudimos haber tenido durante todo el año. Hojas de mirto se parecen a los ojos, por lo que limpiará a los ojos de las imágenes impuras que hayamos visto. Las hojas de sauce se asemejan a los labios y, por tanto purificamos los labios de cualquier discurso negativo que puedimos haber dicho. El Lulav se asemeja a la columna vertebral y nos recuerda que debemos permanecer firmes y rectos, orgullosos de Servir a nuestro Padre en el Cielo.

El Midrash (Vaikrá 30) dice que cada una de las cuatro especies simboliza a Di-s, y cita cuatro diferentes versículos donde Di-s se describe usando las imágenes de una de las cuatro especies: Pri Etz Hadar/Etrog: “Estás vestido de majestad y belleza (Hadar)”; Lulav/Palmera,” El justo florece como la palmera”; Hadasim/Mirto:” Él está en medio de los arrayanes “; Aravot/Sauce:” ¡Alabado sea Aquel que cabalga en Aravot “.

Por el Rab Yossi Marcus

¿Puedo creer en el poder de la Tefilá cuando, en mi experiencia, no ha funcionado?

Pregunta:

Llego a un momento excelso de Iom Kipur. Estoy conmovido por las plegarias y los cantos. Pero el pequeño escéptico dentro de mí tiene una pregunta persistente. Hay algo muy importante por lo que he estado orando durante muchos años, y todavía no se ha materializado. ¿Mis lágrimas se pierden? ¿Puedo creer en el poder de la Tefilá cuando, en mi experiencia, no ha funcionado?

Respuesta:

Ninguna plegaria es ignorada y ningún corazón desgarrado pasa desapercibido. Pero la respuesta no siempre está en la forma que esperamos que sea.

En el punto más alto de Iom Kipur, hacia el final del día, en la Tefilá de Neilá, nos dirigimos a Di-s con la siguiente declaración: “Tú que oyes el sonido del llanto, almacena nuestras lágrimas en Tu frasco, y líbranos de todo decreto cruel”.

Esta parece ser una extraña expresión. ¿Por qué Di-s almacena nuestras lágrimas? No parece de ninguna utilidad mantener nuestras lágrimas en un frasco.

El significado de esto es profundo. No siempre nuestras plegarias son contestadas en la forma que queremos que lo sean. A veces, en Su infinita sabiduría, Di-s no nos concede nuestros deseos en el momento que los demandamos. En cambio, almacena nuestras lágrimas y las archiva junto a nuestras oraciones, que serán sacadas y respondidas en otro momento.

No estamos al tanto del calendario de Di-s, y no comprendemos su sistema. Sin embargo, cada palabra y cada lágrima se contabilizan, y hacen un impacto. ¿Cuándo y cómo ese impacto es percibido por nosotros, depende de Di-s. Una Tefilá dicha hoy por la salud de una persona puede tener efecto sólo muchos años después. Estamos depositando nuestra solicitud, pero no sabemos cuándo va a ser respondida.

En física, la ley de conservación de la energía establece que la energía no puede ser destruida, sólo cambia de una forma a otra. Hay una ley similar en la metafísica. Ninguna plegaria se pierde; ninguna lágrima se desperdicia. Se acepta su solicitud; que sólo puede ser respondida en forma inesperada. Así que siga rezando, porque cada palabra se almacena a distancia. Repercutirá nuevamente hacia usted cuando más lo necesite.

Por Aron Moss

La revelación

Una vez tuve una revelación Divina.

Estaba en el día sagrado de Rosh Hashaná, pero no estaba en el shul (Sinagoga). Estaba en un hospital- en una mañana muy húmeda- en un estéril y deprimente departamento de rehabilitación de geriatría, dónde unas bobes (abuelas) viejitas se habían reunido para oír el sonido del Shofar.

Todos los años hago esto- hago sonar el Shofar en los hospitales. Todos los años por lo menos una persona llora.

Este año había una bobe que no parecía tan anciana. El sólo hecho de ver un Shofar la llenó de excitación. Ella vertió en mí los recuerdos de su niñez. Parecía que el pasado se había despertado en ella. Había crecido rodeada del calor y el espíritu del Jasidut, e incluso aquí en Vancouver éste nunca la había dejado.

Ella recitó la bendición y yo empecé a soplar el Shofar, suave pero claramente. Las lágrimas empezaron a salir. Estoy acostumbrado a ello. Pero cuando terminé, era obvio que Di-s estaba allí en el cuarto. Porque ella estaba hablando con él.

“¡Oy, ziser G-t! ¡Taire, ziser G-t! ¡ Main zizer G-t!” 

Estaba llorando y estaba sosteniendo a Di-s en sus manos. Las manos de una bobe anciana que sostiene a un infinito y eterno Di-s.

Ella lo llamó “zis”. Yo nunca había oído algo semejante. Había oído “Zis” aplicado a los postres y a los nietos. Los Salmos de Rey David y el Cantar de los Cantares hablaban sobre el Omnipotente de esa manera. Pero ésta era una anciana bobe. Su voz tenía ese tono de amor y compasión, y sin embargo estaba llena con temor. Ella lloraba con aflicción, con alegría, con dolor, con anhelo y sus palabras eran dulcemente exultantes.

