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¡Lejaim, Rebe!

Citas de una disertación dada por Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz, en una cena del Congreso realizada en Washington en ocasión del cumpleaños del Rebe.

Algunos de ustedes son conscientes de mi admiración, no sólo por el Rebe, sino también por su educación y labor. El hecho que él supo a quién enviar a lugares desamparados, para traer una palabra de fe y la palabra de  a jóvenes que se hubieran perdido probablemente, es para mí uno de los elementos que dan esperanza a una generación.  

Como jasid, puedo contarles esta noche una historia jasídica. Es sobre un gran Rebe llamado Reb Naftoli de Ropshitz. Él era un gran orador, dotado de un extraordinario sentido del humor. Un Shabat HaGadol (el Shabat antes de Pesaj), cuando el rabino del pueblo dirige un discurso acerca de la caridad, sobre la necesidad de ayudar a las personas pobres que no tienen dinero suficiente para celebrar el Seder, vino a casa del Beit Hakneset.  

Cuándo llegó, su esposa le preguntó: “Nu, ¿cómo estuvo?” Él dijo que estuvo todo en orden. “Bueno, pero… ¿has logrado algo?” Él dijo: “Sólo la mitad”. Ella preguntó: “¿Qué quieres decir?” Él respondió: “Convencí a los pobres para que quieran recibir la caridad”  

El Rebe ha logrado convencer al rico a dar y a los maestros a enseñar, y a los estudiantes a estudiar. El Rebe logra hacer cosas que los seres humanos normales no se atreverían a soñar de emprender siquiera.  

Ahora, ¿qué es lo que logra reunir a tantas personas aquí, de tantos países, actividades y esfuerzos diferentes? ¿Es el alcance de su asistencia espiritual? ¿es quizás la intensidad de su devoción? ¿Es la profundidad de su conocimiento, la calidad contagiosa de su sensibilidad e interés, y la preocupación por cada individuo, por cada ser humano, para cada judío?   ¿Qué es sobre este guía extraordinario y magistral mentor, que hace tan única su grandeza? ¿Fue elegido? En la tradición judía, la grandeza no es adquirida por elección. Moisés no fue elegido. Si Moisés hubiera tenido que postularse para la elección, habría fallado. Moisés era un orador pobre. No, no era un buen candidato.  

De todos los otros líderes que tuvimos, ninguno fue elegido democráticamente. La elección vino de Arriba.

Alguien que siente sobre sus hombros el peso de siglos, el peso de una tradición de moralidad. Entonces, esa persona se vuelve un líder. 

En cuanto a la grandeza…   

¿Cómo se mide la grandeza?  ¿Con qué criterio se evalúa la grandeza humana?

En el caso del Lubavitcher Rebe, la respuesta se obtiene fácilmente. No conozco a nadie que haya dejado al Rebe, incluso después de un momento de iejidut (audiencia privada), sin haber sido profundamente conmovido, sino cambiado, por su encuentro.  

Espero recordar siempre lo que sentí cuando por primera vez entré en su estudio, hace unos treinta años, y lo que nos dijimos. El tiempo en su presencia empieza a correr a un paso diferente.

Uno se siente inspirado, se percibe auto-examinado, se sorprende al preguntarse por la demanda de significado que debe ser suyo. En su presencia nada es superficial, ni artificial. En su presencia uno se acerca y se siente en contacto con su centro interno de gravedad.  

Pero lo que es más grande sobre el Rebe es que no sólo aquellos que lo han encontrado se sienten afectados, sino incluso aquellos que no han tenido la oportunidad. De algún modo, la presencia del hombre en nuestro medio envía una emanación de cualidad mística que afecta a personas que nunca han oído hablar de él, y esto, probablemente más que nada, es lo que hace al Rebe tan único.  

Es debido a su influencia, a su presencia, que el conocimiento judío y la educación judía han alcanzado alturas inusitadas en cada continente.

¿Hay un lugar bajo el sol donde los emisarios de Jabad no han llevado su palabra de tolerancia arraigada en Ahavat Israel, en el amor por Israel que realmente, por extensión, significa amor por cada uno?

