Un vistazo de santidad

La santidad en la vida cotidiana

Los historiadores se han preguntado muchas veces cómo ha logrado sobrevivir el pueblo judío a lo largo de los siglos. A pesar de la exclusión, las expulsiones y las persecuciones —que alcanzaron su punto más extremo en el The Holocaust— y aun en épocas de libertad, enfrentando el desafío de la asimilación, el pueblo judío continúa existiendo.

¿Cuál es la cualidad distintiva del judío y del judaísmo?

En la Torah, particularmente en la parashá Kedoshim, encontramos una posible respuesta, tal como la explicó Menachem Mendel Schneerson, el Rebe de Lubavitch.

La lectura comienza con una instrucción divina dirigida al pueblo de Israel:

Serán santos, porque Yo, el Señor su Di-s, soy santo.

A continuación, la Torá presenta una serie de leyes fundamentales. Las dos primeras son el mandamiento de reverenciar a la madre y al padre —en ese orden— y guardar el Shabat.

Así aparecen tres conceptos centrales:
la santidad, el respeto a los padres y el Shabat.

Santidad en cada aspecto de la vida

Según el Rebe, estas tres ideas revelan algo profundo sobre la naturaleza y el propósito del pueblo judío.

A lo largo de las generaciones, los Sabios han debatido el significado de la santidad. Una de sus conclusiones es que la santidad no se expresa únicamente en los aspectos “religiosos” de la vida, como la oración o el estudio.

También está presente en las actividades cotidianas:
el trabajo, la forma en que tratamos a otras personas, e incluso la manera en que comemos o bebemos.

En cada detalle de la vida existe el potencial de revelar una chispa de lo sagrado.

Esto es posible porque, según la tradición judía, cada judío posee dentro de sí una chispa de santidad, un alma divina.

Durante gran parte de la vida esta dimensión puede permanecer oculta, pero puede revelarse en momentos de inspiración espiritual. Incluso existe la posibilidad de que esa santidad se manifieste en los detalles más simples de la vida cotidiana.

Quizás pocas personas logren vivir permanentemente en ese nivel. Sin embargo, quienes lo hacen se convierten en un ejemplo para los demás de lo que significa realmente ser judío.

La transmisión a las nuevas generaciones

Aquí aparece el segundo mandamiento mencionado en la parashá: el respeto a los padres.

Este precepto introduce una idea fundamental: la santidad no debe quedar reservada a unos pocos individuos que logran alcanzarla.

Debe transmitirse a las generaciones siguientes, comenzando por los propios hijos.

En esta tarea, el papel de la madre es especialmente importante. Ella suele ser la primera en ayudar al niño a percibir que cada detalle de la vida posee significado y puede estar lleno de bendición divina.

El Shabat: santidad en el tiempo

La tercera idea es el Shabbat.

Cada semana existe un día completo en el que lo cotidiano se transforma en sagrado.

Compartir la mesa con la familia, recibir invitados, descansar y dedicar tiempo a lo espiritual: todo adquiere una dimensión diferente. El Shabat ilumina la vida diaria con una santidad especial que trasciende el ritmo habitual de la semana.

El secreto de la continuidad

De este modo encontramos tres componentes esenciales en la conciencia judía a lo largo de las generaciones:

  • la búsqueda de santidad en la vida cotidiana

  • la responsabilidad de transmitirla a los hijos y a los demás

  • el regalo del Shabat, que expresa este ideal de manera plena

Tal vez esta cualidad especial, resumida al comienzo de la parashá Kedoshim, sea uno de los secretos más profundos que han permitido la continuidad del pueblo judío a lo largo de los milenios.

Más allá de nuestras contribuciones en los negocios, la ciencia, la medicina, la tecnología, la literatura, la música o la filosofía, esta puede ser nuestra contribución más singular a la humanidad:

la capacidad de encontrar santidad incluso en los momentos más simples de la vida.

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