No puedo traducir las palabras que dijo. No funciona en español: “Mi estimado dulce Di-s”. No sucede nada.

Porque en español usted no habla con Di-s de la manera que una esposa habla con su amado esposo, un marido que se marchó en un largo viaje y que nunca supo si volvería, y usted ahora está de repente en sus brazos. Como una madre habla con sus pequeños y dulces hijos. Como la charla de una hija con su padre, que sabe que nunca la abandonará. Todos en uno.

En español no hay tal cosa. Pero en el idish de su niñez, ella podía decirlo.

Para mí, sus lamentos quebraron las más profundas exploraciones de los filósofos, haciéndolos estallar como un niño hace estallar las burbujas en el aire, como las sombras desaparecen en la solana. No tenían ningún significado aquí. Son sólo ideas. Éste es Di-s. La cosa real. Ésta fue la revelación. Algo que las ancianas bobes recuperaban. Algo que habíamos perdido. Casi.

Tenía que irme al shul. Ella todavía estaba empapada en lágrimas. Descubrí que yo estaba sonriendo. Usted pensará que soy insensible, pero estaba indefenso ante esta pro

funda y estimulante alegría que brotaba desde adentro.

Ella lloraba. Yo estaba lleno de alegría. ¿Por qué no? Yo había visto a Di-s cara a cara.

Al Unzer 

zisser G-t.

De Tzví Freeman

El clamor del corazón judío

El Baal Shem Tov da un ejemplo explicatorio del significado del toque del Shofar en Rosh Hashaná. Un príncipe abandonó el palacio real hacia un lugar distante, donde permaneció durante muchos años. Cuando regresó, desordenado y con las ropas desgarradas, nadie reconoció al noble desaparecido. Cuando quiso ingresar al palacio real, ni siquiera recordaba el idioma de su patria para hacerse entender. Entonces, estalló en un llanto desde lo profundo de su corazón clamando: “Papá, papá ¡sálvame!”. El rey reconoció la voz de su hijo, y su llamado le tocó las fibras más íntimas, y con rapidez procedió a reencontrarse con su hijo.

De la misma manera sucede con las almas judías. Se alejaron de “la mesa paterna”, descendieron del Trono Celestial para investirse en un cuerpo material, donde además se corrompieron a través de los pecados. En Rosh Hashaná, el alma judía añora retornar al Creador y exclama con un clamor interno desde las profundidades de su corazón: “Papá, nuestro Padre del Cielo, ¡sálvanos!” Ese es el signifi- cado del sonar del Shofar: el clamor del corazón del alma judía.

CLAMAR EN SI

Se explica en las enseñanzas jasídicas que lo principal de este clamor no es el contenido (las palabras que se gritan), sino el hecho del clamor en sí. Cuando alguien grita, hay aquí dos aspectos: el hecho de clamar y el contenido que se desea expresar con este llamado. Y a esto se refiere, que lo fundamental no es el contenido del gemido, sino que el judío grite.

En lo que hace a contenidos, hay diferencias entre un judío y otro. Cada uno tiene sus palabras, sus pensamientos y sus pedidos y aspiraciones. Pero con respecto al clamor en sí- todos los iehudím son iguales: todo judío clama a Di-s y ansía conectarse y volver a El. Uno grita con voz audible y el otro con una voz interior que no se percibe, pero todos llaman a Di-s.

LA BENDICIÓN NO ES EN VANO

Este clamor expresado en el toque del Shofar se eleva a las esferas espirituales siendo recibido y aceptado por el Altísimo. Prueba de ello es la bendición que recitamos en la plegaria de Rosh Hashaná: “Bendito …Di-s…que escucha la voz del Shofar de Su pueblo Israel – con piedad”. En relación a las bendiciones a Di-s tenemos la regla: se recitan sólo sobre algo seguro y real. Si existe duda, la ley es que “debe actuarse de manera blanda” y no se recita la bendición. Siendo que proclamamos la bendición de que Hashem escucha el sonido del Shofar de Su pueblo Israel, se desprende que es seguro que el sonar del Shofar es escuchado y recibido por Di-s.

Sobre esto dijo Rab Leivi Berdichov el ejemplo de un niño que deseaba una manzana de su padre y éste no quería dársela. ¿Qué hizo el hijo? Se apresuró a bendecir: “Bendito…el Creador del fruto del árbol” y el padre estuvo obligado a entregarle la manzana, para que la bendición recitada no sea en vano. Así también, cuando los judíos bendicen que: “Di-s escucha el sonido del Shofar de Su pueblo Israel con piedad”, el Altísimo está obligado, por así decirlo, a actuar como lo recita- do, para que la bendición no sea en vano.

EL DESEO ES DAR

Si así se conduce un padre de carne y hueso, que no está interesado en entre- gar la manzana a su hijo, cuánto más aún al tratarse del Altísimo que, con toda seguridad desea dar y brindar al pueblo de Israel de Su mano rebosante y amplia, sólo que ansía que los judíos se lo pidan.

De aquí tenemos la seguridad de que cuando los judíos tocan el Shofar en Rosh Hashaná, este sonido llega al Creador mismo, y es recibido por El con piedad, y El confiere a cada uno y todos los judíos una Shaná Tová uMetuká- un año bueno y dulce.