Dondequiera que los judíos moran y trabajan, se exponen de algún modo al Rebe.  

Gracias a él, un judío, en cualquier parte y por todas partes, no puede sino sentir que él o ella pertenecen a un antiguo pueblo cuya tradición da énfasis a la grandeza de su tarea más que las prerrogativas de su condición. Gracias al Rebe, un judío se vuelve un judío mejor, un ser humano bueno, haciendo a sus prójimos más humanos,más hospitalarios, abiertos a un mayor sentido  de generosidad. Así que aquí es donde reside también la grandeza del Rebe.  

Algunos de nosotros tuvimos la suerte y oímos sus lecciones; nos unimos a él en el estudio, en la canción. Lo hemos visto con sus discípulos, hemos dado testimonio de sus logros. Por consiguiente, siento- con un sentido profundo de devoción, afecto y admiración- que debemos alzar nuestras copas para decir “Lejaim” al Admor (amo, maestro y rabino) de esta generación,  cuya  vida y trabajo han sido una bendición para tantos de nosotros, de hecho a todo Israel y el mundo.  

Así que, qué podríamos decir al Rebe en Brooklyn, excepto que somos sus discípulos, somos sus seguidores porque como usted Rebe, y con usted, creemos en el estudio, creemos en la oración.

Creemos en la oración como un eslabón entre un ser humano y el otro. Creemos en el estudio como un eslabón entre una generación y la otra. Y creemos que una medida agregada de solidaridad siempre debe estar presente en cualquier cosa que hacemos por nosotros, para nuestro pueblo, y por cada uno.  

Cuando estamos con el Rebe alzamos una pequeña copa y decimos: ¡Lejaim!, y el Rebe responde: ¡Lejaim!.

Permitámonos imaginar, por consiguiente, que estamos esta noche en 770 Eastern Parkway, y vemos al Rebe que- como han oído esta noche- nos necesita. Por consiguiente decimos con más vigor y con más fervor:

¡Lejaim Rebe!

Fe, intelecto y fe

Por: Yanky Tauber

Cuando eras un niño, fuiste bendecido con fe. El mundo era bueno, la gente era buena, y ser bueno uno mismo era simplemente un tema de seguir los “si” y “no” de la vida que Di-s le ha dicho a tus padres.

Luego creciste, conociste a algunos de los chicos malos, y has descubierto de que seguir las reglas no siempre te llevaban al camino que te hubieras imaginado que sería. La fe por sí sola no era suficiente: También necesitabas el intelecto, sensibilidad, sentimiento y deseo para navegar la vida.

Cuando te casaste, fuiste bendecido con fe. Tu marido/esposa, era la persona más buena, inteligente, talentosa y linda del universo. Luego pasaron los año de tu matrimonio, y solo el amor no era suficiente: también necesitabas intelecto, sensibilidad, sentimiento y deseo de mantener la relación

Comienzas con Fe, y luego sigues con experiencia. Pero también hay una tercera fase en la cual la fe reaparece. Una fase en la que descubres en la que tu cónyuge realmente ES la persona más increíble en el universo. Una etapa en la que descubres de que el mundo ES bueno, de que la gente ES buena, de que los “si” y “no” de Di-s SON la fórmula para una vida llena de sentido. No es tan simple como la fe de la juventud, pero tiene algo que ésta última no lo tiene: densidad, textura y gusto. Una riqueza.

Haz vuelto a la fe original, la misma que ha brillado tan fuerte y se ha mantenido porque no fue reemplazada por la sabiduría y experiencia. Ahora, sin embargo, tu fe coexiste junto con tu sabiduría y experiencia. 


La Matzá es el ícono más básico de la festividad de Pesaj. El nombre bíblico de Pesaj es “La festividad de las matzot”. Por ocho días, este “pan sin leudar”, desplaza todas las formas de levadura de la vida personal. 

Pero hay bastante confusión con el significado de “matzá”. Los Sabios del Talmud y la Kabalá, les dan diferentes nombres: “el pan de aflicción”, “el pan de la pobreza”,  “el pan de la humildad”, “el pan de Fe”,  “el pan de la curación”.

Y luego hay un tema de tiempo: ¿Cuándo nació la Matzá? Al principio del Seder anunciamos: “Este es el pan de la aflicción el cual nuestros antepasados comieron en la tierra de Egipto…” pero luego en la noche recitamos: “Esta Matzá que comemos, ¿por qué razón la comemos? Porque la masa de nuestros padres no tuvo tiempo de leudar porque el Rey de los Reyes de los reyes, el Santo Bendito Sea, se reveló ante ellos y los redimió”. 

Entonces tenemos una Matzá pre-éxodo y otra post-éxodo. O, como son referidas en las enseñanzas Jasídicas, Matzá antes de la medianoche y matzá después de la medianoche.

La matzá, el pan de la fe, tiene dos lados. Es la fe de la “pobreza”, que se desarrolla en el alma intacta, libre de los enredos, inteligencia y cargas de experiencia. Y luego, cuando emerge desde el otro lado de la noche, es una fe enriquecida por los mismos elementos que se ahogaban en sus años de exilio.

Historia: Salvar a un amigo

Guedalia Moshe Goldman, que después se convirtió en Gran Rebe de Zvhil y Jaim Shaul Bruk, renombrado mentor de Jabad, estuvieron cautivos en la misma época en un campamento de trabajos forzados de la prisión soviética. ¿Su ‘detestable’ crimen? Observar y difundir Judaísmo bajo el régimen comunista.

Un Shabat, el sádico comandante del campamento llamó a Guedalia Moshe a su oficina. “Tengo aquí los papeles para tu descargo” dijo mientras ondeaba algunos papeles en el aire, “y si los firmas ahora, serás un hombre libre.

“¡Pero es Shabat!” contestó Guedalia Moshe. “No puedo y no firmaré en Shabat”.

El comandante -quién por supuesto sabía de antemano que Guedalia Moshe no transgrediría el Shabat- gritó: “¡Si no firmas los papeles ahora, permanecerás aquí otros ocho años!”. “No obstante, no firmaré y no profanaré el Shabat” respondió Guedalia Moshé.

“Muy bien,” sonrió con desprecio al comandante. “No firmes. Estarás en esta prisión durante ocho años más. Y veremos cómo tu Di-s te ayuda…”.

“Si mi Di-s quiere ayudarme, Él lo hará sin usted. Y si Él quiere que yo esté en esta prisión ocho años más, estaré aquí otros ocho años aun cuando usted decida permitirme marchar” contestó serenamente Guedalia Moshe. “No tiene nada que ver con usted.”.

El comandante ya enfurecido, estaba rojo. ¡Sacó su pistola fuera del estuche, apuntó al corazón de Guedalia Moshe, y gritó: “¡Veamos quién te ayudará ahora!”.

Jaló el arma…

Y en ese momento, su hija entró en la oficina. Vio a su padre apuntando con la

pistola a Guedalia Moshe y dijo con voz aburrida: “Padre, es una lástima la pérdida de una bala…”.

Despacio, el comandante bajó el arma. “¡No pienses que ha sido tu Di-s que te salvó!” gritó a Guedalia Moshe que permanecía de pie serenamente. “¡Si no hubiera sido por mi hija, serías ahora carne muerta!”.

El comandante se volvió a un ayudante y gritó: “Traiga al otro judío escandaloso, Jaim Shaul!”.

Pasaron  unos  momentos,  y  Jaim Shaul estaba parado en la oficina al lado de Guedalia Moshe. El comandante le hizo la misma oferta que a Guedalia Moshe: “Firma estos papeles y serás hombre libre”.

“Pero no puedo firmar los papeles” contestó Jaim Shaul “Es Shabat, y yo no violó el Shabat”.

“¡Entonces permanecerás aquí otros ocho años!”.

“¡No escribiré en Shabat!”.

De repente, Guedalia Moshe dijo: “Déme los papeles. Yo firmaré por él”.

El comandante quedó enmudecido. “¡¿Qué?! Acabas de decir que no escribirías en Shabat! ¡Vas a estar aquí ocho años más por esa razón! ¿Y ahora firmarás por él?”.

“Claro que no firmaría en Shabat para ganar mi libertad,” Guedalia Moshe contestó. “Pero esto es diferente. Yo soy fuerte, y puedo resistir las condiciones en esta prisión otros ocho años. Pero Jaim Shaul es más débil, y no puede resistir este lugar. Sería peligroso para su salud permanecer aquí ocho años más. Déme los papeles y permítame firmar…”.

Ambos hombres fueron liberados de la prisión a los pocos días.

Y después de todo, no fue el comandante quien estaba al mando.

La importancia de la vida de hogar


Después de muchas horas de buscar comida, un pájaro vuelve a su nido, y obtiene   un   bienestar   supremo   de   un lugar que es a la vez cálido y seguro, alejado de los peligros y distracciones del mundo exterior.

Un   ser   humano   debería   sentir   la misma   calidez   y   seguridad   cuando vuelve a su hogar. El hogar y la familia son su nido, el centro de su vida, el eje a partir del cual irradian todas las experiencias cotidianas. Nuestra casa y familia deberían ser el lugar donde más cómodos nos sentimos en el mundo, tanto cuando niños como cuando adultos. Ellos determinan cómo se toman las decisiones de la   vida,   ellos   conforman nuestras   actitudes,   conciencia y autoestima. Un hogar sano es obviamente un ingrediente vital en la procura de una vida plena de sentido.

Más   importante,   el hogar   es   el   sitio   donde   aprendemos sobre la felicidad y la plenitud. Piensen en la calidez que sienten cuando vuelven a casa tras una ausencia de unos meses, o inclusive de unos pocos días.

¡Qué diferencia entre este calor y lo que experimentamos en el mundo exterior!

Nuestro hogar es una base segura que nos da la confianza de explorar el terreno de un mundo impredecible y a menudo peligroso.

Así como una persona sana puede dar su salud por sentada, muchos de nosotros no apreciamos la belleza del hogar. Las actitudes y el amor de nuestros padres nos dan una base a partir de la   cual   construimos   nuestras   propias vidas. Para apreciar el vigor de un hogar realmente provisto de amor, sólo debemos mirar lo que pasa cuando un hogar no sirve a esta función. Lamentablemente, no debemos mirar muy lejos.

Mucha gente hoy no ha tenido nunca un verdadero hogar, un ambiente cómodo donde supieran que eran queridos, necesitados y amados; donde no había nada que temer y donde los problemas se enfrentaban, en lugar de ignorárselos o negárselos; donde podían aprender a amar y ser amados.

Es   responsabilidad   de   los   padres construir un hogar feliz y sano; no sólo por el bien de sus hijos, sino por sí mismos y por los invitados que entran en su casa. Tener un hogar saludable depende en gran medida de nuestra postura ante el tema. ¿Sentimos que nuestro hogar es nuestro auténtico hogar, el lugar más apacible   del   mundo,   o   apenas   otra estación   en   el   camino, donde   hacemos   algunas cosas antes de seguir adelante? Un verdadero hogar debe ser el centro de nuestras   vidas, o inevitablemente   se   volverá   una carga. Debemos aprender a respetar   nuestro   hogar.

Parte del respeto al hogar está en respetar el compromiso de construir una familia: la bendición que nos ha dado Di-s de tener hijos, de llenar la casa con amor y calidez.

Es importante recordar esto: nuestro trabajo puede ser importante y necesario para la supervivencia, pero el lugar de trabajo no es nuestro hogar. Ni lo es el restaurante donde comemos, el museo que visitamos, o la ciudad extranjera por la que viajamos.

La persona debe sentirse cómoda con uno misma. Esto significa sentirse cómodo   con   su   alma,   con   la   Divinidad que hay dentro de uno. Que el yo   externo,   la   parte   que   trata   con   el mundo material, está en paz con el yo interno, el verdadero yo. Y eso hace de nuestra persona un lugar cómodo para que en él viva Di-s. Cuando uno irradia desde adentro, da calor a todo el hogar,   llenándolo   con   paz   y   ternura que serán sentidas por todos los que entren.

Mishpatim “No quebrar sino santificar”

“Y estas son las leyes” (Shemot 21:1)

Acabamos de leer, la semana pasada, en la Parshá de Itró, sobre la entrega de la Torá en el Monte Sinaí con voces y relámpagos. Ahora queremos saber qué es lo que contiene esta Torá, entregada desde el Cielo en un evento tan estruendoso. Comenzamos a estudiar esta semana sobre los preceptos entregados en Sinai y ¿qué vemos?: ‘Leyes’- preceptos simples y básicos, que hacen a la relación del hombre con su prójimo, instrucciones que nuestra propia lógica dicta seguir incluso sin un mandato de la Torá de por medio.

 Los párrafos de Itró y Mishpatim representan, a simple vista, dos extremos opuestos: En la Parshá Itró leemos sobre la revelación Divina, sobrenatural, celestial, la supra racional. Mientras que en el párrafo de Mishpatim se habla de temas terrenales, cotidianos, asuntos que también comprende la lógica del hombre simple.

VERDADERA UNIDAD

Desde una perspectiva más profunda, justamente estas dos Parshiot, cuyo contenido es tan opuesto, son dos etapas que se complementan en la extraordinaria innovación gestada por la entrega de la Torá. El objetivo del evento del Sinaí fue eliminar la brecha existente entre el mundo del espíritu y la realidad material, e introducir la Torá y la santidad literalmente en el seno del mundo; unificar el espíritu con la materia.

El principio radica aquí en que no se trata de que la santidad Divina desplace, anule y quiebre a la realidad terrenal, sino que ésta perdure tal cual es, en su carácter de una existencia material encadenada a las limitaciones de este mundo, y conjuntamente con ello more ahí la Santidad Supernal. Ésta es la verdadera unión del espíritu con la materia.

DESHACER LAS ESTRUCTURAS

La primera etapa de unión entre el espíritu y la materia es la descripta, en el párrafo de Itró: “Y descendió Di-s sobre el Monte Sinaí”1- la extraordinaria revelación Divina. Voces y relámpagos, un terrible temblor que conmovió al mundo todo. En las palabras del Midrash2: “el pájaro no gritó, el ave no voló, el toro no mugió… el mundo estaba callado y silencioso” En el pueblo judío, esta revelación Divina causó una profunda anulación, al punto que escaparon del Monte y se pararon a lo lejos. Ésa fue la primera parte- Hashem descendió aquí ‘abajo’.

Pero el objetivo es, como se dijo, que este mundo no anule su ser, sino que prosiga funcionando como un mundo material- pero siendo un instrumento al servicio de la Santidad. Por ello fue necesaria la segunda etapa, la desarrollada en Parshat Mishpatim: este párrafo, que trata sobre las leyes monetarias y de daños y perjuicios, los temas realmente mundanos, enseña cómo debe cumplir el judío los preceptos de Di-s dentro de su vida terrenal. Justamente son los mandamientos ‘sencillos’ y lógicos enumerados en esta Parshá, los que indican el camino a través del cual la santidad se enviste en el mundo, se acomoda en él, hasta convertirse en parte del mismo.

LA FE COMO BASE

La Parshá de Mishpatim nos enseña que santidad no se limita sólo a la anulación absoluta y la auto elevación más allá de la vida terrenal. Por el contrario, la santidad se manifiesta también en las pequeñas cosas de la vida cotidiana cuando se llevan a cabo de acuerdo al mandato de la Torá, como ser la indemnización del damnificado, la actitud correcta frente a un valor confiado en depósito, el pago del salario a su tiempo, etc. Esta es la manera de generar una verdadera comunión entre la Santidad Divina y la vida práctica y material.

Pero para que el judío previamente posea esta fuerza de introducir santidad también en el seno de la vida rutinaria, se requiere de la etapa de la Parshá de Itró- la revelación Divina sobrenatural. La base de todo es la fe y anulación absoluta a Hashem. Sólo como continuidad de ello se está en condiciones de santificar también a la vida cotidiana.

Likutei Sijot tomo 16, pag 242

¿Por que no puedo ser vengativo como D-os?


El deseo de venganza es natural y comprensible. Tenemos una expectativa innata de que se haga justicia, y cuando vemos que el mal queda impune, queremos intervenir. Pero no podemos. “No te vengues”, advierte la Torá. La venganza está mal.

Por supuesto, no debemos ser víctimas indefensas de aquellos que tienen intenciones maliciosas sobre nosotros. Debemos protegernos de ser heridos y hacer todo lo posible para evitar actos de maldad. Pero incluso si nos han lastimado, no debemos lastimar a quien lo hizo.

Por otro lado, la misma Torá que nos advierte que no nos venguemos describe a Di‐s mismo como “un Di‐s vengativo”. ¿Cómo puede ser esto? Si se nos dice que no seamos vengativos, ¿por qué se le permite a Di‐s? Si la venganza es inmoral, ¿cómo puede Di‐s ser vengativo?

Pero ese es exactamente el punto. El mismo hecho de que Di‐s sea vengativo nos permite a los humanos no serlo. Ningún sistema de justicia humano es infalible, por lo que la justicia suprema está en Sus manos. Él corregirá los errores y castigará a los malvados. En este mundo o en el próximo, en esta vida o en otra, de formas que quizás nunca sepamos, se hará justicia.

Es gracioso, a menudo escuchas a la gente menospreciar al “vengativo Di‐s de la Biblia”. De alguna manera piensan que un Di‐s vengativo se servirá de la justicia para producir seguidores vengativos. Esto no es verdad. Es precisamente la venganza de Di‐s lo que permite a los humanos dejar ir el deseo de venganza. Sabemos que hay un verdadero Juez y que hará justicia. Así que los humanos podemos dejarle la venganza a Él y seguir viviendo.

No gastes tu energía en sentimientos de amargura y hostilidad. Cuanto más odio te arrojen, más deberías rodearte de amor. Si hay personas malvadas, asegúrate de asociarte con personas buenas. No te preocupes por vengarte. Concéntrate en seguir adelante.

Beshalaj: Éxodo parte II

Después de que Di-s envió a Moisés para decirle al pueblo judío que pronto los redimiría, y el sufrimiento solo empeoró, leemos la respuesta de Di-s al clamor de Moisés: “¿Por qué has maltratado a este pueblo?”

Dios responde: “Yo soy HaVaYaH ”, un nombre que significa la esencia misma de lo divino.

¿Cómo responde esto al clamor de Moisés?

La gran revelación llega a través de un gran sufrimiento. Cuanto mayor es el esfuerzo, mayor es el logro.

Estamos aquí para revelar la esencia de Di-s en el mundo. La esencia se revela sólo bajo una enorme presión, como los diamantes del carbón. Cuando salimos de Egipto, obtuvimos un diamante: una conexión con Dios.

Esta es la respuesta de Di-s a Moisés: “Estoy profundizando mi conexión contigo y eso se logra a través del sufrimiento”.

Pero eso fue sólo la punta del iceberg.

En el matrimonio, al principio existe una conexión poderosa. Sin embargo, a lo largo de años de lucha y adversidades, la pareja forja una conexión infinitamente más profunda.

Así es nuestra conexión con Di-s. Cuando salimos de Egipto, nuestro vínculo era poderoso. Sin embargo, ahora que hemos soportado dificultades y sufrimientos inimaginables en este exilio, durante dos mil años, imaginen cuán increíble se ha vuelto nuestra conexión.

Pronto, cuando llegue el Mashiaj , experimentaremos el fruto de nuestro trabajo. Di-s revelará Su esencia y seremos uno.

Por Yitzi Hurwitz

 

El legado del Rebe Anterior

Rabí Iosef Itzjak Schneersohn, de santa memoria, el sexto Rebe de la dinastía Jabad, nunca se satisfacía con logros «mínimos» de sus seguidores.

En lo que respecta a la Torá y a las Mitzvot, siempre insistía en que tenían que esforzarse para lograr niveles superiores a los ya alcanzados. Al gran estudioso se le exigía estudiar más, y al más devoto jasid se le exigía aumentar su nivel de observancia. Aunque el nivel de entrega al judaísmo de los judíos de Rusia no tenía comparación con ningún otro, la palabra «suficiente» no formaba parte de su vocabulario. Y a pesar del hecho de que en la Rusia Soviética, ese tipo de exigencia podía ser logrado tan solo con grandes sacrificios y aún con el riesgo de la propia vida, ninguna merma en el esfuerzo era tolerada.

Al mismo tiempo el Rebe se preocupaba por aquellos judíos rusos que se encontraban totalmente asimilados, no sabían Torá y no practicaban Mitzvot. El Rebe exigía a sus jasidim, trabajar con esa gente, aunque fuera tan sólo enseñándoles algunas letras del alfabeto hebreo, para así recordarles su herencia y la calidez del judaísmo.


El Rebe exigió a sus jasidim cumplir con ambas cosas simultáneamente y con la misma urgencia: sumergirse profundamente en la Torá, y enseñar Alef – Bet a otros; aumentar su propio nivel de observancia y asistir a otros en el cumplimiento de al menos un precepto.

En un momento de «prioridades», ese doble deseo parecería contradictorio. Si aún el estudio profundo del erudito parecía insuficiente y debía ser aumentado ¿Qué significado tendría el estudio del Alef – Bet por un lego? Por otro lado, si el Rebe estaba satisfecho con una simple Mitzvá por parte del judío asimilado, ¿por qué habría de exigirle más al judío jasid? 

 

Pero la paradoja es sólo superficial, verdaderamente no hay contradicción. En el contexto de «Mesirut Nefesh» – el auto sacrificio exigido por la Torá – ambas exigencias son idénticas: el judío asimilado tiene una deficiencia en conceptos elementales, el judío erudito, tiene un defecto en devoción extra. Ambos tienen un defecto en su propia perfección y en ambos casos la deficiencia debe ser corregida con Mesirut Nefesh.

 

Eso explica el amplio espectro del programa iniciado por Lubavitch:
Establecer Ieshivot para altos niveles de estudio de Torá (para aquellos que ya son observantes), e intensificar el judaísmo entre niños y adultos que no recibieron siquiera la educación judía más elemental, y hacer ambas cosas al mismo tiempo, porque el uno sin el otro no son suficientes.

Es evidente que debemos tener Ieshivot donde los niños puedan estudiar Torá en una atmósfera cálida y donde puedan estar imbuidos de una vida de Torá y plegaria. Pero es evidente que, en la misma ciudad, y al mismo tiempo, hay niños judíos que se están hundiendo en el mar de la ignorancia y la asimilación. Para esos niños la Ieshivá es mientras tanto irrelevante, y debemos intensificar nuestros esfuerzos por ellos de acuerdo a su nivel.

Cuando un niño se está ahogando, no tenemos tiempo para hacer un análisis filosófico y calcular las prioridades. ¡Hay que salvarlo! Si la Torá no puede ser enseñada en hebreo, deberá ser enseñada en el idioma que el niño comprenda. Si el niño no está preparado para aprender conceptos profundos, la Torá deberá ser explicada con simples relatos.

¡Pero la Torá debe ser enseñada a todos! Y la Torá debe ser auténtica y no diluída, resumida o modificada. 

Las exigencias de Rabí Iosef Itzjak son pertinentes tanto para nosotros aquí, como lo fueron en Rusia ochenta años atrás. Debemos estar «insatisfechos» con nuestros propios logros en el estudio de la torá y su observancia (para seguir avanzando) – y al mismo tiempo reconocer la importancia de enseñar aunque sea una letra de Torá a aquellos que saben poco o nada.

 

Bó: La generación del mañana

“Y será cuando te pregunte tu hijo mañana diciendo ¿qué es esto?” (Shemot 13:14)

A continuación de los milagros de la salida de Egipto y la plaga de los primogénitos, aparece en el final del párrafo bíblico de esta semana, el precepto de santificar a los hijos de los primogénitos. En referencia a ello, nos dice la Torá: “y será cuando pregunte tu hijo mañana diciendo ¿qué es eso? Le dirás a él con mano fuerte nos sacó Di-s de Egipto”. Este es el precepto de transmitir el mensaje también a los miembros de la generación siguiente.

El término “mañana” requiere explicación. ¿Por qué la Torá ve necesario marcar cuándo llegará esa pregunta del hijo? En todo momento que el hijo pregunte debe contestarle.

 

TODO DESDE EL PRINCIPIO 

La respuesta a este interrogante la encontramos en el comentario de Rashi: “hay un mañana inmediato y hay un mañana después de un tiempo”. Como ejemplo Rashi cita el texto en el libro bíblico de Yehoshua: “mañana dirán vuestros hijos a los nuestros”

Allí se relata cómo cuando concluyó la conquista de la tierra de Israel y su distribución entre las tribus, al volver los hijos de la tribu de Gad y de Reuvén para tomar posesión de su herencia en la orilla oriental del Jordán, erigieron ahí un altar, explicando que su función es servir de recuerdo para los hijos que puedan llegar a cuestionar: ¿qué tienen que ver ustedes con el Di-s de Israel?

En este texto vemos que el uso del término ‘mañana’ implica el tiempo de una nueva generación, que desconoce lo ocurrido con la generación anterior, e incluso se siente extraño y ajeno a las realidades de la generación que le antecedió. A esta generación hay necesidad de relatarle todo desde el principio y acercarla a la herencia de los antecesores.

 

PREGUNTAN PARA CLARIFICAR

Esto está aludido en las palabras de Rashi: “hay un mañana inmediato y un mañana después de un tiempo”. Es decir: esta es “la generación del mañana” que a pesar de ello sigue siendo ‘inmediato’. Se siente cercano al mundo de los padres, aspira a seguir su camino y vivir de acuerdo a sus creencias y fe. También él pregunta sobre el judaísmo, puesto que se trata de un ‘hijo’ y no conoce mucho. Pero estas son preguntas para clarificar temas. Desea saber y comprender qué se hace, cómo se hace y por qué se hace, para poder cumplir con las directivas de la Torá a conciencia y con espíritu de alegría. En este caso no hay duda que debe respondérsele a los interrogantes y ex- plicarle el mundo del judaísmo de la Torá.

 

PREGUNTAR POR SER AJENO

Pero también hay “un mañana de después de un tiempo”. Es la “generación del mañana” que se siente parte de otro tiempo y de otra época. Es esta una generación que no tiene vínculo alguno con el mundo de sus padres y la vida, en base a sus creencias. Sus integrantes no son sólo el fruto del des- creimiento sino se sienten ajenos a la vida judía.

Y es aquí donde nos dice la Torá algo novedoso: también con un ‘hijo’ como este, siendo que se trata de ‘tu hijo’, tienes la responsabilidad de res- ponder a sus preguntas con amor y pa- ciencia, e ingresarlo bajo “las alas de la Presencia Divina”. También ese hijo es un hijo único del Altísimo, y es nuestro deseo acercarlo a su Padre Celestial y hacerle llegar la luz de la Torá.

Cuando se dedica atención y amor a todos los ‘hijos’, se arman los “ejércitos de Hashem” que realmente pronto serán merecedores de ingresar a la verdadera y completa redención a manos de Mashíaj Tzidkeinu.

 

LIKUTEI SIJOT TOMO  31, PAG. 61

Carrot cake

Ingredientes:

– 4 tazas de zanahoria rallada

– 4 huevos

– 1 ¼ taza de aceite

– 2 tazas de harina 0000

– 1 taza de azúcar

– ½ taza de azúcar negra

– 2 cucharitas de polvo de hornear

– 1 cucharita de bicarbonato de sodio

– 1 cucharita de canela

– ½ taza de pasas de uva negra 

Procedimiento:

Calentar el horno a fuego medio.

Mezclar en un bowl la zanahoria con los huevos y el aceite, luego añadir el resto de los ingredientes  y verter en 2 budineras aceitadas.

Cocinar en un horno a 160 grados por 60 minutos aproximadamente o hasta introducir un escarbadiente y salga limpio. 

Extraido de @cocinajudiaconriki